Los personajes le pertenecen a Matsuri Hino, a mí los OC's; la rara Nina, la dulce Avril y la loca Cat… entre otros. ;)

Bueno ya, al fic!

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Capítulo 20: Reina vampiro por siempre I


Pese a todo, pese a que estaba a salvo, que el mismo Kiryuu Zero la había salvado de la muerte y que su amiga Avril y Kaname estaban bien, Ouróboros Catherine seguía sumida en sus pensamientos, completamente distante del mundo que la rodeaba.

En esos momentos, Yagari-sensei se encontraba explicando un libro de Ética que quería que sus alumnos leyeran el fin de semana, no era un libro muy largo así que estaba bien, nadie se había quejado, en parte también porque le tenían miedo a ese sensei de mirada fría.

—… y quiero que lo lean en parejas. Ustedes podrán elegir a su compañero. –la voz de su sensei sonaba distante mientras ella lo veía sin prestarle la más mínima atención. Sus pensamientos la oprimían últimamente.

— ¿Lo leemos juntos? –le preguntó Zero, quien estaba sentado a su lado, sin embargo, no obtuvo respuesta. – ¿Cat? –intentó de nuevo, pasando su mano frente a la cara de ella. Cat parpadeó un par de veces y finalmente volteó a verlo.

— ¿Qué decías?

— Que si lo leemos juntos. –repitió el peliplateado.

— ¿Qué cosa? –musitó sin comprender nada.

Zero la observó detenidamente por unos segundos y entrecerró los ojos, como estudiándola.

— Desde ayer que llegamos a la academia estás rara, siempre estás distraída. –le comentó.

— No es nada –le aseguró intentando sonreír abiertamente para que Zero no se preocupara, pero le fue imposible mover las comisuras de sus labios.

— ¿Segura? –la vio con una ceja enarcada. La joven pelinegra del cabello recogido asintió desganadamente, cosa que hizo dudar aún más a Zero, pero de igual forma no podía obligarla a decirle lo que en verdad pasaba, así que terminó por explicarle todo lo que había dicho Yagari.

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Esa mañana, en la asociación de cazadores había un gran número de guardias custodiando un cuarto en especial que se había designado para resguardar el suero de la humanización. Cada ciertas horas se intercambiaban los guardias, incluso había guardias afuera de la asociación, una vigilancia demasiado reforzada pero teniendo en cuenta el peligro que habían podido pasar si el suero caía en manos equivocadas, como pasó anteriormente, no podían andar con nimiedades.

Se habían dado cuenta del alcance de ese suero, que incluso sangre puras lo codiciaban. Era preferible mantener una vigilancia extrema.

Aquel día se habían reiniciado las dosis para los vampiros. Solo un reducido número de vampiros habían sido aceptados con la finalidad de no dejar entrar a demasiados vampiros en la asociación.

Nina y Akatsuki estaban en primera fila recibiendo sus respectivas inyecciones. Por casualidad habían llegado al mismo tiempo a la asociación.

— ¡Auch! –gritó Nina sobándose una posadera. –Esta vez sí que me dolió.

Se subió la falda para salir del cubículo donde estaba. La enfermera le había pedido disculpas, pero Nina le había dicho que no se preocupara por ello. Cuando salió se encontró con que Akatsuki la estaba esperando. Aquello la sorprendió un poco.

— Vámonos. –exclamó el joven de cabellos naranjas empezando a caminar. Nina lo siguió enseguida.

El día estaba nublado, parecía que pronto llovería, por lo que Nina había cargado con una sombrilla negra. Mientras caminaba a paso suave al lado de Akatsuki, quien por cierto era demasiado alto que Nina tenía que levantar completamente la cabeza para verlo a la cara, empezaron a caer unas cuantas gotas en la acera por donde transitaban.

— Sabía que llovería. –se quejó Nina, pues ese tipo de clima no era su favorito. –Qué bueno que traje mi sombrilla. –la abrió, cubriéndose perfectamente. Akatsuki la vio de reojo.

— ¿Sabías que si usas una sombrilla en medio de una tormenta, eres más propensa a que te caiga un rayo y te mueras? –le dijo en tono serio. La expresión del rostro de Nina estaba hecho piedra, literalmente.

— ¿E-enserio, Akatsuki-sempai? –inquirió con una nota de pánico en su voz.

— Sí. Así que, ¿por qué no dejas que tome la sombrilla por ti?

— ¿Estás seguro? Podrías morir. –exclamó con preocupación. Enseguida un trueno largo y fuerte sobrevino, haciendo que Nina cerrara los ojos y se estremeciera por un momento.

— Estoy seguro. Si muero, ¿qué más da? –él le quitó el paraguas de la mano y con él se cubrió de a lluvia y se acercó más a Nina para también atajarle el agua. –No es como que alguien vaya a llorar mi muerte.

Nina lo observó, tuvo que hacerle de exorcista levantando la cabeza para verlo, y observó que él no mentía, que él en verdad pensaba eso, que estaba solo, que a nadie le importaba él.

— Yo iría a tu funeral. –murmuró más para ella que para él.

Akatsuki volvió a verla de reojo.

— Entonces yo también iré a tu funeral. –dictaminó creyendo que era una buena idea, mientras que Nina sintió una aura deprimente y purpura que los abrazaba.

Ella sonrió de medio lado.

— Estamos en medio de una tormenta, hablando de muertes por un rayo y de nuestros funerales –rió levemente. – Suena tan patético.

Akatsuki sonrió de medio lado al escuchar eso. Tenía razón.

— Solo para que conste, me gustan las rosas blancas. –concluyó Akatsuki seriamente, aunque bromeando por dentro.

— Igual que a mí. Aunque no creo que esas sean las flores indicadas para un funeral.

— Si muero, quiero obtener las flores que a mí me gusten, Arklay.

— ¡Akatsuki-sempai! Me estoy deprimiendo lentamente, hablemos de otra cosa. –sugirió Nina entre risas.

Los dos continuaron caminando bajo la lluvia, juntos, sin saber que el destino ya había unido sus hilos rojos desde hace mucho tiempo.

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Finalmente la hora de salida había llegado. Era viernes, así que la mayoría de los alumnos se iban de la academia para pasar el fin de semana con sus familias. Por lo regular, Cat siempre se quedaba en la academia pero aquél tormentoso día Zero la encontró empacando algunas cosas en su mochila.

— ¿Te vas? –inquirió sin poder creerlo, era sumamente raro.

— Deberías llamar a la puerta cuando entras. –lo fulminó con la mirada mientras seguía metiendo algo de ropa y unos cuadernos.

— Lo siento. Creí que podía entrar con total libertad a la habitación de mi novia. –le dijo al tiempo en que caminaba hacia la cama y se sentaba en la orilla para después recostarse al lado de la mochila en la que Cat seguía metiendo cosas.

— Pues el ser novio no significa que puedas invadir mi espacio personal. –recriminó sin verlo.

Zero se le quedó viendo un momento en silencio.

— ¿Estás en tus días o algo por el estilo?

— No te hagas el gracioso, Zero, no estoy de humor. –prácticamente le gruñó como un oso enojado al tiempo en que cerraba la mochila y se la echaba a la espalda, saliendo de la habitación.

— No intento ser gracioso, es la verdad. Y se ve claramente que no estás de humor. –Zero se levantó de inmediato y siguió a la chica por el pasillo. – ¿Qué es lo que te sucede?

— ¡Hooola, Catherine-sama! –llegó Avril emocionada, corriendo por el pasillo hasta chocar contra Cat para abrazarla efusivamente. Después de unos segundos se separó de ella, sonriéndole abiertamente. –Tengo la temporada completa de "El hospital maldito" para que la veamos juntas esta noche, ¿qué dices? ¡El clima está genial!

Cat la vio con una expresión cansina y bufó, molesta.

— En primer lugar, Avril Arya, no se permite que los estudiantes de los diferentes turnos se metan a los dormitorios que no les corresponden. En segundo, tengo prisa, voy a pasar el fin de semana en mi casa. ¿Por qué no le dices a Kaname que te acompañe?

— Ya le dije, pero no le gustan las cosas de terror –puso cara triste. –Y Nina no está, no sé dónde ande, aunque no me preocupa por que dijeron que la vieron salir con Akatsuki-sempai…

— Bueno, bueno, ya, no me hagas tanta historia que tengo prisa. –exclamó pasando de Avril, caminando con rapidez.

— ¿Y ahora a esta qué le pasa? –inquirió Avril sorprendida por el comportamiento de su amiga.

— No tengo idea. –respondió Zero encogiéndose de hombros. –Y antes de que me acuses vilmente, yo no tuve nada que ver esta vez, lo juro por… por Kaname.

— ¡Oye, a mi Kaname no lo metas en tus promesas de dudosa procedencia! –le reclamó enseguida. –Ayer cuando los recibí a Yagari-sensei, a ella y a ti, estaba rara, seria. Yo supuse que solo estaba asustada por lo que le había pasado, sería algo normal. Pero ahora que la vi enojada de esa manera, creo que le pasa algo más que solo miedo. Además, es raro que vaya a pasar todo el fin de semana en su casa.

Zero al oír eso, abrió los ojos a su máxima expresión, sobresaltado.

— ¡Mierda! ¡No lo había captado, no podremos leer el libro en pareja y solo yo lo tengo! ¡Nos vemos, Avril, debo ir a alcanzarla! –corrió como un poseído por el pasillo, dejando sola a Avril.

La chica del cabello ondulado y mediano, lanzó un suspiro de cansancio, empezando a caminar por donde Zero para volver a su dormitorio de la luna.

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Un auto negro ya la estaba esperando a las afueras de la academia Cross. El chofer le abrió la puerta y ella entró. Volvió su rostro para ver la academia con aire triste, melancólico y observó que Zero venía corriendo hacia ella aún con la lluvia que arrecía.

— Parece que ese joven quiere hablar con usted, señorita, ¿lo espero?

— No, vámonos, David. –negó la chica volteando su rostro para no ver a Zero, lo único que quería era llegar a la mansión ya y enfrentar lo que había descubierto.

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Bajo un enorme paraguas azul había una chica de cabello castaño claro, liso y con un fleco rectangular. Era mediana y traía un vestido blanco con vuelo y unas botas de hule para lluvia. En su mano libre llevaba otro paraguas aunque de color verde. Estaba esperando frente a la asociación de cazadores pacientemente, hasta que por fin lo vio salir.

El joven ya casi adulto traía su característica cazadora verde militar y unos jeans desgastados. Bajó las escaleras, mojándose enseguida. Se trataba de Ouróboros Gabriel quien recién había sido liberado de la asociación de Cazadores.

Cuando cruzó la reja negra, la joven ya lo esperaba con una sonrisa leve, ofreciéndole el paraguas ya abierto.

Gabriel la miró detenidamente.

— Sakurata Vanessa –la reconoció enseguida, aunque no le sonrió, simplemente se quedó con su expresión seria. – ¿Qué haces aquí? –le preguntó sin tomar el paraguas que ella le ofrecía.

— Sabía que cuando salieras nadie te iba a esperar, así que he decidido venir a traerte esto para que no te mojes. Aunque al parecer he venido en vano. –ella no dejó de lado su rostro amable y taciturno.

Gabriel se sintió algo culpable así que finalmente le aceptó el paraguas, cubriéndose con él de la gran tormenta del atardecer.

— Dime exactamente por qué estás aquí. –le exigió.

— Estoy sola. Los demás ex–miembros del ejército se fueron por su lado, dejándome sola. –y antes de que Gabriel abriera la boca, se apresuró a contestar lo que él le iba a preguntar. –Y no puedo regresar con mi familia porque no tengo.

— Pues pensaste en la persona equivocada. Yo no quiero la compañía de nadie. –él frunció levemente el ceño y le devolvió el paraguas, dejando que la lluvia lo empapase. Guardó sus manos en los bolsillos de su cazadora y se apresuró a caminar con la cabeza inclinada hacia abajo en busca de que la lluvia no le pegara de lleno al rostro.

— Gabriel –lo llamó Sakurata. –Deberías ir a tu hogar. –cuando le dijo eso, Gabriel se detuvo, aunque no se volvió. –Tu padre y tu hermana están peleándose. Ella está triste. –musitó. Gabriel reanudó su caminata. –Tu mansión queda del otro lado. –le gritó Sakurata, aunque Gabriel no la tomó en cuenta.

Él no volvería a intentar que su familia lo cobijase, que le diera el amor que le faltó.

Buscaría su propio destino.

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Subió por las escaleras y abrió la puerta del despacho sin siquiera tocar, y entró sin permiso.

Castiel la vio con los ojos entrecerrados.

— ¿Qué te crees para entrar así, Catherine? ¿Se te olvidaron tus modales, niña insolente?

— Estoy viva, papá, y estoy bien, gracias por preguntar. –le reclamó sin un atisbo de humor. –Ni siquiera te paraste por la academia para recibirme.

— ¿Eres tú, Catherine? –la vio meticulosamente. – ¿Qué te sucede? ¿Desde cuándo eres tan sentimental?

— ¿Qué me sucede? –frunció el ceño. – Me sucede que mientras estaba secuestrada por dos malditos vampiros, uno de ellos te menciono a ti.

— ¿A mí? –se sorprendió, dejando completamente de lado los documentos que estaba leyendo.

— ¡Sí! ¿No escuchaste? ¡A ti, a Ouróboros Castiel!

— ¡No levantes tu voz frente a mí, Catherine Marie! –espetó furioso de que su hija le hablara de ese modo.

— ¡Tú estabas ayudando a Shirabuki Sara y a Touma! –lo acusó finalmente, enojada, furiosa también. – ¡Traicionaste a tus amigos, a la asociación de cazadores, a tu familia, a mí! ¿Y me preguntas qué me creo? ¡¿QUÉ TE CREES TÚ, CASTIEL?! – explotó Cat sintiendo que la garganta se le resecaba.

— ¡¿A quién le has dicho esto, Catherine, a quién?! –avanzó hacia ella y la zarandeó por los hombros violentamente sin importarle nada.

— ¡A nadie, suéltame! ¡No me toques! –lo empujó con fuerza haciéndolo trastabillar hacia atrás. –Te odio. –musitó sintiendo que sus ojos ardían. – ¡¿Cómo pudiste venderme?! No te importó nada que tu propia hija estuviera en peligro…

— No lo estabas, Catherine, yo les advertí que no se metieran contigo… -la interrumpió desesperado por explicarle.

— ¿Qué no se metieran conmigo? ¡Les permitiste secuestrarme! Y no conforme con eso, la perra de Shirabuki me enterró viva, ¡casi me muero de no ser por Zero!

— ¿Qué? –Castiel se quedó en shock al escuchar lo que le habían hecho a su hija. –No tenía idea…

— ¡Claro que tenías idea, mentiroso! –lloró. – ¡Estabas tratando con vampiros de dudosas intenciones, papá, por favor, no me creas estúpida! Tú sabías a lo que te atenías con ellos, lo sabias todo. Les propusiste robar el suero, les dijiste cómo entrar a la asociación y cuándo, y sé que Shirabuki y Touma lo hicieron por Kaname, lo sé, para destruirlo y una vez destruido iban a ir por Avril, pero necesitaban atraer la atención de Kaname y Av, y me elegiste a mí, porque aparte de ganar la atención de ellos ganarías la atención de la asociación de cazadores. Así que esa era la razón de ellos, pero sigo sin entender tu razón. Y conociéndote no me quiero ni imaginar por qué lo hiciste.

Castiel abrió la boca para responder, pero en vez de eso, guardó silencio, enmudeció, solamente se quedó observando a su hija llorar mientras se limpiaba las mejillas con el dorso de la mano.

— Si no te entregas tú, lo haré yo. –le advirtió con la voz un poco más recuperada y firme. –Ten algo de valor, ¿quieres? Y entrégate. –finalizó dando media vuelta para salir de allí, asegurándose de dar un portazo estridente.

Castiel observó las paredes del despacho, estaban plagadas de armas cazavampiros, entre esas había una lanza de plata que estaba gruesa. La tomó enseguida y salió del despacho siguiendo los pasos furicos de su hija. Bajó sigilosamente las escaleras y abrió la puerta de salida, pero ella no estaba allí. Volvió su rostro a la mansión y observó que de repente, la luz de la habitación de su hija se encendía. Así que ella tenía pensado pasar la noche en la mansión.

El hombre de cabello corto y lentes se sintió más tranquilo y entró a la mansión.

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La oscuridad había tomado el control del cielo, las clases nocturnas apenas empezaban ese viernes. Kaname estaba terminando de ajustarse la corbata frente al espejo, aún con la habitación llena de penumbras.

Se preguntó dónde estaría Avril, pues ella siempre estaba lista a tiempo y era quien lo apuraba a él. La buscó en su habitación, pues no dormían donde mismo claro estaba, y la encontró recostada en un pequeño sofá del cuarto, profundamente dormida.

Kaname la observó de cerca. La luz plateada de la luna la hacía ver misteriosa y a la vez angelical. Acercó su mano hacia el oído de ella y le acomodó el flequillo rebelde que le caía por encima de los ojos.

Sonrió al hacer eso.

Finalmente había encontrado no lo que quería, sino lo que necesitaba.

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Ella caminaba sin rumbo fijo por la acera mientras algunos vagabundos se le quedaban viendo. Mas valía que no la molestaran porque ella era capaz de defenderse, así que no tenía miedo. La tormenta había parado, aunque una ligera llovizna seguía insistiendo.

— Todo cambió. –susurró Sakurata llegando por fin a las puertas de la academia Cross. –En el momento en que esa chica eligió esta academia. –pensaba en voz alta.

— ¿Qué desea, señorita? –la interrogó Zero al verla. –Yo te conozco, ¿no es cierto?

— Antigua miembro de un ejército acabado que no viene al caso recordar. Me preguntaba si puedo estudiar aquí.

— Ven el lunes, justo ahora el director Cross debe estar dormido.

— Bien. Gracias. –sonrió amablemente.

Solo quería sentirse parte de algo, acompañada. La academia Cross fue en lo primero y único que pensó.

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¿Habrá epilogo o no? ¿Publicaré el siguiente capítulo antes de que me maten a jitomatazos? ¡Descubranlo en el próximo capítulo!

No recuerdo quién me había pedido un triangulo amoroso entre kaname, avril y alguien más, en verdad lo siento, intenté buscarle un espacio a eso pero no me va a alcanzar el tiempo, tendría que hacer otro arco y tampoco quisiera que el fic quedara tan largo :c ¡Lo lamento!

Ahora contesto sus adorables reviews:

LuKuran: Gracias por tu review! X3 Sí, jaja, Avril quedó medio loquita por un momento pero es que ella es de armas tomar si alguien que ella quiere peligra, jaja. Bueno, ya supimos quién es el cómplice de Touma y Shirabuki. Espero que este cap haya sido de tu agrado... sino, pues me verás muy pronto para que me golpees :D jaja cuídate!

alejandra li kinomoto: Muchas gracias por tu review! X3 Es bueno leerte! Que bueno que te gustaron los capítulos, you make me happy! Que mal que padezcas de los ojos! Te entiendo! A veces por más que queramos no podemos ni ver la lap o escribir o leer :c es realmente triste! En fin, al menos sí podemos leer poquito a poco :D Cuídate!


¡Gracias por leer!

¡My heart is yours!