Hola… esta vez abro con una conversación sobre amores y cómo mantener a un chico. No espero con esa conversación que nadie se carcajee, pero sí al menos comprobar que las chicas podemos ser bastante tontas. Si hay algún chico por ahí lector, espero que no piense que todas las chicas pensamos así. El propósito es sólo mostrar que Ginny y Hermione tienen puntos de vista distintos: una por criarse con seis hermanos, otra porque desde los 12 años, sus mejores amigos son chicos.

También he querido darle un toque picante a la cosa, sin necesidad de subir el rating al fic. Desde "casi" desnudos, hasta sugerir abrir una línea sex-shop en Sortilegios Weasley… xD otro viento que me ha dado…

¡Capi largo!

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Resumen Capítulo 15: Hermione celebra su cumpleaños, en el que Draco le ha preparado algo especial. Draco se entera por el propio Krum, que éste le permitió tomarse la revancha con Zabini, que había amenazado a Hermione. Ginny se tropieza con una extraña puerta en un pasillo y pierde el conocimiento.


"Sabéis, ella (Luna) se preocupa por mí. Sé que está loca, pero es un buen…" – Ron Weasley. Harry Potter y el Príncipe Mestizo.

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Capítulo 16. Secretos de los Weasley

Sábado 26 de septiembre de 1998

Sala Común de Gryffindor.

"Harry." Ginny le dio un breve beso en los labios a modo de saludo, y acercó una silla para sentarse a su lado. Harry sonrió a Ginny y dejó con cuidado la pluma sobre la mesa. "Se me hace raro verte escribiendo una carta…" Ginny tomó un sobre en blanco y miró sorprendida a Harry. "Hacía mucho que no te veía escribir…"

Ginny se dio cuenta del flash que cruzó el rostro de Harry, el mismo que aparecía cada vez que se acordaba de Sirius. Había memorizado tan bien los gestos, la expresiones y los sentimientos de Harry Potter, desde que lo conocía, que era como si pensara como él. Harry hacía mucho tiempo que no esperaba carta de nadie. Pero eso no significaba que se hubiese acostumbrado al dolor de la ausencia.

"Eh…" Ginny le apretó la mano y le sonrió. "Venga… no te entristezcas… ¿a quién escribes?"

Harry sonrió muy brevemente.

"A Teddy."

Ginny pestañeó extrañada. No había imaginado que el destinatario fuese… un bebé.

"¿A Teddy Lupin?"

Harry miro la carta y volvió a tener la misma expresión melancólica.

"Teddy cumplirá el lunes su primer mes. Me gustaría que recibiera cartas mías durante todo el año… por cada mes que cumpla… es mi último año en Hogwarts. Yo nunca recibí cartas por mi cumpleaños, Ginny. Y sé que es estúpido que un bebé reciba unas cartas que no podrá leer hasta al menos dentro de seis o siete años. Pero me hace ilusión que las tenga. No sabes lo feliz que me hacía a mi recibir cartas…"

Ginny parpadeó un poco sorprendida. Harry recibía al menos una vez a la semana mucho correo de fans y admiradores.

Como si Harry leyera su mente, a pesar de su indudable falta de talento para la Legeremancia, volvió a esbozar una mueca triste.

"No me refiero a recibir correos de gente pidiéndote autógrafos, declarándote amor eterno, o comunicándote que llamará a su hijo Harrypotter Donaldson".

"¿Hay alguien que llamaría a su hijo 'Harrypotter'?" preguntó Ginny, totalmente impactada.

Harry agitó la mano, como si quisiese pasar el tema.

"Me refiero a recibir cartas de la gente que te importa. Teddy será feliz, tiene a sus padres, y a sus abuelos. Pero me gustaría ser un buen padrino… ser como Sirius fue conmigo… aunque no tuvimos tiempo…" añadió, en una voz muy baja.

Ginny no soltó la mano de Harry, pero apoyó la cabeza en él, y besó su hombro.

"Serás un padrino maravilloso, Harry." Ginny volvió a levantar la cabeza e hizo como si peinara los negros y revueltos cabellos, un gesto más cariñoso que estético, ya que el cabello de Harry era indomable. "No te interrumpo. Voy a la habitación de Hermione. Tenemos fiesta de chicas Gryffindor."

Harry levantó una ceja.

"¿Fiesta de chicas?. ¿Vosotras?"

"Sí. Hermione quería agradecer los regalos de Parvati y Lavender… ya sabes que nunca han congeniado demasiado…"

"Cosa que no me extraña…" murmuró en voz baja Harry. Pero Ginny continuó como si él no hubiese interrumpido.

"Así que esta noche os podéis ir a ligar con quienes queráis, o hacer una de esas competencias masculinas vuestras, o lo que se os antoje. Claro que si mañana me entero de que Romilda Vane ha estado atosigándote, te mato a base de mocomurciélagos. Y a ella la echo a los centauros."

Harry agitó la cabeza y besó a Ginny.

"Vale, vale. Ya le preguntaré a Ron qué piensa hacer."

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"¡Ay Hermione, tantos años juntas, y jamás habíamos hecho una fiesta de chicas!" exclamó entusiasmada Lavender.

Hermione rodó los ojos; darse un atracón de dulces en el dormitorio no era una fiesta desmadrada tampoco. En eso pensaba mientras iba colocando sobre la manta en el suelo los cuencos con las golosinas… sobre todo chocolate, helado al que aplicó un encantamiento congelante para evitar que se derritiera, una bandeja con sándwiches y unas cuantas cervezas de mantequilla.

Lavender iba distribuyendo unas servilletas, platos y unos cubiertos, y Parvati había traído unos vasos de la cocina. Ginny estaba desenvolviendo un enorme pastel de crema de chocolate.

"¿Y qué tal te va con Draco entonces, Hermione?"

Hermione rodó los ojos de nuevo. Eso era lo que más temía de una fiesta con sus compañeras. Ella nunca hacía "cosas de chicas", siempre se había sentido muy a gusto y feliz de estar con Harry y Ron, y eran sus mejores amigos. Esto de cotillear, comer hasta reventar sobre todo chocolate, y compartir intimidades que a nadie le importaban, era lo más incómodo que podía imaginar.

"Pues… bien." respondió lacónicamente.

"¿A morro o con vaso?" preguntó Ginny.

"¡A morro!" exclamaron Lavender y Parvati, y se echaron a reír. Abrieron las botellas y las alzaron.

"¡Por nosotras!. ¡Y por Gryffindor!"

Hermione sonrió y todas chocaron sus botellas. Saboreó el líquido dulce y mágico, que te hacía desear seguir y seguir bebiendo. Menos mal que no tenía alcohol…

"Herms.." empezó a decir Lavender, mientras masticaba un trozo de rana de chocolate. Hermione arrugó la nariz cuando escuchó el que pensó que era el apodo más idiota que le habían dedicado, con permiso del "Hermy" de Grawp. Claro que era un gigante con escaso dominio del idioma de los humanos… pero en Lavender era terrible. "Ahora que ya tienes a Draco, tienes que esforzarte por mantenerlo, que no se te escape." Añadió, con voz de experta.

Ginny simuló una carcajada según bebía de su botella, pero la disimuló como si se hubiese atragantado con la cerveza de mantequilla.

"La primera y fundamental regla de oro: hazlo feliz." dijo confidencialmente Parvati. Lavender asentía con una expresión de alguien muy entendida en la materia.

Hermione resopló. Estaba recibiendo consejos amorosos de un par de chicas de 18 años, como si supiesen de la vida como mujeres de mundo… Decidió que podría ser divertido escuchar sus peculiares teorías sobre cómo pescar y mantener un buen partido.

"Sí, a Draco le encanta el quidditch¿verdad?" preguntó Parvati.

"Pues… sí…" respondió Hermione, intercambiando una mirada con Ginny. Ginny tenía las cejas alzadas, sin duda escuchando con curiosidad, puesto que a Harry también le emocionaba el quidditch.

"Pues interésate tú también por el quidditch. Ve a los partidos, mira sus entrenamientos, lee jugadas famosas… El quidditch le hace feliz, interésate tú por el quidditch, y le harás feliz." dijo Parvati, comiendo un sándwich de pavo.

"Vale… puedo intentar leer jugadas famosas, y sobre equipos… me costaría horrores, pero puedo hacerlo. ¿Pero… ir a sus entrenamientos?. ¡Soy una Gryffindor, y él es Slytherin! Además, me aburren muchísimo los entrenamientos." Protestó Hermione.

"Te entiendo… Harry se transforma en una bestia despiadada con nosotros. El otro día tuvimos que hacer todos de golpeadores rivales para que Ritchie y Jimmy, nuestros golpeadores, esquivaran y apuntaran mejor con las bludgers… Fue horrible, al final acabamos todos con un montón de moratones y Dean casi acaba en la enfermería…"

Lavender miró a Ginny, que estaba desenvolviendo un sándwich vegetal.

"¿Y… Está bien?" preguntó Lavender, súbitamente seria.

"Oh… sí… realmente se golpeó fuerte y cayó de la escoba. Ron era el que estaba más cerca y pudo sujetarlo. Harry hizo un hechizo y detuvo la caída de los dos, así que sólo fue un susto. De todas formas, le dolió la cabeza el resto del día. Pobre Dean…" apostilló Ginny.

Lavender miró su rana de chocolate y no comió durante un segundo.

"Ron es un héroe." dijo orgullosa Parvati, y dio un trago a su cerveza de mantequilla. "Qué novio tienes, Lav, es genial."

"Sí…" susurró Lavender en voz baja, y volvió a morder ausentemente su rana. "Genial..."

Hermione observó con las cejas elevadas la extraña reacción de Lavender. Pero no le dio tiempo a más.

"De todas formas, Hermione, te aguantas." Continuó Parvati. Hermione pestañeó confundida. "Insiste en ver sus partidos, y demuestra interés en sus cosas. " Hermione se mordió el labio, claramente comenzaba a hartarse del tema. Ginny sonrió y volvió a comer su sándwich, mientras Parvati hablaba como si estuvieran todas muy interesadas en su conversación… o monólogo. "¡Finge, Herms!. ¡El no se va a enterar si te gusta de verdad el quidditch o si te aburre como las clases de Binns!"

"A mi no me aburren tanto las clases de Binns…" murmuró Hermione pensativa.

"¡Ay, Hermione, qué rara eres!" exclamó Lavender, que parecía haber salido de su ensimismamiento, y dio un sorbo de su botella. "¡Claro que son aburridas esas clases!"

"Pues tengo cosas mejores que hacer que leer todo sobre quidditch y animar sus partidos, o ver sus entrenamientos… No me gusta el quidditch tanto, lo siento." respondió Hermione testaruda.

Parvati y Lavender miraron horrorizadas a Hermione.

"¿Y a quién le importa tu opinión?" preguntó Lavender, como si fuese lo más normal del mundo.

Hermione pestañeó totalmente confusa, otra vez. Por algo jamás se entendía con las chicas. Debía de ser el hecho de haber estado tanto tiempo con chicos, que definitivamente había abierto una sima entre ellas.

"¡Te hemos dicho que finjas!" continuó Lavender, horrorizada. "¿Sabes cuántas horas me paso mirando los entrenamientos de Ron, bajo la lluvia o el frío, y cuántas veces sonrío como si lo que me está contando de su heroica parada fuese lo más interesante del planeta?"

Hermione pensó que todo eso era una estupidez. Prefería decirle a la cara a Malfoy que le aburría mucho más el quidditch, antes de fingir que se emocionaba con él.

"Otra cosa que debes saber…" dijo Parvati, partiéndose un pedazo de pastel de chocolate. "Segunda regla de oro: Siempre dale la razón. Incluso aunque no la tenga. Finge que la tiene. Ríete de sus idioteces y sus chistes, aunque no te hagan gracia. Finge que te caen genial sus amigos."

"A ver, a ver…" interrumpió Hermione, soltando la botella con cuidado, pero algo indignada. "Pase que me ría de sus idioteces… la verdad es que quitando el hecho de que a veces se comporta como un niño malcriado, reconozco que Malfoy es muy gracioso…" Hermione sonrió al recordar anécdotas. Pero se centró enseguida y frunció el ceño. "Una cosa es fingir que me gusta el quidditch. Otra diferente es fingir que me caen bien Crabbe, Goyle o Zabini."

"¿Ésos son sus amigos?" preguntó con curiosidad Parvati. "¿Me refiero a amigos-amigos?"

Hermione iba a llevarse de nuevo la botella a la boca para darle un trago, cuando detuvo el movimiento a medio camino, y pestañeó. Realmente tampoco es que viera a Draco tanto tiempo con sus compañeros de Slytherin. Y después del incidente con Zabini, menos aún. Tal vez Draco estuviese más solo de lo que parecía, y sintió unos enormes deseos de abrazarlo y de estar con él…

"Pues… no… no creo que sean tan amigos…" respondió Hermione vacilante.

Pero Ginny resopló.

"Menudos consejos. Si pones eso en práctica, Hermione, cualquier chico se aburrirá. Se sentiría demasiado seguro de la relación, y del poder que tiene en ella. Hay que buscar una forma de equilibrarla, y aquí, estaría desequilibrada."

Hermione empezó a sentirse mareada. ¿Y qué más daba si le daba la razón o no a Malfoy?. ¡Ella estaba a gusto y punto!. No pensaba poner en práctica ninguno de esos estúpidos consejos, y estaba, definitivamente, de parte de la opinión de Ginny.

"Pues tenemos unas ideas muy diferentes sobre cómo mantener a un chico a tu lado." Comentó Lavender, bebiendo más cerveza de mantequilla.

"Pues sí." Contestó Ginny. "Si quieres espantar a Draco, sigue esas reglas." dijo descaradamente, y Parvati y Lavender pusieron caras de horror. "Si quieres mantener a Draco, tienes que ser impredecible, hacer que se interese, que se pregunte cosas… así no se aburrirá. Sorprenderle. Además…" Ginny volvió a beber un trago. "No lo digo porque sea la chica más experimentada del mundo, pero salir con alguien no es fácil. Hay reglas que funcionan en unos casos, y reglas que no. Pero sobre todo, no seas tú la que lo persigas. Deja que sea él quien vaya detrás de ti. Draco es un cazador… le encanta acorralar y atrapar a la presa. Cualquier otra cosa jamás funcionaría en él. De todas formas, en el amor no se puede planificar nada."

"En eso tiene razón Ginny." dijo con voz de experta Parvati de nuevo. "Tercera regla de oro: Tienes que ser misteriosa, distante, hacer que se pregunte cosas, que esté intrigado contigo. Incluso finge que no te interesa tanto."

Hermione miró con la boca abierta a Parvati. Lavender a su lado asentía enérgicamente con la cabeza, pero Ginny rodaba los ojos, pensando que ambas habían malinterpretado sus palabras.

"Parvati¿estás diciéndome que finja que él no me interesa, aunque sí que me interesa?"

"¡Por supuesto!. ¡Y debes parecer que nunca eres alcanzable, eres lejana, misteriosa!"

Hermione masticó un trozo de pastel de chocolate, todavía sin comprender nada de la conversación.

"Debes incluso fingir que tienes deberes, que estás muy ocupada, aunque te tiente muchísimo una cita. Tienes que hacer eso cada dos o tres citas que te pida."

"Vamos, que trates a Malfoy a patadas." Tradujo Ginny, rodando los ojos.

"¡Importantísimo!" exclamó Lavender. "No le escribas cartas, no lo beses, no le pidas citas. Que sea él. Tú… bueno. Tú puedes responder, pero a los dos o tres días, que sino pareces una desesperada. Y no seas tú quien inicie los besos."

"¡Venga ya!" exclamó Ginny, evidentemente irritada. "¡Todo eso son las mayores idioteces que he escuchado nunca!" fijó su mirada en Hermione. "Hermione, haz lo que te dé la gana en tu relación."

Hermione sonrió agradecida a su amiga, mientras sentía las miradas espantadas de Lavender y Parvati.

"No me ha ido tan mal hasta ahora…" dijo Hermione con una sonrisa secreta. Metió la mano en el cuello de su jersey, y extrajo una cadenita de platino con un diamante solitario en forma de lágrima. "Esto fue parte de su regalo de cumpleaños."

Parvati y Lavender se incorporaron para examinar la joya de cerca, exclamando sendos "ooohhh…", admiradas.

"¡Es precioso!"

"¡Qué bonito, Herms!"

Ginny ya había visto el regalo, y partió un trocito de pastel de chocolate en silencio, se echó una bola de helado y esbozó una sonrisa.

"Tiene un hechizo protector. Dice que es tan fuerte como un Protego." Explicó con ojos brillantes Hermione.

"Herms… lo tienes en el bote…" susurró Parvati, estupefacta. "Quién lo diría de ti…"

Hermione pasó de tomarse eso como un insulto, consciente de que a Parvati sólo le había hecho falta añadir "si siempre has sido una chica empollona y del montón", y acarició orgullosa su joya. Le daba igual no seguir los consejos de Lavender y Parvati, todos extraídos de Corazón de Bruja, edición amores adolescentes. Ella seguiría su instinto con respecto a su relación. Y no le iba mal.

Recordó cuando Draco puso una tienda de campaña, la noche de su cumpleaños. Sonaba la lluvia en la lona, pero dentro era acogedor y reconfortante. Dijo que quiso un refugio, lejos de Hogwarts, de Londres, de la Mansión Malfoy. Y la tienda era lo bastante lujosa como para que Narcissa no pensara que acampaban como muggles, pero era lo bastante sencilla como para que ella no se sintiera asustada de tocar nada.

Y pensó que no quería moverse de ahí. Hizo uno de sus fuegos transportables y dirigibles, que no se apagaban con la lluvia, y estuvieron a su calor bajo las mantas, hasta que él le dio el colgante. Pero una joya era ya lo de menos.

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Baño de Prefectos. 5º piso

Ron salió de la bañera secándose con cuidado el cuerpo con la toalla. Hacía tiempo que intentaba practicar esos hechizos para secar el pelo, pero sólo lograba sacar un aire tibio de su varita, que en esa época del año resultaba de lo más desagradable. Había estado jugando al quidditch con Dean, Harry, Neville y Seamus, y aunque los dos últimos no eran muy buenos, compensaban un poco haciendo que Harry jugara como cazador junto a Neville, contra Dean y Seamus.

"Mierda… se han acabado las toallas."

Resoplando con frustración, Ron se vistió y procuró retirar un poco de humedad del chorreante cabello. Decidió que podría pasar por los baños del piso y ver si tenían por ahí toallas secas.

Se cruzó con varios estudiantes, algunas parejas… y Ron se volvió a preguntar qué clase de sábado pasaba uno sin su chica. Lavender le había dicho entre risas, que iba a tener una fiesta en el dormitorio de chicas de 7º.

Ron le había propuesto a Harry entrar en el dormitorio de las chicas. Pero Harry le contestó, mientras limpiaba con cuidado su Saeta de Fuego, que no perdiera el tiempo, que la rampa no le dejaría subir ni un metro, y que si pretendía encontrar a las chicas desnudas o algo así, que se fuese quitando esa idea de la cabeza, Ginny estaría con ellas.

Al oír eso, dicho tan desapasionadamente por parte de Harry, Ron esbozó una mueca horrorizada, y en ese instante olvidó cualquier tentativa de colarse en el dormitorio de las chicas. Harry dijo que quería dejar la escoba arreglada antes de irse a las duchas, así que Ron marchó solo.

Caminaba por el corredor iluminado por antorchas; era uno de los más bonitos que había por esa zona. Todo el lado derecho tenía unos arcos de media punta y columnas con capiteles con formas vegetales. Él no era muy observador con el arte y la arquitectura, pero el corredor que daba a los baños del quinto piso era llamativo porque todos los arcos tenían unas enormes cristaleras detrás. La vista desde esa altura era ya lo suficientemente interesante; daba al lago, y a una parte de las orillas y del Bosque Prohibido, al fondo las colinas y todo lo demás un inmenso cielo, plagado de estrellas.

Lástima que a esas horas de la noche, no se distinguía muy bien el cielo del suelo. Aún así, la oscuridad era sorprendente. Ron nunca se había fijado en la cantidad de tonalidades que tiene el color negro…

Antes de llegar a la puerta, Ron escuchó voces de unas risas, y una más baja, que no podía entender, pero parecía suplicante. Las risas aumentaron, y sonaban demasiado burlonas.

Entró de golpe y pasó directamente a la zona de chicas. Vio que Luna estaba metida en la enorme bañera llena de espuma, y vio a una chica y un chico de Ravenclaw, de pie, riéndose. Las risas se apagaron cuando Ron interrumpió.

"¿Qué ocurre aquí?" preguntó Ron con un acento gélido. "Está prohibido entrar en el baño de las chicas."

"Tú has entrado." Respondió impertinente la chica.

"Yo soy prefecto." Contestó Ron, sacando la insignia del bolsillo y guardándola otra vez. "Veinte puntos menos a Ravenclaw. Salid ahora mismo de aquí."

Los dos salieron del baño, y Ron se quedó un momento mirando a Luna, comprendiendo al instante qué habría ocurrido.

"¡Esperad!" gritó Ron, sin darse la vuelta hacia ellos, mirando a Luna. Los dos Ravenclaw se giraron con los rostros serios. "Tú eres Duncan Dunglebee… el golpeador del equipo de quidditch. ¿Y tú?" preguntó suavemente Ron, dirigiéndose a la chica.

"Orla Quirke." respondió ella, dubitativa.

"¿Qué estabais haciendo?"

Ambos se miraron incómodos, y Duncan respondió finalmente.

"Le queríamos gastar una broma a Lunáti… a Lovegood."

"¿Ah, sí?. ¿Qué broma exactamente?" preguntó Ron sin variar la engañosa suavidad de su voz. "¿Helarle el agua?. ¿Escaldarla, tal vez?. ¿O quizá esconderle la ropa?"

Ambos estudiantes se mordieron los labios, en un gesto sintomático de culpabilidad.

"Bien. Otros veinte puntos menos para Ravenclaw. Hablaré con Flitwick de lo sucedido aquí. ¿Dónde está la ropa?"

Ambos se miraron incómodos.

"La hicimos desaparecer."

"Vale, pues traerla de vuelta."

"No sabemos revertir el encantamiento." Contestó Orla, algo avergonzada.

"Fantástico." Contestó Ron sarcástico. "Estoy seguro de que a Flitwick le resultará muy interesante saber que sus alumnos no saben realizar ese encantamiento. No me sorprendería que os obsequiara con un buen encargo en su castigo, a propósito de hacer aparecer y desaparecer cosas. Marchaos de aquí." Añadió con frialdad.

Ron se dio la vuelta, y vio que Luna estaba en silencio, la espuma cada vez menos abundante, y enrojeció. Hasta ese momento no se había dado cuenta de que Luna estaba en la bañera, porque había estado más ocupado pensando en la broma y los puntos, que de la situación embarazosa.

No sabía ahora qué podía hacer o cómo ayudarla. Hasta se había olvidado que tenía el pelo medio mojado él mismo. Cogió una toalla grande y se la tendió a Luna. Ella se acercó con cuidado al borde de la enorme bañera, y Ron se dio la vuelta, dispuesto a salir.

"Espera, Ronald"

Ron se detuvo, sin atreverse a darse la vuelta; hacía un minuto le estaba sugiriendo a Harry el colarse en el dormitorio de las chicas, y ahora se había tropezado, sin querer, con una chica semidesnuda. Sintió la mano de Luna en su hombro, y se dio la vuelta con miedo. Vio que Luna estaba descalza, envuelta en la toalla, y con el pelo rubio mojado.

"Gracias." Y le dio un beso en la mejilla.

Ron enrojeció, y no supo qué hacer ni qué decir. Luna se había quedado ahí quieta, de pie, buscando alrededor algo que poder llevar puesto a la Torre de Ravenclaw.

"¿Su… suelen hacerte esto mucho?" preguntó Ron en voz baja.

Luna dejó de mirar el suelo y elevó los ojos azules, con tranquilidad.

"De vez en cuando, sí." Dijo ella con el mismo tono de voz suave, pero con tranquilidad.

Ron se echó el pelo detrás de la oreja, algo incómodo, y trató de no fijarse en que Luna estaba cubierta sólo por una toalla. Nunca antes había imaginado que Luna tenía piel y cuerpo debajo de las túnicas y el uniforme, los pendientes de rabanitos y los collares de tapones de botellas de cerveza de mantequilla. Y era un descubrimiento bastante turbador también.

"No mires más debajo de su nariz... No mires más debajo de su nariz…"

"¿Necesitas que… te traiga algo… ropa…?" preguntó vacilante Ron, dispuesto a fijarse en cualquier cosa, menos en Luna Lovegood envuelta en una toalla.

Luna fue despacio hacia un banco de los baños, y cogió su varita. Se secó el cabello con un toque y apareció el tono rubio oscuro y brillante bajo la luz de las lámparas del baño. Caminó hacia Ron, y con un toque de su varita, le secó el pelo también.

"Si pudieses conseguirme algo de ropa… te lo agradecería." Respondió ella bajando la varita.

Ron no se dio cuenta casi de que le había secado el pelo. Pero se acordó de Luna, rodeada de elfos domésticos, y tuvo una idea.

"¡Dobby!" exclamó Ron.

El elfo doméstico Apareció con un crack.

"¿Me ha llamado el amigo de Harry Potter?. ¡Oh!" exclamo, cuando vio a Luna. "¡Otra amiga de Harry Potter!"

"Sí… eh… hola Dobby. Sólo nos preguntábamos si podrías traer algo de ropa a Luna…"

"Soy de Ravenclaw, Luna Lovegood, sexto curso." dijo ella con una pequeña sonrisa.

Dobby Desapareció con otro crack, y dejó solos a Ron y Luna.

"Pero no tengo dinero aquí para pagar a Dobby… Dobby es un elfo doméstico libre…" dijo ella, casi hablando consigo misma.

Ron sacó un sickle del bolsillo. Realmente no le quedaba mucho desde el cumpleaños de Hermione, y suponía que para la cita en Hogsmeade debía empezar a ahorrar la paga, si quería salir con Lavender.

"No importa, yo pagaré a Dobby."

Luna sonrió a Ron.

"Gracias otra vez, Ronald."

Ron miró nervioso, y no entendía el porqué, su sickle. Luna bajó la cabeza.

"Dicen que mirar la boca de alguien es síntoma de amor. Mirar debajo de la boca es síntoma de deseo." Murmuró ella.

Ron abrió los ojos de par en par, pero no levantó los ojos de la sickle que toqueteaba entre sus dedos, mientras se preguntaba qué parte de Luna había tratado de evitar mirar exactamente.

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Baño de Prefectos. 7º Piso

Harry envió la carta a Teddy a través de Hedwig y se recorrió los baños de prefectos en busca de Ron, pero no dio con él en ninguno de ellos. Resignado, se fue al baño del séptimo piso y se relajó bajo las burbujas, pensando sobre todo en el plan de entrenamiento de quidditch. El primer partido era contra Slytherin, y estaba dispuesto a estrenar el campeonato machacando a Malfoy.

No es que Malfoy le cayera mal… aunque no es que Malfoy le cayera bien tampoco. Sí que le resultaban interesantes sus clases, y sí solía disfrutar lanzándole algún que otro maleficio malintencionado. Sus conversaciones eran incluso interesantes. Lástima que fuese un Slytherin, un vanidoso y un egocéntrico.

"Hola Harry."

Automáticamente Harry se hundió un poco más entre las burbujas y levantó los ojos de sus empañadas gafas. Junto a la enorme columna llena de grifos, estaba apoyada Myrtle, que parecía más risueña, mucho más, que de costumbre.

"Uf… eres tú, Myrtle. ¿Qué tal todo?" saludó con resignación Harry.

"Uy… Harry… he oído que tu chica vuelve a tener lapsos de memoria… yo tengo una memoria estupenda…" dijo Myrtle, mientras flotaba hacia el sitio de Harry y entraba con él en la enorme bañera.

"¿Qué…?" Harry frunció el ceño. ¿Lapsos de memoria?. ¿Ginny?. "¿Qué quieres decir, Myrtle?"

"Ay, Harry…" respondió ella melosa, mientras Harry trataba de zafarse de ella y su amenazante y acosadora presencia. "Qué ingenuo eres…" Myrtle rodó los ojos, como si no tuviese más remedio que aclarar la cuestión. "Yo no pierdo la memoria… me acuerdo de los detalles… soy mucho mejor para ti… más adecuada…"

Harry no prestaba mucha atención a las tontas insinuaciones que Myrtle le lanzaba; estaba mucho más pendiente de conseguir la información que sin duda poseía la impredecible fantasma.

"Me refería a Ginny… ¿cómo sabes lo de sus lapsos de memoria?"

Myrtle puso un mohín, y se sentó en el borde de la bañera, simulando que tenía los pies metidos en el agua. Harry se pegó contra la pared de la bañera, intentando quedar lo más lejos posible.

"El otro día la escuché hablar con ese amigo vuestro de la cámara…"

"Colin…"

"Le decía que se encontraba mejor, él le había preguntado si había vuelto a desorientarse…"

Harry olvidó el pudor, y salió de la bañera. De la impresión, Myrtle cayó a la bañera de espuma, como si hubiese sido una chica real y viva. Para cuando salió del agua, vio que Harry se había ido de ahí, directo a los vestuarios.

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Baño de Prefectos. 2º Piso

Draco flexionó los hombros. Había estado entrenando con Crabbe y Goyle para esquivar bludgers. Ellos no tenían una puntería prodigiosa, pero sí tenían bastante fuerza. Draco era rápido, pero sentía que necesitaba apurar mucho más su habilidad esquivando, y dicho de paso, ellos tenían que mejorar el porcentaje de error, si querían neutralizar a Potter.

Cuando hizo el movimiento, sintió un pinchazo en el costado. Se giró y vio que tenía un golpe de una bludger de Goyle que casi lo tiró de la escoba. Se sacó la camiseta blanca y recogió la varita de la túnica, colgada del perchero.

"Episkey" murmuró.

El incipiente moratón desapareció al instante. Blaise pasó en ese momento por la puerta, y Draco se colocó la camiseta.

"Este es el baño de prefectos." Dijo Draco, secándose el pelo con un toque de varita.

Blaise no hizo ni caso a Draco. Se quitó la camiseta y los pantalones, y se colocó la toalla por la cintura. Draco igualmente hizo caso omiso de su compañero, guardando su ropa con un movimiento perezoso de varita.

"¡No sale agua!" exclamó Blaise indignado. "¡Ni jabón!"

Draco se colocó la túnica.

"Te lo dije Zabini. Es el baño de prefectos." Y salió por la puerta, como si la frase lo hubiese explicado todo.

Blaise maldijo en voz alta. Y volvió al banco donde estaban sus cosas y volvió a vestirse, disgustado por la injusticia que suponía que él no pudiese disfrutar de un baño tan lujoso, y tuviese que mezclarse con el resto de estudiantes en baños llenos de mestizos y sangre sucia.

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Baño del 2º Piso

Blaise estiró los músculos del cuerpo y echó la túnica sobre los hombros. Afortunadamente sólo había encontrado a un par de estúpidos Hufflepuffs de segundo curso, que salieron del baño en cuanto Blaise les ordenó que se fueran.

Según salía del baño, tropezó con otra chica que entraba hacia el baño de chicas. Siri Fawcett. Blaise inclinó la cabeza y sonrió. Buena familia, guapa, sangre pura. Y era intencionada para Malfoy.

Si quería hacerle la vida imposible a Malfoy, podría empezar por la chica.

"Fawcett…" Blaise mostró los dientes blancos, perfectos, en contraste con su piel oscura. La misma capacidad de encantar serpientes que había hecho famosa a su madre, la puso en funcionamiento en ese preciso instante.

Siri movió la brillante cabellera negra y miró con sus ojos claros a Blaise. Y sonrió educadamente.

"Hola… Blaise."

La bolsa que llevaba se cayó al suelo. Y Blaise la recogió sin más.

"Yo te la llevaré."

"Quería darme un baño… no te molestes…" contestó ella nerviosamente.

Blaise se acercó a ella, y le susurró al oido. Siri volvió a sonreír, y dejó que Blaise le llevara la bolsa hasta el baño de las chicas. Sólo llevar la bolsa, claro.

Unos minutos después, unas alumnas de Gryffindor encontraron que la puerta tenía un cartel de "Estropeado" en la puerta, y se marcharon extrañadas.

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Dormitorio de alumnos de 7º. Torre de Gryffindor

Harry entró en el dormitorio y buscó el Mapa. Antes buscando a Ron cuando podía haberlo encontrado fácilmente con un vistazo al viejo pergamino.

"Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas." Susurró, dando un golpecito con la varita.

El Mapa empezó a llenarse de líneas de tinta, puntos móviles con sus etiquetas. Harry frunció el ceño. Ginny, Hermione, Parvati y Lavender estaban en el dormitorio de chicas, así que tendría que esperar hasta que pudiese hablar con ella. Preguntarle a Ginny qué era eso de lapsos de memoria.

El otro que tenía que encontrar era Colin. Estaba en el Gran Comedor, junto con otros Gryffindors, entre ellos Dean y Seamus. Tal vez presenciando una partida de ajedrez mágico, a juzgar por a disposición de los puntos.

Ron estaba con Luna en el baño del 5º piso. Harry pestañeó varias veces. Otra cosa que tendría que preguntar a otro Weasley. ¿Qué hacía Ron con Luna en un baño?

Suspiró y se echó atrás en la cama. Había algo más que tenía que descubrir en el Mapa…

Las Mazmorras.

Harry volvió a incorporarse. Escaneó con cuidado la parte de las mazmorras… pero se dio cuenta de que el Mapa no llegaba a tanto. Tal vez su padre y los Merodeadores no llegaron a descubrirlas, o tal vez, no tuvieron más espacio en el Mapa.

Se mordió los labios. Había algo sobre las Mazmorras que requería su atención. Pero para eso tenía primero que saber dónde se metía…

¿Quién conocía las Mazmorras?

Sonrió. Tenía la respuesta clarísima. La tercera pregunta que tenía que hacer a otros Weasley.

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Sortilegios Weasley. Callejón Diagon, 93. Londres

"¡Vengo a quejarme de esta varita!" exclamó una voz de mujer, oculta bajo una capucha de color rojo oscuro. "¡La agito y en lugar de convertirse en un pollo, se convierte en una poll…"

"Lo siento, es la hora de..." empezó a murmurar George, de espaldas a la desconocida clienta y apuntando con su varita en las estanterías, ordenando mercancía con cuidado.

"Oh oh…" Fred depositó sobre el mostrador la caja de mini-Harries y mini-Voldemorts que estaba reponiendo, y atendió a la desconocida. Examinó la varita con cuidado. "George, creo que alguien ha confundido las cajas de varitas clasificadas "X" con las normales… eso era para la boda de Bill y Fleur, y alguien las ha sacado…"

George movía la varita para colocar las estanterías con cuidado y detuvo la mano, mirando con curiosidad a su hermano.

"Mierda… seguro que Ron y Ginny estuvieron revolviendo las cajas… Mira que les dijimos que no lo hicieran, si nos hubiese pescado mamá..."

La mujer de rojo agitó la varita que arrebató a Fred, y apareció una parte de la anatomía masculina, que solía ser llamada por el femenino de pollo. George estalló en carcajadas.

"¡Ya no me acordaba!" George agitó el… objeto… y volvió a tener forma de varita normal y corriente. "Qué genialidad, deberíamos lanzar una línea de productos ideales para despedidas de solteros y solteras, como los muggles…"

"Ah… señorita, no se preocupe." Fred metió la mano debajo del mostrador y sacó unas cuantas varitas. "Todas estas tienen pollos garantizados."

La chica tomó una varita y la agitó. Al momento se materializó un hermoso pollo de goma, casi ideal para meter en el horno.

"Voilà!" exclamó orgulloso Fred. "¡Sin trampa ni pergamino!"

La tienda estaba tranquila a esas horas. Casi todos los comercios en el Callejón Diagon habían echado el cierre hacía tiempo. Habían hecho caja y todo la mayoría de ellos, y sólo había algún movimiento de magos que había ido pensando que con suerte encontrarían la tienda que buscaban abierta. Los días por lo general eran tranquilos desde un punto de vista meramente mercantil; se notaba que la mayoría de jóvenes estaba en clase. Casi toda la facturación esos meses procedía de encargos por correo y adultos que tenían que hacer regalos o tenían fiestas de cumpleaños, bodas o algún evento similar, y niños que eran demasiado pequeños para ir a Hogwarts.

"Sabía que era una de tus bromas, Fred…" La chica se retiró la capucha, y descubrió el rostro de Angelina Johnson.

"¡Angelina!" exclamó Fred, estirando los brazos. "¡Mi chica preferida…!" Fred dio un salto al mostrador con agilidad y estrujó a Angelina en un afectuoso abrazo. George rodó los ojos y guardó el resto de varitas de pollo, sonriendo para sí cuando guardó a buen recaudo la varita pornográfica.

"Menuda bola, Weasley, tu chica preferida..." gruñó ella, pero sonreía. "¿Qué tal estáis? Hoy me he dicho que no pasaba sin que viniera a veros. Estoy en una guardería mágica, y la verdad es que disfruto mucho." Angelina repasó con los ojos las estanterías. "¿Y vosotros?. Ya me he enterado de lo de Percy, pero no he encontrado un momento libre…" hizo una mueca de disculpa, y siguió admirando la tienda, llena de objetos curiosos, ruidosos, con luces, que encogían o se agrandaban… Era pura magia estar en Sortilegios Weasley. "No quería escribir porque quería venir a veros en persona, pero al final ha resultado que ni he escrito, ni he venido antes…"

Fred y George intercambiaron una mirada oscura.

"No se sabe nada… de momento sólo hay conjeturas, nada más. Pero ya han pasado cuatro meses, y no hay ninguna pista de Percy…" comentó en voz baja George.

Angelina asintió y su coleta negra se agitó en su nuca.

"Ojalá aparezca pronto, de verdad." Angelina sonrió a los hermanos. "¿Qué tal os va? He oído que ya tenéis encargos incluso de otros países."

"De momento servimos a Irlanda, pero estamos pensando ampliar la clientela a Francia, y poco a poco, seguir con el resto de Europa." respondió orgulloso Fred. "Fleur dice que su padre podría arreglarnos algo desde Francia… uf, sería fantástico. Pero de momento ya nos da trabajo La Pérfida Albión."

"Es impresionante… pensar que empezasteis esto como una broma de colegio…" suspiró Angelina, y colocó los codos sobre el mostrador. "¿Al final abriréis sucursal en Hogsmeade?"

Fred y George se miraron y sonrieron.

"De hecho, pensamos ojear un poco los locales disponibles para octubre. Con un poco de suerte, podríamos tener algo preparado antes de Halloween. Sobre esa época los estudiantes tienen su primera visita al pueblo." explicó George, con una mirada soñadora.

Angelina alzó las cejas, impresionada.

"Vaya, no se os escapa ni una..." Angelina suspiró sonriente, y recogió la varita que sí tenía el hechizo que la transformaba en pollo.

"¿Quieres que te la envolvamos?"

"No, no es necesario... mientras que no la confunda con la mía propia..." Angelina mostró los dientes en una sonrisa malvada. "Menos mal que probé la varita en casa. Si llego a hacer el truco con los niños, ahora mismo os estaría pidiendo trabajo aquí..."

"Tú siempre tendrás un puesto aquí, preciosa" le respondió Fred.

Angelina rodó los ojos.

"Ligón..." volvió a colocarse la capucha sobre la cabeza. "Me ha encantado veros. Intentaré pasarme otra vez. Y tenemos que quedar con los chicos..."

"Eso está hecho." respondió George, apoyando en el mostrador.

"Me voy ya. Saludad a vuestros padres... y avisadme si hay cambios." Angelina abrió la puerta de la tienda, y Fred sostuvo la puerta según salía por el umbral la chica. Angelina se dio la vuelta. "¿Cómo es que estáis todavía abiertos? La verdad es que no pensaba encontrar la tienda abierta a estas horas."

"Estábamos con el inventario y haciendo caja." respondió Fred.

"Vivimos aquí. Tampoco tenemos prisa por cerrar." Añadió George.

Angelina asintió, se despidió de los hermanos y se marchó hacia El Caldero Chorreante. Fred observó en la puerta hasta que Angelina despareció por la pared que separaba el Callejón del pub, y entró de nuevo en la tienda. Echó el cierre con la varita y cerró las persianas de los cristales.

"Tiene razón Angelina..." comentó pensativo George. "Deberíamos quedar algún día de estos con los chicos..."

"Sí, la verdad es que quiero ver al viejo Wood... y..."

Fred quedó interrumpido por unos golpes en la puerta de cristal, tapada por la persiana. Fred alzó los ojos a su hermano, y George se encogió de hombros, con una expresión igual de asombrada.

"Tal vez Angelina olvidó algo..."

Fred fue hacia la puerta, pero justo cuando iba a abrirla, la puerta estalló en pedazos en el momento que oyó "¡Bombarda!". Fred cayó al suelo por la onda, y George salió de detrás del mostrador, con la varita en la mano.

"¡Expelliarmus!" gritó George, apuntando hacia la varita de su oponente, alguien vestido de negro de la cabeza a los pies... y aunque no llevaba una máscara de mortífago, tenía el rostro cubierto con una máscara negra.

"¡Protego!" El extraño se escudó tras el hechizo defensivo, y el intento de desarme de George fue infructuoso. Pero en ese momento, Fred, todavía en el suelo, lanzó un maleficio de piernas de gelatina, y el extraño cayó al suelo.

"¡Expulso!" gritó el adversario de los gemelos, y apuntó hacia el mostrador. Éste explotó violentamente, lanzando hacia la pared contraria a George. Fred se cubrió la cabeza instintivamente.

Aún con las piernas inmovilizadas, el extraño alzó la varita y apuntó a Fred.

"Ava..."

George abrió los ojos de par en par y gritó con todas sus fuerzas "¡Silencio!", a fin de evitar lo que creía que iba a ser la maldición asesina. Fred se incorporó para estrangular con sus manos al desconocido, pero el extraño había logrado salir de la tienda, y huir.

"Hijo de..." murmuró Fred, incorporándose. Se fue hacia su hermano, que estaba sacudiéndose el polvo de la explosión. "¿Estás herido?"

"No... creo que no..." respondió ceñudo George, y apuntó con su varita. "Reparo." La puerta de la tienda se reparó, y ambos activaron los hechizos protectores. "¿Qué querría ese?"

George estaba pálido, y se llevó la mano a la frente para calmar su ansiedad. Estaba convencido de que ese tipo había querido matarlos. Sin preguntas ni vacilaciones. La cuestión era¿por qué motivo?

ooOOooOOoo


Ya de antemano aviso: no muere ningún gemelito en este fic, todos tienen sus orejas intactas también, gracias. Os recuerdo que están en el punto de mira de alguien, y si alguien está un poquillo más despistado/a, os lo digo ya: esa carta en la que se informaba sobre los conocedores de las mazmorras de Hogwarts. Ahora Harry podrá enlazar este hecho, con lo que él trata de averiguar que está sucediendo en Hogwarts.

Esto acaba de empezar... pero espero que tengáis paciencia, claro.

Gracias por vuestro apoyo, de verdad que es una recompensa en cualquier fic, pero cuando haces un fic tan enrevesado, creedme que cada palabra vale oro. Gracias entonces, Sabaku no Akelos, Heredrha, Yedra Phoenix, CrissBlack, Erea, Amara Malfoy Lestrange, princesaartemisa, Nicole Daidouji (doble en todos los sentidos xD!), Marita, lara evans, Lil-Evans, Corae, Cristhine, Isa Malfoy, XKelidaX, blackstarshine, rosa.

Próximo capítulo: 'La inquietud de Firenze'