Resumen Capítulo 13: Los equipos de Quidditch de las cuatro casas empiezan sus pruebas de selección para el campeonato. Harry elige a los componentes de Gryffindor, pero Romilda Vane intenta atraer su atención haciendo que él la rescate de caer desde una gran altura en las gradas del estadio. Hannah Abbott pide ayuda a Neville en Herbología. Se produce la primera clase de Pociones de Draco para Harry en la Sala de los Menesteres.
"Es imposible fabricar o imitar el amor." – Horace Slughorn. Harry Potter y el Príncipe Mestizo.
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Capítulo 14. Sustituta
Martes 8 de septiembre de 1998
Biblioteca
"¿La Preparación Cualificada de Pociones?"
Hermione parpadeó, cuando alguien le arrebató el libro, y sus ojos cayeron en Blaise Zabini, de pie a su lado, con una ceja alzada.
"¿Por qué lees esto, Granger? Pensaba que las chicas leíais novelas pastelosas y romances apasionados, que provocan que babeéis y hagáis ojitos a cualquier tío que se os ponga por delante"
Hermione se incorporó y le arrebató de malos modos el volumen que le acababan de quitar. Se sentó y puso el marcador en la página que había estado leyendo antes de la interrupción.
"Pues no. No leo romances ni noveluchas, de esas que hacen saltar de alegría a las chicas. Nos haces parecer patéticas y lamentables." Hermione comprobó la punta de su pluma, para disponerse a retomar su escrito. "Por no mencionar que lo que acabas de decir es sexista." alzó los ojos con frialdad hacia Zabini, que había torcido los labios. Se inclinó hacia ella, más cerca de lo que ella esperaba y, todo había que decirlo, más de lo que deseaba.
"Pero llevo razón." dijo él, mirándola con burla, pero fijamente.
"Lo que tú digas." Hermione se echó un poco hacia atrás. "¿Me dejas terminar mi estudio?. Faltan sólo diez minutos para ir a cenar."
"Diez minutos y treinta y tres segundos exactamente." Zabini se apartó y seguía mirándola con atención. Pareció que algo le había hecho gracia interiormente, y torció la boca.
Hermione se quedó un momento confusa ante la extraña... ¿conversación?. Y sin embargo, algo en Zabini no le había provocado más que...
Temor. Y repulsión. Recogió sus cosas con rapidez, ante la sorprendida mirada de Zabini, y salió de la biblioteca.
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Pasillo exterior de la biblioteca
"¡Granger!"
Hermione se giró antes de llegar al distribuidor circular con la escalera que llevaba a la Gran Escalera. Soltó aire de golpe, sintiéndose súbitamente acosada. Con el brazo izquierdo con el volumen de Pociones, simuló estar más tranquila de lo que realmente se sentía, y dejó la mano cerca de la varita, dejando el brazo en jarras en un gesto que pretendía ser casual.
"Vamos a dejar las cosas claras..." decía él; la mirada era fría, distante. Hermione se sintió acorralada; durante años había sufrido el acoso de Draco, pero éste no había resultado ni la mitad de amenazador, y eso que solía ir acompañado de Crabbe y Goyle. Zabini sin embargo, era otro cantar. Levantó la cara con orgullo, ya que Zabini era bastante más alto que ella.
Blaise se había acercado a ella, y Hermione, por acto reflejo, lo apartó como si fuese un insecto molesto.
"Déjame en paz, Zabini, tengo prisa."
Se disponía a irse, cuando la voz suave, aterciopelada de Zabini, habló con un tinte especialmente inquietante.
"¿Acabas de tocarme, sangre sucia?"
Hermione parpadeó; hacía mucho, mucho tiempo que nadie se dirigía a ella en esos términos. Y eso la enfureció. Todo el recelo y el miedo desaparecieron, y dieron paso a un orgullo herido, a años de humillaciones por razón de su origen.
"Vaya, no ha sido a propósito." contestó ella. "Me temo que voy a tener que irme al baño inmediatamente... imagínate... cuántos gérmenes Zabini... asqueroso" rodó los ojos e hizo como si se limpiara la mano de esos gérmenes Zabini contra la túnica.
Tantos años aguantando a Malfoy y sus descalificaciones, tan acostumbrada a él, que había conocido y copiado su particular y sarcástico sentido del humor, que ni lo pensó; el ataque le salió solo de los labios.
Sin embargo, Zabini no era Malfoy. Torció los labios y movió la mano hacia el bolsillo. Hermione no esperó más, y salió corriendo por el pasillo. Con la bolsa de sus deberes al hombro, el libro de Pociones en la mano, echó a correr sin esperanzas de sacarle mucha distancia. Notó que en las escaleras alguien tiraba de la túnica y la echó hacia la pared. El libro cayó de su brazo, y quedó tirado unos escalones más abajo. Zabini la tenía sujeta del brazo, y la varita la tenía apuntando al cuello.
"¡Suéltame!"
"¡Has conseguido camelarte a Draco, sangre sucia!. ¿Cómo lo has hecho¿Amortentia¿O como todas las zorras como tú?"
"¡SUÉLTAME!"
"Aunque a lo mejor deja de prestarte atención si hacemos algo..." la varita dejó de apuntar al cuello y se dirigió a la mejilla. "¿Qué te parece si te marcamos aquí? Draco seguro que lo encuentra por fin asqueroso... tu cara llena de sangre sucia..."
Hermione abrió los ojos de par en par, aterrorizada. Sabía que Zabini sería perfectamente capaz de dejarle la cara marcada con una cicatriz. El corazón se había acelerado a una velocidad vertiginosa.
"Cállate..." dijo ella con los labios apretados y sin alzar la voz. "Ni se te ocurra mencionar su nombre, cerdo."
"¿Tienes algún prroblema, señorr Zabini?"
Hermione giró la cabeza. Arriba, unos escalones más allá de ellos, estaba Viktor, con los oscuros ojos tranquilos, pero la expresión absolutamente asqueada. Zabini se apartó inmediatamente, y guardó la varita.
"La s... Granger me había insultado por mi sangre, señor." dijo Zabini.
Krum alzó una ceja, y miró de soslayo a Hermione, que no se había apartado de la pared, y se estaba abrazando a sí misma.
"Bien. Cinco puntos menos para Grryffindor."
Zabini sonrió de medio lado y bajó los escalones. Recogió el libro de Hermione y se lo dio con una mirada fría y una sonrisa despectiva en los labios, que ocultó a Krum. La amenaza quedaba implícita. Se disponía a bajar las escaleras, cuando Krum habló de nuevo.
"Y trreinta puntos menos parra Slytherrin."
Zabini abrió los ojos de par en par y se dio la vuelta, sin haber llegado al final de la escalera. Krum no se había movido del sitio, y miraba con el rostro sereno, pero despectivo, al joven
"Amenazarr con marrcarr a estudiantes merrecerría más, en rrealidad. He sido generroso, perro no voy a perrmitirrlo la siguiente vez. Serrías expulsado. ¿Está clarro?"
Zabini apretó los labios y no dijo nada. Se disponía a irse, indignado.
"Señorr Zabini." añadió Krum, serio, y Zabini se giró rabioso hacia él. "No he terrminado. Castigo en mi despacho a las siete, el rresto de la semana."
Blaise lanzó una mirada cargara de rabia contenida, y se marchó de allí rápidamente. Hermione suspiró y dejó que la espalda cayera por la pared hasta quedarse sentada en el suelo. Elevó las rodillas, que estaban muy juntas frente a su barbilla, y las abrazó en busca de consuelo. Sintió ganas de llorar, de gritar o de volver a la cómoda Sala Común de Gryffindor, donde nadie se metía con ella por tener sangre muggle.
Krum se sentó en las escaleras, frente a ella, y puso las manos en sus hombros, con delicadeza.
"¿Estás bien, Herrmione?"
Ella asintió con la cabeza, pero no quiso decir palabra.
"A algunos perrsonajes les cuesta asumirr que la purreza de sangrre no tiene ningún valorr en estos tiempos."
Ella volvió a asentir, sus ojos le picaban y sólo podía aliviarlos soltando unas lágrimas.
"Gracias."
"Erra mi deberr, perro prrecisamente porr eso no lo he marrcado yo mismo." dijo él, y trató de mostrar una de sus extrañas sonrisas. Hermione sonrió.
"¿Interrumpo?"
En el mismo lugar donde había estado de pie Viktor, estaba Draco, con la bufanda desanudada sobre los hombros y la túnica abierta. Iba sin libros ni bolsa, evidentemente sólo para ir a buscar a Hermione a la biblioteca. Krum se incorporó despacio, y Hermione casi dio un salto cuando se levantó.
"¡Malfoy!"
"Te verré en clase, Herrmione." dijo Krum, y bajó las escaleras hacia la biblioteca, su destino original. Draco no miró a Krum, sino que tenía los ojos fijos en Hermione. Tenía el rostro serio, y las cejas alzadas, como pidiendo una explicación a la escena.
"No sabes lo que me ha pasado..."
"No. No tengo ni idea." dijo él, con un acento acerado. "¿Qué ha pasado?"
Hermione parpadeó, confusa.
"¿Qué te pasa?"
"Vaya. Supongo que tendría que estar contento de ver a mi novia, llorando en unas escaleras, sonriéndole a Viktor Krum, con quien estuvo saliendo hace tiempo, y al mismo que viste y calza, con sus manos en los hombros de ella, susurrándose cosas. Sí, pues eso me pasa, que estoy muy contento." dijo él, sin dar muestra alguna de alegría.
Hermione entornó los ojos.
"Va de eso¿no?. Qué no te fías de mi."
Malfoy se mordió los carrillos internos. Recordaba cosas que le decían de ellas, de las sangre sucia... y al menos tenía dudas. Y Hermione ya había oído a Zabini, y estaba convencida de que éste le habría mencionado algo de ellas, de las sangre sucia.
"Tal vez no me fío, no."
Hermione sintió que los ojos volvían a escocer. Asintió despacio, como comprendiéndolo todo.
"Muy bien. Cuando quieras, entonces pregúntale al testigo. A tu amigo Zabini. Y después hablamos."
Hermione subió las escaleras y se marchó directamente a la Sala Común, olvidándose de la cena.
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Corredor de la 3ª planta
Antes de la escena, Draco le había pedido a Hermione que le cubriera su ronda con Daphne después de la cena porque iba retrasado en el ejercicio de Astronomía, y aunque ella no había vuelto a verlo desde su encontronazo con Krum, decidió que lo cubriría, a pesar de todo.
Al principio fue una situación extraña, ya que Hermione sospechaba que, para variar, Daphne no era precisamente fan suya. Sin embargo, notó que al menos la trataba con cortesía, y suponía que la advertencia de Harry durante el viaje en el Hogwarts Express, o bien el propio Draco, habían tenido su efecto en ella.
Durante la ronda ninguna de ellas habló por un rato. El Castillo estaba muy tranquilo, y ni siquiera habían tenido que restar puntos cuando encontraron a un grupo de alumnos de 2º de Gryffindor y Hufflepuff, que se habían retrasado con sus tareas y todavía andaban dispersos por los pasillos. Los enviaron a sus Salas Comunes sin más.
"La verdad es que no eres tan desagradable como creía." comentó Daphne observando los retratos de las paredes, que las miraban con curiosidad, pero seguían con sus propias tareas.
"Vaya... ¿gracias?" respondió Hermione, insegura sobre si debería sentirse ofendida.
"Me refiero a que hay de todo. Ni todos somos unas serpientes, ni todos los hijos de muggles sois unas criaturas repugnantes." dijo ella con tranquilidad.
"Pues no se notaba mucho cuando os reíais de eso Millicent, Pansy y tú." respondió Hermione agriamente.
Daphne abrió la puerta del siguiente pasillo y entraron en una especie de distribuidor con estanterías a los lados y una vitrina al fondo. Dejó pasar a Hermione y cerró la puerta con suavidad.
"Pansy era estupenda." dijo Daphne, pasando por la puerta siguiente, que sostenía Hermione. Entraron en un corredor cuadrado, con una balaustrada central, bancos de madera pegados a las paredes y algunas armaduras dispersas. "Sí, tenía un toque de crueldad, pero quién no es un imbécil con trece años. Yo lo era." dijo ella encogiéndose de hombros.
Hermione no habló. Pensaba en Pansy, la chica que había ido con Draco al Baile de Navidad, su estúpido vestido, y su cara de dogo. Bueno, tal vez no tanto. Tal vez no fuese cierto, Pansy no tenía la cara de dogo. De la misma forma, a los catorce años piensas que la gente es fea, o guapa, y no hay puntos en medio.
"Todos creíamos que sería la novia perfecta, la mujer perfecta para Draco. Nos sorprendió mucho que cortaran la relación." añadió Greengrass, observando la alfombra del suelo, como sumida en recuerdos de hace unos años.
Hermione pestañeó. En realidad nunca tuvo confirmación, ni siquiera por el propio Draco, de que había habido una relación en regla entre él y Pansy. Pero Daphne siguió hablando, como si relatara una historia desapasionadamente, sin malicia ni tampoco calor. Completamente fría, desinteresada. Parecía que habían encontrado un tema común del que hablar, si echarse en cara viejos prejuicios y anticuadas tradiciones.
"Creo que Draco se asustó. Le entró el pánico... esa misión extraña que lo mantuvo alejado de todos en 6º, incluida Pansy. Ella no lograba saber qué le pasaba por la cabeza." Daphne miró de reojo a Hermione. "Malfoy tiene muchos secretos. Es a veces inaccesible, un libro cerrado. Mi madre dice que eso es la sangre Malfoy, que es frío y calculador. Pero si no me equivoco, tiene la sangre temperamental en las venas también."
Hermione frunció el ceño, y ahora sí habló.
"¿A qué te refieres?"
Daphne deshizo algunos flecos que se habían enredado en su bufanda.
"Su tía... no era precisamente una dulce sanadora de niños. Y según parece tenía un genio de mil demonios… que eso le venía de familia también." respondió ella con tranquilidad. Hermione se estremeció a recordar a Bellatrix Lestrange. "Draco tiene un control extraordinario de sus emociones. Pero Pansy no alcanzó a entenderlo. Si no hubiese sido tan hermético, a lo mejor Pansy hoy se habría llamado 'Pansy Parkinson-Malfoy', y no Parkinson-Selwyn." concluyó.
Hermione tragó saliva.
"¿Soy su sustituta entonces?"
Daphne comprobó que la bufanda quedara perfecta sobre su túnica, y miró de reojo a Hermione.
"Eso yo no lo sé." contestó Greengrass con naturalidad, con toda lógica.
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Torre de Astronomía
Ya era bastante oscuro cuando se despidió de Daphne en su ronda. Acudió sin demora hacia la Torre, donde esperaba que Draco siguiera allí, y no se hubiese retirado ya a su Sala Común en la Mazmorra de Slytherin.
Distinguió su silueta en la oscuridad, sentada en la ventana, el telescopio a un paso de él. Una pierna estirada, la otra elevada sobre la repisa; su mano ni siquiera tenía la pluma donde apuntar las observaciones con el telescopio. La cabeza estaba apoyada hacia atrás en la pared a su espalda, y miraba a través del cristal. Parecía que hacía rato que había abandonado el ejercicio, o lo había terminado ya.
O tal vez ni siquiera lo había empezado.
Incluso con el cristal en la ventana, Hermione sentía ya el vértigo a tanta altura; Draco sin embargo, parecía inmune a esa sensación. Como acto inconsciente, Hermione sujetó su brazo, como si temiera que se cayera al vacío.
"¿Qué coñ…?" Draco se sobresaltó cuando Hermione había aferrado su brazo, temiendo que cayera a pesar del cristal.
"Granger… ¿qué has venido a hacer aquí?"
"¿Y tú, por qué sigues aquí… solo?" preguntó ella. Él volvió a mirar por la ventana, y Hermione recordó la conversación que había tenido con Daphne… y volvieron a asaltarle las viejas dudas, las inseguridades.
Iba a darse la vuelta, cuando Draco, sin girarse, habló.
"Granger, espera."
Hermione cerró los ojos un momento, antes de girarse despacio.
"Metí la pata. Debí creerte." dijo en voz baja.
Hermione pensó con una punzada en el pecho en su encuentro con Krum, y peor aún, con Zabini.
"¿Sólo tienes que disculparte por eso?"
Draco se giró, confundido.
"¿Qué quieres decir?"
Ella no sabía cómo abordar el tema; odiaba a las personas que hablaban por rodeos y que esperaban que el resto del mundo entendiera sus indirectas. Ahora ella misma estaba utilizando esa estúpida técnica. Sin embargo, pensó que aunque se lo contara directa y llanamente, él negaría todo, negaría que ella no era una sustituta de Pansy, hasta que llegara una Fawcett o cualquier otra a continuación.
"Nada. Me marcho ya." contestó ella.
Se giró de nuevo, pero Draco se incorporó y agarró su brazo, obligándola a mirarlo. Y así fue, Hermione intentó tener una expresión endurecida, pero sólo demostraba dolor. Intentó soltarse, pero él tenía su garra firme, aunque sin lastimarla. Cómo podía hacer eso, era un misterio para ella, pero sabía que no iba a soltarla hasta que le aclarara la conversación.
"¿Qué te pasa, Malfoy?"
"¿Que qué me pasa a mi?. ¿Qué te pasa a ti?" la miró fijamente. "Tengo la impresión de que estás a punto de estallar y a echarme en cara algo y no sé qué es. Desde hace un tiempo no sé qué te pasa conmigo. ¿Por qué estás enfadada?"
"Si tanto te interesa, si tanto pica tu curiosidad, no estoy dispuesta a ser la sustituta o el aperitivo entre comidas de nadie."
Draco parpadeó confundido. Su mano soltó un poco el brazo de Hermione, y ella lo aprovechó para liberarse del todo. Pero no quería irse, no quería moverse de ahí hasta que él le explicara de qué iba todo.
Hermione cerró los ojos con dolor. En realidad quería mostrarse furiosa, envidiaba el carácter fiero y enérgico de Ginny, pero ella era incapaz de mostrar ese genio.
"¿Cómo te sentirías si supieses que eres el sustituto del novio que amaba. Que hasta que llegue el momento, sólo eres un 'mientras tanto'?"
"¿Qué?" Draco mostró una expresión totalmente estupefacta ante lo que había oído, y claramente inesperada.
"Que es así como me siento, Malfoy." dijo ella en voz baja.
Draco suspiró. Miró alrededor como si pudiera encontrar entre los telescopios y cartas astrales la respuesta.
"No puedo negártelo, Granger, pero tampoco puedo admitírtelo."
Hermione levantó la cabeza, helada ante la respuesta.
"Estaba todo previsto, todo estudiado, para que me casara con Pansy. Ella lo esperaba, mis padres, los suyos, la sociedad en general. Era lo natural, era lo lógico, y era lo correcto. Pero yo no podía…" se llevó una mano a la boca, indeciso, y luego la apartó para continuar. "Me di cuenta de algo… empezaba a fijarme en ti demasiado y tenía que escudarme en algo, como en meterme contigo."
Draco se apoyó contra la repisa de la ventana, quedando el cristal a su espalda.
"Vaya… gracias." dijo ella secamente, pensando que era el dummy de las pruebas de Malfoy, de sus insultos y humillaciones. "Me siento muy halagada."
Draco no la miró, sonrió levemente con una mueca característica.
"Pansy sin embargo, no se dio cuenta. Ella era vivaz, divertida, me entendía bien y me quería. Me pregunté si hallaría algo de ella en ti."
"Entonces sí me utilizaste." Afirmó, más que preguntó, Hermione.
"No."
"¡Y lo niegas!. ¡Acabas de admitirlo antes!"
"Sé que he admitido, Granger. Pero no he dicho que te haya utilizado." Respondió él con la fría lógica de su Casa. "Vi lo que me atraía de Pansy en ti, y es por lo que decidí arriesgar."
"Pero eso no es suficiente." Dijo ella, con amargura. "Yo soy patética, soy hija de muggles… yo misma no soy suficiente."
Draco suspiró por enésima vez.
"No eres patética."
"Soy una patética sustituta." dijo ella aún más dolida. "Una patética sustituta hija de muggles."
"No es cierto. Admito que durante una época me gustabas porque encontraba parecidos, aunque no lo creas, de Pansy en ti. Ese genio tuyo…"
Hermione pestañeó. Hacia un rato había pensado que no tenía el genio de Ginny, pero al ver el gesto de Draco acariciándose el mentón, tuvo que recordar cierto golpe que le dio, bien merecido. Y que él mencionara el genio… que era característico en cierta rama de la familia de Draco.
"Cuando después… ese 6º año… me recluí en mi mismo, Pansy no lo entendió. No la culpo, pero no podía, no quería contar con ella… conté más con un fantasma, alguien que no me recordara a nadie real, que no me recordara a nadie tangible."
Malfoy miró intencionadamente a Hermione cuando dijo la última frase.
Hermione abrió la boca, con sorpresa. Harry le había contado que oyó a Draco hablándole a Myrtle La Llorona. Si él quería, podía abrirse. Pero podía ser también alguien inalcanzable, hermético, cerrado y frío si se lo proponía. Pansy descubrió que eso no era lo que a ella le convenía.
"Pues yo tengo que decirte algo…" contestó Hermione suavemente. Draco parpadeó, ante el súbito cambio de humor de ella.
"Primero, tú me defendiste de manera valiente… a la manera Slytherin, claro… ante Carrow, el año pasado."
Draco abrió la boca, ya que había esperado otra bronca u otro reproche. No había esperado un halago ni un agradecimiento.
"A pesar de odiarme, y de despreciarme." añadió ella.
Draco bajó los ojos, recordando.
"Te dije que no te odiaba ni te despreciaba tanto… Pero no soporto cuando alguien, sobre todo quien tiene la ventaja, aprovecha su situación de dominio sobre otro. Él abusaba…" sonrió como si fuese irónico que él dijera eso. "Admito que yo he sido así… pero entre iguales. No aprovecharía ahora mi posición de prefecto para meterme con los de primero… aunque ganas no me falta con algunos, claro…" apostilló.
"¿Me estás diciendo que hubo algún momento en el que todo ese odio hacia la sangre sucia no era tanto?" preguntó ella, esperanzada.
"Algo así, sí." dijo Draco, con las manos sobre la repisa, a ambos lado de su cuerpo.
"¿Y ahora?" preguntó ella.
"¿Estás celosa de Pansy… o de Fawcett… o de ambas?" preguntó a su vez Draco.
Hermione bajó los ojos, pasando de la esperanza a la amargura otra vez. Sí que sonaba a celos, puros celos.
"¿Por qué tendría que sentirme celosa?" respondió ella de nuevo con otra pregunta, en un súbito pero engañoso alarde de seguridad en sí misma. "Los tíos siempre buscáis eso como la respuesta más sencilla."
"Si no es así ¿a qué se debe esos cambios de humor?" contestó llanamente Draco, de nuevo haciendo uso de su fría perspicacia.
"Mierda…"
Era como si él pudiese leerle la mente. A veces era un sueño hecho realidad. Pero en momentos como éste, que a él le fuese tan fácil de adivinar, era un auténtico fastidio.
Sin embargo, fue Draco quien habló, con calma.
"Ya te lo he dicho. No eres ninguna sustituta." Draco alargó el brazo hacia ella, otra vez, pero no con la firmeza anterior, sino con extrema suavidad. Era su forma de comprobar si ella quería irse o no. Si se hubiese querido ir, habría sido muchísimo más fácil soltarse que la anterior vez.
Sin moverse de la repisa, la acercó a él, dejando apenas un centímetro de distancia entre los dos.
"¿Vas a seguir enfadada conmigo para siempre?" preguntó en voz muy baja, mirando intencionadamente los labios de Hermione. Soltó el brazo, y puso sus manos en la cintura de ella, por debajo de la túnica, y la estrechó contra su pecho.
Hermione se mordió el labio. Levantó las manos hacia su cara y besó a la maldita persona que siempre lograba confundirla, sacar lo peor de ella.
Y también lo mejor. Era difícil, pero era a quien quería. Notó los labios de él cálidos, ejerciendo una familiar presión sobre los suyos, y dejó que él dominara el beso. Era rendirse a la evidencia, no podía estar sin él.
Draco se separó de ella y miró por la ventana.
"Me gusta esta torre. Me gusta saber de las constelaciones, de galaxias y de planetas. Suena extraño… pero es parte de mi. Parte de mi familia siente debilidad por lo mismo."
Hermione lo miró fijamente; era otra de las capas de Draco Malfoy que poco a poco iba descubriendo. Y se alegró saber que ni Pansy Parkinson, ni Siri Fawcett, la habían visto ni la irían a ver.
Echó los brazos a su cuello y lo abrazó con fuerza.
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"Gracias por venir conmigo, Luna. Lavender tenía que patrullar con Padma." Dijo Ron, mientras bajaban las escaleras hacia las cocinas.
"Oh… me apetecía mucho ver las cocinas de Hogwarts. Ver los elfos…" Luna esbozó una sonrisa en sus labios. "¿Te sabes cuentos de elfos domésticos?"
Ron frunció el ceño, sorprendido por la pregunta. Esperaba casi que le preguntara por comida, por el número de elfos, por la forma de entrar en las cocinas… ¿pero cuentos?
"Huh… pues como todo el mundo… las historias de Brethren… los cuentos de Beedle el Bardo…"
"Mi casa nunca ha tenido elfos domésticos." comentó Luna, cuando Ron se detuvo frente al retrato del frutero e hizo cosquillas a la pera y Ron giró el pomo verde que había aparecido. "¡Oh!"
Luna sonrió al pasar. Todos los elfos miraban con los ojos muy abiertos y curiosos. Enseguida empezaron a traer comida y golosinas a los recién llegados, asumiendo que los pobres estudiantes no habían comido nada.
"¡Los amigos de Harry Potter!" exclamó radiante Dobby.
Se armó un buen revuelo, y los elfos consideraron un verdadero privilegio la visita de Ron.
"Así nunca vamos a poder preguntar a Dobby…" murmuró Ron, con las manos llenas de sándwiches y ranas de chocolate y rodeados de decenas de elfos domésticos, entusiasmados con los recién llegados.
"Yo hablaré con los elfos… tú habla con Dobby." Susurró Luna, y enroscó su largo cabello rubio en un lado, distraídamente.
Ron no tuvo tiempo de responder. Luna se sentó en el suelo, estilo indio, y empezó a hablar con los elfos, que había parado su precipitada ansia de servir, para escuchar a Luna con interés. Sea lo que fuere lo que estaba explicando Luna, pareció surtir efecto. Ron suspiró y llamó a Dobby, a un lado, mientras le dio un mordisco a una varita de regaliz que sobresalía del puñado de provisiones que portaba.
"Huh… Dobby… Harry quería saber una cosa…"
Dobby abrió sus enormes ojos, llenos de devoción por su héroe. Ron se fue a un lugar más apartado, y miró de soslayo al grupo de elfos que escuchaban embelesados a Luna. Se preguntó vagamente cómo había logrado hechizar a los elfos domésticos…
"¿Es cierto que ha aparecido un elfo doméstico… petrificado?" preguntó Ron a Dobby.
"¡Ssssh! Baje la voz… el amigo de Harry Potter no debe mencionarlo en voz alta." Dobby miraba alrededor, casi temeroso de que las paredes oyeran.
"¿Sabéis qué ocurrió?"
Dobby bajó los ojos.
"Alguien ordenó llevar comida a las mazmorras… nosotros no salimos mucho de aquí… no conocemos las mazmorras… Nadie las conoce… Desde la época de las torturas… los castigos…"
Ron sintió un escalofrío.
"Él fue allí, y tardaba… y tardaba… y cuando lo encontramos, era de piedra." Dobby agachó la cabeza. "Tenemos miedo… oímos ruidos… es como si la Cámara de los Secretos se hubiese abierto de nuevo."
Ron negó con la cabeza. En ese momento los elfos rompieron a aplaudir. Luna sonreía a los elfos domésticos, y giró la cabeza rubia hacia Ron, con una breve sonrisa en los labios. Algo confundido, Ron centró su atención de nuevo en Dobby.
"Eh… Dobby… no puede abrirse la Cámara de los Secretos… sólo el heredero de Slytherin puede hacerlo. Y está muerto."
Dobby negó con la cabeza.
"No vamos a las mazmorras. No deje que nadie vaya a las mazmorras."
Ron apretó los labios. Era extraño. Tal vez debían consultar el Mapa del Merodeador… porque algo se les escapaba a todos. Guardó los dulces en la mochila y volvió a mirar a su compañera; Luna se incorporó y aceptó los dulces que una elfina doméstica le acaba de dejar en los brazos, se despidió y se acercó a Ron, sonriente, mientras salían de las cocinas.
"¿De qué hablabas con ellos?" preguntó Ron con curiosidad.
Luna sostenía como podía el pastel, los muffins, los croissants y las tabletas de chocolate. Se empezaban a resbalar, cuando Ron sostuvo con rapidez las que estaban ya cayéndose al suelo.
Se quedaron quietos, callados. Ron se sintió súbitamente aturdido, con las manos sobre los dulces que Luna portaba en su pecho, y las retiró inmediatamente.
"Les conté un cuento." dijo ella finalmente, en voz baja, y echó a andar, despacito. "Creo que nunca nadie les había contado un cuento antes."
Ron abrió la boca, y observó el caminar pausado de Luna, escuchando la cancioncilla que estaba tarareando.
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Capítulo sencillito, espero, estoy romanticona xD
Muchas gracias por leer, y gracias por vuestro apoyo: mArTa, Isa Malfoy, lara evans, Heredrha, blackstarshine, CrissBlack, Erea, Sabaku no Akelos, princesaartemisa, Cristhine, Yedra Phoenix, XKelidaX (triple!), Corae, Nicole Daidouji, nanai.malfoy.
Próximo capítulo: 'El cumpleaños.' (¿de quién puede ser en septiembre? xD)
