Disclaimer: La franquicia Digimon y sus personajes no me pertenecen.

Aviso:El nombre de los ataques se encuentra en negrita y su traducción se basa en el termino original en japones del que provienen.


El huevo se resquebraja ligeramente, pero cobra intensidad con cada sacudida, abriéndose paso a través del cascarón.

Los trozos se desprenden lentamente, y por el hueco que va apareciendo se asoma el ser que contiene.

Finalmente, sale y se puede ver por fin que tenía en su interior.

Su tamaño es similar al de una paloma, su color es de un azul grisáceo, cuenta con un único ojo que abarca gran parte de su cara, tiene pequeños apéndices en su base y esta coronado por unos pequeños cuernos. Es un kuramon.

Observa a su alrededor intentando orientarse, a su alrededor no hay más que una pradera rodeada de un bosque.

Todo le parece enorme, pero eso no le inquieta. Solo hay en su cerebro un único pensamiento: comer.

Le da igual donde se encuentra, si hay otros seres, por que está en la isla. Pero su primer pensamiento se ve relegado a un segundo plano por otro más urgente, debe moverse pues no hay nada de lo que pueda alimentarse.

Se dirige hacia el este, entrando en el bosque sin preocupación alguna, los arboles desde su perspectiva son enormes, pero su tamaño real no lo es tanto; el viento sobre las ramas las mueve de forma plácida. El sol ilumina el camino de forma intermitente, reina la calma y el recién nacido avanza lento pero seguro.

El viaje dura unos cuantos minutos hasta que se ve interrumpido por el sonido de otros seres en la cercanía. El kuramon se esconde tras una roca que yace cerca suyo.

El sonido de pasos aumenta con la cercanía de su origen y tras asomarse un poco para ver, el Digimon vuelve a esconderse.

Son larvas de color amarillo, con un pico azulado y sin ojos, al final de su cuerpo se halla un aguijón de tamaño considerable. Son tres y se comunican entre sí. Son kunemon, el bebe sabe al instante que si se encuentra con ellos es probable que le ataquen y no salga muy bien parado, de modo que espera a que reanuden su marcha para poder seguir.

Tras desaparecer, el bebe sale de su escondrijo y sigue hacia el este.

Tras lo que puede parecer una eternidad, el bosque se acaba. Al salir de allí, el Digimon se encuentra en campo abierto.

El sitio resulta ser el borde de la isla que se extiende unos cuantos metros sin nada más que ver allí, de modo que girando 180º, el kuramon vuelve a internarse en el bosque con dirección opuesta.

El viaje resulta ser igual de monótono que el anterior. Al salir, el borde oeste de la isla es calcado a su lado contrario. De modo que esta vez con dirección sur, vuelve sobre sus pasos.

Esta vez, en el sur si cambia ligeramente, la isla acaba en un pequeña pequeña cueva que se hunde ligeramente bajo el suelo. Decide que esa será su morada cuando caiga la noche.

Sin nada más que ver en esa parte del islote, pone rumbo a la única zona inexplorada de la misma. El norte.

Vuelve a cruzar el bosque de punta a punta, escondiéndose de los kunemon que esta vez forman un grupo de siete, pero se sorprende cuando para salir desde allí el bosque forma con sus arboles un arco.

En el norte aparece una extensión mayor de tierra, esta vez el único lugar con un asentamiento mayor.

El lugar se encuentra cubierto de huevos. De todos los colores y patrones de dibujo en su superficie. Al kuramon le rugen las tripas por primera vez.

Se acerca lentamente a uno de ellos, dispuesto a hincar el diente al más próximo a su posición cuando una sombra lo aparta de un golpe.

Al recuperarse, observa a su oponente.

Es un ser del tamaño de un perro, su pelaje es de color carmesí pero con vetas de un intenso azul eléctrico, su cola se divide en nueve segmentos y se encuentra alzado como el plumaje de un pavo real, sus patas cuentan con tres garras. Es un elecmon.

-¡Eh, tú!-Le habla-¡¿Que demonios intentabas hacerle a los huevos?!-Se levanta sobre sus cuartos traseros y le apunta con la garra-¡Estos huevos se encuentran bajo mi protección!¡No se de donde has salido, pero más te vale apartarte de ellos o tendrás que vértelas conmigo!.

El recién nacido se estaba enfadando, sabía que se estaba encarando con alguien más fuerte que el, pero el hambre era una prioridad. Volvió a lanzarse contra el huevo pero volvió a ser apartado de un golpe.

-A si que no quieres irte por las buenas...-El aire se empezó a llenar de electricidad estática-¡Entonces tendré que echarte por las malas!-La cola se iluminó-¡Trueno Brillante!

De la cola del elecmon surgió un rayo de alto voltaje dirigido al bebe, que consiguió evitarlo de pura chiripa. Y otro, que volvió a esquivar por los pelos. El tercero le rozó la parte izquierda de la cara. Viendo que tenía poca oportunidad de salir ileso, se encaró con su enemigo y decidió atacar.

-Resplandor Ocular- Su ojo comenzó a segregar una espuma que lanzó directo a su rival. Pero no hizo nada.

-¡Eso no me ha hecho nada, idiota!-Le embistió de un cabezazo que lo lanzó contra la entrada del bosque-Es hora de que caigas-Intuyendo que no podía hacer nada contra su enemigo, aprovechó para internarse nuevamente en el bosque-¡Eso huye!-Le chilló-¡Mientras yo, Elec, este aquí, no podrás tocar jamas estos huevos ni acercarte siquiera al Pueblo del Comienzo que protejo!.

Determinando que se había alejado lo suficiente del elecmon, el kuramon puso rumbo de vuelta a su morada en el sur.

Al llegar, e internarse en su refugio, el kuramon se desplomó en el suelo del cansancio. Elec el elecmon había sido su primer enfrentamiento. La diferencia de nivel se notaba de forma explícita. Pero no se desanimó, pues por fin en el Pueblo del Comienzo había encontrado su fuente de alimento. Solo tenía que hacerse más fuerte para que la próxima vez nada pudiese impedir que obtuviese su premio.

Y con ese último pensamiento, el bebe se durmió. Su primer día había terminado.