Ha pasado poco más de una semana desde su evolución, para poner en práctica sus nuevas habilidades había cazado unos pocos Digimon solitarios. La movilidad de sus apéndices era excelente, y ahora recorría mayores distancias en un menor tiempo. Pero no todo es diversión. Tiene pendiente su venganza, aunque sabe que todavía no es el momento. Tiene que planificarlo todo muy bien si quiere tener éxito.
Esa mañana hay una niebla espesa que no le deja ver cosas que se encuentren muy lejos de su posición. La bruma cubre toda la isla, dándole un aspecto un poco siniestro al bosque. Pero no le molesta. Puede servirle como método para ocultarse y realizar mejores ataques por sorpresa. Sus pasos son sigilosos, reduce velocidad al entrar en el bosque, haciendo el menor ruido posible.
En el tiempo que lleva desde su cambio a crecido unos cinco centímetros, sus ansias por alimentarse se han normalizado y en su interior, un nuevo deseo se ha manifestado. Esa nueva sensación, aunque tenue y similar a un susurro en un rincón de su mente, le pedía que hiciese daño, destruyese y crease caos en el lugar. Era una sensación que se le hacía extrañamente familiar. Como si fuese algo de lo más normal y correcto para él. Algo natural. Pero todavía no la había experimentado, no lo había puesto en práctica.
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Se le estaba yendo de las manos. No solo no había encontrado a los niños, sino que para más inri, las desapariciones no hacían más que aumentar. La niebla solo aumentaba su ansiedad, pues temía que todo aquel que se internase en ella desaparecería para siempre. Y el problema no radicaba en las desapariciones, sino en la población de DigiHuevos en el Pueblo del Comienzo, que no hacía otra cosa que ir reduciendo el número de integrantes del mismo.
Elec avisó a Michael sobre el problema en cuanto se marchó esa mañana, que no debía volver al bosque y menos en un día cuyo clima favorecía las posibilidades de peligro, pero desestimó su advertencia argumentando que sus preocupaciones eran infundadas. Era tan cabezota, no entendía porque los bebes eran a veces tan testarudos.
Su nerviosismo pudo con su fuerza de voluntad, por lo que sin más dilación emprendió rumbo al encuentro con el tokomon.
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Incluso con el tiempo de ese día, no le costó encontrar su hogar. El árbol especial que le servía de refugio tenía unas cuantas marcas distintivas, que aunque para uno pudiesen ser imperceptibles, para él que solo era un tokomon aun así eran inconfundibles. El árbol-holograma era el único que además de no tener frutos en su copa como el resto de sus hermanos más sólidos, tenía una rama en forma de zigzag muy distintiva. Las marcas casi invisibles en el tronco lo confirmaban despejando todas las dudas. Entró sin problemas, pues no ofrecía resistencia alguna al pasar.
El interior era de un color metálico casi transparente pues se podía ver el exterior como si estuviese tapado por una cortina. El sitio en si no tiene nada en especial, pues está prácticamente vacío, a excepción de una cama hecha con hojas caídas.
Pasa un tiempo sin nada que hacer cuando aparece de un lugar cercano un botamon. Michael piensa salir a saludarlo cuando del mismo lugar del que ha surgido, se muestra un extraño ser de un solo ojo y cinco pies. Se sorprende al ver el nuevo Digimon pues no le suena de nada.
La situación da un vuelco cuando el botamon es atacado por el intruso. Y queda horrorizado cuando el nuevo ser hace daño al pequeño. Sin pensarlo mucho sale de su refugio y le habla.
¡Hey!-El ser se gira para mirar el origen de la voz-¿Que estas haciendo?¿Por que le estás haciendo daño?¿Quien eres?-
No contesta. En vez de eso, golpea una vez más al pobre bebe con sus garras.
-¡Detente!¡No sigas!-
Sigue golpeando a su victima hasta que esta muere y se deshace. El ser misterioso se alimenta con los datos de su presa hasta devorar su Núcleo.
Michael se asusta. Jamás, en toda su corta vida, ha visto a alguien morir por lo que no puede evitar que de sus ojos empiecen a surgir lágrimas.
El agresor decide atacarle en ese momento. Lo golpea con las garras de los apéndices, y le hace sangrar un poco.
Al ver que en esa ocasión piensa matarlo a él también, decide defenderse.
-¡Burbuja!- Vomita una burbuja de color rosado de su boca y lo golpea en el ojo, haciéndolo lagrimear.
-¡Arañazo de Uña!-Le araña en la mejilla con una de las garras. Eso le duele mucho, pero le anima a defenderse mejor.
Le golpea de una embestida para alejarlo de él y viendo que el ataque anterior no le ha hecho mucho abre la boca hasta que parece que se le ha desencajado la mandíbula. Al hacerlo muestra los sus colmillos, estos están dispuestos en dos hileras, parecido a los tiburones y su encía se extiende de manera significativa.
-¡Mordisco!-De una dentellada le hiere una de las patas de la izquierda.
El combate continua por unos cuantos minutos, pero ninguno parece dispuesto a rendirse. Ambos se encuentran llenos de raspones, arañazos y mordiscos.
Es en el instante en que ambos se detienen para recuperar el aliento que se oyen gritos en la distancia. Al mirar en la dirección de donde estos provienen que una forma carmesí y azul toma forma.
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La forma rojiza se le hace familiar al tsumemon. Al acercarse esta es reconocida como el elecmon de la isla.
-¡Ah!¡A si que has vuelto, pequeño demonio!-Le grita-¡Y encima parece que has evolucionado!¡Esta vez no te saldrás con la tuya- La cola del Digimon genera electricidad-¡Trueno Brillante!-
El rayo lo golpea de lleno, pero no le deja inconsciente. Viéndose superado, decide que lo mejor es huir para poder pelear otro día. En eso al menos, dejan que se marche pero con el rabo entre las piernas.
Una vez regresó a su hogar, se tumbó a descansar y a recuperarse de sus heridas.
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-¡Eso es, huye otra vez!¡Y esta vez no vuelvas, porque sino no tendrás otra oportunidad de vivir!-Grita Elec-¿Estas bien?-Habla dirigiéndose al tokomon.
-¡Si, gracias Elec!¡Tenía tanto miedo!-Dijo de manera temblorosa-¿Que era eso?-
-No lo se. Apareció hace casi dos semanas intentando hacer daño a los DigiHuevos. Por suerte lo pillé infraganti y pude detenerlo-
Michael recuerda en ese momento lo que había presenciado y se lo cuenta todo.
Una vez terminada su historia, el elecmon se detiene a pensar.
-¡Mierda!-Había fallado en su cometido-Es culpa mía. Debí matarlo el día que le vi por primera vez.-
-¡Lo siento Elec, no pude ayudarlo!-Las lágrimas volvían a salir.
Viendo esto, el elecmon lo abrazó de manera fraternal.
-No pasa nada Michael-Le dijo-Lo que cuenta es que estés a salvo. Has estado fantástico-
-Gracias-
Le paso la pata por la cara para secar sus ojos enrojecidos.
-Ven conmigo-Comenzaron a caminar-Es mejor que te quedes con nosotros en el Pueblo hasta que podamos librarnos de él.-
-De acuerdo-Respondió con un susurro.
Se encaminaron de vuelta al Pueblo del Comienzo donde fueron recibidos de forma amable por el resto de los bebes. Al ver al tokomon lleno de heridas, empezaron a preguntar que sucedía. Pero para no asustarlos más de lo que estaban decidió responder que no pasaba nada. Ya se lo explicaría todo con más calma al día siguiente.
