Aclaraciones: Los personajes de Vampire Knight pertenecen a Matsuri Hino, los OC's y la trama son de Vileta Jensen (o sea yo).


Capítulo 14: Humanización


Para aquellos que alguna vez dudaron

los días de los vampiros están contados...


Había pasado una semana desde que el nuevo director ocupó su cargo oficialmente. Los alumnos seguían tratando de acostumbrarse a la nueva reforma de la escuela. Se sentían presionados y controlados porque no podían pasarse ningún minuto después de las cinco de la tarde para llegar a su dormitorio y hacer que les pusieran asistencia. Después del toque de queda los estudiantes diurnos se quedaban encerrados en su dormitorio sin nada qué hacer más que leer los cinco libros que tenían que leer por semana. Muchos estaban desquiciándose con tanta lectura que tenían, otros simplemente disfrutaban pasar sus tardes leyendo.

Ante el nuevo toque de queda, muchos alumnos prefirieron pasar el fin de semana en sus respectivas casas y algunos otros pocos se quedaban en la academia porque no tenían las posibilidades de irse. Aquella tarde de domingo estaba muy aburrida. Cat intentaba no pensar mucho en los barrotes que había en su ventana y que le impedían salir. Sin embargo, no podía evitar mirar a veces la ventana y sentirse encerrada lo cual la hacía frustrarse y sentir náuseas.

Intentó por décima vez concentrarse y leyó nuevamente el renglón donde se había quedado, pero por más que lo intentaba, su paciencia para la literatura había expirado desde hace media hora. Harta, cerró el libro y lo aventó contra la pared sin importarle nada. Se acostó en la cama y estiró sus extremidades, intentando espabilarse. Quería platicar con alguien en persona, pero no tenía a nadie. No se llevaba bien con sus compañeros de clase, excepto con Zero, pero él estaba con su ley de "No te hablo, háblame tú primero" y Cat era demasiado orgullosa para dar su brazo a torcer.

— Estoy totalmente harta de papá. –se quejó en voz alta en su dormitorio. –Apenas ha pasado una maldita semana y ya no quiero verlo por el resto de mi existencia.

-o-o-o-o-

Kaname estaba terminando de leer su cuarto libro de la semana junto a su adorable Avril al lado cuando, de repente, vino Seiren diciéndole que le había llegado una correspondencia.

— Gracias, Seiren, puedes retirarte. –musitó Kaname mientras veía que se trataba de una elegante invitación. La abrió con curiosidad y la desdobló empezando a leer su contenido.

— ¿De qué trata? –pregunto Av con su voz tan tierna.

— Es un baile raro. –respondió Kaname con el ceño levemente fruncido.

— ¿Un baile raro?

— Sí, dice que el baile es para sangre-puras, nobles y para la asociación de cazadores, todos juntos, al parecer tienen un anuncio que darnos.

— ¿Todos reunidos en un baile no sería algo peligroso?

— Claro, pero al parecer es algo tan importante que tenemos que estar todos allí. De cualquier forma, por tu seguridad, no quiero que asistas.

— ¿Pero por qué no? –lamentó. –Yo puedo cuidarme sola, ahora soy una vampira y estoy fuerte. –le aseguró, sonriendo.

— Lo pensaré. –le prometió. –Sigamos con nuestra lectura.

Avril prefirió no insistir en el tema por el momento ya que quería reanudar su lectura cuanto antes, pues el libro que le había recomendado Kaname estaba muy interesante, ya después se las arreglaría para intentar convencerlo.

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Castiel Ouróboros estaba muy concentrado en su escritorio mientras leía unos documentos cuando de repente alguien tocó su puerta un par de veces y él respondió que podían pasar. Al abrir la puerta, Castiel vio que su hija entraba y rápidamente se sentaba en una de las sillas frente al escritorio mientras lo miraba con curiosidad.

— ¿Me mandaste llamar? –le pregunto con fastidio, el solo hecho de verlo ya la estresaba al hacerle recordar todas las horrorosas reglas nuevas que su "querido" padre había hecho.

— Sí. Ponte derecha. –le advirtió. Cat enseguida se enderezó en la silla a regañadientes y se cruzó de brazos. Desde que tenía memoria, su padre siempre había sido muy estricto con su hermano y ella. –Habrá un baile, nos ha llegado una invitación. –le extendió una hoja beige doblada y Cat la tomó y empezó a leerla.

— ¿Es real? –inquirió ella con suma incredulidad después de leerla.

— Es totalmente real. –le aseguró su padre. –Y vamos a ir tú y yo en representación de la familia Ouróboros.

— ¿Ha? Claro que no, a mí no me gustan los bailes.

— Catherine. –Castiel entornó los ojos hacia su hija y ésta no tuvo más remedio que obedecer.

— Está bien, papá. –exclamó poniendo los ojos en blanco.

— Deberías estar más preocupada por tu futuro, eres la próxima líder del clan Ouróboros.

— ¿Qué clan? Solo quedamos Gabriel tú y yo.

— ¿Qué Gabriel? Solo quedamos tú y yo, hija.

Cat se le quedó viendo con extrañeza.

— Gabriel, tu hijo, mi hermano. –le explicó.

— No sé de quién me hablas. –respondió Castiel regresando su vista a los documentos. Desde que Gabriel se había convertido en vampiro había dejado de existir a la vista de Castiel.

— Como quieras. –se encogió de hombros. –Me prepararé para el baile de esta noche. –dijo con cansancio y se retiró de la habitación. Quería preguntarle a su padre el por qué harían aquél extraño baile, pero prefirió no molestarlo más, pues el tema de Gabriel lo ponía enojado y cerrado.

-o-o-o-o-

Afuera había un viento fresco, la noche estaba húmeda y la luna se ocultaba entre las espesas nubes grises que amenazaban con dejar caer lluvia en cualquier momento, sin embargo, aquello no fue impedimento para que las damas y los caballeros vampiros y cazadores no asistieran a aquél baile mixto en el que por primera vez se mezclarían tanto los vampiros y los cazadores.

Fuera de la ciudad había un castillo gótico que antes había pertenecido a un famoso clan de hombres lobo que se había extinguido desde hace muchas décadas, aquella edificación tan hermosa sería usada para llevar a cabo el elegante baile de media noche, aprovechando que no era un lugar de vampiros ni de cazadores, sino de un enemigo extinto que alguna vez tuvieron en común.

Las celebridades como sangre puras y cazadores de gran renombre conocidos en todo el mundo fueron los últimos en llegar. Las vampiras y las cazadoras se habían vestido hermosamente salvajes y bellas a la vez, siempre dejando ver que además de damas también eran asesinas.

— Estoy un poco nerviosa, es mi primer baile. –exclamó Avril mientras veía a tantas personas entrar al castillo mientras entrelazaba su brazo con el de Kaname. Ella estaba puesto un vestido azul pálido que era largo y esponjoso, con mangas largas y escote por la espalda, este último no muy bien aprobado por Kaname.

— Tienes un poder de convencimiento demasiado bueno, señorita Arklay. –la miro Kaname con el ceño levemente fruncido, pero fingiendo su enojo.

Avril solo atinó a sonreírle lo más inocentemente que pudo, pero luego Kaname le dio un beso en la frente y le dijo que todo estaba bien.

— ¿Esa es Catherine? –observó Kaname a lo lejos.

— Oh sí, es ella, ¡Cat, por aquí! –le indicó Avril con una sonrisa, feliz de verla mientras Kaname se arrepentía de haberle dicho, pues Cat no era de su agrado y aparte siempre le buscaba pleito. Cat venía hacia ellos con un vestido púrpura que le llegaba hasta las rodillas y no tenía mangas, además, traía unas para nada elegantes botas negras de apariencia ruda.

— ¡Hola Av! –la abrazó Cat con felicidad cuando se acercaron. –Hola… -su felicidad se esfumó de una manera sorprendente cuando vio a Avril acompañada de Kaname. – Ah, eres tú. –exclamó con un tono total de descontento.

— Por supuesto que soy yo, ¿Quién más podría estar con Avril? –Kaname la miró con los ojos entrecerrados.

— Alguien mejor que tú, por ejemplo.

— Oigan, por favor –Avril se interpuso entre ellos y les sonrió con nerviosismo. –No vayan a hacer una escena, ¿por qué mejor no la pasamos muy bien en este baile como las personas civilizadas que somos? –les ofreció. Kaname y Cat se miraron como si les estuviera saliendo rayos electrizantes de los ojos con los que ya se habían matado como 15 veces, pero al escuchar a Avril, ambos se voltearon para no verse.

— Espero que te diviertas Avril, pero yo prefiero pasar de la compañía que traes. –musitó Cat. –Me iré por mi lado si no les molesta.

— Por supuesto que no nos molesta. –afirmó Kaname.

— ¿Qué dijiste? –volteó Cat gruñendo, se adelantó con dos grandes zancadas hacia Kaname pero antes de llegar a él completamente, alguien la jaló de la cintura y la hizo para atrás.

— Ah, Zero, qué bueno que llegaste. –le agradeció Avril sintiéndose aliviada.

— Lo sé. –dijo el peliplateado y luego se dirigió a Cat. –Oye, ¿no sabes que es de mala educación dejar de repente a tu pareja de baile? –la regañó con fastidio.

— ¿Pareja? ¿Es enserio? ¿Vienen juntos? –se enterneció Avril.

— ¡No! –aclaró Cat media sonrojada. – Papá me obligó a venir con él.

— Bueno, tampoco fue como si te amenazara con una pistola para que vinieras conmigo. De hecho ni siquiera replicó cuando el señor Ouróboros nos sugirió que fuéramos juntos. –explicó Zero maravillando más a Avril.

— Hacen una pareja demasiado tierna. –los felicitó Avril.

— D-de acuerdo. –dijo Cat sintiéndose verdaderamente incómoda con el tema. –Vamos, Kiryuu. –le ordenó mientras se daba media vuelta y empezaba a irse.

— Hasta luego. –les dijo Zero con el rostro inexpresivo y se fue detrás de Cat.

— Son tan lindos, ¿no lo crees? –sonrió Avril al ver que a lo lejos ya iban tomados de la mano.

— No más que nosotros. –le aseguró Kaname haciéndola sonreír. –No demoremos más, hay que entrar.

Por dentro, las paredes estaban pintadas de dorado al igual que el brillante piso. Había enormes candelabros en el techo iluminado y muchas personas ya estaban bailando una pieza de vals muy pacífica. Avril se sintió un poco abrumada por tanta gente hermosa y elegante, sin embargo, Kaname le paso un brazo por los hombros para hacerla sentir segura.

— Dime, ¿sabes bailar, Avril? –inquirió Kuran.

— Realmente… no.

— No te preocupes, yo te enseño. –le sonrió y se colocó frente a ella. –Acércate. –con una mano la tomó por la cintura. –Pon tu mano en mi hombro. –la guio y luego con la mano libre le tomó la mano. –Listo. Lo demás es lo fácil, solo tienes que dar pequeños pasos. Atrás, adelante… así. –le mostro.

— Pero los demás dan vueltas más complicadas. –observó Avril.

— Está bien. Empezaremos poco a poco. –la tranquilizó. –Además, nadie te juzgará, estás con el rey vampiro.

— Eso da un poco de miedo.

— ¿El estar conmigo?

— No. –sonrió de medio lado. –El título con el que te conocen. Creo que a papá no le gustaría que su hija sea novia de alguien al que llama "el rey de los vampiros". Nos pondría en un manicomio a los dos. –bromeó.

— Nunca me había puesto a pensar en tu padre humano. No le has dicho que tu hermana y tú ahora son vampiras, menos que te has liado con alguien como yo.

— Papá es del tipo que cree que los mitos y las leyendas tienen algo de verdad, siempre nos ha inculcado tener una mente abierta a las posibilidades. Realmente yo tampoco he pensado mucho en cómo le diré todo.

— Yo te apoyaré en todo, estaré ahí cuando le quieras decir la verdad.

— Gracias.

Por otro lado, Zero y Cat estaban fuera del salón, exactamente en el balcón espacioso. Ninguno tenía ganas de bailar, ni siquiera les gustaba así que habían preferido pasar lo más tranquilamente posible aquella noche. Ya casi llevaban medio baile metidos allí quedándose en silencio y con caras largas sin atreverse a hablarse mutuamente.

— No puedo evitar preguntarme por qué se nos ha reunido todos aquí. –musitó Zero después de tanto tiempo mientras recargaba la cintura contra el barandal mediano y cruzándose de brazos dando a entender que estaba aburrido. No quería ser él quien rompiera la ley del hielo que él mismo había impuesto pero tanto silencio lo estaba asfixiando. –Es bastante extraño que todos vinieran y no faltara nadie en absoluto.

— Bueno, en la invitación decía que era obligatorio ir.

— Sí, claro, ¿y desde cuando todos somos tan obedientes?

Cat se encogió de hombros. –Tienes razón. –imitó la pose de Zero mirando a lo lejos las parejas que bailaban hasta que algo llamó su atención y se quedó rígida, entornando su mirada hacia alguien de la pista, hacia una chica rubia enfundada en un traje negro de hombre.

— ¿Qué sucede? –la vio Zero.

— Creo que ya sé por qué se organizó este baile. –exclamó ultra sorprendida.

— ¿Es algo malo? –se alarmó Zero acercándose a ella.

— No lo sé. Tal vez sí, tal vez no.

— Cathy, sé clara. –le exigió.

— Ven, hay que buscar a mi papá. –fue todo lo que dijo mientras tomaba la mano de Zero y lo jalaba hacia adentro del salón.

Mientras aquella pareja pasaba en medio del baile chocando contra algunos invitados, de repente la música se detuvo abruptamente y todos los presentes detuvieron sus pasos también mirando para todos lados, confundidos.

— Buenas noches, vampiros y cazadores. –se escuchó la voz clara y gruesa de una chica de cabello rubio lacio y de elegante traje de etiqueta que estaba sobre el escenario con un micrófono en manos. –Los altos mandos de la asociación de cazadores saben la razón de este hermoso baile, pero para los que no, yo se los diré. –musitó ordenadamente. –Una de las divisiones nuevas en la asociación de cazadores es Épsilon; una división de investigación científica. Por años hemos intentado devolver a nuestros humanos convertidos en vampiros a su estado original… siempre fracasamos, pero ya no. Un nuevo suero ha nacido. –informaba dejando a quienes la escuchaban con atención sumamente confundidos y temerosos a la vez. – ¿Quiere ser usted quien informe de esto, profesor Ouróboros?

El hombre estaba entre el gentío y al ser llamado, se apresuró a ir hacia el escenario. La chica le entregó el micrófono para que hablara y dio un paso atrás para que la atención se dirigiera a su superior.

—Buenas noches, invitados. Soy Castiel Ouróboros, cazador y fundador de la división de investigación Épsilon. Seré breve, la razón de este baile es para dar a conocer el nuevo suero llamado "Humanización". Sé lo que están imaginándose, y déjenme decirles que están en lo correcto, este suero revierte el proceso de vampirización. Son libres de tomarlo o no.

La audiencia ahogó gritos de conmoción. Todos se sintieron algo perturbados, sorprendidos, emocionados y otros se mantenían incrédulos a lo que habían escuchado. ¿Habían escuchado bien? ¿Un suero para volver humanos a los vampiros?

— Se requieren tres dosis por lo general. –seguía hablando Castiel. –El suero libre estará aplicándose en las instalaciones de la asociación de cazadores. Muchas gracias por su atención, damas y caballeros, por favor, sigan disfrutando del baile. –sonrió sarcásticamente, pues sabía que aunque la música continuara nadie sería capaz de bailar después de haber escuchado aquél anuncio.

La música reanudo con un piano y un violín, sin embargo, nadie bailo, todos se miraban entre sí intercambiando miradas, algunos mejor empezaban a irse.

— ¿Escuchaste eso? –dijo Avril congelada en su lugar sin voltear a ver a Kaname.

— No… no creo que sea verdad. –contestó con seriedad intentando convencerse a sí mismo de que aquello era un fraude. Tenía que serlo, o si no, Avril sería capaz de volverse humana nuevamente… abandonándolo. Ese suero tenía que ser un fraude. –Seguramente algo está tramando la asociación de Cazadores.

— No lo creo. –habló Cat detrás de ellos junto a un Zero pálido y confundido. –Papá ha estado investigando mucho. Supuse que iban a anunciar esto cuando vi en el baile a la chica rubia; Anne, la ayudante laboratorista de papá. El suero está listo.

— ¿Entonces es verdad? ¿Es real? ¿El suero realmente revierte la vampirización? –inquirió Avril.

— Así es, querida amiga. –asintió un par de veces.

— Wow, todavía tengo que asimilarlo mejor. –sonrió un poco. –Es tan de fantasía. Tengo que decírselo a Nina inmediatamente. ¿Podemos regresar ahora mismo, Kaname?

—… claro. –contestó desconcertado. Sinceramente estaba alarmado, Avril se veía muy emocionada con la noticia de aquél suero… no iría a aceptarlo, ¿verdad? ¡Bah! No podía engañarse a sí mismo, ella ahora correría rumbo a la Humanización y él tenía que apoyarla, tenía qué.

— ¿Estás bien o continúas en shock? –le preguntó Cat luego de que Kaname y Avril se fueran de ahí rápidamente.

— Cat. –la miró. –Puedo volver a ser humano. –exclamó entre asustado y emocionado.

— Catherine. –llegó el señor Ouróboros, interrumpiéndolos en su plática. –Hay que irnos. ¿Necesitas que te llevemos, Zero?

— Estoy bien, señor, muchas gracias.

— Andando, Catherine. –su padre la apresuró jalándola del brazo. Ella no quería dejar a Zero solo con aquella inquietud, pero su padre era demasiado fuerte y brusco. Mientras viajaba en el auto de su padre, se preguntaba qué pensaría él cuando viera a Zero llegar por su dosis de Humanización, ya que él no sabía que un cazador de renombre como Zero Kiryuu era un vampiro. Realmente pocos lo sabían.

Finalmente la ciencia había encontrado la manera de regresar a los humanos transformados a su estado original. ¿Qué pasaría ahora?

¿Sería el fin de los vampiros?

¿Qué haría la asociación de cazadores con ese poderoso suero?

-o-o-o-o-

Una nueva noche había llegado a la academia Cross mientras su director original seguía entre la fina línea de la vida y la muerte. Era la noche oscura de un martes trece cuando Nina se paseaba entre los salones de clases sin querer entrar a ninguno, no tenía ganas de estudiar, su mente solo estaba ocupada con una cosa: el suero que podría devolverle la humanidad a los vampiros.

— ¡Zero-kun! –se alegró Nina de topárselo en el pasillo de los casilleros. – ¿Cómo estás? Estaba pensando en pasar más tiempo juntos, ya casi no hemos hablado y eso me pone realmente triste. –exclamó exagerando su expresión de tristeza.

— Ehm… lo siento, es que con esto de las reglas de la academia tengo que estar encerrado todo el tiempo en el dormitorio. –contestó un poco incómodo de hablar con ella. Nina no era la misma que había llegado a la Academia, conforme avanzaban los días después de que se convirtió en vampira, se había vuelto engreída, muy celosa, más posesiva y hasta envidiosa.

— Pero tú eres vampiro, no deberías estar en esa clase, tal vez yo podría hablar con el nuevo director y explicarle tu situación para que te cambie a la clase nocturna, conmigo. –le sonrió con dulzura. Zero se quedó sin saber qué responderle. –Tranquilo, solo bromeaba. –le aseguró riéndose levemente. – ¿Has escuchado ese suero que han estado anunciando? ¿No te suena asqueroso? –rió con extravagancia. –Qué asco con los vampiros que están renunciando a su poder.

Zero se forzó a sonreír un poco y mejor no dijo nada, ya que él mismo había estado pensando considerablemente la opción de "Humanizarse".

— ¿Y? ¿Vas a aceptar ese estúpido suero? –se cruzó de brazos mientras le clavaba la mirada.

— Supongo que sí. ¿Tú no?

— ¡Vamos Zero, no puedes dejarme sola con esto! –le imploraba Nina. –Lo justo es que te quedes siendo vampiro, acompañándome en la vida vampírica a la que tú me metiste, ¿o se te olvido que tú fuiste quien me transformó? Es tu culpa que yo esté así, lo menos que puedes hacer por mí es quedarte como vampiro, acompañándome…

— ¡Deja de ser tan manipuladora! –le regañó Avril apareciendo de repente tras de Nina. Por accidente había estado escuchando la conversación, pues estaba guardando unos libros en su locker. – Él te transformó porque te quiso salvar. Por él estas viva hoy y tienes la posibilidad de ser humana otra vez, y si no lo quieres es muy tu problema, deja a Zero fuera de esto.

— Pero…

— ¡Deja de hacerte la víctima! ¡Porque no te queda Nina!

— ¡Tienes que estar de mi lado! –le exigió malhumorada.

— ¡Pues no lo estoy! ¡Nunca voy a estar del lado de una niña mimada y aparte fastidiosa! ¡Enserio ya me hartaste, Nina! ¡Eres IN-SO-POR-TABLE! –gritó desesperada.

Nina se quedó con los ojos abiertos como platos, su hermana nunca le había gritado con tanto enojo en toda su vida, nunca la había visto así. Avril había perdido la paciencia y se estaba poniendo hasta roja del coraje. Nina había caído bajo, muy bajo.

Las lágrimas que querían salir le escocieron los ojos. Nina no dejó que la vieran así, se tapó los ojos con el brazo y se alejó de ellos caminando a prisa. Mientras tanto, Avril respiró varias veces profundamente para calmarse y Zero la veía sin saber qué decir.

— No te voy a pedir que la disculpes. –le dijo la castaña. –Esta vez se pasó de la raya. Que no te haga sentir culpable, Zero, a final de cuentas, tú le salvaste la vida y ahora puede volver a ser humana, debería estar agradecida.

— Sí –asintió con la mirada agachada. –Gracias Avril.

— De nada. Nos vemos. –le sonrió y luego se giró para irse de allí, dejando solo a Zero. "No está nada convencido" pensaba Avril mientras salía del pasillo de casilleros. "Zero necesita a Cat… y la necesita ya".

Prefirió dejar los libros para después y mejor se dirigió al dormitorio de Cat, pues estaba un poco preocupada por Zero. Al llegar, tocó un par de veces y luego alguien le preguntó que quién era. Avril respondió y luego Cat le abrió la puerta.

— ¿Avril, qué haces aquí? si el director nos ve a ti te expulsa y a mí, por ser su hija, me mata. –la pasó a su cuarto y luego cerró la puerta. Avril tomó asiento en la orilla de la cama.

— Cat, esto es serio. Creo que Zero te necesita… bueno, no lo creo, estoy segura de ello. –se corrigió a sí misma.

— ¿Por qué? ¿Le pasó algo malo? –inquirió imaginándose lo peor.

— Tranquila, él está bien físicamente. Pero todo esto del suero de tu padre creo que trae a todos con la cabeza dando vueltas, incluso a mí. Escucha, tienes que hablar con Zero.

— No puedo, aún me tiene con la ley del hielo. No me ha hablado casi nada en clases.

— Pues vas a tener que dejar tu orgullo guardado y hacerle hablar, porque Zero está mal. Hace un momento vi que Nina estaba discutiendo con él respecto al suero, ella lo estaba haciendo sentir mal diciéndole que lo menos que podía hacer por ella era quedarse como vampiro porque él la convirtió, y me sonaba como una manipuladora compulsiva, fue horrible, nos gritamos y luego ella se fue. Le dije a Zero que no se sintiera mal por ello, pero creo que se siente culpable y hasta lo vi decaído.

Hubo una pausa en la que Avril no habló para ver qué pensaba Cat. Finalmente la chica habló después de haberse quedado pensativa por unos instantes.

— Ok, yo hablo con él. –le aseguró y Avril sonrió ampliamente.

— Bien, esa eres tú Cat.

— Si no te molesta, iré a verlo ahora mismo.

— La última vez que lo vi estaba en el pasillo de los casilleros.

Cat le agradeció a Avril y entonces caminó rumbo al edificio de clases. Subió al segundo piso y lo buscó, gritó su nombre pero nadie le contestó, Zero ya no estaba ahí. La pelinegra se preguntó dónde más podría buscar. Mejor volvió a los dormitorios del sol, ya que sabía que si no había guardia ni clases, Zero estaría en su dormitorio o en el establo con Lily, pero algo le decía que mejor lo buscara primero en el dormitorio.

Llegó hasta su puerta y tocó un par de veces, mas no escuchó ningún ruido, nada. Volvió a tocar y esperó, hasta que un par de minutos después, la puerta se abrió bruscamente y Cat vio a Zero con ojos adormilados, vestido con unos vaqueros y una camisa blanca. Tenía la cara de gruñón, parecía que le molestaba mucho que le interrumpieran su sueño, pero su gesto se relajó considerablemente al ver que se trataba de Cat.

— Ah, eres tú. –exclamó él. Cat no supo descifrar si lo había dicho con indiferencia, con fastidio o con sorpresa mitigada. – ¿Qué sucede? –él seguía ahí como perro guardián, sin dejarla entrar.

— Este… quiero hablar contigo. –musitó con un poco de nerviosismo. Zero levantó una ceja y luego abrió más la puerta dándole a entender que podía pasar.

Con las piernas un poco oxidadas, Cat pasó a su habitación y se quedó parada sin saber qué hacer o como moverse allí, era la primera vez que entraba al cuarto de él.

— Siéntate. –le sugirió Zero al verla toda nerviosa.

Cat entonces se sentó en la silla que había frente a un pequeño escritorio, volteándola para ver a Zero, quien se sentó en la orilla de su cama.

— Escuché que quieres probar el suero de papá. –habló por fin, rompiendo el hielo.

— ¿Escuchaste o te lo dijo Avril?

— Avril.

Zero suspiró con cansancio.

— Escucha, no tienes que hacer esto, ¿sí? -le dijo él.

— ¿Hacer qué? solo te hice una pequeña pregunta.

— Hacer esto, tenerme lastima o pensar que necesito consuelo… -hablo con fastidio hacia ella.

— No siento lástima por ti, tampoco venía a consolarte, así que no te des aires de grandeza suprema, ¿quieres? Me enferma eso. –reclamó.

— ¿Sabes? No estoy de humor para pelear. –se levantó y caminó hacia la puerta, abriéndola, dándole una señal de que se fuera de ahí en ese mismo instante.

— Vamos, solo intento hablar contigo. –dijo con la voz empequeñecida. Zero pensó que iba a llorar pero ella se mantuvo firme. Se sintió un grosero por haber hecho eso y mejor cerró la puerta. –Solo estoy algo preocupada. Solo… quería saber si estás bien.

Zero se quedó mirándola por un momento. Ella en verdad parecía preocupada y lo miraba con atención.

— ¿Tú qué harías en mi lugar? –le pregunto Zero.

— ¿Yo? No lo sé. Pero sí sé que tú quieres volver a ser humano, eso sí te lo puedo asegurar, me corto un dedo si no.

Zero sonrió medianamente y se acercó a ella, entonces, se sentó en el suelo a su lado.

— Tienes razón, quiero ser humano de nuevo… pero… luego recuerdo lo que hice.

— Ay, vamos. –Cat se levantó de la silla y se sentó en el piso, a un lado de él, con las piernas cruzadas. –Nina tiene la oportunidad de ser humana otra vez, si no lo quiere hacer es muy su problema, no dejes que te arrastre…

— ¿Qué no deje que me arrastre? Cathy, yo la arrastre a la vida vampírica sin consultárselo.

— Lo sé, pero fue por una buena causa, querías salvarla… supongo que te recordó a Ichiru, ya sabes, por eso de que Nina y Av son hermanas. Tú quisiste ayudar y ya lo hiciste, terminaste con tu ayuda justo ayer que se anunció lo del suero, si Nina tomara ese suero volvería a ser humana y así sería como si ella no hubiera sido vampira, ella continuaría con su vida, sin embargo ella no quiere humanizarse, es su decisión. Creo que tu compromiso con ella acabó ayer. Ahora estás libre Zero, ahora es tu decisión, decide lo que quieres para tu futuro.

Zero suspiró y se quedó callado mientras pensaba en lo que Cat le había dicho.

Él cerró los ojos y luego inhaló profundamente, como concentrándose.

— Tú… ¿podrías ir conmigo? –le preguntó Zero, mirándola.

— ¿Yo? –se señaló a sí misma.

— Sí, tú. Quisiera que me acompañes a ponerme el suero, ya sabes, para sentirme seguro.

— ¿Yo te hago sentir seguro? –le sonrió de medio lado.

— De alguna extraña y rara forma. –bromeo con seriedad.

— Ja-ja, qué gracioso. –exclamó sin ningún atisbo de humor. –Pero sí, te acompaño si eso quieres. –Se levantó y caminó hasta la puerta.

— Oye… -la detuvo Zero antes de que saliera. –Gracias Cathy. –sonrió agradecido en verdad.

— De nada, Kiryuu. –musitó poco antes de cerrar la puerta, pero al siguiente segundo volvió a abrirla. – Y no me digas Cathy. –le advirtió con la mirada asesina y finalmente cerró la puerta de nuevo, dejando a Zero con una sonrisa y un sentimiento de que todo estaría bien.

Cat era lo único seguro que Zero tenía, sabía que a pesar de todo ella siempre estaría para él como si fuera un mástil del cual se sostenía cada vez que se sentía debilitado. Se sintió algo patético por empezar a extrañarla tan rápidamente después de que se fuera, así que sin pensárselo mucho y haciéndole caso a su corazón y sus instintos, se levantó de allí y corrió para alcanzarla.

— ¡Cat! –la vio a lo lejos y ella se detuvo al escucharlo y volteo con él.

— ¿Qué suced…? –preguntó Cat pero fue interrumpida cuando Zero llegó corriendo hasta ella y la rodeaba posesivamente con los brazos, inclinándose para apoyar su mentón sobre la cabeza de ella.

— Te quiero, Cat. Eso es lo que sucede. –susurró mientras cerraba los ojos para disfrutar del aroma de ella. Lilas. –Esta vez tenemos que hacerlo oficial. –se separó lentamente de ella y la miro a los ojos. – Catherine Ouróboros, ¿quieres ser mi novia?

Ella rió ligeramente ante lo ridículo que se estaba poniendo Zero, pero aun así decidió hacer las cosas bien por al menos una vez.

— Sí quiero. –sonrió al igual que él y se sorprendió cuando Zero se inclinó y le dio un dulce beso en la frente mientras tomaba su rostro entre sus manos frías.

— Te protegeré por siempre, mi sarcástica y ruda Cat. –le prometió solemnemente.

Aquella escena era vista a escondidas por una persona. Nina Arklay. Cuando lo vio besarle la frente prefirió irse de allí, pues estaba asqueada de verlo así. Caminó lentamente y con cuidado de no ser escuchada hasta que salió del edificio de clases mirando el cielo nocturno con pacifismo. Había una luna llena hermosa con estrellas plateadas adornando la oscuridad.

Nina sonrió de medio lado.

— Suero "Humanización" –bufó. –Extraño comer sushi y poder ir a la playa. –se puso a pensar. –Sí, creo que ya fue suficiente vampirismo por algunas semanas, extraño mi imperfecta humanidad.

— ¿Ahora hablas sola? –una voz la hizo sobresaltarse. Era Kain Akatsuki recostado en una banca.

— Solo conversaba con mi conciencia.

— Vaya, no sabía que una persona tan caprichosa como tú tuviera conciencia.

— La tengo, y hemos llegado a un acuerdo. Nuestros días como vampiro se acabaron. Voy a ir por ese suero. Haga lo que haga, Zero quiere a Cat y eso no puedo cambiarlo.

— No es agradable que la persona que queremos nos rechace.

— ¿Lo dices por la vampira del largo cabello gris?

— Se llamaba Ruka. Y sí, lo digo por ella.

— ¿Y cómo te acostumbras a vivir con ello?

— Con el tiempo, supongo. O encontrando a alguien que nos haga sentir mejor.

Nina se quedó pensativa por un momento.

— Me siento muy sola. –se abrazó a sí misma. –Papá siempre ha querido más a Avril porque es… más buena que yo, digamos. Y cuando vi a Zero lo quise, luego apareció alguien mejor que yo. Parece que estoy destinada a ser superada.

Akatsuki volteó hacia ella con el rostro aburrido.

— Hablas demasiado. –le dijo.

Nina rió ligeramente.

— ¿Y tú, vas a ir por el suero ese, Akatsuki-senpai?

— Eso creo. La inmortalidad ya no me sirve si Ruka y Aidou se han ido. Además, ser vampiro es muy complicado.

— Lo es. –concordó. Miró al cielo y vio la luna y las estrellas tan hermosas. –Se acabó mi vida de vampira y mis días en la academia Cross. En cuanto vuelva a ser humana, le pediré a papá que me transfiera de escuela. No se me ocurre algo mejor qué hacer. A Zero no le gusto… y mi propia hermana me odia. –sonrió con algo de melancolía. –Buenas noches, Akatsuki-senpai. –se despidió amablemente mientras continuaba su camino, dejando al pelinaranja algo extrañado de su actitud tan tranquila.

— Sí, Nina. –exclamó aún a sabiendas que la chica ya iba lejos. –Nuestros días como vampiros han acabado.


HELLO! Lamento la tardanza, sucede que con el regreso a clases mi mente se desestabilizó por tanto conocimiento recibido... jaja.

Bueno, ahora contesto mis hermosos y preciosos reviews:

LuKuran: Holis! Gracias por su fiel review :3 Me dio mucha risa lo que me dijiste: "primero que sufra" jaja, bueno creo que la pobre ya ha sufrido un poquito. Que bueno que te gusto el anterior cap... :) Gracias por tu paciencia infinita 0:)

Chan-san: Bienvenida al fanfic! Gracias por comentar! No sabes cómo me hicieron reír los calificativos que les pusiste a mis OC's XD Me encantó tu review! Espero que estés bien y que este cap haya sido de tu agrado, Chan-san, bye! :D

Zolitharia: Muchas gracias por tu comentario! Que bueno que el fanfic sea de tu agrado :') me da mucho gusto! No tengo nada malo planeado para Nina jaja pero si tienes ideas malvadas se aceptan XD Cuídate mucho mi querida Zolitharia :)

L. Nott: Hola! Muchas gracias por dejar review! :) Me encanta que te guste el fanfic, lo hago con amoor, jaja. Espero que este cap haya sido de tu agrado, L! :D :3


Y pues ya...

BE HAPPY!