Disclaimer: La soberana de Vampire Knight es la señora Matsuri Hino, yo solo hago esto sin fines de lucro y lo de siempre, la trama y los personajes OC son míos de mí.
Kill me please, kill me slowly… jaja Bueno, el punto es que aquí está la actualización después de mucho y… ¡Me disculpo! La verdad es que me perdí entre vacaciones de verano, situaciones familiares, regreso a clases, tareas, tareas, tareas, tareas, exámenes, exámenes, exámenes, tareas, tareas, tareas, etcétera.
Muchas exclusivas gracias a las hermosas que me dejaron reviews, rei, sei, ren, nati, ada y ryo, rytin Guest del 11 de octubre. Me disculpo con ustedes por tanta tardancia, en verdad no se lo merecen. Y les doy las gracias por dejar review y hacerme saber que les gusta el fanfic. Espero que les guste este capítulo porque es para ustedes con mucho harto amor X3
No interrumpo más y les dejo el capítulo.
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QUEEN VAMPIRE
Por Lu Kyoraku
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Capítulo 22: Reina vampiro por siempre II
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A paso veloz iba una señorita vestida con el uniforme blanco de la academia Cross. Estaba atravesando el puente que iba hacia el edificio de clases para después de allí ir hacia la salida del instituto. Había buscado a Zero pero no lo encontró para que le indicara una dirección, sin embargo, había llamado a Rima Touya y ésta le había proporcionado la información necesaria para llegar a la mansión Ouróboros. Recorrió por fin los jardines del edificio de clases cuando se sintió observada por miles de ojos. Sin dejar de correr volteó hacia el cielo oscuro y se dio cuenta de que la seguían cientos de murciélagos negros a donde iba. Solo un nombre pasó por su cabeza cuando vio aquellos animales nocturnos. Se sintió culpable de haberse peleado con él pocos minutos antes pero siguió su camino hasta que la interrumpieron. Los murciélagos negros le taparon el paso, se unieron todos juntos frente a la reja de salida hasta formar una figura humanoide. Un caballero vampiro apareció entonces, con un pantalón de vestir color negro y una camisa blanca desfajada, con los primeros cuatro botones abiertos.
Avril se detuvo enseguida al verlo allí y respiró con nerviosismo.
—Ya he tenido suficiente –declaró con voz ronca y viéndola fijamente –Y lo sabes, Avril Arklay. Tú sabes todo lo que he pasado por esperarte.
Un viento helado de repente corrió por allí, revolviendo los cabellos medianos de Av y los de Kaname. El ambiente estaba tenso. Kaname la veía con esa mirada especial que él ponía cuando necesitaba la total atención de una persona. La joven vampira no pudo ni siquiera moverse o respirar.
—No puedes abandonar ésta academia ni tampoco puedes abandonar el espacio que hay a mi lado… amor. Avril, ¿en qué quieres convertirte para estar conmigo? –la miraba con los ojos empequeñecidos y llenos de una misteriosa oscuridad.
Ella estaba callada mientras lo escuchaba. Se tardó unos diez segundos en poder procesar esa pregunta y responderla adecuadamente. Era verdad. Av sabía lo que él había pasado por encontrar a alguien como ella así como también conocía en lo que tenía que convertirse para sellar su existencia junto a la de él por el resto de la eternidad. Lo sabía y él no quería que huyera más.
—En la reina. En la reina vampiro –su voz era suave y pequeña, como si la estuvieran regañando.
—Así es. Y una reina vampiro se preocupa por los vampiros, no por los humanos. Mientras la comunidad vampira esté bien y no se encuentre en problemas, la reina no tiene por qué moverse del trono que está al lado del rey. Como el ajedrez, ¿recuerdas?
El ajedrez. El rey y la reina siempre juntos. Y la reina nunca se mueve a menos que alguien importante de su reino peligre o alguien cruce el perímetro del reino. Y en ese momento no había peligro alguno, al contrario, los problemas se habían resuelto y todo estaba tranquilo en la comunidad vampírica.
—Pero…
—¿Pero? –la interrumpió Kaname, levantando una ceja.
—¿Y qué pasa con Cat? ¿Qué pasaría con Nina y… mi padre?
—Ellos tienen sus vidas como humanos. Catherine tendrá a Zero. Nina tendrá a Akatsuki, él es bueno, lo prometo. Y tu padre tiene sus empresas y su mundo de los negocios, ¿no? Estarán bien. Pero eso no parece ser suficiente para ti, quieres estar en sus vidas a como de lugar porque eres insegura. Por eso vas a elegir esta noche –Kaname se hizo a un lado, dejando la reja de salida al descubierto. Levantó una mano y con la palma abierta la invitó a seguir su camino –Si quieres el mundo vampiro, quédate conmigo. Si quieres el mundo humano, puedes irte, pero no podrás ser una digna reina vampiro jamás. Es tu decisión.
—¿Por qué me pones en esta encrucijada? –se entristeció.
—Porque no puedes pertenecer a dos mundos.
El joven atractivo de semblante serio empezó a caminar lentamente hacia ella, mirándola fijamente a los ojos. Av creyó que le haría algo, una caricia, un beso, pero no. Él pasó de largo y siguió caminando. Ella se giró y lo vio partir, observó su espalda ancha alejarse. Entonces volvió a mirar la reja de salida y después hacia Kaname, y repitió el proceso unas tres veces.
Su corazón no estaba para nada dividido.
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Así es la vida. Cuando creías que nada podía ir peor, una situación inesperada te sorprendía, mostrándote que a veces hay vientos tan fuertes a los cuales debes enfrentarte, la vida te muestra que no des nada por hecho. Que definir es limitar.
Su cabello negro que usualmente llevaba recogido estaba ahora suelto y despeinado contra la almohada blanda mientras un poco de agua salada salía de sus ojos negros. Y con fuerza apretaba los puños, intentando detener su llanto porque no le gustaba demostrar su debilidad, pero era imposible para ella porque el vacío que sentía dentro de sí misma era tan grande que lograba estirarla a un gran abismo de dolor.
Su madre se suicidó. Su hermano no volvió. Y ahora su padre estaría encarcelado tal vez por el resto de su vida, pues haber puesto al rey vampiro en peligro no le iba a salir nada barato.
Y ahora lo único que tenía era esa vieja y gótica mansión de color gris y ventanales enormes por donde se filtraba la plateada luz de la luna que recién estaba asomándose en el horizonte. Muchas veces el mayordomo viejo de la familia había tocado la puerta, anunciando que traía comida y que la dejaría en la mesita rodante por si tenía hambre, más ella jamás respondió, no quería ver a nadie.
Había pasado todo el día entero encerrada en su habitación sin despegar el cuerpo de la cama. No quería salir, no tenía ganas de nada más que de rebobinar el pasado en su mente, en un tiempo donde alguna vez tuvo una familia unida. Donde Kekai estaba sana, donde Castiel era un padre más o menos amable y donde Gabriel era su hermano y estaba con ella.
Unos leves toquidos en la puerta le anunciaron que tenía visitas, y supo que no era el mayordomo, pues él tocaba más fuerte. Los toquidos de esa noche eran suaves y casi inaudibles, tímidos. Ella no respondió, sin embargo siguieron llamando a su puerta con insistencia casi por quince minutos. Parecía que alguien quería verla y no se iría de allí hasta que la misma Catherine abriera la puerta.
—No quiero ver a nadie… -respondió con la voz cansada desde su posición –Lárguese.
A modo de respuesta, la puerta volvió a ser levemente golpeada. Fue la mecha que encendió el infierno. Catherine frunció el ceño y profirió un par de maldiciones groseras. Se levantó hecha una verdadera furia y caminó a pasos agigantados hacia la puerta, abriéndola con rapidez y de mal modo.
—¡¿Por qué no me dejas de molestar?! –gritó cabreada pero luego su expresión se volvió de sorpresa y confusión al ver allí a un joven alto que ella mejor conocía como Zero. La señorita de pijamas blancas que consistían en un camisón largo dio un par de pasos hacia atrás para alejarse del vampiro que estaba frente a ella.
—¿Tú qué haces aquí? –inquirió a la defensiva – ¿Justo en este momento esperas una noche de acción? –se cruzó de brazos sin dejar de fruncir el ceño ni por un milímetro.
—Deja tu ridículo sarcasmo a un lado –contestó Zero sin un ápice de humor –Vine para saber cómo estás.
Cat puso los ojos en blanco y bufó al mismo tiempo, girándose para irse sentar en una silla que estaba al lado de la cama.
—¿Nada más para eso vienes? ¡Estoy bien, como puedes ver! Así que vete porque estoy de un pésimo humor para visitas nocturnas.
—Sí, ya lo noté que estás de un humor de los mil demonios –musitó Zero sentándose en la orilla de la cama.
Cat se quedó viendo hacia otro lado mientras el joven peliplateado la observaba preocupado y a la vez intentando no ahorcarla, porque vaya que cuando se trataba de no mostrar debilidad Cat se ponía insoportable.
—Ya me enteré de lo de tu padre, Cathy.
—¡No me digas, Cathy! ¡Sabes que lo odio! –gruñó sin verlo.
Zero lanzó un suspiro de cansancio. "Dame paciencia, kami-sama", pensó mirando hacia arriba, "Bien, aquí vamos otra vez".
—De acuerdo… Catherine –remarcó su nombre completo –Solo quiero decirte que siento lo de tu padre. Nos enteramos de la verdad en la Asociación de Cazadores, sobre… sobre que te usó –estaba tocando temas muy sensibles y sabía que en cualquier momento Rángiku podía salir del brazo de Cat y rebanarle el cuello, así que estaba muy precavido. Pero lo que pasó fue algo que n se esperó ni por absolutamente nada.
Una lágrima resbaló del ojo izquierdo de la señorita Ouróboros.
Zero se hizo para atrás y abrió grandes los ojos.
—He intentado odiar a ese idiota –confesó con la voz llena de resentimiento sin poder ver al Kiryu –Pero no puedo –se mordió el labio inferior buscando estabilizarse.
—No puedes odiarlo. Es tu padre, Cat.
—Oye –dijo con voz más tranquila mientras se limpiaba la única lágrima con el dorso de una mano. Se levantó de la silla y caminó hasta posicionarse frente a él. Zero la miró sorprendido y a la vez expectante de lo que ella haría. Estaba demasiado cerca del pecho de ella que incluso pensó en hacerse a un lado y decir que iba al baño, pero entonces Cat le tomó el rostro con ambas manos y lo miró fijamente. Sus ojos negros en conjunto con su un poco desarreglado cabello liso y largo le pusieron nervioso. Tragó saliva duramente –Yo no… Yo no… -y empezó a ponerse sonrojada.
—¿Tú no… qué? –apenas pudo hablar, pues la voz se le hacía ronca y la garganta le dolía.
—Yo no te agradecí por salvarme, ¿o sí? –confesó, preocupada.
Zero sonrió de medio lado, más tranquilo.
—Pensé que ibas a decirme otra cosa.
—¿Qué otra cosa? –se confundió.
—Eres una tonta, Cathy –la abrazó por la cintura y la atrajo hacia él con fuerza.
—Ze… Zero –tartamudeó al sentir la mejilla de Zero contra su pecho y sus brazos rodeándola, pero después lo vio tan tranquilo, tan en paz que ella no pudo evitar sentir ternura por él.
Él estaba solo. Lo estuvo por mucho tiempo.
Y ahora ella estaba sola. Ahora sabía lo que era no tener a nadie de tu familia.
"Debiste sufrir mucho", pensó mientras lo abrazaba contra sí misma.
—Zero, gracias.
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Noches después…
La luna creciente colocada en el cielo nocturno brillaba en todo su esplendor, incluso parecía lanzar miles de destellos plateados hacia la tierra por lo luminosa que se encontraba. Era ella la soberana de la noche, la reina de la oscuridad que era bella entre la negrura del día muerto*, la guía de los perdidos de la noche, un objeto alto e inalcanzable. Aquél mítico astro se encontraba siendo observado por un par de ojos cafés, una joven castaña que llevaba su cabello poco más debajo de los hombros y que además lo tenía semi-ondulado. Su pulcro vestido negro de tirantes delgados le acentuaba la figura y la hacía lucir como un ser fuera de ese mundo. A la luz plateada del asteroide de la Tierra se veía misteriosa, parecía una persona que guardaba un siglo de secretos.
—Avril –una voz grave y serena la llamó, despertándola del trance en el que la había metido aquella luna grande y brillante. La joven volteó hacia el hombre que la llamaba, él al igual que ella iba vestido elegantemente, con un traje negro que le quedaba perfecto –¿Estás lista?
La joven lo observó como no entendiendo lo que él le decía, pero después de un par de segundos asintió suavemente y se levantó del alfeizar. Caminó con pasos decididos hacia el castaño alto y éste le extendió la mano para que ella lo tomara. Avril aceptó el gesto amablemente, entonces ambos caminaron hacia afuera de la habitación.
La señorita Arklay fue testigo de la multitud de personas que hablaban entre ellas, acompañadas por una música clásica y choques de copas de champagne costoso. Los observó intentando no hiperventilar ni sentirse nerviosa. Kaname ya le había explicado todo lo que tenía que hacer, además le aseguró que estaría a su lado en todo momento. Avril replicó un poco pero entendía que era necesario.
Bajaron lentamente por las escaleras que llevaban a la primera planta y fue ese momento en que la música agradable paró y las voces se callaron, y los ojos hermosos, absolutamente todos, dejaron lo que estaban haciendo para contemplar con detalle a la pareja que se detenía en mitad de las escaleras.
—Buenas noches a todos –se dirigió Kaname hacia los presentes –Les agradezco que hayan podido encontrar el tiempo necesario para asistir a este baile de presentación especial del que ustedes saben cuál es el motivo principal: presentar a mi prometida ante la sociedad vampírica. Ella es una persona que logró mostrarme que la vida sigue a pesar de que nos caemos a veces. Por favor, denle un entrañable aplauso a Avril Arklay.
Los presentes no tardaron nada en desvivirse en aplausos para su nueva futura reina vampiro. Kaname se hizo a un lado para que fuera Avril quien capturara toda la atención. Una nerviosa Arklay observó a todos los invitados del baile y no tardó en ver caras conocidas de repente.
Por ahí se podía distinguir a una sonriente Nina tomada del brazo de Akatsuki, también estaban una extravagante pero hermosa Rima de la mano del guapo Shiki. Los demás miembros de la clase nocturna estaban en primera fila para ver a su compañera de clase decir su discurso. El director Cross estaba bebido y entre Yagari y Seiren intentaban contenerlo divertidamente para que no hiciera alguna locura. Sakurata Vanessa estaba a la mitad, dedicándole una sonrisa serena. Así que no habían venido. Ella tenía todo el derecho de no asistir, pues no había ido a verla ningún día porque su preparación como la próxima Queen Vampire la había ocupado todo el tiempo.
—Yo… -sus ojos viajaban nerviosos entre los invitados, tanto vampiros como algunos cazadores consagrados que habían asistido, tanto por su importancia en la sociedad como para brindar control y seguridad en el evento. Y de repente, allí estaban. Al último, en el fondo había una mata peliplateada y una pelinegra. Una cara inexpresiva de ojos malva y una sonrisa de medio lado en la cara de la joven de vestido corto y purpura. Cat le guiñó un ojo para animarla y Zero le dedicaba una mirada aburrida que a leguas decía "Ya me quiero ir de aquí". Avril sonrió. Ahora se sentía más tranquila. Todos estaban allí. Tomó un momento para aclararse la garganta y luego miró firmemente a los presentes –Yo soy Avril Arklay. Fui antes una humana y ahora soy un vampiro. Puede que no les agrade tener una reina vampiro que no es al cien por ciento sangre pura, pero les diré algo, esos pensamientos son del siglo pasado –Kaname sonrió conteniendo una risilla ante la ocurrencia de su prometida mientras los sangre puras y los nobles se veían entre sí, como sorprendidos –Voy a ser su nueva Queen Vampire no porque lo quiera, no porque quiera poder ni personas que me sigan o me teman, simplemente voy a ser su reina porque quiero estar al lado del rey, porque quiero estar con Kaname Kuran hasta el final de mis vampíricos y eternos días. Si eso no es impedimento, por favor… ¡Déjenme cuidarlos! –argumentó y se agachaba un poco en una reverencia.
Los vampiros se quedaron anonadados ante tal muestra de respeto y después el recinto se llenó de aplausos suaves y alguno que otro loco (el director y Nina) que gritaba "¡Avril Rules!".
Aplausos, muchos aplausos para la nueva Reina Vampiro.
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El joven del cabello plateado se acomodó el ajustado smoking negro que llevaba puesto mientras veía de reojo a la pequeña chica que estaba a su lado. Ella veía a lo lejos a su amiga perdida entre la multitud de vampiros que la rodeaba para saludarla. Ahora todos querían conocer a esa joven llamada Avril Arklay que había cautivado el corazón del indomable Kaname Kuran.
—Cat –la llamó Zero y ella volteó a verlo –Ella ya tiene su mundo –musitó mientras tomaba la mano de su novia y la estiraba rumbo a la salida, era un baile para vampiros y algunos importantes cazadores, no le veía el caso quedarse allí, solo estorbarían, pues como conocedor del mundo vampiro al que una vez perteneció, sabía que Avril al lado de Kaname ya no iba a socializar mucho con humanos, pues iba a tener nuevos deberes, por eso quería alejar a su pelinegra de allí lo más pronto posible. La Ouróboros volvió a ver a lo lejos mientras se dejaba arrastrar y luego cruzó una mirada con Nina Arklay a distancia, quien estaba alejada de la multitud junto a Akatsuki.
Por raro que parezca, Nina le dedicó una sonrisa de agradecimiento a Cat. Fue amable, lo que dejó sorprendida a Cat, pero la cazadora no tardó en alzar la mano y dirigirle un gesto de "adiós". Pudieron haber sido buenas amigas, pensaba Cat, y tal vez lo fueron. Había sido divertido pelear con esa vampira celosa que al parecer ya había vuelto a ser humana, y le alegraba que hubiese encontrado a alguien como Akatsuki para ella.
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—¡Mucho gusto en conocerla! Sabemos que será una gran autoridad en el mundo vampiro –le decía una pareja feliz mientras Avril les sonreía amablemente, pero con la mirada perdida, buscando a la pareja humana que hace unos minutos había visto en el fondo.
—Son palabras muy amables, gracias –contestaba la Arklay con educación, sujetando el brazo del vampiro alto que no se despegaba de su lado; Kaname. Continuaron caminando por la pista, saludando con la mano y todos sonrisas.
—¿Qué tal voy? –le susurró en el oído, de puntitas, y Kaname le ayudaba agachándose un poco. El castaño sonrió de medio lado y le besó la frente dulcemente.
—Tranquila, lo estás haciendo bien –le aseguró.
El tiempo pasó y ellos seguían saludando y caminando hasta que llegaron por fin a donde se encontraban platicando Nina, Akatsuki, Kaien Cross, Yagari y Seiren al lado de la mesa de bocadillos.
—¡Nee-chan! –la abrazó Nina y Avril sonrió feliz –Tu presentación ha sido excelente, ¡Felicidades!
—¡Felish cumpleañosh! –anunció el director Cross sumamente alegre, con las mejillas arreboladas de tanto beber vino del bueno.
—Gracias, director… creo –sonrió Avril.
De repente la música clásica volvió a iniciar suavemente y los invitados empezaron a bailar en la pista.
—Amigos… yo voy a ir a… a danzar –farfullaba el director al mismo tiempo en que hipaba gradualmente, y entre tambaleos se fue dirigiendo hacia el baile.
—¿Vamos? –musitó la seria Seiren al hombre de mirada azul cobalto. Yagari a modo de contestación tomó su mano y ambos se dirigieron a la pista.
—Qué bonita pareja –opinó Nina viéndolos bailar lentamente.
—Y pensar que Yagari-sensei no soportaba a los vampiros –acotó el pelinaranja; Akatsuki –¿Vamos? –invitó a Nina extendiéndole la mano. La Arklay menor aceptó y fueron a ser parte de las personas que bailaban una pieza de Debussy.
Avril miró a su alrededor y sonrió. Después miró a Kaname quien se encontraba observándola con una mirada serena. Por primera vez en mucho tiempo lo veía sin preocupaciones ni temores, sin demonios del pasado que lo abrazaran por la espalda, sin recuerdos dolorosos de chicas castañas que lo habían abandonado a su suerte. Por primera vez en siglos, Kuran Kaname estaba en paz y había una joven bella a su lado con quien podía compartir la eternidad pacíficamente, alguien que estaba completamente seguro que no lo abandonaría jamás porque incluso ese ser había sacrificado su humanidad, su vida y su mundo por pertenecer a Kaname, y eso no cualquiera. Solo ella.
—¿Qué sucede? –inquirió al ver que Avril lo veía fijamente.
—Nada –negó con la cabeza –¿Quieres bailar? –la invitó caballerosamente.
—Claro –asintió.
Y ese fue el primer baile oficial entre el Rey vampiro y la Reina vampira.
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Humana que se convirtió en vampira, y no en cualquiera. En la reina vampiro. Una reina con corona de oro. ¿Cómo pensaba ahora abandonar el mundo humano? ¿Lo abandonaría completamente todo por Kaname? Eso incluye su humanidad, lo cual ya ha hecho al no elegir el suero de humanización. Ha de dejar también a sus queridos humanos, lo cual consiste también en su padre y en su hermana menor.
¿Cómo le dirá a su padre que el amor de su vida es un vampiro y que en el proceso de enamoramiento él la ha hecho presa de la noche eterna?
Eso nunca lo pensó Avril Arklay.
Jamás en la vida le pasó por la mente que tendría que enfrentarse a ese momento tan difícil, bizarro y doloroso en el que tendría que decir adiós.
Un lazo más que debía cortar.
Avisaron juntos a la secretaria rubia que estaba allí, que era urgente ver al señor Arklay, y la señorita amablemente habló por teléfono algunos segundos y después les dio el pase a la oficina del presidente a la pareja recién llegada.
Con sumo nerviosismo, la castaña tomó el pomo de la puerta y lo giró. No había visto a su padre desde que inició el semestre en la Academia Cross. Ciertamente no era su padre, no tenía por qué darle explicaciones, en realidad era su padrastro, el hombre con el que su madre se casó por segunda vez y que juntos le dieron a su hermana menor; Nina. La mano grande y firme de Kaname la sintió en el hombro, le estaba diciendo con ese gesto que él estaba allí, que Avril no estaba sola. Se sintió más tranquila y entonces pulsó la puerta hacia adentro y vio detrás del escritorio a un guapo hombre de traje negro y corbata azul marino. Su espalda era firme y derecha, a pesar de que ya pasaba los sesenta años, siempre fue un hombre muy fuerte y musculoso. Era incluso más alto que Kaname, y la bien marcada anatomía lo convertía en un hombre maduro muy atractivo. Sus ojos de color chocolate eran amables y benevolentes, se le notaba en cuanto miraba a las personas, y su cabello grisáceo estaba aún en su lugar, corto y sin nada que le faltara. Tenía una barba gris en forma de candado, lo que lo hacía lucir muy bien.
El famoso empresario Leo Arklay alzó la mirada en cuanto la puerta de su oficina fue abierta por la joven. Por un momento el señor Leo sonrió, aunque dejó de hacerlo al ver la expresión preocupada de Avril y a un extraño al lado de su hija mayor, porque para él Avril era muy hija de él como lo era Nina.
—Cielo, ¿sucede algo? –se levantó preocupado –¿Nini se encuentra bien? –preguntó por su pequeña hija, utilizando el apodo familiar de Nina.
—Oh, claro, claro –se apresuró a clarificar Avril –Todo está perfecto con ella y conmigo, papá. Solo vine para presentarte a alguien y para… para hablarte de algo.
—Vamos, dime rápido, no me asustes, linda –Leo avanzó hacia su hija y enseguida ambos se dieron un pequeño abrazo. El padre besó la frente de su hija y después miró al joven que la acompañaba. Pese a lo que Kaname se esperaba, Leo le sonrió y lo saludó de mano, preguntándole que cómo estaba. Así era el señor Leo, siempre trataba bien a las personas, jamás se dejaba llevar por especulaciones o primeras impresiones –Pasemos a la sala –Había en la oficina una pequeña salita elegante al lado, con tres sillones largos, una mesa de centro que tenía galletas, y demás golosinas, y atrás de un sillón había una mesa y un estante donde se guardaba lo necesario para hacer diferentes tipos de café –¿Quieren algo? –preguntó mientras él mismo se servía un vaso con agua y dos hielos. Los jóvenes respondieron educadamente que no, pues estaban bien así.
Leo se sentó frente al sillón de su hija y su amigo, atento a escuchar lo que tenían qué decírle.
—Antes que nada, señor, yo soy Kaname Kuran, el presidente de la clase nocturna de la Academia Cross, y compañero de estudio de la señorita Arklay; su hija. Permítame adelantar el tema antes de que piense mal de mí, señor. Por favor, no se deje llevar, sé lo que debe estar pensando… pero déjeme responderle que no es así. Sé que es raro que dos jóvenes como nosotros vengan a verlo así de repente, por eso mismo permítame informarle…
—Kaname quiere decirte que no estoy embarazada –lo interrumpió Avril cansada de tanto discurso, y resumiendo lo que su novio quería decir.
—Yo jamás pensé en eso –exclamó Leo con una sonrisa –Pero gracias por informármelo, chicos.
Kaname y Avril se sintieron un poco sonrojados ante la situación, pero siguieron adelante.
—Bien, papá, antes que nada, ¿tú crees en los vampiros?
Aquella pregunta pareció descolocar un poco al señor Arklay, pues perdió su sonrisa coqueta y los vio confundido y preocupado.
—¿Nini se ha unido a algún tipo de secta oscura anti-religiosa? –inquirió con los ojos empequeñecidos.
—No, papá –se rió Av ante la ocurrencia de su señor padrastro.
—En realidad fue Avril –acotó Kaname con semblante frío. Avril casi se atragantó con su propia risa mientras que Leo lo único que podía hacer era mirarlos aún más confundido de lo que ya estaba.
—¡Kaname! ¡Déjame explicárselo yo! –se enfurruñó la castaña del cabello corto –Como te decía, papá. Necesito que me respondas si crees en los vampiros. Sabes lo que son, ¿cierto? Es decir, ese mito es muy conocido.
—Avrilita –la llamó su padre –Tú sabes que yo les he inculcado fieramente que los mitos tienen algo de verdad.
—¿Pero realmente crees en los vampiros? ¿En personas que viven eternamente y se alimentan de sangre?
—¿A qué quieres llegar con esto, Avri?
—Bien, papá, no daré más vueltas al asunto. Quiero que sepas la verdad. Papá, sé que sonará lo más raro y ridículo del mundo, pero créeme cuando te digo que yo, Avril Arklay, fui convertida bajo mi consentimiento en… en… -veía los ojos de su padre. No podía hablar más.
—En vampiro –completó Kaname con su voz tranquila, luciendo pacífico, contrario a Avril quien estaba totalmente asustada por el hecho de que su amado lo dijera como si se tratara de cualquier cosa.
En seguida, Avril volteó a ver el rostro de su padre. Los ojos del señor Leo estaban más abiertos de lo normal, las cejas enarcadas con sorpresa y la boca entre abierta. Los ojos del humano miraban a Kaname con curiosidad y después pasaron a su hija, como preguntándole con la mirada quién era ese loco.
—Yo… padre… es verdad –confesó.
La carcajada de Leo Arklay no se hizo esperar. Era una escena de lo más sub normal que le estuviera diciendo su hija adoptiva que era un vampiro. No podía creerle, por más que Leo les inculcó a sus hijas que los mitos tenían algo de verdad, no podía procesar el hecho de que Av era un vampiro. Era ilógico. Ella siempre mantuvo sus pies plantados en la realidad muchísimo más que su hermana Nina.
Sin embargo, la seriedad del joven acompañante y Avril preocupada hicieron que su risa se detuviera y los observara con confusión.
La joven castaña se levantó y dio un par de pasos hasta su padre. El hombre se le quedó mirando sin decir nada. Ella abrió la boca y su padre vio sus labios normales, pero después de unos segundos unos blancos y puntiagudos colmillos femeninos empezaron a sobresalir de su dentadura superior.
Leo estaba anonadado ante lo que sus propios ojos presenciaban en ese momento. Eran colmillos. Colmillos de verdad que su Avril había sacado. Él se levantó del sillón y una vez que estuvo de pie… se vino abajo. Cayó de rodillas frente a ella con los ojos abiertos a su máxima expresión sin poder despegar su mirada de su hija.
—Padre… por favor, no me tengas miedo –dijo Avril suplicante al ver el estado tan desencajado en el que su padre tenía su rostro maduro –Papá… soy yo –se arrodilló frente a él y Leo se hizo para atrás rápidamente, asustado, sintiendo que su corazón latía acelerado por lo espantado que estaba.
—Avril –esta vez fue Kaname quien abandonó su asiento y se colocó detrás de su novia, poniéndole una mano sobre uno de sus hombros –Deberíamos irnos.
Él tenía razón, por más que le doliera a Avril aceptarlo, tenían que irse. Al menos su padre ya sabía lo que era ella.
—Perdóname, padre –cerró los ojos y una lágrima escapó de su ojo derecho –Perdóneme, Leo-san. Usted se hizo cargo de mi madre y de mí, e incluso me dio una hermana maravillosa; Nina, me pidió usted que lo llamara padre y siempre, siempre me dijo que yo era su hija. Jamás hizo distinción alguna entre Nina y yo. E incluso después de que mi madre murió, usted siguió cuidando de mí, a pesar de que no tenía ninguna obligación. Usted me dio un hogar –su voz empezaba a volverse quebrada, pero luchó por seguir hablando –Usted me dio una familia. Y ahora ya no puedo estar dentro de los Arklay, porque ustedes; Nina y Leo-san, son humanos y yo ya no lo soy más. Soy un ser diferente. Lamento abandonar a la familia, pero… yo creo que he encontrado mi lugar al lado de él –le tomó la mano a Kaname con fuerza y la apretó, intentando tomar valor –Creo que he encontrado mi propio camino –las lágrimas se empezaron a desbordar por su rostro suave y afilado –Lamento tener que decir éstas palabras. Lamento no haberme cuidado más y seguir siendo humana pero… he dejado de necesitarlos; a Nina y a usted, he dejado de ser dependiente de ustedes porque me he encontrado a una persona con la que siento que puedo formar una familia mía –volteó a ver a Kaname y le sonrió de medio lado a pesar de que su rostro estaba empañado en lágrimas –Honto… -y su garganta se estaba cerrando, pero tenía que decirlo. Cerró los ojos con fuerza y soltó la mano de Kuran – ¡Honto gomenasai! –gritó al tiempo en que le hacía una reverencia a su padre adoptivo.
El hombre que estaba en el suelo relajó sus facciones y dejó de temblar. Incluso su corazón latió con más suavidad. Se levantó lentamente y quedó frente a Avril, quién seguía mostrando sus respetos y perdones mediante la reverencia. Leo Arklay tomó los hombros de su hija y los levantó, haciendo que se irguiera frente a él.
—Tú… -ambos se vieron a los ojos. Avril tenía miedo de lo que él pudiera decir. La escudriñaba con el ceño fruncido fijamente y parecía que en cualquier momento iba a decirle algo importante y a la vez cruel –Tú siempre serás parte de mi familia, hija mía. ¿No te lo he dicho antes? Tú no eres mi hija adoptiva, solo eres mi hija – los ojos de Avril se llenaron de más lágrimas al escuchar aquello e inmediatamente se abalanzó hacia los brazos abiertos de su padre.
Leo Arklay.
Arya Arklay.
Nina Arya Arklay.
Y Avril Arya Arklay.
Ellos eran una familia. Y siempre lo serían, incluso si no se volvían a ver, siempre los uniría un mismo sentimiento.
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Una joven de mediana estatura se había terminado de poner un vestido fucsia que le llegaba a la mitad de las piernas y tenía mangas de tres cuartos, en conjunto con unos botines cafés de muchas cuerdas, a la altura de la mitad de la pantorrilla. Su cabello estaba recogido con un moño negro y su fleco estaba a los lados de su rostro sereno.
La pared llena de dibujos a lápiz y otros a colores vivos se hallaba intacta. La joven Ouróboros analizaba si dejarla ahí o llevarse todos sus dibujos consigo. Ahí descansaban retratos de su madre, de Zero, Avril, Gabriel, del Director Cross, y algunos dibujos diabólicos de Kaname con cuernitos de diablito. La puerta de su habitación se abrió de repente dejando pasar a un joven de cabellos plateados que vestía una gabardina negra y larga, ropa característica de alguien que iba a viajar lejos. Kiryu observó lo concentrada que se encontraba su novia cazadora de vampiros y se acercó a ella, colocándose a su lado y admirando la pared de los dibujos.
—¿Tu maleta está lista? –inquirió en voz baja.
La joven respondió sin dejar de observar su arte pegada con cintas adhesivas.
—Lo está.
Zero la volteó a ver de reojo y luego le pasó un brazo por los hombros.
—¿Quieres dejarlos allí como un recuerdo?
Cat se quedó en silencio unos momentos y después caminó hacia la pared y empezó a quitar los dibujos con sumo cuidado, dándole una respuesta a Zero.
—No quiero dejar remordimientos para nadie –exclamó seriamente –¿Me ayudas?
Zero se adelantó y empezó a quitar las hojas rayadas artísticamente.
—¿Te vas a despedir de ellos? De Kaname y Avril, me refiero.
—No –dijo Cat segura de sí misma, casi sonriendo –No lo haré porque si me despido de ellos será como un adiós para siempre y no quiero eso. Confío en que los volveremos a ver en algún momento.
Zero sonrió también.
—Seguro que sí –le dijo, terminando de arrancar el último dibujo, dejando una pared vacía pero limpia.
Ella tomó los dibujos entre sus manos y los metió dentro de su maleta, en medio de unas prendas para que no se arrugaran, la maleta pesaría un poco, tanto por los dibujos como por el pasado que éstos cargaban, pero serían buenos recuerdos.
Buenas remembranzas.
Zero se echó la maleta de ella al hombro, pues era la más pesada, y la suya propia la cargó con la mano libre. Sus pasos grandes fueron hacia la salida de la habitación y Cat fielmente lo siguió, cerrando la puerta tras de sí.
El recorrido de los pasillos por los dormitorios del sol de repente se cargó de nostalgia. Tantas veces habían pasado por ellos como estudiantes. Cat recordó la vez en que guio a las Arklay hacia su habitación correspondiente. Recordó la vez que Zero y ella castigaron a un grupo de chicas que tenía planeada una excursión hacia los dormitorios de la luna con mapa y todo. Y Zero recordó las tantas veces que entre esas habitaciones le robó sangre a Yuuki, la vampira que pensó ser humana y que se convirtió en la causante de dolor y rencor en Zero, pero que había muerto desde hace mucho ante la justicia.
Quiso cambiarse la maleta hacia la otra mano, pero no pudo, pues tenía que sostener la maleta enorme de Cat sobre el hombro. Observó de reojo a la pelinegra y se sonrojó un poco.
—Cat, toma mi brazo –musitó volteando hacia otra parte para que no viera su rostro.
La chica se le quedó viendo con extrañeza ante su petición pero después relajó sus facciones y lo miró con comprensión. Sonrió de medio lado y entonces siguió caminando mientras le tomaba del brazo a Zero, acercándose a él.
—Zero, no deberías ser tan avergonzado –bromeó mientras le picó una costilla.
El joven de cabello plateado apretó los dientes y frunció el ceño.
—No estoy avergonzado –profirió con un mohín. Cat rió ante aquello. Era la primera risa que le escuchaba en mucho tiempo, así que él pareció relajarse.
—Es bastante raro abandonar la academia, ¿verdad?
—Es difícil –confesó –Es muy duro. Siento que miles de cuerdas me atan aquí. Pero debemos seguir, ¿de acuerdo?
—Claro –apretó más el brazo de Zero, pues habían llegado a la salida del edificio del dormitorio. Cat se separó del muchacho y abrió la puerta para que él pasara con las maletas, después volvió a cerrarla y a tomar el brazo de Zero. Ante aquello él pareció sonreír de medio lado.
—No me sueltes nunca, ¿promesa? –escuchó ella y volteó hacia arriba. Zero lucía serio. Se afianzó más fuerte del brazo del peliplateado, acercándose a él un poco más para tomarlo con ambas manos.
—Promesa.
Aquella vez la Academia Cross despidió silenciosamente a los prefectos sin que nadie lo supiera más que las edificaciones y la noche oscura.
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El gritito femenino de una chica se escuchó en la sala de curación del edificio de cazadores de vampiros. Era la última dosis y le había dolido un montón, pero al menos ya era la última.
—¡Me dolió! –chilló mientras se sobaba atrás al tiempo en que salía del cubículo donde la atendieron.
Recargado en el marco de la salida, un hombre joven de cabello naranja y ojos café-rojizos la esperaba con el ceño fruncido. Akatsuki tenía puestos unos jeans azules y una camisa negra de botones, y los primeros los tenía sin abrochar. Algunas chicas aún vampiras que estaban en la fila pequeña se le quedaban viendo al apuesto ser que estaba allí, al parecer esperando a alguien.
—¡Akatsuki, me dolió mucho esta vez! –se quejó con dolor y algunos rastros de lagrimitas en los extremos de sus ojos.
—Eres una quejosa, Nin –se molestó y dio media vuelta para salir de allí.
Las chicas de la fila presenciaron la escena y se rieron de ella. Nina las miró confundida, no sabía por qué se reían. Akatsuki percibió aquellas burlas y enseguida detuvo su andar y se volvió a encontrarse con Nina.
—¿Por qué se están ríen…? ¡Whoa! –se sorprendió al notar que de repente y sin previo aviso, Akatsuki la cargaba en brazos como un caballero para sacarla de allí –¿Por qué me cargas, Akatsuki? –lucía confundida.
—Tsk –se quejó tronando los labios –Eres una despistada.
Nina puso los ojos en blanco. Akatsuki siempre le decía cosas como "Eres muy tonta", "Eres demasiado inocente", "Eres ruidosa" y demás apelativos a tal grado que a veces Nina sentía que le desagradaba su presencia, pero una cosa era segura. Desde que se habían encontrado aquél día en la Academia, después de que él dejó de ser su carcelero y ella su prisionera por haberse portado mal cuando fue una recién vampira, él nunca se había vuelto a separar de ella. Era extraño que él siempre tuviera el ceño fruncido, como molesto, pero sin embargo ahí estaba siempre a su lado, pegado como lapa, incluso ahora cargándola para sacarla de los lugares.
Nina estaba demasiado confundida. Akatsuki era… ¡Era como una mujer en sus días! Caprichoso, difícil, nunca le complacías con nada y siempre estaba cargándose mal genio.
—Ay, Akatsuki, de veras que no te entiendo –se frustraba Nina mientras aún era cargada por el apuesto chico –Me dices que no me soportas pero siempre estás conmigo, ¿por qué? –inquirió con confusión. Y lo observó… y él la observó a ella.
—Eres una desconsiderada –musitó frunciendo el ceño mientras sus mejillas se coloreaban de un tono carmín.
Nina puso los ojos en blanco y luego se rió. Le abrazó por el cuello y le besó la mejilla.
*Día muerto: Es decir, la noche, hago una metáfora. Cuando sale el sol el día está "vivo", cuando se va, el día está "muerto" porque no hay luz.
¡Hola a todas!
En fin, gracias por leer y por dejar un review, si es que decides hacerlo después de todo este tiempo ausente. Muchas gracias también a quienes me dejaron review anteriormente. Nos vemos en el siguiente capítulo que –si mis cálculos no me fallan- será el capítulo final o el epílogo, una de dos.
*Se pone de pie y hace una reverencia*
¡Matta Ne!
