Disclaimer: Ya lo saben que Matsuri Hino es la dueña y soberana de sus personajes de VK, a mí solo me pertenecen esas entrañables Avril, Cat y Nina.

Bien, bien, soy culpable, pueden matarme, torturarme y todo lo que gusten, nuevamente he tardado demasiado en actualizar -_- Hay muchas razones, falta de inspiración, nuevos gustos, la uni, la familia… en fin. ¡Me disculpo! *se pone de rodillas para que le des con un bate*

Si alguien tiene problemas para hallarle el hilo de nuevo al fic y no quiere leerlo de nuevo puede mandarme un MP para que yo le de un pequeño resumen, esta opción solo estará vigente hasta Junio 3.


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Capítulo 21: Damas inocentes

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Los rayos de luz se metieron molestamente por la ventana de la habitación dándole de lleno en sus ojos cerrados. La joven empezó a tomar conciencia lentamente y abrió los ojos con pesar. Observó el techo blanco con decoraciones de ángeles dorados. Estaba en su casa. En la mansión Ouróboros. Se sorprendió notablemente al darse cuenta de esto, había pasado mucho tiempo desde la última vez que durmió en su habitación. No supo ni en qué momento se quedó dormida y eso la preocupó un poco, su padre de seguro estaba en la mansión y ella corría peligro allí porque sabía que él era el culpable del robo del suero de la humanización. Él se había confabulado con la vampiresa Shirabuki y el líder del clan Touma. El solo recordarlo le provocaba dolor de estómago.

Se levantó de inmediato y abrió grandes los ojos al darse cuenta que tenía una manta sobre su cuerpo, alguien la había abrigado por la noche mientras se quedó dormida. Pensó en su padre, pero él jamás había tenido un gesto de cariño hacia ella, ni siquiera antes de que su madre muriera. Se quitó el uniforme escolar para darse una ducha rápida. Se colocó unos jeans negros y una sencilla blusa blanca en conjunto con unas botas negras. Cuando estuvo lista para volver a la academia, se sobresaltó en sobremanera al darse cuenta de que su padre estaba detrás de ella, en el pasillo.

— Papá –exclamó ella sorprendida.

— Lo lamento –dijo Castiel al dar un paso hacia ella. Levantó un brazo hacia la cara de Cat y ésta enseguida sacó el arma que llevaba guardada en la bolsa del abrigo blanco que traía y le apuntó a su padre a la cabeza, pero cuál fue su sorpresa al darse cuenta que lo único que hacía su padre era acariciarle levemente una mejilla con las yemas de sus dedos. Castiel estaba calmado mientras que Cat era un manojo de tensión –No iba a hacerte daño… No te haré daño nunca, hija. Soy tu padre.

— ¿Qué pretendes? –preguntó bajando el arma mirándolo con escepticismo.

— Discúlpame. No he sido un buen padre –declaró con un semblante cansado.

— No, no lo has sido –lo observó fríamente.

— Desde que eras pequeña me esmeré en entrenarte estrictamente para ser cazadora, no podías fallarme, ya Gabriel lo había hecho. Fui muy duro contigo y tu hermano, mucho más cuando tu madre murió intentando ayudar a su amigo vampiro. Catherine, tú no sabes lo que es perder al ser que más amas por culpa de un monstruo. Desde ese momento tuve miedo y los eduqué para que odiaran a los vampiros tanto como yo. Los odio, Catherine, el solo hecho de saber que puedan seguir existiendo me enferma. No es natural que ellos existan, son personas que debieron morir. Son monstruos.

— Papá, no todos son monstruos. ¿No fueron Zero y Kaname a salvarme? –al tiempo en que terminó eso se mordió la lengua, le había dado a entender a su padre que Zero Kiryuu era un vampiro. Por muchos años la familia Ouróboros había pensado que Zero había salido ileso del ataque vampírico hacia su familia, hasta que Cat entró a la Academia Cross y descubrió la verdad.

— ¿Zero es…? –por un momento sus ojos se abrieron a su máxima expresión pero dadas las circunstancias no podía empezar una discusión acerca del estado de Kiryuu –Siempre lo había sospechado. Y lo sé, te salvaron de algo que yo mismo provoqué –aceptó, bajando la mirada – Estoy muy enojado conmigo mismo. Perdóname por haberte puesto en peligro, cariño, estuviste a punto de morir. Y –tomó aire –he decidido que voy a redimirme. Voy a entregarme.

Cat lo miró con los ojos abiertos a su máxima expresión, el gran Castiel Ouróboros iba a entregarse.

— Tal vez con eso mi conciencia pueda estar un poco en paz –hablaba con voz cansada y no miraba a su hija a los ojos – No pude ayudar a Kekai, alejé a mi propio hijo, incluso estuve a punto de hacer que te mataran, Cathy. Yo solo quería convertir a todos los vampiros en humanos porque los odio, esas criaturas… por culpa de uno de ellos mi querida Kekai murió –era increíble pero los ojos del siempre firme Castiel Ouróboros se estaban volviendo vidriosos –Porque uno de ellos transformó a mi esposa en vampira y por ello… tu madre…

— Se suicidó. Lo sé, papá –Catherine lo veía a los ojos, pero él a ella no –Pero solo fue un vampiro, no lo hicieron todos los vampiros. Padre, el vampiro que convirtió a mamá ya pagó hace mucho tiempo.

— Jamás fue suficiente para mí –sonrió de medio lado con suma tristeza, sintiéndose la peor cosa existente.

Levantó la vista y observó a su hija, le puso una mano sobre la cabeza y le revolvió ligeramente el cabello, despeinándola un poco. Después de eso se dio la vuelta y caminó por el pasillo hasta llegar a las escaleras. Cat se quedó pasmada por lo que su padre le había dicho.

Después de un rato, Cat corrió por donde su padre se había ido, bajando las escaleras de piedra corriendo.

"Está bien, papá, ya ha sido suficiente, no quiero perderte, si te vas yo…"

Salió por la puerta principal y antes de bajar los escalones se quedó quieta, viendo a su padre a lo lejos siendo esposado por lo que reconoció un par de cazadores. Los ojos de Cat se agrandaron bastante, él había llamado por adelantado confesando todo. Los cazadores lo subieron dentro del auto. Por la ventanilla Castiel vio a su hija llorar, lo único que pudo hacer fue sonreírle levemente como hacía mucho tiempo no lo hacía.

Al ver que el auto empezó a marcharse, Cat reaccionó y corrió hacia la reja de salida intentando alcanzar el auto, algo imposible. Cuando llegó a la calle el auto ya iba muy lejos.

"… si te vas yo… me quedaré sola para siempre"

Cat entonces cayó en la cuenta que solo quedaba ella de los Ouróboros. Su padre seguramente no volvería a salir de la asociación de cazadores, su madre estaba muerta, y su hermano estaba desaparecido desde que lo dejaron libre en la asociación.

En medio del camino, ella se quedó sola, sin su familia, con una mansión antigua y unas lágrimas cayendo.

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Estaba atardeciendo cuando Avril y Kaname estaban terminando una partida de ajedrez que había iniciado desde hace una hora. La castaña estaba observando su alfil muy detenidamente y, nerviosa, lo movió para derrocar al caballo negro de Kaname. No pasó ni medio segundo cuando Kaname hizo un movimiento rápido y eliminó al alfil atacante. Avril vio el tablero y entrecerró los ojos, tenía que pensarlo mejor antes de mover otra pieza. Tomó a su reina blanca con inseguridad e iba a moverla cuando…

— No –musitó Kaname negando ligeramente con la cabeza. Av levantó la vista, mirándolo confundida –Si quitas la reina de allí el rey quedará al descubierto y podría atacarlo.

— A veces la reina tiene que salir a pelear un poco y luego regresar con el rey –contestó Avril mirándolo con astucia.

— La reina es muy testaruda –opinó Kaname provocando que Avril frunciera levemente el ceño.

— Ya verás que no –La reina blanca se movió para comer un alfil negro, protegiéndose detrás de un peón oscuro.

En esa posición Kaname bien pudo implementar una jugada para acabar con todo, pero prefirió seguirle el juego. Hizo un movimiento simple con un peón y fue el turno de Avril quien regresó a su reina blanca a su posición original, al lado de su rey.

— Te lo dije –sonrió Avril.

Kaname la observó detenidamente, con esa mirada que a veces rayaba en la obsesión. Levantó ligeramente las comisuras de sus labios que muy apenas se podía descifrar allí una sonrisa traviesa.

— No me gusta mucho este juego –opinó de repente el castaño.

— ¿Por qué? ¿Por qué te estoy ganando? –enarcó una ceja, mirándolo con diversión.

— No, porque me trae malos recuerdos, planes oscuros que se fueron al fracaso y que estoy agradecido que se hayan quedado allí.

— ¿Qué planes? –preguntó curiosa.

Kaname la observó detenidamente.

— No tiene caso traerlos a tema –se levantó de la silla, tomó el tablero de madera entre sus manos y se lo llevó.

— Kaname, ¿qué haces?

Su pregunta se respondió cuando el vampiro tiró el tablero de ajedrez al bote de basura. Tranquilamente fue hasta el armario y lo abrió, traía consigo una caja delgada y grande. La depositó en la mesa y la abrió, sacando el contenido.

— ¿Damas? –Avril enarcó una ceja viendo a su novio con peculiaridad colocando un tablero cuadrado de dos colores; negro y blanco, con unas fichas de madera.

— No te quejes, Arklay, será divertido –sonrió perceptiblemente esta vez, casi queriendo reírse por la forma en que ella lo miraba, como si fuera un loco.

— Tal parece que esas dosis de humanización te devolvieron algo de humor –dijo mientras acomodaba las fichas rojas de su parte.

— ¿Estás de sarcástica?

— Por cierto, ¿ya recuperaste tu lado vampírico? –abordó, saliéndose por la tangente –Digo, avísame si no lo has recuperado para yo también ir por el suero de Humanización –exclamó preocupada, terminando de acomodar sus fichas.

Kaname lanzó una pequeña risita por lo que había oído.

— ¿Harías eso?

— Ya lo sabes que sí, Kaname. Además, tranquilízate que ser humano tiene sus cosas buenas, aunque no lo creas. Como disfrutar la comida, respirar aire puro, salir a tomar el sol o a la playa. Pero como tú tienes a tu secta que liderar, pues mejor nos centramos en que sigas siendo vampiro, y por cierto, no respondiste a mi pregunta.

— Sí, estoy recuperando mi estado vampírico y muy pronto voy a poder salir a liderar con poder a mi secta, como tú le llamas.

Avril sonrió. Las conversaciones de ellos cada vez se volvían más de confianza, incluso a Kaname le estaba saliendo un humor algo gracioso empezando a dejar un poco atrás su actitud estoica, un humor que al parecer solo mostraba ante la joven Arklay y ella lo sabía, y ser consciente de ello la hacía sentir su corazón muy cálido. Ella lo escrutó con la mirada, el vampiro no la estaba viendo pues no había terminado de acomodar sus damas. Él era realmente atractivo. Su cabello castaño rojizo medio largo había crecido ligeramente un poco más, su piel suave había recuperado su textura, sus ojos color granate eran muy enigmáticos y más vampíricos que nunca. Sí, definitivamente después de ese fin de semana Kaname había regresado a ser el vampiro que siempre fue, era algo lógico que su regeneración fuera así de instantánea al tener vivo en él un gen vampiro tan puro y de los primeros en existir.

— ¿Sucede algo? –le preguntó Kaname, captando cómo ella lo estaba mirando.

Avril bajó su mirada enseguida, sonrojándose súbitamente al ser descubierta.

— Nada.

— Estabas mirándome.

— No –negó con la cabeza en repetidas ocasiones.

— No te estaba preguntando –sonrió de medio lado, mirándola fijamente, poniéndola más nerviosa aún.

— ¿Ah, no? –musitó haciéndose la desentendida mientras se sonrojaba. Con cuidado movió la primera dama para distraerlo, pero era imposible distraer a ese sangre pura.

El vampiro alto se levantó para sorpresa de Avril y lentamente caminó hacia ella. La joven vampira se preguntó qué era lo que tramaba ahora.

— Tienes algo en el ojo –le indicó él.

Avril se quedó ofuscada e iba a llevarse una mano al ojo cuando Kaname se lo impidió cuando de repente se inclinó hacia ella y apresó sus labios en un beso tranquilo, dejándola sonrojada y con los ojos abiertos, sorprendida ante el comportamiento de él. Dos segundos después ella cerró los ojos y apenas iba a concentrarse en su beso cálido cuando él se separó lentamente.

— Avril, tengo que decirte algo.

La joven aún envuelta en un conjunto de emociones no pudo más que mirarlo.

De repente la conversación se vio interrumpida por unos toquidos en la puerta de la habitación de Kaname. El vampiro frunció el ceño, enojado, pero Avril le sonrió tranquilamente diciéndole con la mirada que no pasaba nada.

— Adelante –exclamó Kaname con fastidio.

Fue un vampiro alto y de cabello anaranjado el que asomó medio cuerpo por la puerta de madera.

— ¡Akatsuki-sempai! –se sorprendió Avril de verlo allí – ¿Qué te trae por aquí? ¿Dónde dejaste a mi hermana?

— ¿Q-qué? –Akatsuki de repente se sintió algo nervioso y la mirada impasible del Kuran no ayudaba en nada – No sé de qué me hablas, pequeña kōhai.

— ¿Cómo… la llamaste? –inquirió el sangre pura con los ojos rojos.

— ¡Avril-sama! –rectificó Akatsuki temiendo por su vida.

— ¡Kaname, déjalo hablar! –se quejó la joven levantándose de su silla y avanzando hasta su sempai – ¿Qué es lo que sucede, sempai? ¿Acaso Nina se metió en problemas? –estaba empezando a preocuparse.

— No, claro que no. Se trata de la familia Ouróboros. Ha llegado un mensaje de la asociación de cazadores para que Kaname-sama acuda al juicio de Ouróboros Castiel.

— ¿Del padre de Cat? ¿Pero por qué? –se llevó una gran sorpresa la joven Arklay cuando escuchó aquello, sin embargo, Kaname lucía sereno, firme.

— Se declaró culpable de haber contribuido al robo del suero Humanización del laboratorio Épsilon de la asociación de cazadores, además de haber sido cómplice fundamental con Shirabuki-san y Touma-san.

— ¡¿QUÉ?! –gritó ella totalmente descolocada –Eso debe ser un completo error, él mismo vino a pedirme ayuda para que Kaname buscara a Cat, él estaba preocupado por su hija. Kaname, tenemos que ayudarlo, tenemos… -cuando Avril vio el semblante de Kaname supo lo que pasaba –Tú… ya lo sabías, ¿verdad?

— Resulta lógico, cariño. ¿Quién más que él sabía cómo burlar la seguridad del suero? ¿Quién más que él para recomendar a su propia hija para la misión de recuperar el suero robado? ¿Quién más que él para pedirle ayuda a la mejor amiga de su hija, sabiendo que ésta tiene por novio al rey de los vampiros? Todo fue un excelente plan, de quién de los tres, no sé, pero mis instintos me dicen que quien planeo todo fue Ouróboros.

— Y Cat estuvo muy seria el viernes antes de irse a su mansión, ¿será… que ella ya lo sabía todo?

— Catherine estuvo a punto de morir por asfixia en Europa, así que dudo que ella sea parte de la confabulación, además…

— ¡Por supuesto que no estoy dudando de mi amiga! –se enfadó – ¿Y cómo está eso de que casi moría por asfixia? ¡Creo que Zero y tú olvidaron comentarme eso!

— Lo siento, no quería preocuparte, además Catherine ya estaba bien.

— Lo importante es que está bien –se calmó – Lo que quería decir era que después de que volvieron de Europa, tal vez Cat se enteró de todo lo que hizo su padre, tal vez por eso estaba de mal humor y hasta un tanto… triste.

— Tome –El vampiro le dio un sobre negro donde venía la información sobre el juicio del Ouróboros –Con permiso.

— Quisiera saber dónde vive para visitarla –dijo Avril – ¿Tú no sabes donde vive, Cat?

— No –mintió, seguro de sí mismo.

— No queda más que volverla a ver en la Academia. Me gustaría ir a buscar a Zero para informarle todo esto, seguramente él sí sabe dónde vive Cat.

— Avril, ¿podrías ir otro día? Hoy en la noche preparé algo especial y me gustaría que no hiciéramos planes ninguno de los dos.

— Pero Cat…

— Avril, ¿desde hace cuánto tiempo que no hemos tenido tiempo para nosotros? –se quejó con ese aire imponente pero pasivo que lo caracterizaba –Pasamos lo de Hinoto, la conversión de tu hermana, tu casi muerte, estuvimos distanciados por un mes, luego siguió lo del suero con Castiel, Shirabuki y Touma, mi recaída, ¿y ahora la chica Ouróboros?

— Se llama Cat –puntualizó, enojándose –Y es nuestra amiga…

— ¿Nuestra? –levantó una ceja.

— Muy bien, ¡ahora sí ya me hiciste enojar! –frunció el ceño y se dirigió rápidamente hacia la puerta con la intención de salir pero antes de que terminara de abrir la puerta, Kaname ya estaba detrás de ella y con un movimiento rápido cerró la salida.

— Avril, escúchame…

— ¡No, tú escúchame! No te permito que seas así de egoísta, Nina es mi hermana y Cat mi amiga, hablaste de ellas como si fueran obstáculos y eso sí que no te lo permito, Nina podrá ser descuidada y Cat parece odiarte pero yo sé perfectamente que ellas no dudarían en dar la vida por mí ni por un segundo y estarían dispuestas a ayudarte hasta en lo imposible si yo se los pidiera. Si no estás dispuesto a darme tiempo de preocuparme por ellas entonces creo que no voy a servirte mucho de reina vampiro.

— Creo que ellas son lo suficientemente maduras como para resolver sus problemas. Yo tenía pensado que nosotros podríamos irnos…

— ¡Óyete! –le gritó ahora sí muy enojada – ¿Irnos? ¿A dónde, Kaname? ¿Siquiera te has puesto a pensar que mi padre no sabe absolutamente nada de esto? ¿Y qué pasa con Cat? Su hermano está prófugo y su padre en la cárcel, no tiene a nadie. Además está Nina, aún no es completamente humana y tengo que asegurarme de que al menos a ella papá la encuentre humana.

— De acuerdo, tal vez fui un poco egoísta.

La chica lo vio sin poder creer lo que escuchaba.

— Tienes un gran problema, chico egocéntrico –refutó abriendo la puerta con tal fuerza que incluso la arrancó de las bisagras, en otro momento aquello la habría sorprendido pero esta vez solo dejó caer la puerta y se fue de allí sin decir nada ni voltear hacia atrás, sin embargo, como siempre, Kaname la siguió desde las sombras oscuras de la noche.

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El día más odiado por los alumnos había dado inicio. La luna llena estaba plateada y en lo alto del cielo, mostrando todo su esplendor, su brillo lunar que tanto hipnotizaba a los alumnos nocturnos de la Academia Cross. Una castaña clara en particular veía aquél satélite natural místico desde un ventanal del pasillo mientras esperaba a que la llamaran.

— Oye, tú –le habló una voz de ultratumba, un hombre vestido de traje oscuro y cabello castaño oscuro medio ondulado, con ojos lapislázuli –Ya puedes pasar a presentarte –le indicó.

La nueva alumna de la clase nocturna entró al salón lleno de vampiros con el pulcro uniforme blanco del instituto. Todos la vieron con curiosidad mientras la chica se posicionaba al frente del pizarrón verde.

— Buenas noches, compañeros. Mi nombre es Sakurata Vanessa, estaré acompañándolos en las clases… y antes de que vayan a decirlo…

— ¡Tú estabas en el ejército…! –gritó un vampiro furioso.

— De Kohinata Hinoto, lo sé –se adelantó ella –Discúlpame, Akatsuki-sempai.

El vampiro de cabello de calabaza se quedó extrañado de que la chica esa supiera su nombre, era sumamente extraño, pues él era muy callado y rara vez se relacionaba con mucha gente como para que su nombre fuera de dominio público. Los ojos rojos y amenazantes de Akatsuki se encendieron enseguida y se levantó de su asiento, mirando a la recién llegada con una furia indescriptible.

— ¡Tu estúpido y maldito ejército asesinó a mis dos únicas personas importantes! ¡Así que no me pidas disculpas porque no creo poder perdonarte, maldita inpura! –con ferocidad tomó impulso y avanzó rápidamente hacia el frente con un único objetivo en su mente: asesinar a esa vampira nueva, por Ruka, por Aidou. Estaba a punto de llegar a ella, a punto de desgarrarla cuando, de repente, sintió unas pequeñas manos sobre su abdomen, interponiéndose justo a tiempo. Apenas Akatsuki vio de quién se trataba y paró su ataque en seco lo más rápido que pudo con tal de no lastimarla, aunque no supo por qué le importó, simplemente por inercia se detuvo enseguida –N… Nina –declaró confundido, viéndola a los ojos.

— ¿Qué crees que haces, chico vampiro? –inquirió Yagari-sensei con una actitud fría – Nina, ¿por qué no llevas a Akatsuki a dar un paseo para que se calme?

— Hai, Yagari-sensei –asintió y tomó la mano del pelinaranjo, estirándolo contra su voluntad hacia la salida del salón.

— Muy bien, jóvenes, vamos a intentar llevar la clase en paz, ¿sí? –ordenó Yagari viendo a todos con sus fríos ojos lapislázuli –Sakurata, siéntate en el primer asiento frente a mi escritorio, Hiriya por favor cédele tu lugar.

— ¿Por qué le tengo que ceder mi lugar a una inpura? –se quejó la rubia con gran molestia pero finalmente obedeció.

Sakurata no la pasó menos mal en toda la clase. Sus compañeros la miraban como una criminal cuando ella simplemente había querido pertenecer a algo. Ella no había pedido ser convertida en vampira, se sintió tan sola cuando se dio cuenta de lo mal que estaba su familia vampírica y ahora solo quería encontrar un lugar donde fuese aceptada, pero al parecer nada bueno le auguraría en esa Academia. Se concentró un poco y vio una visión, fue entonces cuando supo qué hacer.


Antes de entrar en las notas de autor y explicar algunas cosas del capítulo, quiero pedir DISCULPAS! DX Ha sido una desaparición de mi parte muy horrenda, lo sé y lo lamento TTwTT La verdad es que la primera mitad del capítulo se fue escribiendo demasiado lento entre los últimos meses del 2014 y principios del 2015, finalmente en Abril-Mayo 2015 me puse a ver capítulos de VK y de hecho me leí el fic completo dos veces enteras para afianzarme bien a lo que sería escribir la segunda mitad del capítulo. Aparte de actualizar estoy editando los primeros capítulos añadiendo ortografía y demás, no he andado tan floja, jeje.

Y le quiero agradecer mucho a LuKuran y SaikaMidou por haber dejado review en el capítulo anterior, espero que no me odien tanto chicas n_n°

El próximo capítulo llevará por título: Reina vampiro por siempre II y después de allí brincamos al tan esperado Epílogo. Voy a ponerme a bocetear al menos para que no se me haga tan pesado, ya falta poco así que le voy a echar todas las ganas! O sea que me voy a esforzar, para los que no entiendan mi expresión XD

Sin más que agregar por el momento me despido agradeciéndoles su enorme paciencia para conmigo, chicas, son geniales *llora y les pone un altar porque las quiere mucho*

Cuídense mucho! Y gracias por leer!