-¿Steve?- La espía con ojos llorosos se llevó una mano a la boca aguantando los sollozos. Respiro profundo.- Di algo por favor.
El rubio frunció el ceño, estaba enojado, ella lo sabía, no hacía falta que se lo dijera, pero la necesidad de obtener una respuesta le ganaba, solo quería escuchar lo que pensaba.
-¿Qué quieres que diga? ¿Gracias por ocultarme la existencia de mis hijos? Pues gracias.
-Steve yo…
El rubio negó con la cabeza interrumpiendo la frase de la espía.
-Ahorra saliva Natasha, no quiero escuchar explicaciones, creo que he tenido suficiente por hoy.
-Steve por favor.
-Buenas noches Natasha.
El soldado le dedico una sonrisa, vacía, sin sentimientos, mera cortesía, camino decidido a la puerta. Segundos después se encontraba la espía sola en un pasillo, parada mirando el lugar por donde Steve se había marchado, se imaginaba pequeña, recogiendo los millones de pedazos en los que se había roto su corazón, pero no podía reclamarle nada, ¿Con qué se defendería? Ella se había ganado el trato frío de Steve.
Respiró profundamente un par de veces tratando de controlar las lágrimas, cuando estuvo segura que ya estaba calmada abandono el pasillo.
La luz de la luna se filtraba por un espacio que había quedado entre las cortinas iluminando levemente la cama y el rostro de Natalie y James cuyos pechos subían y bajaban con calma, Natasha se deslizo cuidadosamente en la cama metiéndose entre los niños, a los pocos segundos tenía los brazos de ambos rodeándola por debajo del pecho.
De todas las noches que había pasado en vela esa había sido por mucho la peor, en cuanto sonó la alarma del despertador maldijo internamente, salió con cuidado de la cama, los niños se retorcieron un poco al sentir el vacio que dejaba su madre pero enseguida se calmaron para dormir los minutos extras que les permitía Natasha mientras preparaba sus desayunos, los envidiaba tanto en esos momentos, dormían tan en calma sin preocuparse de nada en absoluto.
La espía caminó con pesadez por los pasillos, la noche de insomnio la había hecho trizas, sentía sus ojos hinchados. Encendió la luz de la cocina preparada para encontrarse con Steve, escuchó el "click" del interruptor y se giró lentamente a la barra, nada, la cocina estaba sola, el olor de café recién hecho que regularmente se percibía tampoco estaba, nunca se imaginó que sería evadida por el rubio a tal grado.
Preparó los desayunos de los niños girándose cada vez que escuchaba algún ruido, pero nunca había nadie. Cuando regresó con los niños a la cocina estos también buscaron con la mirada al soldado, pero no dijeron nada al no encontrarlo, se limitaron a comer su desayuno.
Después de lavarse los dientes la familia caminaba por los pasillos de la torre procurando no hacer ruido. La campana del elevador sonó abriendo las puertas, Natasha dio un paso al frente chocando con el pecho de alguien, alzo la mirada solo para encontrarse con la de Steve, que enseguida se desvió la ver a los pequeños que sonreían felices detrás de ella.
-¡STEVE!- gritaron los niños.- ¿Porqué no estabas en el desayuno?
-Lo lamento.- Contestó el rubio despeinando ligeramente a James.- Me quedé dormido así que salí a correr un poco más tarde de lo normal, ¿listos para la escuela?- Preguntó sonriente.
Los niños asintieron, Natasha miró su reloj, por mucho que disfrutara ver esos momentos entre sus hijos y Steve y odiara interrumpirlos se les hacía tarde.
-Niños, llegaremos tarde, despídanse.
Steve frunció el ceño y se agacho para que los niños le dieran un abrazo de despedida, salieron corriendo a la puerta con sus mochilas rebotándoles en la espalda. ¡Que tengas buen día! Les gritó Steve parado al fondo del ascensor. Justo cuando las puertas se estaban cerrando Natasha se giro a verlo.
-¡Steve! – Gritó haciendo que el rubio detuviera las puertas con su mano.- Estaré un poco ocupada estos días en la oficina, me preguntaba si podías recoger a los niños del kínder y llevarlos a sus clases de las tardes.
-No hay problema.- Contesto con media sonrisa.- Yo me hago cargo.
Natasha asintió en agradecimiento, Steve quitó la mano de la puerta dejando que esta se cerrara, encontrándose con la mirada dela pelirroja por unos segundos. Sabía que lo de la oficina era mentira, a no ser por el día anterior, sabía que la agenda de la agencia estaba prácticamente vacía esa semana, tendría que hacerse tonta ayudando con el papeleo para matar el tiempo, pero iba a valer la pena, sabiendo ya Steve la verdad no quería sentirse como la mala de la historia impidiéndole pasar tiempo con algo que por derecho era suyo también.
-¡Diviértanse y no hagan travesuras!- Gritó Natasha a través de la ventana del copiloto a los niños que se alejaban corriendo a la puerta de la escuela.
Al diez para la una Steve ya se encontraba parado fuera de la escuela esperando que el timbre indicara la salida de los niños de kínder, había memorizado el horario de la semana que Natasha le había dejado pegado en el refrigerador, lunes: recoger a los niños del colegio a la una, resto de la tarde libre; martes: recoger a los niños, práctica de soccer de James de 3 a 4, clases de ballet de Natalie de 4 a 5, miércoles: colegio y día de descanso; jueves: colegio, soccer y ballet; viernes: colegio, clases de natación para Natalie y James a las 3.
Vaya que sus hijos tenían una semana ocupada, sus hijos, las palabras le rebotaban por la cabeza y lo hacían suspirar, podía sentir las mariposas en el estómago por la emoción de pensarlo y su pecho inflarse de orgullo, ojalá pudiera gritarlos a los cuatro vientos, presumir al mundo que era padre, incluso deseaba poder regresar a sus años de juventud y mostrarle a los abusivos que lo molestaban sus hermosos hijos. Tantos años había esperado para decir esas palabras. Seguía un poco molesto con Natasha por ocultarle algo tan grande en su vida por tanto tiempo, pero más que la molestia sentía más amor que nunca en su vida por esa mujer que le había dado dos motivos más para vivir, sabía que no podía comportarse de manera fría con ella por mucho tiempo.
La campana de la escuela sonó, Steve caminó con calma hacia el colegio y recorrió los pasillos hasta llegar al salón de sus hijos. Unas cuantas madres ya se encontraban fuera esperando a sus hijos, miraron a Steve alzando una ceja, el rubio les sonrió amablemente, se asomó como el día anterior por la ventana de la puerta, los niños estaban sentados en un círculo, estaba por tocar a la puerta cuando la maestra se volteo sonriente y se dirigió a abrir la puerta.
-Por Natalie y James ¿cierto?-Steve asintió.
La maestra se hizo a un lado dejando pasar a los niños. Steve caminó de la mano de los niños, alcanzando a escuchar los susurros de las mujeres a las que había sonreído antes, palabras como "¿será el padre de los niños?" "creí que los niños Romanoff no tenían padre" "tal vez sea un nuevo novio de Natasha". Quería voltearse y decirles que eran los niños Rogers, pero no era una noticia que se pudiera decir tan fácil, además la frase "nuevo novio de Natasha" no le había caído en gracia y no quería sonar grosero, imaginarse a Natasha con otros hombres era lo peor que podía pensar en esos momentos.
Mientras del otro lado de la ciudad, la pelirroja ojeaba aburrida una revista de moda hasta que alguien tapo la luz que recibía por la ventana.
-¿No tendrías que estar recogiendo a tus hijos? –Pregunto Kimberly.
-Le pedí a Steve que se hiciera cargo de ellos esta semana, es justo para él.
-Espera, ¿Ya lo sabe?
-Se lo dijo anoche.- Contestó la espía sin despegar la mirada de la revista.
La mandíbula de Kimberly casi toca el piso por la sorpresa, se sentó rápidamente en el escritorio de Natasha pidiendo saber todo con lujo de detalles, Natasha cerró su revista girando los ojos y comenzó a contarlo todo.
-¿Y qué tal la escuela?- Preguntó el rubio mientras servía un poco de ensalada en el plato de sus hijos.
-Bien.- contestó James.- La maestra llevó unos hamsters al salón y nos dejó jugar con ellos.
-Pero Sara es alérgica así que no los pudo tocar la señorita Woods nos dejó estar poco tiempo con ellos.-Terminó Natalie.
Steve sonrió.- Me alegro que la pasen bien.-
-También nos dijo la maestra que mañana tienen que ir los papás al salón.- añadió James metiéndose una zanahoria a la boca terminando la oración.
-¿para qué tienen que ir?- Preguntó Steve.
-Los papas van y nos platican en que trabajan o que hacen, pero no sabemos si mamá pueda ir mañana.- Natalie bajó un poco la mirada.
-Puedo ir yo, después de todo estoy a cargo de ustedes esta semana.
Las miradas de los niños se iluminaron ante la respuesta de Steve, terminaron sonrientes su comida y corrieron a la sala para hacer su tarea con la ayuda del rubio y salir justo a tiempo para la práctica de soccer de James.
Las canchas de la escuela en la que practicaban los niños de la edad de James estaban llenas en lo general de mamás que conversaban entre ellas y algunos padres que miraban a sus hijos a distancia mientras fumaban. Steve no pudo evitar sentirse incómodo cuando las miradas de alguna las señoras se centraron en el mientras se despedía de James que corría feliz a reunirse con sus compañeros y ocupaba una de las bancas de las gradas al lado de Natalie, agradeció que los hombres que fumaban del otro extremo de la cancha no hicieran lo mismo. Pasó toda la hora animando a James cada que le tocaba tirar a la portería o paraba algún gol cuando le tocaba el turno de portero.
Su incomodidad llegó al máximo cuando tuvo que llevar a Natalie a su clase de ballet. Esta vez todas las miradas estaban sobre él, podía casi adivinar lo que pensaban, un nuevo chisme que contar en la próxima reunión, evitaba verlas a la cara, en especial a aquellas que clavaban su mirada en sus brazos o abdomen. Se sentó en una esquina, esta vez al lado de James. El alivio lo inundó al saber que estaba libre por el resto del día de miradas y susurros, solo para recordad después que aún le quedaban tres días de lo mismo, me acostumbraré, se repitió cientos de veces, es normal, se decía, todas deben de estar intrigadas.
Al regresar a la torre Natasha los esperaba sentada en la sala leyendo el periódico.
-¡Mami!
Los niños corrieron a abrazar a la pelirroja que abrió rápidamente sus brazos, dejando a un lado el periódico, para recibir a sus hijos.
-¿Cómo les fue?-Preguntó la espía dándoles un beso en la mejilla a los niños.
-Muy bien.- contestó feliz Natalie.- Steve nos cuida muy bien.
-Y va a ir mañana a la escuela a hablarnos de que trabaja.- Añadió James.
-¿A sí?- la pelirroja miró confundida a sus hijos y después a Steve que tenía la mirada fija en ellos.
-Supusimos que estarías también ocupada en la tarde, así que me ofrecí a ir.- Respondió Steve.- Espero no te moleste.
-Para nada.- Le contesto la espía.- Me parece una estupenda idea, así pasan más tiempo contigo los niños.
La pelirroja le sonrió a Steve, quien le devolvió la sonrisa, ellos se entendían, y Steve agradecía que a pesar de todo Natasha lo dejara convivir por tanto tiempo y tan rápido con los niños.
