CORA Y EVA, DOS REINA DEL AMOR VERDADERO cap. 2

El salón del castillo de Rearnatario era espectacularmente majestuoso, el piso entero de mármol blanco y laja celeste y rosa reflejaba a la perfección nuestras imágenes, los grandes ventanales que daban al exterior estaban cubiertos por preciosas cortinas de seda opaca en color crema y hueso, si veía hacia arriba podía ver el interior de lo que desde afuera del palacio se observaba como una gran cúpula, que en su interior estaba sujeta por una enorme estrella de ocho puntas formada por dieciséis pilares gruesos y macizos de madera, las paredes pintadas de blanco resplandecían por la luz de los tres bellísimos candelabros de cristal que colgaban del techo, las puertas de madera solida de roble y postigos de plata se abrieron de par en par dejándonos ver a cuatro hombres vestidos con armaduras de acero con el estandarte de la reina en sus pechos, y cinco mujeres que al ver sus vestimentas sencillas y ligeras, pude adivinar que eran parte de la servidumbre.

-reina Eva, el prisionero ya se encuentra en los calabozos restringidos-dijo el que parecía ser el líder de los caballeros.

-muy bien, vigílenlo, no lo alimenten hasta que yo lo diga-su voz era firme y sin dejar lugar a dudas o replicas, sin esperar más, los hombre se fueron luego de mostrarle sus respetos con una inclinación de cabeza-mientras tanto, por favor, Zelena, Marian, preparen las habitaciones principales que han estado cerradas para la princesa Regina y la reina Cora-con una pequeña reverencia dos mujeres se retiraron mientras las otras seguían esperando ordenes-Granni, ve a las cocinas y hazme el favor de preparar un cuenco de leche tibia y una taza de té-La que parecía ser la mayor y anciana de las mujeres se retiró también haciendo una reverencia respetuosa-Íngrid, necesito que le tomes las medidas a Cora y a la pequeña Regina para su guardarropa-sin más que añadir me hizo una seña para que acompañara a la joven mujer rubia que al parecer era bastante seria.

-por favor, señorita, por aquí-me causaba mucha gracia que una mujer desconocida me tratara de señorita, aunque era de esperarse, en Rearnatario no sabían que era una reina de nada o que estaba casada siquiera, no, no, ya no estaba casada, ahora era libre, sin pensarlo dos veces sostuve a Regina con un brazo mientras me quitaba el anillo que me había dado Henry al proponerme matrimonio-dígame, ¿hace cuánto se conocen usted y la reina Eva?-me preguntó mientras rodeaba mi cintura con una cinta métrica y anotaba todo en un pequeño pergamino

-creo que desde que éramos pequeñas-miles de recuerdos me invadieron con la fuerza de un torbellino en mi memoria, nuestra infancia juntas, los momento que pasamos escondiéndonos de nuestros padres, montando a caballo en las praderas una al lado de la otra, nuestro momento íntimos de aprender magia, de repente la tristeza me sobrecogió, cuanto la había necesitado en el nacimiento de Regina, había estado rodeada de gente que me ayudó gustosa, pero me habría sido más fácil si hubiese estado conmigo cogiéndome la mano y dándome aliento.

-¿la pequeña, que edad tiene?-mi pequeña ya se encontraba dormida plácidamente, seguramente arrullándose con nuestras voces y el latir de mi corazón, era realmente tierna, y pensar que hacia solo unos instantes atrás hubiese muerto si Eva no aparecía para protegernos.

-solo tiene tres meces-Ingrid terminó de hacer las medidas penitentes en su pergamino y se disponía a hacer lo mismo con mi hija cuando se dio cuenta que estaba dormida profundamente

-sería mejor que le tomara las medidas cuando no necesite descansar-era imposible no caer bajo el hechizo de la ternura de un bebé, lo sabía de antemano.

-¿ya terminaron?-la voz de mi amada nos sacó de la ensoñación de la hipnotizaste personita de Regina, detrás de ella iban dos sirvientas, que si no me equivocaba eran Marian, una muchacha de piel pálida, ojos café y cabello castaño ondulado, estaba vestida con un simple vestido de color café claro con un lazo a la cintura en negro que le entallaba el torso a simple vista, cubierto con una capa liviana que parecía ser de gasa y calzada con unas simples zapatillas de gamuza, Granni, una anciana de cabello cano y recogido en un rodete estaba vestida de igual manera pero a diferencia de Marian, tenía un delantal de algo que parecía piel de algún animal.

-aun no majestad-Ingrid se retiró junto con Eva, no sé a dónde, mientras que las dos empleadas me ayudaban a sentarme y me entregaban una humeante taza de una infusión de hierbas, mientras que tomaba en brazos a mi pequeña.

-qué bonita, ¿Cómo se llama?-Granni, al parecer tenía gran afición por los niños, por el cuidado y la delicadeza con la que mecía su cuerpecito.

-Regina.

-vaya, le va como anillo al dedo, ¿no lo crees, Marian?-la joven solo asintió con una cálida sonrisa. Algo tenía el té, no sé qué era, la vista se me estaba nublando, mis sentidos comenzaban a embotarse, escuchaba las voces que se iban haciendo cada vez más lejanas, de pronto todo se volvió negro.

Cuando desperté me encontraba en una hermosa habitación, un torreón para ser precisa, lo sabía por sus paredes circulares de ladrillos gruesos y anchos de color rojizo, era bastante grade, debía tener como por lo menos, diez metros de diámetro, la superficie donde me encontraba era acolchonada, suave y mullida, estaba tapada con na especie de tela que al tacto parecía algodón. Aún tenía los ojos cerrados, estaba tan cómoda que no me di cuenta de que tenía un brazo, (no mío precisamente) enrollado en mi cintura.

-buenos días, mi amor-esa dulce voz que rozaba en mi noca me erizó el vello de todo el cuerpo-¿dormiste bien?-a pesar de que se encontrara despeinada, con sus cabellos castaños, acairelados y largos hasta la cintura desperdigados en toda la almohada, aun se veía preciosa para mí, solo portaba un delicado y translucido camisón de seda que dejaba muy poco a la imaginación, se veía increíblemente hermosa, y lo mejor era que era solo para mí, mi amada, mi reina-lamento haber tenido que usar una poción de sueño, pero creí que tal vez con lo traumático de anoche, necesitabas descansar sin tener pesadillas-mientras me hablaba jugaba con sus dedos en mi cabello.

-tienes suerte de ser la reina aquí, sino te habría demandado un juicio en tu contra-su risa cristalina me invadía los oídos como la canción más dulce que había escuchado en mi vida, de repente me encuentro atrapada entre el colchón y su esbelto cuerpo semidesnudo que se encontraba encima de mí.

-¿y qué piensas hacer ahora, majestad? ¿Cómo piensas castigarme?-sus ojos se habían oscurecido, parecían casi negros, de repente sentí sus labios recorrer mi cuello, su lengua hacia un húmedo camino por todo mi cuello hasta llegar a mi hombro izquierdo, era tan cálida la sensación que me brindaba que no pude evitar soltar un gemido cargado, quería negarme pero la voz no me salía, no sabía si podría soportar que alguien me tocara después de lo vivido con Henry-tranquila preciosa, lo disfrutarás-parecía que podía entrar en mi mente y difuminar todos mis miedos y pesares con solo esa melodiosa y calmada voz.

Sus manos paseaban lentamente por mi cuerpo haciéndome estremecer cuando se detenían en mis pechos acariciándolos solo con la yema de sus dedos, jugaba con mis pezones haciendo que se endurecieran con el más leve rose, de repente pude sentir como su cuerpo iba bajando por el mío sus labios dejaban un reguero de besos, comenzando de nuevo por mi cuello, bajando por el valle de mis pechos, intercalaba el rose de sus labios con la humedad de su lengua, sentí unas extrañas cosquillas cuando comenzó a chupar suavemente la piel de mi vientre mientras seguía bajando, sus manos bajaban suavemente por mis caderas, rasguñaba casi imperceptiblemente, una nueva sensación se apoderaba de mi centro, sentí un hirviente y abrazador calor que emergía desde mi cara hasta llegar a mi bajo vientre, sentía una gran bola en esa zona, creía que reventaría en cualquier momento.

Sin poder predecirlo sentí que me penetraba de golpe utilizando dos de sus dedos, mientras que con su pulgar acariciaba mi clítoris, mi respiración me fallaba, me estaba sofocando, no sabía cuánto más podría soportar, miles de oleadas de calor y placer me invadieron como un océano embravecido golpeando un navío, no sabía de dónde agarrarme, mis manos se aferraron al cubrecama, me arqueaba sin control alguno, de repente, su boca rodeó mi conejo y chupaba mi clítoris mientras seguía jugando con sus dedos. Me derramé en una cascada de placer que ella recibió como si hubiese estado días enteros soportando una insaciable e irritante sed

-¡EVAAAAAAA!-su nombre Salió de mi garganta en un grito desgarrador, que creo que se escuchó en el castillo entero de Rearnatario-vaya…nunca había…vivido algo así-mientras aun trataba de regular mi respiración, ella me veía arrebolada mientras apoyaba su cabeza en su mano sostenida por su codo.

-quiero casarme contigo-esa frase me vino de lleno al alma-¿Qué dices, Cora? Es solo por el resto de nuestras vidas-esa misma mañana, luego de responderle en broma que me pensaría seriamente sobre el compromiso, me di cuenta que no vino ninguna criada a servirnos el desayuno o ayudarnos a vestirnos, Eva les había dicho que nos podíamos valer por nosotras mismas. Me había ayudado a vestirme con un bonito vestido de corte principesco en color blanco y crema, de mangas cortas de gasa vaporosa, encorsetaba ligeramente mi abdomen dejando mi pecho realzado, dándome un aire de grandeza que sabía que no tenía, la falta constituida por cinco faldones de gasa y seda cristal, me llegaba hasta cubrir completamente mis pies, que calzaban una preciosas zapatillas de gamuza sin tacones, el ultimo toque, fueron unos hermosos guantes de seda blanca que se ajustaban perfectamente a cada uno de mis dedos

-¿Cómo me veo?-realmente mi autoestima no era muy alta y no podía decir que tenía orgullo propio.

-como una autentica reina, MI reina-sus labios se volvieron a unir a los míos en un casto beso-vamos, te ayudaré con tu cabello-recogió mi rebelde maraña de cabellos castaños oscuros en un tocado de recogido completo, parecida a una cola de caballo o un rodete, que sostuvo con una pequeña tiara de plata-ahora si estas completamente esplendida.

Nos dirigimos juntas al gran comedor, donde ya la cocinera, Granni, como recordaba que le decían, nos esperaba con mi pequeña en brazos y el desayuno listo.

-buenos días majestad, Lady Cora-su reverencia me asustó un poco, podría haber tirado en el proceso a Regina, pero la tenía bien agarrada.

-buenos días, Granni-Regina gorjeaba feliz al escuchar su voz, Eva se había ganado una fuerte aliada por lo que veía-hola preciosa-la sostuvo en brazos en alto para verla mejor, tenía un fino y pequeño vestido blanco con unos pequeños mocasines a juego, lo que me sorprendió fue que en su cuellito portaba un collar de cadenita de oro blanco con un pequeño dije, parecía un escudo de armas con un corazón bajo una pequeña corona, en el centro de dicho corazón había una pequeña R en dorado, era extraño porque no recordaba haberle puesto ningún collar a mi hija en su nacimiento, o después de este-¿causó problemas en la noche?

-no alteza, es una niña realmente calmada, solo se desertó una vez, para un cambio-mientras nos sentamos a desayunar, Eva no paraba de hacer morisquetas y muecas a la bebé que reía encantada, "tal vez podría acostumbrarme a esto" pensé a mis adentros ver todos los días como Eva consentía y mimaba a nuestra bebita, verla crecer como una princesita en toda regla y tal vez, en un futuro, tener otro hijo, conocía algunos conjuros que podían ayudarnos en ese último asunto-la princesa ya tomó su leche, aunque la pobre Marian terminó medio mojada-casi me ahogué con la taza de té con leche que estaba bebiendo, al parecer Regina ya mostraba su carácter.

-ya andas haciendo tus travesuras con la chicas del castillo, ¿no es así mi princesita?-la pequeña, ajena a las palabras jugaba con su cadenita tratando de metérsela en la boca-Granni, avísale a los mensajeros reales que quiero que envíen el decreto del compromiso esta misma mañana, mañana en la noche se celebrará la fiesta, quiero que todo habitante de Rearnatario esté presente ente baile, para que conozcan a la nueva futura reina-sé que desmayarse no es digno de una reina ni de una gobernante, pero ¿Qué les puedo decir? Demasiada información hizo que mi cerebro colapsara.