Disclaimer: Los personajes de Vampire Knight le pertenecen a Matsuri Hino. A mí solo la trama y los personajes OC. No hay que olvidar que hago esto sin fines de lucro.

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Muchas gracias a las personas hermosas que me dejaron review en el capítulo anterior:

jei: ¡Hola, querida! No tienes nada qué agradecer, lo hago por amor al arte xD Gracias por leer y dejar review. Nunca he escrito lemon y en este fic no tengo pensado hacerlo, lo lamento, pero te prometo besos KanaAvril, ¡Cuídate mucho!

Portgas D Haruka: ¡Hola, nueva lectora! ;) jajajaja ntc ¿Cómo estás? Muchas gracias por leerme y dejar tu bello review. Qué bueno que te gustó, lo hice con amors xD Yo quiero la escena cursi con todas las parejas, jaja, pero te prometo el KanamexAvril a full. Espero que éste capítulo te pueda gustar. ¡Cuídate mucho!

Alejandra Darcy: ¡Hola, ale! Claro que me acuerdo de ti, muchas gracias por leer el capítulo anterior y por dejar un lindo comentario, eres muy amable. Qué bueno que fue de tu agrado el cap, espero que éste también pueda gustarte. Me da mucha curiosidad tus fics así que en cuanto tenga vacaciones voy a correr para leerlos y darte mi opinión :D ¡Cuídate mucho!

ben: ¡Hola, ben! Gracias por leer, espero que el capítulo sea de tu agrado. Este fic es rated T, o sea, que no puede contener lemon, la historia no fue pensada así, lo siento. ¡Cuídate!

rei: ¡Hola de nuevo, rei! Lamento la tardanza, estuve muy ocupada con las clases. Gracias por leer y por dejar un comentario. Qué bueno que te gusta la historia, cuídate mucho.

riku: Hola, riku. Gracias por leer :) En verdad siento la espera, pero tenía poco tiempo libre para escribir. La historia es rated T, no M, así que no habrá lemon en las escenas, lo siento. Que estés muy bien, cuídate.

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No voy a escribir nada al término del capítulo por lo que iniciaré mi despedida desde aquí. Quiero decirles que fue para mí un gran honor traerles éste fic del manga/anime de Vampire Knight, quiero dar las gracias a todas y cada una de las chicas bonitas que me dejaron alguna vez un review, sus comentarios significaron mucho para mí. Me hacían feliz, me hacían reflexionar en lo que escribía y me servía también para saber qué pensaban o qué esperaban para el próximo capítulo. Muchas gracias y besos tronados a quienes me siguieron de principio a fin en este fic de Queen Vampire. Tengo que admitir que a veces me desesperaba no poder escribir algún capítulo o que alguna escena no me salía como quería, pero definitivamente me divertí mucho escribiendo esta historia, porque así debe ser, tiene que gustarte tu trabajo para que a los demás también les guste, para que se refleje tu entusiasmo en lo que haces, y a mí en lo personal éste fic me ha gustado mucho, he reído, he sollozado, he querido matar a mis propios personajes, jaja, y sin duda me lo he pasado muy bien trayendo para ustedes esta historia. Espero que les guste así como a mí. Con cariño aquí les presento el último capítulo de Queen Vampire.

Y bien, sin más preámbulos vamos a lo que nos interesa… ¡Al final del fic!

*Da una respetuosa reverencia*


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QUEEN VAMPIRE

Por Lu Kyoraku

Capítulo 23: Reina vampiro por siempre III

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El bullicio del restaurant y el olor de la comida recién hecha hacían sentir a Avril algo incómoda. Había gente humana ahí, las mesas estaban repletas, se escuchaban pláticas, risas, niños corriendo desenfrenados, meseros ir y venir con comida. Había vida allí. Avril no supo en qué momento se desacostumbró a los lugares sociales de los humanos. En cierta medida, le molestaba el ambiente radiante y ruidoso del lugar, pero Cat decidió el lugar y ya estaban allí, ya no podía hacer nada.

―Bien, deme para el plato fuerte dos órdenes de camarones capeados, caldo de pulpo, ensalada de col, pan de ajo y una malteada de fresa… -empezó Cat, pero el mesero rápidamente la detuvo.

―No, no, dama. Eso es para el desayuno, son las dos de la tarde. Permítame ofrecerle limonada, o agua de…

―Disculpe –lo interrumpió ella, ceñuda –¿Tiene leche y fresas?

―…sí –declaró el hombre dudoso y ofuscado.

―Entonces no sé qué le impide traerme una malteada –levantó una ceja y cruzó los brazos, enojada.

El mesero la vio nervioso y sin saber qué decir mejor pasó a la otra orden.

―¿Y usted, dama, qué va a ordenar? –miró a Avril casi rogándole con los ojos que fuera una orden normal y no una excéntrica como la anterior.

―Solo un jugo de arándano, gracias.

Aliviado, el mesero abandonó al par de chicas casi corriendo.

―¿En serio vas a comerte todo eso? ¿Y qué es eso de camarones con malteada de fresa? –Avril la regañó, aunque bastante curiosa por la orden tan peculiar de su amiga.

―¿Qué? –se encogió de hombros –Tengo hambre. ¿De qué querías hablarme con tanta urgencia? Me tienes con el alma en un hilo, Av. Habla ahora o calla para siempre –bromeó.

―Oh, eso –se cohibió toda, bajando la mirada –Lo que pasa es que Kaname… él… uhm. Creo que vamos a dar el primer paso.

Cat la miró seriamente sin decir nada por tortuosos segundos mientras Avril estaba nerviosa de lo que diría su amiga. Sabía que Kaname no era su persona favorita, y vamos, Cat tampoco era la persona favorita de Kaname, se odiaban como perros y gatos, pero al menos esperaba una reacción civilizada por parte de ellos, pues Avril estaba decidida a que Zero Kiryu y Cat Ouróboros fueran los padrinos de los anillos.

Así es, una boda.

―No entiendo, ¿el primer paso de qué? –Avril casi se cayó de su silla ante la impresión, había pensado lo peor.

―Tú sabes, pasar a segunda base –susurró, sonrojada.

―¿Tuvieron una noche loca? –los ojos de Cat se abrieron como platos.

―¡NO! –gritó enojada, desesperada de que su amiga no entendiera –¡Me pidió matrimonio!

En ese momento el restaurant quedó en perfecto silencio, hasta las moscas se callaron y Avril se sintió tan avergonzada de que todos la estuvieran viendo. De pronto, en una escena de lo más vergonzosa, la gente presente empezó a aplaudir y a felicitar a Avril con sonrisas. La joven Arklay solo se limitó a sonreír forzadamente mientras sentía ganas de que se la tragara la tierra. Miraba a Cat de manera asesina y ésta solo tenía una cara inexpresiva.

―Ok –dijo Cat con seriedad.

―¿Ok? ¿Es todo lo que vas a decirme?

―Bueno, no puedo reaccionar positivamente porque obviamente estoy en shock… y tampoco puedo reaccionar negativamente porque lo que sea que te diga sobre Kaname tú no me vas a hacer caso, porque lo amas y él a ti, así que deja que se me revuelvan las entrañas en silencio.

Avril sonrió de medio lado.

―Y quiero que Zero y tú sean los padrinos de anillos.

―¡Suficiente, Avril Arklay! –golpeó la mesa con la palma de la mano –¡Es demasiado para digerir! ¡Te casas con ese sangrón! ¡Estoy segura que en cuanto me vea ese chupasangre se va a burlar de mí por el resto de mi vida! ¡Me hará bullying!

Lo único que atinaba a hacer Avril era reírse fuerte ante las ocurrencias disparatadas de su amiga, quejándose del futuro novio.

―No voy a ser la madrina de anillos de ese pillo con colmillos, de ninguna manera –se cruzó de brazos –Y punto final, no lo seré, búscate otro novio, Avril, ¡Búscate otro!

―Nop, ¡tú lo serás! Tú serás la madrina de anillos de Kaname –se rió mientras la Ouróboros pataleaba del coraje.

―Sus órdenes, damas –llegó un nuevo mesero con sus pedidos.

―¡Comida! –se alegró Cat, empezando a degustar la dulce malteada que había pedido –Oye, en serio… estoy feliz por ti –sonrió mientras tomaba un tenedor –Y si tengo que soportar a ese chupasangre odioso y sangrón… supongo que lo haré –le guiñó un ojo y después atacó los platos de comida.

Av sonrió feliz.

Ahora solo faltaba decirle a Kaname que Zero y Cat serían los encargados de los anillos, pues su prometido aún no lo sabía. Pero ya Avril se las arreglaría con eso.


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Le gustaban las rosas rojas y a él las flores silvestres del campo, y en sus tumbas frías fue puesta aquella flora por un chico de ojos carmesí. Sentía algo de frío, nuevo para él, suerte que había sido precavido y traía una gabardina negra que lo protegía bien.

―Ruka, Aidou… vengo aquí después de mucho tiempo a dejarles un obsequio. ¿Saben? Soy un humano –sonrió casi imperceptiblemente –Un humano totalmente. Lo sé, si alguien me hubiera dicho que sería un humano hace medio año, me habría reído en su cara –volteó a ver a su acompañante que estaba arrodillada a su lado –Ésta es Nina, una amiga. La única amiga, en realidad.

―La amabas mucho, ¿verdad, Akatsuki-senpai? –observó las lápidas de mármol blanco con aflicción. Ellos eran las personas que Akatsuki más quería y las había perdido para siempre en la batalla contra la vampiresa de clase noble; Hinoto Kohinata. Nina suspiró, aquellos días de crisis le parecían tan lejanos.

―Sí –respondió el joven de los cabellos naranjas. Nina bajó la mirada, triste. Y él la percibió.

Akatsuki no tenía religión, no sabía rezar, pero Nina pertenecía a una iglesia, por lo que el muchacho le pidió de favor si podría hacer alguna oración sencilla por sus personas amadas y ella amablemente le dijo que sí. Nina hizo una pequeña y amorosa oración a los difuntos y al último se persignó, enseñando a Akatsuki.

Se levantaron sacudiéndose las rodillas y transitaron por el caminito estrecho que los llevaría hasta el pavimento donde el coche de Akatsuki aguardaba. Nina de pronto sintió que alguien tomaba su mano y entrelazaba sus dedos con los de ella, levantó la vista, encontrándose con Akatsuki caminando a su lado con la mirada al frente, sin verla. Ella sonrió de medio lado y sin saberlo, se le formó un beso escondido al lado de sus labios, ese que solo se da una vez para el indicado que le haría vivir una gran aventura, para el primer amor.

―Nina.

―¿Sí, Akatsuki-senpai?

―Me enseñarás a vivir en tu mundo humano, ¿cierto?

―Claro, ¿por qué no? –se encogió de hombros.

Era algo muy extraño. Su soledad ya no estaba. De alguna manera su corazón se sentía lleno y completo.

¿Cuál corazón? ¿El de Akatsuki o el de Nina?

Ambos.


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"Adiós, Academia Cross", pensó Kaien Cross sentado en su escritorio que lo identificaba como el director del plantel.

Jamás se pudo cumplir el ideal del legendario cazador Cross de vivir en un mundo en el que los vampiros y los humanos pudieran convivir pacíficamente. Dos especies dominantes jamás podrían llevarse bien. Siempre unos trataban de beneficiarse de los otros, por eso optó por reglas estrictas que eliminaran el contacto de vampiros con humanos, y viceversa. Y eso solo significaba una cosa. La abolición de la Academia Cross.

Había terminado su maleta y caminaba lentamente por los pasillos, mirando los salones solitarios mientras su corazón se estrujaba melancólicamente. Pero era lo mejor. Él lo sabía. Habían pasado tantas cosas en ese instituto, y debían de parar. Llegó hasta la salida del famoso instituto y Zero lo estaba esperando. Cuando finalmente se encontraron, el chico de los ojos malva tomó la balija por él y la subió a la camioneta que los esperaba estacionada a un lado de la calle. El hombre de los anteojos, anteriormente director de la institución, dio un último vistazo a su estimada academia. Su pequeña utopía estaba rota para él. Se había caído en pedazos frente a su rostro con el pasar de los años. Finalmente los problemas habían superado a la institución. Habían afectado a su hija adoptiva, llevándola a la muerte junto a la señorita Sayori. También había provocado la vampirización de varios estudiantes, aunque ahora con el suero de la división Epsilon; humanización, se estaban resolviendo muchos problemas, sin embargo, para Cross Kaien había sido suficiente.

―Cross –la voz de Cat lo sobresaltó un poco, regresándolo a la realidad –Tenemos que irnos.

El hombre asintió levemente. La chica le entregó un candado, y Cross lo tomó. Con cuidado lo colocó en el seguro de la reja, cerrándola para siempre. Para nunca abrirse. Para nunca recibir un estudiante más. Ni humano. Ni vampiro.

Volteó a ver a la joven del vestido negro y cabello recogido en una coleta alta. Observó su pequeño abdomen abultado ligeramente, cargando con cuatro meses de embarazo, y sonrió. Sería como su pequeño nieto.

―Sí –asintió Kaien y entró a la camioneta al asiento trasero. Zero se ocupó el asiento del copiloto en vista de que no sabía conducir, mientras que la Ouroboros puso en marcha el motor y se fueron los tres de allí.

En el camino, Cross escuchaba a Zero y Cat el tan esperado evento que tomaría forma en un par de días, escuchaba sus voces lejanas pero los veía felices. Les agradecía en sobremanera que le hubiesen propuesto vivir con ellos, Zero con suma dificultad le había dicho que él era como su padre, y que no podía dejarlo solo. Cross lloró como damisela mientras Cat se reía ante la bizarra escena. Pero ahí estaban los tres… o bueno, los cuatro juntos, embarcándose a una nueva vida. Por fin una familia. Su nueva familia.


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De repente abrió sus bellos ojos lapislázuli, encontrándose con un techo blanco y sintiendo algo calido que descansaba contra su pecho. Bajó la mirada a un lado y se encontró con una joven mujer de cabellos plateados.

Seiren, pensó Yagari.

Estaba dormida. Él no sabía por qué. Ella era una vampira, había sido una fiel servidora de Kaname Kuran, era su enemiga, era algo que él odiaba… y a pesar de todo eso, esa persona era la única que era capaz de transmitirle tanta calma y serenidad como nunca antes había sentido.

Ella era un ángel.

Su corto cabello, su figura delgada, su afilado rostro de porcelana. Ese ángel se había fijado en él, en un cazador gruñón y letal. No sabía cómo o por qué habían terminado así, recibiendo juntos la noche fría, pero… estaba bien con eso. Estaba bien si era Seiren.

Unos toquidos resonantes provinieron de la puerta del departamento, provocando que la vampira abriera sus ojos con somnolencia. Observó a Yagari, pestañeando algunas veces, confundida, y después se levantó a la mitad.

―Yo abriré –dijo ella.

―No –se negó el pelinegro –Lo haré yo. Puede ser de la Asociación de cazadores.

Fue a abrir, encontrándose con que nadie estaba allí. Miró a todas partes, no había rastro de alguna persona. Apenas iba a cerrar cuando su mirada bajó al suelo. Detuvo su acción y levantó una carta que estaba tirada. Era elegante y estaba perfumada. La abrió con el ceño fruncido, pensando en si sería alguna broma. Era una invitación a una boda.

De Kaname Kuran y Avril Arklay.

Para Yagari Toga y Seiren.

El cazador abrió grandes los ojos, sorprendido. ¿Cómo sabían que Seiren y él…? Bah, a los vampiros nada se les escapaba.

―¿Quién era? –inquirió el ángel abrazándolo por la espalda y mirando por un lado el papel que Yagari sostenía entre sus manos, leyéndolo.

―Nos invitan a una boda –informó.

―Vaya –Sei levantó las cejas con sorpresa –Kaname-sama y Avril-sama.

―No es como si no supiéramos que acabarían así –declaró con una media sonrisa.

Seiren sonrió.

―¿Vamos a ir juntos? –preguntó inocentemente.

―Claro.

―¿No sientes vergüenza de que te vean con una vampira?

Yagari guardó silencio y se volteó hacia el frente para observarla a los ojos. Su palma viajó hasta la mejilla de ella, acariciándola suavemente.

―No tengo por qué. Tú no eres una vampira, eres un ángel, solo un ángel inmortal.

Seiren se perdió en el azul de los ojos de él. Sonrió levemente y avanzó un paso para abrazarlo.

Lo amaba.


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El blanco vestido de la novia se arrastraba un poco sobre el pasto verde primaveral. Los árboles grandes y frondosos lograban aportar la sombra necesaria para resguardar de los inclementes rayos del sol a los invitados que estaban sentados en bancas de madera pintadas de blanco. La joven novia caminó lentamente con algo de nerviosismo mientras todos los presentes se giraban para verla desfilar entre el pasillo.

Apretaba un poco el pequeño ramito de rosas blancas que portaba, amarradas con un moño igualmente blanco, intentando darse valor, pues no le gustaba que tantas personas la miraran fijamente. Ella solo pedía no caerse o tropezarse con algo. Sin embargo, en cuanto levantó la vista se halló a un Kaname sonriente como pocas veces, vestido con un traje negro que le quedaba perfecto y lo hacía ver realmente más sexy de lo que ya era, esperándola al final del pasillo con una mano extendida hacia la joven. Después de ver sus ojos color vino y su sonrisa cálida, lo demás fue fácil.

―Yo, Kaname Kuran –la observó a los ojos, mirando su rostro y sosteniendo un anillo dorado que tenía una fina ala de ángel – con este anillo te pido a ti; Avril Arya Arklay, que seas mi eterna esposa y compañera de vida –La joven sonrió al escuchar los votos matrimoniales que él mismo había preparado. Los ojos de ella estaban cristalinos, conteniendo las lágrimas –Has sido una amiga para mí, el hombro en el que me apoyo, la roca sobre la que descanso. Así que ahora permíteme a mí ser ese amigo, ese hombro y esa roca a quien acudas cuando te sientas débil. Permíteme protegerte y amarte por el resto de tus días, y hacerte sonreír. Te amo completa, amo tus virtudes y amo aún más tus defectos. Te amo para siempre –declaró con suavidad, sonriendo de medio lado. Bajó su mirada y tomó la mano pequeña de su aún prometida, y colocó el anillo en el dedo anular con lentitud.

Avril se limpió los ojos con la otra mano y tomó unos segundos para tranquilizarse y recordar el boto que ella había escrito.

Lo haría feliz. Era su promesa. Haría feliz a ese hombre. Le había quitado ya los demonios del pasado, había borrado con caricias el recuerdo de un par de personas que lo abandonaron, había borrado con besos toda la soledad que de él emanaba cada vez que abría los ojos. Y después de cumplir con aquello, finalmente era hora de cumplir su último objetivo; hacerlo realmente feliz. ¿Cómo? Primeramente siendo su esposa, lo cual estaba a punto de cumplir en pocos minutos.

―Yo, Avril Arya Arklay –habló con la voz un poco emocionada y bajita –con este anillo te pido a ti; Kaname Kuran, que seas mi eterno esposo y compañero de vida y muerte –apretó los labios y elevó el anillo dorado que tenía un ala de ángel y se complementaba con el anillo que traía ella –Elijo juntar mi alma con la tuya por siempre, incluso después de la muerte. Estaré contigo en las buenas y en las malas, me quedaré siempre a tu lado, voy a caminar contigo en la eternidad. Yo te prometo todo; besos, sonrisas, momentos y ¿por qué no? Una familia –Kaname sonrió ampliamente al escuchar eso y Avril se sonrojó un poco –Confía en mí, voy a hacerte feliz. Cuando te caigas, yo te levantaré. Cuando te rías, yo seré quien haya causado esa felicidad en ti. Eres el primero y el último en mi corazón. Te amo por siempre. Este es mi voto solemne –después con las manos un poco temblorosas colocó el anillo dorado en el dedo anular de Kaname y éste puso sus manos alrededor de las de su pequeña en busca de darle seguridad.

―De acuerdo. Si hay alguien que se oponga o algún otro impedimento para que esta ceremonia concluya, que hable ahora o calle para siempre –dijo el sacerdote. Por un momento todo se quedó en silencio y tanto Kaname como Avril voltearon a ver disimuladamente hacia la primera banca donde estaban Akatsuki, Nina, Cat y Zero, respectivamente. El humano peliplateado retenía de las dos manos a la pelinegra de vestido purpura mientras que Nina le tapaba la boca con una sonrisa, por si acaso. Entretanto, Akatsuki solo bostezaba aburrido ―Bien –dijo el reverendo capturando la atención de los novios –Kaname Kuran y Avril Arklay, yo los declaro marido y mujer. Pueden besarse, hijos.

Los presentes estallaron en gritos de emoción y aplausos fuertes cuando la ceremonia acabó, convirtiendo a los reyes en esposos oficiales. Los recién casados sonreían entre ellos. Él acunó el rostro de Avril con ternura y se inclinó hacia ella para besarla con suavidad. No sabía por qué, se suponía que eran vampiros, que su sangre era fría y espesa, pero por alguna razón sintió los labios de Avril cálidos, y ella los de él.

―Ahora eres mi esposa, Avril –exclamó cuando se separaron, mirándola fijamente a pocos centímetros de su rostro.

―¡NEE-SAMA! –gritó una chica pequeña saltando a abrazar a Avril –¡Estoy tan feliz por ti! ¡Eres una novia lindísima!

―Nina –se rió Av devolviéndole el abrazo cariñoso –Estás abrazándome demasiado fuerte, y eso que ya no eres… tú sabes.

―Seguramente la fuerza se me quedó… ¡Ahí viene papá!

Efectivamente un hombre alto de smoking negro venía caminando hacia las hermanas. Su cabello grisáceo y su barba de candado realzaban la madurez del hombre varonilmente guapo llamado Leo Arklay.

―¡Padre! –corrió Avril para alcanzarlo y abrazarlo.

―Te ves hermosa, hija –sonrió con emoción –Kaname –lo vio y lo abrazó en seguida, dándole algunas palmadas en la espalda –Será mejor que cuides de mi pequeña.

―Lo haré señor, tiene mi palabra –aseguró mientras su cuñada y su suegro se reían entre ellos, como tramando algo. Avril solo puso los ojos en blanco, negando con la cabeza, de tal palo tal astilla.

―Se hace tarde, tenemos que ir a la fiesta –animó Nina –Iré por Akatsuki-senpai. Vamos, papá, deja a los espositos solos –lo estiró mientras se reía.

―Casi estoy seguro que tu hermana pondrá su fastidiosa música digital en el salón.

Avril profirió una risita disimulada.

―Tendrás que acostumbrarte a tu cuñada, esposo mío –le tomó la mano y empezaron a recibir más felicitaciones de los invitados.

De pronto pudieron ver a un par de jóvenes dirigiéndose hacia ellos. La pareja consistía en Zero Kiryuu, quien estaba vestido con un elegante traje negro para la ocasión, y Cat Ouróboros, usando un vestido purpura corto pero de manga larga que no ocultaba muy bien su reciente embarazo, llevando su cabello suelto y ondulado. Ella caminaba del brazo de Zero, mirando desde lo lejos a Kaname con unos ojos matadores.

—Finalmente lo lograste, chupasangre –sonrió forzadamente mirando a su mejor amiga tomada de la mano con el vampiro Kuran.

—Cat quiere decir: Felicidades –tradujo Zero eficazmente. Cat solo torció la boca.

—Ni empiecen a pelear en mi boda –sonrió Avril advirtiéndoles. Cat le devolvió una sonrisa sincera y se abrazaron un momento.

—Av, eres una novia hermosa –la aduló cuando se separaron –Lástima que no pueda decir lo mismo del novio.

—Avril, ni se te ocurra poner a esta tipa como madrina de nuestros hijos –se quejó Kaname con fastidio.

—Felicidades, Avril –la abrazó Zero de manera rápida, sin sonreír, característico del chico, pero Avril sabía que así era Zero. Después el joven Kiryuu miró a Kuran de forma inexpresiva, fueron un par de segundos en que los dos intercambiaron miradas. Avril y Cat se sintieron algo tensas, no sabían qué iban a hacer, si iban a pelearse o qué. A decir verdad, ellos tampoco sabían qué pasaba, solo estaban tensos. Zero siempre pensó que la esposa de Kaname siempre sería Yuuki, y Kaname siempre pensó que era Zero con quien terminaría Yuuki. Pero ella se había desvanecido de sus vidas hace mucho tiempo, tanto que apenas lograban recordar sus facciones, su voz. Habían pasado muchas cosas después de ello –Kuran –pronunció Zero finalmente –Me alegra que hayas encontrado a la persona indicada para ti –incómodo levantó la mano y se la ofreció. Kaname parecía anonadado por las palabras y por el gesto del joven que por muchos años consideró su enemigo y un peón más en su juego de ajedrez. Pero Zero ya no era más un peón ni su enemigo. Zero era un humano. Un simple humano libre.

—Gracias, Kiryuu –asintió con una leve sonrisa, agradecido de corazón, y le aceptó el apretón de manos.

Avril y Cat intercambiaron miradas significativas, sonriendo entre sí.

―La próxima boda tiene que ser la de ustedes, al parecer se han adelantado un poco –exclamó Kaname, en el buen sentido del humor, mirando a Catherine.

La aún cazadora, pero temporalmente retirada, no lo tomó muy a bien y observó al vampiro con una mirada seria y para nada amable. Avril, Kaname y Zero la vieron con miedo. "No se lo tomó muy bien", pensó Kaname, tomando a su esposa de la mano.

De pronto, Cat soltó una risotada, y los demás rieron también, aunque nerviosos y sin saber a bien por qué reían.

―Espero poder ser la madrina de sus hijos, Av –pidió con ojos tiernos y en ese preciso segundo la sonrisa de Kaname desapareció por completo.

―Mejor nos vamos antes de que se desate Troya –opinó Zero, tomando a su novia del brazo –Nos vemos en la recepción.

Avril y Kaname asintieron, quedándose a solas por un momento. Él volteó hacia ella, le tomó el rostro entre sus manos y sonrió.

―Bienvenida al mundo vampiro, Queen Vampire.

―Es un honor, King Vampire.

Se inclinó hacia ella, y apresó sus labios en un vampírico beso.


Ese puesto ha estado vacío por siglos

Pero finalmente ha llegado alguien capaz de llenar ese espacio

Ha nacido alguien que puede liderar con firmeza y a la vez amor al lado del rey vampiro

Ha llegado por fin la legítima

Reina vampira

Por siempre


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FIN