Iba a subir el capítulo a principios de semana pero me surgieron unos compromisos, pero les dije que iba a procurar no tardarme tanto en el verano y lo prometido es deuda, aquí les dejo el siguiente, espero que lo disfruten.

-Oh wow.

Kim estaba sentada frente a Natasha, en cuanto llegó a la agencia le pidió que se vieran en la oficina. La pelirroja estiró la mano izquierda a la altura de sus ojos admirando el diamante que ahora descansaba en ella.

-Lo se.- río sonrojándose.- No puedo creerlo, es tan, wow.

La espía dejó escapar un suspiro centrándose nuevamente en el anillo. Se durmió viéndolo, se despertó viéndolo, no hacía más que verlo, suspirar, y sonreír cada que sentía esa sensación de calidez en el abdomen que se esparcía por todo su cuerpo como mariposas revoloteando.

-¿Y los niños?

-¿Qué pasa con ellos?

-¿Qué opinan de que se vayan a casar?

-Hm bueno.- Natasha se tomó unos segundos para recordar sus reacciones en la mañana, cuando dieron la noticia después de que Natalie preguntara por el anillo que adornaba el dedo de su madre.- Creo que son los que más emocionados están por la boda, no dejaron de dar saltos de felicidad y cantar "mamá y papá se van a casar" durante todo el desayuno, y estoy bastante segura que lo hicieron también camino a la escuela.

El rostro de la morena se ilumino en una sonrisa, de pie, inclinada sobre el escritorio, jaló de los hombros de Natasha para abrazarla.

-No puedo creer que mi mejor amiga se case.

-Pues créelo, porque como dama de honor tienes que ayudarme con la planeación.

-Mi sueño hecho realidad.- Contestó Kim rompiendo el abrazo.

-¿En verdad?

-Está en mi bucket list definitivamente.

-¿Y casarte no lo está?

-No, soy un alma libre, la vida matrimonial no es cosa mía.

-Si tú lo dices, yo creía lo mismo, y ahora veme.

-Bueno, te hare saber si me llega la maravillosa revelación, pero no creo, soy un espíritu libre que disfruta de las fiestas, y espero que casarte no signifique dejar plantada a Kim en las salidas, de lo contrario me veré obligada a convertirme en la amiga corrompe esposas y la pesadilla de todos los esposo.

Unos golpes en la puerta interrumpieron la conversación de las amigas, seguido por la puerta abriéndose ligeramente y un rostro pálido y lleno de pecas asomándose con timidez. Natasha tomó asiento, Kim recogió unos folders llenos de papeles y salió de la oficina guiñándole un ojo a su amiga.

-Tess, adelante, ¿tienes mis recados?

La asistente de Natasha entró lentamente a la oficina y tomó asiento entregándole a Natasha su agenda quien la tomó con cuidado empezando a repasar sus pendientes del día.

-Todas sus citas con clientes están en orden, como siempre, los Thompson están en la línea uno.- Contestó agachando la mirada a sus rechonchos dedos.

-Ugh, no puedo creer que sigan sin decidirse por una casa.- Contestó cerrando la agenda y cruzando las manos sobre ella, el diamante brilló al recibir los rayos de luz que se proyectaban sobre el escritorio proveniente de la ventana.

Los ojos Theresa se centraron unos segundos en el brillo, parpadeo rápidamente incrédula ante lo que veía, le dedicó una sonrisa y volvió su atención a la libreta en la que anotaba todos los recados que le pasaba a Natasha.

-Hoy es la despedida de soltera de la señora Caroline, llamó para recordar, ya envíe el regalo tal como me lo pidió, hm llamó el instructor de natación de los niños, al parecer no contestó en su apartamento, la clase de hoy se pasa a las 4, y hum también marcó ¿Steve Rogers? Pero no dejó ningún recado.

-uf, ok, muchas gracias Tess.

Theresa se puso de pie y camino de vuelta a la puerta, antes de salir se volvió hacia Natasha, la pelirroja tenía ya el auricular del teléfono pegado a la oreja esperando la respuesta de los Thompson.

-Señorita Natasha.- Dijo con tímida voz llamando la atención de su jefa.- Perdone la indiscreción pero, ¿está comprometida?

Natasha bajó la mirada a su anillo y sonrió por milésima vez en el día.

-Sí, sí lo estoy, me comprometí anoche.

-Muchas felicidades.

-Gracias.

Theresa salió de la oficina. La voz del señor Thompson se escuchó por la bocina del teléfono, después de varios minutos Natasha acordó verlos ese mismo día, usaría la hora libre que tenía pues Steve era el encargado de recoger a los niños esta semana. Terminando la conversación colgó el teléfono, se masajeo las sienes cienes los dedos y respiró profundo para después volver a tomar el teléfono y marcar el número de la torre.

-Torre Stark.- la voz de Jarvis se escuchó al otro lado de la línea.

-Jarvis, habla la agente Romanoff, ¿podrías comunicarme con Steve por favor?

-Enseguida.

La espía fue puesta en espera, una versión instrumental de Highway to hell comenzó a sonar, muy típico de Tony.

-Nat.

La voz agitada del soldado interrumpió la canción.

-Hey, hola, suenas algo agitado ¿todo bien?

-Sí, sí solo entrenaba.

-Ok.- Contestó la espía.- Lamento interrumpirte, me dijeron que me marcaste.

-No hay problema, si llamé, me dijeron que estabas en una reunión con Kimberly, ¿hablaban del compromiso?

Natasha rio quedamente.

-Sí, hablábamos del compromiso, es mi mejor amiga, además no es algo fácil de ocultar, y si lo fuera no querría hacerlo, tengo ganas de decirle al mundo entero que me voy a casar conmigo.

Esta vez fue la risa de Steve la que se escuchó.

-Siento lo mismo, lo que me recuerda, razón número uno por la que te llamo, gracias a nuestros adorable hijos, es probable que para medio día hasta en Australia sepan que nos vamos a casar.

-No me sorprende.

-Me hace feliz que les alegrara tanto la noticia.

-A mí también, muy bien Capitán Rogers, ¿motivo número dos?

-Hm, no encuentro las cosas para la clase de natación de los niños.

-¿Ya buscaste bien en todo el cuarto?

-Sí, no hay nada.

-Debí de haberlas dejado en mi apartamento, ¿puedes pasar más tarde a la oficina por las llaves? Así puedes ir a recogerlas, seguramente no este, tengo muchos clientes que atender hoy, pero se las dejaré a Kim, junto que la dirección, estoy segura que las empaque así que la maleta debe estar o en la sala o en mi habitación, sino saca de los closets de los niños las cosas, bañador, gorra, googles, sandalias, en el baño están las toallas, y tienes que llevar un cambio de ropa.

-Ok, ¿algo más?

-No, es todo lo que necesitan, oh, antes de que lo olvide, cambiaron la lección para las cuatro.

-Ok, ¿te veré para comer?

-No lo creo, seguro trabajo más tarde hoy, te veré en la noche, antes de la despedida de Caroline.

-¿Es hoy?

La espía suspiró con pesadez.- Sí.

-Está bien entonces, eso era todo por lo que había llamado.

-¿Era todo? ¿Seguro no era pretexto solo para hablarme?

-Bueno eso también, solo han pasado unas horas y ya extraño la voz de mi hermosa prometida.

Natasha volvió a reír mientras sentía como sus mejillas se tornaban rojas.

-También te extraño, pero ahora me tengo que ir, unos clientes me esperan. Nos vemos más tarde.

-Si… ¿Nat?

-Dime.

-Te amo.

La pelirroja sonrió, el color de sus mejillas aumento, sentía como ardían, la piel se le erizo, se encontró sonriendo al teléfono.

-Yo también te amo.

Los dos se quedaron en silencio un rato, ninguno colgaba.

-¿Steve?- Preguntó Natasha después de varios minutos.

-¿Si?

-Tengo que colgar, no puedo hacer esperar a los clientes.

-Ok, te amo.

-Yo a ti.

La espía colgó con trabajo el teléfono, si no tuviera que trabajar estaría con él en ese mismo momento. Pasó toda la mañana recorriendo casas y departamentos convenciéndolos para comprar alguno.

Cerca del medio día Steve aparcó frente a la agencia. Entró al lugar atrayendo todas las miradas, mientras el buscaba la negra y lacia cabellera de Kimberly.

-¡Steve!

El soldado volvió la mirada hacia donde había escuchado el llamado, la morena salía de uno de los cubículos.

-¡Quiero el número de los decoradores para hoy Joe!- Gritó la morena al hombre del cubículo del que acababa de salir para después, volver nuevamente la mirada a Steve y abrir los brazos para abrazarlo.- ¡Felicidades por el compromiso! No puedo creer que mi mejor amiga se case.

-Gracias.- Contestó Steve devolviéndole torpemente el abrazo.

-Ahora.- Le dijo Kim rompiendo el abrazó y tomándolo por los hombros.- yo iré por las llaves, espero que no te sientas incómodo con las miradas de todas las mujeres de lugar sobre ti, ya vuelvo.- Le dijo dándole unas palmadas en el brazo y caminando en dirección a un pasillo similar al que llevaba a la oficina de Natasha.- ¡Vuelvan a trabajar señoras!- Dijo a las empleadas antes de desaparecer completamente de vista.

Las mujeres de la oficina le dedicaron una última mirada antes de volver nuevamente a su trabajo, Steve les dedicó una sonrisa tímida a todas antes de recorrer nuevamente con la mirada el lugar, le sorprendía lo mucho que había logrado Natasha en esos años. Volvió d sus pensamientos cuando vio a Kim parada frente extendiéndole las llaves y una hoja con las instrucciones para llegar al departamento de Natasha.

-Gracias Kim.

-No hay de que, oh, asegúrate que quede todo bien cerrado ¿de acuerdo?

Steve asintió, Kim le sonrió y se encaminó nuevamente en dirección a su oficina, el rubio se despidió agitando la mano para enseguida ponerse en marcha hacia el departamento de Natasha, sabía que el tráfico en Manhattan comenzaba a empeorar a medio día.

El edificio en que vivía Natasha no se parecía nada al viejo edificio de Steve, o en el que solía vivir Natasha a unas cuadras del de Steve, esos edificios que te hacían pensar en la segunda guerra mundial, cubos marrones por los ladrillos utilizados para su construcción, ventanas con vista a la calle y escaleras de emergencia a un lado, callejones obscuros entre edificios, este era diferente, la blanca e imponente estructura se alzaba frente al rubio, árboles adornaban la acera, algunos balcones sobresalían de la fachada. Steve sonrió y entró al lugar.

El rubio se quedó de pie, con la puerta abierta viendo el lugar al que las tres personas más importantes de su vida habían llamado hogar los últimos años. Era claro que había sido decorado por Natasha, todo iba del blanco al negro, algunas cosas en rojo resaltaban, igual que en su oficina, el resto de los colores era añadido por fotografías en las paredes. Siguiendo las indicaciones de Natasha caminó por el pasillo a la izquierda en dirección a las habitaciones. Entró a la primera, el rosa y beige dominaban en la habitación, fairy lights colgaban sobre la cama cubierta con animales de felpa y almohadas, algunas flores en la mesa de noche, todo daba al cuarto el aspecto de haber salido de un cuento de hadas, la habitación de Natalie sin duda. Con las cosas de Natalie guardadas, Steve entró en la habitación frente a la de la niña, azul y verde en las paredes, muebles y ropa de cama, balones de football, dinosaurios y coches en el piso recibieron al rubio en la habitación de su hijo, era sorprendente como aun siendo gemelos sus hijos eran tan diferentes. De salida algo captó su atención, en la mesa de noche de James, una figura de Capitán América, comics de colección, vintage como las tarjetas del Agente Coulson, los ojos de Steve se nublaron ante la idea de su hijo admirando a su alter ego, ¿Qué pensaría Natasha al verlo jugar? Una lágrima resbalo por su mejilla, la limpio con rapidez y salió de la habitación.

Salió del departamento después de confirmar que todo estuviera como lo encontró y que quedara bien cerrado, después se encaminó al kínder a recoger a los niños. Justo cuando estacionó el auto, frente a la escuela, su teléfono comenzó a vibrar en su bolsillo, lo sacó mientras abría la puerta, el número de Natasha aparecía en la pantalla.

-Hola preciosa.- Contestó sonriendo mientras cruzaba la calle.

-Hey, si vas a contestarme así cada que te llamé considerare hacerlo más seguido.- Se río la espía al otro lado de la línea.

-Bueno, solo digo lo obvio.

La risa de Natasha se volvió a escuchar.- ¿Encontraste las cosas para la clase de los niños?

-Sí, los estoy recogiendo ahora mismo de hecho.- Contestó el soldado mientras toca la puerta del salón de los niños y se asomaba sonriendo por la ventana, los gemelos le sonrieron de vuelta y se pusieron de pie en cuento la maestra comenzó a caminar hacía la puerta.- Tengo que colgar, ya van a salir, nos vemos más tarde te amo.

-Ok, entonces vuelvo a centrarme en los clientes, yo también te amo.

-Trata de no matarlos.- Río el rubio.

-Estas despedidas por teléfono se hacen eternas, ahora si tengo que colgar, nos vemos más tarde soldado, te amo.

-Yo a ti.- Le contestó Steve mientras la puerta del salón se abría y sus hijos aparecían sonriéndole, el tono de llamada terminada se escuchó y volvió a poner el teléfono en su bolsillo.

-¡Papá!- Lo saludaron los niños abrazándose a sus piernas.

-Hola a ustedes también.- Les contestó el soldado riendo colocando con delicadeza las manos sobre sus espaldas.

-¿Era mamá con la que hablabas?-Preguntó James.

-Sí, era ella, no va a poder comer con nosotros hoy por el trabajo, así que seremos solo nosotros tres.- Le contestó mientras tomaba las mochilas de los niños y se las echaba al hombro.- ¿listos para irnos?

-¡Sí!- Le contestó Natalie para después girarse para despedirse de la maestra, acción que su hermano imitó.

-Adiós niños.- Les contestó la mujer parada en el umbral de la puerta.- Y felicidades por el compromiso Señor Rogers.

-Muchas gracias.- Le contestó Steve sonriendo.

De camino de regreso a la torre Steve aparcó junto a un restaurant italiano.

-Niños, tuve un día muy ocupado así que no me dio tiempo de preparar nada para la comida, ¿les parece si bajamos y pedimos para llevar?

Los niños asintieron estando de acuerdo con la propuesta de su padre.

-James.- Llamó Steve a su hijo ya sentado en la mesa, quien veía fijamente su plato ya vacío.- ¿Quieres que te sirva más?

El niño negó con la cabeza, después alzó la mirada a su padre.

-¿Papá?- Lo llamó el niño, Steve se giró a verlo curioso.

-Dime.

-¿Por qué me llamo James?

-¿Por qué preguntas?

-Curiosidad.

-¿Nunca les dijo su mamá la razón de sus nombres?

Los niños negaron con la cabeza.

-Bueno.- Contestó el soldado empujando su plato frente a él.- Tú te llamas James porque así se llamaba mi mejor amigo, fue alguien muy importante para mí, así que después de perderlo me prometí que de tener un hijo lo llamaría como él, y tu pequeña.- Dijo girándose hacia Natalie.- En realidad quería que te llamaras Natalia, es un nombre con mucho significado para tu mamá aunque no lo admita, pero a ella le gusta más como suena Natalie.

Los niños le sonrieron, saber que Steve, aun cuando no tuvo la oportunidad de conocerlos en el pasado, había escogido sus nombres los hacía felices.

-Ahora, terminen de comer o se nos hará tarde para su clase, y tienes que dejar pasar un tiempo antes de entrar al agua.

Después de comer el trío descanso un poco antes de ponerse nuevamente en marcha hacia el centro acuático donde los niños tomaban clases. Ya en el lugar Steve se sentó en las gradas mientras veía a sus hijos correr para unirse a un grupo de niños que reían cerca de la piscina. Se giró cuando sintió a alguien acercarse a él. Un hombre de unos 35 años estaba parado junto a él, los shorts y el silbato que colgaba de su cuello dejaba claro que era el entrenador.

-Buenas tardes.- lo saludó.

-Buenas tardes.- Le contesto.- Usted debe ser el entrenador de natación, ¿cierto?

-Así es.

-En cantado de conocerlo.- Le dijo Steve extendiéndole la mano.- Soy el papá de James y Natalie.

El entrenador le estrechó la mano con una sonrisa confundida.

-¿El papá? Natasha nunca mencionó nada al respecto.

-Bueno es que estuve fuera mucho tiempo, pero ya que regresé estamos juntos nuevamente.

-¿Juntos? ¿Cómo pareja?

-Comprometidos de hecho.- Le respondió el rubio sonriendo.

-Oh, vaya, pues felicidades.

-Gracias.- Le contestó Steve.

-Bueno, será mejor que vaya a dar la clase, un gusto conocerlo Steve, espero verlo más seguido por aquí.

-Así será.

El entrenador le sonrió y se alejó hacia el grupo de niños del que ahora James y Natalie formaban parte. El resto de la hora el soldado se dedicó a ver a sus hijos chapotear en el agua y moverse de un lado a otro de la piscina a brazadas cortas y algo torpes. Al finalizar la hora los ayudo a secarse y vestirse nuevamente. De vuelta a la torre y en cuanto llegaron al piso de Natasha los niños corrieron a la cama, en unos minutos estaban completamente dormidos. Steve estaba recostado en el sillón de la pequeña sala, vigilando a través de la puerta abierta de la habitación el sueño de sus hijos cuando Natasha entró.

-Hey.- La saludó el soldado, poniéndose se pie y besándola suavemente en los labios.

-Hey.-Lo saludo de vuelta la pelirroja con la voz notablemente cansada.

-¿Qué tal tu día?

-Cansado, no tienes idea, a veces extraño luchar contra mercenarios y terroristas en vez de atender a parejas indecisas entre un departamento u otro.- Le contestó sentándose en el sillón en el que había estado recostado Steve mientras se quitaba los tacones.- ¿Y el tuyo?

-Igual que siempre, claro más las felicitaciones de las personas que saben de nuestro compromiso, y conocí al maestro de natación de los niños, actuó un poco raro cuando le dije que estamos comprometidos.- Respondió tomando asiento junto a la espía, colocó las piernas de la pelirroja sobre las suyas y comenzó a masajear sus pies.

-Ugh, ese hombre ha estado obsesionado conmigo desde que inscribí a los niños a las clases, que bueno que te conoció, tal vez así deje de acosarme.

-Espero, si no tendrá que vérselas conmigo.-Le dijo Steve estirándose para besarla nuevamente.- ¿Comiste?

-Sí, Kim y yo salimos a comer durante el descanso.- Natasha bajó los pies del regazó de Steve y recogió sus tacones del piso.- Ahora, por más que me encantaría quedarme aquí acurrucada contigo, tengo que irme a arreglar para la despedida de Caroline.

Steve la tomó de la mano y la jaló hacia el haciendo que se sentara en sus piernas.

-No vayas.- Le dijo besando su cuello y apoyando la barbilla en los hombros de la espía.

-Tengo que, no quiero tener que aguantar después sus quejas, pero prometo regresar temprano.

-Hm.

Natasha rio suavemente apoyando su cabeza en la de Steve y acariciando los brazos con los que el soldado había apresado su cintura.

-En serio volveré temprano, no más de las 11, me tendrás por el resto de la noche.- Le dijo terminando la frase con voz seductora.

-Me haz convencido.

Natasha rio con suavidad zafándose de los brazos del soldado y entrando a la habitación. Cuarenta minutos después, enfundada en un vestido negro que resaltaba todas sus curvas, con una gargantilla de flores hechas con varias piedras como único toque de color y con el cabello peinado en suaves rizos que caía sobre su espalda Natasha salía de la habitación.

-Si vas así, bien podría ir yo contigo, y ahuyentar a todos los que se te acerquen.

-Se me defender sola, además, no tengo interés en nadie más que tú.

-Me alegra saberlo.- Le contestó Steve acercándose a ella y besándola en los labios para despedirla.- Aún tenemos que anunciar el compromiso al equipo.

-Lo sé, mañana en el desayuno, ¿te parece?

-Claro, nos vemos más tarde.- Le contestó el soldado.

Natasha le guiño un ojo saliendo de la habitación.