Me tarde, pero espero que el capítulo compense la tardanza y que lo disfruten mucho.
Después de varias horas mirando fijamente hacia el techo la espía supo que no podría conciliar el sueño, los nervios por lo que pasaría en unas horas la estaban matando, giró la mirada hacía el reloj de mesa, 12:15, suspiró con pesadez, salió con cuidado de la cama procurando no despertar a sus hijos y se encaminó a la cocina, tal vez un té de hiervas relajantes la ayudaría a dormir, los pasillos estaban en silencio y la luz era mínima, la música del elevador la hacía pensar el grandes bailes de etiquetas, parejas girando al ritmo de las notas, en Venecia, en Steve. Reprimió el impulso de apretar el botón al piso de Steve, irás a la cocina, te prepararás una taza de té y volverás a la habitación se repitió constantemente hasta que el elevador se detuvo, la luz de la cocina estaba encendida, probablemente alguien la había dejado encendida, se sorprendió al encontrar a Steve sentado en el desayunador con una taza entre las manos.
-Hola.- la saludó el soldado dedicándole una sonrisa.
-Hola.- le contestó la pelirroja examinándolo rápidamente, vestía únicamente un pantalón pijama y tenía el cabello despeinado pero no parecía haber dormido nada.- ¿problemas de sueño?
-Algo, no pensé que me pondría tan nervioso por decirle a los niños la verdad, ¿y tú?
-Lo mismo, ¿preparaste té?- Preguntó a la espía señalando la taza de Steve, el soldado asintió poniéndose de pie para ofrecerle después una taza de humeante líquido ámbar.
Estuvieron largo rato en silencio dando pequeños sorbos a sus tazas hasta que finalmente no quedó más.
-Volveré a la cama, intentaré dormir aunque sea unas horas.- Rompió en silencio la pelirroja mirando el reloj que colgaba de la pared y marcaba la 1am.- Tu deberías hacer lo mismo.
Steve asintió.- Te acompaño.- dijo poniéndose enseguida de pie estirando un brazo con el gesto "después de ti".
La espía se encaminó, el pasillo se oscureció un poco después que Steve apagara las luces de la cocina, nuevamente todo estaba en silencio solo se escuchaban sus pasos y la música de elevador que les hizo compañía una vez que estuvieron dentro. Steve presionó el número cinco en el elevador, el piso de Natasha, esta le dedico una sonrisa amable de agradecimiento, la campana del elevador sonó no más de treinta segundos después indicando la llegada a su destino. Nuevamente seguida por el rubio Natasha recorrió el tramo que la separaba de la puerta de su loft.
-Gracias por el té y por acompañarme.
-No hay de que, buenas noches.
-Buenas noches.
El soldado le dedicó una sonrisa y se despidió con una inclinación de cabeza. Estaba a pocos pasos del elevador cuando se detuvo al escuchar su nombre salir de los labios de Natasha, se giró hacia su dirección, la pelirroja estaba parada a unos dos metros de distancia con la puerta completamente a sus espaldas.
-Yo.- comenzó a decir rezando por no arrepentirse de su decisión por la mañana.- Yo me preguntaba si, me preguntaba si podrías quedarte esta noche.
Steve le sonrió, asintió y camino con calma de regreso, cerró con cuidado procurando no hacer ruido que despertara a los niños.
-Tal vez durmamos apretados.- comentó la espía guiándolo a tientas hacia la habitación.- Pero creo que dormiré más tranquila sabiendo que estás ahí, será una sorpresa para los niños encontrarte por la mañana.
-Ya nos acomodaremos.- Le constó Steve tratando de ocultar su alegría.- Las camas aquí son bastante amplias.
Los niños estaban acostados boca-abajo en el costado izquierdo de la cama, James pasaba un brazo protector sobre su hermana, Natasha se sentó en la orilla de la cama, acomodando unos cuantos rizos de Natalie que cubrían parte de la cara de su hermano, Steve se detuvo al pie, observándolos, como si no hubiera nada más que hacer en el mundo y por primera vez en varios años se sintió feliz y completo, no había nada más, todo lo que deseaba estaba frente a él.
-No puedo creer que hiciéramos algo tan perfecto.- Dijo después de varios minutos el soldado.
-Lo sé.- Contestó la espía girando la mirada al rubio parado a centímetros de distancia.- Me repito lo mismo cada vez que los veo, sigo sin creer que, después de todo lo que he hecho la vida me haya dado tan maravillosos regalos.
-¿Crees que sea buen padre?
-Ya lo eres.- Dijo la espía con una sonrisa cansada dibujada en su rostro.
-Bueno, llevo menos de una semana siéndolo, me refiero a después de que sepan que soy su padre, ¿no crees que cambie nuestra relación después de eso?
-Conociéndolos, es muy probable que quieran pasar más tiempo contigo, y eso ya es decir algo, se han encariñado mucho contigo y aún no lo saben, estoy segura que, en cuento lo hagan, te amaran.
Los ojos de la espía comenzaban a cerrarse por el cansancio, Steve le sonrió a forma de disculpa, sabía que él era la razón por la cual seguía despierta.
-Creo que ya es hora de dormir.- Le dijo alejándose unos pasos de ella.- Iré por un vaso de agua, ¿quieres que te traiga uno?
La pelirroja miró la mesita de noche, el que había traído horas antes se encontraba vacío, agachó la mirada sonriendo, después de tantos años Steve seguía recordando su costumbre de tomar agua al despertar, le tendió el vaso vacío, asintió a forma de agradecimiento, el soldado desapareció en la obscuridad del pasillo, para cuando regresó Natasha estaba tan dormida como los niños, era la imagen perfecta, ni en sus mejores sueños había sido como la que tenía ahora de frente, dejó los vasos de agua con cuidado en la mesa, se acostó con cuidado al lado de la espía, momentos como ese lo hacían sentir el más afortunado del mundo, dormir de esa forma con la pelirroja era de las mejores cosas que le podían pasar, nada se le podía igualar, ni siquiera la pasión que había acompañado tantas noches en el pasado, incluido su último encuentro en Venecia. Como si sus cuerpos estuvieras destinados a dormir de esa forma, Steve pasó con delicadeza uno de sus brazos por debajo de la cabeza de Natasha, quien se acomodó de lado con las manos sobre el pecho del soldado, su brazo libre, al igual que su hijo, lo pasó por encima de los brazos de la espía, porque esa era costumbre, y porque, en situaciones como la que vivía esa semana, el contacto con su cálida piel era la única forma de saber que no estaba soñando.
Ya puntualmente programado, después de varios años de rutina el soldado se levantó a las 5 am, comenzó a levantarse con cuidado dispuesto a prepararse para salir a correr, giró su mirada la izquierda, Natasha y los niños aún dormían tranquilamente, sabía que Natasha había programado el despertador para las 6, se quedó un minuto tendido en la cama mirando el techo, podía quedarse en la cama, no salir a correr y estar media hora más en el gimnasio después de que tanto Natasha como los niños estuvieran fuera, ¡al diablo con la rutina! Se dijo mentalmente, acomodándose nuevamente, si tenía momentos como este en los que podía disfrutar a su familia no los dejaría pasar solo por salir a correr en las mañanas.
5:55 Natasha abrió los ojos, dio un respingo al encontrarse con el brazo que la abrazaba, después recordó, Steve se había quedado a dormir, alzó la mirada un poco, el soldado aún dormía tranquilamente, bajó la mirada, se pegó un poco más a su pecho desnudo, si los niños un tuvieran que ir a la escuela, si ella no tuviera que ir a trabajar, podrían quedarse todo el día en cama, suspiró con pesadez, añoraba ese día, se retorció con cuidado tratando de no despertar al rubio, con la agilidad propia de un gato se zafó de su abrazó estirándose un poco para alcanzar el reloj, apagó el despertador faltando un minuto para que sonara, se tomó el vaso de agua de un trago, en el momento en que regresaba el vaso a su lugar Steve abrió los ojos.
-Buenos días.- saludó el soldado.
-Buenos días.- respondió la espía colocándose un largo mechó de cabello rojo detrás de la oreja.- No pensé encontrarte dormido, te creía ya desayunando.
-Me desperté, pero no quise desaprovechar oportunidades como esta.- La voz ronca de Steve le caló hasta los huesos, eran detalles como esos que la hacía sentir vulnerable, el rubio la miró detenidamente unos segundos sosteniéndole la mirada.- ¿te he dicho que te ves hermosa por las mañanas?
Natasha se sonrojó, claro que se lo había dicho, repetidamente seis años atrás, recordaba aún la primera vez que lo hizo, la primera vez que durmieron juntos, Steve se había quedado con ella esa noche, por la mañana Natasha había despertado antes y recargándose en sus brazos se había quedado contemplando como la luz proyectaba las sombras de sus pestañas, eran tan largas que en repetidas ocasiones, tal cual quinceañera enamorada, se había preguntado cómo era posible que lograra mantener los ojos abiertos sin que se le cansaran por el peso de estas. El soldado abrió los ojos con lentitud, descubriéndola mirándolo, le había dedicado la misma sonrisa aún dormida, y había hablado con la misma voz ronca que aún no despertaba del todo.
-¿Alguna vez te han dicho lo hermosa que te ves por las mañanas?
La espía se sonrojó, nadie antes se lo había mencionado, nadie había tenido ese detalle, solo se fijaban en su cuerpo, si es que la notaban por la mañana, se inclinó para besar al rubio no sabiendo que contestarle.
-Recuerdo a cierto soldado que solía hacerlo.- Le contesto tratando de esconder su sonrojado entre su cabello.- Me robaba el aliento cada que lo hacía.
-Steve le sonrio.- ¿Aún tiene ese efecto en ti aquel soldado?
Natasha rio por lo bajo.- Vaya, te has vuelto más atrevido.
-Es el efecto que cierta pelirroja tiene sobre mí.
Natasha se mordió el labio, le dio unas palmaditas en el pecho y comenzó a levantarse de la cama, Steve la jaló del brazo haciendo que terminara sobre él.
-Steve, tengo que preparar el desayuno de los niños.
-No contestaste mi pregunta.
Escasos centímetros separaban sus rostros, tan de cerca el azul de los ojos de Steve la hipnotizaba, tuvo que reunir toda su fuerza de voluntad para alejarse y no acortar la distancia entre ambos.
-Y además insistente, vaya, ¿Dónde quedó el soldado tímido de hace 6 años?
-Sigue ahí.
-Eso espero.- La espía acercó sus labios a la oreja de Steve.- ¿Le parece al soldado que responda después la pregunta?
El cuerpo de Steve se estremeció ligeramente, Natasha se alejó sonriendo alegremente, porque le encantaba tener ese efecto en Steve. Regresó 20 minutos después, Steve seguía en la cama donde lo dejó mirando a los niños dormir, sonreía de una forma que no había visto nunca, una cosa más para añadir a su interminable lista de razones por las cuales amar al hombre que estaba frente a sus ojos, se recargó en el marco de la puerta en silencio, el rubio no se había percatado de su llegada y la escena frente a ella era una difícil de romper.
-Tienes una larga vida por delante para verlos dormir ¿sabes? Pero ahora tiene que alistarse para la escuela.- Dijo después de varios minutos, forzando a las palabras para salir.
Steve la volteo a ver sonriendo y asintió, movió con suavidad los hombros de los niños para despertarlos. James fue el primero en abrir los ojos, parpadeo un par de veces, en parte para ajustarse a la luz, en parte confundido del porque era Steve quien los despertaba, porque parecía que había dormido ahí, y lo había hecho, pero James desconocía ese, después los abrió Natalie quien se estiró bostezando llevando sus manos a los ojos para frotárselos.
-Buenos días.- Los saludó Steve.
-Buenos días.- Le contestaron los gemelos al unísono.
Natasha se disculpó a mitad del desayuno para irse a bañar. Cuando los niños terminaron aun había tiempo de sobra así que Steve los dejó dormir unos minutos más en el sofá. Había dejado de escuchar el agua correr hacía varios minutos, ningún otro ruido provenía de la habitación, entró al cuarto sin tocar, un gritó agudo salió de los labios de Natasha mientras intentaba taparse con la toalla que había dejado sobre la cama, Steve alzó una ceja ante su reacción, no le agradaba pensar de esa manera, pero que se tapara le resultaba un poco tonto a esas alturas, después de todo no tenía algo que no hubiera vista ya.
-Perdona.- Dijo mirándola a los ojos.- No escuchaba nada y me preocupé, los niños están listos, los dejé dormir un rato más.
Natasha asintió.- Estaré lista en un momento.
La pelirroja dejó con cuidado nuevamente la toalla sobre la cama, Steve seguía parado en el umbral de la puerta, sonrió negando levemente con la cabeza mientras abría las puertas de su closet.
-Pasa y cierra la puerta.- Le dijo al ver que el soldado no tenía intenciones de moverse, concentrándose nuevamente en su guardarropa y en escoger la vestimenta del día.
Finalmente se decidió por un vestido negro sencillo que le llegaba justo sobre las rodillas. Los dejó en la cama, junto a donde se había sentado Steve, volvió al baño dejando la puerta abierta, Steve la observó secarse el cabello y recoger la larga cabellera roja en una coleta alta. La espía se paseó de un lado a otro de la habitación, entrando y saliendo del baño con productos en ropa interior, la mirada de Steve la seguía a donde fuera, estando sentado su cuerpo y su mente libraban batalla, finalmente se detuvo frente al espejo a terminar su maquillaje, los ojos de Steve se fijaron en su cuello, Natasha alzó la vista al terminar su delineado mirándolo por el espejo.
-Si sigues mirando así mi cuello, me dará torticolis.- Le dijo con una sonrisa para después centrarse en sus pestañas.
Steve le respondió con una sonrisa apenado.
-¿Por qué te arreglas tan temprano? ¿Qué no trabajas hasta más tarde?
-Con lo cansada que estoy, si dormía un rato más después de que se marcharan los niños me constaría levantarme después, mejor me voy a trabajar antes.
-Te paso a dejar entonces, después de los niños.
-Pensaba ir en mi auto.
Steve negó con la cabeza.- No hace falta, te paso a dejar y después te recojo antes de ir por los niños, no veo el punto de llevar dos autos si después de todo, estaremos juntos casi todo el día.
-No es necesario que te molestes, nos podemos ver aquí para comer y después llevar a los niños juntos a las clases.
-No es molestia, al menos claro, que necesites el auto para trabajar.
Natasha lo pensó unos segundos, después negó con la cabeza.
-No tengo casas que mostrar hoy.- Miró el reloj del buró, 7:00 marcaban los números verdes sobre el fondo negro.- Será mejor que me dé prisa o se nos hará tarde.
Steve la dejó terminar de arreglarse, 7:15 estaba casi completamente vestida, se acercó de espaldas al soldado con el cierre del vestido abajo.
-¿Puedes subirlo?
Steve asintió mirando la espalda semi-desnuda de la espía, su bra de encaje negro resaltaba sobre su piel blanca, subio el cierre con cuidado poniendo las manos con delicadeza sobre los hombros de la pelirroja al terminar su trabajo.
-Gracias.
-Un placer.- le contesto el soldado levantando levemente una de las comisuras de los labios.- iré por los niños, enseguida vuelvo.
Salió del cuarto dejando a Natasha sentada en la cama acomodándose los tacones para después volver con los niños a que se lavaran los dientes. 7:20 salían de la torre camino al Kinder, cinco minutos antes de las ocho Steve ponía nuevamente el auto en marcha, esta vez en dirección a las oficinas N&K.
-Paso por ti 12:30.
Dijo el soldado inclinándose sobre el asiento del acompañante después de que bajara Natasha, la pelirroja se giró dedicándole una sonrisa y despidiéndose con la mano. Steve tuvo que entretenerse en algo el resto del día, matar las horas que lo separaban de su familia, una semana atrás no se imaginaría tan ansioso por ver a alguien, una semana atrás la idea de ser padre de familia no se le cruzaba por la cabeza ni de chiste, al menos que quisiera recordar lo solitaria que era su vida en este tiempo, pero eso ya era cosa del pasado, la soledad ya no formaba parte de ella, era casi perfecta, tenía a sus hijos, tenía a Natasha, a la que orgulloso llamaría su esposa y no tuviera miedo al compromiso.
Se ejercitó, hizo planes de respaldo para la misión, preparó la comida y lo necesario para las clases de la tarde para cuando llegaran los niños y Natasha, cuando se dio cuenta ya eran las 12pm, tomó las llaves del auto y se dirigió a la salida, topándose con Tony y Bruce.
-¿Vas de salida Capi?
-A recoger a Natasha y los niños.
-Quien te viera, todo un hombre de familia.- Le contestó Tony con sarcasmo.- Recuerda lo que te dije capi, las pelirrojas son peligrosas, te va a romper el corazón cuando se vaya y se lleve a sus hijos con ella.
-No le hagas caso Steve, ha bebido un poco de whisky.- Dijo Bruce tratando de disculparse por los comentarios de su compañero.
-Está bien Doctor, lo entiendo, me voy antes de que se me haga tarde.
Tony y Bruce siguieron su camino al ascensor y Steve recorrió en cuestión de segundos la distancia que lo separaba de las puertas automáticas, girándose a tiempo, justo cuando el elevador anunciaba su llegada.
-¿Estarán en la noche?
Tony miró confundido a Steve, después a Bruce que tenía la misma mirada de confusión en el rostro, los dos asintieron sin decir palabra.
-Bien, hay algo que quiero comentarle a todo el equipo.
Y sin dejar que se dijera algo más Steve salió del lugar en dirección a la oficina de Natasha. Estacionó el auto frente al local, cruzó la calle y entró al lugar buscando la cabeza rojiza de Natasha.
-Buenas tardes, ¿en qué puedo ayudarlo?
Steve volvió la mirada a la morena parado enfrente de ella, tenía un montón de papeles en las manos y le sonreía de forma amable.
-Hola, eh, si, busco a Natasha Romanoff.
-No se encuentra, le puedo dar algún recado ¿Quién la busca?- le contestó acomodándose un lacio mechón negro detrás de la oreja.
-Steve Rogers.- Respondió el soldado extendiéndole la mano a forma de saludo.- Venía a recogerla, no sabía que iba a salir.
Los ojos de la morena se abrieron como platos al escuchar su nombre, tardó unos segundos en recuperarse del shock para extenderle la mano al rubio frente a ella.
-Kimberly Jones.- dijo agitando la mano suavemente ante el saludo de Steve.- Wow, ¿así que tú eres Steve? Debí de haberle creído a Nat cuando dijo que era prácticamente un dios griego.
-¿Disculpa?- Steve volvió a fijar los ojos en Kim, se había distraído viendo la oficina y a todas las mujeres que fijaban los ojos en él.
-Soy Kimberly, Kimberly Jones, ¿mejor amiga de Nat?- Le contestó la morena encogiéndose de hombros.
-Oh, Kimberly, vaya, es un placer conocerte por fin.
-Lo mismo digo, am, Nat ha salido un momento, no debe tardar en regresar, puedes esperarla en su oficina si gustas.
Steve asintió siguiendo a Kim por el pasillo.
-¡Vuelvan a su trabajo señoritas! Este pedazo de carne tiene dueña y es su jefa.
Steve rio por lo bajo ante lo dicho por Kimberly, sabía por boca de Natasha que no tenía filtro cuando hablaba, al parecer su descripción se había quedado corta.
-¿Quieres que te traiga algo? Agua, café, té…
-No gracias, estoy bien.
La morena le sonrió y cerró la puerta a su salida. La oficina de Natasha estaba impecable, no había nada fuera de lugar, todo perfectamente ordenado, los muebles eran negros, las paredes blancas, sobre su escritorio estaban su computadora, una placa con su nombre, y un portarretrato con una foto de sus hijos que se abrazaban sonriendo a la cámara. Las sillas donde se sentaban quienes entraban a verlas estaban perfectamente alineadas y justo enfrente la de Natasha, un cuadro de lo que parecía una flor en blanco, negro y gris colgaba de la pared detrás de ella, una mesa pegada a la pared derecha era adornada por dos objetos redondos en varios tonos de rojo, en el centro había un florero de cristal con amapolas rojas. A los lados dos fotos más, esta vez ella figuraba en las fotografía, en una estaban sentados en una banca del parque, la pelirroja estaba en medio de los dos niños, tenía los ojos cerrados y arrugaba ligeramente la nariz mientras James y Natalie le besaban las mejillas, la otra era una de las tantas de la sesión de fotos hecha por Kimberly, todos de mezclilla, camisas blancas, fondo negro, esta vez Natasha estaba sentada con Natalie en su regazo y James colgado de su espalda. Steve tomó la primera, los niños se veían muy pequeños, no tendrían más de tres años cuando se les tomó la foto, el cabello de Natasha estaba también notablemente más corto, no tanto como cuando salían, pero si comparado con su actual largo.
-Hey.
El soldado se giró ante el saludo, dejando con cuidado la fotografía de regreso en la mesita. La espía estaba parada en el umbral, un folder lleno de papeles ocupaba gran parte de su brazo, caminó directo a su escritorio, dejando el montón de papeles en el mientras se sentaba en la silla.
-No me tardo lo prometo, solo tengo que guardar todo esto.
Steve asintió, sentándose en una de las sillas frente a la pelirroja esperando paciente a que terminara de ordenar todo. Una vez terminado su trabajo se puso de pie, se colgó la bolsa al hombro y comenzó a caminar a la salida, seguida con Steve quien cerró con cuidado la puerta de la oficina.
-¡Me voy Kim nos vemos mañana! ¡Hasta mañana a todos!
Kim se despidió con una mano mano mientras tomaba un sorbo de la taza que sostenía en la otra, algunos de los empleado hicieron lo mismo para después volver a concentrarse en lo que hacían, algunos otros, en general mujeres, seguían con la mirada fija en Steve, Natasha puso los ojos en blanco y tomó de la mano de Steve sacándolo casi a rastras del lugar. El soldado sonrió ampliamente, entrelazando sus dedos con los de la espía, al llegar al auto le abrió la puerta y la cerró con cuidado una vez que la espía se acomodó dentro. Se sentó al volante aun sonriendo mientras veía a la pelirroja abrocharse el cinturón.
-¿Qué? –Preguntó alzando la vista encontrándose con la mirada de Steve.
-Nada, solo, me gusta cuando te pones celosa.
-No estoy celosa.- Natasha se cruzó de brazos y alzó una ceja.-las estabas distrayendo de su trabajo, además, y si lo estuviera qué.
Steve sonrió más ampliamente y puso el auto en marcha camino a recoger a los niños, cuando llegaron Natasha seguía con los brazos cruzados, ¿y así quería que Steve no estuviera fascinado? El rubio rodeo el auto para abrirle la puerta extendiéndole la mano para ayudarla a ponerse de pie y sin soltarla de camino al salón. Las miradas de todas las que platicaban en los salones se posaban en ellos y sus dedos entrelazados, Natasha pasó del ceño fruncido a una sonrisa en cuestión de segundos, solo se separaron cuando los niños corrieron a sus brazos. El camino de regreso estuvo lleno de relatos de los hermanos sobre su día en la escuela y gran parte de la comida también, había algo en los relatos sobre hamsters y manualidades que fascinaba a Steve, ese algo eran sus hijos.
-Muy bien niños, es hora de ir a sus clases, vayan por sus cosas.
Los niños repelaron un poco, pero minutos después ya se encontraban nuevamente en el auto camino al entrenamiento de James. Se sentaron en la segunda hilera de bancas en las gradas, esta vez era diferente a la anterior, Steve ya no se tenía que enfrentar solo a las miradas de todos los presentes. Natalie se encontraba sentada entre sus padres hablando animadamente sobre lo emocionada que estaba por su recital de fin de cursos.
Terminando la práctica se dirigieron al estudio de ballet, la escena se repetía pero estaba vez James estaba en medio, hablando sobre el partido de la siguiente semana.
-Estoy ansioso por verte jugar campeón.- Dijo Steve bajando la mirada para ver a su hijo, el niño sonrió ampliamente.
Al terminar la clase Natasha se acercó a la profesora para discutir algunas cuestiones sobre el vestuario para el recital.
-Niños, ¿quieren ir a cenar fuera?- Preguntó la espía una vez que la familia entera estuvo dentro del auto, sus nervios y los del soldado comenzaron a ir en aumento.
-Mami, tenemos escuela mañana ¿Estas segura?- Preguntó Natalie confundida ante la propuesta de su madre.
-Podríamos pedir para llevar, aunque me gustaría pasar primero a mi apartamento, tengo que recoger algunas cosas.- Steve miró a la pelirroja sentada junto a él, los nervios podrían notársele a kilómetros de distancia, Natasha le respondió con una pequeña sonrisa.
Media hora de camino los separaba de su departamento en Brooklyn, antes de entrar al edificio pasaron por la comida china que se encontraba enfrente. Con comida en mano se dirigieron al departamento de Steve. El edificio estaba tal cual lo recordaba Natasha, subieron hasta el octavo piso, esperando paciente mientras el soldado abría la puerta. Los niños entraron primero, seguidos de Natasha y después Steve que dejó las bolsas de comida con cuidado sobre la encimadera de la cocina. Todo seguía igual, justo como la pelirroja lo recordaba. El rubio desapareció tras la puerta de su habitación, Natasha se quedó parada detrás del sofá de la pequeña sala de estar escuchando el abrir y cerrar de cajones proveniente del cuarto de Steve. Los niños iban de un lado a otro del lugar curioseando entre las cosas del soldado.
-Mami, ¡mira una foto tuya!- Gritó Natalie entusiasmada señalando la foto de la espía que se encontraba en unos de los estantes de la sala, una foto que el soldado le había tomado seis años atrás en una de sus citas, en la imagen solo se veía su rostro sonriente enmarcado por los cortos rizos rojos que tenía en aquel momento.
-¡En esta sales con Steve!- Comentó James señalando otra que colgaba de una de las paredes.- ¿Por qué salen tan abrazados?- Preguntó confundido.
El soldado salió de su cuarto, miró a Natasha que estaba parada en medio del departamento, paralizada sin saber que responder, inspiró profundamente tratando de recuperar el aire que había perdido mientras cambiaba la mirada de la pelirroja a los niños.
-James, Natalie, creo que…
-Niños, siéntense.- Dijo la espía recobrando repentinamente el habla.
Los niños obedecieron a su madre, tomando asiento en el sillón de tres plazas de Steve, la pelirroja se sentó a un lado y el soldado al otro. Natasha tomó las manos de sus hijos entre las suyas mirándolos a los ojos, desvió momentáneamente la vista centrándose en los ojos de Steve que la animo en silencio asintiendo levemente.
-Quiero hablarles de su padre.- Comenzó la espía, los niños la miraron confundida.- Primero quiero decirles que es un gran hombre y que estoy segura que le habría encantado conocerlos desde que nacieron.
-¿Le pasó algo a papá mami?-Preguntó James preocupado.
Natasha negó con la cabeza acariciando suavemente la mejilla de su hijo.
-Su padre, está perfectamente bien y estoy segura que está muy orgulloso de ustedes.
La mirada de la pelirroja se centró nuevamente en Steve que sonrió como afirmación ante lo dicho.
-¿Qué pasa entonces mami?
-Nada, solo, he estado pensando estos días, que es hora de que sepan quién es su padre, espero que me perdonen por no habérselo dicho antes.
Los niños la miraron con la ansiedad reflejada en sus ojos, mientras que los de Natasha comenzaban a nublarse por las lágrimas, Steve se puso de pie, arrodillándose frente a los niños con una mano sobre la rodilla de Natasha y con la otra sujetando las manos de sus hijos.
-Niños.- Dijo con la voz entrecortada, respirando más profundamente evitando llorar el también.- Yo soy su papá.
Los hermanos lo vieron confundido, sus miradas viajaban de su madre, cuya cara estaba ya empapada por las lágrimas que corrían silenciosas por sus mejillas, a Steve que esperaba impaciente una respuesta de ellos. Después de varios minutos la primera en responder fue Natalie que se abalanzó a los brazos del soldado ocultando la cara en su pecho y mojando su camisa por las lágrimas que comenzaban a salir de sus ojos. Steve la abrazó con fuerza. James parpadeo un par de veces, su labio inferior comenzó a temblar como señal del llanto que estaba por llegar.
-Papá.- Fue lo único que fue capaz de decir el niño antes de unirse al llanto de su hermana y abrazar también con fuerza al rubio.
La emoción pudo más que cualquier otra cosa, las lágrimas por fin se desbordaron de los ojos de Steve, abrazó con fuerza a sus hijos besando sus frentes, alzó la mirada a Natasha quien tenía una mano en la boca tratando de reprimir los sollozos se soltaba, extendió el brazo libre, que antes reposaba sobre la rodilla de la espía como invitación al abrazo, la pelirroja se sentó a su lado en el piso abrazando lo más preciado que tenía en el mundo.
