¡Vuelve Hermione!. Aviso: Van pistas, varias... Las dramioneras, espero que os guste, las no-especialmente-dramioneras (incluida moi), espero que al menos las escenas no os estorben ni empalaguen.
A alguna os dije que subiría el viernes, pero no me será posible así que prefiero dejarlo antes. Muchas gracias por la lectura y por vuestros comentarios, sois geniales: Erea, Orden del Fénix, XKelidaX, Yedra Phoenix, blackstarshine :), Lil-Evans, Cristhine, melaniablack :), nanai.malfoy, dianetonks, Notsoblu, CrissBlack, Sabaku no Akelos, damari, mArTa, SORTILEGIOS WEASLEY.
Cristhine: tranquila que no tengo una varita ni ganas de ir matando personajes; si elegí Penelope es porque da penita, es conocida, impacta, pero no traumatiza tanto como si matas a un personaje principal. Si en el fondo soy una blandengue… xD
Por cierto, decimos de dramioneras, pero creo que hay unas cuantas pro-Weasleys ocultas que ya, ya… ¡Esos gemelos tienen su público! Fred y George tendrán importancia en la historia, pero más adelante.
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Resumen Capítulo 3: Draco mantiene una tensa conversación con su madre en la Mansión Malfoy, donde además se entera del fallecimiento de Penelope Clearwater, la desaparición de Percy y los incendios en Grecia, donde Hermione está veraneando con sus padres. Harry y Ron se encuentran con Luna y ella les revela que la noche del suceso, no sólo murieron unos aurores y unos muggles, sino que también desapareció una lechuza de Eeylops, en el Callejón Diagon.ooOOooOOoo
"(Dumbledore) sabe que uno puede merecer la pena incluso aunque su familia no haya sido… bueno… del todo respetable. Pero hay quien no lo comprende." – Rubeus Hagrid. Harry Potter y el Cáliz de Fuego.
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Capítulo 4. La especialidad de Hermione
Jueves 23 de julio de 1998
Grimmauld Place 12. Londres, Inglaterra.
Nada. Ni una noticia. Había puro hermetismo en el Ministerio. Los Weasley estaban ansiosos y desesperados, imaginando que Percy estaba malherido, estaba Confundido, había perdido la memoria, o incluso, había sido capturado. De momento no había cargos contra él como sospechoso del asesinato, pero los primeros interesados en dar con su paradero eran los propios aurores. Iba a cumplirse una semana desde su desaparición.
Era angustiosa la sensación. Y todos se sentían muy inútiles. Harry había contactado con McGonagall, para sugerirle reactivar la Orden del Fénix. Tal vez extraoficialmente, Shacklebolt o Moody, aunque retirado, pudiesen ayudar a esclarecer los hechos; lamentablemente, una auror en activo de fiar era Tonks, pero salía de cuentas en apenas un mes y no había participado en la investigación.
Sentado en el borde de uno de los sofás del Salón por pura ansiedad, Harry abrió la carta que había traído una de las lechuzas de Hogwarts. Masticaba una rana de chocolate, pero la engulló entera como habría hecho Ron, cuando se dispuso a abrir el sobre; por algún motivo tenía reparos en dejarlo pringoso de chocolate. Tantos años conviviendo con la obsesiva limpieza de su tía Petunia debían de tener consecuencias.
Este año era un sobre considerablemente más pesado. Y tenía un bulto. Tragó de golpe la rana que tenía a medio masticar en la boca.
"Ay, no… que no sea lo que creo que es…"
Harry recordó que ya tenía la Orden de Merlín, Primera Clase, otorgada hace unos meses en el Ministerio. Realmente intentó por todos los medios no aceptarlo, renunciar a semejante reconocimiento. Él no sentía que lo merecía; en muchos momentos creía que tenía razón Snape cuando decía que sólo había tenido suerte. No era un mago importante, ni un mago extraordinario como lo fue el propio Merlín, o el mismísimo Dumbledore. Sí que tenía un don especial para la disciplina de Defensa contra las Artes Oscuras, pero eso tampoco era ningún mérito, en su opinión; Hermione entonces tendría que haber recibido unas doce Órdenes de Merlín…
Y si apuraba, incluso sus padres habían sido brillantes. Pero él era tan sólo un muchacho que había tenido algo de suerte y algo de habilidad a partes iguales. Eso no era extraordinario, había muchos magos que merecían ese honor más que él.
Y sin embargo, ahora era Harry Potter, Orden de Merlín, Primera Clase. Cromo número 100 de las ranas de chocolate. Objeto de dos biografías no autorizadas.
Esos títulos y esa celebridad para él no representaban nada; aparentemente para el mundo sí. Resignado, comprobó que la lechuza no hubiese confundido el destinatario. No. Sin duda él era "Harry Potter. Grimmauld Place, 12. Londres"; palpóotra vez el bulto que sentía en el sobre, y lo abrió. Apartó los pergaminos y extrajo la insignia.
Premio Anual.
Suspiró. Él, que nunca había deseado destacar, ni ser el Elegido, ni ser el predestinado, ni un héroe… como le dijo a Hagrid hacía tiempo, era "sólo Harry." Suponía que era un símbolo, y con el tiempo a la gente acabaría olvidándolo. Eso esperaba al menos, las personas tenían la memoria histórica muy frágil.
Si lo vieran sus tíos Vernon y Petunia…
Dejó la insignia sobre la mesa y comprobó los pergaminos. Efectivamente, del sobre apareció la carta que le informaba de los libros que tenía que adquirir para el siguiente curso. Bufando, dejó la carta sobre el enorme escritorio, asustado sólo de ver el listado que no hacía sino recordarle que era el año de los EXTASIS.
El otro pergamino era uno que seguramente Percy tenía enmarcado en su habitación desde el mismo instante en que lo recibió en su año. Pero Harry puso inmediatamente una mueca como si el pergamino quemara en su mano. Esas bromas inconscientes sobre Percy ahora sonaban de muy mal gusto, y se reprendió a sí mismo por ello.
"Estimado Sr. Potter,
Es mi deber oficial informarle que ha sido escogido como el Premio Anual de este año académico. Junto a la Premio Anual, esperamos que dirija las reuniones semanales de prefectos y colabore en todos los asuntos académicos y extraacadémicos del Colegio.
La primera reunión con los prefectos de 7º curso se celebrará el próximo martes 1 de septiembre en el compartimento de Prefectos del Expreso de Hogwarts.
Después de la tradicional cena de inauguración de curso, la Profesora McGonagall desea reunirse con usted y la Premio Anual en el despacho de la Directora.
Con mis mejores deseos, y esperando mucho éxito en esta nueva etapa, reciba un saludo cordial.
Filius Flitwick. Jefe de Estudios."
"Vaya… de modo que Flitwick es ahora Jefe de Estudios."
Harry releyó rápidamente la carta, mientras pensaba que entendía que Flitwick ocupara ese puesto, siempre había tenido buena sintonía con McGonagall, de la misma manera que ella tuvo muy buen entendimiento con Dumbledore.
Depositó la carta sobre la mesa y se quedó mirándola fijamente, junto a la brillante insignia. Recordó que estuvo incluso "casi" decepcionado cuando en 5º curso no fue elegido prefecto, y sí lo fueron Hermione y Ron. Entonces no lo entendió; más tarde supo que Dumbledore no quiso añadirle una presión más a su ya complicada vida.
Imaginaba que McGonagall con esto le daba el reconocimiento que pensaba que merecía. Si es que lo merecía, se dijo a sí mismo. Y tal vez, McGonagall consideraba que ya podía tener presiones más cercanas al mundo académico: colaborar en Defensa Contra las Artes Oscuras y ser Premio Anual. No sabía qué tal se apañaría con los EXTASIS.
Estaba seguro que Dumbledore habría aprobado la decisión de la nueva directora, y sus padres, Premios Anuales en su época, habrían estado orgullosos. Seguramente Sirius, se habría reído, pero le gustaba pensar que habría pensado que para Harry era un premio de verdad, y no una carga más. Los señores Weasley… estarían encantados (ya estaba viendo a Molly con lágrimas en los ojos y dándole uno de sus abrazos característicos…) Hermione, Ginny… ellas estarían igual de felices.
Casi probablemente los únicos que se espantarían serían Fred y George. Más le valía estar preparado para alguna de las suyas como escarmiento por haber sido deshonrado como Premio Anual…
De todas formas, su padre nunca fue prefecto, y sí Premio Anual. Sonrió sintiéndose mejor; le gustaba seguir los pasos de su padre así que tuvo que admitirse que una pequeña parte de sí mismo sí estaba contenta de ser elegido Premio Anual. Se incorporó y recogió las cartas e insignias para subirlas a su cuarto, cuando pensó.
"¿Y quién será la Premio Anual?"
Sólo esperaba que no fuera ninguna de las de Slytherin… y si tenía que elegir, lo menos malo era la que fue el año pasado, Mandy Brocklehurst, aunque él no llegó a estar allí. No duró mucho, claro, ya que Hogwarts fue clausurado al poco de iniciarse el curso académico.
"¿Pero no habían elegido a Nott como Premio Anual el año pasado?"
Harry sonrió burlón; al menos el 50 por ciento de los Premios Anuales no sería un Slytherin; pero pronto olvidó los enredos sobre las decisiones corporativas, cuando la mesa del comedor empezó a colocarse mágicamente, y el aroma de la cena llegó hasta donde él estaba.
Se fue hacia el escritorio en el otro extremo del Salón, en donde se guardaban muchas cartas. Abrió la puerta corredera y buscó alguna pluma y algún tintero y un trozo de pergamino. Encontró un viejo tintero, aunque la tinta estaba ya muy reseca y ningún pergamino nuevo. La única pluma que encontró estaba bastante pelada, pero no iba a subir a por una de las suyas, ésa valdría igualmente.
Distraídamente, se preguntó por qué no habían limpiado mejor ese escritorio, y por qué Sirius lo había dejado intacto. Probablemente por la enorme cantidad de papeles inservibles, era más prioritario limpiar la casa de doxies y boggarts.
Había varias cartas. Leyó sin mucho interés algunos de sus contenidos: "…además ya sabe que nosotros no nos podemos dejar ver por un evento tan indigno, Gregory los sabe…"; "…no me habías dicho que la señora Nott murió…"; "…como siempre observándolo todo A…" Papeles viejos e inútiles. Agarró la última garabateada y se apuntó mentalmente adquirir algún material de escritorio a la lista de la compra la próxima vez que fuera al Callejón Diagón. En la parte de atrás, que estaba en blanco, le puso una breve nota a Ginny.
"¡Hola Ginny!
Adivina: acabo de recibir la carta en la que me comunican que soy Premio Anual. ¡No sé qué voy a hacer cuando vea a Fred y George la próxima vez, dirán que me dedico a coleccionar premios!. Sigo bastante agobiado por eso, es mucho más interesante ser alguien anónimo.
Perdona, que no he preguntado. ¿Cómo estáis por allí?. Espero que de verdad Percy regrese. Compruebo el reloj de tu madre a todas horas, le he pedido a Kreacher que me avise inmediatamente en cuanto vea algún cambio. Sólo espero encontrar la manecilla de Percy en 'Casa'.
Iré esta tarde a veros.
Te quiero.
Harry.
PD: disculpa este trozo de pergamino reciclado. No encontraba sobres ni pergaminos nuevos por aquí."
Pasó a la parte trasera de la sala de estar y abrió la jaula de Hedwig. Dobló la carta lo mejor que pudo y escribió la dirección de Ginny en un doblez en blanco. Descorrió la cortina y dejó volar a la lechuza blanca.
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Sábado 25 de julio de 1998
Elephant & Castle. Londres.
Draco comprobó el reloj por décima vez en los últimos diez minutos. Caminaba de un lado a otro del salón, mirando a cada segundo la chimenea. Hermione por fin había enviado una escueta carta en la que le anunciaba que llegaría esa misma noche, a eso de las once y media. Bien. Eran las doce y veinticinco de la noche, y de momento allí no había llegado nadie.
La carta fue frustrante. Para alguien que era capaz de escribir tres pergaminos completos sobre las propiedades de la piedra lunar, o que había sido capaz de mantener una correspondencia regular con un famoso jugador de quidditch internacional desde que tenía 15 años, era insultante recibir una carta tan parca.
"Hola Malfoy, esto me ha encantado, pero ha sido accidentado¡tantos incendios..! Volveré por la Red Flu a eso de las once y media la noche del día 25.
Te echo mucho de menos. Estoy deseando volver a verte.
Granger."
Y si no escribió no sería porque no había lechuzas en Grecia… ¿no decían que era el símbolo de la diosa Atenea?
Se sentía como un león enjaulado. A pesar de que odiara la comparación, le hacía parecer mucho más Gryffindor de lo que él se sentía. Los malditos leones de Gryffindor… hasta cuando se enojaba tenían que salir a la luz. Pero afortunadamente, no tuvo que esperar más. Las llamas verdes prendieron en la chimenea, el olor a polvo Flu penetró sus fosas nasales; del humo y las llamaradas, surgió la figura familiar que hacía ya dos semanas que no veía.
Granger.
De toda la maldita gente que había conocido en su vida, tenía que haberse relacionado con la que más repulsión debía sentir. La única chica sobre la que no podía dejar de pensar, la que invadía sus sueños antes incluso de ser consciente de que la repulsión era provocada por la atracción.
Había echado de menos sus risas, sus enfados, sus gemidos y sus caricias. Al principio, muy al principio, pensó que quizá debería tener otra relación para sacar a Granger de su mente. Alguien que le hiciera centrarse en otra cosa que no fueran la manera en la que ella respondía a sus besos y su pasión. Pero los eventos, la guerra contra Voldemort, demostraron que no importa lo que hiciera, ella ya estaba dentro de él, como si fuese una poción que generara síndrome de abstinencia.
Hermione soltó los bultos que traía al suelo. Puso las manos en el pecho de Draco y sintió su corazón latiendo cada vez más deprisa. Él se quedó un momento inmóvil, y ella se alzó de puntillas, y muy lentamente, puso sus labios sobre los de él. Draco abrió su boca al sentir la presión de esos labios que había echado de menos; dejó que ella llevara el ritmo durante un momento, luego quiso más. Pero no movió los brazos, el único contacto que tenían era de sus bocas y lenguas, y las manos de Hermione sobre el pecho de él. Lo cual, extrañamente, hacía el beso mucho más sensual, más seductor.
Ella pensó, no por primera vez, que Malfoy sí sabía besar. Ligeramente frustrada, deseando sus brazos alrededor de ella, finalmente el deseo quedó saciado cuando él la rodeó con sus brazos y profundizó el beso.
Hermione subió las manos desde el pecho hasta el cabello y dejó que los dedos jugaran con los pálidos mechones. Sin que ella se diera cuenta, y con la facilidad que da la práctica, Draco subió las piernas de ella alrededor de su cintura, estrechándola posesivamente, y ella soltó un gemido, sin soltar los labios de él, acercándose a él más aún.
"Si haces eso no llegaremos al dormitorio…" susurró Draco.
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"¿Sabes?" preguntó Draco con la cara enterrada en los rebeldes rizos de ella. Hermione giró levemente la cara, sin cambiar la postura sobre la cama. Algo difícil, ya que el brazo de él estaba encima de ella. "Uno de mis sueños favoritos termina así."
Hermione dio un pequeño respingo, y se mordió el labio. Hace dos años se habría ruborizado hasta las orejas. Pero la interpretación de esa ambigua frase habría sido la misma: él se estaría refiriendo a su desnudez, como poco. Pero él levantó la cara sobre el codo y sonrió de medio lado, apenas visible entre las luces nocturnas de la calle que se filtraban por las cortinas, adivinando sin margen de error esa línea de pensamiento que flotaba por la cabeza de la joven.
"No me refería a eso, so pervertida…" pero cuando sintió la escéptica ceja enarcada de Hermione, no tuvo más remedio que continuar. "Bueno, también algo de eso hay… pero no es eso. Quería decir que esto es lo mejor. Estar aquí, sin horarios, sin prisas y sin presiones. Despertarme contigo en mi cama."
Ella sintió una oleada de emoción que podían provocarle el llanto o una nueva apasionada sesión. Lo besó. El resto ya lo improvisarían. Susurró a los labios de él.
"Te he echado de menos."
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"Buenos días preciosa." dijo de buen humor Draco desde el umbral, tras haber abierto las cortinas con un breve movimiento de la varita. La luz de la mañana de domingo entraba indirectamente en el dormitorio; presagiaba un día soleado.
Hermione se estiró en la cama, y se abrazó a la almohada con fuerza. Draco ya estaba completamente duchado y vestido. Entró más en la habitación, sosteniendo dos sobres algo gruesos bajo el brazo que sostenía la varita, mientras que con la otra bebía zumo de naranja.
Granger. No era de las que apreciara madrugar. Uno de los detalles que indicaban de ella: uno, que no jugaba al quidditch. Dos, que sus hábitos de estudio siempre pasaban por quedarse hasta las tantas rodeada de libros y pergaminos, pero nunca madrugar para estudiar o repasar.
La respiración de ella volvía a ser regular. Increíble. ¡Se había vuelto a quedar profundamente dormida!. Draco esbozó su clásica mueca burlona y se sentó en uno de los sofás, junto a una pequeña mesita de madera redonda. Le gustaba ese sitio, estaba cerca del mirador de su dormitorio, podía mirar Londres desde el ático.
En Elephant & Castle eligió mudarse hacía un año, un barrio del sur de Londres donde un tal Willy Widdershins hechizó retretes para que les explotasen a los muggles. Pero era precisamente una zona donde él era uno más. Los edificios espantosamente vulgares eran así sólo a ojos de los muggles, que se fijaban más en barrios más elegantes como Chelsea, Mayfair o Hampstead. Afortunadamente, los magos de Londres vivían mucho más tranquilos en falsas ruinas o falsas casas abandonadas en barrios mediocres como Whitechapel, Hackney o el propio Elephant & Castle. Los muggles evitaban esas zonas a ciertas horas, dando así un margen de libertad a los magos y brujas, para salir, cenar o simplemente pasear sin necesidad de disfrazarse.
Hermione quería pasar el tiempo perdido en Grecia con Draco, ir juntos al Callejón Diagón, comprar lo necesario para el siguiente curso, e ir juntos al Expreso de Hogwarts. Quería pasar desde el primer minuto todo el tiempo posible con él. Y Draco lo agradecía; había pasado el último mes entre confuso, enfadado y preocupado.
Apartó los ojos del mirador y dejó la carta dirigida a Hermione sobre la mesita. Levantó los pies y los colocó sobre el otro sillón y se recostó hacia el respaldo para leer más cómodamente. Sólo escuchaba el ruido del tráfico muggle, relativamente tranquilo al ser un domingo por la mañana, y la pausada respiración de Hermione, tumbada boca abajo sobre la cama, estirada cómodamente sobre la enorme cama. Sobre la mesita había varios objetos que Hermione había traído de Grecia, incluido un manual de griego antiguo y runas clásicas que seguramente sería un pasatiempo para complementar sus EXTASIS de Runas Antiguas.
Draco abrió su sobre; éste adjuntaba la insignia de Prefecto. La lista de libros y material necesarios para el curso… Flitwick como jefe de estudios… Esto no le sorprendía; ya se había enterado en el Ministerio a través del Consejo Escolar.
Torció la boca. No quería volver a acordarse del Consejo Escolar; su padre había sido anteriormente un influyente miembro del mismo, gracias especialmente a las generosas donaciones, que otorgaban favores a cambio. Hoy en día había todavía le generaba desconfianza, pero al menos parecía que habían tomado una decisión "Gryffindor": Minerva McGonagall como directora, Filius Flitwick como Jefe de Estudios.
Quizá sí los tiempos estaban cambiando.
Consultó el reloj. Las 11.00. Dentro de casi un mes estarían de camino, por última vez al menos como estudiantes, hacia Hogwarts.
"Y Granger durmiendo como esa princesa de cuentos muggles que menciona…"
Se incorporó y se sentó en la cama junto a ella; observó por unos minutos a la bella durmiente. El pelo alborotado como todas las mañanas, (y tardes, y noches, a decir verdad…), el brazo debajo de la almohada y el otro agarrado firmemente a ellal. No, la verdad es que no tenía aspecto de ser una elegante dama, pero le daba igual. Draco estiró la mano y tocó el encrespado cabello; en realidad no era un cabello tan áspero, pero lo aparentaba. Hacía tiempo que bromeaba con ella diciéndole que eso había sido gracias a él y a su influencia, que antes su pelo era exactamente igual que las ramas de su Nimbus 2001.
En el fondo no la querría de otra forma. No quería un pelo liso y aburrido en ella.
Por supuesto, cualquier comentario a su cabello derivaba en una pelea como dos cachorros de león. Irónico, de nuevo él no se veía como un león, a menos que descontaras ciertas habilidades en la cama, claro… Cuando hacía él hacía otra vez alguna referencia a su felina masculinidad, volvían a empezar la batalla. Prefería no pensar en cómo solían acabar, si la batalla se iniciaba precisamente en el dormitorio…
Ella se movió y pareció que la caricia en el cabello la sacaba del sueño. Pestañeó varias veces para acostumbrarse a la luz que antes ni siquiera había conseguido sacarla de los brazos de Morfeo.
"¿Qué hora es?"
"Las once."
"¿Por qué madrugamos?" murmuró medio dormida. Draco sonrió de medio lado. Disfrutaba de esas limitadas ocasiones en las que ella estaba absolutamente confundida sin necesidad de hechizo alguno, y él era la mente rápida, ágil y brillante.
"Granger… yo madrugo, tú duermes como si hibernaras…" dijo burlón. Ella sólo levantó la mano y la dejó caer sobre su muslo, como si hubiese querido darle un golpe. Emitió un profundo suspiro y se incorporó. Los adormilados ojos marrones se fijaron en él tras pestañear varias veces.
"Me voy a la ducha." murmuró con la voz ronca de sueño. "Haz algo de desayuno…" dijo, mientras iba medio dormida hacia el baño.
Draco se dejó caer sobre la cama. No era muy hábil con los hechizos en la cocina, y Hermione no soportaba tener elfos domésticos, y francamente, él tampoco quería ninguno cerca. Se apañaba más o menos, pero solía encargar todo a un restaurante mágico, o bajaba él directamente.
"Granger, mejor di un brunch… ya es un poco tarde para desayunar¿no crees?"
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Hermione salió al cabo de quince minutos, completamente vestida. Se dirigió a la mesita y con un simple toque de varita sobre su cabeza, secó los rizos. Se fue hacia el otro sillón, que Draco ocupaba con sus pies, y le dio un golpe para que se apartara. Ni caso.
"¡Malfoy!"
Pero él estaba enfrascado en la lectura de El Profeta; si no hubiera sido porque estaba al derecho, Hermione había pensado que estaba en la inopia como solía ocurrirle a Luna cuando estaba enfrascada en leer El Quisquilloso. Claro que mejor no le hacía la comparación con Luna en voz alta, o se pondría de mal humor.
Draco dejó el periódico, pero no varió la postura.
"Ven aquí." dijo él, estirando los brazos, sus ojos grises intensos pero la expresión engañosamente seria. Hermione sonrió. Sabía perfectamente que eso significaba que tenía que sentarse encima de él, y sólo así apartaría los pies del otro sillón. Gesto inútil, porque para entonces ella estaría sentada en su regazo, y no habría forma de disfrutar del otro sillón por fin vacante. Ella pasó los brazos por encima de sus hombros y le dio un beso en los labios, suave y delicado.
"Buenos días." le dijo ella por fin, cuando se apartó.
La mano de él acariciaba la cintura de ella, bajo el top de algodón. Sin apartar la mirada, señaló con la boca los sobres, paquetes y objetos que yacían junto al periódico, justo a la espalda de ella.
"¿Qué es todo eso que has desparramado ahí?" preguntó Malfoy.
Hermione giró la cabeza para mirar las cosas.
"¿Eso?. Nada… son algunos encargos que me han hecho. Para Luna, para Neville…" Draco rodó los ojos. "Para los Weasley, a Bill le interesan mucho el tema de las maldiciones antiguas; un par de encargos de Percy y de Arthur Weasley… Por cierto, podrías llevarlos al Ministerio si vas, el señor Weasley me pidió un amuleto Ojo de Atenea para comprobar el tipo de hechizo de buena suerte, está trabajando en amuletos de muggles embrujados. También he traído un regalo para Harry, ya que es su cumpleaños este viernes… Un libro de griego antiguo para mi, seguro que es utilísimo para Runas Antiguas…"
"¿Y yo no tengo ningún regalo?" preguntó él, caprichoso. "Con lo que me parezco a un dios griego, tan apolíneo…"
Hermione acercó más la cara a la de él.
"Siento comunicarte que tu aspecto, y como mucho, es el de un dios escandinavo. Sin la barba y los cuernos, claro." Sonrió maliciosamente. "Tú tienes de griego lo que yo tengo de tibetana. Pero sí, te he traído una cosa."
Le entregó un grueso paquete envuelto en un simple papel de estraza. Ante la mirada interrogativa de Draco, ella se disculpó.
"Lo siento, sólo había papel que usan los servicios de Correos…"
Draco puso una cara aún más interrogativa. Ella sólo puso los ojos en blanco. Draco desenvolvió el regalo.
'El patronus más grande de la Historia: Andros el Invencible.'
"Es para que sigas practicando el Encantamiento Patronus." dijo Hermione sonriente. "Además, siempre has dicho que si te lo propones, superarás a Harry y 'su estúpido bambi', así que ya puedes aplicarte."
Él sólo le dio un beso en los labios, antes de decirle:
"Me encanta." Hermione sonrió satisfecha. "Por cierto, tú tienes una carta de Hogwarts."
Hermione frunció los ojos.
"Como me digas que me han expulsado, te la ganas…"
Draco no respondió, recordaba la broma que él le hizo en su día, en la Mansión Malfoy, y que la llevó a tener un ataque de agobio por imaginar que podrían haberla expulsado y que tendría que irse a vivir con los muggles. Lo irónico era que ahora era él quien se había exiliado del mundo exclusivamente mágico, y vivía más cerca de muggles de lo que nunca habría soñado.
Lo cierto es que tampoco tenía ningún contacto con ellos. El edificio era mágico, el barrio era engañosamente muggle, y apenas necesitaba recorrer el Londres muggle para obtener lo que necesitaba. Malfoy le dio un beso antes de estirar una mano hacia el sobre y dárselo a ella. Hermione soltó los brazos de su cuello, y se acomodó en el pecho de él, apoyando la cabeza en el hombro.
Abrió el sobre, y salió una insignia, que cayó sobre su regazo. Draco apartó la mano de la cintura de ella y recogió la insignia.
Premio Anual.
Hermione ignoró las cartas, apartó la cabeza del hombro y quedó sentada, mirando con emoción la insignia. Lo que siempre había deseado, desde su primer día en Hogwarts.
"¡Premio Anual!. ¡Pero si el año pasado no lo fui!" Hermione sonrió ampliamente. "¡Malfoy, soy Premio Anual!"
Se echó en sus brazos y él respondió a la efusiva alegría, pero frunció el ceño ligeramente. Era verdad, era Premio Anual, era demasiado perfecto.
"¿Y tú?" dijo ella, con la cabeza enterrada en su cuello; sólo le faltaba ronronear como su extraño gato patizambo.
"Soy prefecto. Así que podrás patrullar conmigo y encerrarme en los armarios y los pasadizos y abusar de mi, Premio Anual. No me importa. Ni se te ocurra quitarme puntos, este año Slytherin se llevará la Copa de las Casas."
Hermione echó una risa breve, y giró la cabeza para leer la carta que anunciaba su nombramiento.
"Qué pena que no seas Premio Anual." murmuró ella, pero con los ojos brillantes de la emoción.
"Bah, ser Premio Anual habría emocionado a mi padre." dijo él con indiferencia. Echaba de menos a Lucius, pero no quería repetir sus pasos ni hacer las cosas que él no quisiera sólo por honrar su recuerdo. "Además, era Nott el Premio Anual, no tiene sentido que sea yo ahora. Sé que Nott va a ir a Hogwarts este año."
Hermione dejó las cartas y volvió a acomodarse en su pecho. Acariciaba la manga de algodón de la camiseta de Draco, que tenía la mano en el muslo de ella.
"¿Quiénes sabes que van a ir?" preguntó ella en un tono casual.
"¿De Slytherin?. Creo que casi todos." dijo él quedamente.
Hermione asintió con la cabeza.
"Sigues en contacto con ellos."
"Más o menos." respondió él lacónicamente. Hermione sabía que era un tema que no quería tocar. Pero ella sí quería insistir.
"¿Y Pansy?"
Draco apartó la mano del muslo y tomó la barbilla de ella, le giró la cara y le dio un beso lento, sensual. El tipo de beso que no era de las mañanas, como los solía clasificar Hermione. Los besos de las mañanas: rápidos, frescos, energéticos; los besos de las tardes y de las noches eran más calmados, más sensuales. Saboreaban el momento. No sabía por qué. Así funcionaban.
¿Por qué lo había hecho?. ¿Justo cuando mencionó a Pansy?
Hermione se apartó de golpe, y Draco gimió por la interrupción. Pero no apartó la mano de la barbilla de ella. Sonrió levemente.
"Si quieres saberlo, no pensaba precisamente en Pansy cuando te he besado. Pensaba en lo mucho que me gustan tus celos. No me van las casadas, me van más las Premio Anuales."
Y como un resorte, paró esa mano que iba directo a su hombro, a sacudirlo al más puro estilo muggle. Estilo que por cierto había aprendido a manejar y a echar de menos y todo. De nuevo, esas peleas en la cama derivaban siempre en…
"Pues no me provoques." dijo ella en un susurro, y se sacó la lengua burlonamente.
"Granger, no saques eso a menos que tengas intención de usarla." respondió él, mientras acariciaba la piel de la espalda de ella.
Ella rió en silencio, mientras se acomodaba y sentía el vello erizarse por las caricias por la espalda.
"Granger, te suenan las tripas." dijo él sin dejar el beso. Ella se rió aún más, pero tampoco abandonó algo tan placentero.
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Draco no acompañó a Hermione en su brunch. Se limitó a comer unos sándwiches con un vaso de leche. Hermione se preparó unos huevos revueltos con ensalada, café con leche, zumo de calabaza y brownie.
"¿Acaso en Grecia no has comido?"
Hermione tragó para responderle rápidamente.
"Seguro que me prefieres anoréxica y a dieta permanentemente. Pues lo llevas claro." Le respondió, dándole un buen trago al zumo de calabaza. "Bueno¿y qué novedades hay?"
Malfoy frunció el ceño levemente. Ahora comprendía la naturalidad y la energía, ella no sabía nada de los últimos acontecimientos. No se arrepentía, si de verdad Granger hubiese sabido antes lo que le tenía que comunicar, tal vez la noche no habría sido tan agradable…
"Granger ¿no te has enterado?"
Hermione pestañeó, y dejó el vaso de zumo en la mesa, tomando el cuchillo y tenedor para seguir con sus huevos revueltos.
"¿De qué?" contestó, y dio un bocado a los huevos revueltos con un poco de tomate crudo.
"Penelope Clearwater, esa que fue prefecta hace unos años por Ravenclaw, ha muerto."
Hermione soltó el tenedor; hojas de lechuga y recula saltaron del plato por el golpe. Draco levantó la varita y limpió los restos con delicadeza.
"Hace una semana, en el Ministerio. De momento es todo secreto, así que lo único que hay son rumores circulando."
"Pobre Percy…" murmuró, sabedora de que Percy y Penelope tenían una relación. Hermione había sido siempre alguien con quien había congeniado Percy. Tal vez fuese el amor por las reglas y las cosas bien hechas desde el principio, y por lo que les habían criticado su rigidez e inflexibilidad.
"No he terminado." Dijo Malfoy en voz baja. Hermione levantó las largas pestañas y miró a Draco entre curiosa y asustada. "Weasley ha desaparecido, desde esa misma noche nadie sabe dónde está."
Hermione abrió la boca de par en par.
"¿Qué dices?. Será porque… tal vez esté sufriendo y haya querido aislarse."
Draco negó levemente con la cabeza. Dio un mordisco al sándwich y pareció masticar despacio, para darse tiempo a responderle a eso.
"Parece ser que estuvieron juntos esa noche en el Ministerio. Sea lo que sea a lo que se dedicaban, ella ha muerto por eso."
"Malfoy, insinúas que Percy tuvo algo que ver… que fue cómplice."
Él se encogió de hombros.
"Sólo digo lo que parece ser que ocurrió allí. Yo no lo sé."
Hermione se mordió el labio. La clara insinuación era que Percy había participado en el asesinato.
"Tengo que ver a Ron… y a Ginny… y a la señora Weasley…"
Draco se echó atrás en su asiento, contrariado. Hermione se incorporó y al más puro estilo muggle, empezó a recoger nerviosamente los restos del brunch inacabado.
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Flitwick de Jefe de Estudios (o "Subdirector"). ¿Por qué? Sigo con esa idea de darle oportunidades a todas las razas. De Flitwick se rumorea que tiene sangre de goblin (duende).
Andros el Invencible: de la Antigua Grecia, es un mago conocido por haber creado el Patronus más grande, del tamaño de un gigante.
Lo de los sandwiches con leche :S es una costumbre realmente holandesa (en G. Bretaña la leche va con el té sobre todo) xD que nunca entendí. He pasado un periodo corto de tiempo viviendo cerca de Amsterdam, nunca entendí ese almuerzo…
Sí, me encanta que Hermione y Draco sigan llamándose "Granger" y "Malfoy". Es como una broma que tienen secreta.
Por cierto ¿no se os ha ocurrido enviarle una lechuza a Percy?. Si está "Perdido", al menos Hedwig podría enviarle una carta… (parece que no es posible perseguir una lechuza cuando va a su destinatario, y las lechuzas siempre los encuentran no obstante) Pues escribir a Percy será una propuesta de Draco a los Weasley.
Gracias por leer, con o sin comentarios.
Próximo capítulo: 'Los motivos de Kingsley y Percy'
