LAMENTO HABERME TARDADO TANTO EN SUBIR ESTE CAP, PERO YA SABEN, VIDA DE UNIVERSITARIA, MUCHO ESTUDIO, POCO TIEMPO.

POR FAVOR, SI ME QUIEREN MATAR, HÁGANLO RÁPIDO Y SIN DOLOR. PERO NO ME TORTUREN.

ESPERO QUE LES GUSTE TANTO COMO ME HA GUSTADO A MI ESCRIBIRLO PARA USTEDES.

SIN MAS, TAMBIÉN QUIERO AGRADECERLES A TODOS LOS QUE SIGUEN ESTE FIC, LO PONEN EN SUS FAVORITO Y TAMBIEN ME MANDAN ESOS HERMOSOS Y ALENTADORES REVIEWS, NO SABEN LO FELICES QUE ME HACEN. Y CADA VEZ ME DAN MAS FUERZAS E IMPULSO PARA SEGUIR ESCRIBIENDO.

SIN MAS, AQUI LES VA EL 5° CAP DE ESTA HISTORIA DE AMOR.

POV TERCERA PERSONA:

Cora había quedado sorprendida y aterrada por la reacción que tuvo Eva para con ella, jamás había imaginado que su enamorada le pudiera poner una mano encima. Sus piernas le temblaban incontrolablemente, su respiración estaba entrecortada, parecía que alguien estaba presionando su garganta cortando el paso del aire.

Se había escondido en la cocina, el aroma a la comida de Granny la tranquilizaba, y estaba segura que a esa hora, con todos ocupados en los preparativos, nadie se daría cuenta de que ella no estaba.

Pero a veces, la ley de Murphy, puede hacer que lo que realmente deseas, no suceda. El tiempo no había sido mucho, pero para Cora, se había detenido. Agazapada en la ventana que daba a los jardines traseros, no se había dado cuenta que había alguien observándola, hasta que esa persona carraspeó.

-la estábamos buscando, Lady Cora-la joven futura gobernante de Rearnatario, avergonzada de que alguien como Granny viera la rojez e hinchazón de su mejilla, no le respondió ni le dio la cara, creyendo que si no respondía a la anciana, esta entendería la indirecta y se iría por donde había aparecido, pero como dice el dicho "el diablo sabe más por viejo que por diablo"-Lady Cora, le estoy hablando-al no recibir respuesta alguna, la longeva mujer se acercó, sorprendiéndose de gran manera al ver la cara de la joven-¿Qué te sucedió mi niña?-el tono maternal de Granny terminó por derrumbar las barreras de falsa fortaleza que había creado, era imposible para ella, no creía tener madera de reina, apenas si había escapado de la angustia de un matrimonio forzado y destructivo que casi había acabado con sus ganas de vivir y con la existencia de su pequeña, que ahora estaba tan abrumada por el miedo que le había ocasionado la mujer que en unas pocas horas se convertiría oficialmente en su prometida y futura esposa.

-Granni, no creo poder ser una reina-la anciana, comprendió al instante, y sacando de la nada un pequeño objeto largo y fino, le tomó una de sus manos y le entregó un lazo, de aspecto bastante simple, parecía de raso rojo, suave, fina y de cuerpo bastante delgado. Del largo de dos metros de longitud-¿Qué es esto?-le preguntó la joven, limpiándose las ultimas lagrimas que se habían derramado de sus enrojecidos ojos, evitando tocarse la mejilla lastimada.

-eso, mi querida niña, es un conjuro antiguo de amor verdadero, llamado "el lazo de Afrodita"-Cora había leído mil veces esa extraña pero fascinante historia de amor, cuando era niña, una diosa traicionada por su amor verdadero, había creado un lazo para que las parejas de mortales vieran si eran auténticamente el uno para el otro-utilícelo, mi señora, y verá que no se ha equivocado con la reina-sin nada más que decir, Granni se dispuso a curar la cara de la joven que se encontraba pensativa de usar o no ese hechizo, ya que por un lado, si lo hacía significaría que no confiaba en el amor que le profesaba Eva, pero si no lo hacía, se quedaría con la duda el resto de su vida hasta que la muerte las separara.

Una vez que la piel antes magullada de su cara, absorbió la última capa de loción casera antiinflamatoria que le había puesto la abuela, se dispuso a encaminarse a sus aposentos.

Ingrid la estaba esperando, ya lista con el vestido que tendría que usar esa velada, un precioso vestido de tul y gaza cristalizada en rojo sangre, asimétrico de un solo tirante en el hombro derecho, con una hermosa rosa de tela del mismo color. El pollerón le tapaba los pies, y se alzaba desde la cadera hasta los talones, dándole un porte de galantería, pero también un toque de modestia al ver el poco escote que traía y la cintura estrecha que le dejaba el vientre de abeja.

Luego de un relajante y acogedor baño de espuma, las sirvientas la ayudaron a meterse en su traje para luego ser calzada con unas zapatillas enjoyadas en rubíes y esmeraldas, algo sumamente ostentoso para la pobre joven que no estaba acostumbrada a tantos lujos y menos mostrarlos en público. Su cabello fue arreglado en varios bucles hechos por Marian, para luego ser recogido en un tocado ajustado, que dejaba algunos mechones de su castaña melena se asemejaran a una tiara. Por último y para finalizar con su resplandeciente arreglo, Ingrid le colocó en sus orejas unos hermosos aretes de rubíes que combinaran con su atuendo.

En otra parte del castillo se podía ver a una nerviosa y acalorada reina Eva, caminando de un lado para otro, como un león enjaulado, esperando a que abrieran la puerta que lo liberara de su cautiverio.

Su vestido contrastaba enormemente con el de su novia, era de color blanco hueso, de seda y encaje blanco cristalizado. Era de escote principesco que dejaba ver una generosa porción de sus pechos, es corsé estaba tan ajustado que apenas si podía respirar cómodamente, su cintura estaba encorsetada en una cinturón de terciopelo y encaje, que escondía la costura que iniciaba el camino de su larga falda, rellenada de pollerones de gasa y tul. Su calzado combinaba perfectamente, del mismo color, uno zapatos cerrados, tacón aguja con pequeñas piedras de topacio engarzadas en la punta. La joyería que llevaba puesta era bastante sencilla, más simple de la que acostumbraba ponerse en días de celebración, una pequeña gargantilla con cinco dijes que conformaban la forma de perfectas gotas de agua, con un par de aretes a juego y una pulserilla de oro blanco que había sido un regalo de su madre antes de morir.

Su cabello, al igual que su novia estaba también recogido por completo en un tocado ajustado, pero a diferencia de Cora, este estaba sostenido por una preciosa tiara de plata.

-majestad-la llamó una voz calmada y suave detrás de ella, haciendo que se sobresaltara. La persona que la había nombrada era una pequeña criatura de la altura de solo tres pulgadas, un ser alado que irradiaba una mágica luz azul de su cuerpo, de cabellos castaños y ojos pardos.

-Azul, que susto me diste-le dijo la joven extendiendo su delicada mano hacia arriba para dejarla sentarse en su palma, sabiendo que la pobre seguramente estaría cansada de tanto volar-no sabía si ibas a venir-la pequeña hada le dedicó una sonrisa amistosa, a esas alturas de su amistad, no era necesario que se llamaran, ambas sabían cuando la otra la necesitaba.

-no me perdería tu fiesta de compromiso por nada, ya demasiado hemos esperado a que nuestra reina encontrara a la indicada-aun sentada en su mano, podía sentir el fuerte temblor que invadía el cuerpo de la gobernante y amiga-¿Qué sucede?

-estoy paralizada, Azul-la líder de las hadas negaba, ya sabiendo la inseguridad de Eva. Se levantó de su cómodo asiento y en un fuerte haz de luz se volvió del tamaño de una adulta humana, era igual que siempre, pero con la diferencia que había escondido sus hermosas alas de mariposa.

Era una mujer de belleza envidiable, piel pálida, ojos tan brillantes como un par de estrellas, nariz recta y de puente angosto, de largo cabello ondulado hasta media espalda, con un sencillo vestido largo hasta debajo de las rodillas, de color azul oscuro cristalizado, acompañada por un par de zapatillas de gamuza sin tacos.

-¿a qué le tienes miedo, Eva? Has esperado mucho tiempo a volver a ver a tu amor verdadero, no te echarás atrás, ¿o sí?-Eva negó algo insegura, pero reacia a contarle sus miedos.

Detrás de ellas se escuchaban pasos acercándose, al parecer un tropel de guardias, por el sonido del metal chocando contra el suelo de ladrillos marmolados de granito.

-Majestad, la estábamos buscando-al ver con claridad, en la tenue luz del jardín se podía ver a una seguidilla de guardias armados con sus arcos y flechas, encabezados por Robin, con su uniforme de armadura recién pulida-la fiesta está a punto de comenzar-la joven gobernante asintió insegura de poder confiar en su temblorosa voz.

El salón de eventos había sido meticulosamente decorado con lazos de raso grueso de colores blanco, verde agua y celeste cielo. Los bellísimos candelabros iluminaban toda la habitación sin dejar un solo recoveco en las sombras, sus velas de llamas ondeantes largaban hermosos destellos en el techo, haciendo la ilusión de un cielo estrellado.

-damas y caballeros, les presento a las anfitrionas, la reina Cora y lady Cora, gobernantes de Rearnatario-su presentación fue dirigida por Graham, el servidor más leal de Eva.

A pesar de verse realmente hermosa, Cora seguía sin siquiera dirigirle la mirada a la mujer que en ese momento se encontraba tomándole la mano, no importaba cuantas veces hubiese querido disculparse esa tarde con su amada, parecía que había quedado sorda a sus suplicas y promesas de no volver a sucumbir a sus arrebatos de ira.

La primera en acompañarlas a su mesa designada, justo en frente de sus tronos, fue Zelena, quien cargaba a una distraída y tierna bebé de ojos verde azulados, vestida con un pequeño vestidito de seda y algodón, blanco, con unos zapatitos de charol negros que la hacían ver como toda una princesita, la joven sirvienta estaba con sus mejores galas, tenía un traje de camisa y faldas rosa pálido, el dobladillo de su cintura estaba escondido tras un lazo de seda gruesa que terminaba en un pequeño y discreto moño en su espalda baja, su calzado era un par de zapatos de tacones gruesos, color rosa perlado. Su peinado es solo una tiara que estaba hecha con su propio cabello trenzado que comenzaba desde su cien izquierda, cruzaba su frente, rodeaba la parte trasera del cráneo y se volvía a juntar con su inicio, se parecía un halo.

Marian, quien se encargaba de cargar a la pequeña Regina vestida de igual manera, peor a diferencia de que como siempre, ella llevaba su cabello, ondulado, suelto y bien peinado. Al igual que su futura compañera, la princesa vestía un vestido y calzado idéntico, simbolizando que era iguales a los ojos de sus padres.

Antes de que cualquier cosa sucediera, ora se levantó de su asiento, sorprendiendo a su prometida, con parsimonia y elegancia se ubicó en el centro del salón, de su muñeca sacó el pequeño hechizo que tenía atado a su mano y lo extendió a todo lo largo en sus dos manos, dejando que las puntas descansaran delicadamente en sus dedos índice y anular.

Eva no lo podía comprender, ¿Qué tenía en mente su amada?

Granny, comprendiendo perfectamente lo que la joven quería hacer, se dirigió a la silla que ocupaba su reina.

-majestad, creo que lady Cora quiere que la acompañe-aun confundida, Eva se dejó guiar por sus pies que la depositaron justo en frente de Cora.

-Cora White, en este día, en frente de todo habitante de Rearnatario, me declaro a ti como tu amor verdadero, ¿eres tú el mío?-al instante lo comprendió, era el mismísimo lazo de Afrodita el que portaba en sus manos, su Cora quería estar completamente segura de que eran la una para la otra, estaba completamente dispuesta a demostrarle que no tenía por qué dudar.

-no hay fuerza, o maleficio que me haga pensar lo contrario, Cora Mills, sé que eres mi amor verdadero, y me proclamo también como el tuyo- el lazo que antes portaba Cora se enroscó delicadamente las muñecas derechas de las dos mujeres enfrentadas a tal punto de unirlas desde los dedos hasta el codo, haciendo que sus manos se entrelazaran. Pero un pedazo se deslizó por el aire, viajando hasta donde estaban las dos bebes, viendo ese extraño espectáculo sin comprender porque se estaban uniendo ellas también.

La pequeña Emma, feliz de encontrar una amiguita a su lado, le sonrió enseñando sus encías desdentadas, sin prestarle atención a su asustada madre que trataba de separarla de la princesa con desesperación.

Regina, que tampoco podía comprender lo que sucedía, y mucho menos le importaba, le devolvió la sonrisa desdentada de ojos brillantes, a la que tenía a su lado, unida por su manita por un extraño lazo brillante y luminoso.

Muchos esperaban que el lazo se rompiera en mil pedazos como la mayoría de veces había ocurrido, pero en lugar de eso, el brillo de ese objeto se hacía más y más brillante conforme pasaban los segundos, a tal punto de formar una bola de luz sobre las cabezas de todos los espectadores, que sorprendidos y boquiabiertos veían como se iban formando, de forma borrosa, distintas imágenes.

Se veía dentro de esa esfera a una mujer, parecida a Cora pero con el cabello algo encanecido, un poco mayor, con unas pocas arrugas, vestida con un sencillo vestido celeste pastel, corriendo por los pasillos del castillo, detrás de un pequeño niño de cabellera corta pero despeinada a mechones castaños oscuros que se disparaban a todas direcciones, ojos verdes y piel pálida, vestido solo con un pequeño pañal de tela blanca y unos pequeños mocasines que parecían tejidos a mano , riendo mientras la mujer detrás lograba tomarlo en brazo, para después hacerle cosquillas en la barriguita.

-pequeño travieso, tus madres debe tener más vigilancia sobre ti, Henry-detrás de ellos apareció otra mujer, pero esta, era una versión, mayor a la reina Eva, vestida de igual manera que la primera.

-veo que lo has podido capturarlo, escurridizo vándalo-el chiquillo estiraba sus bracitos hacia la que hablaba, dándole un mensaje muy claro de lo que quería.

-madre-una joven morena de cabellera acairelada, de color castaño, larga hasta la cintura y ojos cafés, apareció delante de la pareja que traía al niño en brazos, su atuendo era un traje de etiqueta negro, de corsé sin tirantes, chaqueta de cuero y pantalones del mismo material, todo el conjunto era negro brillante, acompañado por un par de botas de tacón agujas de quince centímetros a juego-por fin, lo he buscado por todo el castillo-dijo en tono molesto pero con una sonrisa en su rostro fijando su sonrisa en el retoño que escondía su carita en el cuello de la mujer de cabellera algo cobriza con líneas blancas-Emma está desesperada, no ha dejado torre sin revisar.

-y casi destruyo el castillo piedra por piedra-anunció una voz femenina, calmada y profunda detrás de ellas. La mujer era realmente hermosa, de cabellera rubia acairelada, hasta debajo de la cintura, piel casi translucida, ojos de un vivo color verde azulado, perfil griego y boca de labios finos. Su atuendo era un vestido de mangas largas que le llegaban hasta más allá de los dedos y le cubría los pies, de textura sedificada y color hueso-tanto revuelo en este castillo y todo por tu culpa, pequeño patito-el niño encantado por el apodo se reía de buena ganas, contagiando a las mujeres que lo rodeaban.

De un momento a otro, todos los invitados, sirvientes, las reinas y músicos, habían salido de ese extraño pero encantador trance, viendo como el lazo había desaparecido de las muñecas de quienes lo habían invocado y de las bebes, y en su lugar se podían ver pulseras de eslabones de plata, con el nombre de la elegida de su portadora y un pequeño dije.

El de Cora era un pequeño corazón, y el nombre de Eva, el de Eva era una flor de jazmín y el nombre de Cora, las bebes portaban unos brazaletes muy parecido a los de las reinas, el de Regina, tenía el nombre de Emma y una pequeña corona, y el de Emma, portaba el nombre de Regina y un pequeño cisne.

-muy bien, ya acabado el ritual, les voy a pedir…que empiece la fiesta-los músicos comenzaron a tocar una melodía bastante animada y pegadiza que nadie pudo resistir, las gobernantes disfrutaban de la danza con su compañera, era una coreografía ya muy conocida entre ambas, que era dirigida por Eva.

Seductoramente, Cora se acercó al oído de su novia y le habló lenta y pausadamente.

-sé que me amas con toda el alma, mi amor-Eva asintió enérgicamente a eso, poniéndose nerviosa al escuchar esa sensual voz-pero…si me vuelves a poner una mano encima…te arranco el corazón y lo convierto en cenizas-La joven morena, sudando frio y tragando grueso volvió a asentir.

Cora era una mujer muy dulce y comprensiva, pero también era alguien de armas tomar si la hacían enfurecer, y eso, Eva lo sabía de sobremanera.

La vida iba a ser bastante interesante con Cora como su esposa.

Solo esperaba poder sobrevivir a sus momentos de ira, dios la librara si se cruzaba en su camino estando ella enojada.

DIGANME QUE LES PARECIÓ, SI LES GUSTÓ O NO, Y COMO QUERRÍAN QUE CONTINUARA ESTA HISTORIA. ACEPTO CUALQUIER TIPO DE SUGERENCIAS...ES QUE...SE ME FUNDIÓ EL CEREBRO Y NECESITO UN POQUITITO DE AYUDITA