Este capítulo para entender a Draco y a Harry. Sobre el capítulo anterior, necesitaba que vierais a un Draco "Malfoy" que conocemos: egoísta (lo quiere todo: fiestas, chicas, Hermiones, su madre contenta, llevarse bien con los slytherin y exmortífagos…), pero también a un Draco Malfoy "Black". Aquél que puede tener personalmente más dudas (de ahí su encuentro con Andromeda). Siento la ausencia de Hermione, pero espero haber compensado con Fred y George… ¡¡¡que vuelven!!! xD.
Mi amor eterno: Lil-Evans, CrissBlack, Erea, Sabaku no Akelos, lara evans, Heredrha, Corae, blackstarshine, Herminione (doble!), Yedra Phoenix, XKelidaX, Cl4R174, nanai.malfoy, melaniablack, mArTa. A quienes leéis, gracias por seguir la historia.
(Aviso a lectoras/es que habéis preguntado por el dichoso fic de los Black xD: ¡Por fin! La cuenta donde Heredrha y yo vamos a publicar se llama "Black Toujours Pur". O lo que es lo mismo, somos unas 'puristas' de esa familia, así que con datos canon, hemos tratado de construir a los personajes, su historia y su pasado y por qué esa tragedia que les persigue (la "maldición", obviamente, inexistente, pero lo parece). Nos centramos en hechos relevantes de los cinco últimos Black, y lo común que tienen en sus personalidades, y también lo que los diferencian. El título del fic será La Maldición de los Black. No son viñetas. Si tienes curiosidad, entra cada cierto tiempo en esa cuenta o alerta Black Toujours Pur como autor porque ya empezamos muy prontito a subir. Ahora la cuenta está vacía, el profile ya lo iremos llenando XD. Lo tengo marcado como Autor Favorito en mi profile. El shot de Andromeda sobre Halloween que algunas habéis leído está muy, pero que muy basado en lo que hay en este fic sobre los Black.)
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Resumen Capítulo 6: Draco asiste a una fiesta de la familia Fawcett, para satisfacción de su madre y desagrado de Hermione. Finalmente hacen las paces y acuden a ver al hijo de Tonks y Lupin, cuyo padrino será Harry. Draco por fin tiene un encuentro con la repudiada Andromeda, hermana de su madre, y descubre que tiene más cosas en común con ella de las que sospechaba.
"Espero que mi hijo llegue a ser algo más que un ladrón o un saqueador, Borgin" Lucius Malfoy. Harry Potter y la Cámara Secreta
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Capítulo 7. Las entrevistas con Umbridge
Lunes 31 de agosto de 1998
Grimmauld Place 12. Londres.
"Veamos qué tengo por aquí…" murmuró Harry. "Deberes, deberes, más deberes…" Harry levantó un pergamino de unos deberes de Pociones a medio terminar, y lo miró con curiosidad.
"Me preguntó para qué voy a entregar los deberes de hace dos años. Hermione estará muy deprimida sin embargo…"
Sin ningún remordimiento, tiró al suelo los pergaminos que ya consideraba inútiles.
"Un libro de… '¿Fabrique su propia escoba de Quidditch?. Edición especial para magos y brujas principiantes'."
Harry frunció el ceño, extrañado. "Magos y brujas principiantes" era un eufemismo de squib.
"¿Cómo habrá llegado esto aquí?. ¿Quién será el idiota que se pondría a fabricar su propia escoba?."
Imaginándose a sí mismo ridículamente tallando y puliendo un trozo de madera, al más puro estilo muggle, y atándole ramitas de los árboles del parque de Grimmauld Place, no puedo evitar pensar que probablemente fue uno de los regalos de Fred y George cuando el Sauce Boxeador destrozó su antigua Nimbus 2000…
Harry dejó el libro en la cama con la intención de llevarlo a la biblioteca de los Black cuando terminara de ordenar. Desde luego, no tenía ninguna intención de "fabricarse" una escoba voladora, encantar ninguna, o ni siquiera comprar una nueva versión de la que tenía ahora.
Tenía una Saeta de Fuego, la mejor y más cara de las escobas, guardada con extremo cuidado en el armario de las escobas, (o mejor dicho, "de la escoba", ya que sólo había una, la suya, situado cerca de los ventanales del comedor). Era una de las pocas cosas que le había dejado Sirius, aparte de Grimmauld Place y una fortuna en Gringotts. El cuchillo acabó destruido nada más utilizarlo en el Departamento de Misterios en su 5º curso. El espejo había sido útil el año pasado, pero ahora se había reducido a ser un mero espejo. Su gemelo estaba perdido junto a su dueño más allá del Velo.
Volvió al baúl para seguir eligiendo cosas.
"Sigamos… más deberes, una bufanda de Gryffindor de cuando estaba en primero…"
Dejó la bufanda sobre la cama.
"La Capa de Invisibilidad, el Mapa del Merodeador, esto no me puede faltar. Sigamos… plumas… Dobby…"
¡¿Dobby?!
"Hola Harry Potter"
"Hola Dobby". Harry soltó unos calcetines que acababa de recoger del baúl y se sentó en la cama, sorprendido de encontrar al peculiar elfo doméstico, sus enormes ojos verdes brillantes pero extrañamente solemnes. "¿Qué te trae por aquí?"
Harry tenía una curiosa sensación de déjà vu. Cuando a punto de comenzar su segundo año, Dobby se presentó de improviso en su dormitorio en Privet Drive y sólo le trajo problemas: una amonestación del Ministerio y un severo castigo por parte del tío Vernon.
La historia se repite… de pronto sintió las palabras del profesor Binns en su pesadilla.
"He venido para avisar a Harry Potter que los elfos de Hogwarts están muy nerviosos."
"Ah…" Harry pestañeó. La verdad es que no sabía qué podía responder a eso, pero Dobby tenía la obsesión de que Harry era el liberador de los elfos domésticos, un héroe para toda su raza. "Uh… bueno… no me… sorprende…" respondió con ambigüedad, esperando que fuera la respuesta correcta en cualquier situación.
Harry miró unos viejos calcetines y de ellos salió el Chivatoscopio que le regaló Ron en su tercer año. Sonrió cuando tantos recuerdos se le agolpaban en la cabeza, el aparentemente inútil objeto no se equivocó cuando Peter Pettigrew rondaba por su dormitorio en la Torre de Gryffindor. Inmediatamente lo puso en el montón que llevaría a Hogwarts.
"En realidad ha pasado un año sin estudiantes," añadió Harry. "Se ha abierto una etapa nueva, seremos con seguridad más estudiantes que nunca… habrá mucho trabajo…" Los calcetines acabaron en la pila de basura, encima de los pergaminos de deberes incompletos.
"No es eso… algo… siniestro… algo malvado ha entrado en Hogwarts." contestó Dobby, asintiendo enérgicamente su cabeza, sus ojos fijos en Harry.
Harry puso los ojos en blanco.
"Dobby… ya hemos pasado por esto anteriormente. Por favor, no me digas ahora que no debo ir a Hogwarts, y no evites que vaya, ni me pongas en peligro."
"¡No!. ¡No!" Dobby agarró un grueso volumen de Encantamientos del baúl y comenzó a golpearse la cabeza.
"¡No!. ¡Dobby, no, para!" Harry se incorporó y le arrebató el libro con el que estaba dispuesto el elfo a partirse la crisma.
"Dobby jamás haría daño a Harry Potter. Nunca."
"Lo sé, Dobby." Harry suspiró, rindiéndose. "Está bien¿qué es lo que ocurre allí?"
Dobby frunció sus enormes ojos.
"No lo sabemos… pero es oscuro… y tenebroso…"
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Harry terminó de vaciar y ordenar su habitación. Kreacher se deshizo inmediatamente de los cacharros que no servían ya, y preparó una fuente de sándwiches como almuerzo, antes de que Harry saliera hacia La Madriguera a ver a los Weasley, e informarse de las últimas noticias. Era festivo en Londres, la fiesta de último día de verano, así que pasar una tarde con Ginny y su familia era un buen plan.
Dobby había traído una extraña advertencia. Nadie haría caso a los elfos domésticos si éstos detectaran peligro, todavía había muchas cosas que necesitaban cambiar en el mundo. Pero Harry había aprendido una cosa en sus años enfrentándose a Voldemort: a no descartar ninguna señal que marcara peligro.
Andaría con cuidado. Voldemort estaba desaparecido. Pero no significaba que el mal estaba enterrado con él.
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Ministerio de Magia. Londres.
En el despacho de Dolores Umbridge, Draco Malfoy estaba sentado en las sillas de confidente, delante del escritorio. El aspecto del despacho era muy similar al que tuvo en Hogwarts; platitos con imágenes de gatos de todo tipo en las paredes. Tapicería rosa en los asientos. Una mesita auxiliar con encajes rosas, en donde reposaba un elegante, aunque anticuado, juego de té de porcelana.
Dos tazas estaban en el escritorio; una para Umbridge, la otra, intacta, para Draco.
"Debo decirte, Draco, que el Ministro está francamente orgulloso de las aportaciones que has realizado para ampliar el hospital San Mungo, y favorecer así la contratación de nuevos medimagos. Es un acto que te honra."
Draco estaba acostumbrado a los halagos y las lisonjas; sabía cuándo eran verdaderos, y cuando eran meras formalidades. Pero en ese entorno era perfectamente capaz de controlar una ira, una indignación. Lucius le había enseñado que era más fácil mantener una posición discreta, recibir el halago con una sonrisa y breve inclinación de cabeza, y sacar algo de provecho de la situación.
En ese momento, cualquier comentario sobraba; Draco inclinó la cabeza respetuosamente, y llevó la taza a los labios, sin llegar a probar su contenido.
Umbridge sonreía y apoyó los codos sobre su escritorio, los dedos unidos por las yemas.
"Te agradezco además que hayas venido en festivo."
"Faltaría más, siempre estoy a disposición del Ministerio, señora Subsecretaria."
Umbridge pareció satisfecha con la respuesta; Draco empezaba a mostrar que era todo un experto en diplomacia.
"Quería proponerte algo…" Draco enlazó sus dedos en el regazo, y miró con calma a Umbridge, sonriendo levemente. Él había tenido una relación más que correcta con ella durante su desafortunada experiencia en Hogwarts. Otra de las enseñanzas de Lucius era… no perder nunca ninguna amistad.
"La escucho" respondió suavemente Malfoy.
Umbridge parecía encantada de estar ante el joven y alto heredero de Lucius Malfoy; un muchacho prudente, atractivo, inteligente y con una carrera prometedora. Oficialmente, ya no era simplemente el "heredero" de su padre, sino que había tomado su posición, y francamente, con éxito. Mantenía una relación correcta con antiguos simpatizantes de Lord Voldemort, pero también se había creado cierta afinidad con el que provocó su caída. Una pieza clave y útil en su tablero de juego.
"Como bien sabes… hay críticas hacia la gestión de Scrimgeour en la crisis de Quién Tú Sabes… y su mandato está en entredicho. Me gustaría saber hasta qué punto puedo contar con el apoyo de los Malfoy… en el caso de que me presentara a Ministra de Magia".
Draco abrió la boca con sorpresa, pero recuperó la compostura inmediatamente. Mostrar simpatías a alguien que estaba tan en entredicho como el propio Scrimgeour no le favorecía especialmente. Pero es verdad que los rumores en el Ministerio pasaban por apoyar a alguien con mano más firme en cuanto a la gestión.
"Habrás visto que el terrible accidente de nuestra empleada, la señorita Clearwater, y la evidente incompetencia de los aurores, está comprometiendo mucho nuestro prestigio."
Draco asintió levemente. Pero no dijo palabra. Tenía que pensar con rapidez… lo que le estaba pidiendo era inusual. Y no le interesaba estar en un bando ni en otro… y si tenía que estar en un bando, que fuese el ganador.
"Piénsatelo, Draco. Estaría más que encantada…" Umbridge sonrió con fría profesionalidad. "Por cierto ¿debería darte la enhorabuena?"
Draco pestañeó.
"¿Disculpe?"
Umbridge le mostró la portada de Corazón de Bruja.
"Cómo no… quién si no iría a leer esta revista sino Dolores Umbridge…" pensó Draco con desprecio, pero mostró una ligera sorpresa en su rostro.
"Vamos… ya sabe cómo funciona la prensa…" hizo un gesto con la mano, como si rechazara cualquier importancia al asunto de su publicitado romance con la hija de los Fawcett. "Ahora mismo mi prioridad es terminar el curso en Hogwarts."
Umbridge alzó las cejas levemente y dio un sorbo a su té.
"Oh. Por supuesto." Respondió ella.
A Draco no le gustó mucho este tono y observó a la Subsecretaria con fingida curiosidad.
"En el hipotético caso de que no terminaras el curso… por la razón que sea… sigue siendo interesante guardar un as en la manga. Sin una formación académica completa, no hay acceso posible al Ministerio en plenas condiciones…" añadió, con una falsa dulzura y un engañoso tono casual.
Eso era cierto; sólo quienes finalizaban sus estudios, y con buenas calificaciones, podía tener un puesto en el Ministerio. Draco no estaba seguro de si quería tener ese tipo de profesión. Pero sí sabía que no quería tener ninguna puerta cerrada.
Y no le gustó nada el tono… la amenaza implícita.
"Piénsalo, Draco." Añadió ella, recostando su rechoncho cuerpo hacia el respaldo de su silla, estirando la acolchada chaqueta rosa.
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Draco salió por la puerta y cerró con suavidad. Caminó hacia el lado derecho del pasillo con intención de salir del Ministerio, cuando escuchó pasos por el otro lado del corredor.
Era extraño; en un día festivo como ese lunes, no había muchos funcionarios en el Ministerio. Fingiendo que se iba a subir la capucha de su túnica sobre la cabeza, giró discretamente la cabeza, y vio una figura encapuchada, vestida de negro, cuya mano enguantada abría la puerta del despacho de Dolores Umbridge, sin llamar.
Draco dio la vuelta al pasillo, pensando que todavía estaba más desconcertado. Lo que le faltaba a su vida. La política.
Con intención de ir al Atrium, se cruzó por el pasillo con otro personaje, el último que imaginaba iba a encontrarse ese día, en ese edificio, que iba en dirección al despacho que Malfoy acababa de dejar.
El semblante serio, un cuerpo robusto y proporcionado, ojos y cabellos negros, piel morena y labios carnosos; una túnica demasiado gruesa para finales de agosto. El desconocido lo miró al cruzarse por el pasillo e inclinó la cabeza a modo de saludo, pero no dijo nada más.
Viktor Krum.
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Martes 1 de septiembre de 1998
La Madriguera. Ottery St. Catchpole, Inglaterra.
Ginny hacía tiempo que no había presenciado una mañana tan agitada antes de partir hacia la Estación de King's Cross. Se juntaba todo, pero sobre todo lo que causaba tanto nerviosismo era el no tener noticias de Percy. Y si a eso se unía que era el primer año que asistían a Hogwarts sin la amenaza de Voldemort, las prisas de última hora, entonces La Madriguera era más caótica aún de lo que había sido nunca.
Ron, Arthur, Molly y Ginny iban de un lado a otro, chocándose en el pasillo y por las escaleras, trayendo y llevando prendas; a medio vestir y desayunando por el camino.
Como era habitual, el tren partiría hacia Hogwarts a las once en punto. La señora Weasley se levantó temprano para preparar un suculento desayuno a la familia, pero no tuvo sentido; ninguno se sentó más de tres minutos en la mesa a saborearlo.
A las diez en punto se oyó una bocina fuera de la casa. Ginny intentaba que el baúl cerrara, pero estaba tan completo que no había manera. Optando por el método rápido, se sentó encima e invocó el Alohomora antes de que la tapa del baúl la tirara al suelo porque se hubiese abierto de golpe. Suspiró de alivio y sintió que el esfuerzo casi le habría supuesto una nueva ducha. Abanicándose con la mano, y guardándose la varita, se iba felicitando por ser finalmente capaz de invocar magia ya que había dejado de ser oficialmente menor de edad.
Se asomó a la ventana y vio que Fred y George habían traído un llamativo coche, pequeño y redondo de un brillante color naranja. El logotipo SW pintado en tono púrpura en las puertas.
Pero era una pasada, Ginny olvidó las prisas y salió corriendo hacia las escaleras para recibir a sus hermanos.
"¡Fred, George, qué coche más alucinante!" dijo nada más salir por la puerta.
Ron apareció detrás de ella, lavándose los dientes.
"¿Dedondehabeissagadoeso?"
Fred y George miraron orgullosos el flamante vehículo.
"Volkswagen Beetle. ¿No es bonito?. Papá va a querer confiscárnoslo" comentó orgulloso George. "Echábamos de menos el viejo Ford Anglia, y pensamos que necesitábamos un coche de empresa, como los muggles."
Ginny sonreía de oreja a oreja.
"¡Me encanta!. ¡Y el color!"
Fred y George se miraron con orgullo. El color naranja tenía que ser marca de la casa para un Weasley.
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Andén 9 y ¾. Estación de King's Cross. Londres
Ginny entró en el Andén 9 y ¾ arrastrando con todas sus fuerzas el baúl, deseaba llegar cuanto antes a ver a Harry. Detrás de ella, Ron iba quejándose de lo mucho que pesaba el suyo, y que ya podían haberles dado el año por aprobado, EXTASIS incluidos.
"No te quejes, Ron, que encima no tienes que arrastrar la jaula de Hedwig."
Ron se dio la vuelta y vio el pelo desordenado, las gafas inconfundibles, la leve cicatriz en forma de relámpago, y los ojos verdes brillantes. Antes de que pudiese decir "Hola", cayó sentado sobre su propio baúl, y la jaula de Pig chocó contra su rodilla y acabó en el suelo. Pig empezó a agitarse nervioso y a quejarse.
Ginny se había abalanzado, literalmente, sobre Harry, provocando en pleno andén una especie de atasco de baúles, mascotas y estudiantes. Ron carraspeó para que los labios de Harry y Ginny finalmente se despegaran y pudiesen mantener una conversación. Pero no hizo falta presionar más, Fred y George se presentaron en el andén mirando alrededor con curiosidad.
"¡Anda, uno pasea por una estación de tren y mira lo que encuentras!. ¡Un héroe!" exclamó George a su hermano, mirando burlones a Harry.
Ron se sacudió los pantalones por la caída y comprobaba que Pig estuviera bien dentro de su pequeña jaula.
"¡El Hombre que Vino, Vivió y Venció!"
"¡El hombre sin miedo!"
Ginny se separó un poco de Harry, sonriendo a sus hermanos; siempre había apreciado sus bromas, más que ninguno de sus hermanos. Harry rodó los ojos y chocó las manos con los gemelos. Ron ni prestó atención, comprobó la hora y comentó que en diez minutos el tren saldría de allí.
"Oye Harry…"
Harry se mordió el labio, pero sonreía. Cuando un gemelo Weasley empezaba así una conversación era de temerlo.
"¿Qué pasa, Fred?"
"¿Te gustó nuestro regalo de cumpleaños?"
"Si te refieres al boggart que me regalasteis en un baúl… justo cuando consigo echar a los bichos indeseables de Grimmauld Place, os presentáis vosotros con un boggart."
"No te has quitado a Kreacher de encima." Murmuró Ron, arrugando la frente.
"¡Ron!. ¡No hables así de Kreacher!" regañó Ginny. "Se está portando muy bien con Harry, le hace las cosas de la casa, y cocina de maravilla…"
"Es que eso tenía que ser trabajo tuyo…" empezó a decir Ron.
Ginny sacó la varita.
"Un comentario machista más, Ronald, y te lanzo un mocomurciélago que ni siquiera en San Mungo podrán eliminarte…"
Ron vio a su hermana exactamente igual que su madre, y eso sólo daba miedo.
"¡No quería decir eso, decía que tendrías que hacerlo tú, con él, porque os podríais ir a vivir juntos…!"
"Déjalo, Ron. Ya no tiene arreglo…" Dijo George sonriendo burlonamente.
"¡Que es verdad, quería decir eso!. ¡Con una madre como la nuestra cómo vamos a salir machistas!" se defendió Ron.
"Harry ¿entonces cuál es la verdadera forma de un boggart, tú que eres el hombre sin miedo?" preguntó George con curiosidad.
"¿Me regalasteis un boggart para averiguar eso?"
Fred y George miraron a Harry como si hubiese perdido la cabeza.
"Pues claro." Respondieron a la vez.
"De hecho, la idea partió de Lee. Es brillante…" respondió George.
"Otro regalo que pensábamos para ti era una colección limitada de Voldemorts y Harrys. Se lanzan Avada Kedavras, que sólo hacen daño a insectos que haya alrededor como mucho. Son muy útiles como matamoscas." Comentó Fred.
"Sí, tal vez por eso se venden como ranas de chocolates." Continuó George. "Ahora mismo el heredero de Slytherin no nos va a demandar por utilizar fraudulentamente sus derechos de imagen."
"¿Y yo no cuento?. ¿Y mis derechos de imagen?" preguntó Harry. Lo cierto es que era muy incómodo figurar en los cromos de las ranas bajo el número 100 (no porque el número le molestara precisamente). Ahora era una figurita de juguete. Pero la verdad es que no le importaba ser parte de Sortilegios Weasley, no en vano él donó todo el premio del Torneo de los Tres Magos para que pudieran abrir la tienda.
"Nah, Harry, tú eres de la familia. Salvo si haces daño a Ginny, claro." Fred pasó el brazo por los hombros de Ginny. "Ahí te romperíamos las piernas."
Ginny volvió a sonreír. Ron rodó los ojos. Harry sacudió la cabeza. No sabía cuándo iba a acostumbrarse a los gemelos. Cogió el asa del baúl y la jaula de Hedwig, que se quejaba de estar encerrada.
"En fin, chicos, nos tenemos que ir." Les dijo Harry. "¿Sabéis, voy a echar de menos todo esto?
Fred pestañeó.
"¿El qué?. ¿Arrastrar el baúl entre cientos de colegiales?"
"¿Las clases?. ¿Los exámenes?" preguntó George.
"Vamos, Harry, no te pongas sentimental." Le dijo Fred, soltando a Ginny y dando una palmada en el hombro de Harry. "Hay mucho por lo que estar contento… más asignaturas, más deberes, muchos más mocosos que nunca, los EXTASIS…" le dijo Fred, sonriendo burlón.
"George y tú os escaqueasteis de hacer los EXTASIS" le dijo Ron, comprendiendo el punto de vista de Harry.
George se puso pensativo.
"¿Quién quiere los EXTASIS cuando tienes una tienda que funciona de maravilla, un empleado medio manco, chalecos de piel de dragón y un coche que los niños adoran?"
Ron pareció sentirse aún más deprimido. Echaron a andar algo entristecidos. Pero si había algo que Fred y George no soportaban eran las caras largas, el mal humor y la tristeza. Según los tres echaron a andar hacia la puerta del vagón, oyeron a los gemelos gritarles.
"¡Sé bueno, Ronniekins!"
"¡Lávate los dientes después de las comidas!"
"¡No hables con magos desconocidos!"
"¡No hables con desconocidos y punto!"
"¡Mejor no hables!"
La señora Weasley, que había saludado a Augusta Longbottom, abrazó uno por uno a Harry, Ron y Ginny.
"¿Lleváis todo?. ¿Los libros, el material…?" preguntó, preocupada.
Ron puso los ojos en blanco.
"¡Cielos, mamá, preguntas lo mismo todos los años!"
Harry volvía a sonreír, Ginny y él se giraron para despedirse con la mano, y subieron al tren. Ron sin embargo seguía caminando de mal humor, entre el grupo de estudiantes que habían presenciado la despedida que los pelirrojos habían dedicado a su hermano.
"¿Por qué me tratan siempre como si fuese un niño?. ¡Tengo ya 18 años, por favor!"
"Vamos, Ron, para ellos siempre serás su hermano pequeño…" respondió Ginny, empujando el baúl por el pasillo con dificultad.
"Al menos a ti no te han amenazado con romperte las piernas o no te convierten en un juguete" Bromeó Harry. "A mí sí que me quieren…" concluyó sarcástico.
"Harry, ésa es la forma de Fred y George de decirte que sí te quieren." Contestó con tranquilidad Ginny.
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¿Tengo que decir lo mucho que me gustan Fred y George?. Saldrán más, pero van a tardar un poco.
Para quien no lo sepa, Lee Jordan resultó herido en 'mi' batalla de Hogwarts, y tiene un brazo inutilizado. Fred y George emplearon a Lee para que "eche una mano" en S. W., como esa broma de "la oreja" de George en DH ('ear, 'ear; 'holey'). De todas formas, es una colaboración parcial, me gusta pensar que Lee tiene futuro como comentarista (ese Potterwatch me enamoró, en mi opinión, una de las mejores cosas que introdujo el DH), pero también veo que es un complemento perfecto para los gemelos (me dio pena que en HP5 se quedara él en Hogwarts).
Umbridge… vamos descubriendo también sus ambiciones personales. ¿A alguien le puede extrañar que quiera ser Ministra? A mi nada, la verdad.
Ya. Viktor Krum: avisé hace tiempo... XD
Espero que os gustara, que no haya metido muchos gazapos. ¿De nuevo debo decir lo mucho que me gustan Fred y George?
Próximo capítulo: "Última ida en el Hogwarts Express"
