-Perdonen la tardanza, se que los hice esperar muchisimo tiempo. parece que todos se pudieron de acuerdo esta semana para pedirme que actualizara, les agradezco muchísimo sus reviews, me alegran el día cada que los leo incluso aunque sean quejas sobre mi falta de actualización, no es por falta de imaginación eso ténganlo por seguro de hecho ya tengo la planeación de varios de los siguientes capítulos, el punto es que desde Agosto que entré a la universidad mi disponibilidad de tiempo para escribir se ha reducido al menos cuatro veces a como lo tenía en capítulos anteriores debido a que tengo tareas, proyectos, practicas, libros que leer y congresos y conferencias a los que asistir. Les pido de la manera más sincera que me perdonen por la tardanza, tratare de organizar lo mejor que pueda mi tiempo para tener más tiempo para el fic, si mis horarios me lo permiten espero tenerles el próximo capitulo para la semana entrante.-

Unos golpes en la puerta arrastraron a Natasha fuera de su sueño obligándola a levantarse de la cama para abrir.

-Voy.- respondió la espía con voz ronca, maldiciendo a quien tocara tan temprano.

Giró la perilla y abrió la puerta cuidando ser silenciosa para no despertar a los niños, preparando la mejor mirada asesina que podría dar a esas horas de la mañana. Parado frente a ella estaba Steve con una charola de comida en las manos.

-Buenos días.- saludó el soldado.

-Buenos días.- le respondió la pelirroja, sorprendida de que se presentara así a esa hora, lo miró de de pies a cabeza hasta que Steve carraspeó atrayendo su atención y alzó la bandeja a la altura de los ojos de Natasha.- Oh, disculpa, pasa.- Dijo haciéndose a un lado dejando que el rubio pasara.

Caminaron por el estrecho pasillo del piso hasta la sala.

-Me adelante en preparar el desayuno y el lunch de los niños.- Dijo Steve mientras acomodaba todo en la pequeña mesa de café frente a ellos.- Espero no te moleste, en especial que llegara sin avisar y antes de la hora.

-No, para nada, está bien gracias.- le contesto la espía sirviéndose un vaso de jugo y desviando enseguida la mirada hacia el reloj que adornaba la pared, evitando la de Steve, cinco veinte era la hora marcada, aun faltaba bastante para que se despertaran los niños.

-Yo, hm

La pelirroja dejó con cuidado el vaso sobre la mesa, posando la mirada en Steve que parecía tener problemas para formular lo que fuera que quisiera decir, pasaron varios segundos hasta que las palabras salieron por fin de la boca del soldado.

-Yo quería saber que pasará después de que la misión termine, ¿seguiré viendo a los niños? Quiero formar parte de sus vidas, no solo estar en ella unos días, tu sabes muy bien lo fuertes que eran mis deseos de tener una familia y cuando ya me había dado por vencido me traes estas bendiciones, no creo ser capaz de permanecer lejos de ellos.

Natasha guardo silencio, tragó el jugo con pesadez, pensaba en lo que Steve le acababa decir, era algo que no había pasado por su mente, no sería justo para Steve, sería raro y daría de que hablar, pero no podía negarle eso, el se había encariñado ya bastante con sus hijos y ellos con él a pesar de desconocer que el hombre que fingiría ser su padre en unas horas es realmente su padre.

-No te lo negare Steve, fue mi error y no los haré pagar más por ello, solo tengo que ver la forma de presentárselo a los niños, ellos desconocen todo esto ¿sabes? Han pensado todos estos años que su padre está fuera, trabajando muy lejos, y si trabajo no lo permite verlos.

-Creo que podemos usar eso, si me permites ayudarte a aligerar todo, no es la verdad pero tampoco es del todo falso, salí del país en varias ocasiones durante estos seis años por misiones encomendadas por S.H.I.E.L.D

-Solo hay un pequeño problema más.

-¿Cuál?

-Los niños pensarán…

-¡Mami!

La frase de la espía se vio interrumpida por un grito proveniente de su habitación, los niños había despertado antes de la hora. Natasha se disculpó con la mirada y se puso de pie para ir a buscar a sus hijos. Encontró a los niños sentados en la orilla de la cama.

-Hey, hoy despertaron muy temprano, aun faltaban unos minutos para que los viniera a despertar.

-Ya no teníamos sueño.- Contesto Natalie a su madre, después giró la mirada a la puerta de la habitación.

-¡Steve!

James bajó de un saltó de la cama seguido por su hermana, ambos lanzándose hacia el rubio que los miraba desde el umbral de la puerta, se abrazaron con fuerza a sus piernas, hasta que el soldado se agacho a la altura de los hermanos para cargarlos, le sonrió a Natasha que los veía parada en la orilla de la cama, movió la cabeza en dirección a la sala donde el desayuno los esperaba y salió del cuarto aún con los niños en brazos seguido por Natasha.

Las risas no se hicieron esperar durante el desayuno, eran tan altas que Natasha juraba que levantarían a toda la torre, aunque realmente en ese momento no le importaba, cosas como esta la hacían feliz, pensar en los cuatro como una familia, una real, sin todas las mentiras y secretos.

-Ok niños- Interrumpió la pelirroja con su voz de madre seria.- Creo que es tiempo de que vayan a vestirse.

Los niños iban a empezar las protestas pero Steve las calló amablemente.

-Estaré aquí esperándolos, anden, obedezcan a su madre.

Los hermanos salieron corriendo por el pasillo en dirección a la habitación, dejando nuevamente a Steve y Natasha solos. El soldado fijo la mirada en la espía, recorría su rostro de arriba abajo deteniéndose segundos de mas en sus labios.

-¿Qué?- preguntó la espía riendo nerviosamente.

-Nada, nada solo recordaba.- la sonrisa del soldado seguía con un dejo de amargura, sus ojos se había entristecido bajo la sombra de los recuerdos.

Llovía a torrentes, quizá como nunca en muchos años en Nueva York, era aun temprano pero los faroles de la calle comenzaban a encenderse todo empezaba a obscurecerse a causa de las nubes. Steve y Natasha corrían de la mano cruzando la calle para buscar refugio debajo del techo de un bloque departamental. Estaban totalmente empapados y temblaban de frío, aún así reían a carcajadas.

El rubio la abrazaba fuertemente por la cintura, había apenas pocos centímetros de separación entre ellos, Natasha estaba recargada en la pared Steve la cubría completamente protegiéndola del agua que salpicaban los coches al pasar, después de unos minutos se dio cuenta que era la única que reía, dirigió los ojos a Steve que la miraba atentamente, con una sonrisa dibujada en el rostro.

-¿Qué? ¿Tengo algo en la cara?

-No, nada.- Contestó el rubio divertido ante su pregunta.- Solo miraba a la mujer más hermosa del mundo reír.

La espía se sonrojo a tal grado que bajó la mirada dejando que unos mechones de empapado cabello se le pegaran al rostro, Steve quitó con delicadeza los mechones colocándolos detrás de su oreja, empujo con cuidado su cara hacia arriba con el pulgar debajo de su mentón, ya no sonreía, en cambio la miraba con ternura, como si fuera una niña pequeña apenada, con cuidado colocó sus manos a ambos lados de su cara y acortó la poca distancia que había entre ellos con un beso.

Steve rompió el beso lentamente y unió sus frentes cerrando los ojos, a Natasha le faltaba el aire, juró en silencio en ese momento que lo amaría por siempre, era el primero que la hacía sentir así, como una colegiala enamorada por primera vez capaz de hacer lo imposible por él.

Los pasos de niños corriendo por un pasillo trajeron al soldado al presente, disfrazó la melancolía del momento con una sonrisa al ver a sus hijos acercarse con sus mochilas golpeándole suavemente las espaldas mientras corrían a su lado.

Natasha se puso de pie y caminó en silencio a la puerta, seguida por los niños y por Steve, se detuvo en el umbral para despedirse de los niños con un beso. Natalie y James salieron al pasillo con Steve de la mano, la pelirroja recargada en el marco los seguía despidiendo moviendo la suya de un lado a otro.