Natasha comenzó a mover desesperada el brazo del soldado, sus sollozos se convirtieron en gemidos y gritos fuertes causando que su cuerpo temblara. Tony y Bruce actuaron con rapidez tratando de zafar a la espía de su agarre al cuerpo del soldado para poder actuar, ante su negación Thor la tomó en brazos mientras esta pataleaba y tiraba puñetazos al aire, tratando de regresar al lado de Steve. Bruce la entregó a Clint una jeringa con calmante que el arquero inyectó rápidamente a la espía, sus movimientos comenzaron a disminuir mientras el calmante surtía efecto, lo que permitió a Tony y Bruce concentrarse en resucitar al soldado. Tony dejo la maniobra CPR que practicaba para dejar a Bruce colocar los parches de cardioaversión en el pecho del soldado y comenzar las descargar eléctricas para reanimar el corazón del rubio.
La pelirroja se despertó dos horas más tarde, estaba acostada en una improvisada cama, hecha de sábanas, mochilas y chamarras, en un principio desorientada, después recordó todo lo ocurrido en las últimas horas, miró hacia todos lados buscando al rubio, pero no veía nada, el lugar donde despertó era diferente, otra parte del jet. Escuchó voces al otro lado de la pared y a los pocos segundos una puerta se abrió mostrando a su mejor amigo en el umbral. Clint le dedicó una sonrisa pequeña, de esas que se dan cuando alguien acaba de morir y quieres ser amable con la viuda.
-Qué bueno que has despertado.- Dijo dirigiéndose a la espía con un vaso de agua en la mano.- ¿Cómo te sientes?
Natasha no respondió inmediatamente. Dejó que este se sentara a su lado, ofreciéndole el vaso de agua, que tomó enseguida, con movimientos lentos y sospechosos, estaba concentrada en analizar a su mejor amigo, algo estaba mal, la sonrisa incomoda, sus ojos sin el brillo de alegría de siempre, la voz suave con la que le hablaba, como quien busca tranquilizar a un niño pequeño, ¿qué estaba mal que no quería decirle?
-¿Nat? ¿Cómo te sientes?- Insistió en preguntar el arquero mientras buscaba la mirada de la pelirroja.
-Aturdida.- Contestó finalmente Natasha, con la vista fija en la pared frente a ella, aunque su mente estaba fuera de esa habitación.- Steve, ¿Cómo está Steve?- Preguntó finalmente girándose a su acompañante.
-Él está bien, tranquila, Bruce y Tony lo estabilizaron, Pepper arregló ya todo, hay un quirófano listo, esperándolo para cuando lleguemos a Nueva York.
-¿Qué fue lo que le pasó?
- Su cuerpo trato de compensar la pérdida de sangre y disminuyó su ritmo cardiaco al punto de hacerlo casi indetectable, también se formó un coagulo que impedía el paso de sangre al corazón, lo que hacía que bombeara aún menos, Bruce y Tony lo tienen conectado para que su corazón funcione a un ritmo más o menos normal, en cuanto lleguemos lo operaran para remover el coagulo, no es una operación complicada, se pondrá bien, ya verás.
Natasha asintió, mirando fijamente la luz del techo, tratando de mantener las lágrimas a raya.
-¿Puedo verlo?- Preguntó después, con una mirada llena de súplica a su compañero.
-Bueno, despertó por un rato hace unas horas, pero se volvió a dormir, creo que es mejor que lo dejes descansar, está débil.
-Por favor Clint.- Suplicó la espía.- Necesito verlo.
El arquero se rascó nervioso la nuca, lo pensó un rato pero finalmente los grandes ojos verdes que lo miraban suplicantes le ganaron.
-Está bien.- Soltó un suspiró de redota y se encaminó a la puerta.- Vamos.
En el área principal del quinjet todos estaban en silencio, Tony miraba al frente mientras piloteaba en silencio el jet, Thor y Bruce estaban sentados uno al lado del otro, pero sin mirarse, todos intentaban ignorar la camilla en el pequeño centro médico en la que reposaba Steve, cuyas máquinas y su pitido indicando que aún vivía eran las únicas que rompían el silencio. Los tres hombres alzaron la vista cuando escucharon a Clint y Natasha entrar.
Nadie dijo nada, solo miraron como la pelirroja se acercaba a la camilla y se sentaba en la orilla de esta, cuidando no mover ninguno de los cables. Limpio las lágrimas que nuevamente corrían por su mejilla y después tomo la mano del soldado, estaba fría, tan fría que se estremeció al tacto, era una temperatura que nunca había sentido en él, un recordatorio más de su condición. Nuevas lágrimas amenazaban con salir, cerró con fuerza los ojos para contenerlas antes de girarse a sus compañeros.
-¿Puede oírme?-Preguntó con la voz quebrándose por el llanto contenido.
Bruce asintió como respuesta. Natasha le sonrió con ligereza y se giró nuevamente volcando toda su atención en el soldado. Tony activó el piloto automático y se puso de pie, tomando la indirecta Bruce, Thor y Clint lo siguieron para darle espacio a Natasha. Aún en la puerta Clint se giró viendo como la que llamaba su mejor amiga temblaba ligeramente por los sollozos. Se acercó a ella extendiendo una mano, ofreciéndole un pañuelo de tela que Natasha tomó para limpiar inmediatamente sus lágrimas.
-Gracias.- Dijo la espía.
-Estaremos al lado, no falta mucho para que lleguemos.
-OK.- Fue todo lo que respondía Natasha quien ya estaba concentrada nuevamente en el rubio tendido a su lado.
Acariciaba la mano del soldado tratando de retener las lágrimas que amenazaban con aparecer, se dio por vencida cuando sintió humedad en sus mejillas y se dio cuenta que en esos momentos el ser fuerte estaba fuera de su alcance.
-Tengo miedo.- Admitió por primera vez en voz alta.- siempre tuve miedo estando contigo, sigo teniendo miedo y me cuesta admitirlo, tengo miedo que te des cuenta que no soy suficiente, o buena persona, y que mis acciones pasadas pesen más que todo, pero son miedos que puedo vencer, porque siempre estás ahí para ayudarme a hacerlo, demostrándome lo contrario, así que por favor, por favor no te des por vencido conmigo ahora, muéstrame que es otro de mis miedo irracionales, no me dejes, no vayas a donde no puedo seguirte.
Para este punto del monólogo Natasha tenía la cara empapada, las lágrimas no paraban y las manos de Steve eran receptoras de algunas.
-Te lo ruego, no me dejes, recupérate, recupérate porque la idea de soportar un día con la idea de que puedo perder alguien que amo por mi culpa es insoportable.
La mente de la espía viajo cinco años atrás. Era una fría tarde en enero y Natasha se encontraba en su baja por maternidad, las visitas a la obstetra eran ya semanales, y según los cálculos le faltaban tres para llegar a la fecha aproximada de parto. Estaba en su departamento, checando nuevamente que todo estuviera en orden antes de la llegada de los niños, la recámara, que ahora pertenecía únicamente a Natalie, estaba pintada de líneas en colores pastel, muñecos de felpa estaban repartidos por toda la habitación, una mecedora estaba en la esquina, junto a la mesita para cambiarlos, faltaban algunos detalles pero eso ya lo arreglaría una vez que estuvieran en la casa, después de todo había decidido quedárselos apenas un par de meses antes.
La pelirroja sonrió al ver que todo lo esencial que había anotado en una lista estaba cubierto, la maleta para el hospital estaba a un lado de la puerta, en caso de cualquier cosa, le había dicho Kim, pues de acuerdo a la obstetra, si el parto de uno solo puede adelantarse, el de gemelos aumenta las posibilidades, pero ella estaba convencida que llegaría a las 40 semanas, tenía que llegar a las 40 semanas.
La temperatura iba bajando conforme pasaban las horas, Natasha estaba acostada en el sofá, viendo sin prestarle mucha atención las noticias, de pronto Tony Stark apareció en la pantalla, iba saliendo en las oficinas de Stark Industries, hablaba sobre su compromiso con Pepper, la pelirroja sonrió feliz por la idea de saber algo de su antiguo equipo, el reportero le preguntaba sobre la lista de invitados a la boda, y si los vengadores estaban en ella.
-Claro que están en ella, aunque no sé si le lleguen las invitaciones a todos, algunos se han escondido bastante bien.
Natasha desvió la mirada del televisor, sabía que se refería a ella, estaba segura de ser la única que había desaparecido sin dejar huella alguna, para cuando la volvió a centrar en las imágenes de la pantalla lo único que sus ojos pudieron ver fue al rubio que salía del edificio, el que todos los medios ignoraban por no saber de quien se trataba realmente. Se veía guapísimo como siempre, el cabello perfectamente peinado, camisa de manga larga, jeans de mezclilla obscura, botas y su chaqueta de cuero café, solo faltaba su sonrisa, no sonreía y no por la timidez de estar ante las cámaras, Pepper estaba unos pasos delante de él, tratando de alejarse de todo el alboroto que se estaba formando en la calle, se giró para decirle algo que hizo aparecer una pequeña sonrisa en el rostro del soldado, Natasha suspiró aliviada, ahí estaba esa sonrisa que tanto adoraba, y pudo verla aunque fuera solo unos segundos.
La pelirroja comenzó a acariciar su barriga, ignorando todo lo que decía Tony, centrada únicamente en el rubio que aparecía de fondo.
-Ese es su papá.- comenzó a hablar con una voz suave, trazando círculos con la yema de los dedos sobre la piel de su hinchado abdomen, poniendo especial atención a las partes donde sabía por el último ultrasonido que estaban las cabezas de sus hijos.- Ojalá pudieran conocerlo, es guapísimo, pero sobre todo amable, protector, cariñoso, es, es el mejor hombre del mundo, de eso estoy segura, el mejor hombre y lo deje ir.
Natasha sintió una patada debajo de las costillas, soltó un poco por la sorpresa del dolor, colocó las manos en donde había sentido el golpe a forma de reflejo.
-Calma James.- Dijo acariciando nuevamente la barriga.- Todo estará bien, mamá esta con ustedes y no los va a dejar nunca.- Otra patada más la tomó por sorpresa, y luego un dolor fuerte, parecido al que había sentido cuando tuvo el sangrado.
Asustada la espía se puso de pie, otra patada, estaba vez del lado de Natalie la puso en alerta, ella normalmente estaba muy calmada, rara vez la pateaba y se movía pocas veces, el inquieto era James, algo andaba mala pero no quiso pensar en ello, comenzó a caminar de un lado a otro de la habitación para distraer sus pensamientos, acariciando la barriga, tomando respiraciones profundas y hablándole a los bebés en un intento de parar las patadas. De regreso de una de sus vueltas sintió mojado el piso, bajo la mirada para descubrir que estaba empapado, los pantalones de chándal que se había puesto para estar más cómoda también lo estaban, se habita puesto tan nerviosa que había roto fuente sin notarlo. Tomó respiraciones más profundas y una vez calmada camino al baño y tomó una toalla para secar el piso, ya listo fue a su habitación, se cambió de ropa y cogió su teléfono. Tomó la maleta para el hospital y salió del departamento. En la recepción pidió que le marcaran a un taxi y después llamó a Kim.
-Hey.- Se escuchó la voz de la morena al otro lado de la línea.
-Dijiste que te llamara si pasaba algo.- Contestó la pelirroja que seguía masajeando la barriga.
-¿Pasa algo?
-¿Regresaste ya de Boston?
-No, se retrasó el tren, hubo un accidente o algo así, me asustas Natasha ¿Pasa algo?
-He roto fuente, pero estoy bien, ya voy al hospital y solo llamé para que supieras.
-Ok, tranquila, todo estará bien, estaré allí en un par de horas.
-Estoy tranquila Kim.- Respondió la pelirroja, ya que las contracciones había pasado y los niños dejado de patear estaba tan tranquila como podría estarlo.- Sé que se adelantó el parto pero estoy convencida de que todo estará bien.
-Me lo decía más a mí que a ti. ¡Voy a ser tía Dios santísimo! Ok tengo que colgar ya viene el tren, te veo en un par de horas.
Natasha colgó justo cuando le anunciaban la llegada de su taxi. 15 minutos más tarde estaba entrando al hospital y directo al área de ginecología y obstetricia, los niños habían elegido mal día para nacer, la doctora que la atendía estaba de vacaciones y no regresaba hasta dentro de 3 días ¿Quién se toma vacaciones teniendo pacientes a punto de reventar? Se preguntó Natasha desesperada sobre que iba a pasar. Las enfermeras le informaron que había un obstetra en turno, igual de bueno que la atendía y que estaría con ella en cuanto terminara con un parto al que acababa de entrar. Pasaron horas hasta que le informaron que el doctor se había desocupado, las contracciones eran cada vez más seguidas.
Pasaron por fin a la pelirroja al consultorio, Kim había llegado ya y dijo que estaría en la sala de espera aguardando por noticias de ella. Natasha se encontraba tendida sobre una plancha con la barriga descubierta pues era necesario un último chequeo para revisar como venían los niños, dado que se había adelantado tres semanas.
-Ok, veamos cómo están los pequeños ansiosos por nacer.- Dijo el obstetra que entraba a la habitación ajustándose la bata.- ¿Traes tu plan de nacimiento?
-Todo listo.- Respondió la pelirroja mientras le entregaba un folder amarillo con el plan que había hecho meses atrás.
El médico lo tomó, revisó rápido su contenido y lo puso a un lado, para después poner el gel frío con el que ya se había familiarizado Natasha en su vientre y comenzar a mover el lector buscando a los bebés.
-Así que te decidiste por parto natural, que valiente.
-La doctora Hayley me dijo que era bastante capaz de lograrlo, y prefiero que sea así.
El tono decidido y seguro de la pelirroja tomó al doctor por sorpresa, le habían tocado madres convencidas de tener parto natural y al final terminaban en cesárea, Natasha no, ella había elegido el parto natural y no la iban a convencer de lo contrario, sobre tomo tomando en cuenta que no había hecho plan de respaldo, el doctor le sonrió y volvió la vista a la pantalla. Frunció el cejo mientras miraba el monitor.
-¿Algo anda mal?-Preguntó Natasha, su corazón comenzaba a acelerarse víctima del miedo.
-Me temó que tendremos que hacer cesárea.- Contestó el doctor
-No, no es posible, todo está bien, todo está bien ¿por qué dice eso?
-Los gemelos no están en la posición adecuada, me temo que al adelantarse no les dio tiempo de hacerlo.
-¿Pero se puede retrasar no? Debe de haber una forma de retrasar el parto, o acomodarlos, leía que hay un método que puede acomodar a los bebés.
-Es demasiado peligroso, más en su estado, las contracciones son cada vez más seguidas, y parece que el niño se ha enredado el cordón al cuello.
-Oh James.- Lágrimas corrían por las mejillas de la futura madre mientras trataba de entender como un embarazo que había ido tan bien terminaba así.
Una nueva contracción hizo acto de presencia haciendo que la pelirroja se doblara de dolor, se quedó así abrazando su abdomen, mientras el llanto así temblar todo su cuerpo, al parecer la vida aun no terminaba de hacerle malas jugadas.
-Iré a preparar un quirófano, necesita la cesárea urgente antes de que comience a afectar a los niños.
Dicho esto el doctor salió de la sala, una enfermera entró enseguida para comenzar a preparar a Natasha para la operación. Estaba en trance, lo único que podía pensar eran sus hijos, antes que comience a afectar a los niños había dicho el doctor, y ella sabía perfectamente a que se refería, los podía matar, lo había leído mientras investigaba sobre todos los riegos del parto, la presión de los niños disminuiría hasta no tener nada, la idea de perderlos era insoportable, ya se había pintado un futuro con ellos, ahora veía imposible un mundo sin sus hijos y ni siquiera los tenía en brazos.
No paso mucho cuando se encontraba ya en el quirófano, una manta obstruía su visión, por lo que pasaba en la parte media de su cuerpo le era desconocido, solo se enteraba cuando el doctor anuncia que iba a comenzar con algún procedimiento, rezaba por que todo saliera bien, porque sus bebés salieran de esta, que nada les pasara y que la vida dejara de cobrar su Karma por haber dejado al hombre perfecto. Estaba mareada, efecto que atribuyo a la epidural, y las únicas ocasiones en las que salió del nubarrón que se había convertido la sala fueron cuando el doctor anunció la llegada del primer bebé.
-Es un niño.- Acto seguido entregó al pequeño a las enfermeras. Siguió trabajando en la abertura y dos minutos después anunció a su hija.- Una niña
Una vez limpios y envueltos en mantitas se los acercaron a Natasha, lágrimas de felicidad corrían por sus mejillas al conocer a sus hijos, seguían rosados, hinchados y no se veía nada salvo sus cabezas, James estaba envuelto en una manta azul, tenía una mano de fuera pegada a su mejilla y un manojo de cabello dorado cubría su cabeza, Natalie estaba idéntica, salvo por el cabello que tenía una tonalidad más rojiza, eran perfectos, para ella eran perfectos. Las enfermeras se los llevaron a los cuneros, los doctores cerraron la herida de Natasha y la llevaron de vuelta s u habitación.
Despertó horas más tarde, estaba adolorida, encontró a Kim dormitando en un sillón junto a ella, se había quedado en vela toda la noche hasta que el sueño la venció, la conocía apenas de meses, la consideraba su mejor amiga, pero solo en ese momento fue cuando se dio cuenta que no solo era eso, era la persona en la que sabía podía confiar plenamente, y aunque era algo bueno no pudo evitar acordarse de Clint, era despistado, hacía muchas bromas, no se tomaba las cosas enserio y a veces la sacaba de sus casillas, pero era su mejor amigo, lo extrañaba y en ese momento lo necesitaba, lo necesitaba con sus palabras de aliento y su extraño optimismo, y necesitaba también a Steve, pero había tomado una decisión y no había vuelta atrás.
Una enfermera entró a los pocos minutos, sonrió al verla despierta y checó que todo estuviera en orden.
-Tenemos que llenar el certificado de nacimiento ¿Ha elegido ya los nombres o necesita tiempo para pensarlo?
-Los he elegido.- Responde la pelirroja con una sonrisa. La enfermera asiente, pluma en mano lista para comenzar a escribir.- James y Natalie Ro…
El problema era que aún no decidía que apellido darles, merecían el apellido de Steve, les debía eso, le debía al menos eso, pero si lo había alejado era por algo, no sabía de la existencia de los bebés, no quería que sus hijos crecieran con el apellido de un hombre al que nunca iban a conocer y se esperanzaran de hacerlo algún día, no lo iban a conocer, él no estaba, ella lo dejó, lo sacó de su vida y lo sabía, no podía culparlo, no tenía nada que reprocharle cuando la culpa era de ella y solo de ella, pero él no había luchado lo suficiente…
-Romanoff, James y Natalie Romanoff, R-O-M-A-N-O-F-F.
Un carraspeo a sus espaldas sacó a Natasha de sus recuerdos. Clint estaba de pie detrás de ella, sonriéndole ligeramente. La espía se secó rápidamente las lágrimas que seguían corriendo por sus mejillas, odiaba llorar, odiaba sentirse débil.
-¿Qué pasa Clint?
-Estamos por llegar.
La espía bajo con cuidado de la camilla de Steve, pero no se movió, se mantuvo a su lado mientras aterrizaban en el techo del hospital, cuando los doctores entraron y lo sacaron, camino con rapidez por los pasillos tomando la mano del soldado hasta que la detuvieron en las puertas del quirófano.
-Lo siento, pero no puede ir más allá de esta área.- le dijo uno de los doctores deteniéndola al poner una mano sobre su hombro.
-Pero…
-La mantendremos informada.- La interrumpió el doctor antes de darse la vuelta y seguir al resto de médicos y enfermeras que habían desaparecido tras la puerta.
Clint la encontró en el pasillo, mirando fijamente la puerta que tenía prohibido cruzar y por la que se habían llevado a Steve. No le dijo nada, la tomó suevamente de los hombros y la guio a la sala de espera, en donde Tony, Bruce y Thor ya estaban, todos vestidos ya de civiles, aguardando noticias sobre el soldado herido. Pasaron dos horas antes hasta que una enfermera salió a dar noticias sobre la operación, una artería se había reventado lo que causo la perdida de mucha sangre, pero la habían controlado, Steve estaba estable y seguían en la reparación de una rasgadura provocada por la bala. No supieron más hasta cuatro horas después, cuando el cirujano cardiotorácico encargado de la operación de Steve salió a hablar con ellos.
-Hubo algunas complicaciones en la cirugía, afortunadamente pudimos controlarlas y fue todo un éxito. El señor Rogers se encuentra ahora en recuperación y podrán visitarlo en cuanto despierto.
-¿Cuándo será eso?-Preguntó ansiosa Natasha.
-En un par de horas, en cuanto el efecto de la anestesia desaparezca.
El doctor se despidió y dejó al grupo solo, esperando ser avisado para visitar a Steve. El teléfono de Tony comenzó a vibrar en su bolsillo, Pepper lo había estado llamando puntualmente cada hora para preguntar sobre el estado de Steve.
-Ya salió de la operación.- respondía Tony a las preguntas formuladas del otro lado de la línea.- está bien, todo salió bien, lo podremos ver en un par de horas cuando despierte, ¿ya lo saben?, oh está bien, tienes razón ellos deberían hacerlo, no sé si quiera, le preguntaré a Natasha, ¿te la paso? Ok espera.- Tony alejó el celular de su oreja y se lo tendió a la pelirroja.- Pepper quiere hablar contigo.
Natasha lo miró dubitativa antes de tomar el teléfono.
-¿Hola?
-¡Natasha! Gracias al cielo, ¿cómo estás?
-¿Bien? Pepper, ¿Qué pasa?
-Nada, solo te quería preguntar si puedo llevar a los niños a verlos, están muy preocupados y quieren ver a sus padres.
-No sé si sea buena idea.
-No saben nada sobre su trabajo, ellos creen que tuvieron un accidente de regreso, saben que Steve está bien pero en verdad lo quieren ver.
Natasha suspiró con pesadez antes de contestar un simple Ok y colgar la llamada. Media hora le tomó a Pepper, una vez terminada la llamada, para llegar seguida de James y Natalie, quienes corrieron a los brazos de su madre en cuanto la vieron sentada en los sillones de la sala de espera. Natasha los abrazó con fuerza, tratando de calmar los sollozos que ya se escuchaban.
-Papá está bien, él está bien, pronto saldrá de aquí y estaremos los 4 juntos y nadie ni nada nos separará.- Le susurraba mientras acariciaba sus espaldas, aunque no sabía si las palabras eran para ellos o para sí misma.
La enfermera apareció al poco rato, Steve aún no despertaba pero ya estaban permitidas las visitas a las habitaciones. Todos acordaron quedarse en la sala de espera para darles espacio a Natasha y los niños. La pelirroja prometió avisarles en cuanto Steve despertara.
Habían pasado ya las dos horas que el doctor pronosticaba para que pasara el efecto de la anestesia, Steve seguía sin despertar, Natasha estaba sentada en un sofá de tres plazas colocado para las visitas, hecha un manojo de nervios, la única cosa que la calmaba era ver el monitor cardiaco del soldado marcando sus latidos normales, solo duerme se repetía constantemente. El agotamiento y las tranquilizadoras caricias de su madre terminaron venciendo a los niños, que con la apoyada en las piernas de Natasha se habían quedado dormidos esperando a que su padre despertara. Después de varias horas de dormir y toda la ansiedad acumulada, el cansancio comenzó a ganarle la batalla a la pelirroja, empezaba a cabecear y cada vez le costaba más mantener los ojos abiertos, estaba decidida a no perder, no podía quedarse dormida, no quería quedarse dormida, necesitaba estar despierta en caso que Steve despertara, quería estar ahí para verlo despertar. Visualizó un par de botellas de agua en una mesita colocada al lado del sofá, con cuidado de no despertar a sus hijos se estiró para tomar una, bebió la mitad del líquido contenido, estar hidratada le ayudaría en algo.
Centró su atención en el soldado que dormía frente a ella, recorrió su perfil con la mirada, se veía tan en paz. Bajó su atención al anillo que adornaba su dedo anular, recordó la feliz que sintió cuando Steve le propuso matrimonio, había sido solo unos días atrás y se sentía como una eternidad, no podía esperar a regresar a esa felicidad, la necesitaba, necesitaba a Steve, porque él era parte de su felicidad.
-Espero no estés reconsiderando el compromiso.
La pelirroja alzó la vista hacia la voz roca que le hablaba. Aún con los ojos entrecerrados Steve le sonreía desde la cama.
