Gracias otra vez por leer y por enviarme vuestros comentarios, me dan mucho gustito: CrissBlack, XKelidaX, Orden del Fénix, Sabaku no Akelos, Erea, unkatahe, blackstarshine, Yedra Phoenix, Isa Malfoy, dianetonks, melaniablack, nanai.malfoy, danae kementari, mArTa, lara evans, BarbaraNakamura, Notsoblu, SORTILEGIOS WEASLEY.

Veamos… otra vez comentarios en común, pero es justo que lo sepáis todas/os:

El "tercero" en discordia: no es el motivo en sí mismo del conflicto Draco-Hermione. Este conflicto empieza en este capítulo. Por mucho que queramos ver otra cosa, Draco es hijo de mortífago, es sangre pura, no es de la Orden, no es amigo de Harry, es el Malfoy (Lucius ha muerto). Pero si se ha fijado en Hermione tiene que ser a costa de renunciar a cosas que ha mamado desde la infancia. Gracias, Isa por apuntarlo, la "crianza". ¡Me has leído la mente!. Siempre intento no caer en topicazos (de ahí que Draco NO sea Premio Anual, y no tenga una maldita sala común con Hermione).

Hermione y Grecia: Hermione está en Grecia de vacaciones con sus padres, es casualidad (interesante) que esté allí, (no es una espía ni es agente secreto XD).

Enemigos: es pronto para saber quién es el enemigo misterioso y no os he dado mucha opción a saberlo. De verdad que iré desenvolviendo al personaje, pero ahora no. Desmiento rotundamente: NO es ni fue un mortífago, y definitivamente NO es Neville (!!!), que tampoco es la víctima del Imperius. La tiparraca con la que habla ese enemigo… efectivamente, hablamos del sapo verrugoso.

Percy y Penelope: Ahora es lo importante¿por qué murió Penelope?. Alternativas: fue un error, fue un accidente, no era ella el objetivo, por ser sangre sucia, por su trabajo, por celos… Y la otra gran pregunta¿por qué desapareció Percy?. Alternativas: por ser testigo, por error, por ser culpable, por ser secuestrado, ha muerto también... Penelope, insisto en la frase de Ronan... "las primeras víctimas son siempre inocentes..."

Sobre si Penelope es sangre sucia: el DH parece que insinúa que es al menos mestiza. Recordad, Hermione utiliza su nombre para que no la investiguen. Con lo cual es complicado que Penelope sea hija de muggles. Pero por otro lado, fue víctima del basilisco, y esto hace suponer que es hija de muggles.

Sobre Percy… aunque parezca lo contrario, se ganó todo mi respeto en el DH. Que persiguiera a Rookwood y se quedara junto a Fred. Tal vez me he recreado con sus tonterías en la Escoba, pero eran bromas de Fred y George, y tuvo una boda feliz y divertida (y cursi xD).

Mortífagos: para no fastidiar a nadie la lectura de las Reliquias (sé que hay alguna que está en ello, gracias!), diré que los mortífagos que han aparecido hasta ahora aquí NO son los de ese fic.

También lo advertí. Nos gustan los besitos y carantoñas de Draco-Hermione… pero los demás personajes no serán planos y aburridos, como me dijo una vez una lectora, Dark Rachel, "enterrados bajo toneladas de dramione".

¡Ah! Esa manía por lo canon no siempre me sirve. Hay personajes que son semi-canon (ej: tomados de las películas, que teóricamente no son canon, aunque sean producto "oficial")

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Resumen Capítulo 2: Durante la cena de celebración por la futura paternidad de Bill y Fleur, los Weasley reciben la noticia de que Penelope Clearwater, recientemente empleada en el Ministerio de Magia, ha resultado muerta. Percy Weasley ha desaparecido.


"La verdad es una cosa terrible y hermosa, y por lo tanto, debe ser tratada con gran cuidado." - Albus Dumbledore. Harry Potter y la Piedra Filosofal.

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Domingo 19 de julio de 1998

Mansión Malfoy. Wiltshire, Inglaterra.

Draco frunció el ceño. Eran las 9:30 pasadas, y su madre estaba sentada en el comedor diurno, con el periódico El Profeta entre sus manos, parecía que ya había terminado su desayuno. Era extraño; su madre a estas horas debería estar preparándose para salir hacia el Callejón Diagón, realizar compras, ir a visitar a amistades como los Bullstrode, los Parkinson, los Greengrass...

"Buenos días, madre." dijo Draco, dándole el acostumbrado beso en la mejilla.

"Buenos días, Draco."

Comprobó que no había correo, la bandeja de plata que había en el centro de la mesa estaba vacía. Draco sabía que su madre no tocaba sus cartas. Por lo tanto, no había recibido ninguna lechuza, ninguna noticia de Grecia...

Ligeramente decepcionado y un poco preocupado también, Draco se sentó y mágicamente su desayuno se preparó delante de él, por obra de un encantamiento élfico. Mientras el té se vertía sobre la taza, las tostadas, aún calientes, eran impregnadas con mantequilla y la tortilla se servía en el plato junto al tomate, jamón y salchichas, Draco decidió preguntar a su madre qué hacía a esas horas ahí. Narcissa vestía un sencillo vestido de lino, del tipo que solía llevar cuando no tenía pensado salir, y su aspecto, aunque impecable como siempre, era grave. Pero también podía ser que en un año Narcissa Malfoy parecía haber envejecido cinco.

"¿Qué haces aquí, madre?. Pensaba que ibas a salir al Callejón Diagón."

Narcissa no respondió. Con elegancia, muy despacio, dejó el vaso de zumo de naranja sobre la mesa, y tomó el periódico.

"Léelo tú mismo."

Draco se sorprendió. Cuando la jarrita de leche manchó el té, le dio un pequeño sorbo. Su madre era quien solía regañarle por estar leyendo en la mesa, o haciendo pequeños trucos de magia como pelar su propia manzana o ser él mismo el que se sirviera la comida con la varita. O bien también en esto Narcissa había cambiado, o bien esta situación particular pintaba grave.

"¿Tienes trato en el Ministerio con Arthur Weasley?" preguntó abruptamente Narcissa, alargándole el ejemplar de El Profeta.

Su hijo no llegó a abrir el periódico, levantó los ojos grises tan similares a los de su padre y los clavó en su madre. Intentaba averiguar el significado de esa pregunta. Pero su madre era una estatua de mármol; ningún gesto indicaba sentimiento alguno.

"Tengo trato con mucha gente, sí, incluido Weasley."

Narcissa desvió la mirada, y apretó los labios. Pero no dijo nada. Era extraño. Draco sabía que algo había detrás. Desdobló el periódico y se quedó boquiabierto.

"UNA EMPLEADA MUERTA EN EL MINISTERIO DE MAGIA

Una empleada del Departamento de Regulación y Control de Criaturas Mágicas, la señorita Penelope Clearwater, ha resultado muerta hace dos noches en su puesto de trabajo. Es pronto aún para saber si ha sido una muerte accidental o ha sido provocada por alguien. Asimismo, no se han facilitado datos sobre si ha desaparecido algún documento o instrumento allí conservado.

Percival Ignatius Weasley, asistente del Ministro de Magia, se encuentra en paradero desconocido desde esa noche, y se dice que ambos mantenían una relación. Fuentes de la investigación han confirmado que fue la última persona que vio con vida a la señorita Clearwater.

Arthur Weasley, padre de Percival, y empleado del Ministerio, tan sólo ha querido aclarar que su hijo jamás habría hecho nada en contra del Ministerio ni de su familia, y que tanto él, su esposa e hijos, están conmocionados por el trágico suceso, la señorita Clearwater era muy querida por todos ellos. Los Weasley, ha declarado, están muy preocupados e inquietos por el destino de Percival Weasley.

El Ministro de Magia, Rufus Scrimgeour, ha puesto a los mejores aurores a investigar los hechos, pero ha rehusado facilitar más información."

Draco dejó el periódico junto a él, pero no siguió desayunando. Su rostro era una máscara impenetrable.

"¿Qué tiene que ver esto con el Callejón Diagón y tus compras?"

Narcissa dio otro sorbo a su zumo.

"No has terminado de leer, Draco."

Draco hizo una leve mueca de sorpresa, y dio un bocado a su tostada; volvió a mirar el periódico. Efectivamente, hacía una extensa mención a la aparición de dos aurores muertos frente a Gringotts, y en las calles próximas al Callejón Diagón, tres muggles habían sido asesinados. Todo apuntaba a obra de varias maldiciones asesinas.

Draco volvió a mirar a su madre, que no había dejado de observarlo durante su lectura, con una extraña expresión en su rostro.

"Madre… no pueden haber vuelto… casi todos murieron o están en Azkaban…"

"Casi todos. Pero no todos." Narcissa tenía una mirada intensa. "No puedo ir a Londres, como comprenderás."

"Pues no, madre. No lo entiendo. A estas alturas ya habrán despejado la zona, y habrá vigilancia."

Narcissa apartó la mirada.

"Prefiero no ir." dijo simplemente.

Draco esperó que su madre continuara, pero pareció el final de la conversación. Terminó la tostada, y se limpió las manos de la grasa de la mantequilla con la servilleta. Iba a cerrar el periódico, cuando otra noticia lo sorprendió, y junto a ella, una fotografía en movimiento de un terrible fuego en una zona boscosa.

"GRAVES INCENDIOS EN GRECIA

Desde ayer por la tarde en Olimpia varias llamas han ardido alrededor del templo, dejando incomunicados a los turistas que estaban en la zona. Los fuertes vientos y el intenso calor han provocado la muerte de tres bomberos (muggles que se encargan de apagar los fuegos con agua y otros medios), dos turistas y varios heridos. El aislamiento de dos días ha terminado cuando el Ministerio de Magia griego ha intervenido para socorrer a las víctimas. Al cierre de esta edición se desconoce si entre las víctimas hay brujas o magos.

El templo todavía servía para prender fuegos mágicos, entre ellos, el FiendFyre, cuyo uso hoy en día está muy restringido. La única ocasión que se permite a los muggles utilizarlo es en la celebración de un histórico evento deportivo, celebrado periódicamente. El resto del tiempo, los magos y bruja griegos custodian el fuego, que se dice tiene enormes propiedades, incluso letales como ha sido demostrado hasta ahora.

Es pronto para saber si se ha echado a perder el templo, y si el FiendFyre no podrá volver a producirse."

Draco perdió el apetito. En Grecia estaba Hermione. ¿Estaría bien, o con suerte le había pillado ese accidente en el crucero cerca de Creta? No había recibido ninguna carta ni noticias de ella desde hacía dos días que él escribió.

Narcissa tenía los ojos fijos en él. Draco apretó los labios, y se obligó a seguir desayunando. No deseaba darle explicaciones, no en ese momento.

Y sin embargo, tenía la sensación de saber que algo se cocía desde hacía tiempo en el Ministerio. Maldijo para sí, ya que en esos meses había trazado relaciones con diferentes empleados y patrocinadores del Ministerio. Se llevó una mano a la boca, intentando pensar. En el Ministerio había una situación tensa: antiguos seguidores de Voldemort que ahora disimulaban y ocultaban su afiliación; empleados ambiguos; claros opositores a Voldemort. Quienes querían terminar con el mandato de Scrimgeour y alzarse con el poder y mejores puestos. Quienes apoyaban a Scrimgeour y su prudente "neutralidad" durante la crisis con Voldemort. Allí el que se movía, no salía en la foto precisamente.

¿Qué habría hecho su padre? No lo sabía; Lucius Malfoy había sido ante todo un político, manejaba recursos, personas e influencias. Pero Draco no tenía experiencia, y su mayor valedor estaba muerto.

Draco tenía otra sensación más desconcertante. Su madre parecía saber más de lo que aparentaba. Como él mismo; no en vano había tratado con antiguos enemigos de Harry Potter, como Dolores Umbridge, empleada del Ministerio. Otros relacionados más indirectamente eran antiguos mortífagos como Augustus Rookwood o Mulciber, que, como todos los mortífagos, estaban en busca y captura. Fue incómodo para Draco manejar la situación con diplomacia. No deseaba que lo vincularan con mortífagos, pero no podía ganarse su enemistad tampoco. Estaba en juego su seguridad, la de su hogar, la de su madre.

Y muy probablemente, la de Hermione.

"Por cierto. Este sábado tenemos una invitación para ir a la fiesta de los Fawcett."

Draco disimuló su descontento, con una fingida curiosidad. Tragó el sorbo de té con leche.

"¿Fiesta?" dijo, dejando la taza sobre el plato, aparentando casualidad y normalidad.

Narcissa inclinó levemente la cabeza a un lado, estudiando detenidamente la actitud de su único hijo.

"Draco, no disimules y no finjas ahora que no sabes qué es una fiesta. Sabes perfectamente que en cuanto termines los estudios, deberás pensar en tu compromiso. Por culpa de tu indecisión, Pansy está ya casada." respondió ella con un tono de reproche.

"El hecho de haber ido juntos a un baile en 4º curso no significa que Pansy tuviese que ser mi esposa, madre." contestó él con la mandíbula tensa, aunque con suavidad.

"Pues entonces doblemente descartada. Siri Fawcett no parece un mal partido. Los Fawcett son discretos, acomodados, y ella dentro de lo malo, pertenece a Ravenclaw. Y es muy guapa."

Draco no respondió a eso.

"No lo olvides." Narcissa se incorporó y dejó la servilleta en el lado derecho de su plato. "A tu edad, tu padre y yo ya estábamos comprometidos."

"Eso era antes, madre. Toda vuestra generación se casó pronto por miedo a un nuevo régimen, por miedo a Voldemort…" contestó Draco secamente.

Narcissa puso una mueca inconsciente cuando Draco mencionó el nombre. Descuidadamente. Despreocupadamente. Pero no se calló.

"De todas formas, conoces perfectamente tus obligaciones, Draco. Puedes divertirte lo que quieras con quien quieras mientras tanto…" dejó sobreentendidas muchas cosas. "Pero al final tendrás que elegir la decisión correcta, no la decisión fácil."

Sin más, se marchó, dejando a Draco sumido en oscuros pensamientos, mientras observaba fijamente y con desasosiego las llamaradas agitándose terriblemente en la fotografía de El Profeta, reflejadas siniestramente en la vacía bandeja de plata, bandeja vacía de correo.

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La Madriguera. Ottery St. Catchpole, Inglaterra.

Los periodistas se agolpaban alrededor de la vieja valla de madera de La Madriguera. Desde hacía dos días, la noticia de que el hijo de un conocido empleado del Ministerio, a su vez asistente del Ministro, estaba en paradero desconocido era una bomba en la comunidad mágica. Y más cuando la que se decía que era su novia, había resultado muerta.

La situación era angustiosa. Fred y George habían decidido cerrar por un tiempo la tienda en el Callejón Diagón; la publicidad del caso había incrementado considerablemente la demanda, incluidos los pedidos por catálogo. Pero se habían negado por principios a hacer negocio gracias a la publicidad ocasionada por el hecho de que su hermano y su novia hubiesen sido víctimas de algún ataque.

Tuvieron que hacer espacio en su antiguo dormitorio; Charlie había llegado el día anterior en cuanto supo la noticia. Ron por lo tanto aceptó el ofrecimiento de Harry de ir a Grimmauld Place, conectados a través de la Red Flu en cualquier momento. Molly Weasley pasaba de estar semicatatónica, a llorar desconsolada junto al retrato de su tercer hijo; había sido un consuelo las palabras de Harry: el reloj mágico de la familia, desde hacía casi un año en la cocina de Grimmauld Place, marcaba a Percy como "Perdido". Lo cual significaba que estaba vivo, pero ¿por qué no contactaba?. ¿Había sido secuestrado por quienes habían asesinado a Penélope?. ¿Y por qué?

El señor Weasley había solicitado permiso al Ministro de Magia para estar al corriente de la investigación. Sin embargo, Scrimgeour, antiguo auror, lo había denegado. Lo cual añadió más indignación a la familia. ¿Acaso ocultaban algo?.

"¡Y si vuelven a molestarnos, les lanzaré el ghoul de la familia!" gritó Ginny, lanzando una vieja bludger que había pertenecido a Charlie hacia los periodistas parapetados tras la desvencijada valla del jardín, y dando un portazo.

"¡Ginny, no serías una mala golpeadora!" comentó Fred, intentando calmar la tensión. "Vaya, tú eres el comodín del quidditch, debería haber un puesto para jugadores versátiles..."

Ginny apoyó la espalda en la puerta. Era una hermosa jovencita, decidida e inteligente como todos sus hermanos, y con el carácter fiero y explosivo de su madre; pero la situación estaba superándola. A punto de cumplir la mayoría de edad mágica, era la primera vez que tenía que enfrentarse a una desgraciada popularidad.

Pero sonrió levemente a sus hermanos gemelos.

"Gracias… En realidad les estaba lanzando gnomos, y de paso me ocupaba limpiando el jardín…"

A Fred y George se le iluminaron las facciones.

"¡Que buena idea…!. ¿Y le diste a alguien?"

Ginny desvió la mirada a un lado, todavía con una pequeña sonrisa.

"Digamos que no quedan gnomos de momento."

George le pasó el brazo por los hombros y la apartó de la puerta.

"Bien hecho. Vamos con mamá, ahora se ha puesto a mirar fotos de Percy de cuando era pequeño."

Los tres salieron hacia el salón donde estaba una desconsolada Molly, con viejos álbumes de fotos desperdigados por la mesa.

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Callejón Diagón. Londres.

Harry y Ron llegaron al Callejón Diagón a fin de interesarse por los sucesos terribles de la noche de la desaparición de Percy. La calle estaba muy concurrida esa mañana, extraño por ser domingo. Había muchos curiosos que habían ido a averiguar las muertes delante del banco de los magos, Gringotts. Sin embargo, el revuelo por la presencia del famoso Harry Potter se vio aumentado por su compañero, el pelirrojo que todo el mundo identificaba sin dificultad como el hermano del mago desaparecido en el Ministerio, cuya novia había resultado muerta. No era difícil, además de lucir un llamativo cabello pelirrojo, Percy y Ron tenían la complexión alta y delgada, como Bill y el señor Weasley. Charlie y los gemelos eran algo más bajos y fornidos.

La sensación de sentirse observados era incómoda. Especialmente para Ron; tantos años deseando tener un trozo de la atención que tenía su mejor amigo, y ahora deseaba ante todo volver a ser un vulgar y corriente mago anónimo, a la sombra de unos hermanos mayores que eran: un héroe de la Batalla de Hogwarts, un excelente buscador y entrenador de dragones, unos ingeniosos emprendedores y una promesa de la política mágica.

"¿Cómo has aguantado que todo el mundo te mire, te señale y te admire todos estos siete años, Harry?"

Harry esbozó una pequeña sonrisa irónica.

"Seis, más bien. En quinto no me miraban con admiración precisamente." Se encogió de hombros con indiferencia. "Realmente me he acostumbrado. Pienso que sólo paso desapercibido en el mundo muggle, y hace tiempo que no he vuelto a él."

Calló un momento. Pocas veces pensaba en su familia muggle. No echaba de menos el número 4 de Privet Drive y sus habitantes, pero se preguntaba si ellos estarían bien, y si se acordaban de él.

Probablemente no.

"Tú eres el ganador más joven de la Orden de Merlín, clase 1. Han publicado dos biografías tuyas no autorizadas, que se venden como ranas de chocolate, la última es número uno en la lista de más vendidos en Flourish y Blotts… No me extraña que estés acostumbrado."

"No me acostumbro a esas atenciones. Simplemente sigo con mi vida. Es curioso que eche de menos lo anónimo que era antes de… todo esto." respondió Harry en voz baja.

"Es horrible, Harry." Murmuró Ron. "Ayer en el funeral de Penelope, pensaba que todo había terminado, pero estaba equivocado. Me ha pillado de sopresa, con la guardia baja."

Harry no contestó inmediatamente. Miraba el reflejo de su figura según pasaban por las tiendas, pero no tenía la mente centrada en el aspecto que lucía esa mañana. Finalmente respondió.

"Lo sé. Hace tiempo pensábamos que algo de esto nos podía ocurrir a cualquiera. Ahora que estábamos tranquilos, vemos que seguimos siendo vulnerables. Lo malo es ¿frente a quién?"

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"¡Harry, Ron!"

Harry se dio la vuelta, sentado con Ron en una mesa en El Caldero Chorreante, y dispuesto a encararse con otro curioso, admirador o periodista. Sin embargo, se encontró delante a Dean Thomas y a Seamus Finnigan, sus viejos compañeros en Hogwarts. La tensión se relajó en un instante.

Ron hizo una señal a Tom, el camarero, para que sirviera un par de cervezas de mantequilla más. Harry se levantó para saludar, hacía muchos meses que no veía a sus compañeros.

"¿Qué tal, venís a echar un vistazo por las tiendas?" preguntó sonriente Harry.

"Sí, precisamente hoy es el mejor día." repuso pícaramente Seamus. ¿Mejor día, un domingo?. La mitad de las tiendas estaban cerradas. Dean le dio un codazo, al ver la expresión sombría de Ron. Seamus enrojeció levemente. "Bueno… quiero decir que es un día como cualquier otro…"

Ron dio un sorbo a su cerveza de mantequilla. Tom, el camarero, dejó las botellas y las jarras para Seamus y Dean, y se retiró.

"No importa, Seamus." murmuró en voz baja Ron.

"Ron… nos hemos enterado, por supuesto." dijo Dean. "Lo siento… debéis de estar pasándolo fatal."

"Sí, Ron, lo lamento…" continuó Seamus, con la sensación de haber metido la pata y ya no saber cómo remediarlo.

"No os preocupéis. Sabemos que Percy está vivo… pero no sabemos dónde, y por qué desapareció."

Harry, Dean y Seamus se sentaron en la mesa y bebieron de sus jarras.

"¿No os informan?" preguntó Dean. "¡Tu padre es funcionario del Ministerio!"

Harry negó con la cabeza.

"Están investigándolo los aurores. Pero ni siquiera el señor Weasley tiene acceso a las pesquisas."

"Ron, tu hermano aparecerá. Y explicará qué ha ocurrido." le dijo para animar Seamus.

"Ojalá." murmuró Ron. "Mi madre lo está pasando fatal. En realidad todos. Bill ha vuelto a su casa, no quiere que Fleur esté presionada ni desea tener a los periodistas rondando por allí. Ha pedido una excedencia en Gringotts, hasta que esté todo más tranquilo. Mi cuñada está embarazada." Añadió, aclarando el hecho a los recién llegados. "Ojalá se aclare todo esto pronto." murmuró finalmente, mirando con fijeza su jarra de cerveza de mantequilla.

Harry bajó los ojos. Ron era el primero que se quejaba de todo: se quejaba de Scabbers, pero tuvo a esa rata un genuino aprecio y la defendió ante todo y todos hasta que se enteró de que era Peter Pettigrew, el que traicionó a los Potter. También se quejaba de Pig cuando se lo regaló Sirius como compensación por haber perdido a Scabbers, pero estaba muy orgulloso de la pequeña e inquieta lechucita. Ahora ocurría igual. Siempre se había llevado mal con Percy, se había metido con él, pero en el fondo, Ron amaba a su familia. Ayer en el funeral de Penelope fueron una piña.

Y Ginny… Harry procuraba estar todo el tiempo con ella, pero comprendía que Ginny, como la única hija entre tantos varones, quisiera hacerle compañía a su madre.

En ese momento, una jovencita de cabello rubio y mirada distraída entró en el Callejón Diagón. Harry reconocería en cualquier parte a esa joven bruja, especialmente llamativa por la extraña túnica verde manzana que llevaba puesta.

"¡Luna!" gritó Harry.

Luna no pestañeó ni se inmutó cuando reparó en los cuatro compañeros de estudios que estaban sentados en una mesa junto a la pared del fondo. Se acercó con tranquilidad junto a ellos.

"Hola." dijo sencillamente.

"¿Quieres sentarte?" Dean y Seamus fruncieron levemente el ceño. No habían tenido nunca mucho trato con Lunática Lovegood, pero tampoco tenían porqué negarse a que ella estuviera allí con ellos.

"Gracias…" dijo ella, lentamente. Se sentó al lado de Harry, y observaba a todos los de la mesa con sus grandes ojos azules, como si esperara que alguien le dijera algo.

"¿Te has enterado, verdad Luna?"

Ella siguió sin pestañear, y fijó su mirada en Harry, sentado a su derecha.

"Mi padre cree que alguien trataba de introducir narvales bicéfalos en las islas británicas. Pero que tu hermano se negó, y ahora se lo han llevado a las aguas de Groenlandia, para que bajo un Imperius sea él mismo el que los capture y los introduzca de contrabando."

Ron rodó los ojos, pero estaba enojado.

"Luna, si vas a soltar otra parida más de las tuyas, mejor vete de aquí." respondió Ron de malos modos. Dean se movió incómodo en su sitio; Seamus bajó la mirada. Ambos habían pensado lo mismo, pero no se habrían atrevido a decirlo de una manera tan tajante.

"Ron… no te pases." dijo severamente Harry. Pero Luna no parecía sentirse ofendida o molesta. Al igual que con la popularidad, acabas acostumbrándote a las malas contestaciones y a los insultos velados o directos.

"No importa… tu hermano aparecerá. Ya lo verás, Ronald." Ron simplemente bebió un poco de cerveza.

"¿Quieres que te pidamos algo, Luna?" preguntó Harry.

"Cerveza de mantequilla está bien." respondió ella. "En cualquier caso, todos los periodistas piensan que las muertes en la puerta de Gringotts y en esa calle muggle tienen que ver con la desaparición de tu hermano."

"¿Por qué?" preguntó en un susurro Ron.

"Porque parece ser que alguien intentó entrar en Gringotts y no lo logró." Luna se acercó a ellos y habló en voz baja. "Mi padre tiene buena relación con los dueños de la tienda de animales mágicos, y le han dicho que esa noche alguien logró entrar en Eeylops y se llevó una lechuza."

Todos miraron a Luna extrañados. ¿Para qué iba alguien a querer entrar en Gringotts, matar a dos aurores, unos muggles fuera del Callejón Diagón, y robar una lechuza?

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Mi Draco ya no es un adolescente que se dedica a pavonearse con la insignia de prefecto y a abusar de su autoridad; aun así, quiero que siga 'in character', (a pesar de su romance con una sangre sucia, que es lo menos canon que puede tener). Ahora tiene encima una responsabilidad, obligaciones y presiones. ¿Cómo encaja Hermione en ese mundo?. ¿Cómo pueden tener un futuro juntos, proveniendo de mundos tan dispares?

JKR aseguró después del DH que Narcissa nunca fue mortífaga, aunque por supuesto apoyó la causa de los mortífagos y el papel de Lucius. Aquí no lo será tampoco, así que descartadla del grupo de mortífagos de la Noche de Walpurgis.

El FiendFyre aparece en el DH, pero tiene otra naturaleza y orígenes. No sé qué traducción dará Salamandra. Viene a significar "Fuego Demoníaco" o "Fuego Maligno" (si consideramos Fyre igual que Fire). Me inspiré mucho en los incendios en Olimpia que ocurrieron este verano en Grecia. Y sí, me ha dado por ahí, el FiendFyre es el que arde en los pebeteros de las Sedes Olímpicas xD (obviamente las Olimpiadas no tienen importancia en el fic)

Hay preguntas trampa (¡¡muajajaja!!), hay pistas ocultas, y hay pistas engañosas. A mi eso me vuelve loca y me engancha mucho en las novelas de suspense (suspenso)... espero conseguir ese efecto.

Próximo capítulo: 'La especialidad de Hermione' (no, no se refiere a un plato de cocina xD). ¡Por fin Hermione regresa de Grecia… así que estamos de reencuentro con su churri! Hala dramioneras, va por vosotras xD