Vuelvo con un nuevo capítulo antes de que me vaya de vacaciones, estaré una semana sin laptop :c pero creo que sobreviviré :) En fin, espero que les guste este capítulo, ya estamos llegando al final del fic!


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Capítulo 16: Rey vampiro I

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Una nueva amenaza se cernía sobre la paz parcial que se había logrado obtener después de derrotar a la vampira noble de Hinoto Kohinata. Parecía ser que el mundo jamás iba a poder estar tranquilo, al menos no en esa ciudad pintoresca. No mientras los vampiros existieran.

Hubo un severo desequilibrio con el suero. Fue codiciado por todos ya que, no solo servía para aquellos que querían volver a ser humanos, sino también servía para eliminar vampiros poderosos, convertirlos en humanos para destruirlos más fácilmente.

Desde luego que un suero tan poderoso debía de tener un séquito de guardias profesionales. La asociación de cazadores tenía el suero de la humanización bien resguardado. Pero no fue suficiente. No fue suficiente contener a tantos vampiros si se tomaba en cuenta que todos los vampiros de clas entraron abatiendo a muchos cazadores en la asociación.

Detrás de todo aquello estaban tres personas importantes que querían hacer al Rey Vampiro caer.

El líder del clan Touma.

Sara Shirabuki.

Y otro misterioso hombre escondido entre las sombras.

— ¡Necesitamos refuerzos! –gritó un guardia pero antes de que quisiera correr, ya había sido cortado en dos por una espada.

— ¡No puede ser! ¡Es usted! –otro guardia miró a quien pensó que podía ayudarlo, sin embargo, aquél hombre no hizo nada.

Solo había una cosa en claro: había un traidor dentro de la asociación de cazadores.

Finalmente el suero fue robado.


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1:47am.

Con sus respectivos uniformes negros de la academia Cross, Zero y Cat entraron a pasos agigantados dentro de la asociación de cazadores en busca de Castiel, sin embargo, fueron interceptados en el camino por Yagari Touga.

— ¡Sensei! –lo vio Cat y corrió hacia él. – ¿Está usted bien?

— Sí, desafortunadamente cuando inició el ataque yo no estaba en la asociación, estaba de cacería. Qué bueno que ustedes dos no estaban aquí, hubo muchas bajas. Dicen que nunca se había visto a tantos vampiros juntos como hace rato.

Cat miró a su alrededor. Yagari-sensei tenía razón, a pocos metros de ella se veían varios cadáveres de cazadores ensangrentados. Ver aquello le provocó un estremecimiento y mejor volteó a ver a Zero, quien había empezado a hablar.

— ¿Han encontrado a Shirabuki y Touma? –inquirió Zero.

— Ya se nos organizó para iniciar su búsqueda, los elegí a ustedes como mis auxiliares. –espetó el sensei.

— Oh, pues en ese caso vamos a donde nos digas, sensei. –asintió Cat al igual que Zero.

— Andando.

"Esos dos vampiros… Shirabuki… Toma" pensaba Zero mientras apresuraba el paso junto a Yagari y Cat. "Me pregunto qué planean exactamente con ese suero que vuelve humanos a los vampiros, sé que sea lo que sea, no es nada bueno".

— Zero y Cat no han regresado de su misión y ya ha pasado medio mes. –murmuró Avril para sí misma mientras estaba observando la luna llena en el oscuro cielo, sentada en la orilla del estanque de la academia. Se había quitado las botas y las calcetas para mojarse los pies en el estanque.

Últimamente ya se le había hecho costumbre saltarse las clases, y como aún novia oficial de Kaname Kuran, los maestros y demás vampiros no se atrevían a decirle nada.

Hace como una semana que Nina le había dicho que se estaba poniendo el suero de la humanización pero que cuando le tocaba su segunda dosis de suero, la enfermera la devolvió diciéndole que no había más suero, que lo habían robado, que los cazadores ya se estaban encargando de eso.

Pero…

— ¿Por qué dos sangre puras robarían el suero? ¿Para qué? ¿Qué pretenden? –se preguntó Avril perdida en la brillante luna plateada. – ¿Para qué un sangre pura querría un suero que vuelve humanos a los vampiros? ¿En qué le sería útil?

— Oyasuminasai, Arklay-san. –saludó muy cortésmente María Kurenai. –Espero no molestarla si me siento con usted.

— Hola, María-chan. No me molesta, siéntate. Y no me digas Arklay-san, llámame Avril. –le sonrió cálidamente.

— A… arigato. Emm… no pude evitar escuchar sus meditaciones, Avril-san. Yo tengo algunas teorías. Bueno, lo que todo el mundo dice.

— ¿Y qué dice el mundo?

— Que ese suero fue robado para atacarla a usted, Avril-san.

— ¿A mí? –volteó a ver a la joven con suma sorpresa.

— A usted o a Kaname-sama.

— ¿A Kaname? ¡¿Por qué?!

— ¿No comprende, Avril-san? ¿No comprende quienes son Kaname y usted en la sociedad vampiro? Kaname es el rey vampiro, el vampiro más respetado y más sabio y puro que existe y usted es la reina vampiro, algunos creen que la probable esposa del rey vampiro. –le sonrió levemente. – ¿Ahora ve qué tan importante es usted, Avril-san?

— María-chan, ¿estás diciéndome que ese suero se robó para atacar a Kaname y a mí para convertirnos en humanos?

— Sí. Shirabuki-sama es una vampira que siempre ha querido el título honorífico de Queen Vampire, incluso llegó a pedirle a Kaname que la hiciera su esposa, pero él se rehusó. Y el líder del clan Touma, bueno, él con tal de molestar a Kaname hará cualquier cosa, no soporta que Kaname sea mejor que él.

— Kaname. –susurró Avril preocupada por él. ¿Estaría bien? Hacía dos semanas enteras que no lo veía desde el encuentro en el pasillo. Se preguntó dónde estaría.

— Tengo algo de sueño. Creo que iré a dormir, ¿quiere acompañarme, Avril-san? –le ofreció la joven peliplata mientras se levantaba.

— Arigato, María-chan, pero quisiera quedarme otro rato sola.

— Está bien. Ja né.

— Kaname… ¿dónde estarás ahora? –se preguntó Avril con aflicción. Quería verlo, saber que estaba bien tanto física como mentalmente.

De pronto, Avril recordó lo que una vez le dijo el propio Kaname.

"Te vigilaré desde las sombras"

— Kaname… espero que sí. Yo… te necesito. Necesito decirte que…

Una fuerte ráfaga de viento la interrumpió y Avril miró el cielo nocturno nublado. Estaba a punto de llover.

Había pasado un mes desde que los cazadores se fueron, un mes en el que Avril no había visto a Kaname ni por accidente.

Era el último día de octubre cuando el director Cross Kaien despertó del estado de coma en el que estaba. Abrió sus lindos ojos color miel con suma confusión. En cuanto supieron que él había despertado, Avril y Nina habían corrido a verlo.

— ¿Dónde están mis chicos? –fue lo primero que preguntó Kaien con voz débil y ojos cansados mientras seguía confinado a esa cama de hospital. –Zero, Cathy y Kaname, ¿dónde están? Tengo muchas ganas de verlos.

— Ellos están bien. Ocupados, pero bien. –le aseguró Nina mintiendo, pero era lo mejor, no debían preocuparlo de más. Aún estaba débil.

—Avril-chan, Nina-chan… algo malo está pasando con Zero, Cat y Kaname, ¿ne? –musitó Cross con preocupación y algo de miedo. Ellos eran como sus hijos y resultaba obvio que algo malo les había pasado para que no pudieran estar allí.

Abril y Nina intercambiaron miradas significativas.

— Están peleando, supongo. –Contestó Avril caminando hacia el director y poniéndose a un lado suyo. Kaien enseguida abrió grandes los ojos, entre sorprendido y asustado. –Mientras usted dormía, la división de investigación Épsilon de la Asociación de cazadores lanzó un suero que convierte a vampiros en humanos con solo tres dosis. Y pues, se supo después que ese suero fue robado por Sara Shirabuki y el líder del clan Touma.

— ¿Pero qué dices, Avril-chan? –el director hizo amago de levantarse pero entre Nina y Avril lo detuvieron.

— Por favor cálmese director Cross. –le rogó Nina. –Estoy segura de que ellos estarán bien. Casi toda la asociación está buscando a Shirabuki y Touma, no están solos.

— Buenas tardes. –entró el doctor y un enfermero al cuarto. – ¿Cómo se siente Cross-san? –lo saludó animadamente.

— Excelentemente bien, doctor. –Cross se obligó a tranquilizarse en vista de que probablemente iban a darlo de alta.

— Le tengo una buena notic…

— ¿Me dará de alta? –sonrió Cross con brillitos en los ojos.

— Viéndolo tan alegre, ¡pues claro que sí! –se rió el doctor.

Avril y Nina le ayudaron a empacar sus cosas. Un representante de la asociación de cazadores mandó un chofer para Kaien Cross.

Al llegar a la academia, un viento reconfortante apareció revolviendo los cabellos sueltos de Cross Kaien mientras veía su amada Academia. Estaba igual.

De repente cuando salieron al receso, los estudiantes diurnos vieron al director entrando por el portón y, emocionados, corrieron hacia él para saludarlo.

¡Director Cross!, ¡qué bueno que está de vuelta!, ¡el nuevo director es un asco!, no quiero leer más libros, ¡ya estamos hartos de las absurdas reglas del director Ouróboros!, escuchaba que le decían todos desordenadamente expresiones como esas.

— Tranquilos, tranquilos mis bellos estudiantes, ¡Cross Kaien está de vuelta para gobernar la Academia Cross! Wajajaja –se rió macabramente y sus dignos estudiantes lo imitaron y rieron con él mientras Avril y Nina miraban todo aquél show con cara de WTF.

Pero sí, ese director loco tenía razón, estaba de vuelta para volver a tomar el control de la Academia Cross.

Mientras tanto, aquél hombre escuchaba todo aquél alboroto que se producía en la explanada de la academia, Castiel Ouróboros estaba mirando desde la ventana alta de la dirección el regreso de Cross Kaien. Entrecerró sus fríos ojos negros cuando vio que Cross y las dos chicas vampiras escoltaban a Cross rumbo a la dirección.

— Hmp. –se quejó levemente Castiel y se retiró de la ventana.

Su puesto como director de la Academia estaba más que terminado.


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En algún lugar de Europa…

— Aquí Lobo, tengo al objetivo 2 en la mira. –susurró un joven peliplateado en clave mientras yacía pecho tierra en la azotea de un alto edificio de más de 50 pisos apuntando hacia la ventana de un edificio con su salvaje y precisa Bloody Rose.

Entendido Lobo, aquí Lapislázuli también en posición con el objetivo 1. –escuchó la voz de su sensei con el comunicador que tenía en el oído.

— Caléndula, confirma tu posición. –pidió Zero, esperando una respuesta. – Caléndula, responde.

¡Caléndula! –escuchó la voz enojada de Yagari en el comunicador. – Responde, Caléndula. ¡Caléndula!

Un fuerte estremecimiento recorrió la espalda de Zero. Catherine no contestaba a las llamadas de ninguno. Con sus binoculares observó con detenimiento las ventanas del edificio donde Shirabuki y Touma estaban resguardados. Tuvieron que salir de Japón para escapar de las garras de los cazadores y luego, después de darse cuenta de que estaban siendo seguidos, tuvieron que seguir huyendo, no estableciéndose en algún lugar por mucho tiempo. Sin embargo, ellos no sabían que el equipo de Yagari ya los había encontrado.

Si quieres a tu hermosa Caléndula, vas a tener que venir por ella. –respondió una voz de un niño por el comunicador de Yagari y Zero. Ambos se quedaron congelados al escuchar aquello, al parecer habían subestimado a sus enemigos, ahora tenían a Cat como rehén.

Inmediatamente, Zero se levantó de un salto y se aventó por la azotea, ayudándose a bajar con algunos balcones, pasando unos y deteniéndose en otros, ya que le consumiría más tiempo si tomaba el elevador o las eternas escaleras.

Cuando bajó a la calle vio que Yagari también había hecho lo mismo que él. Ambos se apresuraron a correr tanto como sus piernas les permitían en dirección al enorme edificio gótico.

— ¡Rápido, al piso 31! –le ordenó Zero al conductor del elevador mientras le apuntaba con su Bloody Rose. El tipo inmediatamente les obedeció.

Los segundos parecían eternos para Zero y Yagari. Finalmente, la campanilla que indicaba que estaban en el piso deseado sonó y las puertas del elevador se abrieron de par en par. Enseguida llegaron a la habitación 666 donde los pura sangre se estaban hospedando.

Yagari abrió la puerta con una patada y entraron apuntando con sus pistolas a todas partes. Los ojos de ambos estaban abiertos a su máxima expresión, la adrenalina les corría por las venas, y el coraje. Ambos querían salvarla… pero era demasiado tarde.

— Se fueron. –concluyó Yagari. –Escaparon por esa ventana mientras nosotros íbamos entrando. –le indicó la ventana abierta con las cortinas salidas por fuera.

— ¡NOOOO! –gritó Zero sin importarle si se desgarraba la garganta. Cayó de rodillas al piso y puso sus manos sobre sus sienes, cerrando los ojos con fuerza, deseando que todo aquello fuera una pesadilla.

Una maldita pesadilla.


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Siguiente día. Debían mandar el reporte de la misión a la asociación de cazadores y ver qué respuesta les daban. Yagari tuvo que escribir los detalles porque Zero no podía escribir.

El día de ayer habían pasado toda la tarde y mitad de la noche intentando buscar algún rastro de Shirabuki, Touma y Cat, pero no encontraron nada, fue como si nunca hubiesen estado allí.

Mientras terminaba de escribir en el escritorio del cuarto de hotel, Yagari volteó a ver a su alumno. Estaba sentado sobre la cama con las rodillas flexionadas hacia arriba, los codos sobre éstas y la cabeza entre las manos, con los ojos cerrados. Nunca lo había visto así, ni cuando perdió a su familia, ni cuando perdió a Yuki ni a Ichiru.

El sensei quería decirle que todo estaría bien, que la iban a encontrar, pero sinceramente él no tenía muchas esperanzas. No podía mentirle a su alumno. Ni siquiera para intentar animarlo. Era mejor que fuera haciéndose a la idea de que probablemente no volverían a ver a Catherine Ouróboros.


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Era una mañana agradable según Castiel. Después de que Cross le agradeciera por dirigir su academia, él se había retirado de allí y se encerró en la gótica y abandonada mansión Ouróboros. Estaba en su despacho, hacía algo de frío por lo que tenía la chimenea encendida mientras revisaba algunos documentos sobre su escritorio. De repente recibió una llamada a su celular. Era de la asociación de cazadores.

— Diga. –contestó con su característica voz fría.

— Ouróboros-san. Soy Haedana.

— Dime, Haedana, ¿qué sucede? ¿Hay noticias de los prófugos?

— El equipo de Yagari los interceptó en Europa pero ellos volvieron a escapar. Sin embargo, me temo decirle que su hija; Catherine-san, está desaparecida.

— ¡¿Qué dices?! –apretó el celular con fuerza y su corazón latió más rápido, preocupado.

— Siento mucho darle esta información, pero es verdad, Ouróboros-san. Catherine-san fue raptada por Shirabuki y Touma.

— ¿Y qué están haciendo por ella? –gritó descontrolado. Su pequeña Catherine estaba desaparecida, no tenían perdón de Dios. – Malditos sean Yagari y Zero, si algo le sucede a mi hija… ¡los aniquilaré!

— Por favor guarde la calma, Ouróboros-san. Ya mandamos la orden a los demás equipos de que se concentren en encontrar a Catherine-san. Gracias por su cooperación, esperamos que…

Pero antes de que la señorita Haedana se despidiera, Castiel cortó la llamada, furioso y salió de su mansión solitaria. Condujo a velocidad bestia rumbo a la Academia Cross, lugar al que se había jurado a sí mismo no volver, pero ahí estaba él, rompiendo sus propios juramentos por su hija. Y es que él sabía que dentro de la Academia había solo una persona que lo podía ayudar.

Entró empujando el portón, era de noche, aún mejor. Iba caminando a paso veloz rumbo al edificio de clases donde seguramente los estudiantes nocturnos estaban recibiendo sus clases cuando, sentada en el estanque, vio que ahí estaba Avril Arklay, justo la persona que quería ver.

— ¿Ouróboros-san? –lo miró Avril confundida de su estadía allí. – ¿Qué hace usted aq…?

— ¡Mi hija Catherine fue raptada! –le confesó.

— ¡¿QUÉ?! –Avril se levantó enseguida. – P… pero, ¡¿cómo es que pasó eso?!

— Shirabuki y Touma la capturaron mientras llevaba su misión. Iba con Yagari y Zero. –le explicó.

— ¿Y qué está haciendo la asociación? ¿Ya la están buscando?

— Eso dicen, pero no les creo nada. Solo tú puedes ayudarme.

— ¿Yo? ¿Cómo puedo ayudarle? Dígamelo, por favor. –le suplicó.

— Llama a Kaname.

— ¿Eh? ¿A Kaname? –aquello le bajó a Avril las esperanzas en cero. –Pero, ¿usted no sabe que Kaname… –"¿Usted no sabe que Kaname me ha evitado por un mes?" –Pero Ouróboros-san, no he visto a Kaname en mucho tiempo. Ni siquiera aquí en la academia le han visto. Parece ser que está tomándose algo así como un receso de clases.

Castiel negó con la cabeza.

— Él está aquí, ¿no te has dado cuenta?

Avril se quedó boqui-abierta sin saber qué decir o pensar. ¿Cómo era eso de que Kaname estaba allí?

— Solo necesitas llamarlo y él vendrá. Dile que venga, dile que necesito su ayuda para buscar a mi hija Catherine. –le rogó Castiel, parecía en verdad preocupado por su hija, estaba nervioso y asustado, nunca lo había visto así.

Avril lo pensó por un momento y se dedicó a voltear hacia arriba, vio los altos pinos oscuros, el alto edificio de clase de la academia, los dormitorios a lo lejos… ¿Dónde estaba Kaname? ¿Dónde?

— K… Kaname. O… Onegai, Kaname. –pidió no muy segura de sí misma. – Si puedes escucharme, por favor ven, Cat está en problemas.

Pero no hubo ni una mínima respuesta.

— ¿Está seguro de lo que dice, Ouróboros-san? –inquirió Avril.

—Mi instinto de cazador me dice que está aquí. No puedo fallar.

— Bien. –nuevamente miró a su alrededor. –Kaname, por favor ven… yo… Sé que me escuchas. Necesito que nos ayudes. Por favor, Cat es mi amiga y también tuya, no puedes dejarla a su suerte, si puedes ayudarla, por favor hazlo.

Avril vio claramente cómo una rama de un pino se había quebrado, pero allí ya no había nada. Parecía ser que lo que estuviera allí ya se había cambiado de lugar.

— ¡Kaname, por favor, te lo ruego! ¡Sé que en este momento no soy tu persona favorita del mundo pero por favor, por lo que más quieras, por favor salva a Cat! ¡Onegai! ¡Me pondré de rodillas si tu quier… -estaba a punto de poner sus rodillas en el suelo cuando sintió que algo repentino aparecía frente a ella y la levantaba de los brazos para interrumpir su arrodillamiento.

— No. –musitó una voz conocida, una voz neutra y algo fría. –No es necesario que te arrodilles, no por mí. –Avril lo vio, sí, era Kaname, sin duda era él. Tenía puesto el uniforme blanco, su cabello castaño estaba algo despeinado, su piel traslúcida lucía un poco más pálida de lo normal y sus ojos estaban cabizbajos. –Si lo que quieres es que salve a tu amiga, eso haré. –espetó mirando fijamente los ojos de Avril y ésta a él.

— De verdad, gracias, Kaname Kuran. -musitó Castiel apareciendo a un lado de ellos. Kaname lo miró de soslayo no muy amigablemente.

— Lo hago porque ella me lo pide. –le especificó con desdén. Después, volvió a mirar a Avril quien lo veía un tanto cohibida y luego, puso una mano sobre el hombro de ella y juntos desaparecieron frente al preocupado Castiel Ouróboros, deshaciéndose en miles de murciélagos que volaron por el cielo nocturno.

Castiel se quedó mirando aquél espectáculo y ya cuando aquellos murciélagos iban muy lejos, su rostro triste y preocupado cambió, una media sonrisa malvada surcó su rostro.


Pues si leíste el capítulo muchas gracias y si dejaste review pues más gracias aún :D

Gracias a LuKuran por su bello review en el capítulo anterior! X3

Bueno, me tengo que ir a recostar un rato porque tomé café y ahora mis manos están temblando :s Que estén bien!