Hola a todas y todos: Esta vez os traigo un poquito de sal y pimienta. Draco-Hermione-Viktor. No hay un triángulo tradicional, no me hartaré a decirlo. No al estilo Lavender-Ron-Luna, desde luego. Dramioneras, no me hagáis vudú… :S ¿Por qué? Porque las relaciones humanas no son fáciles, y la convivencia durante nueve meses en un Castillo mágico puede traer muchas cosas de la gente, lo mejor, lo peor, nuestros pasados y nuestros deseos. Estoy intentando que la relación no sea del todo "adolescente", sino un poco más madura. Cuando terminéis de leer no sé si estaréis de acuerdo conmigo.

También avanzo un poco en la pareja Neville-Hannah. :) Y muchos datos… creo que el capi puede ser curiosito. Es de los que más he disfrutado escribiendo. A pesar de… (que me matéis al final, claro...)

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Resumen capítulo 20: Ron y Luna descubren que el castillo está agitado, según la sensación que tiene Luna cuando tienen un encontronazo con unos fantasmas camaleónicos. Neville se atreve a confesar que siente algo especial por Hannah, mientras que Hermione escucha una conversación se Siri Fawcett donde apunta sin duda su intención de casarse con Malfoy. Percy sigue oculto con la anciana squib, y cuando ve uno de sus perros recuerda inmediatamente al Grim, y las tragedias a él atribuidas. Fred y George idean utilizar la inauguración de Sortilegios Weasley en Hogsmeade, para intentar localizar a Percy, tras haber avistado su lechuza por los alrededores. Hermione sale por la noche preocupada por Draco y la conversación que oyó a Siri, y en una sala cree oír a un reptil, de la misma manera que sufrió el ataque de Nagini hacía un año.


"Lo que importa no es lo que hayas estudiado, sino si estás bien relacionado." Draco Malfoy. Harry Potter y la Orden del Fénix.

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Capítulo 21. Noviembre

Sábado 31 de octubre de 1998

(madrugada de Halloween)

7º piso, salón de lectura

"…Sólo oía las gotas sobre la ventana, y el ulular del viento. Acurrucada en la oscuridad, con su gato en su regazo, cálido, Hermione no oyó nada más.

De pronto todo pareció quedar en un completo, absoluto silencio.

En la tenue luz que entraba por los ventanales, sintió que Crookshanks pestañeaba y volvía su hocico chato hacia ella. Y volvió a pestañear, lentamente. Y olfateó casi el aire, como si percibiera algo.

Hermione aferró con fuerza la varita, pero parecía que tenía la mano dormida, y no podía agarrarla con normalidad. Se acercó la estantería, maldiciendo por enésima vez su estúpida reacción, ir a hablar con Draco en plena noche, una reacción tan impropia de ella. Ahora sólo quería volver la Torre, ya podría hablar con Malfoy a solas, sin necesidad de hacer una locura semejante. De hecho¿para qué había salido, qué tenía que contarle a Draco?

Escuchó un siseo. Un sonido que sólo recordaba haber oído a las salamandras de fuego de Hagrid. A las serpientes. A los reptiles.

Y sentía que el sonido estaba más y más cerca.

Hermione empezó a respirar con rapidez, recordando a Nagini. Era la misma situación. A solas, a oscuras, con un reptil acosándola.

Y la sentía muy cerca…"

Hermione notó algo áspero, húmedo, que acariciaba su mejilla. Y se despertó dando un grito, imaginando asqueada y repugnada, por un confuso momento, que tenía la lengua viperina de Nagini en su rostro.

Había cesado de llover, pero seguía siendo de noche. Hermione pestañeó y se mostró por unos segundos desorientada y confundida. Seguía estando en el Salón de Lectura, donde había intentado consultar el Mapa, antes de dirigirse con determinación a la Enfermería.

Entonces se dio cuenta de que su brusco despertar había alejado algo cálido que tenía en el pecho.

Crookshanks.

Su gato, siempre peculiar, se había marchado asustado a otro lado por el sobresaltado despertar de su dueña, y ahora volvía a acercarse con sigilo y precaución a Hermione, que se había retirado la capa que suponía había utilizado como manta.

Ir al hospital. Draco…

Recordó con nostalgia que Draco se burlaba de ella y de su costumbre de quedarse hasta muy tarde leyendo o estudiando, y que al día siguiente no había forma de despertarla. Se frotó los ojos para intentar retirar cualquier rastro de sueño, y acarició las orejas y el cuello de Crookshanks, antes de echárselo a los brazos para salir de allí.

Pensó que, a pesar de ser ella y de las burlas de Draco, nunca se quedaría dormida, mucho menos en una salida clandestina bajo una Capa de Invisibilidad. Intentó recapacitar, y comprendió que había cometido una auténtica tontería, una verdadera insensatez. Salir de madrugada, ir a despertar a Draco a la Enfermería… se jugaba mucho, total, por una conversación que había oído a Siri Fawcett.

Resolvió no convertirse en una histérica paranoica. ¿Cuántas veces habían discutido ya por culpa de malentendidos desde que ella regresó de Grecia?

Tan sólo tenía que volver a la Torre de Gryffindor, ir a su cama y ya resolvería el tema de Fawcett en su momento.

Hermione se colocó la Capa y se llevó a Crookshanks hacia la Torre de Gryffindor. Y bajo la Capa, se detuvo un momento, pensando confundida qué era lo que en un momento había venido a su cabeza y se había ido tan rápido como llegó.

¿Qué diablos había olvidado?. ¿Qué cosa había escapado a su control?

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Dormitorio de alumnas de 7º. Torre de Gryffindor

Probablemente al día siguiente se echaría las manos a la cabeza por la imprudencia que había cometido. No tenía duda de que habría sido una auténtica estupidez, si alguien la hubiera visto.

Hermione se metió en silencio en su cama, y frunció el ceño. Al tumbarse, se dio cuenta de que tenía el Mapa escondido debajo de la blusa del pijama. Y menos mal, no se había acordado de él, y si hubiese llegado a extraviarlo Harry no se lo perdonaría. Con cuidado, lo extrajo e iluminó la varita con un quedo Lumos.

"Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas."

Debajo de las mantas, con las cortinas echadas, Hermione consultó las líneas de tinta que se habían formado. Draco continuaba en el Hospital, al igual que Euan Abercrombie. Siguió el plano dibujado hacia la planta séptima, y encontró el Salón de Lectura.

El corazón de Hermione dio un vuelco.

En el Mapa, en el Salón de Lectura donde ella se había quedado dormida, figuraba la etiqueta inmóvil de Viktor Krum.

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Domingo 1 de noviembre de 1998

Torre de Gryffindor, dormitorio de alumnas de 7º

"Hermione…"

Hermione pestañeó varias veces para acostumbrarse a la luz que entraba por la abertura de las cortinas. A contraluz, vio a Ginny, con un jersey con capucha, el abrigo colgado del brazo, y con la otra mano la agitaba suavemente en el hombro.

Hermione se despertó y se sentó en la cama, pasándose la mano por los revueltos cabellos.

"Te vas a perder el desayuno. Vale que no importe si al final te cuelas en las cocinas, pero no pensamos que quieras pasar la mañana de domingo durmiendo sin parar."

"¿Qué hora es?"

"Casi las diez. Anda, levántate ya que vamos a perder la mañana del domingo tontamente."

Hermione se incorporó de mala gana. Nunca tenía buen despertar, especialmente cuando había estado por la noche fuera de la cama de madrugada.

Su expresión cambió ante el recuerdo de su ronda nocturna. Frunció el ceño. Era casi como un sueño, no parecía real. Se estiró hacia la mesilla y sacó con cuidado la Capa y el Mapa de Harry, y se quedó un momento mirándolos con fijeza. Juraría que la noche anterior se durmió en ese Salón de Lectura… y juraría que había oído a un reptil o algo así… o tal vez lo había soñado… y que también vio que el Mapa mostró a Viktor en ese Salón.

"Ginny… tengo que decirte algo…"

Ginny inclinó la cabeza hacia un lado y se sentó en la cama.

"Sea lo que sea, me lo puedes contar en el desayuno." Hermione le dio el Mapa y la Capa, y salió de la cama. Ginny miró un momento los objetos que reposaban en su regazo. "Y ya me contarás qué hacías pidiéndole a Harry esto para irte de paseo nocturno.

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Gran Comedor

"Vamos a ver, Hermione. Más te vale que me expliques qué diablos querías con mi capa y mi mapa a las tantas de la mañana."

Harry estaba sentado frente a Ginny con una taza de chocolate caliente a medio terminar. Estaba saboreando la mañana de domingo en esa taza, apoyado insolentemente en la pared que quedaba a su espalda.

Hermione comió el desayuno con rapidez, pensando que le sentaría mal. Sólo estaban unos pocos alumnos que se habían dormido por la fiesta de Halloween desayunando tarde como ella. No había ni rastro de sus amigos, salvo de Ginny y Harry.

Suspirando, medio saciada, dejó la rebanada con jamón y queso, y sorbió un poco de zumo de calabaza.

"Bueno… tenía algo que comprobar con Malfoy" dijo ella en voz baja, y hablando casi para el cuello de su camisa.

Harry alzó una ceja, y pareció dudar entre preguntar o respetar la (insensata) decisión de Hermione. Claro que él era el primero que desde los 11 años la había arrastrado a la perdición de las rondas nocturnas. Así que optó por no valorar el comportamiento de su amiga. Ginny, por el contrario, no pudo resistirse.

"¿Y lo comprobaste?" Ginny procuró que su curiosidad no fuera evidente, preguntando "el qué" era lo que quería haber ido a comprobar con Malfoy.

"No. Me dormí… creo" dijo ella, frunciendo el ceño y mirando confusa su vaso de zumo. "Así que me volví a la Torre." Consultó su reloj y pensó que sería el momento de ir a ver a Draco.

Ginny miró de soslayo a Harry, y éste se encogió de hombros y sorbió su chocolate.

"Hermione… ¿te dormiste, te despertaste y volviste a la Torre?"

Hermione pareció salir de su ensimismamiento y volvió a mirar a Ginny y a Harry. Vaciló, tratando de aclarar qué fue real anoche, y qué fue tan sólo su imaginación.

"Creo que… oí algo como una serpiente." Dijo ella, frunciendo el ceño. "Y creo que había alguien más allí. Cuando volví a la Torre y volví a mirar el Mapa, señaló Viktor Krum en el Mapa."

Ginny parpadeó dos veces y volvió a mirar a Harry. Éste arrugó la frente, pero no con suspicacia como cabía esperar.

Estaba igual de confundido que Hermione.

"Eso… es un poco raro, Hermione." Dijo con prudencia Harry, finalmente.

Hermione apretó los labios y miró de hito en hito a sus amigos, sentados delante de ella, con miradas entre suspicaces y confundidas. No mostró indignación, aunque sospechaba que ellos no la creían.

"Ginny… a ti te han pasado cosas raras en el Castillo. Creo que merezco el beneficio de la duda." Respondió en voz baja. "Harry, si a Ginny la crees¿por qué a mi no?"

Ambos bajaron los ojos, dándose cuenta de que habían dudado sobre Hermione. A pesar de que todos los indicios señalaran que todo había sido un sueño de ella, se habían pasado las últimas semanas discutiendo y peleando con otros alumnos porque se reían de Ginny y sus peculiares experiencias, dudando incluso de su estabilidad mental. Ahora no era justo que ellos, inintencionadamente, se comportaran de similar manera.

"Tienes razón, Hermione." Ginny estiró la mano hacia la de Hermione, y la apretó suavemente. "Lo siento, tienes toda la razón. Yo no he llegado nunca a oir nada… directamente…" Ginny miró a Harry, que tenía el rostro grave y preocupado. "…perdía el conocimiento. Pero tal vez tienes razón."

Harry apuró su taza de chocolate y emitió un profundo suspiro.

"Sabremos qué diablos es todo eso. No os preocupéis. Si es verdad que hay un reptil o algo similar, nos enteraremos." Miró a las chicas con firmeza. "Me enteraré."

Lo último que tenían en la cabeza Ginny y Harry era curiosear sobre los motivos por los que Hermione anduvo por Hogwarts de madrugada para ir a buscar a Malfoy.

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Vestíbulo

Theodore Nott estaba apoyado en el ventanal junto a los enormes relojes que marcaban con sus brillantes gemas de colores, la carrera por la Copa de las Casas. Miraba con recelo el cielo, dudando entre si salir a dar una vuelta, o resignarse a pasar el domingo encerrado ante la amenaza de lluvia.

"Maldito clima escocés" se dijo a sí mismo.

"Hola, Theo ¿qué estás mirando?"

Nott se dio la vuelta y vio a Daphne y a Tracey Davies, ambas con las túnicas, bufandas, gorro y guantes, dispuestas a salir a dar una vuelta.

"¿Vais a salir? No parece que el tiempo os vaya a acompañar." Respondió Theo con indiferencia.

Tracey alzó las cejas y se acercó a la ventana, mirando hacia el encapotado cielo.

"Anda…" Tracey dio un paso atrás con una mueca decepcionada, sin dejar de mirar hacia el cielo. "Es verdad… parece que va a caer una buena."

"Da igual, podemos salir, y si llueve, nos volvemos." Contestó Daphne, agarrando del brazo a su amiga. Miró a Nott. "Uh… Theo¿quieres venirte con nosotras?"

Theo miró con sus pequeños ojos a su compañera y negó con la cabeza.

"No, gracias. Creo que me quedaré aquí leyendo."

Las chicas fueron hacia las puertas; en ese mismo momento entraba por ellas Blaise, portando una carta. Saludó a Tracey y Daphne, según se cruzaron, y el joven Slytherin se dio cuenta de que Theo estaba mirando por la ventana con frialdad.

"Nott." Dijo Blaise a modo de saludo.

"Zabini."

"Me mandan recuerdos para ti." Theo miró con las cejas ligeramente alzadas a Zabini, y aguardó a que fuese un poco más específico. Blaise esbozó una sonrisa burlona y se apoyó en la repisa, con los brazos cruzados. "Oh, vamos. Sabes perfectamente de qué hablo."

Nott miró alrededor y señaló con la cabeza el brazo de su compañero.

"¿Ya la llevas?"

Blaise le devolvió la misma expresión curiosa.

"Nott… no seas ingenuo. Ninguno la lleva. Lo sabes."

Nott desvió el rostro hacia la ventana. Silenciosamente.

"¿Te interesa estar en ese círculo?"

Blaise sonrió, y le pasó el brazo por los hombros, en un engañoso gesto de complicidad.

"Tiene sus ventajas. Aunque… hay uno que es duro de pelar. De momento juega a dos bandas. Pero eso se tiene que terminar. Precisamente vosotros… que tenéis una herencia encima que no se puede negar fácilmente."

Nott se apartó de Zabini, con naturalidad, y lo miró sin emoción.

"Yo seguiré haciendo lo que debo, Zabini. Como tú. Como todos."

Blaise se apartó con indolencia de la pared.

"Como veas." Hizo ademán de marcharse, cuando Theo le respondió.

"Zabini." Blaise se dio la vuelta, con curiosidad. "De todas formas creo que te equivocas. Hay mucho de lo que ni tú ni yo tenemos ni idea."

Zabini torció la boca en una sonrisa burlona.

"Habla por ti, Nott."

"Hablo por todos." Nott se volvió hacia la ventana. "Me costó entender la lección. Precisamente como tú no tienes esa herencia, no sabes de qué va la pesca, pero yo sí."

La mueca burlona de Blaise se desvaneció poco a poco.

"¿De qué hablas?"

"Que no tienes ni puta idea de lo que es ser manipulado. Pero nosotros sí, bastante bien. Y grabada a muerte." Nott giró la cabeza para mirar a Blaise. "¿O sí tienes idea?" Se colocó la bufanda en el cuello y salió de su sitio junto a la ventana. "He cambiado de opinión: voy a dar una vuelta."

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Blaise guardó con cuidado la carta dentro del bolsillo interior de su túnica, sin mirar a su alrededor. Pero de pronto se dio un golpe contra el hombro de alguien.

"¡Ay!"

Blaise alzó los ojos con curiosidad, y la disculpa automática que iba a salir de sus labios murió en ellos.

"Sangre sucia..." murmuró Zabini, asqueado, y la golpeó bruscamente el hombro que había chocado contra él como si así lograra apartarla de él.Hermione se quejó de dolor y se frotó el hombro dolorido por el choque contra Blaise. Alzó la barbilla con ira, y también se tragó la disculpa que iba a dirigirle.

"Si eso es una disculpa, la acepto." respondió ella, retadora.

Blaise apretó los labios, repasó los testigos de alrededor, y tras comprobar que estaban todos pendiente de sus asuntos y no de la peculiar pareja, aferró clavando los dedos en el hombro todavía dolorido de Hermione, y la empujó hacia el pasillo que bajaba a las mazmorras de Slytherin.

Hermione chocó contra la pared, pero no cayó al suelo ni a las escaleras. La garra de Zabini en el hombro lo había dejado con un pinchazo de dolor.

"¡Zabini!. ¿Qué narices te pasa?" exclamó ella, sintiendo el dolor en el hombro.

"Veo que estar con Malfoy tanto tiempo te ha hecho muy respondona, sangre sucia." Blaise sacó la varita. "Voy a terminar lo que el otro día tu querido amiguito Krum no me dejó…"

Hermione sacó la varita de su túnica y apuntó con ella a Blaise.

"Ni te atrevas. De momento son 30 puntos menos para Slytherin."

"Estúpida… ¿crees que me importan los puntos?"

Ella pestañeó, confundida, aunque no bajó la varita. No entraba en sus pensamientos que alguien pudiese ser medianamente indiferente a los puntos de las Casas. Ni siquiera Blaise Zabini.

"Vale, pues estamos empatados entonces." Respondió con rabia Hermione, mientras trataba de aguantar el dolor en el hombro, mientras sostenía en alto la varita, intentando que el temblor del esfuerzo muscular no se notara demasiado. "A mi me importan una mierda tus amenazas, Zabini. No me asusto con facilidad."

"Pues deberías, sangre sucia." Dijo él, apretando los labios en una sonrisa fría, carente de humor. "No os queda mucho tiempo a los de vuestra especie, así que procura aprovechar el tiempo por aquí, porque lo necesitarás en un futuro."

Hermione no estaba segura del trabalenguas que acababa de escuchar en boca de Zabini, pero no quiso prestarle atención ni permitir que ese discurso de neo-mortífago le afectara.

"Tócala, Zabini, y el Obliviate que te voy a echar te borrará como el mal recuerdo que eres."

Hermione se asomó sobre el hombro de Zabini, y vio a Draco unos metros más allá, y a quien no había podido ver por tener a Blaise en medio. Pero no hizo falta que lo viera para saber que era él. El tono de voz frío, desapasionado, mortífero, era el que había usado contra ella misma durante mucho tiempo. Blaise echó un paso hacia su izquierda, para tener a ambos lados a Hermione y a Draco, que bajaba con las manos en los bolsillos, el pantalón apenas reparado del jirón del día anterior. Sin duda, acababa de salir de la Enfermería.

Blaise intercambió una mirada dura con Draco, y bajó la varita. Sin apartar la vista de él, habló dirigiéndose a Hermione.

"En otra ocasión, Granger." Dijo finalmente, con soniquete; Zabini bajó las escaleras de dos en dos y se marchó por el pasillo que llevaba a la Sala Común de Slytherin.

Hermione bajó la varita y se tocó con la mano izquierda el hombro, para masajearlo. Draco miró de reojo que Blaise hubiese desaparecido de su vista, y se fijó en Hermione. Entornó los ojos cuando vio que ella estaba todavía en la pared, acariciándose el hombro.

"¿Te ha llegado a tocar?"

Hermione alzó los ojos, muy abiertos, y paró un momento el torpe masaje. Guardó la varita en la túnica, y se quedó quieta, atrapada por Malfoy, según él se iba aproximando a ella.

"No. No, este golpe fue accidental, los dos chocamos, me apartó demasiado bruscamente, y me hice un poco de daño. Luego sí me agarró precisamente del hombro y me lanzó contra el muro." Dijo en voz baja.

No se atrevía a mirar a Draco. No sabía bien la razón. Hacía unas semanas había tratado de convencerlo de que no prestara atención a Blaise, y seguía creyendo en eso, pero sentía que tenía que decírselo. Después de todo, ni siquiera habían llegado ni a lanzarse un maleficio.

"La otra vez me convenciste, Granger." Dijo él, como si estuviera leyéndole los pensamientos. "Pero una vez más, sólo una, y no seré tan generoso. Yo no soy un alma cándida como vosotros los Gryffindor. Si tengo que zanjar unos asuntos pendientes con Blaise, lo haré. Si pisa mi territorio, lo paga caro."

Hermione pestañeó, y alzó la cara hacia Draco, que se había colocado a escasos centímetros de ella, con las manos todavía metidas en el bolsillo. Ella empezó a notar un torbellino de cosas que tenía que hablar con él… lo de anoche, lo de su ofuscada declaración, lo de Siri, lo de Blaise… Pero su mente racional sabía que no iba a ser capaz de articular ninguna palabra coherente, o que sonara "seria". Y se acogió a la última frase que él había dicho. Eso del "territorio".

"Eso suena terriblemente Gryffindor… como los leones y sus territorios..."

Draco torció la boca, sin responder lo que podría haberle sonado perfectamente como un halago, o un insulto. Y Hermione cuando reparó en ello, deseó haberse mordido la lengua.

"Bien, Hermione, si pretendías decir una cosa inteligente en lugar de lo que tienes que decirle, lo has arreglado…" se dijo a sí misma.

Malfoy sacó su mano derecha del bolsillo, y retiró con suavidad el brazo izquierdo de Hermione, cuya mano estaba todavía dentro del cuello de su camisa, tratando de aliviar el golpe del hombro derecho.

Él simplemente sustituyó con su mano la de ella. Y empezó a acariciar con cuidado la piel del hombro lastimado. Ella empezó a notar alivio, curiosamente, sus propias caricias no implicaban lo mismo que si él se las aplicaba. Draco no apartó los ojos de ella, mientras dejaba que su mano recorriera el hombro por debajo de la camisa de Hermione. El toque era especialmente cálido, y traidoramente íntimo. Unos segundos después, Hermione dejó que la mano abandonara el hombro, para pasar a su nuca, y así dejar que él aproximara su boca a la suya, quedando definitivamente atrapada entre la pared y el depredador, entre la pared del pasillo del nido de víboras, y el depredador que protegía su territorio.

En el nido de víboras. Pensar en alguien que pudiera hacerle daño a ella, le hacía hervir la sangre, esa sangre pura que llevaba en las venas.

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Biblioteca

Malfoy se marchó a su dormitorio a darse una ducha y a cambiarse de ropa. Hermione todavía ni siquiera le había preguntado nada de su peculiar paseo nocturno ni los motivos que le impulsaron a tomarlo. Según habían pasado las horas del día, se encontraba más y más resuelta a no sacar el tema. Después de todo, le parecía que era una absoluta tontería, y que él haría como siempre, enfadarse, descartar ninguna aventura, y seguramente, lo único que conseguiría era que él acabara de verdad abandonándola.

Había quedado con él en que iría a buscarla a la biblioteca. Suspiró cuando entró y vio que, salvo algunos estudiantes de TIMOs y de EXTASIS, la biblioteca estaba bastante vacía. Resolvió que podría consultar algunas cosas más sobre transformaciones humanas, ya que hacía tiempo que no había prestado atención a sus propias clases de EXTASIS, tan preocupada que había estado de preparar Transformaciones para los de primer curso.

Pasó por las estanterías de Transformaciones, y miró hacia el lugar que Draco siempre había escogido para estudiar, el año anterior, junto a la ventana, y sintió una oleada de calidez. Teorías de la transformación transustancial. Sentía esa sensación única, irrepetible, mágica, de saberse especial para alguien, y saber que en algún momento del día y de la noche, esa persona se acordaba de ella. Guía de transformación, nivel superior. Tal vez no se lo hubiese dicho nunca, no hasta ahora. Transformación del metal: la alquimia. Pero ella sí se sentía querida. Transformaciones erradas y sus soluciones. Hermione recogió un volumen sin estar muy centrada, y se sentó en el sitio donde siempre se solía sentar Draco, con una sonrisa embobada en los labios. Alquimia Antigua Arte y Ciencia.

"Herrmione…"

La joven llevaba apenas diez minutos leyendo el libro, cuando alzó la mirada y se cruzó con los ojos negros de Viktor Krum.

"Viktor… perdón… profesor…" corrigió al momento.

Viktor sonrió débilmente, y Hermione se dio cuenta de que tenía unas marcas debajo de los ojos, el tipo de marca de alguien que no dormía demasiado bien.

"¿Es… estás bien?" preguntó ella, cerrando su libro al instante, y mirando con curiosidad y preocupación. Entonces sintió un pinchazo dentro, y recordó el Mapa al verlo la noche anterior.

Viktor Krum. En el Salón de Lectura.

"Sí, estoy bien, grracias. ¿Y tú?. Perrdona, Herrmione, no prretendía interrumpirr tu estudio."

"Oh." Hermione miró su libro, cerrado automáticamente para entablar conversación con Krum. "No… no te preocupes, no estaba interesándome demasiado…"

Mintió. El libro estaba siendo muy interesante. Era un área apenas tratada en Hogwarts, y esperaba que algo cayera en EXTASIS de Transformaciones. Se dio cuenta de que Viktor había dado una respuesta más bien formal a una pregunta que ella no pretendía que fuese formal.

Una respuesta para desviar la verdadera respuesta. Era evidente que no descansaba bien.

Volvió a notar un pinchazo dentro. Y se acordó, allí, en la biblioteca, de las veces que Viktor, durante el Torneo de los Tres Magos, se había acercado muy torpemente a ella para conocerla mejor, para hablar con ella, para huir de sus admiradoras, y sobre todo, para proponerle que fuera con él al Baile.

Entonces Hermione soñaba con que Ron fuese el que la invitara. Pero Ron andaba como un inferius por los pasillos, hechizado por las alumnas de Beauxbatons en general, y por Fleur Delacour, su actual cuñada, en particular.

El principio del final de su enamoriscamiento.

Se movió incómoda, tratando de pasar página a esos pensamientos, y de centrarse en Viktor y su problema actual. Y sobre todo, por la razón por la que él había salido en el Mapa esa noche.

"Profesor… puedo… ¿Hay algo que pueda hacer yo?"

Viktor frunció el ceño y miró con los ojos entornados a Hermione.

"¿Qué quierres decir?"

Hermione se movió otra vez con nerviosismo en su silla, dándose cuenta de la ambigüedad de la pregunta. Y se ruborizó.

"Quiero decir…" tragó saliva, y se aferró precisamente a esos recuerdos del pasado que la ataban sin remedio a Viktor. Y estaba segura de que él no los traicionaría. "Si te cuento algo que no debería haber hecho¿me castigarás?"

Viktor se cruzó de brazos y miró a la joven pensándose la respuesta. Ella se mordió el labio, y él apartó el rostro, dejando que los cabellos negros ocultaran su expresión a Hermione.

"Está bien. Guardarré el secrreto."

"Es…" Hermione miró hacia la Señora Pince, se interrumpió, y recogió el libro rápidamente, y lo llevó a la estantería, seguida de Viktor. De reojo, sintió la proximidad de Viktor y se puso un poco nerviosa. No porque pensara que había algo entre ellos, sino ante la posibilidad de que eso pudiera malinterpretarse. Dejó el libro en su sitio, y giró la cabeza hacia el profesor.

"Mejor vamos a dar una vuelta, no podemos hablar en la biblioteca."

Viktor miró a Hermione fijamente, y ella se ruborizó.

Era la misma frase que le había dicho, cuatro años atrás, cuando empezaron una ambigua amistad. Y ahora seguía siendo igual de ambigua.

O más, dada la situación en la que se encontraban.

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Draco llegó a la biblioteca con la túnica sobre un sencillo jersey de color gris y unos vaqueros negros, tras quitarse la ropa del día anterior. Miró alrededor y buscó a Hermione por las mesas; frunció el ceño levemente al no encontrarla, y se detuvo entre dos estanterías. Y recordó a Blaise, a quien había dejado en la Sala Común de Slytherin, hacía unos minutos.

"Eres un ingenuo, Malfoy. Te darás cuenta de que no son de fiar. Ni siquiera tu sangre sucia, ella es la que menos. Y cuando lo veas, tendrás que tomar partido finalmente. Ya has visto por dónde van las cosas en el Ministerio, y qué se espera de ti."

Blaise había dado en la diana. Era un tema que no quería tratar durante su estancia en Hogwarts, pero la presencia el día anterior de varias personalidades del Ministerio de Magia no hicieron sino recordarle que tenía ciertos compromisos adquiridos desde hacía generaciones con la política de su mundo. Draco se mordió el labio superior, meditando sus opciones. Muy pequeñas. Y se llevó una mano a la frente, agobiado. No faltaba todas las semanas una carta de su madre avisándole que estaba organizando una fiesta de navidad en Malfoy Manor, en la que Draco no dudaba que pretendía utilizar todos los medios a su alcance para lograr un mayor acercamiento a los Fawcett.

Luego estaban los EXTASIS, las clases de pociones y las clases con Potter. En las que tenía que espabilar, si quería conseguir un puñetero patronus como el que la misma tarde anterior había sido crucial para rescatar a ese Gryffindor del Bosque Prohibido.

Agitó la cabeza para sacar todo el estrés de su mente, como si fuese nieve caída sobre su cabeza, y se acercó hacia el mostrador de préstamos donde estaba la Señora Pince, catalogando y haciendo inventario de unos libros recién adquiridos.

"Buenos días, Señora Pince. ¿Ha visto a Hermione Granger?. Castaña, pelo rizado y abundante, Gryffindor, la Premio Anual…"

"Granger, por supuesto, sé quién es." Respondió Pince apuntando en un pergamino unos datos sobre el volumen que estaba consultando. Draco esbozó una mueca burlona. Por supuesto, siete años de incansables visitas a la biblioteca, lo raro sería que no fuesen amigas íntimas. "Ha estado leyendo un rato, pero se ha marchado." Añadió Pince, dejando el libro y tomando otro, sin dejar de trabajar por el hecho de que Malfoy estuviera ahí.

Draco cruzó los brazos sobre el mostrador, y se inclinó sobre él ligeramente, extrañado, ya que había quedado con ella.

"¿Qué se ha marchado?"

"Sí. Con el profesor Krum." Respondió ella, sin dejar de consultar libro y apuntando datos para su registro. "Ni siquiera se llevó un libro como suele…"

La señora Pince levantó la vista de su libro y se dio cuenta de que Draco se había ido, sin darle las gracias, como era costumbre en casi todos los alumnos.

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Invernadero 1

"No… qué va, en realidad me gusta mucho el quidditch. Es sólo que… no soy muy bueno volando."

Hannah estaba sentada en una de las mesas frente a Neville, mientras él ocultaba con su cuerpo lo que estaba haciendo con una planta. Le había dicho que no mirara, porque era un sorpresa, y aunque Hannah se moría de curiosidad, obedeció sonriente.

Neville sólo utilizaba la varita con la misteriosa planta. Nada de tijeras, ni de tenazas, ni de macetas. Sólo la varita, y de vez en cuando le escuchaba susurrar algún Encantamiento.

Ella rió en voz baja.

"Yo tampoco soy nada del otro mundo volando."

"No es verdad." Dijo Neville, todavía de espaldas a ella. Hannah pestañeó dos veces, sonriente. "Te he visto volar con los de Hufflepuff."

"¿Me has visto?" preguntó ella, agradablemente sorprendida. Pero al momento frunció el ceño, pensando en las veces que había tenido aterrizajes desastrosos. "¿Cuándo?"

"No sé, muchas veces. Bueno, el año pasado no, claro." Añadió Neville. Se detuvo y se giró con cuidado de que no se viera la planta. "Y no me parece que vueles mal. Yo sí que vuelo fatal."

Hannah seguía teniendo una sonrisa en los labios, tímida, halagada. Y se encogió lentamente de un hombro.

"No importa. Volar no es importante, si puede Aparecerte. Yo tendré el examen el año que viene."

Neville la miró por un momento y se giró hacia la planta. Invocó algún encantamiento más y se irguió, para contemplar lo que Hannah todavía no podía ver.

"Tú sin embargo eres muy bueno en Herbología, Neville. Y que no se te da mal Encantamientos. Ahora veo porqué."

"Mi abuela dice que Encantamientos es para los blandos. Ella estaría feliz de la vida…" Neville buscó en unos cajones tras ocultar la planta con una fina tela parda. "…si fuese muy bueno en Pociones, o en Defensa…"

"Defensa se te da muy bien." Dijo Hannah, acariciando la mesa que tenía debajo, y que afortunadamente, no estaba sucia, considerando que casi todas las mesas de los Invernaderos solían estarlo. "Creo que fuiste el mejor alumno de Harry, cuando estábamos en el Ejército de Dumbledore. ¿Te acuerdas?"

Neville sacó una especie de láminina de plástico y la dejo sobre la mesa, y volvió a girarse para ver a Hannah. El rostro normalmente jovial de Neville estaba ensombrecido, y Hannah tragó saliva, ante el cambio de humor.

"Esa fue la mejor época de mi vida." Dijo Neville, en un susurro. "Harry me dio una oportunidad de conocerme mejor a mi mismo, y de sacar lo mejor de mi."

Hannah parpadeó, y no respondió inmediatamente. Tocó ausentemente la bufanda negra y amarilla que tenía colgando de su cuello.

"Si Harry te hubiera enseñado Pociones, también se te habrían dado bien." Dijo ella, sin mirar al Gryffindor.

Él rio y miró hacia los cristales del invernadero, con una sonrisa ligeramente nostálgica.

"No creas. Hermione lo ha intentando cientos de veces, y siempre ha sido un fracaso. Y no sería porque ella era mala profesora. Simplemente no se me da bien Pociones." Se encogió de hombros, con indiferencia. "Tampoco es que me guste mucho esa rama de la magia."

"¿Y qué más le da a tu abuela?"

"Mi abuela siempre ha soñado que seguiría los pasos de mi padre. Auror. Y para ello debía ser un portento en Pociones, y en otras materias. Como lo fue él."

Hannah inclinó la cabeza a un lado y bajó los ojos. Neville no solía hablar de sus padres. Pero desde el momento en el que habían intercambiado conversaciones, habían descubierto que cuando hablaban de sus padres, y ella de su madre, el dolor era más liviano, la herida menos sangrante, la punzada menos aguda.

"Tú serás lo que quieras ser, Neville." Dijo ella intentando sonreír de nuevo.

Neville bajó la mirada hacia su varita, la nueva, la que sustituyó aquella que perdió y que perteneció a su padre. Su propia abuela se la compró, para sorpresa de Neville, que hasta ese momento había creído que ella jamás le iba a perdonar que la varita de Frank se hubiera roto.

"No me gusta noviembre." Susurró Neville, sin dejar de mirar el gris del cielo. "Nunca me gustará." Hannah se bajó de la mesa, y se acercó despacio a Neville. Le puso una mano en el brazo y buscó su mirada. Él bajó los ojos hacia la rubia muchacha.

"En noviembre mis padres fueron torturados por mortífagos."

Hannah dio un respingo, pero no soltó la mano del brazo de Neville, y siguió mirándolo con una expresión horrorizada ante la revelación.

"Lo siento… Neville."

Hannah se acercó más y le abrazó. Notó el cuerpo de Neville tenso, poco acostumbrado a recibir muestras de afecto tan espontáneas. Y sonrió cuando notó que Neville le devolvía, tímidamente, el abrazo.

"Venga, te voy a dar la sorpresa." dijo él, finalmente.

Hannah se separó de Neville y dejó que él hiciera alguna cosa con la lámina de plástico que había sacado del cajón. En un momento dado, se dio la vuelta y le presentó un tulipán cuyo bulbo estaba protegido en un sencillo tiesto. Neville había envuelto con cuidado la planta con el plástico, para que guardase humedad. El tulipán variaba de color por sí solo, y Hannah miró maravillada.

"¡Neville!. ¡Es precioso!" Hannah lo tomó con cuidado en las manos y miró cómo pasaba de un azul púrpura progresivamente a un verde manzana. "¿Es de esas flores que cambian de color según el humor de la persona?" preguntó ella, sonriente y emocionada. "¿O por el aura que desprendemos?"

Neville carraspeó un poco, algo avergonzado.

"Bueno… no… realmente el encantamiento hace que cambie de color, pero no sé bien por qué. Puede ser por el cambio del tiempo. Por la diferencia de temperatura. Por la cercanía o lejanía de personas… O porque sí." Neville se encogió de hombros, a modo de disculpa. "No sé todavía hacer ese tipo de flores."

Ella tocó con un dedo, muy suavemente, un pétalo del tulipán, y éste pasó del color verde a un pálido amarillo.

"Me da igual. Me gusta que cambie de color, porque sí." Hannah se apartó un momento para dejar con cuidado la planta sobre la mesa que había estado ocupando ella misma, y se dio la vuelta para mirar a Neville. Se acercó a él y puso las manos a ambos lados de su cara. La bajó hacia ella, y besó sus labios.

Neville se apartó un momento, para mirar a Hannah, cuestionándose la situación. Su innata inseguridad invadiéndole por unos momentos.

"Nunca nadie había tenido el valor de hacer esto por mi, Neville. De decirme las cosas que tú dices. Sólo tú." Dijo ella.

Se quedaron durante unos minutos callados, abrazados. Y Neville se preguntó qué querría decir ella. Él creía de verdad que tan sólo había hecho lo que debía. Ella le gustaba, le gustaba de verdad. Por lo tanto, tenía que actuar en consecuencia, sin tenerle miedo a un rechazo o a una burla.

Nunca antes se había dado cuenta de lo inmensamente Gryffindor que Hannah le había hecho sentir.

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Lugar desconocido

"¿Un Gryffindor de los pequeños?" preguntó el alto personaje, acariciando una gran lechuza macho que tenía aferrada en su brazo.

"Sí. Al parecer fue atacado por ese licántropo."

Dolores Umbridge se paseó por la habitación, y observó con atención la enorme estantería llena de libros. No se atrevió a tocar ninguno, pero se acercó con atención. Torció la boca y miró de nuevo a su acompañante, que seguía prestando más atención a su ave que a la mujer envuelta en una túnica rosa.

"Ya podías haber escogido un licántropo más hábil." continuó ella con reproche en su voz.

Su acompañante no respondió inmediatamente, sino que le dio de comer al ave unos trozos de golosinas para lechuzas.

"Ya bueno… supongo que habría sido todo un triunfo que el mismísimo Remus Lupin fuese el licántropo que hiciera su aparición estelar en Hogwarts, atacando a sus alumnos como una bestia salvaje." respondió él, en un tomo muy sarcástico.

"Bueno, eso es lo que él es… es lo que son todos…" respondió indignada ella.

El hombre dejó que el ave volviera a su percha, mientras le dio otro trozo más de alimento, y se dio la vuelta, con una expresión fría e irritada.

"Créeme, Dolores. Nada me complacería más que poner en su lugar a uno de los miembros de la Orden. Lástima que no fuese Potter. O Black. Pero cada uno tuvo el destino que merecía." Chascó la lengua, en un falso gesto de lástima por esas tragedias. "Pero… todo llegará. De momento hemos logrado el propósito que queríamos. Te dije que sería muy sencillo terminar por quitarnos a Scrimgeour de en medio. Y tú podrás entonces sacar todas esas leyecitas pidiendo el fin de la licantropía, la prohibición de respirar o la obligación de llevar rosa a todas partes."

Las aletas de la nariz de Umbridge se abrieron, mostrando una vez más su indignación antes los comentarios burlones de su compañero.

"Reconozco que tu plan ha sido… eficaz." Acabó por confesar ella. Miró hacia los libros de la estantería y se preguntó si su interlocutor era animago."Sin embargo, todavía no tengo el Ministerio bajo control, mucho me temo. Y hay algunos patrocinadores que se resisten, o no se han pronunciado."

"¿Cómo cuáles?" preguntó el hombre, sentándose en el mullido sofá, y apuntando con la varita hacia la chimenea con indiferencia. Las llamas se prendieron.

"Draco Malfoy." Respondió ella. "Con lo prometedor que era cuando le di clase…" se lamentó.

"Ah…" guardó la varita cuando las llamas ardieron en la chimenea, y su luz pareció destacar el brillo de la tela de su túnica. "Malfoy… Interesante. Mantiene él en persona los contactos que tenía Lucius¿me equivoco?"

"No. No te equivocas. Draco tiene que estar con nosotros, es sólo que… bueno, ya sabes. Se unió a Potter al final."

"Sí." El misterioso sujeto se echó hacia atrás en el sofá. "Lo sé. No me olvido." Hizo una pausa. "Tranquila. De Malfoy me he ocupado yo."

Miró la lechuza con intencionalidad, y una torva sonrisa en los labios.

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Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería

Patio de Transformaciones

Hermione salió del Patio tras despedirse de Viktor, abrazándose a sí misma. Fue hacia la biblioteca, pensando que Draco la habría esperado o estaría buscándola. No levantó la mirada del suelo, pensando en su conversación con Krum, hasta que llegó a los portones que daban al corredor para llegar a la biblioteca.

Se detuvo y alzó la vista, al darse cuenta de que, apoyado en los arcos del claustro alrededor del patio, estaba Draco. Con el rostro frío. Impasible.

"¡Malfoy!" Hermione se acercó a él y dejó caer los brazos, para ir directamente a rodearlo con ellos. "¡Iba a buscarte…!"

"Granger." Dijo él, con seriedad, apartando lo que iba a ser un abrazo cariñoso. "Tú y yo, hemos terminado."

Hermione palideció, y sintió que un escalofrío le recorría el cuerpo, de los pies a la cabeza. Apoyó la mano en la columna de granito, a fin de no perder el equilibrio que tanto moral como físicamente estaba pendiente de un fino hilo.

"¿De qué hablas?" Hermione miró horrorizada a Draco, respirando por la boca. "¿Es una broma?. ¿Es por Krum?. ¿Es porque no nos hemos visto en la biblioteca?"

"Hemos terminado. No. No. Y no." Contestó él fríamente, respondiendo a cada una de las preguntas con indiferencia.

"¿Qué es entonces?" preguntó ella, con el corazón desbocándose.

Draco la miró y respondió inmediatamente. Como si hubiese ensayado la respuesta, automáticamente.

"No eres suficiente para mi."

Malfoy se separó de la columna, y se marchó, sin más. Hermione se quedó clavada, bajo la arcada donde él había estado apoyado. Y miró hacia la hierba brillante del patio. Sin pestañear, sin creerlo, hasta que los ojos le escocieron hasta doler, y sólo podía aliviarlo las lágrimas.

El cielo sin embargo, no lloró con ella.

Hermione odió el mes de noviembre.

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Estoy quitándome los tomates, lechugas, berzas, coliflores y rábanos que acabáis de arrojarme :$. Estoy complicando la historia. Así que el hecho de que Draco haya cortado tiene mucho más de fondo de lo que parece. Y como he dicho al principio, no es directamente atribuible a que Hermione esté hablando con Krum. Sería demasiado infantil para él, y simplista por mi parte.

Reitero: todo el fic tiene mucho más de fondo de lo que aparenta. No se trata de poner relaciones amorosas con celos, cabreos y reconciliaciones. Quien lo lea así, pues bien, pero insisto, que todo, absolutamente todo está escrito con un propósito bien definido. Además, recordad la primera parte del capítulo.

Es canon que los Longbottom fueron torturados después de la caída de Voldemort. La he situado en noviembre (del 81), pero puede que fuese un poquito más tarde.

Si pensáis que Blaise sabe cosas, sí, sabe cosas, pero desde luego, menos de las que él, en su vanidad, cree. Recordad que está cometiendo el mismo error que otros antes que él con respecto a Voldemort. Es algo que se lo ha hecho ver alguien como Nott, nada menos.

Gracias, como siempre, por leer la historia, y gracias también por vuestros comentarios, qué sería de mi sin ellos: Heredrha, Sabaku no Akelos, Nasirid (y en LJ), Lara-evans, Nicole Daidouji (y en LJ, mucho), Abril, Lil-Evans (y en LJ), Cristhine, Isa Malfoy, Yedra Phoenix, Corae. Grengras, Annirve, blackstarshine (y en LJ), Rosa, Saiph Lestrange, CrissBlack, XKelidaX.

Hasta el próximo :) y de nuevo, os pido paciencia en la espera, porque me temo que mínimo tengo que actualizar cada 15 días.