Aviso: Las lineas -.-.-.-.-.- separa eventos temporales desde un mismo personaje/punto de vista
Corría lo más rápido que le permitía su cuerpo. La lluvia caía cada vez con más fuerza y las lágrimas que se salían de sus ojos le impedían ver con claridad. Tenía miedo y lo asediaba una tristeza imposible de contener. Su mejor amigo había muerto y su asesino en esos instantes le perseguía a él. Tenía que llegar al Pueblo y avisar a Elec de lo que había presenciado.
El mochimon se estaba quedando agotado, le empezaban a arder los pulmones de la huida. Presentía que podía ser su fin.
El bosque se le estaba haciendo eterno, no encontraba la salida por mucho que caminase. Su estado de pánico no lo ayudaba a orientarse. Su confusión solo conseguía ponerlo más nervioso conforme pasaba el tiempo. Pero no podía darse el lujo de parar aunque fuese un segundo.
A lo lejos, el monstruo -pues no había mejor palabra que pudiese describir a alguien que matase a alguien de esa forma, sobre todo tratándose de un bebe que encima mataba otros bebes- se acercaba cada vez más.
No dudo y emprendió de nuevo la huida. Los arboles de la isla proyectaban sombras que se le antojaban siniestras con la lluvia. En ese momento se le ocurrió una idea. El árbol-holograma de Michael. Si lo encontraba y conseguía esconderse dentro tal vez conseguiría despistarlo. Lo malo es que no conocía la localización del mismo. Y estos árboles normalmente no podían distinguirse a simple vista de sus hermanos más físicos. Sería como encontrar una aguja en un pajar.
Intentó pasar dentro de cada uno sin éxito, y al mismo tiempo pendiente de su problema. Casi se encontraba a su alcance. Y entonces vio en ese lugar un escondite temporal, al menos hasta que su perseguidor se alejase. De modo que se ocultó ahí.
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Sabía el rumbo que estaba tomando el testigo, corriendo detrás de él. Llegó a un pequeño claro entre varios árboles y algunas rocas. A su derecha un tronco vacío yacía en el suelo. Miró alrededor suyo intentando localizar a su presa, atento a cualquier señal que delatase su posición.
Sabía que se encontraba en esta zona pues había venido en esa dirección pero no sabía donde, pues le había perdido de vista un instante.
A su izquierda un grupo de piedras y una roca de tamaño medio se hallaban pegadas al tronco de un árbol inclinado y que carecía de su parte superior.
Un trozo de color rosado llamó su atención entre la roca y el tronco. Se acercó de manera cautelosa.
Y lo encontró. El mochimon temblaba bajo la lluvia. Bit podía asegurar en esos instantes de manera bastante acertada que lo habían encontrado. Al darse la vuelta se topo con el kuramon.
-¡Por favor no me hagas daño!-Suplicó entre sollozos.
-Comida-Respondió
-¡No!-Gritó-¡¿Por que has matado a mi amigo?!¡¿Quien eres?!-
-Comida-Repitió-¡Yo hambre!¡Digimon comida!¡Relemon comida!¡Tú comida!-
-¡No, por favor!¡No!-Notó como se cercaba-¡No!
Saltó sobre su presa sin dilación.
-¡No!-Chilló-¡Aaaaaah!
El grito de Bit fue ahogado por la caida de la lluvia que ensordecía sus suplicas y socorros lanzados con la espera de que alguien lo ayudase.
La muerte del pequeño mochimon fue rápida. El código devorado llenó su estomago. El DigiCore expuesto no tuvo tiempo de dirigirse a su lugar de resurgimiento pues también fue devorado. La resurrección era imposible. Otro Digimon desaparecía para siempre bajo las fauces del keramon.
En vista de que podría resfriarse y enfermar si seguía expuesto al tiempo de ese día, retornó a su hogar.
Una vez dentro de la cueva se puso a dormir. El problema estaba solucionado sin incidentes.
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Los niños habían sido refugiados en el interior de la cabaña. Sin embargo faltaban dos de ellos. El asunto le preocupaba mucho.
Debía buscarlos en cuanto las nubes pasasen o la lluvia amainase. A medida que pasaba el tiempo y anochecía los bebes se durmieron. Estaba cada vez más ansioso, pero no podía perder la calma en un momento como ese.
La media hora de juego que les prometió había pasado y aun sin regresar fue algo malo que empeoró en cuanto comenzó a llover, pero eso le angustió aun más a medida que se oscurecía el día. La lluvia amaino a unas tres horas y media de oscurecer, de modo que no perdió tiempo.
-Michael-El tokomon que se encontraba adormilado le miró-Necesito que cuides del resto mientras no estoy-
-¿Por que?-
-Bit y Kyu todavía no han regresado y estoy muy preocupado-
-Vale, yo me encargo-
Le miró un momento y salió a toda velocidad de su casa.
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A la mañana siguiente regresó con las manos vacías, y además la noche anterior encontró signos de lucha en una parte del bosque donde un grupo de rocas y el tronco partido de un árbol se hallaban.
Lo raro y más angustioso aunque por un lado bastante bueno era que, después cuando fue a la zona de los DigiHuevos, no encontró los que deberían corresponder a los de Kyu y Bit. Al fin y al cabo si aunque le pesase habían muerto sus DigiCores habrían vuelto al Pueblo del Comienzo para volver a generar los huevos.
En el momento en que todos despertaron aprovecho para hablar con ellos.
-Escuchadme todos-Alzó la voz- En estos momentos, y hasta que vuelva, esta prohibido que salgáis del Pueblo u os internéis en el bosque.-
-¡Siii!-Todos afirmaron de forma aburrida.
-¡Bien!-Miro a Michael-Te dejo al cargo-
-Entendido-Respondió.
Esta vez aprovecharía la luz del día para volver a buscarlos por la isla. Salió del Pueblo corriendo e adentrándose en la arboleda.
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Se despertó maravillosamente fuerte. Y feliz. No sabía que le pasaba pero estaba muy contento. Algo había cambiado y lo notaba. Esa mañana era diferente.
En ese momento, algo reaccionó en su interior, una nueva fuerza surgía con una intensidad que desconocía. La energía de su interior revolucionaba todo su cuerpo, y emitía una luz propia.
Su entorno empezó a tornarse negro a su alrededor. Algo le envolvía. Una oscuridad lo cubría como un capullo perfectamente redondo. En su interior su cuerpo cambiaba, su código se alteraba y crecía.
La transformación tenía un nombre. Era una evolución. Su primera evolució voz recitó una frase concreta:
Keramon digevoluciona en...
Tsumemon.
La esfera negra se rompió en miles de pedazos que desaparecieron en el acto.
Abrió su único ojo anaranjado y se contempló.
Su cuerpo era ligeramente mayor en tamaño, su cuerpo de color azul grisáceo era casi igual que antes de evolucionar pero más oscuro. En la base de su cuerpo le habían crecido cinco apéndices rechonchos terminados en una única garra cada uno y sus orejas eran largas y aplanadas como si fueran cintas de papel.
Por fin, tras varios días de alimento, alcanzó la segunda y última etapa de bebe. Probó a alzarse sobre sus patas y comprobó que se movían de forma adecuada. Una vez en pie giro 180º y encaró la boca de la guarida. Se detuvo a pensar un momento y decidió que tenía que celebrarlo.
Era momento de cazar y ver hasta donde alcanzaban sus nuevas capacidades.
