Este capítulo había llegado a casi 9000 palabras. He tenido que partirlo porque era una exageración. A ver si os gusta :)

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Resumen Capítulo 17: Harry sabe por Lupin que Fred y George fueron atacados en Sortilegios Weasley. Ginny sufre otro desvanecimiento y mientras tanto, Mulciber y el enemigo misterioso discuten sobre el Imperius lanzado a su contacto en Hogwarts, y el fallido ataque de Callahan a los gemelos.


"Como muchas criaturas que moran en el frío y la oscuridad, ellos temen a la luz y al calor que nosotros utilizaremos si se hace necesario. Fuego, Harry." – Albus Dumbledore. Harry Potter y el Príncipe Mestizo.

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Capítulo 18: Hacia Hogsmeade

Viernes, 23 de octubre de 1998

Sala Común. Torre de Gryffindor

La semana transcurrió entre los nervios del último incidente, y los rumores. Eleanor Branstone apareció la misma noche de su desaparición, pero en estado de shock y con una desorientación muy similar a la de Ginny. Sus padres fueron avisados y recogieron a la muchacha para llevarla personalmente a San Mungo, en compañía de la profesora Sprout, jefa de la Casa. Al ser muggles, estaba muy confundidos acerca de la situación y cómo manejarla. De esta manera, la ausencia de Sprout provocó algo de retraso en las clases de Herbología; Neville trató de cubrir la mayor parte de las clases hasta tercero, en la medida que era compatible con su horario.

McGonagall no consintió ningún tipo de comentario sobre el incidente de Eleanor. Algunos alumnos habían aprovechado para soltar ciertos rumores que relacionaban hechos peculiares producidos en el Colegio, con Ginny Weasley. Tan sólo los alumnos mayores recordaban cuando, hacía ya seis años, ella fue poseída por el espíritu adolescente de Aquel Que No Debe Ser Nombrado, y volvían a revivir la misma situación.

Los entrenamientos de quidditch resultaron bastante pobres. Ginny siempre había sido una facilitadora dentro del equipo. Siempre había logrado sacar lo mejor de todos, y había logrado ser la que optimizara su rendimiento con sus bromas y su empuje. Sin embargo, los rumores y los comentarios parecían estar haciendo en ella tanta mella, como el hecho de tener inseguridad, el creer personalmente que tal vez sí tuvo que ver algo en lo ocurrido con Eleanor. Harry, sin embargo, se negaba en rotundo a pensar que eso podría ser verdad, y se encargó de restar puntos a todo aquel que siguiera esa línea. Incluido Gryffindor.

Según los días fueron pasando, pareció que la cosa se tranquilizó, pero los Slytherin estaban recelosos, los Gryffindor defendían hasta el final la inocencia de Ginny, los Ravenclaw eran más prácticos y consideraban todo una desafortunada coincidencia, y los Hufflepuff estaban divididos entre los que consideraban el hecho un mero accidente, y quienes pensaban que Ginny había tenido algo que ver para atacar a alguien de su casa. Alguien que además era hija de muggles. Y Ginny era de sangre pura. Demasiadas coincidencias.

En eso pensaba Harry, sentado en la Sala Común junto a Ginny, esperando la hora de cenar. Ella tenía la cabeza apoyada en su pecho, y por fin, parecía relajada.

"¿Quién lo habría dicho?..." murmuró ella con una pequeña sonrisa.

"¿El qué?" contestó él, mientras miraba la ventana que había junto a ellos, y donde podía divisar los nubarrones que amenazaban lluvia.

"Que eres una almohada estupenda. Calentito y achuchable."

Harry sonrió, sin dejar de mirar la ventana.

"Me alegra que me compares con Crookshanks. Es un gusto ser útil."

"Siempre lo eres." Dijo ella, con un matiz triste.

Se quedaron en silencio. Él acarició los mechones pelirrojos ausentemente, y ella empezaba a notar que el calor que desprendía Harry, las llamas y el movimiento suave y repetitivo eran como una poción para dormir.

"Harry." Susurró de nuevo, adormilada.

"¿Sí?"

"¿Vas a dejarme?" preguntó ella inesperadamente.

Harry paró las caricias de forma abrupta, y Ginny no se atrevió a levantar la cabeza y ver qué había pasado. Se quedó quieta, y extrañamente en ella, con miedo. Esperando la respuesta.

"Claro que no." Harry la arrimó más a él y besó a Ginny con dulzura. Ella suspiró y Harry sintió en su cara las lágrimas que caían por las mejillas de Ginny.

"¿Qué ocurre?" preguntó, preocupado, cuando apartó la cara de ella.

"¿Y si yo estoy causando eso…?. ¿Y si es verdad que está pasando lo de la otra vez?"

Harry negó la cabeza, testarudo.

"No. No tiene nada que ver. Voldemort murió. Y su criatura está muerta. La Cámara no se puede abrir, y yo destruí su diario."

Ginny bajó los ojos.

"Pero algo me sucede. Y algo sucede aquí."

Harry volvió a colocar la cabeza en su pecho y suspiró. Se alegraba que así Ginny no viese su cara. Porque estaba preocupado, muy preocupado.

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Sábado 24 de octubre de 1998

Sala común de Slytherin

Draco terminó el ejercicio de Transformaciones y escuchó a Tracey Davies contarle a Daphne sobre sus clases de EXTASIS en Cuidado de Criaturas Mágicas. Ninguno de Slytherin salvo ella había elegido esa asignatura para los EXTASIS, así que se enteró que tenía de compañero de tareas a una tal Mourag McDougal de Ravenclaw.

El tema realmente no le entusiasmaba. Siguió apuntando algunos comentarios sobre la imposiblidad de transformar objetos animados en inanimados. Tracey contaba que Hagrid había estado impartiendo clases sobre reptiles mágicos. Había logrado traer algunos dragones jóvenes, machos, de pequeño tamaño y aterradores. Eran de los más dóciles, entrenados para no atacar estudiantes o edificios, pero eso sólo parecía tranquilizar al entusiasmado profesor. Tracey criticó la decisión de traer "bestias peligrosas", pero lo cierto, es que se había obrado un cambio sorprendente en el ambiente del Colegio.

Ginny y Luna también hicieron algunos trabajos sobre las salamandras de fuego, y aunque seguían siendo criaturas voraces y peligrosas, al menos no daban tanto temor como los dragones. Durante el tiempo que estuvieron ocupados con las salamandras, Ginny sintió que no tenía tanto miedo por estar por los pasillos. Nunca la dejaban sola, pero empezaba a sentir que tal vez habían sido dos hechos aislados, y nada más.

Luna pensaba que las salamandras podrían neutralizar maldiciones, y que tal vez Hagrid tenía razón al considerarlas unas "mascotas maravillosas." Algo que por supuesto, nadie compartía. En cualquier caso, Hagrid fue de consuelo, como solía ocurrirles. Cuando iban a hablar con él, les escuchaba a todos, y entendía lo mal que lo pasaba Ginny; después de todo, él mismo sufrió rumores parecidos cuando fue expulsado de Hogwarts.

"La diferencia, es que Dumbledore no están con nosotros." Dijo con una voz sombría. "Dumbledore os habría creído."

Eso era cierto. Minerva McGonagall era más racional en algunos aspectos. Práctica, directa, no vio relación directa entre los desmayos de Ginny y sensaciones dispersas que le habían comunicado. Todos pensaban que tenía razón. Después de todo tampoco había nada consistente ni pruebas sobre que algo malo ocurría en el Colegio.

Harry sin embargo, tenía sus reservas. Y aunque comprendía la actitud de McGonagall, no podía dejar de pensar que hasta que no apareciera alguien con un cuchillo clavado en la espalda, nadie tomaría la situación en serio.

Por otro lado, Draco había logrado mantener un buen ritmo de entrenamiento de quidditch, aunque estaba empezando a hartarse de los comentarios ácidos de Blaise, acerca de sus últimas conquistas. Sabía de sobra que Blaise jamás osaría incluir en su listado a Granger, pero aún así empezaba a cansarse de escuchar siempre que tenían "gustos muy similares" y comentarios igual de ambiguos.

Draco iba bien en los EXTASIS, Hermione iba por delante de él, pero al menos estaba progresando en Defensa Contra las Artes Oscuras, gracias, extrañamente, a Potter. Claro que éste no hacía el ridículo más atroz en Pociones gracias a él, así consideraba que estaban a mano y que no le debía nada. Se estiró cuando cerró el libro de Transformaciones y decidió que podría bajar al Gran Comedor para el almuerzo.

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Invernaderos de Herbología

Neville estaba corrigiendo los trabajos que le habían dejado. Miró su reloj, y se dio cuenta de que, otra vez, se había olvidado de la comida. Todavía le faltaba por corregir todos los de tercer curso. Dejó la pluma en la mesa, y observó las plantas que tenía alrededor. Se había ocupado de mantenerlas, podarlas y alimentarlas en la ausencia de Sprout, y ahora que había vuelto tras el accidente de Eleanor, ella se estaba encargando de nuevo de las clases, pero Neville todavía tenía que terminar de corregir.

Oyó unos golpes en el cristal del Invernadero, y Neville giró la cabeza. Al otro lado del cristal estaba Hannah. Tenía una mano enguantada apoyada en el cristal, y parecía indecisa sobre si entrar o no. Neville suspiró y abrió la puerta, que no estaba ni siquiera cerrada con llave.

"Hola, Hannah. ¿Necesitabas algo?"

Hannah bajó los ojos y se apartó el flequillo intentando parecer natural.

"Sólo… quería venir a saludarte. No te he visto en toda la semana."

"He… estado ocupado." Eso era muy cierto. Cubrir parte de las clases de Sprout había sido agotador para Neville. Pero también se las había arreglado para esquivarla. Por alguna razón, Neville no quería encontrársela en los pasillos durante las pocas horas libres. Solía estar con Ernie, y no tenía sentido. Antes también pasaban mucho tiempo juntos. Pero ahora verlos juntos era algo que le hacía daño.

"No te he visto en la comida tampoco." dijo ella, mirando el invernadero.

Neville se sorprendió; debía de ser la primera vez que él dejaba una ausencia destacable. Y se mordió el labio.

"Hannah está con Ernie, no te hagas ilusiones. Está con Macmillan. Neville, no te hagas ilusiones. Que se fijara en que no estabas en el Gran Comedor no significa nada."

"…conmigo?"

"…no significa absolutamente nada, Neville…"

"¿Neville?"

Neville parpadeó. No se había dado cuenta de que Hannah le había dicho algo, y para variar en su despiste, no había escuchado nada.

"Disculpa, Hannah, no te he oído… ¿qué decías?" preguntó Neville, enrojeciendo.

Hannah no pareció ofenderse. Al contrario, sonrió a Neville, lo cual le desconcertó aún más. Su abuela, Augusta, siempre se enfadaba con él cuando su cabeza estaba en otra parte, y sus compañeros ya lo dejaban por imposible cuando Neville era el último en contestar o en volver de dondequiera que estuviese su cabeza.

"Vaya… me alegro que seas el de siempre, Neville." dijo ella, sorprendiendo a Neville todavía más. Él parpadeó, confuso, pero Hannah no dejó de sonreír. "Decía si querías venir con nosotros a Hogsmeade esta tarde… bueno… si quieres. Irás con Harry, Hermione… Luna… pero era por si querías…"

"¿Luna?"

"Tenía que terminar de corregir… no sé si podré ir." Se excusó vagamente Neville.

"Neville…" Hannah le puso la mano en el brazo. "Por favor. Me gustaría que vinieses. Yo mañana te ayudo a ponerte al día… haré lo que haga falta… Vente…"

Neville bajó los ojos, confuso.

"Está bien…" accedió finalmente.

"¡Bien!" Hannah juntó las manos enguantadas cerca de la barbilla. "Hemos quedado a las tres en la puerta, para organizar los alumnos con autorización, que Filch anda muy atontado últimamente…"

Neville sonrió.

"Es verdad, el otro día le vi hablando solo con una armadura. Hablar con retratos es una cosa, pero es que hablar con armaduras es muy distinto."

Hannah rodó los ojos.

"Si… se está haciendo mayor." Hannah metió la mano en el bolso que llevaba cruzado. "Toma, te he traido esto..." Puso en las manos de Neville tres sándwiches y una botella de cerveza de mantequilla. "Algo me decía que no habías comido por trabajo."

Hannah cerró el bolso y echó a andar. Neville ni se había dado cuenta de que había dejado de tener hambre, de la sorpresa.

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Entrada principal

"¡Autorizaciones!"

Filch miraba con cara de pocos amigos al numeroso grupo de estudiantes con sus permisos en la mano. Harry y Hermione se habían encargado de que cada prefecto recogiera los permisos de sus respectivas casas, algo que sorprendió tanto a Flitwick como al propio Filch.

"Así no tardaremos tanto… quitando los alumnos de sexto y séptimo que no necesitamos ya autorización, si tenemos que esperar como todos los años a los que se les ha olvidado en el baúl, los grupitos, los que han hechizado de broma la autorización de otros…"

Harry había sonreido por la sugerencia de Hermione. En cualquier caso, él tenía otra idea distinta sobre la excursión, ahorrarían tiempo yendo por su atajo habitual. Flitwick estaba riñendo a un grupo de alumnos de tercero sin permiso, y Filch estaba comprobando que todos las autorizaciones estaban en regla.

"Vámonos" dijo Harry con determinación. Ginny sonrió y salieron de la mano.

Draco frunció el ceño y miró con curiosidad a Hermione.

"Pero ¿es que no vamos a ir a Hogsmeade?" preguntó confundido.

"Claro…" respondió Hermione misteriosamente. "Pero no por ese camino."

"¿Y cómo piensas ir, Apareciendo?"

Hermione rodó los ojos, e iba a responder cuando una voz lo hizo por ella.

"Cuántas veces tengo que decir que no puede nadie Aparecerse en Hogwarts…" terminó por ella Ron, imitando la voz de Hermione con un tono agudo. Lavender iba a su lado, pero por una vez no se rió de la broma. Estaba mirando hacia atrás con envidia, especialmente al grupo de Padma, al que se había unido Parvati, y otros Ravenclaws, Dean y Seamus.

"Ron…" dijo ella. "¿Podríamos ir con ellos hasta Hogsmeade?"

Ron rodó los ojos cuando vio al grupo de Ravenclaws, y suspiró, resignado.

"Está bien… me debes una, que conste. La próxima iremos cómo yo diga."

Harry y Ginny vieron cómo Ron se marchaba con Lavender con una mirada de disculpa hacia ellos. Draco alzó los ojos, pero no dijo nada.

"Malfoy, una palabra de lo que vas a ver aquí, y lo lamentarás, estás ya avisado." murmuró indiferentemente Harry, extrayendo del interior de su túnica un pergamino doblado con extremo cuidado. Draco miró a Harry como si estuviese loco. Le iba a contestar, cuando Harry sacó la varita, pero no dijo la contraseña en voz alta.

Hermione entornó levemente las cejas; sabía que Harry no confiaba del todo en Malfoy, y se había dado cuenta que Harry no deseaba publicitar la contraseña del Mapa del Merodeador. Al menos, Harry había permitido que Malfoy presenciara que tenía un Mapa mágico de Hogwarts, y que utilizara uno de los pasadizos secretos. Draco, por el contrario, entornó los ojos: sabía que Potter sabía hacer hechizos no verbales, pero no imaginaba hasta qué punto.

"Potter, pensaba que ibas a hablarle al pergamino en Pársel. Qué lástima." murmuró burlón Malfoy.

Ginny torció la boca para contenter la risa. Pero Harry miró complacido y orgulloso a su rival y le mostró el Mapa.

"Veamos si viene alguien." dijo Harry simplemente.

"Espera…" Draco se asomó al Mapa y vio los puntos y los nombres moviéndose por el Castillo. Se localizó a sí mismo y al grupo en un santiamén. "Somos… nosotros…" murmuró muy sorprendido. "¿Qué mierda de Mapa es este, Potter?"

"Te daré la versión resumida, no quiero perder tiempo porque precisamente por eso vamos a usar el atajo. Es un Mapa que muestra a todo el mundo que está en Hogwarts, en todo momento, lo que hacen y dónde están. Cada minuto de cada día."

Malfoy miró a Hermione, que alzó las cejas en una expresión que decía "¡Sorpresa…!", y volvió a mirar a Harry, impresionado.

"¡Eso es magia avanzada!" Draco entornó los ojos. "Eso no lo has hecho tú. Tú no eres tan hábil, Potter. Habrá sido Granger…"

"Gracias por confiar en mis habilidades también, Malfoy." respondió Harry sarcástico. Consultó el Mapa para ver si la entrada de la Bruja Tuerta estaba despejada. "Pero lo hicieron mi padre y sus amigos." Volvió a tocar el Mapa con la varita en silencio y las líneas y puntos desaparecieron del pergamino. Lo dobló con cuidado y lo guardó. "Vamos, vía libre."

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Hogsmeade

Llegaron a Honeydukes y se las arreglaron para colarse en la tienda utilizando un hechizo que los distrajera, sacando a los dueños de la tienda. Harry y Ginny decidieron ir a Zonko's, mientras que Draco y Hermione pasaron un rato más en la tienda de dulces, ahora que no había todavía tanta gente. Sin embargo, al cabo de un buen rato, la tienda se llenó de golpe con los alumnos que ya estaban llegando, y cuya primera parada siempre solía ser Honeydukes. Satisfechos con las compras sin agobios ni aglomeraciones, Hermione y Draco salieron fuera de la tienda.

"Draco… qué bajo has podido caer. Alimentando a los sangre sucia." dijo una voz burlona en la calle.

Hermione apretó la mano de Draco y él se mordió la lengua para evitar responder, según salían de Honeydukes. En la calle, junto a la puerta estaban Zabini, Crabbe, Goyle, y un poco más lejos, a Daphne Greengrass y Tracey Davies, pero ellas estaban alejadas, mostrándose una a la otra los contenidos de unas bolsas. Los estudiantes iban y venían con paquetes de compras y mirando escaparates, casi todos ajenos al encontronazo.

Hermione tiró de la mano y empezaron a caminar, ella dispuesta a hacer caso omiso de Zabini.

"¿Tratar con una sangre sucia te deja sordo, Draco?"

Draco apretó la mandíbula y se giró, irritado. Hermione sin embargo, fue quien respondió.

"No estamos sordos." Contestó ella con frialdad. "Estamos ignorándote."

Zabini miró con un reflejo de odio en sus negros ojos, y se llevó un esbelto dedo a los labios, en un gesto lento, elegante y estudiado.

"Cht, cht... querida. No te he dado permiso para que hables." Le dijo a Hermione, con una sonrisa soberbia.

Draco sacó la varita absolutamente furioso por los insultos y la actitud de su compañero de Casa, y Zabini sacó la suya; Crabbe y Goyle parecían más confundidos, sin saber bien si debían intervenir, y si lo hacían, a favor de quién.

"¡Basta!" exclamó Hermione, agarrando del brazo a Draco. "¡Déjalo!. ¡Nunca ha importado nada lo que él diga, y menos en estos tiempos!. ¡'Sangre sucia' es un insulto que ahora ya no significa nada!"

Blaise no dejó de apuntar a Draco, pero miró de reojo a Hermione.

"Cuidadito… tal vez os pillen a todos los de tu especie desprevenidos, Granger." Respondió él, arrugando la nariz.

Draco avanzó un paso, y elevó más la varita, y Hermione seguía aferrada a su brazo, en un vano intento por apartarlo de allí.

"¿Qué insinúas?" preguntó despreciativo Draco.

"Como si no lo supieses…" Zabini contempló de arriba abajo a Draco. "Tanto tiempo mezclándote con traidores, mestizos y sangre sucia, que no sabes de qué va nada…" Apuntó para señalar a Hermione, que no sacó su varita, pero dio un pequeño paso hacia atrás, instintivamente. Crabbe y Goyle seguían mirando con aprehensión, sin saber si debían intervenir, o no. "Tienes genio, sangre sucia."

"¡Zabini!" exclamó Tracey, que acababa de darse cuenta del enfrentamiento. "¡Amenazar a una chica no es apropiado!"

Daphne, que iba junto a Tracey, miró a un grupo y a otro con el ceño fruncido.

"¿Chica?" Zabini bajó la varita de todas formas. "Yo sólo veo unos dientes de morsa con el pelo de estropajo."

"¡Ya está bien!" Draco avanzó hacia él, apuntando con la varita, pero Hermione lo detuvo, y Tracey y Daphne hicieron lo mismo con Zabini, que había elevado la varita al ver la reacción, previsible, de Malfoy.

"El que no se entera eres tú… ¡Voldemort ha muerto!" Respondió rabioso Malfoy, dejándose llevar por Hermione.

Zabini negó con la cabeza, sonriendo de medio lado.

"Su legado permanece, Malfoy. Puedes matar un hombre, pero no puedes matar su idea."

Draco abrió la boca ligeramente, y Hermione se colocó junto a él. Los tres Slytherin echaron a andar; Daphne y Tracey se fueron en camino opuesto.

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"Malfoy..." murmuró Hermione cabizbaja. Draco caminaba con la mandíbula tensa, y parecía que se negaba a mirarla. Y ella sabía que él se había disgustado porque ella había evitado que se enzarzara en un duelo contra Blaise. "Sólo quiero... es decir... bueno..." Hermione se enfadó consigo misma, porque de manera increíble se había convertido en una de esas chicas que solían derretirse cuando Draco las miraba, que se sonrojaban y tartamudeaban como si fuesen idiotas en su presencia. Ella, que siempre se había sentido orgullosa de su elocuencia, ahora sólo balbuceaba las palabras.

Draco la miró de reojo, y caminaba más despacio, y sonrió, hasta que se detuvo en plena calle e inclinó la cabeza para mirar a Hermione con una sonrisa burlona, sin querer interrumpir el confuso discurso de la chica. Granger no fingía desmayitos, ni daba grititos cuando le veía, ni tampoco se le quedaba mirando atontada y boquiabierta, a diferencia de las otras chicas.

Pero Malfoy disfrutaba cada segundo precisamente de la confusión de Hermione, y ni siquiera se molestó en echarle una mano, lo cual le resultó más embarazoso a Hermione.

"Te agradezco que... me defendieras delante de Blaise, Crabbe y Goyle..." dijo ella en voz baja, todavía con la cabeza agachada. "Hum... allí... antes..."

Draco abrió la boca, sin soltar la sonrisa de los labios, y se cruzó de brazos. Hermione se sintió aún más abrumada... "Allí, antes"... no podía sonarle a ella más idiota, y se puso aún más nerviosa cuando Hermione cayó en la cuenta de que estaba quedando como una panoli. Imaginaba que Draco pensaría que era tonta de remate. Draco le puso el brazo sobre los hombros y la besó sin más; por algún extraño motivo, el barboteo de Hermione le había parecido muy incitante.

Ella abrió la boca en sorpresa, y colocó las manos enguantadas a ambos lados de la cara de Draco, y dejó que él explorara su boca con calma, deleitándose en cada sensación que le provocaba. Draco se separó de ella y repasó con el dedo los labios ligeramente hinchados por el beso. Y recordando que ella le había dado, de una forma muy inusual para ser ella, las gracias, sonrió con placer. Le encantaba ponerse por delante de ella, y sacarle ventaja.

"Ya... no me cuesta nada sacar la varita y amenazar..." dijo finalmente él con una sonrisa malévola. "¿Entramos a Las Tres Escobas y te invito a tomar algo?"

Hermione apoyó la cabeza en su hombro aliviada, y se dejó llevar. Fuera del pub de la Señora Rosmerta, la calle estaba llena de estudiantes curioseando los escaparates, y casi todos haciendo algunas compras y encargos, aprovisionándose hasta la siguiente visita, o comprando de cara a la fiesta de Halloween en la semana siguiente. Risas, grupos, parejas... todos caminando en todas direcciones entre las casitas pintorescas de tejados oscuros.

Draco abrió la puerta y Hermione entró al calor del pub. Había varios grupos de alumnos, y distinguió una mesa libre, de las pocas que quedaban, cerca de la pared del fondo. No era un sitio excelente, pero era el mejor de los que quedaban. Risas, conversaciones, bebida... Draco se fue directamente a la barra para traer unas bebidas para él y Hermione. En un santiamén, Draco trajo dos jarras enormes de cerveza de mantequilla, con cuidado de no derramar su contenido. Se sentó con un suspiró y dio un buen trago a su cerveza, y miró a Hermione, que se mordía los labios, como si casi esperara una reprimenda.

"¿No te enfadas por haberte detenido ante Zabini?" preguntó ella.

"Te trata como una mierda, te llama sangre sucia, y tú simplemente me pides que lo ignore, que pase de él…" dijo él tranquilamente. "Me dan ganas de echarle una maldición hasta hacer que ni su madre lo reconozca… No entiendo cómo lo has defendido…"

Hermione estaba sentada a su lado; se acercó más a él y le tocó la mano suavemente, y bebió un poco de cerveza de mantequilla.

"No lo he defendido." respondió ella en voz baja. "Sólo me niego a seguirle el juego. Te está provocando, y lo sabes. El prejuicio existe y existirá siempre, pero no voy a molestarme en malgastar mi aliento en hechizos por una babosa de mente cerrada y cuadriculada, alguien que se cree mejor que yo porque piensa que la calidad de su sangre es mejor y más mágica que la mía."

Draco apretó los labios. Era verdad que él pensaba así hasta que la conoció y se le derrumbó uno de los cimientos inalterables que habían sostenido todas sus creencias.

"A lo mejor a ti no te importa lo que te llame, pero a mi sí." respondió él testarudo y volvió a besarle la boca, de nuevo despacio, rodeó con su brazo para sujetarla de la nuca y evitar que ella se separara, que hablara, y le contradijera. Hermione sintió los dedos cálidos de su otra mano, acariciádole la cintura por debajo del jersey que llevaba. Y fue Draco quien se apartó de ella, pero sin soltarla. "Nadie puede llamarte sangre sucia. Sólo yo."

Hermione se quedó callada. Ni siquiera recordaba cuándo fue la última vez que él la había llamado "sangre sucia". Lo cual significaba que si sólo él podía usar ese descalificativo, nadie lo iba a usar, y menos en su presencia. Conmovida, Hermione apoyó la cabeza en su hombro con una pequeña sonrisa, se apretó contra él, y dejó que él siguiera con sus caricias.

"Te agradezco que me hayas defendido, y que me digas que te importan esos insultos. Pero no tiene importancia, de verdad. Sólo demostrándole que tienen importancia, le das alas, y echándole un maleficio sólo demostraría que tienes una debilidad."

"Yo no tengo ninguna debilidad." Respondió Draco con el acento de niño mimado y solvente. Ella no movió la cabeza de su hombro, y sonrió mucho más. Tenía cariño a ese acento entre creído y cabezota que él ponía.

"Todo el mundo la tiene. Zabini, Harry, yo…"

"Ellos sí, pero yo no. Soy perfecto." respondió él, como si fuese una verdad incuestionable.

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Al cabo de un rato, entraron Harry y Ginny, entre solemnes y misteriosos. Y les dijeron a unos sorprendidos Draco y Hermione que fueran con ellos a otra parte. Sin más explicaciones, pero muy excitados.

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Tetería de Madame Pudipié

Ron movía el pie debajo de la mesita con un movimiento nervioso. Lavender sin embargo, tenía la barbilla apoyada en su mano, y tocaba con el índice y con una risita al querubín que se acercaba y soplaba polvitos de hada y se iba riendo y revoloteando.

"¡¡ACHIIIÍS!!" estornudó Ron ruidosamente. "Creo que soy alérgico a…" miró alrededor. Parejitas besándose, algunas demasiado ruidosamente. Cortinas y mesitas con mantelitos bordados y encajes. Tacitas de té de porcelana con los bordes redondeados en graciosas formas e hilo dorado. "...a todo..." finalizó malhumorado.

Ron intentó coger la tacita que tenía su té con polvitos de hada, y el dedo ni siquiera le pasaba por el asa. Pensó que era alérgico al lugar, entero.

"No sé cómo hay gente que no quiere venir aquí. ¡Es todo tan moooono!" exclamó ella, ajena a las dificultades de Ron de coger su tacita con los dedos, teniendo el cuenta el tamaño de la asita de porcelana, o las dificultades que tenía para encajar las largas piernas debajo de una mesita diminuta.

"¿Han lanzado un Reducto a este lugar?. ¿O tienes que tener el tamaño de un elfo doméstico para venir aquí?" gruñó él. Ron deseaba estar comprando dulces con Harry, o incluso estaría eligiendo artículos de broma con Malfoy, por supuesto para usarlos el uno contra el otro. Cualquier otra, antes que estar en ese ridículo sitio.

Lavender sin embargo, estaba riéndose con los querubines tan graciosos que revoloteaban y que daban, en su opinión, un aspecto encantador a la tetería.

Ron miró a través de los encajes de las ventanitas, y se fijó en los estudiantes que pasaban riéndose, hablando o corriendo por la calle. Y él ahí, encerrado. La puerta se abrió y entraron Parvati y Padma, riéndose juntas. Lavender saludó y las chicas acercaron unas sillas.

"Hola Ron" exclamaron las gemelas al tiempo.

"Hola…" murmuró él, mirando por la ventana. Las chicas empezaron a hablar del tal Stephen y del tal Kevin de Ravenclaw, y Ron desconectó totalmente la conversación. Habían venido con ellos y con Seamus y Dean hasta Hogsmeade, pero Lavender había arrastrado a Ron a la tetería, para disgusto suyo.

"Huh… voy a darme una vuelta… me estoy mareando…" murmuró Ron.

Lavender ni le hizo caso; las tres empezaron a cuchichear, y Padma levantó la mano hacia la Señora Pudipié para pedir tres cafés.

Ya en la calle, Ron salió a la calle principal para ver a los estudiantes paseando y mirando los escaparates. Se apoyó en la pared, abatido. Observó su entorno con intención de buscar a Harry o Hermione, pero no los diferenciaba de toda la cantidad e cabezas que iban y venían por las calles y las tiendas. Golpeó el suelo con la punta del zapato, visiblemente contrariado.

Distinguió la melena rubia de Luna, que estaba de pie, mirando la tienda de Plumas de Scrivenshaft. Era la primera tienda que uno se encontraba tras salir de la callejuela de la Tetería de Pudipié. Ron echó un vistazo a la callejuela de la Tetería, y fue hacia Luna.

"Hola Luna."

Ron se sintió súbitamente cohibido. Tantos estudiantes, y estaba Luna sola, como él estaba ahí, solo. Luna miró a Ron y sonrió.

"Hola Ronald. ¿Dónde está Lavender?" preguntó, volviendo a admirar el escaparate con la gran variedad de plumas de escritorio que mostraba.

"En la Tetería, con Padma y Parvati." respondió él, como de trámite. "¿Cómo es que no estás con Harry o Ginny, o Hermione?. ¿Has venido sola?"

"Sí, he venido sola. Estáis todos emparejados." contestó ella llanamente. "Es incómodo cuando las parejas que están a tu alrededor se dan besos, no sabes dónde mirar."

Ron se sintió un poco mal. Es verdad que era incómodo estar con un montón de parejas si tú no tenías ninguna, y no se le había ocurrido pensar que dejabas de lado a tus amigos por ese motivo.

"Yo ahora no estoy emparejado." dijo él. Luna lo volvió a mirar, e inclinó la cabeza, con curiosidad, en silencio. "Bueno... quiero decir, que ahora no estoy en plan pareja con Lavender, digo…" Ron se sintió más incómodo. No sabía cómo decirle que ahora mismo Lavender no estaba ahí, y punto. Tal vez diciendo "Lavender no está aquí", pero optó por cambiar de tema. "Déjalo…" suspiró. "¿Vamos a buscar a Harry?"

Luna sonrió.

"No hace falta que los busquemos. Yo sé dónde están. Están con tus hermanos."

Ron pestañeó.

"¿Cómo?. ¿Con mis hermanos?"

"Con Fred y George."

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Sortilegios Weasley (sucursal de Hogsmeade)

Ron se quedó boquiabierto cuando entró en la pequeña tienda y vio a Harry y Ginny, Hermione y Draco sentados en unos cojines en el suelo, y con unas cuantas botellas de cerveza de mantequilla, pastel de calabaza y unos sándwiches.

"¡Ron!" Fred les había abierto la puerta, que chirriaba y estaba sucia. "¡Cuánto bueno por aquí!"

Ron gruñó, y dejó que Luna escogiera un cojín.

"¿Se puede saber por qué no habéis avisado de que estáis aquí?"

"Hermanito, no podíamos interrumpir tu romántica cita en la tetería…" dijó George, lanzándole una botella de cerveza de mantequilla. Ron la atrapó, echándole una mirada asesina.

"¡Buena parada, Ronniekins!" exclamó Fred. "Pero ese será mérito del Profesor Que Enseñó, del Capitán Que Sobrevivió, y no tuyo. Apuesto a que sus entrenamientos son aún más terroríficos que los de Wood."

George estaba desenvolviendo un sándwich y le dio un enorme mordisco. Ron se sentó entre Luna y Ginny, y apretó los labios, enfurruñado.

"Pensándolo bien, creo que no hay entrenamiento más duro que el de Wood." comentó Fred pensativo.

"¿Entonces qué tal tu cita romántica?. ¿Tenemos que llamar 'hermanita' a Lavender ya, no todavía no?" preguntó George tragando su sándwich. "¿O basta con decir 'Lav-Lav'? A mamá le encantará llamarla ásí..." añadió con una sonrisa maquiavélica. Ron enrojeció de indignación, siempre hacían eso con él sus hermanos.Daba igual el momento, la edad o el lugar. Nunca cambiarían.

Draco hizo además de añadir algún comentario del mismo tono, pero Hermione le metió un trozo de pastel en la boca. Ron miró de soslayo a Luna, que estaba más interesada en mirar el local a medio reformar, que en la conversación.

"No recuerdo haber ido en mi vida a una cita a ese lugar." murmuró Fred, de nuevo analítico, mientras le daba un trago a la botella.

"Ni yo." respondió George. "¿Quién demonios es tan idiota de ir a ese sitio?"

"Ah… cómo echo de menos la Casa de los Gritos… qué momentos…" suspiró soñador Fred, con un brillo maligno en los ojos, recordando alguna cita clandestina. Draco quiso volver a hablar, pero Hermione le volvió a callar con otro pedazo de pastel.

Harry carraspeó incómodo, sintiéndose el idiota por haber ido a ese sitio. Desde que fue con Cho, no había vuelto a ir, y no tenía intención. Ginny se cruzó de brazos.

"Ron, muy pocas personas saben que Fred y George están aquí." dijo Ginny. "Contádselo."

"¿El qué?" preguntó George inocentemente. "¿Contar qué?"

Ginny alzó las cejas e inclinó la cabeza, como hacía su madre cuando tenía que enfrentarse a sus revoltosos hijos. George se estiró descaradamente, y Fred se sentó de un salto en el viejo mostrador, echando un trago a la cerveza de mantequilla, quedando a más altura que el resto, que quedaban sentados en el suelo alrededor de la comida.

"Parece que hay alguien por ahí..." Fred elevó la botella para señalar fuera del local. "...que nos tiene un poco de manía. Así que hemos escogido un exilio productivo…"

"Sí." Continuó George, mientras tiraba al aire una avellana y la capturaba con la boca, como si lo que contaran fuese algo normal y corriente. "Estamos preparando la apertura de Sortilegios Weasley en Hogsmeade."

"¡Es genial!" exclamó Ron, abriendo la botella de cerveza de mantequilla. "¿Y por qué no habéis abierto antes? Ahora habría sido la mejor época… antes de Halloween precisamente. Además… ¿no queríais comprar Zonko's?"

"Hermanito…" explicó Fred, apoyando las manos en el mostrador, y estirando el cuerpo hacia atrás. "El tema es que nos ha costado un poco encontrar un local decente. Este era el mejor… cerca de Las Tres Escobas… y además, ya que lo preguntas, sí que compraremos Zonko's, pero mantendremos la marca. Hemos pensado que tiene demasiada popularidad en sí misma, y es una competencia interna que seguro que nos da más beneficios."

Todos miraron asombrados a los gemelos, y su indudable instinto comercial. Harry se quedó boquiabierto; realmente nunca se había planteado estrategias ni estudios de mercado. Pensaba que llegaba y abrían Sortilegios Weasley y nada más. Pero Fred y George sí sabían de su negocio, ahora no cabía la menor duda.

Ron le dio la botella a Luna, y se abrió otra para sí mismo. Miró alrededor escéptico, el local que habían escogido sus hermanos para abrir Sortilegios Weasley llevaba mucho tiempo cerrado.

"Sí, tenemos un poco de trabajo adecentándolo." comentó encogiéndose de hombros George. "Hemos arreglado la parte de arriba y el almacén. Si no podemos vivir aquí ni guardar la mercancía, no podemos abrir."

"¿Y cómo habéis dejado Sortilegios Weasley en el Callejón Diagón?" preguntó Ron dándole un trago a su botella.

"Esa es la parte interesante. De momento nos hemos tomado un descanso, por eso estamos más ocupados aquí." Hizo una pausa dramática, y Fred soltó un "¡Chan, chan!" para incrementar el efecto.

"Nos atacaron." añadió George simplemente, comiéndose al vuelo otra avellana, como si hubiese anunciado el resultado del Irlanda-Croacia.

"¿¡Qué!?"

ooOOooOOoo

Se marcharon de Hogsmeade con una sensación extraña. Supieron por Fred y George que un extraño individuo los había atacado, y su intención no era precisamente echarles un maleficio, o extraerles información. Todos miraron a Draco como si él pudiese saber algo, pero estaba tan confundido como el resto.

En el camino, se encontraron a los Hufflepuffs y a Neville, caminando detrás del grupo junto a Hannah Abbott. Hermione y Ginny sonrieron, y siguieron andando. A lo lejos, Parvati, Padma y Lavender estaban con unos Ravenclaw que apenas conocían, aunque eran los que habían ido con Ron y Lavender hacia Hogsmeade.

"Weasley, tu novia está allí." exclamó Draco, caminando con el brazo alrededor de los hombros de Hermione. Ron, que caminaba delante de ellos, se dio la vuelta hacia Draco, y se detuvo un momento.

"¿Novia…?" Ron estiró el cuello, y Draco rodó los ojos. Sólo Weasley se olvidaría de quién es su novia. "¡Lavender!"

Hermione alzó las cejas y movió la cabeza; a Ron se le había olvidado que había dejado a su novia tirada en alguna parte, y hasta ese momento ni había caído. Sólo le había faltado darse una palmada en la frente recordándola, o haber chascado los dedos murmurando "novia… novia… cómo se llamaba…". Luna hasta entonces había caminado al lado de Ron, y miró con curiosidad a las hermanas Patil.

"A veces vienen juntas a mis clases de Trelawney, a escuchar solo, ellas no son de sexto curso…" murmuró místicamente. "Se parecen mucho… como Fred y George…"

"Luna…" Ginny iba andando al lado de Harry. "Son gemelas. Y mis hermanos, también. Son gemelos."

"Ah… claro… eso lo podría explicar…" dijo ella, mirando al grupo de Ravenclaws, bajando el tono hasta un quedo susurro al final.

Todos iban callados siguiendo el camino que los llevaba de vuelta a Hogwarts. Fred y George confirmaron que no conocían al tipo que los atacó, y sin duda, habían ido a matar, no a extraer información. Dudaban que fuese un simple ladrón que iba a por la recaudación del día; dudaban que hubiese algo en Sortilegios Weasley lo suficientemente valioso como para dar a matar.

"Si ni siquiera tenemos un pedazo de alma de Voldemort. Lástima, el héroe Potter terminó con todas las existencias…" había bromeado Fred como si el asunto fuese objeto de negocio en su tienda.

Según salieron, Harry se había quedado un momento hablando con ellos, antes de reunirse al grupo y volver por el camino habitual a Hogwarts.

"Os sonará raro… pero… ¿habéis curioseado alguna vez por las mazmorras? Están sucediendo cosas digamos… peculiares… por Hogwarts. Y he consultado el Mapa; no da información sobre las mazmorras, excepto la zona de las clases de Pociones, o los dormitorios de Slytherin."

"Harry ¿de verdad te interesa tanto llevarte bien con Slughorn?" preguntó extrañado George, con una sonrisa burlona.

"Ay… Harry, Harry, Harry..." le había comentado condescendiente Fred, en una perfecta imitación de Lockhart, mientras le ponía una mano en el hombro. "No está bien querer cambiarte de Casa… a estas alturas, pasarte a Slytherin…" movió la cabeza como si Harry no tuviese remedio.

"¿Qué?" preguntó Harry, y rodó los ojos. "No, escuchad. Hay una parte de las mazmorras… que no estoy seguro de que hayan sido exploradas alguna vez. Va, ya en serio ¿vosotros habéis estado por alli?"

Fred y George se miraron antes de responder a Harry.

"Alguna vez intentamos echar un vistazo por allí. Pero la zona es bastante sosa. Sucia, oscura y fría. Filch solía repetirnos que era una lástima que ya no hubiera castigos decentes a los estudiantes como cuando los colgaban toda una noche por los pulgares." George se estiró. "Realmente perdimos interés."

"Pero se puede entrar… ¿no?"

Fred inclinó la cabeza, pensativo.

"A veces no nos funcionaba el ir a buscar las mazmorras. Sólo si pensábamos en encontrarlas… no en buscarlas"

Harry se pasó una mano por el pelo, sopesando las posibilidades. Se llevó la mano al pecho, donde tenía guardado el Mapa del Merodeador en el bolsillo interior de la túnica. ¿Quién había sido un experto en Hogwarts, en recorrer el Castillo, sus rincones y sus secretos?. Y miró a los gemelos con una súbita idea.

"Lupin…"

ooOOooOOoo


Bien, pues he cortado el capi hasta aquí, porque era extremadamente largo. Os comento cosas: necesito que comprendáis que, desde su punto de vista (el de los personajes), no pueden hacer una relación automática entre lo que ocurre en Hogwarts con lo que le ocurrió a Penelope y a Percy."Nosotros" sí sabemos que hay relación. Por eso ellos son más "lentos" al enlazar hechos, y por supuesto, están mucho más confundidos que nosotros.

Parvati y Padma en las pelis no son gemelas, sino mellizas. Aquí, según lo que dice Luna, parece que son gemelas, pero tampoco tiene mucha importancia.

La frase de Zabini, "Puedes matar un hombre, pero no puedes matar su idea" parafrasea una de Simon Peres, "Puedes matar a cientos, puedes acabar con una vida, no puedes matar una idea", o la de J.F. Kennedy "Un hombre puede morir, las naciones pueden nacer y caer, pero una idea siempre perdurará." Es decir, puede morir Voldemort, pero su legado no muere con él. Ésa es un poco la idea de todo el fic.

Finalmente, tenía pensado escribir sobre la Navidad en Hogwarts ahora, coincidiendo con las Navidades, pero no lo veo factible. Tal vez en Año Nuevo sí, pero no lo sé seguro. Tengo mucho que contar todavía, y no quiero precipitarme y meter la pata. Si sirve de algo, a quienes leéis La Maldición de los Black, ahí sí que habrá un especial Navidad. :) ¡Ah! También me habéis preguntado mucho por Percy... tiene gracia. Es un personaje que apuesto a que nadie preguntaría, o no echaría en falta tanto como aquí, o cuando empezásteis la historia. Me alegra que se le eche de menos :). Sí, aparecerá, y ojalá que regrese a casa por Navidad. Sería el mejor regalo para Molly.

Os quiero dar las gracias a todos los lurkers que seguís la historia, y todo mi cariño a vosotras: Cristhine (doble!), lara evans, CrissBlack, Sortilegios Weasley, Lil-Evans, Sabaku no Akelos, Erea, blackstarshine, XKelidaX, Nicole Daidouji, Yedra Phoenix, Hikaru H.K, Isa Malfoy, rosa, princesaartemisa, Alania Balakirev, marita.

¡Editado!: Ya hay una lectora que ha adivinado quién es El Enemigo. ;) pero no os molestéis en buscarlo en los reviews, ha tenido la delicadeza de enviármelo por PM. A ella, gracias por guardar el secreto :)

A todas/os, os deseo unas felices fiestas, que paséis una Navidad excelente con vuestras familias y amigos. Que recibáis la llamada o el mensaje que no esperabais, el regalo sorpresa y emotivo, o la emoción olvidada. Feliz Navidad.

Próximo capítulo: 'Miedo en Halloween'