¡Hola! Me sorprendéis cada día más. Esta vez, porque el capi anterior se hizo corto. ¿Corto?. ¡Eran más de seis mil palabras! Bueno, creo que es mejor que digáis que se hizo corto a "se hizo largo" (que suena a "vaya rollo interminable" XD)

Dejamos en el anterior capítulo a Harry rompiendo el premio que le dio el Ministerio, a Umbridge haciendo demagogia para seguir ganado popularidad, a Fred y George que han visto a Hermes rondando Hogsmeade, a un licántropo bajo el Imperius atacando a un estudiante de Gryffindor, posiblemente quedaría con heridas similares a las de Bill Weasley, a Draco y Hermione salvando la situación y a Draco en la enfermería aunque no es grave.

Bien. Como sorpresa, hoy os traigo a Percy. Su fragmento es muy revelador de su situación, y sobre todo, tenéis que leer mucho entre líneas.

Os dije en el anterior capi que "Miedo en Halloween" trataba de temores personales. Pues aquí exploro temores de varios de ellos, (Ron, Ginny, Harry, Fred, George, Hermione…) y no sale Draco. Pero os compensaré, fans del rubiales xD.

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Resumen Cap. 19: Tal y como habían previsto hacer, durante la celebración del aniversario de la muerte de Voldemort, un licántropo bajo el Imperius de Mulciber ataca a unos estudiantes. La intervención de Draco y Hermione logra que el agresor sea arrestado. George descubre que Hermes está por Hogsmeade, y junto a Fred, tienen la esperanza de que Percy pueda estar cerca.

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"Mujer idiota (Dolores Umbridge). Nunca me cayó bien." – Horace Slughorn. Harry Potter y el Príncipe Mestizo.

"Creo que alguien me contó una vez una historia de que había una Cámara Secreta en Hogwarts…; a lo mejor fue Bill" - Ron Weasley. Harry Potter y la Cámara de los Secretos.

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Capítulo 20. Miedo en Halloween 2ª parte

Sábado 31 de octubre de 1998

Gran Comedor

Ron estaba sentado en la mesa de Gryffindor, dándose un auténtico banquete. A su alrededor, charlas, risas, confidencias. Y rumores.

Y los rumores que circulaban eran que Harry, para la comunidad escolar, se había comportado como el héroe que estaba destinado a ser. Había dejado en evidencia al Ministerio, prolongando su tradicional enemistad.

Y sin embargo, y paradójicamente, quien estaba ganando su propia batalla era Umbridge. De un momento a otro, todo el mundo esperaba que Scrimgeour dimitiera del cargo, o cayera por una moción de censura. Dolores Umbridge era, a vista de todos, la auténtica líder.

Harry y Ginny se habían ido enseguida. Ron no prestó mucha atención en cuanto vio un sabroso solomillo con salsa de champiñones y el centro de la mesa, llena a rebosar de postres y golosinas. A diferencia del Salón de Té de la Señora Pudipié, su estúpido confetti y ridículo polvito de hadas, Ron no tenían ningún problema con las serpentinas naranjas de Hogwarts dispuestas por Halloween y que caían sobre los platos. O incluso por los murciélagos vivos que revoloteaban el techo. El Comedor estaba plagado de calabazas iluminadas, todas ellas tenían sonrisas maliciosas.

Saciado, hablando de quidditch y de las próximas partidas de ajedrez que echaría con Seamus y Neville, Ron cayó en la cuenta de que en esos momentos echaba de menos a sus amigos, especialmente Harry y Hermione. Ellos estaban emparejados. Y a decir verdad, él también ¿no?

Lavender estaba riéndose con un chiste que contaba Dean, sentado delante de ella. Y Ron descubrió, sorprendido, que tampoco se sentía desplazado. Se sentía desplazado por Harry o Hermione. Que Lavender se riera de los chistes de Dean o de cualquiera le daba lo mismo.

Ése era también otro descubrimiento desconcertante. Y se preguntó si Harry y Hermione se sentirían igual que él. Si ellos estarían echándole de menos también.

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Dormitorio de alumnos de 7º. Torre de Gryffindor

Harry y Ginny esquivaron el festín de Halloween, conocedores de que estaban todos los alumnos encantados con el banquete. El primero sin Voldemort. El primero en el que la población mágica era libre. Estaban en la cama de Harry, olvidando que hacía ya 17 años, precisamente Voldemort había asesinado a sus padres. Halloween no era un día de celebración para Harry.

Ginny besó la boca que siempre estaba habituada a ver con gesto burlón, sonriente o pensativa. Ahora eran unos labios apasionados, duros y suaves por turnos. Exigentes y dulces por turnos. Le volvían loca. Querían estar juntos, y no podían haber encontrado un momento más anhelado, más desesperado. Las manos de él habían estado en todas partes, acariciándola y atrayéndola hacia él con desesperación.

Ella miró los ojos verdes y sonrió a Harry. Y bajó la cabeza para colocarla sobre su hombro. Estaba con él, pero Ginny sentía que Harry era tan inalcanzable, tan perfecto, tan lejano, como ella siempre sintió desde que lo había visto por primera vez, hacía siete años. Demasiado para ella. Temía que él la dejara de lado. Que encontrara a alguien más guapa, más rica, más elegante, más inteligente y mejor. Y que no estuviese volviéndose loca. Y Ginny moriría si eso le llegara a pasar.

"No te atrevas jamás a separarte de mi." Le susurró, vocalizando un deseo personal y un temor íntimo.

Harry no se movió. No quería saber qué escondía esa frase, porque él sabía que era ella, y nadie más. Abrazó a Ginny y miró el techo de su cama. Y suspiró, mientras acariciaba los mechones pelirrojos.

"Te quiero, Ginny Weasley." Dijo Harry, finalmente, como única respuesta. La única válida en ese momento. Y Ginny lloró. Y Harry sintió que, a diferencia de Cho, las lágrimas de Ginny las entendía y las aceptaba, porque esas lágrimas eran la respuesta que él había temido que Ginny no le iba a dar.

En unos minutos, salieron hacia la Sala Común para pasar el resto de la noche junto a las llamas, bien abrazados. Ya no necesitaban más.

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Gran Comedor

Ron declinó ir con Seamus, Parvati, Dean, Padma, Lavender y el tal Stephen Cornfoot y Kevin Entwhistle a algún aula vacía. Lavender sin embargo, tampoco se quedó con él, cosa que Ron, extrañamente, agradeció.

Llevaban poco menos de dos meses juntos. Y aunque a Ron le hacía gracia las cosas de Lavender, su sentido del humor, su conversación ligera (Ginny decía "sí, claro, ligera… más bien descerebrada y superficial"), en el fondo Ron se preguntaba si estaba con ella porque los demás estaban emparejados. Miró a Neville. Estaba hablando en la mesa de los Hufflepuff con Hannah. Y se preguntó distraídamente qué tendrían entre manos, si ni siquiera ya coincidían en clases con ella, que había repetido sexto curso.

Y miró la mesa de Ravenclaw. Luna estaba haciendo una montaña con varios dulces con la varita. Y se acercó con curiosidad.

"Hola Ronald." Dijo ella tranquilamente, mientras agitaba la varita.

"Hola Luna… bonito… oso…" dijo Ron, mirando con curiosidad la montaña informe de chocolate.

"No es un oso, es un Umgubular Slashkilter. Cuando he visto hoy al Ministro, me he acordado que Fudge tenía uno seguro. Y me he decidido a hacerlo de chocolate. Es porque en Halloween pega más. ¿Crees que está bien conseguido, o necesita más chocolate? Yo creo que la panza es muy pequeña…"

Afortunadamente para Ron, no había ya estudiantes alrededor en la mesa de Ravenclaw que pudiesen ver la cara que había puesto, mezcla de perplejidad y desesperante paciencia con Luna y sus criaturas raras e imposibles. Se sentó delante de Luna. Claro, que no sabía bien qué responder, si para variar no tenía ni remota idea de lo que era ese bicho.

"Hum… supongo que sí, que es clavadito a un Umbridgelar Slashgutter"

Luna soltó una risita, sin duda el hecho de que Ron nunca se acordara de las criaturas fascinantes que poblaban el mundo le parecía hilarante. Dio un toque de su varita, y terminó su obra de arte.

"¿Quieres un poco?" ofreció ella. "Yo ya he comido mucho."

Ron no esperó, arrancó un brazo de chocolate de la criatura-como-se-llame. Estaba lleno pero era imposible para él rechazar comida cuando se le ofrecía.

"¿Nos vamos a dar una vuelta?. Si me quedo aquí puedo explotar de tanto dulce." Comentó Ron con la boca llena de chocolate.

Luna sonrió y miró fijamente a Ron.

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Pasillos del Primer Piso

Luna y Ron paseaban por uno de los corredores del primer piso. Los bancos de madera estaban vacíos, la alfombra roja y doraba recordaba mucho a las que había en la Torre de Gryffindor, y los retratos estaban charlando tranquilamente unos con otros. El Gran Comedor tenía telas de araña especialmente conjuradas para Halloween, simulando que el Castillo de Hogwarts no sólo era mágico, sino que estaba encantado. O peor, maldito.

Había calabazas y fantasmitas por todas partes. Flitwick se había esmerado para que hubiese esqueletos danzarines, calabacitas flotantes y risotadas maléficas cuando se abrían y cerraban las puertas que daban al Gran Comedor. Las cortinas ululaban como si hubiese un viento alrededor que las agitaba. La sensación de estar en un castillo tenebroso estaba así acentuada. Los retratos se divertían apareciendo de golpe y dándoles sustos a los alumnos que pasaban cerca.

Pero las telarañas ponían muy nervioso a Ron. Aunque supiese que no había arañas de verdad, prefirió salir de la zona decorada y pasear por el Hogwarts normal. Sin arañas imaginarias. Sin decoración escalofriante.

"¿Te has enterado?" preguntó Ron mientras pasaba la mano por los bancos de madera según caminaban.

Luna tenía la mirada puesta en las ventanas, el agua caía como si estuviesen lanzándola desde un grifo. Ningún estudiante iría a dar un paseo al exterior con semejante tiempo.

"¿De qué?" preguntó ella suavemente.

"Han atacado a un estudiante en el Bosque Prohibido. Hermione y Malfoy lo encontraron, y consiguieron que Kingsley Shacklebolt se lo llevara de allí. Malfoy está herido todavía y el alumno es de Gryffindor, pero no recuerdo su nombre."

"Era Euan Abercrombie. O Harry Potter. O Ginny Weasley." Contestó ella tranquilamente.

Ron parpadeó.

"¿Qué quieres decir?"

Luna se detuvo cuando llegaron a las escaleras, y el corredor continuaba. Y miró a Ron con sus grandes ojos.

"Eran los que faltaban de la mesa de Gryffindor. Y si no conoces al alumno, entonces no pueden ser Harry o Ginny, porque tú sí sabes quiénes son. Entonces es Euan Abercrombie."

Ron frunció el ceño, no muy seguro de haber entendido la deducción de Luna.

"¿Cómo te has fijado en eso? Ni yo me he dado cuenta, y están en mi Casa."

"Cuando como nunca hablo con nadie." Ron se quedó un poco incómodo, y recordó las veces que Harry decía lo mal que se llegaba a sentir cuando Luna mencionaba esas cosas. "Y miro entonces a los que están alrededor. Tú tampoco hablabas demasiado hoy en la comida." añadió Luna, con un acento indiferente, pero con algo de curiosidad.

Ron echó a andar para evitar hablar del tema. Luna siguió detrás, abrió una puerta y entraron en un nuevo pasillo. Ambos se quedaron quietos. El pasillo estaba oscuro, apenas había luz de algunos candelabros y era muy frío. Había tres armaduras dispuestas en las dos paredes del corredor. Pero antes de que ninguno hablara o echara a andar, las tres armaduras se movieron. Y de pronto, y rápidamente, volaron hacia ellos.

Los yelmos eran máscaras grotescas, como si estuviesen riendo cruelmente. Y se dirigían directos hacia ellos.

"¡Colloportus!" gritó Ron, sacando la varita y tirando de Luna hacia el lado del pasillo donde estaban las escaleras.

"¿Tienes miedo, Ronald?" preguntó Luna, jadeando por el violento sprint. Ron la empujó al lado de las escaleras, con la varita en alto.

"No, esto no es miedo, es puro instinto de supervivencia." Contestó él, corriendo tirando de la mano de ella. El pasillo se bifurcó a la izquierda, y desde ese ángulo no sabrían si esas armaduras habían abierto la puerta y los seguían o no. Pero debía saber qué eran exactamente.

"Hay una sala ahí…" dijo Luna, y Ron vio una puerta cerca de la salida del pasillo de la primera planta.

"Perfecto…" murmuró él y entraron en la sala. Era una sala de lectura, con algunos libros en las estanterías, una chimenea de las que Umbridge tenía vigilada cuando se hizo cargo de Hogwarts hace tres años, un sofá y unas butacas, un busto de algún mago célebre en una peana alta y los cristales llenos de agua de lluvia, que seguía cayendo a mares. La luz era tenue, siendo fuera ya de noche.

Empujó a Luna dentro y no cerró la puerta, esperó junto al umbral para ver a los perseguidores. Tal vez eran los responsables de los desmayos de Ginny…

"¿Crees que mffff…?"

Ron le puso la mano de la varita en la boca a Luna para que callara, porque estaba seguro de que las armaduras habían salido. Pero en el pasillo no había nadie. Esperaron unos minutos, hasta que finalmente Ron separó su mano y se dio cuenta de que la otra no había soltado la mano de Luna tampoco.

Soltó también esa mano, y Luna pestañeó, un poco confusa.

"¿Qué demonios era eso?" preguntó Ron. Salieron de la sala y caminaron despacio hacia el pasillo que acababan de recorrer. La puerta estaba cerrada, pero ninguno tenía mucha intención de volver por ahí.

"Sé qué eran." Dijo con convencimiento Luna.

"Grumpling Bribbens o Marglings no, eso seguro… así que no vayas por ahí."

Luna sin embargo apartó la mirada de la puerta y miró a Ron sonriente.

"Qué tonto eres, Ronald. Comparas criaturas cuyos nombres confundes siempre además, con fantasmas."

"¿Fantasmas?"

Luna asintió con la cabeza y guardó la varita.

"Fantasmas camaleónicos."

Ron frunció el ceño, y miró de hito en hito a Luna. Le sonaban de algo, estaba seguro de haberlo escuchado alguna vez, tal vez en clase o a Bill, o a su padre, o a Hermione…

"¿Y eso qué quiere decir?. ¿Flitwick también ha decorado fuera del Gran Comedor?"

"No. Quiere decir que el Castillo está muy alterado." Luna puso la mano en la pared, como si fuese a sentir su pulso, su temperatura o sus latidos. "Está muy nervioso…" dijo en un susurro.

Ron miró alrededor, y luego a Luna. No lo entendía bien, pero por alguna razón, sí tenía que hacer caso a su amiga. Ella apartó la mano de la pared y suspiró, con la mirada fija en algún punto de suelo. Ron siguió su mirada, pero no había más que alfombra. Luna estaba solamente pensando en sus cosas. Se acercó a ella y le tocó la cara con un dedo con suavidad para despertarla de su ensimismamiento.

"Venga, vámonos de aquí. Esto me trae muy mal rollo." dijo Ron en voz baja.

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Gran Comedor

"Nosotros nos vamos para la Sala Común, Hannah" dijo Ernie levantándose de la mesa.

"¡Anda!. ¡No me había dado cuenta de la hora!" exclamó Hannah, apurando su chocolate caliente. Había bastantes alumnos en el Comedor, muchos de ellos alumnos de primer año que estaban encantados de disfrutar un Halloween en Hogwarts, precisamente en el lugar con más golosinas y que estaba más decorado. Hannah, Justin, Ernie y Susan se habían quedado también. Neville y Hannah habían estado hablando desde que terminó la cena, y ni se habían fijado en que habían pasado ya dos horas.

"¿Te vas ya?" preguntó Neville viendo que Hannah se incorporaba. Ella miró a sus compañeros y luego a Neville. Y se volvió a sentar. Ernie miró a Susan y ésta sonrió y se encogió de hombros. Se despidieron y salieron hacia su Sala Común.

Neville se quedó un momento sin saber qué decir. Le había pedido (más o menos) a Hannah que se quedara, y ahora que estaba ahí no sabía qué decir. Ojalá estuviera en el Invernadero… estar entre plantas y flores era mucho más fácil que conversar…

"Bueno… Hannah… si querías irte con ellos no tenías porqué quedarte…" murmuró incómodo Neville.

Ella miró a sus amigos según salían por las puertas del Gran Comedor, y volvió a mirar a Neville.

"Quería quedarme."

"Hum… ¿sales con… Ernie?"

Hannah abrió un poco los ojos con curiosidad.

"¿Por qué dices eso?"

Neville desvió la mirada, y se reprendió a sí mismo por haber hecho una pregunta tan directa.

"No… nada… déjalo…"

Pero ella obligó a Neville a mirarla tomándole de la barbilla.

"No. Ernie es mi mejor amigo." Sonrió inclinando la cabeza. "Hemos estado últimamente mucho tiempo juntos porque era el cumpleaños de Justin y teníamos que prepararle la sorpresa."

Se miraron un momento a los ojos, y simultáneamente se separaron un poco, avergonzados.

"Me gustas, Hannah." Dijo él, mirando los postres que estaban aún por recoger de las mesas. Hannah simplemente sonrió.

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Vestíbulo

Hermione salió de la Enfermería, tras prometer a Malfoy mil veces que pasaría por lugares concurridos y que se iría derechita a la Sala Común. Ella sonrió, pues imaginaba que había algo de miedo por su parte, y también un poco de celos posesivos. No demasiado graves, pero algo le debía de sentar mal si él tenía que quedarse allí, con Pomfrey y Euan, que se había despertado con muchísima hambre.

Subió las escaleras y llegó finalmente al Vestíbulo. Los estudiantes estaban en corrillos, otros sentados en el suelo, y prefirió no llamar la atención a éstos últimos, no se debería permitir que los alumnos se sentaran inapropiadamente. Pero, después de todo, fuera hacía un tiempo endiablado y no podía nadie esperar que los alumnos se recluyeran en aulas, Salas Comunes o vagaran por los pasillos.

En uno de los corrillos vio a Siri y su amiga Melinda Bobbin. Estaban con unos Ravenclaw que Hermione conocía por quidditch, Duncan Inglebee y Jason Samuels. Éstos estaban mirando un libro y no prestaban atención a sus compañeras. Sin embargo, al pasar a su lado, Hermione sí captó la conversación.

"…es una pena. Me he acostado con él ya un par de veces."

Hermione sintió que el corazón le había dado un vuelco. Eso de boca de Siri Fawcett no tenía buen color. En otra le habría dado lo mismo, es más, ni siquiera habría agudizado el oído. Se sentó en las escaleras y fingió colocarse la media, mientras escuchaba a las Ravenclaw, al otro lado de la barandilla, ajenas a Hermione y su curiosidad.

"La verdad es que no sé qué pensar. Me gusta bastante, y creo que tengo muchas posibilidades con él." Comentó Siri.

"¿Pero no te asusta un poco…? Es un Slytherin, ya sabes… no es de fiar…"

Hermione se sintió ligeramente mareada. No podía ser otro, tenía que ser Draco.

"Bueno. Eso no supone ninguna diferencia, al final me voy a casar con Draco Malfoy."

Era Draco.

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Hogsmeade

"Me alegra mucho que te guste, Benny."

La anciana había prendido las llamas de la chimenea para caldear la sala, y acariciaba a un famélico perrito que mordisqueaba un trozo algo pasado de asado. Tenía en sus manos una caja de bombones con forma de calabazas de Halloween con el distintivo inconfundible de Honeydukes.

Benny siempre había sido un chico alto y delgado, con la misma complexión que tenían varios de sus hermanos, la misma de su padre. Llevaba ya varios meses en compañía de una anciana que se ganaba la vida remendando y haciendo arreglos a la ropa. De ahí que la ropa de la anciana tuviese un aspecto sorprendentemente decente, pese a su desgaste.

Ella llevaba años en Hogsmeade. Su madre había sido empleada de la tienda de Tiros Largos Moda, hasta que enfermó. Siempre le había dicho que su padre no fue un muggle, que ella no era muggle, aunque no tuviese ningún poder mágico. Nunca conoció a su padre.

Criada sola, desarraigada entre el mundo muggle, que era un completo misterio para ella y para su madre, y el mundo mágico, al que no podía acceder como cualquier niña bruja, procuró hacer lo que hacía su madre sin magia: confección. Lamentablemente, la propia tienda que había sido el lugar de trabajo de su madre, era la competencia más feroz que podía tener. Con los años, la caridad de sus vecinos supuso su fuente de ingresos más importante.

Su necesidad de hacer desaparecer el desarraigo y la soledad le impulsó desde hacía tiempo a recoger animalillos sueltos y abandonados. Sobre todo perros. En el pueblo le decían que los squibs solían tener gatos, que eran mucho más perceptivos.

Estaba claro que ella no era una squib común. Alguien que amparara a un perro no sabía hasta que punto éste te podía ser fiel, podía dar la vida por ti. Un gato te necesitaba, a un perro lo necesitabas tú.

"Te quiero presentar a un nuevo miembro de la familia, Benny." Dijo ella alegremente, mordisqueando un bombón con forma de calabaza. "Después de que Ambrosius me regalara la caja de bombones, ha sido la segunda alegría de la tarde".

La anciana abrió la puerta, y Benny miró con los ojos apagados, silenciosos. Por la puerta entró un enorme perro negro, lanudo, algo desnutrido, pero movía la cola con avidez.

Benny se puso en pie de golpe, los ojos azules abiertos de par en par, y se echó hacia la pared. La anciana miró con sorpresa; en los meses que Benny había estado allí, jamás había tenido una reacción similar hacia los perros.

No, tanto tiempo entre los perros, Benny no podía temerlos. Y cuando se fijó en el pálido y delgado rostro del joven, no hizo falta que convocara ningún hechizo revelador ni que usara ninguna varita.

Para esas cosas no hacía falta magia.

Benny se agachó, arrastrando la espalda por la pared, y se llevó las manos a la cabeza, acuclillado en el suelo.

Y se echó a llorar con desconsuelo.

La anciana abrió la puerta para dejar salir a los perros. Y bajó los ojos con tristeza. Porque no, no había necesitado magia para saber que la mirada del joven no era distraída, apagada.

Era una mirada inteligente. De reconocimiento.

Se había dado cuenta, poco a poco, durante todos esos meses, que Benny no era mudo. No era un discapacitado. Ni alguien con amnesia.

Era alguien cuya vida se había partido en pedazos, delante de sus ojos.

La anciana se quedó de pie, inmóvil, con la cabeza agachada. Impotente. Entristecida.

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Sortilegios Weasley (Sucursal de Hogsmeade)

Fred y George entraron por la chimenea, recién conectada a la Red Flu, y que les permitía pasar directamente al comedor de La Madriguera. Habían cenado con sus padres, Bill y Fleur, ya que Charlie seguía en Rumanía y Ron y Ginny en Hogwarts. El día anterior había sido en cumpleaños de Molly y sentían que debían estar con ella.

Afortunadamente, la cena fue mucho más agradable de lo esperado, gracias a que Fleur estuvo hablando sobre el embarazo, ya muy avanzado, con Molly. Ésta pareció encontrar una nueva esperanza al tejer innumerables gorritos, bufandas, manoplas y patucos; mantas y sábanas; arrullos y jerseys… En confidencia, Bill les susurró que nada de eso era del estilo de Fleur, pero no tenía corazón para decirle que era mejor que no se entretuviera con esas cosas. Al contrario, pensar en el primer nieto estaba haciendo de Molly una mujer regenerada.

George abrió la caja de bombones que habían comprado en Honeydukes y se echó uno a la boca con forma de fantasma. Subieron al dormitorio, todavía con cajas sin abrir, apiladas contra la pared, y se sentó en la cama.

Fred pasó a la suya y se quitó el reloj. Ambos se miraron y como era habitual en ellos, no hizo falta que hablaran en voz alta.

"De modo que aceleramos la inauguración de la tienda." Fred se estiró y se dejó caer hacia la cama, mirando el techo con cansancio. "Yo estoy seguro de que tendremos éxito. Será la excusa perfecta…" añadió, con una sonrisa maléfica.

George se quitó el jersey y se quedó pensativo con la prenda todavía enganchada a su cuerpo por los brazos.

"No confio mucho en que Percy salga de donde esté porque vayamos a convocar a un regalo gratis sólo por ser pelirrojo."

Fred se incorporó y miró durante unos momentos a su hermano, extrañamente solemne.

"No perdemos nada por intentarlo. Tal vez él no se presente. Pero puede presentarse alguien que sí lo conozca. O alguien que nos pida un regalo para ese amigo, primo o vecino pelirrojo."

George asintió despacio, y se quitó finalmente el jersey de los brazos.

"Creo que hemos hecho bien en no decirle a mamá que hemos visto a Hermes por Hogsmeade." George se empezó a quitar el reloj de la muñeca. Fred se había puesto ya el pijama y estaba colocando la varita junto a la mesilla. "Qué rabia da que no podamos seguirlo."

"Mañana conseguiremos información, seguro." Dijo Fred con optimismo.

"Fred…" preguntó George, con el pijama ya puesto, y en dirección al baño a por su cepillo de dientes. "¿Crees que es prudente ser el centro de atención, después de lo que nos pasó en Londres?"

Fred alzó los ojos levemente.

"¿Tienes miedo de que nos ataquen?"

Cualquier otra persona habría desviado la mirada, habría cambiado de tema o se habría sentido ofendido o insultado. Pero entre Fred y George Weasley, una pregunta de ese tipo era más bien una pregunta retórica.

Porque en realidad, lo que ambos temían no era el hecho de ser el centro de atención y de ser atacados por Merlín sabe qué razón.

Lo que ambos temían era pensar que su familia pudiera acabar rota, que sus peores temores hacia Percy fueran ciertos. Y éstos pensamientos iban desde que Percy era un asesino, a que era un traidor, un cobarde…

O que estaba enfermo, herido. O muerto en poco tiempo.

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Torre de Gryffindor. Dormitorio de alumnas de 7º

Pensamientos oscuros. Como el entorno.

Hermione se dio la enésima vuelta en la cama, y por lo menos se alegró de que al día siguiente no hubiera clase. Comprobó el reloj y chasqueó la lengua.

Las 2:45.

Resopló de nuevo y se incorporó. En cualquier situación se habría limitado a coger un libro y haberse puesto a leer sin más. Pero no esta vez. Se llevó las manos a la cabeza y apartó los pies atrapados bajo el peso de Crookshanks. Se quedó sentada a lo indio, sin saber bien qué hacer.

"Bueno. Eso no supone ninguna diferencia, al final me voy a casar con Draco Malfoy."

Ya había pasado por esto varias veces. Ya estaba harta: malinterpretación-discusión-disculpa. Siempre lo mismo, repetido hasta la saciedad.

Lo que entristecía a Hermione era darse cuenta de lo que le había revelado a Draco.

"Miedo de todo… de lo que ocurre aquí, del Castillo, del futuro… No me he sentido así jamás, y me asusta y me paraliza. Me asusta no demostrar lo que puedo valer. Me asusta mucho pensar que me estoy enamorando de ti…"

Lo malo no era pensar que Siri hablara de Draco o no. De si era verdad o no. Lo malo era que Draco sí se había sentido contento ante esa revelación, pero él no la había devuelto.

"Lumos" susurró.

Se levantó silenciosamente y se puso la túnica que llevaba de abrigo encima de los hombros. No podía esperar, y ya había roto unas cuantas reglas desde que había estudiado en Hogwarts.

Crookshanks abrió los ojos con curiosidad y salió detrás de ella.

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Torre de Gryffindor. Dormitorio de alumnos de 7º

Harry sintió que alguien llamaba su nombre y se mezclaba con un sueño en el que tía Marge estaba intentando hacer que transformara su perro baboso en un galgo flacucho. Y no había forma de convencerla de que las escobas no servían para hacer magia, sino para volar…

"Harry…"

Finalmente abrió los ojos, y se incorporó bruscamente, cuando notó que no era la tía Petunia la que estaba pronunciando su nombre en voz baja pero con insistencia. Alargó la mano y se colocó las gafas, a fin de hacer que la figura fuese un borrón más nítido, pero igual de irreconocible.

"Hermione…" Harry sacudió los restos de sueño y aturdimiento. "¿Qué… qué hora es?. ¿Qué haces aquí?"

"Necesito tu capa. Y el Mapa."

Harry parpadeó, a fin de eliminar la pesadez de los ojos, y porque no podía imaginar que su amiga, la Premio Anual amante de las reglas, le estuviera pidiendo la capa.

"Hermione, espera¿qué quieres hacer, dónde vas a ir?"

Hermione miró alrededor, inconscientemente buscando la mirada de reproche que esperaba encontrar de Ron, y comprobó que Neville, Dean, Seamus y Ron estaban profundamente dormidos.

"Sólo quiero asegurarme de una cosa. Nada más."

Harry suspiró dándose por vencido, y levantó con cuidado el arcón que tenía a los pies de la cama. El baúl chirrió un poco, pero ninguno de sus compañeros pareció oírlo. Con cuidado, extrajo la tela plateada del fondo, y se la tendió a Hermione.

"Te lo devuelvo mañana por la mañana."

Harry asintió despacio, aunque imaginaba que Hermione no podía percibirlo.

"Gracias Harry." Susurró ella. Antes de que se la echara sobre la cabeza, Harry habló.

"Ten cuidado, Hermione." Algo le decía que tenía que pedirle la capa de vuelta y el Mapa. Algo le decía que no estaba bien que Hermione fuese sola. Algo le decía que si le pedía la capa, ella se la devolvería, pero saldría de la Torre igualmente. Y era una sensación muy desagradable, porque estaban en Hogwarts, no en pleno Bosque Prohibido.

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7º piso

La señora Gorda aceptó adormilada que un estudiante saliera a esas horas de la Torre; sin duda la fiesta de Halloween con Violet le había pasado factura y Hermione sospechaba que al día siguiente estaría con una buena resaca. Si es que los retratos tienen cosas de esas, pensó distraídamente la mente racional de la joven.

Hermione había consultado en la Sala Común el pergamino para ver qué rondaba por el Colegio. Los fantasmas, la Señora Morris, y poco más. Todos los estudiantes estaban agrupados en sus respectivos dormitorios, los profesores en los suyos. Guardó el Mapa con cuidado, y se cubrió con la Capa, seguida de su curioso gato.

Caminar por un Castillo medieval en plena noche es una sensación muy poco reconfortante. Hermione se arrepintió al minuto de ese arrebato que le había llevado a despertar a Harry y llevarse su capa y su mapa. No se acordaba de lo incómodo que era caminar con un velo cubriéndole la cabeza, con apenas luz para no llamar la atención. Era como ir a ciegas. Entró en la enorme sala de lectura cerca de la Gran Escalera, donde podría descubrirse o encender la varita sin llamar la atención. Resoplando, viendo la inutilidad del paseo, Hermione se detuvo en un recodo entre dos enormes estanterías de la sala, y se agachó en el suelo.

"Lumos" murmuró, debajo de la Capa. Extrajo el mapa y murmuró la contraseña en un susurro.

Las finas líneas de tinta aparecieron a lo largo del pergamino. Y Hermione se tapó bien con el abrigo que llevaba sobre el pijama cuando notó un frío helador en la sala. En ella, oculta entre dos enormes estanterías, su luz podía pasar desapercibida. La chimenea de la pared del fondo estaba apagada, y las estanterías llegaban tan alto, que era imposible bajar libros sin invocar un encantamiento. Había varias alfombras cubriendo el suelo, y la disposición de las estanterías permitía que hubiera multitud de pasillos, en los que muchos estudiantes se robaban besos con cierta discreción.

Una puerta se cerró.

"Travesura realizada. ¡Nox!" murmuró Hermione de inmediato, preocupada por ella, por ser descubierta, y por mostrar los dos valiosos objetos que llevaba consigo. Ni siquiera le había dado tiempo a consultar el Mapa, y ahora no tenía ni idea de lo que podría venir. Se quedó quieta, y Crookshanks a su lado erizó el pelo. Hermione se colocó la capa, y se quedó agachada, esperando escuchar algo.

Sólo oía el ruido del agua en la ventana. El aire que se colaba por alguna rendija. Y sentía el frío. Cubierta con la capa, sólo sentía la sensación de desasosiego en el pecho. Pensando que si llegaban a descubrirla, se metería en un grave problema. Podrían retirarle ser Premio Anual. Incluso ser expulsada. Se quedó quieta, no sabía durante cuanto tiempo. Sólo oía las gotas sobre la ventana, y el ulular del viento. Acurrucada en la oscuridad, con su gato en su regazo, cálido, Hermione no oyó nada más.

De pronto todo pareció quedar en un completo, absoluto silencio.

En la tenue luz que entraba por los ventanales, sintió que Crookshanks pestañeaba y volvía su hocico chato hacia ella. Y volvió a pestañear, lentamente. Y olfateó casi el aire, como si percibiera algo.

Hermione aferró con fuerza la varita, pero parecía que tenía la mano dormida, y no podía agarrarla con normalidad. Se acercó la estantería, maldiciendo por enésima vez su estúpida reacción, ir a hablar con Draco en plena noche, una reacción tan impropia de ella. Ahora sólo quería volver la Torre, ya podría hablar con Malfoy a solas, sin necesidad de hacer una locura semejante. De hecho¿para qué había salido, qué tenía que contarle a Draco?

Escuchó un siseo. Un sonido que sólo recordaba haber oído a las salamandras de fuego de Hagrid. A las serpientes. A los reptiles.

Y sentía que el sonido estaba más y más cerca.

Hermione empezó a respirar con rapidez, recordando a Nagini. Era la misma situación. A solas, a oscuras, con un reptil acosándola.

Y la sentía muy cerca.

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Tengo mucho que comentar del capítulo, pero esta vez no tengo más remedio que dejarlos en : http // dubhesigrid. livejournal. com/ 18563. html , ya que no quiero dejar una nota de autora tan extensa.

Muchas gracias por seguir la historia, y a vosotras, por vuestros comentarios, me hace muy feliz que la historia os intrigue: Yedra Phoenix; Lara evans (PM también); Sabaku no Akelos; Isa Malfoy; Annirve; Cristhine; Nicole Daidouji (por LJ, un montón xD); blackstarshine (por LJ, un montón, me ha regalado el banner de Sirius más chulo del mundo :O y una tarjeta preciosa :) Felicidades por el teatro, linda); Nasirid (por LJ, un montón xD); Alania Balakirev (PM también); emeraude.lefey; Erea; XKelidaX; grengras (PM también); Abril; rosa; Corae (me dio un ataque de risa xD); Heredrha; Lil-Evans

Por cierto, creo que rondamos ideas muy parecidas sobre el patronus de Draco. Hay dos ideas que me han convencido mucho: una leona (Rosa), similar a cierto patronus que se revela en el DH. Y otro, un puma (una pantera es verdad que suena muy "femenina"). El problema del primero, pese al simbolismo, que el león es un felino gregario, va en manada… Draco es más solitario, no es de equipo. Por eso sí tengo que admitir la idea de Heredrha sobre felinos solitarios. Ah… el lince me gustaba también (Nasi), pero ya sabemos que es el patronus de Kingsley, y el patronus es único e irrepetible (de ahí su gran eficacia como mensajeros de la Orden).

Habéis notado que ya no estoy actualizando semanalmente. Lo siento, he empezado muy fuerte el año y estoy muy agobiada. Y marzo se acerca, es el mes de mi traslado y me preocupa. :( Haré lo imposible por no dejaros el capítulo en el aire. Hasta el próximo.