Disclaimer: Los personajes de Vampire Knight pertenecen a la autorísima Matsuri Hino. Lo que resta (personajes OC y trama) es absolutamente mío.

Notas: ¡Hola! Lamento la eternidad que me tardé en subir el epílogo :( ¡Me da mucha pena! Les pido una sincera disculpa. Por otro lado, me da mucho gusto haber llegado por fin a lo que es el gran final de Queen Vampire. Por fin después de tantas lunas puedo cerrar este fic con una sonrisa. Espero que les guste. Dedicado a todos los que alguna vez me dejaron un review, de no ser por ustedes, creo que no estaría terminando este fanfic. ¡Gracias por su apoyo!

Gracias a ben y Perita182000 por sus reviews :)

Sin más, disfruten el Epílogo.

¡Sayo!

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QUEEN VAMPIRE

EPÍLOGO


I: Inmortal

Tembló por un momento, sentada en la orilla de la tina de baño. Se abrazó a sí misma con fuerza mientras intentaba darse algo de valor. No era que tuviera miedo de él, era más bien que temía arruinarlo todo. Debía ser una noche especial y tenía que salir perfecta para que pudiera convertirse en un hermoso recuerdo al pasar los años, o los siglos.

Unos toquidos suaves a la puerta de baño llamaron su atención.

—Avril, ¿qué estás haciendo? –escuchó la voz calmada de su ahora esposo.

—Hum… ya voy –respondió nerviosa –Un minuto más.

—De acuerdo.

Él se sentó en la cama para esperarla. Ciertamente él también estaba nervioso, no la culpaba. Era raro, no era la primera vez que pasaría una noche íntima con alguna mujer, debería estar tranquilo, debería pero… se sentía como un pequeño inexperto. Avril era diferente. Era la primera vez que sentía cuando alguien le transmitía amor. Con sus anteriores relaciones no sintió lo mismo, hubo soledad con la primera mujer, hubo más soledad con la segunda joven. Él había intimado con ellas para recibir amor, lo cierto era que no lo recibió, más bien lo dio. Él entregó su amor, pero nunca le fue devuelto, ni siquiera en pequeñas dosis. Sin embargo, él sabía casi con certeza que esa vez sería diferente. Por fin sería diferente.

Sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando escuchó que la puerta de baño se abría. Ella estaba lista finalmente. Su piel resplandecía cándidamente, su cabello suelto estaba un poco despeinado, y tenía puesta una blusa larga con un estampado de alas de ángel. Kaname sabía que debajo de eso no había nada, se reprendió ante ese pensamiento y luchó por mostrarse sereno. Avril ya estaba demasiado nerviosa por los dos, así que se tranquilizó.

—N… no me mires tan fijamente –tartamudeó Avril abrazándose a sí misma, frunciendo levemente el ceño.

—Lo siento –bajó la mirada de inmediato, sintiéndose un mirón.

—Ah… no… yo lo siento –se disculpó ella, acercándose hasta quedar frente a él –S… se supone que es nuestra luna de miel… y se supone que debas… pues… verme… -musitó, totalmente sonrojada.

—Sí… se supone –declaró, incómodo.

—Bueno, es mi primera vez y usted es el experto, señor Kuran. ¿Qué hago ahora?

—Uhm… debemos –hizo un movimiento con la cabeza, señalando la cama.

"Flojita y cooperando", recordó que le había dicho Cat a modo de broma antes de que se despidieran en el aeropuerto. "Hermana, tranquila, las cosas se van a dar por sí solas, solo recuerda lo mucho que amas a Kaname", fue lo que le dijo Nina.

Avril respiró hondo y observó a Kaname acostándose al lado de ella.

—Te amo –musitó quedamente, mirándolo a los ojos. Puso una de sus manos sobre la mejilla de él.

—No más que yo, señora Kuran –sonrió de medio lado.

—Me encanta la manera en que dices eso –confesó.

—¿Qué? ¿Señora Kuran?

Avril amplió su sonrisa.

—Dos seres inmortales profesándose un amor inmortal… que cosa más eterna.

—Le dije desde que la conocí que era una poeta, señora Kuran –opinó el castaño.

—Cállese y béseme de una vez –se rió, acercándose a él, capturando sus labios fríos con precisión. Lo besó con lentitud, tomándose su tiempo. Sintió las manos de Kaname tomar posesión de su rostro, empujándola más contra él. Abril abrió los brazos y los pasó alrededor del cuello de él, apretándolo contra sí misma. La intensidad del beso fue aumentando. Se sorprendió cuando Kaname abandonó su rostro y sin previo aviso la cargó de la cintura y la dejó caer en la cama con suavidad.

Se colocó sobre ella, mirándola. Avril tenía los labios enrojecidos e hinchados a causa de él.

―Vamos, Kaname –le sonrió de medio lado la castaña, sonrojándose. Kaname se quitó el saco y sin más lo aventó al suelo. Se deshizo de la camisa blanca rompiéndola en jirones, pues no tenía la paciencia para desabrochar botón por botón –¿Quieres calmarte? No me voy a ir de aquí –se rió ella.

―¿Te ayudo con la blusa? –le ofreció él, pícaro.

Avril se sonrojó súbitamente y supo que no debería jugar con fuego tan a la ligera. Kaname se rió ligeramente ante la expresión de su esposa. La joven se sonrojó aún más cuando comprobó el bien formado cuerpo de Kuran, su piel estaba pálida, los pectorales firmes y el abdomen en forma. Tan solo le quedaba el pantalón negro con el cinto. Cuando Av vio que Kaname se desganchaba el cinto, ella miró a otro lado con nerviosismo.

―Puedes voltear si quieres.

―Estoy perfectamente bien.

―¿Es… ya sabes…

―Sí, es mi primera vez –confesó con vergüenza.

―No tienes de qué preocuparte –escuchó la voz suave de él. Abrió grandes los ojos cuando a su lado, justo frente a sus ojos, cayó el bóxer negro de Kaname. Avril quiso gritar del nervio. Nunca había visto a un hombre desnudo. Observó que él se dejaba caer a su lado y la contemplaba con la mirada. La Arklay miró el techo como si fuera lo más interesante del mundo, intentando restarle importancia a que Kaname yacía sin nada de nada a un lado suyo.

Pronto, el Kuran se metió debajo del edredón, haciendo que Avril se tranquilizara un poco.

―Avril, si no quieres podemos dejarlo para otro día. No me enojaré –dijo comprensivo. Avril volvió sus ojos hacia el castaño.

―Es verdad que estoy nerviosa pero… -respiró hondo –quiero darte este momento, Kaname –sonrió cándidamente.

Kaname siempre se había sacrificado por las personas, siempre se mantenía en las sombras, siempre era el que daba.

―Avril –susurró, viéndola fijamente, preguntándose si ella era real, si en verdad la merecía.

―Kaname, yo te amo –se volteó de forma completa hacia él y acarició su mejilla con ternura.

―¿Puedes repetírmelo? –le pidió sin dejar de verla.

―Kuran Kaname, yo te amo –y selló su promesa con un beso que duraría por mucho, mucho tiempo.

Después de todo eran vampiros y no necesitaban respirar.

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II: Kain

Dos años más tarde…

Solo un milímetro más y estaría en su lugar. Un poco más, un poco más… y…

El pie de Nina perdió equilibrio y su cuerpo se ladeo hacia la izquierda. Vio el piso y se imaginó a sí misma en las noticas locales, anunciándola como "muere joven por tratar de colocar una bombilla eléctrica". Cerró los ojos esperando el golpe, y lo sintió, pero fue un golpe… suave. Había caído sobre un joven alto, quien yacía en el suelo mirando el techo tranquilamente.

―¡Akatsuki! –gritó Nina asustada – ¡Santo Cielo! Llamaré una ambulancia –se apresuró a bajarse de él y sacar su móvil del pantalón.

―No es necesario –se levantó como si nada –Creo que la resistencia vampira se ha quedado en mí después de todo –exclamó, quitándole el celular de las manos y pulsando en "Colgar" –Pero la próxima vez podrías tener más cuidado, Nin. Recuerda que ya no eres una vampira, ni yo tampoco –la regañó sutilmente mientras le quitaba el foco y sin ningún problema lo ponía en su lugar.

Nina encendió el interruptor de luz y en seguida la cocina quedó iluminada.

―Ya lo sé –canturreó feliz –Pero para eso estás tú, ¿no? Para salvarme –lo abrazó por un lado.

―Sí –coincidió –Pero tampoco tientes los accidentes –entrecerró los ojos –o podrías quedarte sin Akatsuki para siempre.

―¡Calla! –le pegó en la boca sin darse cuenta de que, al igual que Akatsuki, la fuerza de vampira se había quedado con ella. El joven solo atinó a taparse la boca con ambas manos y cerrar los ojos con fuerza sintiendo el dolor –¡Oh, lo siento, Akatsuki-senpai, por favor no termines conmigo!

―Hmp, impulsiva –se quejó – ¿Cómo voy a terminar contigo si estamos casados?

―Ah, sí es cierto –sonrió Nina ampliamente y puso la silla contra la alacena para poder alcanzar el maldito frasco de mermelada de frambuesa que se había quedado en el peldaño más alto. Hizo una nota mental de no mandar a Akatsuki por las compras. Se puso de puntitas. Ya casi alcanzaba el estúpido frasco.

Solo un poco más… solo un poquito más…

―Hmp, tonta –bufó Akatsuki, preparándose para salvarla.

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III: El renacimiento de un clan

Años más tarde…

Era lunes por la mañana. Y ellos odiaban los lunes porque era el día en que las actividades comenzaban a reanudarse. De lunes a viernes siempre era correr en la mañana haciendo el desayuno, dejar a los mellizos en el kínder y partir hacia el trabajo, Zero iba hacia la Asociación de Cazadores, Cat hacia la casa editorial del centro donde fungía como correctora de estilo. Después de una larga jornada, Zero recogía a los niños y preparaba su comida, estaba con ellos cerca de dos horas hasta que su esposa Catherine salía de trabajar, entonces él volvía a irse. Cat se quedaba con sus hijos, limpiaba la casa un poco y hacía la cena para recibir a Zero en la noche, a eso de las nueve.

Finalmente cansados por todas las correrías del día, la familia Kiryuu apenas ponía la cabeza en la almohada caía en un sueño profundo, hasta despertar al día siguiente para continuar con la misma trabajosa rutina de siempre.

Los fines de semana no distaban mucho de ser diferentes. El sábado Zero y Cat continuaban con sus trabajos, y los niños tenían que quedarse en casa, pero no estaban solos, el abuelito Cross iba a cuidarlos junto a su nueva novia, algunos años menor que él. Zero pasaba todo el día fuera, y Cat solo medio día. Cuando el hombre de la casa llegaba, había ya en el patio una reunión familiar. Cat ya estaba allí con sus mellizos, Cross y su novia (y a pesar de su edad joven, la loca insistía en que la llamara oka-san). Los domingos eran muy parecidos, excepto que Zero tenía el día libre mientras que Catherine trabajaba toda la mañana y parte de la tarde en las oficinas de la Asociación de Cazadores.

Parecía una vida monótona y hasta estresante, fastidiosa, siempre repitiendo lo mismo que el día anterior, pero para él, para Kiryu Zero, había simplemente perfección en todas esas rutinas. Amaba esas rutinas más que a nada. Amaba a la pequeña loca que era su esposa, amaba a sus dos hijos pequeños, amaba que Cross estuviera formando parte de su familia.

Una familia para Kiryuu Zero.

El peliplateado estaba sentado disfrutando de un día soleado en su patio, cubierto de césped verde y árboles frutales. Sonrió al ver a sus hijos jugar con el pequeño perro que les había traído su abuelito ese domingo. Estaban emocionados con él, enseñándole a sentarse, a dar la patita.

—Papá, se llamará Kiryuu Zerine –le dijo su hija respecto al nombre del cachorro –Es la combinación entre Zero y Catherine. ¿Es bonito?

—Es lindo –asintió Zero.

—Ow, mi hijito comienza a restablecer su clan, ya hasta perro tiene –exclamó Cross muy emocionado.

Por raro que parezca, Zero se rió ligeramente.

El mayor observó a su hijo adoptivo de reojo, estudiándolo. Realmente no supo bien en qué momento lo descubrió riendo feliz, hubieron muchos años en los que no sonrió para nada, no tenía ningún motivo, pero hoy día, él era feliz, los motivos para sonreír le sobraban.

—¡Llegó mamá! ¡Y trajo pizza y soda! ¡Y panecitos glaseados! –gritó Cat emocionada, entrando al patio con una bolsa de cosas y una caja de pizza, intentando que todo eso no se le cayera.

—Oye –Zero frunció el ceño –Eres la madre, no la tía solterona y loca. ¡Compra cosas saludables!

—Ash, ya lo sé, también traje ensalada verde, no molestes –gruñó, poniendo las cosas en la mesa de madera que había afuera.

—Yo también quiero pizza –corrió Cross.

—¡Oigan! ¿Qué soy el único adulto aquí? –se enojó el peliplateado.

—No, pero eres el único amargado si me preguntas –lo molestó su esposa con una sonrisa burlona. Zero la vio con los ojos entrecerrados –Ya cálmate y quita esa cara de chiquillo malcriado –se rió, acercándose a él y abrazándolo del cuello.

Sí, definitivamente amaba a su familia. Por más rutinaria que fuera.

¿El clan de cazadores Kiryuu estaba restableciéndose?

Zero sonrió al ver que Cat y Cross se peleaban cómicamente por la rebanada más grande de pizza mientras los mellizos se reían y el perro ladraba por un poco de comida. Clan restablecido o no, eso no importaba más, era un objetivo que había muerto hace varios años.

Una esposa loca. Unos niños saludables. Un perro lindo. Y un abuelito loco con una novia joven.

Todo era perfecto ahora.

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IV: Ouróboros

Se dice que un Ouróboros es una figura de un dragón comiéndose su propia cola.

Y eso simboliza el ciclo que siempre se repite.

El eterno retorno.


Habían pasado cerca de setenta años desde la prohibición del contacto entre humanos y vampiros, decretado por la Asociación de Cazadores. La gran reconocida Academia Cross tuvo que ser clausurada por su mismo dueño; Cross Kaien, desde hace muchos años atrás, sin embargo, los reyes Kuran decidieron acoger las instalaciones y así poder re-abrir las clases, aunque únicamente para vampiros.

De esta manera, la Academia Cross no murió del todo.

Era una institución de alto prestigio, con edificios hermosos, jardines verdes, fuentes de mármol y algunas esculturas adornando los pequeños estanques que se esparcían entre el área boscosa. Los dormitorios del sol fueron eliminados y convertidos en dormitorios de la luna. Era una regla imperecedera que todos los vampiros, desde grado primario hasta grado medio superior, cursaran sus estudios en la Academia Cross, donde se les enseñaba a controlar sus impulsos vampíricos, clases de ética y moral, cómo aislarse de los humanos, tecnología y cómo adaptarse a vivir en una sociedad humana. Los adaptaban bien para vivir en un mundo donde debían pasar desapercibidos, y resolver sus problemas de una manera pacífica, y cooperar con los Cazadores para proteger la ya pequeña y reducida sociedad vampira.

Eso no era fácil. Por suerte la Academia contaba con un par de encargados que lograban hacer funcionar todo.

Y a pesar de los muchos cambios, de que se reclutaron maestros vampiros y personal de la misma especie, había un puesto que no se logró ocupar por todos esos años.

El puesto de los prefectos.

No era que faltara disciplina en la institución; la sub-directora bien sabía encargarse de los estudiantes problemáticos, pero fue el único puesto "tradicional" que ninguno de los candidatos pudo llenar. Todos los solicitantes eran vampiros, sin embargo, en vista de que el puesto no se ocupaba, la Asociación de Cazadores exigió que se habilitaran las solicitudes para los jóvenes cazadores y el director decidió probar suerte a ver si alguien era adecuado para el puesto.

Aquél día no tenía por qué ser diferente de los demás. Pero lo sería.

Una señorita con zapatos negros bien lustrados caminaban por la banqueta de la Academia Cross con firmeza, dejando escuchar el sonido del tacón fino. Su vestido color negro estaba ajustado y el suéter gris estaba abrochado, además había una corbatilla corta de color negro en el cuello. La jovencita tenía el cabello negro y largo, pero recogido en una coleta alta. Usaba unos lentes enmarcados y en su mano portaba un maletín oscuro que sostenía con fuerza, intentando no temblar, pues estaba nerviosa pero también decidida. Le indicaron que la oficina del director estaba en el edificio norte por lo que se apresuró a llegar, pero fue interceptada por una secretaria de cabello castaño claro cuando entró en el lugar.

Ésta secretaria no era otra más que Sakurata Vanessa. Después de su nacimiento como vampira, se dedicó en cuerpo y alma a servir en la sociedad vampira, convirtiéndose en la nueva asistente de los Reyes Vampiros, en sustitución de la prestigiosa Seiren, quien se había retirado para tener una familia propia con el cazador y ex maestro Toga Yagari.

—Director –lo llamó Sakurata luego de haber tocado tres veces la puerta.

Un apuesto director de cabello castaño levantó su vista de los documentos que estaba leyendo en su escritorio para atender a su asistente.

―¿Qué pasa, Sakurata? –preguntó el hombre con su típico tono neutro.

―Hay una joven que viene a presentar su solicitud para el puesto de prefecta –informó – ¿le digo que deje sus documentos y se vaya? –apenas había terminado de decir aquello cuanto entró una señorita a la oficina del director Kuran –Oh, buenos días, shishou –la saludó la joven secretaria.

―Buenos días –correspondió al saludo sin verla mientras traía entre sus manos un montón de carpetas con expedientes de estudiantes nuevos que se tenían que revisar.

Kaname normalmente hacía eso; le decía a su secretaria que aceptara las solicitudes de empleo y que se fueran para nunca más llamarles, pero hoy, justo ese día tenía un presentimiento muy extraño. Él no sabía por qué, pero lo tenía.

—No, déjala entrar, Sakurata. Yo la recibiré –accedió Kaname.

—Eso haré –la asistente pareció un poco confundida ante la respuesta de su jefe, pero salió para cumplir con su trabajo.

—Kaname, ¿por qué hiciste eso? –inquirió Avril con el ceño levemente fruncido, dejando las carpetas de expedientes en el escritorio de madera — Creí haberte dicho que absolutamente nadie en este mundo podrá reemplazar a los prefectos antiguos de la Academia Cross –opinó, sentándose en una de las sillas que estaban frente al escritorio.

Antes de que el castaño pudiera contestar a la sub-directora, la puerta se abrió de golpe provocando que Avril se sobresaltara. La vampira frunció el ceño y giró su cabeza hacia la causante del estruendo y lo que vio la dejó sin palabras.

Había allí, frente a sus ojos, una joven de cabello negro y ojos lilas, elegantemente enfundada en un vestido formal negro con un suéter gris y unos lentes, su peinado le recordó a una amiga humana que tuvo hace muchos años atrás, pues traía el cabello recogido en una coleta y el fleco liso hacia adelante.

—Oh, perdón por el portazo, es que estoy nerviosa y no mido mi fuerza –se rió nerviosamente la recién llegada –Oh, lo siento, ¡qué maleducada soy! Vengo a presentar mi solicitud como prefecta, mi nombre es Kiryuu Izui –musitó rápidamente al tiempo en que dejaba una hoja de solicitud de trabajo sobre el escritorio.

Kaname y Avril se quedaron con la boca abierta, sorprendidos. Parecían haberse petrificado cuando la chica dijo su nombre en voz alta.

—¿Q… qué? –apenas pudo decir Avril con incredulidad –¿Ki… Kiryuu? ¿Eres una Kiryuu?

—Sí –asintió con la cabeza, sintiéndose observada fijamente por los dos presentes. Dos pares de ojos castaños mirándola anonadados.

Av la miró bien de pies a cabeza. Era una combinación del pelo y la estatura de Ouroboros Catherine, y los ojos y expresiones frías de Kiryuu Zero.

—¿Tus padres son… Cat y Zero, los Kiryuu? –preguntó sin poder dejar de verla.

—¿Disculpe? –Enarcó una ceja, confundida –Ellos son mis abuelos. ¿Cómo sabe sus nombres? –entrecerró los ojos, mirando a la sub con dudas.

—¡¿Dónde están?! –sonrió emocionada, acercándose a ella, tomándola por los hombros.

—E… en Inglaterra, descansando en paz –respondió sintiéndose incómoda de tener que revelar cosas de su familia a personas que nunca había visto – ¿Los conoció usted de alguna manera?

Descansando en paz… eso había dicho la joven.

La sonrisa en el rostro pulcro de Avril se congeló, y después se deshizo, desilusionada.

Zero y Cat ya estaban muertos.

—Los años pasan demasiado rápido para nosotros, cariño –le recordó Kaname al verla un poco afectada, pero Av sonrió de medio lado y se recompuso.

—Lo sé –asintió. Sí, habían pasado muchos años ya. Kaname y Avril se concentraron en la Academia y la sociedad vampiro, mientras que los Kiryuu hicieron su vida aparte, igual que los Akatsuki.

Avril sintió que apenas había parpadeado una vez cuando ya habían pasado cerca de setenta años.

El tiempo parecía ser arena entre los dedos para los vampiros.

—Entonces vienes a presentar tu solicitud para convertirte en prefecta, ¿no es así? –habló el director, rompiendo el silencio que se había formado en la habitación.

—Oh, ¡sí! Si me aceptan, ¡juro que no los decepcionaré! –recitó firmemente y se inclinó un poco en una suave reverencia.

Los Kuran sonrieron, intercambiando miradas significativas. Avril sonrió de medio lado.

—¡Contratada! –gritó Av feliz de tener a una Kiryuu en sus filas. Finalmente había encontrado a una prefecta adecuada para el puesto de seguridad de la Academia secreta de vampiros Cross.

—¿En serio? ¡Genial! –gritó y brincó la joven Izui llena de felicidad –¡Me dijeron que de seguro me rechazarían, pero yo tenía qué intentarlo!

—Sin embargo, para trabajar tendrás que entrenarte arduamente… -iba a decirle Kaname cuando Izui lo interrumpió abruptamente.

—¡No se preocupe, jefe! ¡Sé lidiar con vampiros! ¿De qué familia cree que vengo? –rió escandalosamente mientras Kaname la miraba con los ojos entrecerrados, molesto por haber sido interrumpido. Se notaba que era nieta de la imprudente y molesta Catherine. El castaño puso los ojos en blanco y se levantó.

—¡Que linda! ¡Es igualita a Cat! –dijo Avril emocionada, con las manos juntas al lado de su mejilla, lo que provocó más enojo de parte del director Kuran.

—Oh, no, parece que los tiempos han vuelto –gruñó Kaname cruzado de brazos.

—Kuran-sama –entró Sakurata a la oficina con un sobre en la mano –Ha llegado esto con urgencia para usted –le entregó personalmente al director –Con permiso.

—¿Qué es eso? –inquirió Izui curiosa.

—Entrometida como su abuela –exclamó el director entre dientes y Avril se rió fuerte para que la joven no lo escuchara.

—Y dime, querida niña, ¿Cómo se llaman tus padres? –le preguntó la sub.

—Lo que faltaba –se quejó Kaname cuando leyó el oficio que le mandaron, interrumpiendo la conversación.

—¿Ahora qué sucede, Kaname? –se fastidió Av, pues intentaba que el nuevo miembro femenino de la Academia se sintiera cómodo y su esposo no le estaba facilitando el trabajo.

—El hijo de Toga Yagari y Seiren está presentando su solicitud para ser prefecto.

—¡Yes! Seguramente será como un Zero, e Izui es como una Cat, ¡Qué felicidad! –brincaba la subdirectora y corrió para abrazar a su marido fuertemente, pues estaba demasiado feliz. Kaname al verla así sonrió de medio lado, si todo eso la ponía así de feliz entonces estaba bien que ese par de idiotas ocuparan los puestos de prefectos que tantos años llevaban sin dueño.

Si Avril era feliz, él también. Así de sencillo.

Finalmente después de casi setenta años parecía que el tiempo volvía a repetirse en la famosa Academia Cross, pensó Avril con una sonrisa mientras veía a Kaname darle indicaciones estrictas a la nueva joven prefecta.

Lanzó un suspiro de alivio. Era feliz. Ahora más que nunca con el amor de su vida; su esposo vampiro, con sus dos jóvenes hijas, y ahora los descendientes de sus amigos y su hermana estaban llegando poco a poco a la Academia. Como si el tiempo retrocediera. O como si se repitiera.

Como un Ouróboros.

Las manecillas del reloj retardadas van. Hacia atrás, hacia atrás. El tiempo se va a atrasar.

La reina vampiro está vigilando su lugar. Los descendientes llegan caminando ya.

El minuto se atrasa y el segundo más. Unos Kuran dirigiendo una academia están.

El tiempo es relativo y de a poco va. Una loca Kiryuu Ouróboros vociferando va.

Las épocas parecen repetirse una vez más. Un Toga cazador de vampiros en la Academia está.

Hacia atrás, hacia atrás, porque el tiempo es raro y es verdad. Un Akatsuki-Arklay encaminado llegará.

Noches oscuras y frías vendrán, los vampiros escondidos por siempre estarán.

Días soleados y calidez primaveral, los humanos ignorantes de los seres de la noche serán.

Poco a poco el tiempo vuelve ya. Los tiempos se repiten y no lo puedes evitar.

THE END