=Me disculpó mucho por la tardanza, se que siempre les prometo actualizar más seguido, no me agrada la idea de llevar tan poco en tanto tiempo, pero siempre tengo algún inconveniente, le iba a subir el capítulo en navidad pero me formatearon la computadora así que tuve como empezarlo nuevamente, además soy una persona sumamente distraída así que me cuesta muchísimo sentarme y concentrarme en una sola cosa, incluso una tan simple como escribir un capítulo, no es que tenga bloqueo simplemente me cuesta trabajo concentrarme en hacer una sola cosa, en fin espero que les guste, feliz navidad y año nuevo bastante atrasado=

-Mami, ¿podemos ir a los juegos?

Natasha se encontró con los ojos de su hijo mirándola fijamente, miró los platos de los niños, vacíos, habían comido todo, hasta el último brócoli. La espía sonrió.

-Acaban de comer cariño, deberían esperar un poco, además los postres no deben de tardar en llegar.

-No usaremos el trampolín, solo los columpios y resbaladillas, por favor mami, además después del postre de seguro nos vamos, por favor ¿sí?- James le contestó a su madre.

La pelirroja suspiró, sabía que no había cosa en el mundo que pudiera negarle a sus hijos, menos aun cuando ponían su mejor cara de inocencia. Asintió y los niños salieron corriendo directo al área de juegos sin darle la oportunidad a su madre de decir más. Steve observaba la escena en silencio disfrutando cada segundo, preguntándose cómo sería si los niños supieran la verdad. Fue ahí cuando la sombra del dolor lo cubrió, porque no había sido capaz de disfrutar escenas así desde que nacieron, porque se había perdido momentos importantes en sus cortas vidas, se recordó que no había sido por decisión suya, pero tampoco quería culpar a Natasha, estaba seguro que lo que menos había querido ella sería apartarlo de los niños.

-¿Fue difícil?- Preguntó el soldado después de varios minutos en silencio en los que se limitó a ver a Natasha como no perdía de vista a los niños.

La pelirroja volvió la mirada a Steve. Guardó silencio, porque no sabía que responder, ¿a qué parte de su vida se refería? Gran parte de ella había sido difícil y lo seguía siendo, sabía sin embargo que solo se podría cuestionarle sobre dos cosas, ¿había sido difícil dejarlo? ¿Desaparecer como si nada de su vida? O mantener a los niños en secreto tanto tiempo sin haberle dicho nada.

-Perdón.- se disculpó el soldado.- debí ser más específico, me refiero a criarlos tu sola, no se mucho sobre este siglo pero en los 40's ser madre soltera era muy difícil.

La espía sonrió levemente, no era con exactitud algo de los que pensaba, pero una respuesta llevaría a la otra, le hubiera gustado no responder a nada, no hablar sobre las decisiones que la llevaron a donde estaba ahora pues mucha era erróneas. Tragó saliva mirándose las manos, el barniz rojo ocupaba ya solo un poco del centro de cada uña.

-Fue difícil en un principio.- comenzó mientras raspaba el barniz de uno de sus pulgares.- todo llegó de forma inesperada. Llevaba apenas un par de días en mi nuevo apartamento.

La pelirroja alzó la mirada para encontrarse con la de Steve quién hizo una mueca de tristeza, ella sabía a qué se debía, cuando se separaron ignoraba todas sus llamadas y mensajes, pedía a los de su edificio no decir nada sobre ella hasta que encontrara un nuevo lugar donde vivir y cuando lo hubiera hecho; un par de días después de la ruptura, simplemente tenían comunicarle que ya no vivía ahí pero no darle ninguna dirección. Tragándose el nudo que se le había formado en la garganta al ver la cara de dolor del soldado, decidió continuar.

-Había estado haciendo audiciones para el estudio de ballet, ese del que siempre hablaba pero nunca me atrevía a ir, quería un cambio en mi vida así que me animé, y me estaba yendo bien, estaba confundida sin embargo, me preocupaba todo y a la vez nada, entre tanto me había olvidado que, a pesar del suero que corre por mis venas soy una mujer como cualquier otra, una mañana al despertar y checar mi teléfono como de costumbre vi esta notificación, nunca la había visto y esperaba no hacerlo, llevaba una semana de retraso, entre tantas cosas se me había olvidado algo tan sencillo como mi periodo.

La cara de Steve comenzaba a tornarse roja, a pesar de estar cada día más acostumbrado a este siglo aún había temas ante los cuáles no sabía cómo reaccionar y de los que prefería no hablar. La espía sonrió, sumergiéndose en sus recuerdos.

Natasha se haya sentada en la orilla de la cama mirando fijamente la notificación, había terminado con Steve dos semanas atrás, la vida no podía ser tan cruel, mandarle una notificación de ese tipo dos semana después de haber roto con su novio, era una jugarreta propia de una verdadera perra, sacudió la cabeza tratando de borrarse la idea de la mente, respiró profundo tres veces para poder pensar con claridad que hacer. Primero tenía que asegurarse que fuera real, se cambió de ropa lo más rápido que pudo y caminó a la tienda más cercana. Cinco minutos más tarde se encontraba ya parada frente a una enorme fila de test de embarazo con teléfono en mano comprobando cual era el más fiable, eligió por fin uno.

-Dicen que la primera orina de la mañana es la mejor para estos test.

La pelirroja alzó la mirada a quien le hablaba, la cajera le sonreía amablemente. Trato de devolverle la sonrisa lo mejor que pudo. Pagó y se dirigió a la salida lo más rápido que pudo.

-¡Mucha suerte!

Escuchó gritar a la cajera en el momento en que las puertas se cerraban tras de ella, si eso necesitaba, mucha suerte para que la respuesta resultara negativa. Se bebió un litro de agua de golpe, minutos más tarde se encontraba sentada en la orilla de la cama justo como estaba al despertar pero ahora con la mirada fija en las dos líneas rosadas de la pantalla del test, la vida era una perra. No se presentó a la siguiente prueba de ballet, no salió de su departamento los siguientes tres días dándole vueltas al asunto, considerando sus opciones, viendo pros y contras de tener un bebé, de tener un bebé sola pues le había roto el corazón al padre un par de semana antes probablemente en un millón de pedazos y estar con alguien solo por un embarazo no lo consideraba correcto.

Después de mucho pensar e investigar se había decidido por la adopción, cerrada para ser preciosos. En la mañana del día siguiente fue al médico. Tenía poco más de cuatro semanas, y estaba embarazada de gemelos, se negó mirar a la pantalla, ya bastante torturoso era tener que escuchar los latidos de dos corazones a los que tendría que renunciar en unos meses.

Salió frustrada del lugar, embarazada, sola y con el corazón partido, caminó cerca de dos horas, terminó en un pequeño parque rodeado de bloques departamentales con fachadas antiguas. El mundo seguía su curso normal mientras ella moría de a poco, le quedaban ocho meses de embarazo, ocho meses cargando con algo que al final dejaría, quedaban ocho largos meses por delante, ¿qué haría en tanto tiempo? No podía quedarse sola en su apartamento encerrada, eso solo la haría pensar más en la situación, necesitaba algo que la distrajera gran parte del día, tenía que encontrar algo que hacer, tal vez un trabajo, algo que la mantuviera en bajo perfil, fuera del radar de S.H.I.E.L.D, lo contrario al ballet, un trabajo común. Podía llamarlo destino o simple casualidad pero justo en ese momento un autobús con el anuncio de una compañía de bienes raíces estampada en su costado pasó frente a ella.

Pasó el resto de la mañana y principio de la tarde buscando en periódicos e internet trabajo en alguna agencia. Finalmente encontró una "Goodlife" se veía bastante bien así que marcó de inmediato para arreglar una cita.

-¿Los ibas a entregar?

-No sabía qué hacer, no creía ser lo suficientemente buena como para hacerme cargo de ellos, era lo mejor para ellos.

-¿Qué te hizo cambiar de opinión?

-De hecho quien.

Steve enarcó una ceja, no entendía mucho a que se refería.

Le había costado mucho conseguir el trabajo sobre todo después de mencionar que estaba embarazada, por suerte se mostró tan determinada y con tan buenas habilidades de persuasión que terminaron aceptándola. Llevaba tres meses trabajando y no había hecho buenas migas con nadie, sabía que tenía que comenzar a desenvolverse en el ámbito social pero le costaba trabajo principalmente porque el tema con el que trataban de entablar una conversación c era sobre su embarazo y prefería evitar hablar sobre ello. Solo había una persona que nunca le hablaba sobre ello. Una tarde se había quedado un poco más tarde en la oficina, solo estaban ella y la conserje, estaba terminando de guardar unos archivos cuando escuchó un taconeo desesperado por el pasillo.

-Oh, ¡Gracias al cielo que sigues aquí!- la saludó una morena.- ¿No viste mi bolsa?

Natasha señaló con la cabeza el cubículo de Kimberly y siguió en lo suyo hasta que alguien parada frente a ella la distrajo.

-¿Sabes? Ya es muy tarde, podrías terminar mañana.- la morena le sonrió ampliamente.- ¿No te apetece ir a cenar?

Natasha la miró confundida, no sabía cómo interpretar su amabilidad, todos en la oficina se portaban bien por ella debido a su estado, se recordó su propósito, tenía que encajar. Le sonrió de vuelta, apagó la computadora, tomó su chaqueta y bolsa y salió del lugar acompañada de Kimberly.

Habían ido a un restaurant chino que estaba a unas cuanta cuadras. Lo poco que habían hablado en tres meses había quedado atrás después de que Kimberly abrió la boca en cuanto se sentaron, era de esas personas que hablaban hasta por los codos, y le gustaba, sería más fácil entablar una amistad, o al menos intentarlo con ella que con el resto, que hablara tanto le facilitaba el trabajo.

-Creo que hablo mucho.- comentó la morena después de un largo rato.- Disculpa, a veces me es difícil controlarme.

-Está bien, no hay de que disculparse, yo soy de las que hablan poco así que no me molesta.

Kimberly le sonrió.- Sí, creo que tienes razón, pero bueno, aun así creo que he hablado mucho, ya has de saber mi vida entera y yo apenas se tu nombre.

-Bueno, no hay mucho que contar sobre mí, solo soy una persona más, tratando de llevar una vida normal, adaptarme a la sociedad.

-¿Por? No es que seas ex convicta ¿o sí?

-No, para nada, solo soy de esas personas a las que les cuesta trabajo interactuar.

-Oh bueno, si fuera como las urracas de la oficina diría que el que estés embarazada dice todo lo contrario, pero no lo soy, así que pues, bueno creo que me puedes considerar una amiga, o lo que consideres adaptable a la sociedad.

-Creo que no te caen muy bien.

-Ni yo a ellas, así es la vida, no les gusta que sea directa con ellas supongo, pero me gusta serlo, prefiero eso que ser parte de un grupo de mujeres sin vida que tratan de crear una en base a chismes, ¿Sabes que has sido su tema principal desde que llegaste?

-¿Enserio?

Kim se encogió de hombros.- Las veces que he ido por un café es lo que he logrado, siempre juntas a la mesa del café cotilleando sobre ti, en general de tu embarazo, casi siempre es sobre tu decisión de darlo en adopción y sobre que opinara el padre.

-Darlos, en realidad estoy embarazada de gemelos, y el padre no sabe, rompimos antes de que me enterara.

-Oh vaya, no sé por qué no te gusta hablar, tu vida suena bastante interesante.

Natasha le sonrió mientras le daba un sorbo a su café. Después de esa cena Kimberly se convirtió en la única persona con la que hablaba en la oficina, y sin darse cuenta en su mejor amiga.

Un día estaban en casa de Kimberly, Natasha había accedido en ir a ayudarla a elegir que ponerse para una cita. Kimberly estaba en el closet aventando las prendas que descartaba detrás de ella mientras la pelirroja descansaba sentada en la cama, se encontraba a mediados del sexto mes y la barriga de embarazada ya le exigía un esfuerzo extra al caminar. Kimberly se inclinó un poco hacia atrás para poder ver a Natasha mientras hablaba.

-Creo que… ¿Nat estás bien?

El rostro de la pelirroja tenía dibujado una mueca de dolor mientras esta se tocaba el vientre.

-¿Nat?

La espía se dobló por el dolor apoyando la frente en sus rodillas y negando con la cabeza. Kimberly la ayudó a incorporase y la subió a su auto, condujo tan rápido como pudo para llegar al doctor. Había tenido un sangrado, según el doctor nada de qué preocuparse pero tenía que pasar la noche en el hospital. Por la mañana al despertar se encontró con la morena dormida en el sillón de la habitación que le había asignado.

-¿Kim?- Kimberly abrió con pesadez los ojos.- ¿Qué haces aquí, no tenías una cita a la que ir?

-Llamé para cancelar, la salud de mi mejor amiga es más importante.

Natasha le sonrió, porque era lo único que se sentía capaz de hacer, la respuesta de Kimberly le había robado las palabras.

-Me asusté mucho anoche sabes, creía que perdería a la única que he considerado mi mejor amiga, tanto ¡que me costó conseguir una!, y a los bebés, sé que no los llegaré a conocer, pero bueno, me he encariñado bastante con esa barriga, ¿Crees que sean pelirrojos como tú? Cada que vea un bebe pelirrojo ahora me imaginaré a los tuyos.

-Tal vez si te casas con un pelirrojo puedas tener bebes pelirrojos.

-Oh, bueno, eso sería difícil, primero tendría que conseguirme un pelirrojo, después embarazarme y rogar que sus genes sean más fuertes que los míos, aunque eso lo veo difícil dado que no puedo tener hijos.

Definitivamente ese era el día en que Kimberly iba a dejar a dejar a Natasha sin palabras.

-¿No puedes?

La morena negó con la cabeza.

- Nací con esa incapacidad, cuando cumplí veinte comencé a tratarme, después de tres años me rendí, los doctores seguían diciéndome que no había progreso, no estaba destinado a suceder supongo, y está bien, después de un tiempo entendí que quizá no estoy hecha para ser madre, desde entonces me imagino como la tía que los malcría, de esas que cuando los niños tienen edad suficiente les da a probar su primer coctel.

-Y estoy segura que serás así.- Después de una larga pausa la espía añadió.- Solo espero que a los míos no los mal eduques tanto.

La morena sonrió ante su respuesta, ahogó un gritito de alegría y se levantó lo más rápido que le fue posible para abrazar a Natasha con fuera.

-Tendré que agradecerle a Kimberly cuando la conozca por eso.- Contestó el soldado en cuanto la espía hubo terminado su relato.

-Sí, supongo que tendrás.

El rubio le sonrió con tristeza.

-¿Pasa algo?

-Nada solo, mientras me contabas todo, no podía dejar de pensar que yo tenía que haber estado allí, todo ese tiempo, quizá, quizá si hubiera estado la idea de darlos en adopción no te habría cruzado nunca por la cabeza, y por ese sangrado, Dios, yo tendría que haber estado ahí, siempre, a tu lado.

-Lo lamento.- Contestó la espía.

-No, no te disculpes, fue culpa mía también, debía de haber luchado más por ti, insistido más, me di por vencido muy rápido.

La pelirroja no le pudo contestar, las palabras no le salían, un nudo se le había formado en la garganta y los ojos comenzaban a nublársele. Por suerte los niños llegaron a tiempo.

-Estaba pensando.- Dijo la espía después de largo rato de silencio.- Bueno, quizá te gustaría ver algunas fotos de los niños cuando eran más pequeños.

-Me encantaría.- Contestó el rubio con una sonrisa mientras los niños se metían un trozo de pastel de chocolate a la boca.

-Podemos pasar a mi apartamento en cuento paguemos.

Steve asintió. Después de pagar el soldado condujo guiado por Natasha al departamento.