Como os prometí a algunas… no han sido 15 días (aunque sacrificando horas de sueño, os daré pena xD) He vuelto a casa después de un breve exilio y tengo todo patas arriba. Muy bien todas, Elpis es la Esperanza en griego. A pesar de Percy y Penelope, la caja de Pandora sigue abierta y no hemos perdido la esperanza. Aunque hay un poco de angst, también me gustaría que se entrevea esa esperanza, sobre todo figurada con el bebé de Lupin y Tonks.

Empiezo a complicarles la vida a Draco y Hermione. No se trata tan sólo de terceros que se interpongan en su relación, sino que hay más de fondo. Este capítulo es de los que más me ha gustado (junto al 10). Ayudará a comprender la relación de Draco y Hermione, y un poco más a Ginny y Harry, éste, como padrino de Teddy Lupin. Pero me gusta sobre todo por Ted y Andromeda, son mi debilidad escribir sobre ellos. Nunca adelanto acontecimientos, pero aquí voy a dejar las cosas claras: nadie con el apellido Tonks o Lupin muere en este fic. Es una cuestión de principios.

Gracias otra vez por leer, y a quienes estáis al pie del cañón dándole al Go sin tregua, me ayudáis muchísimo a tomar el pulso al fic, depurar cosas que no se entienden o dejar las ambigüedades como están si sois demasiado perspicaces xD: Orden del Fénix, Erea, XKelidaX, Sortilegios Weasley (doble!), Heredrha, Corae (doble!), Ariadna, lara evans, melaniablack, blackstarshine, CrissBlack, mArTa, Yedra Phoenix, Isa Malfoy, Sabaku no Akelos, Amara Malfoy Lestrange. Mi capítulo preferido va por vosotros.

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Resumen Capítulo 5: Diferentes personajes como McGonagall, Shacklebolt, Harry y Draco sospechan que Percy fue testigo de lo ocurrido, o bien Penelope le transmitió información por la cual murió. Shacklebolt no obstante, ha tomado una actitud que permite que Percy sea considerado como el culpable del hecho, a fin de proteger a Percy, dondequiera que esté. La prensa social empieza a preguntarse si Draco va a prometerse con la hija de los Fawcett, conocida familia mágica, aunque no tan prestigiosa como los Malfoy.


"Son nuestras elecciones las que muestran lo que somos, más que nuestras habilidades" – Albus Dumbledore. Harry Potter y la Cámara Secreta.

"La comprensión es el primer paso para la aceptación, y sólo aceptando puede recuperarse." - Albus Dumbledore. Harry Potter y el Cáliz de fuego.

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Capítulo 6. Elpis

Jueves 27 de agosto de 1998

Elephant & Castle. Londres

Draco estaba tumbado despreocupadamente en el sofá, junto a un montón de pergaminos y libros de pociones, desperdigados por todas partes, y un calendario de clases de alumnos de primero que le había facilitado Slughorn hacía un par de semanas por lechuza.

Hermione solía sorprenderse con su particular manera de preparar las clases; desde que era pequeño a Draco le habían enseñado a saber comportarse en cada situación y momento. Es decir, en la biblioteca de Hogwarts podría ser un alumno modelo, sentado recto delante de un volumen de complicados encantamientos convocadores, y en su casa podía estudiar tumbado en la cama o en su sofá si le venía en gana; podía ser un personaje insoportable o ser el perfecto anfitrión en una fiesta.

Una fiesta…

Se había vuelto a acordar. Lanzó el libro de pociones curativas hacia la pared, esas pociones que tuvo Potter en 5º curso con Snape en clases particulares y que ahora tenía que enseñar a un montón de niños. El libro cayó al suelo con estrépito. Sintió un pinchazo de remordimientos, si Hermione llegaba a enterarse del trato que dispensaba a algo que ella consideraba valioso, un libro, se enfadaría mucho con él.

Se levantó de mala gana y arregló los desperfectos. Dejó el libro sobre la mesilla del salón y miró por la ventana. La tarde presagiaba tormenta; pero eso no era extraño en Londres, donde finales de agosto suponía un temprano otoño.

Veía a la gente empezar a recogerse para ir a cenar a casa. Y se preguntó por qué Granger no había contactado con él.

"En realidad sí lo sabes, Draco. Está enfadada cuando se enteró 'por la prensa' de que tienes una fiesta el viernes. Y que empieza a rumorearse que te vas a comprometerte con la hija de los Fawcett."

Efectivamente. Hermione no dio crédito cuando al día siguiente Ginny le preguntó si eran ciertos esos rumores; si lo era, ella quedaba relegada al papel de "la amante hija de muggles", nada más.

Hermione le había enviado una breve nota con una lechuza, diciéndole que no se iban a ver, que iba a estar con los Weasley. Draco sabía perfectamente de qué iba el asunto: ella estaba molesta y dolida y prefería poner distancia. Tal vez debiera cumplir con su deber: asistir a los eventos de las mejores familias mágicas, comprometerse con un buen partido, casarse y continuar la línea de la familia Malfoy como era de esperar en él. Una hija de familia de sangre pura. Una Siri Fawcett. Una Millicent Bullstrode…

No, afortunadamente Bullstrode era mestiza. Antes se casaría con una muggle que decirle el "Sí, quiero" a Bullstrode.

¿Entonces dónde quedaba relegada Granger aquí?. ¿Quería una vida como estaba programada para él?. ¿O quería la vida que él quería?

Lamentablemente, a quién iba a pedirle opinión. ¿A los amigos de Granger?. ¿A su madre?. ¿A sus compañeros de Slytherin?. ¿A los del Consejo Escolar?

Estaba solo en esto. Como en tantas cosas, y Granger no parecía enterarse.

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Viernes 29 de agosto de 1998

La Madriguera. Ottery St. Catchpole, Inglaterra

"Hermione, no puedes huir de él para siempre." le dijo Ginny; estaban sentadas en el suelo de la parte de arriba del cobertizo de La Madriguera, las piernas colgando al vacío y los brazos apoyados en la barandilla de madera. Hermione observaba el cobertizo, utilizado sobre todo como trastero del señor Weasley. En él, Arthur guardaba todo tipo de objetos que encontraba fascinantes: desde patos de goma hasta una lavadora vieja.

"Ya lo sé… Pero quiero aislarme, no quiero pensar que está asistiendo a una fiesta estupenda llena de aristocracia mágica, a unos kilómetros de aquí..." Hermione apoyó la frente contra la barra de madera. "Sé que suena muy superficial, sabiendo lo que estáis pasando con Percy. Lo que pasa es que no puedo evitar pensar que Malfoy..." se le quebró la voz. "Está tan sólo pasando el rato conmigo. Pero al final decidirá hacer lo más conveniente y yo no entro en sus planes."

Ginny apoyó la barbilla en la barandilla, y movía las piernas, colgando desde esa parte alta del cobertizo, como una niña pequeña o al más puro estilo Luna Lovegood. En ese sentido, Ginny había tenido suerte. Justo en el momento en el que dio la causa Harry Potter por perdida, fue justo cuando ambos se descubrieron mutuamente. Pero comprendía a Hermione; después de todo, ella estuvo mucho tiempo suspirando por Harry y sin ningún tipo de esperanza, él, el mejor amigo de su hermano Ron, el héroe Potter, el Niño Que Vivió, jamás se habría fijado en ella.

Hermione se sentía utilizada y traicionada, y sobre todo, avergonzada de sí misma. Sentía pánico y sentía vergüenza por haberse enamorado de Draco Malfoy, vergüenza por pensar que ella, por alguna arcana razón, iba a ser diferente de cualquier otra chica con la que él se hubiera relacionado; vergüenza por creer que lo que había entre ellos tenía un largo plazo. Malfoy era el primer chico por el que sentía algo de verdad, algo profundo; y también era el primero en hacerle un daño igual de intenso.

Agachó la cabeza, entristecida. Ginny puso la mano en su hombro, intentando ser un consuelo.

"Hermione... habla con él. No puedes comerte la cabeza por algo que puede ser simplemente un malentendido. Debes escuchar lo que él tiene que decir."

Hermione emitió un profundo suspiro, desencantada.

"Además," continuó Ginny, con una pequeña sonrisa que Hermione conocía muy bien. "Me he encargado de que alguien vigile a Draco."

Hermione separó su frente de la baranda de madera y miró con una expresión de mal disimulada sorpresa.

"¿Quién?"

"Luna." Dijo llanamente Ginny. "Probablemente se haya entretenido espiando a los gnomos de jardín, le chiflan y está deseando que uno le muerda la mano, dice que trae suerte y prosperidad." Hermione rodó los ojos. Clásica Luna. "Pero me dijo que no me preocupara, que no dejaría de observar a Draco y a Fawcett. Ella está en su clase, son de Ravenclaw."

Hermione recordó lo que le dijera Luna. Siri no parecía mala persona, al menos no era de las que le escondían sus cosas ni se metía demasiado con ella. Se sintió un poco mejor. Tal vez no era la mejor espía, pero no tenía otra cosa.

Apretó suavemente la mano de Ginny, apoyada en la barandilla.

"Gracias, Ginny."

"No hay de qué." Ginny rebuscó en su túnica y sacó una bolsa de dulces. "Me las ha dado Charlie antes de irse a Rumanía. Dice que me estoy quedando en los huesos y que nadie querría una cazadora de Quidditch flaca como la escoba que monte; no duraría ni una bludger. Los relámpagos de chocolate son para ti. Es antidepresivo y además Lupin no podía estar equivocado con respecto al chocolate."

Hermione sonrió y mordisqueó un relámpago, y se sintió reconfortada.

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Sábado 30 de agosto de 1998

La fiesta resultó ser exactamente como se esperaba. Una congregación de familias mágicas, y parecía que los Fawcett se habían encargado de evitar a las mestizas; Draco no necesitó ser un auror para comprender que eso lo habían hecho tan sólo para agasajar a Narcissa y Draco Malfoy.

La verdad es que Siri era bastante guapa, tenía un historial amoroso importante, aunque adolescente y sin mayor trascendencia. Draco creyó recordarla en el Torneo de los Tres Magos; recordó que Snape mencionó haber castigado a Stebbins de Hufflepuff y a ella entre unos matorrales… Realmente su pasado le era indiferente, pero no hacía más que tener dudas. Había aprendido desde la infancia que estaba destinado a representar a la familia, que era el único hijo varón en generaciones y que desde la cuna había sido la envidia de muchas familias mágicas. Nadie, nada lo superaría.

¿Nada?. Qué equivocación. Por lo pronto Granger le dio mil vueltas desde que se conocieron. Y su sangre no tenía nada de mágico, nada de la selecta alcurnia que tanto enorgullecía a su familia.

En la fiesta tuvo que admitir que se sentía a gusto, en su entorno, junto a Crabbe y Goyle, Zabini, Daphne. Siri Fawcett pasó majestuosamente hacia la habitación, vestida de azul noche brillante ("muy Ravenclaw", pensó Draco); el vestido ondeaba como si estuviese de alguna manera encantado. Probablemente era así. Ofreció los dedos a Draco, y éste tuvo que inclinarse ante ella.

Era tan diferente a Granger. Ella le habría echado los brazos al cuello. Y si no se hubiesen conocido, le habría mostrado la mano para estrecharla, con franqueza, directamente. Sin estridencias, sin formalidades.

"Hola, Draco". Al fondo, vio de reojo a su madre, hablando con los Fawcett; estaba radiante de felicidad. Narcissa jamás pasaba desapercibida en un evento social; el cabello rubio recogido en un complicado peinado le daba un aspecto majestuoso, la túnica en un hermoso bordado en gris y plata era simplemente espectacular. Alta, como los miembros de su familia, elegante, aristocrática. Pero sin duda era su evidente satisfacción lo que más destacaba: estaba segura de que Siri y Draco hacían una pareja deliciosa. Esbeltos, elegantes, guapos, de buenas familias (aunque los Fawcett definitivamente por debajo de los Malfoy)… Era el tipo de compromiso que dejaría fuera de dudas que los Malfoy fueran los perversos Slytherin, y darían una imagen más aperturista. Los Fawcett eran discretos, no eran conocidos por mezclarse con muggles, pero tampoco habían tenido un pasado cuestionado como el suyo propio o el de los Crabbe, Goyle, Lestrange.

"Hola, Siri. Es un placer estar aquí" contestó Draco, sintiéndose el centro de atención, de los rumores y de las miradas. Ella sonrió, sus ojos color avellana brillantes de admiración; Draco de nuevo se vio obligado a cumplir con la etiqueta: le ofreció el brazo, donde ella apoyó los dedos con delicadeza. Pasaron por el salón como si fuesen los novios de una boda, para incomodidad de Draco. Y más aún, cuando en un rincón, apoyada contra la pared, vio a Lovegood. Sus grandes ojos azules lo miraban fijamente, con un semblante extrañamente serio en ella, que solía estar en babia.

Narcissa se aproximó a la pareja con los padres de Siri; Draco se sintió, por primera vez en un evento parecido, totalmente atrapado.

"Draco..." dijo su madre, en un tono que Malfoy conocía bien.

"Señora Fawcett..." dijo Draco, inclinándose sobre la mano de la madre de Siri. "Muchas gracias por su invitación. Me alegro de verla tan guapa."

Era lo esperado; era el tipo de lisonja que había que ofrecer. Ahora la madre de Siri le daría las gracias y le lanzaría un halago a él.

"Gracias, Draco. Me han dicho que vas a colaborar como profesor de Pociones. Enhorabuena, eso demuestra que eres un joven inteligente y con talento."

Draco agachó la cabeza, agradeciendo el cumplido; de nuevo, eso era lo esperado. Narcissa y el señor Fawcett mostraban sendas sonrisas satisfechas. Si hubiesen estado solos, se habrían frotado las manos de la emoción. Ahora se rompería el silencio, cuando el padre de Siri dijera que podrían pasar al salón del baile, del buffet o algo así.

"¿Vamos al salón del ápape?" preguntó solícito el señor Fawcett.

Justo. Aunque era un salón evidentemente inferior a la Mansión Malfoy, los Fawcett no había reparado en gastos para hacer que luciera como el mejor salón. Las cortinas eran de un color marrón claro, de tela tornasolada; estaban recogidas en gruesos cordeles de seda, de varios tonos más claros. El suelo era de madera brillante. En el techo, hermosos globos lucían en tonos muy suaves, dando un aspecto cálido a la gran habitación.

Había mesas con manteles en tonos dorados y sobremanteles verde oscuro. Se habían esmerado en el buffet que ofrecían a los invitados, calculado hasta el tamaño de los canapés para que el comensal lo comiera de un solo bocado, sin necesidad de ensuciarse las manos por darles más de un mordisco. Puro protocolo, escrupulosamente cumplido. Y Draco se sintió atrapado. Sin duda, estaba todo estudiado para impresionar a Narcissa, y parecía que el plan había funcionado a la perfección. Estaba definitivamente satisfecha de la situación. Imaginaba ya hermosos niños de cabellos rubios y sangre pura correteando por la Mansión Malfoy.

Finalmente, gracias a que habían llegado más invitados por parte de Siri, Draco pudo zafarse. Se las arregló para acercarse a una de las mesas del buffet, momento que aprovechó Zabini para acercarse a él.

"Vaya, Draco; va a ser que tenemos boda a la vista."

Draco le miró de reojo, pero no respondió.

"Ahora mismo me preocupan más los EXTASIS, Blaise." dijo secamente.

Zabini dio un bocado a un pastel de caldero y se encogió los hombros.

"Draco, no hay problema; si quieres estar con una sangre sucia, es asunto tuyo. Es posible que te lo pases bien y todo, son todas unas zorras. De otro modo, no habría tanto mestizo en nuestra sociedad."

Era otro punto de vista. Sexista y clasista, pero era la visión de la sociedad de sangre pura con respecto a quienes no pertenecían a su mundo. Por alguna razón, Draco estuvo a punto de arrojarle el whisky de fuego a los ojos. Pero se contuvo justo cuando mencionó a Penelope Clearwater

"A ésa se la cargaron por ser sangre sucia." dijo con frialdad y total indiferencia, dándole otro bocado a otro pastel de caldero.

¿Acaso no había muerto por algo relacionado con su trabajo? Y sintió miedo de nuevo, miedo por Granger. Como esa pesadilla maldita.

La fiesta transcurrió, de nuevo, como estaba previsto. Conversaciones con unos y otros. Compartiendo rumores y cotilleos. Daphne Greengrass le dijo que era la Prefecta por Slytherin, es sustitución de Pansy, que no regresaba a Hogwarts. Pero ¿y Nott?.

Nott, el que fuera por breve tiempo Premio Anual el año anterior, no asistió a la fiesta; al igual que Draco, tenía la responsabilidad de ser el que siguiera adelante con los negocios de la familia. Situación algo incómoda, los Nott no tenían el prestigio de los Malfoy, pero eran conocidos por haber apoyado a Voldemort. A diferencia de Draco, Nott no tenía padres a los que recurrir, y posiblemente hiciese lo que hiciese, no iba a decepcionarle a nadie.

Draco sin embargo estaba en una encrucijada. Por un lado, decepcionaría a su madre. Por otro lado, a Granger.

¿Qué papel jugaban una y otra en su vida?. ¿Qué papel jugaban esta sociedad de sangre pura?. ¿Y él mismo?

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Elephant & Castle. Londres.

Draco oyó unos golpes en la puerta, sacándole de los recuerdos de la fiesta del día anterior. Era extraño, generalmente nadie entraba en su casa por la puerta principal, sino por un lugar normal como la chimenea. Su sorpresa fue mayor cuando vio a Hermione, con aspecto cansado y abatido. Un top de tirantes negro, que destacaba el bronceado logrado después de más de quince días en Grecia; un pantalón ancho blanco, y unas deportivas; un pequeño bolso negro en bandolera. Sencilla, como era ella, pero nunca nadie le había parecido tan completo, tan hermoso.

Recordó la fiesta de los Fawcett; Siri no había duda, era una preciosidad. De pelo negro y largo, ojos color marrón claro, alta, delgada, y bastante lista, no en vano era alumna de Ravenclaw. Y a diferencia de Hermione, no había sentido reparos en romper las normas para intentar ser elegida en el Torneo de los Tres Magos.

La prensa no tardó en publicar las fotos de la discordia; se habían publicado varias fotos en las que se veía a Draco cediendo el paso a la hija de los Fawcett, su mano en la espalda de ella para guiarla; o una conversación amena junto al ponche…

Era el tipo de evento que volvía loca a la sociedad mágica en general, a Narcissa en particular. Pero no a Hermione en general, y menos en este caso en particular.

Malfoy la invitó a pasar en silencio. Hermione llevaba las manos enganchadas en la bandolera de su bolso, y tenía la mirada cansada, baja. Triste. A Draco le dieron unas increíbles ganas de abrazarle y decirle que esa basura que habían publicado era todo un invento. Que él no tenía intención de formar una familia sólo por razones de sangre.

Porque era así ¿verdad?.

"Granger..." Draco estiró la mano para tomar la de ella, enganchada en la cinta de su bolso. Pero Hermione se apartó.

"No... no debí haber venido." hizo ademán de darse la vuelta, pero Draco agarró su muñeca con firmeza. Hermione forcejeó un poco para soltarse, pero estaba sintiendo la sensación familiar en el pecho... esa opresión que sube hasta que llega a la garganta y sólo se va... llorando.

"Granger, lo siento... sé que algo que he hecho te está matando, no sé qué he hecho, y sospecho que tiene que ver con esa fiesta de anoche. No puedo ir atrás y cambiar las cosas, sólo puedo disculparme, y esperar que tu aceptes mis disculpas."

Hermione alzó los ojos, vidriosos; Malfoy nunca se disculpaba. Lo habían educado así. Se soltó de su zarpa con un movimiento brusco.

"¿Cómo sé que esto no es un mientras tanto...?. Tú no cambiarás nunca... y yo no puedo fingir que soy hija de muggles. Siempre será así, Malfoy. Tú tendrás a quien te conviene, y Fawcett te conviene, aunque no la ames, ni te importe, pero así funcionan las cosas en tu mundo. La utilizas, como me utilizas a mi, eres así de frío."

"¿Cómo sabes que no me importa ni que la amo?" preguntó indignado Malfoy. Pero inmediatamente tuvo que morderse la lengua; quería probar que era sincero, que sí podía preocuparse de alguien, pero la frase, sin quererlo, se había vuelto en su contra, ahora sonaba como si realmente tuviera sentimientos más fuertes por Siri.

La mirada de Hermione se endureció, pero la expresión era absolutamente dolida.

"Bien. Entonces eso demuestra que eres un cabrón. Si tanto te gusta ella, entonces a mi no me amas como yo pensaba, lo cual significa que eres un mentiroso. Y si a ella no la amas y a mi sí, entonces estás jugando con ella, con lo cual seguirías siendo un maldito cabrón."

Malfoy se echó un poco atrás, sorprendido y desconcertado por semejante conclusión. Granger, siempre condenadamente analítica y cerebral.

"Perdóname."

Hermione alzó los ojos, de nuevo pasmada, otra vez Draco Malfoy, pidiéndole perdón a ella, a una que siempre había considerado inferior. Recordó que Ginny le dijo que no se precipitara, y que escuchara lo que él tenía que decirle.

Y le había dicho que le perdonara. Reprimiendo como pudo un sollozo, se abrazó a él con fuerza.

"No me hagas daño. Si me vas a dejar porque tienes que cumplir con lo que se espera de ti, entonces dejémoslo aquí y ya. Pero no me des esperanzas si no hay ninguna posibilidad de que estemos juntos."

Draco apoyó la barbilla en la cabeza de ella, enterrada en su hombro. Era curioso, parecía que su estatura estaba hecha a medida para que encajara cuando estuvieran abrazados.

"Eres la única mujer que he traído a esta casa, Granger. Y no tengo intención de que eso cambie." Ella sólo emitió un gemido. "Pero esto no tiene sentido si no confías en mi."

Ella levantó la cabeza y fijó sus ojos en los pozos grises de él.

"Sólo tengo miedo de que me hagas daño. Nada más."

El besó la frente de ella, mientras Hermione cerraba los ojos.

"No lo haré." dijo suavemente. "¿Qué ibas a hacer hoy?"

"Quiero visitar a Tonks. Ayer tuvo a su bebé y están en la casa de sus padres, en Sutton."

Draco se apartó instintivamente; había heredado ciertos prejuicios acerca de la hermana traidora de su madre y su hija mestiza, casada con un licántropo; no podían haber caído más bajo. Pero Hermione tenía la mirada más firme todavía.

"No hace falta que vengas. Yo iré a ver a Tonks y al profesor Lupin. Sea lo que sea lo que ocurrió entre tu madre y la señora Tonks, no tiene que ver contigo, conmigo, y mucho menos con un bebé inocente."

Draco bajó los ojos. De nuevo estaba heredando unos prejuicios; eso era algo aprendido, no genético. Y lo mejor de todo, es que hay cosas que se pueden elegir, y tener prejuicios o no tenerlos era una de esas cosas.

Era algo que había aprendido de Hermione. Cuya genética era radicalmente opuesta a la suya, y sin embargo, complementaria.

Descolgó del perchero una túnica, recogió la varita de la mesa del comedor, y salieron por la puerta.

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Sutton. Inglaterra

Ted Tonks abrió la puerta. Era un hombre de unos cuarenta y tantos años, de cabello castaño claro y ojos marrones y afables, y una barriga algo pronunciada. Había mucho de él que a Harry le recordaba a Tonks; tal vez fuese el buen humor o las maneras sencillas y llanas.

"¡Harry!. ¡Finalmente!" dijo, dándole una palmada en el hombro. "Dora nos ha hablado mucho de ti, me alegro finalmente de conocerte; después de todo, vas a ser el padrino de mi nieto."

Harry asintió y sonrió abrumado, generalmente había sido un niño ignorado en el mejor de los casos, o admirado por algo que no recordaba (su victoria con poco más de un año de vida sobre Voldemort), o por algo que lo hacía parecer el Ministro de Magia. Le resultaba difícil saber quién le tenía aprecio genuino, o quién estaba influido por alguno de esos hechos de su pasado. Sostuvo con más firmeza el paquete pequeño y alargado que traía como regalo. Ginny junto a él portaba un ramo de flores.

"Encantado, señor Tonks…"

"¡Muchacho, así llamarías a mi padre si estuviera vivo el pobre!. ¡Llámame Ted!." Ted se echó a un lado para permitirles el paso. "¿Y tú eres...?" preguntó, cuando cedió el paso a Ginny.

Harry se excusó inmediatamente.

"Disculpa… ella es Ginny Weasley, es mi novia."

"¡Ah, claro, Ginny!" exclamó Ted con alegría. "¡Encantado!" dijo, estrechando la mano de Ginny.

"Lo mismo digo…"

"Conocí a tus tíos en Hogwarts… claro que fue en mi primer año y ellos pertenecían a Gryffindor, yo estaba en Hufflepuff. Pero me acuerdo, muy alborotadores, muy brillantes, estos Prewett…"

Ginny sonrió dulcemente.

"Eso me han dicho… dicen que mis hermanos gemelos son como mis tíos, físicamente y en carácter. Creo que mi madre ve mucho de sus hermanos en ellos, por eso es tan protectora con todos."

Por una de las puertas del sencillo recibidor de los Tonks entró una mujer alta, esbelta, de cabellos castaños y piel pálida. Harry sintió un golpe en el pecho, doloroso como si hubiese recibido un Cruciatus. Andromeda Tonks era increíblemente parecida a su hermana Bellatrix Lestrange, caída durante la batalla de Hogwarts hace menos de un año.

"Bienvenidos." dijo.

Harry se la quedó mirando, tal vez incluso de una manera impertinente; si bien físicamente era muy parecida a Lestrange, ahora que se fijaba, los ojos oscuros eran más grandes y más cálidos que los de Bellatrix, siempre semiocultos bajo esos párpados fríos. La boca era algo más perfilada, de labios más carnosos. La voz era más dulce, Harry sólo había conocido un tono estridente y burlón las veces que había hablado con Lestrange. Y las facciones con forma de corazón de Tonks, definitivamente eran similares a los de Andromeda.

O tal vez era simplemente que Andromeda no había pasado ni un día de su vida en Azkaban.

Recordó una frase de Horace Slughorn… sobre las familias, "Es gracioso como a veces ocurren estas cosas ¿verdad?" Era difícil pensar que esa mujer, que había abandonado todos los principios de su familia y había renunciado a tantas cosas por fugarse con el hombre que amaba, era la hermana de la persona que él más había llegado a odiar en el mundo, por encima incluso de Severus Snape, y muy empatada con Voldemort.

Recordó a Sirius, que le dijo que Andromeda "era su prima favorita". No podía creer que estaba delante de alguien que sabía tantas cosas del pasado más próximo a una familia que conocía Harry.

Gracias a que estaban cogidos de la mano, Harry pudo salir de su ensimismamiento, por un oportuno y discreto apretón en sus dedos por parte de Ginny.

"Oh… gracias… señora Tonks…" murmuró Harry, con el nudo en el pecho.

Andromeda abandonó el porte frío y altivo, y sonrió. Entonces ahí Harry sintió que el nudo en el pecho era más agudo. Con el mismo porte patricio, distinguido, elegante, ahora la veía mucho más parecida a Sirius de lo que habría nunca imaginado.

"Soy Andromeda, nada más." dijo suavemente, mientras estrechaba la mano de Harry, que todavía aturdido, soltó la mano de Ginny para tomar la de Andromeda. "Es un placer conocerte, Harry Potter. El ahijado de Sirius, y ahora serás tú el padrino de mi nieto."

Harry sólo asintió con la cabeza.

Andromeda no dejó de sonreír cuando saludó a Ginny, y les indicó que pasaran a la sala.

"¿Qué te ha pasado ahí, Harry?" susurró Ginny. "Eres capaz de resistir un Imperius y te has quedado embobado… cualquiera diría que te has enamorado de la madre de Tonks" dijo, con un ligero tono de celoso reproche.

"¿He sido muy impertinente?" susurró Harry. "Es sólo que me he sorprendido demasiado… me ha recordado mucho a Lestrange… y luego para rematar me recordó más todavía a Sirius…"

Ginny apretó la mano de Harry cariñosamente en la suya.

"No te preocupes, es normal que reacciones así. Me dijiste que cuando Tonks se transformó en Lestrange el año pasado sentiste algo parecido."

"Me sigue asustando pensar en Lestrange."

"Olvídalo ya, Harry." susurró Ginny. "Ella está muerta, Rodolphus y Rabastan en Azkaban y ahí se quedarán por mucho tiempo; ahora sólo tenemos que alegrarnos por Lupin y Tonks."

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Sentada en un amplio sofá con chaiselong, y cubierta con una ligera manta, estaba semitumbada Tonks; el cabello más rosa que de costumbre; Harry imaginó que a su madre ese color debía de parecerle espantoso. Pero Harry había aprendido que el color del cabello de Tonks era sintomático de su estado de humor. Junto a ella, Lupin; era sorprendente verlo tan cambiado. Generalmente Harry lo había visto melancólico, casi enfermo por las transformaciones mensuales, y con un aura terriblemente desgraciada alrededor.

Esta vez encontraba a un Remus Lupin mucho más parecido a aquel que vio por primera vez en una memoria de Snape, durante una de las fatídicas clases que le impartió de Oclumancia.

El cabello seguía siendo ligeramente canoso, demasiado para alguien joven como él, pero irradiaba una alegría que sólo le había visto durante ese recuerdo de Snape en el Pensadero, cuando Lupin era un Merodeador de 15 años; Harry dudaba que Lupin supiera eso. En cualquier caso, Ginny se acercó y besó a Tonks, pálida por el esfuerzo del parto el día anterior, pero radiante de felicidad.

"Hola Ginny, Harry" dijo Lupin, poniéndose en pie. Harry estrechó la mano de Lupin, a quien encontró emocionado.

Lupin observó al joven que tenía delante. Harry, el hijo de uno de sus mejores amigos. Más prudente de lo que James había sido nunca, y menos temperamental de lo que era Lily. Había adoptado la impulsividad y la nobleza de Sirius, influyente durante su adolescencia como nadie. No podía imaginar a un mejor padrino para su hijo.

Remus Lupin, el último de los Merodeadores, y el nexo de unión que unía a Harry con sus padres y su pasado. Pero Remus quería a Harry más que eso, por ser quien era, no porque fuese el Niño Que Vivió, El Elegido o porque tuviese el cabello negro y revuelto de James, su habilidad para el vuelo o su miopía, o porque tuviese los ojos verdes de su madre, su habilidad para ver el corazón de los otros o su visión global. Quería a Harry porque era Harry. No porque fuese un apellido célebre con un pasado trágico.

Junto a Lupin, Tonks sonrió al recibir el ramo de flores de vivos colores que le entregó Ginny.

"El año pasado, en el Valle de Godric, reconociste las flores de la tumba de los Potter, flores encantadas. Queríamos que tuvieses tú las tuyas. No se marchitan, y tienen siempre rocío… siempre frescas."

"Me encantan." dijo ella. "Gracias."

Harry se sintió repentinamente incómodo; su corta experiencia con familias de verdad era con los Weasley, y hasta ahora no había tenido que presenciar nacimientos ni eventos similares. La experiencia con los Dursley no podía contar como familiar. Se sintió tan patoso como Neville preparando pociones; miró su paquete, ahora se sentía cohibido y violento.

"¿Qué llevas, Harry?" preguntó burlona Tonks.

Harry miró de soslayo a Ginny, y le dio el alargado paquete, de unos 70 centímetros, a Lupin. Él sonrió cuando lo tomó en brazos; adivinó de qué se trataba en un santiamén. Lo desenvolvió en presencia de los Tonks, Harry y Ginny.

Una versión infantil de una Saeta de Fuego.

"Gracias, Harry." dijo Lupin. "A Ted le encantará, su primera escoba regalada por su padrino."

Harry sonrió. Le habían dicho que su primera escoba no fue una Nimbus 2000 regalada por McGonagall, sino Sirius, con menos de un año, para orgullo de su padre, James, excelente volando en escoba.

Andromeda fue a la cuna y sacó al bebé de ahí. Junto a la cuna, había dos agujas de tejer, ocupadas con un patuco. Ginny no tuvo que pensar mucho; seguramente el hechizo era obra de la orgullosa abuela, y no de la mamá.

"¡Mira qué bonito, Harry, y qué pequeñito!" exclamó Ginny, enternecida, cuando Andromeda les acercó a Teddy. Caminó directamente hacia Harry con Ted en brazos; Harry se aterrorizó como nunca se había sentido. ¿Y si se le caía?. ¿Y si lo estrujaba demasiado fuerte y lo asfixiaba?. ¿Y si…?

"¡Vamos, Harry!" exclamó de buen humor Ted. "¡Es un bebé, no un dementor!"

Harry pensó que no había hechizos capaces de repeler bebés. Conjurar un patronus parecía la cosa más sencilla del mundo, en comparación con sostener un bebé en brazos.

"Harry, no temas. Ya verás como instintivamente sabrás tomarlo en brazos." Le dijo Lupin. Clásico Lupin, académico, breve, conciso. Sacaba lo mejor de uno para conseguir el mejor resultado.

Efectivamente, Harry sostuvo algo tenso al bebé. No parecía tan difícil como pensaba; se movía mecánicamente. Y antes de que intentara averiguar parecidos, no hizo falta ser extremadamente observador. El cabello negro de recién nacido cambió a un tono castaño claro.

Metamorfomago, como su madre. Nada de licantropía.

Harry sonrió a Lupin. Éste tenía el rostro lleno de esperanza, y adivinó lo que se le pasaba por la mente: quería darle a partir de ahora un futuro mejor.

Así se habrían sentido sus padres, y Sirius. Por eso lucharon tanto. Harry no sabía si esto que sentía era la paternidad, pero al menos, comprendió mejor que nunca las locuras que pudo haber cometido su padrino antes que él: abandonar su exilio por interesarse por un simple dolor de su cicatriz, escapar de un escondite seguro por ir a su rescate.

Harry sintió que él también destrozaría el Departamento de Misterios si supiera que Teddy Lupin estaba allí en peligro.

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Ted se quedó sentado sosteniendo a su nieto; sin duda, estaba radiante porque llevara su nombre. Le cantaba canciones muggles desconocidas a Ginny; Harry sin embargo sí las había escuchado en las raras ocasiones que podía ver la tele o escuchar la radio en la casa de de los Dursley. El bebé, profundamente dormido, no parecía enterarse.

Andromeda, ayudada por Lupin, colocó sobre la mesa delante de la chimenea un aperitivo para las visitas. Pasteles de calabaza, té y pastas, canapés salados variados, y pastel de crema.

Tonks les contaba que todavía se sentía fatigada, pero que era una experiencia única para ella, y que no podía sentirse más feliz. En un momento dado, salió el tema espinoso de Percy Weasley.

"Siento estar de baja, Ginny; me habría encargado personalmente de darte toda la información."

Una sombra se cruzó por la cara de Ginny.

"Están haciendo lo que pueden…" murmuró.

"Confía en Kingsley." Le dijo Tonks con firmeza y una breve sonrisa. "Es prudente, y es muy hábil. Si alguien puede averiguar qué ocurrió, es él."

"Kingsley debe de sospechar algo, porque prefiere que se piense que Percy tuvo que ver en la muerte de Penelope, o fue cómplice."

Lupin se sentó junto a Tonks, tras escuchar la última parte de la conversación.

"Escuchad," dijo, en voz baja. "Os falta poco para empezar en Hogwarts, y sé que eres Premio Anual, Harry."

Harry asintió.

"Sí, y Hermione es la Premio Anual."

"Lo sé." Respondió Remus. "Tened cuidado. Es como si fuera demasiado perfecto… esas propuestas parten de McGonagall como directora, pero no hay duda de que el Ministerio puede controlar determinadas decisiones. Que seáis vosotros los Premios Anuales es ideal… pero no bajéis la guardia."

"Sólo te falta decir… '¡ALERTA PERMANENTE!' y pensaría que eres Moody." Respondió Harry.

Lupin acarició el cabello de Tonks, y tardó un poco en contestar.

"Primero Penelope. Luego Grubbly-Plank. Hogwarts no está protegido como cuando vivía Dumbledore; McGonagall es hábil, es inteligente, estricta y prudente, pero como Dumbledore no ha habido muchos directores. Harry…" dijo mirando seriamente a sus ojos. "Prométeme que tendrás cautela."

Harry esbozó una sonrisa de medio lado, que a Remus le recordó poderosamente a James.

"¿Y cuándo no he sido cauto?"

Se oyeron unos golpes en la puerta. Desde la cocina, salió Andromeda a abrir la puerta.

ooOOooOOoo

Draco y Hermione Aparecieron a unos metros de la residencia de los Tonks. Caminaron en silencio hasta la entrada, hasta que Draco rompió el silencio.

"¿Nos esperan?" preguntó sencillamente Malfoy.

"Yo sí le dije a Tonks que vendría; probablemente estén Harry y Ginny." Respondió ella suavemente.

Draco se sintió incómodo; jamás había puesto los pies en casa de Andromeda Tonks, la traidora a la sangre y la hermana repudiada de su madre. Era un lío. Draco no podía compartir los ideales de Bellatrix por principios, pero era la hermana predilecta de su madre. Y Draco amaba a su madre, pero se preguntaba sobre la validez de sus elecciones.

Sentía cierta curiosidad; nunca había visto fotos de Andromeda, ni siquiera de cuando ella y su madre eran niñas. Narcissa rehusaba hablar de ella; como tantas cosas, era un tema tabú en la Mansión Malfoy.

Lucius siempre se mantuvo al margen en asuntos de la familia de su esposa; pero al igual que Narcissa apoyaba la carrera de mortífago de Lucius sin serlo, Lucius apoyaba cualquier decisión que tomara Narcissa con respecto a su familia y raíces.

Hermione tocó con delicadeza la puerta; si había un bebé no quería ser escandalosa y despertarlo. Al instante, la puerta se abrió y ante ellos se presentó Andromeda. Alta como Narcissa, los rasgos altivos y aristocráticos. La misma elegancia y piel blanca. Los cabellos menos morenos que los de Bellatrix, y definitivamente más parecida a Lestrange que a Narcissa.

Hermione sonrió con timidez.

"Soy Hermione… ¿cómo está?" dijo, mostrando la mano; Andromeda la estrechó, y sus castaños ojos se posaron en Draco. Sin resentimiento, pero sí con curiosidad. "Huh… él es…" empezó a decir Hermione.

"Draco Malfoy." terminó Andromeda, reconociendo a su sobrino inmediatamente. "Encantada, Hermione, soy Andromeda." Ella volvió a mirar a Draco. "Y encantada, Draco. Un poco tarde tal vez para las presentaciones, pero así es la vida." Sus ojos brillaban con una inteligencia y una tranquilidad que a Draco le sorprendieron.

Andromeda Tonks no estaba furiosa, ni resentida; no trataba el tema como un tabú. Aceptó su destino, aceptó ser desheredada por los Black, repudiada por sus padres y hermanas, y sin embargo, era una mujer feliz.

Draco simplemente estrechó la mano de esa mujer. Su tía.

ooOOooOOoo

Un rato más tarde, Draco, bajo órdenes de Hermione, entró en la cocina para pedir más servilletas. Andromeda agitó la varita y de un cajón salieron varias servilletas de colores. Se colocaron en un sencillo servilletero de hojas de metal a modo de hiedra.

"¿No quieres preguntarme nada, Draco?" se interesó Andromeda, dándose la vuelta y apoyándose en la encimera de la cocina.

Draco desvió la mirada, vacilante. Sí. En realidad tenía unas cuantas preguntas, pero no sabía cómo abordarlas.

"Entonces hablaré yo, si no te importa." contestó ella, al ver que Malfoy vacilaba.

Era curioso. Era el tipo de firmeza que reconocía tantas veces en su madre. Qué impresionante era saberse cerca de alguien que compartía tantos genes con él, pero que era alguien absolutamente desconocido.

"No tengo ningún tipo de remordimiento por lo que hice, Draco. Sólo puedo imaginar qué te ha contado tu madre, tu padre o tu tía. Que soy una traidora a la sangre, que he contaminado a la familia, que he sido la vergüenza de una casa, de una tradición, y de los principios que mueven a la Noble y Antigua Casa de Black." Draco pestañeó. Decía las cosas con pasmosa naturalidad, hablaba de algo que a él, y a cualquier mago del Reino Unido, le producía respeto, orgullo y admiración. Pero ella era absolutamente indiferente a eso.

"No vivo en una Mansión. No celebro enormes eventos, ni fiestas que son dignas de mención en El Profeta. Pero tengo algo mío, algo que no he heredado de mis padres o mis abuelos: dignidad. Y una familia propia. Hice lo que me apeteció. Hice lo que me pidió mi alma: seguir a Ted. Y no puedo lamentarlo. No lo lamento, y jamás lo haré."

Draco estaba boquiabierto. Ese discurso no se parecía en nada a la sucia traidora a la sangre, a la estúpida Andromeda que huyó con un sangre sucia irrelevante y mediocre.

Sin embargo, la dignidad con la que hablaba Andromeda era más valiosa que cualquier referencia a un Tapiz, a un árbol genealógico, o al porcentaje de sangre mágica que corría por su cuerpo.

"Y si me preguntas por el orgullo de la sangre…" Andromeda esbozó una mueca que era muy parecida al gesto burlón de tía Bella. "Tengo suficiente sangre mágica pura en mis venas para los dos. Así que no. Nunca lamentaré mi decisión. Amé a Ted, y lo amaré siempre."

Una de las pocas veces en la vida de Draco Malfoy en las que no tuvo capacidad de respuesta. Jamás, nunca, había sentido su vida tan identificada con la de la traidora Andromeda Tonks.

ooOOooOOoo


Nada hay oficial que indique que Ted conociera a los Prewett, o que coincidieran en Hogwarts; por edades he calculado que es posible, y que los Prewett eran mayores que Molly, a su vez, mayor que Ted y Andromeda.

El encuentro de Harry con Andromeda es parecido al del DH. Pero obviamente, filtrado a mi manera. Me encanta Andromeda, primero por ser Black xD, y porque eligió estar con quien quiso, renunciando a una vida de comodidades y prestigio. Algo que ha heredado Tonks, que eligió estar con alguien unos 13 ó 14 años mayor que ella, pobre por su marginalidad. Eso dice mucho de ellas. De ahí la frase de Dumbledore que elegí al principio para el capítulo.

Hablando de Andromeda… quería imaginarme un encuentro con Draco. Alguna por ahí ;) sabe que tengo la vida de Ted y Andromeda grabada a fuego, así que espero que se entienda la conversación… En canon sé que jamás se habrían visto, y que Draco no quiso saber nada de ella, Tonks o Teddy. Pero en una realidad paralela como ésta, en la que Draco está con una sangre sucia, creo que tienen mucho en común, no solamente el apellido. A diferencia de Draco y Hermione, jamás imaginé que la relación Andromeda-Ted empezó siendo tormentosa, tipo amor-odio.

A Draco lo estoy contaminando cada vez más de sangre Black, no de sangre Malfoy. Esta vez por las famosas elecciones vitales a las que se enfrenta, que son absolutamente típicas de la familia de nuestra querida Narcissa. XD

He puesto que los Tonks viven en uno de los boroughs del Greater London, Sutton, pero no sabemos dónde viven en canon. No hay ningún motivo especial por haber elegido ese lugar.

La última frase de Andromeda parafrasea la de Fleur con respecto a su belleza, que es suficiente para Bill y ella.

Próximo capítulo: 'Las entrevistas con Umbridge'