Empieza el capi con un texto introductorio, aplicable a todo el mundo. Por eso va en 2ª persona, te puede ocurrir a ti, a mi, y en este caso, pienso sobre todo en cuatro personajes: Hermione, Arthur y Molly, y Percy. Todos por motivos similares, aunque con hechos causantes muy distintos.

La estructura de esa introducción parte del momento en el que la feliz realidad que vives se rompe por un hecho causante: se pasa al momento de afrontarla (cambiando de estilo normal centrado a cursiva alineado a la izquierda), la evolución siguiente, en distintos bloques según avanza el tiempo y vas recuperándote, con mayor o menor éxito.

Quien ha sufrido una ruptura, una pérdida o un momento similar, probablemente comprenda el sentido que hay detrás. Cómo puede llegar el dolor a acabar con tu propia cordura. Sin necesidad de escribirlo, espero que hayáis entendido a Hermione (más fácilmente), pero sobre todo, a Percy y su solitaria agonía.

"La vida es lo que te ocurre cuando estás ocupándote de hacer otros planes", que termina ese texto introductorio, es un verso de John Lennon.

Dedicado a todas las estudiantes, aunque estéis leyendo el fic ahora, espero que no estorbe vuestra concentración. Y dedicado a Heredrha, por haber escrito mi hecho causante :'(

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Resumen Cap. 21: Hermione experimenta una sensación extraña en un Salón de Lectura, en el cual averigua más tarde que también se encontraba Viktor Krum. Nott echa en cara a Zabini su ignorancia frente a hechos relacionados con las actividades de los mortífagos, y Draco, presionado por varios frentes, decide cortar su relación con Hermione, al tiempo que Neville Longbottom y Hannah Abbott comienzan la suya.


"Te importa tanto que tienes la sensación de que vas a desangrarte de dolor." – Albus Dumbledore. Harry Potter y la Orden del Fénix.

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Capítulo 22. Ruptura. Rotura

¿Alguna vez has sentido el tiempo detenerse en seco, un momento, una eternidad?

No oyes la música de fondo. No sientes la gente a tu alrededor. No oyes los vagones. No sientes las prisas. No sabes si hace frío o calor. No sabes si estás todo imaginándolo, si es producto de un mal sueño. En ese momento, se produce una ruptura con la realidad que te rodea y sólo percibes la violenta constatación de un único hecho que ha provocado el milagro de controlar el tiempo:

Algo de ti se ha roto en pedazos. Tan brusco es el sentimiento, que sólo más tarde, mucho más tarde, tu mente reacciona.

Lloras. Odias. Amas. Te cuestionas tu propia existencia.

Durante las noches no duermes, tan sólo dándole vueltas a lo mismo: Ese momento detenido, que marca el inicio de una nueva vida.

Pero algo de ti sigue roto en pedazos.

Durante los días, respiras, con la mirada fija en un punto, incapaz de prestar atención a tu alrededor.

La música de fondo sigues sin oirla. No sientes a la gente. Ni las prisas. No recuerdas por qué vas a donde quiera que te diriges. No recuerdas qué parte de ti has perdido. O qué parte de ti se han llevado, porque no era tuya, y qué parte de ti echas de menos, porque lo era. Porque te han roto.

Como en aquel momento de la ruptura.

No tienes lágrimas, las gastaste todas durante la primera noche. Esa primera noche, la primera noche del resto de tu vida, vomitaste porque el cuerpo rechazó automáticamente cualquier elemento extraño que había entrado en el cuerpo. Tu realidad era todavía la anterior a aquel instante detenido. La realidad que aún vive tu cuerpo y tu cabeza. Era felicidad, era costumbre y era todo perfecto.

No aceptas que tu futuro sea así. Infeliz, novedoso, imperfecto.

No, no es verdad; acabas aceptándolo, pero has pagado un terrible precio.

Porque algo sigue roto. Y tú también.

Logras recomponer con el paso del tiempo... meses... años... los pedazos que has podido ir recuperando con otros momentos mágicos, otros golpecitos de felicidad, que nunca serán los mismos. Los efectos secundarios nunca advierten de que tu alegría ya nunca será la misma.

Porque tu futuro lo habías imaginado perfecto, como era antes del instante demoledor, como era antes de la ruptura temporal. Esta es una realidad alternativa, aquella que sólo imaginas de paso o incluso la vives en un sueño. Ni siquiera le habrías dado más vueltas.

Salvo por el hecho de que sí es el futuro que estás viviendo en realidad. Y es desgarrador.

Y con el tiempo... meses... años... has recompuesto aquello que se te rompió. Lo has reconstruido pegándole con cuidado, durante mucho tiempo, todas las piezas que estallaron, numerosas, diminutas, y que has ido buscando, recuperando.

Algunas piezas nunca las podrás sustituir, porque las has perdido definitivamente y nada que vas hallando encaja en sus huecos negros, vacíos: El tiempo alivia las heridas, pero sigue dejando marcas, cicatrices.

Otros huecos los has llenado con los recuerdos del futuro alternativo que perdiste en la ruptura. Todas las escenas de tu vida, de tu futuro, tal y como lo habías planificado, tal y como tuvo que haber sido. Y las cicatrices se abren, y los huecos no se llenan de realidades, sino de imposibles.

Y te da miedo pensar en ello. Y pensar en lo maravillosa que habría sido tu vida, si nunca se hubiera producido ese instante demoledor. El que te rompió por dentro; la ruptura.

La vida es lo que te ocurre cuando estás ocupándote de hacer otros planes.

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En un antiguo Castillo mágico, cerca de Hogsmeade, Reino Unido, hay alguien que trata de encontrar desesperadamente sus piezas.

En Hogsmeade, Reino Unido, hay alguien que no quiere recomponerlas.

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Lunes 2 de noviembre de 1998

Ministerio de Magia.

Departamento de Aurores

Arthur Weasley cerró la puerta del despacho de Kingsley e intercambió con él una mirada sombría.

"Kingsley..."

"Buenos días Arthur." respondió Shacklebolt amablemente. "¿Qué tal estás?. ¿Y Molly?"

"Mejor... va mejor." Arthur se sentó directamente en una de las sillas de confidente que tenía el auror frente a su escritorio, y se quedó un rato mirando fijamente el bote con las plumas que reposaba cerca de él; algunas sin estrenar.

Kingsley movió con la varita el juego de té que tenía en una mesita apartada y las tazas de té con leche volaron hacia su compañero.

"Creo que no tengo nada para acompañar el té..." dijo Kingsley, a modo de disculpa. "No suelo hacer mucho trabajo de despacho, como bien imaginas..."

"No te preocupes, Kingsley; gracias. He desayunado en casa." Arthur seguía sin mirar a su compañero, y éste se inclinó hacia delante en su escritorio, juntando las yemas de los dedos delante de su barbilla, y se fijó que Arthur había bajado bastante de peso. Si desayunaba mucho como hábito, no se notaba en su aspecto. Cansado, abatido, desmejorado. "¿Alguna novedad?"

"Estoy esperando el anuncio oficial por parte del Wizengamot. Todos los Jefes de Departamento lo estamos esperando ¿verdad?"

Arthur se mordió los labios, y alargó la mano hacia su taza.

"No me interesa mucho el anuncio del nombramiento de Umbridge, como comprenderás." respondió en voz baja Arthur. "Intento ser fuerte, por Molly, por nuestros hijos. Pero no puedo evitarlo, Kingsley. ¿Alguien va a por nosotros?. Fred y George... ellos han intentado cubrir la gravedad de su ataque, sé que es para tranquilizarnos. Pero no soy estúpido. Alguien quiere acabar con mi familia, con mis hijos, Kingsley, y no puedo quedarme de brazos cruzados."

Kingsley bajó la mirada hacia su taza de té con leche, meditando con cuidado su respuesta.

"Arthur... hay cosas que sé que se me están escapando. No logro todavía dar con ello, pero me confunde mucho. Ese licántropo, en Hogwarts, justo durante la celebración del Aniversario... Lo de tus hijos... y Minerva..."

Arthur levantó la vista y clavó sus ojos marrones en su compañero, el ceño ligeramente fruncido tras las gafas.

"¿Minerva?"

"Me ha comunicado algunos hechos extraños en Hogwarts que todavía trato de darles sentido. El único nexo de conexión que tengo es ese licántropo. No consigo enlazar nada más." Kingsley frunció el ceño. "Has visto las notas internas..."

Arthur asintió despacio.

"Dicen que se ha bajado la guardia en Hogwarts, que ya no es seguro... y todo desde la muerte de Dumbledore..."

"Y la incompetencia del Ministro..." añadió Kingsley. "Muchos miembros del Wizengamot tienen a hijos, sobrinos y nietos en Hogwarts. Muchos han creído que ha habido una serie de irregularidades y de irresponsabilidades en cuanto a la gestión y protección del Colegio."

"¿Y eso qué tiene que ver con...?" Arthur se interrumpió. "Bueno, disculpa que no me preocupe tanto de Hogwarts, pero ¿qué tiene que ver eso con mis hijos?"

Kingsley dio un sorbo a su té, y dejó la taza con cuidado en su plato.

"De momento, no comprendo el súbito interés por la licantropía; porqué se entendió que los atacantes de Penelope fueron licántropos. Porqué un licántropo atacó a unos alumnos en Hogwarts."

"Kingsley ¿piensas que tiene que ver algo con la tradicional antipatía de Umbridge hacia ellos?"

"Lo pienso; sí." afirmó el auror.

Se quedaron un momento en silencio.

"Un licántropo no atacó a mis hijos. Penelope murió por una maldición asesina. Kingsley, no veo la conexión."

"Arthur, eso es precisamente lo que parece."

Arthur Weasley finalmente tomó la taza entre sus manos, y se quedó contemplando el líquido que contenía.

"¿Qué piensas hacer?"

Kingsley se incorporó, con la mano en la boca, en un gesto de evidente reflexión. Se giró hacia Arthur al cabo de unos segundos, con una mirada de determinación en sus negros ojos. Pero sorprendentemente, sonrió con autosuficiencia.

"Proteger Hogwarts. Dame exactamente… este mes de plazo. Y sobre Percy… creo que tengo una idea de dónde puede haber ido."

Arthur palideció.

"¿Cómo… cómo lo sabes?"

"No lo sé." Respondió Kingsley con suavidad. "Pero he supuesto algo que hasta hace poco no se me había ocurrido. Percy quiso ir a Gringotts no porque quisiera proteger algo, sino por protección."

"No… no entiendo nada…"

Kingsley murmuró un encantamiento y un ladrillo salió despacio de la pared, dejando libre un hueco donde tenía sobre todo, algunos objetos curiosos y pergaminos de todo tipo. Extrajo uno y lo leyó brevemente. Entonces, se lo tendió al señor Weasley.

Arthur leyó con interés, y al finalizar, clavó unos ojos vidriosos en Kingsley.

"Quieres decir que… trató de entrar en Gringotts…"

"Sí. Quiso buscar un lugar donde protegerse. Y esa misma noche pudo tomar una lechuza de Eeylops y enviarla. La cuestión es¿a dónde?"

Arthur sintió sus manos temblar y dejó el pergamino sobre la mesa.

"Cómo… ¿envió la lechuza antes o después de intentar entrar en Gringotts?"

Kingsley recogió el pergamino, donde venía apuntada una detallada cronología de los hechos acaecidos la fatídica noche de la muerte de Penelope. Lo miró un momento, sin leerlo, estudiando con cuidado las palabras.

"Murieron unos aurores, y unos muggles. Yo diría que la prioridad de Percy fue enviar la lechuza. No ponerse a salvo."

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Lugar desconocido

"Siempre has sido excelente en Transformaciones." Comentó Callahan, puesto de pie con una actitud incómoda. No se había retirado la capa de viaje, porque tenía la intención de salir de allí en cuanto le fuera posible. Un fracaso ante el Señor Oscuro, y seguramente no habría vivido para contarlo.

Pero el hombre que tenía delante de él, y que había realizado un complejo hechizo transmutador sobre un pisapapeles de granito, estaba tranquilo, sosegado.

"No tanto como quisiera." le respondió con suavidad.

Callahan parpadeó, y cambió el peso del cuerpo al otro lado, buscando un equilibrio entre la postura despreocupada, y la actitud evidentemente tensa que tenía.

"¿No?" contestó Callahan, intentando sonar natural en la conversación.

"No."

Su interlocutor guardó la varita y clavó sus ojos oscuros en Callahan. Fríos, inteligentes. Callahan no supo si tranquilizarse porque él acababa de guardar la varita, y porque su rostro no rezumaba odio ni frustración antes su fracaso frente a los gemelos Weasley, o bien, debía precisamente preocuparse, y mucho, por esa actitud engañosamente calmada y relajada.

Callahan vio que el hombre ignoró el pisapapeles del escritorio, y consultaba lo que parecía ser la agenda del día. Organizado, metódico, cuidadoso.

Calculador.

Como un científico.

Si existieran en el mundo mágico, claro.

"Flamel… por ejemplo…" Murmuró, sin dejar de leer, al cabo de un rato.

Callahan no entendió a qué se refería. O tal vez había leído ese nombre. Abrió la boca para responder, o preguntar.

"Esperemos que la querida Dolores sea nombrada. Y cuando lo sea, entonces es cuando sabrá qué es manejar conflictos." Sonrió con autosuficiencia.

"¿Qué… qué vas a hacer ahora?"

"Tsk, tsk… Callahan. Más bien ¿qué vas a hacer ahora?" inclinó la cabeza, sonriente. En ese momento, la puerta sonó y entró por ella Augustus Rookwood. Con varios cortes en la cara y caminando como si tuviese un pequeño problema en una pierna. "Ah, Augustus, justo a quien esperaba." Volvió hacia Callahan. "Yo te recomiendo que vayas a Hogwarts. Discretamente. Y te encargues de liberar definitivamente a su invitado. Hasta ahora ha causado pequeños daños a una mascota y a un elfo doméstico. Pero ha llegado su momento."

Callahan palideció.

"Pe… pero… Argus…"

Rookwood se colocó junto al oscuro personaje, en absoluto conmovido por la vacilación de Callahan. Y sonrió, conociendo perfectamente el destino que le aguardaba, una vez se acercara a aquella criatura.

"…quiero… decir… Filch… ¿no se estaba ocupando ya?"

"Estamos aquí todos para ayudarnos unos a otros. Mulciber ha cumplido con Filch. Augustus aquí presente…" miró al recién llegado. "…lo hizo bastante bien en el Ministerio. Eres tú, Callahan, el que no fuiste de mucha utilidad frente a dos jovenzuelos."

Callahan tragó saliva. Es verdad. Era un pacto que hicieron. No había dominadores ni dominados. Estaban ahí para formar parte de una estudiada venganza. Para desestabilizar lo que los había llevado al borde del abismo. Y lo desconcertante era desconocer el castigo ante un fracaso.

Ante el Señor Oscuro, no habría habido ni oportunidad de pensarlo. Aquí… no lo sabía. Era territorio desconocido.

"De acuerdo. Iré…" murmuró Callahan, saludando a sus compañeros, y retirándose por la puerta.

Rookwood observó la marcha, y vio cómo su compañero estaba apuntando algo en un libro o agenda.

"Nuestro pequeño invitado en Hogwarts no puede ser derrotado. Callahan debe tener mucho cuidadito con él, ahora lo único que quiere es comer. Matar. Destruir. Hacer lo que sabe hacer."

"Pero… ¿no supone que si Umbridge es nombrada Ministra… no tendrá ella el mismo problema que Scrimgeour?" preguntó Rookwood con voz aburrida.

El oscuro personaje se apoyó en el escritorio, y cruzó los brazos, observando la luz grisácea que se filtraba por la cortina traslúcida. Inclinó la cabeza a un lado, y no varió su actitud calmada.

"A largo plazo, sí. Ahora mismo, es el golpe de efecto que necesitamos. En cuanto se produzca la primera muerte, entonces apoyarán sin dudarlo a Umbridge. Cuando se produzcan las siguientes, no querrán tener en Hogwarts a alguien como McGonagall, continuista de Dumbledore. Es cuando tomaremos el control de allí también."

"Hablas de 'nosotros', pero que yo sepa, eres el que has ideado todo."

El curioso individuo soltó una breve risa nasal.

"Trabajo en equipo. Callahan es el que ha cometido un grave error. Así que tendrá que apañárselas solo, en Hogwarts, frente a una criatura indestructible."

"Sólo por curiosidad. ¿Por qué ahora es indestructible esa cosa que hay en Hogwarts? Y si lo es, Callahan lo tendrá difícil para salir de ahí ¿no?" preguntó Rookwood.

Sin dejar de escribir, su oscuro compañero contestó.

"Siempre fue bastante dura de pelar. Pero es que el verano le sentó particularmente bien." Respondió crípticamente. "Lástima que eso no lo sepa Callahan. Lo echaremos de menos." Añadió, sin molestarse en fingir preocupación.

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Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería.

Cabaña de Hagrid

Si pudiera, se habría ido al Bosque Prohibido. Se habría perdido en él. Directamente fuera de este mundo.

Hermione agradeció que los lunes fuesen de los días largos, de los completitos en clases. Sus amigos siempre decían que eran de los peores no sólo por ser lunes. A ella el tener muchas clases no le generaba ansiedad.

Hoy sí. Se había enfrentado a las clases de Transformaciones, Astronomía y Runas como si estuviese en otra parte. Tomando apuntes mecánicamente, y contestando preguntas como si su mente estuviera allí, pero otra parte de su cuerpo, en otro mundo.

Era buena en Encantamientos y en Transformaciones. Se le daba bien cambiar cosas. Aunque no era de las mejores en hechizos embellecedores, se había manejado bien para disimular los párpados hinchados y las ojeras pronunciadas. En ella a veces ese aspecto no era demasiado llamativo, no en vano era conocida por pasar noches estudiando en determinadas épocas.

En el desayuno se había ganado algunas miradas extrañadas de sus compañeros. Y dio respuestas vagas, imprecisas y estudiadas ante la curiosidad y preocupación.

Los estudios habían sido su consuelo, su excusa y su coartada. Y ahora más que nunca.

Sabiendo que Hagrid estaba en una reunión de profesores programada tras la cena, Hermione miró a Fang, dando buena cuenta de un enorme hueso. Miró hacia el estadio de quidditch y sintió que su alma se estrujaba en el pecho, sabiendo que esa tarde Slytherin se había enfrentado contra Hufflepuff. Y no quiso saber el resultado.

El mundo no gira en torno al quidditch. Pero su mundo sí había girado en algunas cosas, no sólo en torno a los libros y las clases. Y sus pensamientos fueron hacia aquellos tiempos felices. Cuando eran ella y él, y nada más importaba. Miró la Torre de Gryffindor, alta, majestuosa, y recordó cuando él se acercó en su escoba una noche, a su ventana.

Vio la azotea donde habían discutido y donde él la besó por primera vez, justo después de haber lanzado un Accio a la escoba que ella tenía sujeta con firmeza en su mano.

Veía cómo aprendía de él y su manera de preparar pociones, con una técnica muchísimo más depurada que la suya propia. Veía cómo le había dado clases. Cómo había engatusado a Carrow. Cómo la había ayudado a ella, aunque sólo hubiera sido por interés en una maldita poción. Cómo se había acostumbrado a su sentido del humor. A sus maneras exquisitas y a la vez, a su dejadez. A su comportamiento temperamental a veces, absolutamente impasible otras.

Era sentir una ausencia que era un vacío negro, hueco, irreemplazable. Era tener la constatación, indudable, de que su vida ya no sería la misma a partir de ese momento.

Como gesto absolutamente mecánico, se llevó la mano al cuello y tocó la costosa piedra que le había regalado en su cumpleaños. Y como tantas veces, no había notado que las lágrimas habían vuelto a bajar silenciosas por las mejillas. Irritándose de la humedad. Y pensó cómo en tan sólo dos meses, su vida se había vuelto gris, silenciosa, dramática. Recordó su cumpleaños, cuando la llevó al lago y ella fue feliz. Cuando habían mirado el cielo de la noche, juntos, y él le había prometido que volverían, porque estaba nublado y no se veían las estrellas. A él le fascinaban. Algo extraño debían de tener algunos miembros de su familia, por tener tal querencia a las estrellas y constelaciones.

Sus hombros se agitaron, suavemente, y por sus ojos seguían bajando las lágrimas silenciosas, discretas. Y se preguntó qué es lo que había hecho mal.

"No eres suficiente para mi."

Siempre lo había sabido. Siempre había sabido que ella no era lo bastante para él. Ni lo bastante guapa, ni lo bastante mágica, ni lo bastante divertida, ni lo bastante sarcástica, ni lo bastante elegante.

Podría quedarse allí toda la vida. Mirando a un perro roer un hueso. Esperar que sus amigos vinieran preocupados a buscarla.

O él podría venir… Era la enésima vez que su mente conjuraba la visión de él, acercándose, suplicando perdón y explicándole la enésima razón, totalmente aceptable siempre, de porqué había dicho esas cosas. Y ella se echaría en sus brazos, y no habría sido más que un malentendido, como en otras ocasiones.

Y volverían a estar juntos, y todo volvería a ser perfecto.

Algo en la mente racional de Hermione le decía que tenía que volver a la Sala Común, que ni siquiera como Premio Anual podía estar a esas horas fuera del Castillo. Pero seguía con la mirada perdida, y las lágrimas cayendo despacio. Sin importarle mucho los puntos, los castigos. Ni necesidades básicas como comer o dormir.

Escuchó un ruido, y Fang alzó las orejas, husmeando el aire.

Hermione ni siquiera dio un respingo cuando Harry se quitó la Capa de Invisibilidad y se sentó junto a ella, en el banco de la entrada de la Cabaña de Hagrid. Era como si los sentimientos estuvieran igual de colapsados que su propia mente.

"Hermione, es muy tarde ¿por qué no has ido a la reunión de prefectos?" Harry tocó la mano de Hermione, y vio que estaba fría. Tan sólo llevaba la túnica que usaba en clase, y la bufanda escarlata y dorada ni siquiera la tenía atada al cuello. "Estás helada." Harry, ya más cerca de ella, y sin la oscuridad que lo impidiera, vio que Hermione estaba llorando.

Harry se mordió el labio. No sabía cómo dar palabras de consuelo, ni sabía qué podría estar ocurriéndole a Hermione. Sabía que Ginny se había pasado el día mirando con los ojos entornados a su amiga, pero no había sido consciente de hasta qué punto Hermione estaba mal. Le ajustó la bufanda alrededor de Hermione, y miró la fina capa de tela plateada. Seguramente no sería mucho abrigo, así que optó por quitarse su propia túnica para ponerla encima de los hombros de Hermione.

"Te vas a resfriar. Y no podemos estar aquí a estas horas." Harry miró hacia el Castillo. "Sea lo que sea lo que te ocurre, Hermione, no puedes permitir que te hunda en la miseria."

Echó encima de la cabeza de su amiga la Capa de Invisibilidad, y Harry esperó no tener que encontrarse con Filch, Peeves ni algún profesor para darle ninguna explicación. Agarró el brazo invisible de Hermione, y la llevó hacia la Torre de Gryffindor.

Hermione, en un estado de semiletargo, miró hacia el Bosque Prohibido. Y pensó en los animales que éste escondía. En su negrura, y en olvidar. Si hubiese un animal mágico que sólo pudiera verse cuando tienes el corazón roto, ése, pensó amargamente, lo habría visto incluso en la noche más negra.

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Mazmorras de Slytherin. Dormitorio de alumnos de 7º

La rutina generalmente sirve para olvidarse de aquello que sale de la rutina.

Clases, estudios, libros, alumnos, patrullar… todo eso maquillaba una situación interna que podía resultar asfixiante.

Draco había logrado una victoria en quidditch, frente a un equipo de Hufflepuff que había visto tiempos mejores, sobre todo con Diggory. Siempre le habían alabado su magnífica capacidad de aislar eventos, encajonarlos individualmente en compartimentos cerrados en su cerebro. Por algo tía Bella decía que no era malo con la Oclumancia.

Había conseguido por lo menos dejar a Hermione fuera de su área de influencia. Pero a un precio muy alto. De momento, no había notado que sus amigos fueran a destrozarlo a maleficios. Cualquiera que fuese la excusa de Hermione, era obvio que ella no había hablado de su ruptura, o al menos, a él no le había culpado.

No le hacía falta; Draco sabía perfectamente que tenía toda la responsabilidad encima.

"No me hagas daño. Si me vas a dejar porque tienes que cumplir con lo que se espera de ti, entonces dejémoslo aquí y ya. Pero no me des esperanzas si no hay ninguna posibilidad de que estemos juntos."

Solían decir de los Malfoy, de los Slytherin, de los sangre pura… que no tenían conciencia ni la habían conocido nunca. Pero algo dentro de Draco estaba gritándole que el mal menor es una opción como otra cualquiera, pero también tiene un precio demasiado alto que pagar.

"¡Hey Draco!"

Draco levantó la vista y guardó en su cajón el libro que estaba leyendo. Sin variar su expresión indiferente, observó con cautela a los recién llegados. Blaise tiró con desgana su bolsa con los libros, y se echó bruscamente sobre la cama. Crabbe y Goyle fueron a las suyas, mordisqueando unos pasteles que habían traído algo desechos en unas servilletas.

"Blaise." Contestó quedamente Draco.

"Bien, bien… entonces es oficial."

"¿De qué hablas?" contestó Draco, quitándose el costoso reloj de la muñeca.

"Que le has dado una patada a la sangre sucia."

La mano que manipulaba el enganche del reloj se crispó ligeramente, pero Draco no dio muestras de ello. Siempre le habían dicho que la flema Malfoy era mucho más eficaz que el irascible temperamento de ciertos miembros de su familia. Y delante de Blaise no iba a dejar que eso le afectara.

En ese momento entró Theodore Nott con un libro debajo del brazo, con el ceño ligeramente fruncido. Murmuró un hola, y se marchó a la quinta cama del dormitorio, sin prestar atención a sus compañeros.

"Digo que..." continuó Blaise. "Bueno, yo sólo te dije las cosas como un consejo." Blaise se incorporó ágilmente y quedó sentado en la cama, con los brazos estirados, donde reposaba parte del peso de su cuerpo. "Clearwater murió… y era sangre sucia. Y hay cosas que están pasando en el Castillo… que puede que terminen por afectarle a ella."

Draco miró de reojo a Nott. Éste había alzado la cabeza con curiosidad. Sin variar su expresión, Theodore se incorporó para echar el cierre a su dosel, e ignorar, como generalmente hacía, a sus compañeros de cuarto.

Blaise seguía mirando intencionadamente a Draco.

"Ya te he dicho que Granger me importa una mierda, Blaise."

Zabini siguió mirando con sus negros ojos a Draco, y al cabo de un rato, esbozó una media sonrisa.

"Pues no te importará entonces que tenga un desliz con ella."

Draco entornó los ojos. Pero imitó a la perfección la mueca de Blaise.

"Blaise. No me pillas." Draco soltó el reloj y se desabrochó la camisa, con pausa, lentamente y con indiferencia. "Ni eres su tipo, ni ella se interesaría en alguien como tú. Es más, ni a ti te interesan las sangre sucia."

"A ti tampoco. Sólo tengo curiosidad por saber cómo es que has aguantado tanto con la misma. Porque has estado sólo con ella todo este tiempo… ¿o no?"

Draco no contestó. Se puso la camiseta, ignorando tercamente responder airadamente a su compañero de habitación.

"No te preocupes, Draco. Prometo no enamorarme de ella." Añadió sarcásticamente Zabini.

"Déjate de chorradas; ¿cuándo coño vas a contarme qué está pasando en el Castillo?" preguntó harto Malfoy.

Blaise torció la boca, con autosuficiencia.

"Tampoco me pillas a mi, Draco. No esperes tener toda la información el primer día…" respondió enigmáticamente Blaise.

Draco se mordió el carrillo interno. Pero como siempre había dicho Lucius, era un superviviente. Si el plan A no funcionaba, Draco pondría en marcha cualquier recurso. Miró a Crabbe y Goyle, devorando la comida sobre la cama. Y miró finalmente las cortinas echadas de Nott.

Finalmente, echó el cierre al cajón de su mesilla, mirando con melancolía su portada.

"El patronus más grande de la Historia: Andros el Invencible"

De pronto, Draco frunció el ceño. Volvió a coger el libro, como si tuviese la sensación de tener que recordar algo que no lograba atinar. Se quedó un momento contemplándolo, confundido, hasta que se rindió, esperando que cualquier cosa que le había hecho recordar, volviera a su mente.

"Probablemente, olvidas recordarte que eres un imbécil, Draco Malfoy." Le dijo una vocecilla interior.

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Ministerio de Magia. Departamento de Aurores

Kingsley seguía repasando los complicados esquemas que tenía sobre la mesa. El hecho de no haber querido dar muestras de prioridad al caso de Penelope Clearwater le suponía esfuerzo extra, porque debía fingir que ya no estaba prestándole atención, y debía centrarse en otros casos que le llegaban encima de la mesa. Tan sólo a última hora de la tarde es cuando podía dedicarle la suficiente atención, sin interrupciones y lo bastante concentrado.

Consultó varios puntos que tenía destacados. Dándole vueltas al acertijo, sin llegar a desentrañarlo. En un momento, Shacklebolt maldijo interiormente su ceguera. No podía creer que hubiese pasado por alto algo tan fundamental.

Kingsley se incorporó y salió inmediatamente del despacho, tras ocultar oportunamente la documentación del caso en su escondite.

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"¡Kingsley!" exclamó Dolores Umbridge según salía de su ascensor. "Iba ahora mismo a la cafetería… quería tomar un poco de té antes de continuar… estoy muy ocupada estos días."

Kingsley miró alrededor, con impaciencia, y luego a Dolores, la que se tenía por seguro que sería la próxima Ministra. Inclinó cortésmente la cabeza, tratando de ocultar las prisas que tenía.

"No tengo ninguna duda." Comentó formalmente el auror. "Estos días están siendo frenéticos."

Umbridge sonrió con su enorme boca.

"¿Hay noticias de esa pobre alma… ese que atacó el Colegio Hogwarts…?" Dolores juntó las manos en actitud piadosa, y Kingsley mantuvo su flemática actitud sin dejarse llevar por las lisonjas de la mujer. "Creo que el Wizengamot no va a tener dudas con respecto a su responsabilidad…"

"Ya lo veremos, por supuesto."

Umbridge amplió la sonrisa, y separó las manos, su túnica en varias tonalidades rosas susurró por el movimiento.

"No importa. Tengo muchas cosas que hacer, estoy tan ocupada…" volvió a quejarse. "No me cabe duda que acabará confesando, y que incluso tuvo que ver en el desgraciado accidente de Clearmatter."

"Clearwater."

"Sí, sí… claro." Añadió ella, agitando la mano en un gesto que inconscientemente demostraba que el nombre y el apellido de la joven asesinada le tenían sin cuidado. Kingsley notó que su mandíbula se tensaba, a su pesar, pero trató de mostrar una actitud fría e indiferente.

"Señora Subsecretaria…" dijo, en un cálido tono de voz. "Aunque por supuesto le preguntaré… ¿por qué cree usted que un licántropo quiso asesinar a una joven como Clearwater?. ¿Cuál pensaría que fue su móvil?"

"Por supuesto… una bestia como ésa no necesita móvil…" Umbridge soltó una risa. "Hasta pronto, Kingsley."

Shacklebolt se quedó un momento en el pasillo, meditando el hecho. Porque el pobre diablo le había dado respuestas vagas e imprecisas, y tenía la suficiente experiencia detrás como para que un auror como él identificara inmediatamente los signos de un Imperius.

"Se equivoca, señora Subsecretaria," susurró para sí mismo Kingsley. "Todo sucede por un motivo, un propósito."

A continuación, en la soledad del pasillo, el auror sacó un cuaderno del bolsillo y una pequeña pluma y apuntó:

Penelope Clearwater. Departamento de Regulación y Control de Criaturas Mágicas.

Percival Weasley. Asistente de Rufus Scrimgeour.

Había dado por hecho que el punto de unión de ambos jóvenes era una relación sentimental. Había dado por supuesto que ése era el motivo, su nexo de unión. Pero…

¿Y si además habían tenido un trabajo en común?

Kingsley guardó la varita, y se dirigió con premura al lugar donde quiso ir antes de tropezar con Dolores Umbridge: la sexta planta.

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Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería.

Sala Común de Gryffindor

Harry había llevado a Hermione hasta la Sala Común; nada más ver su aspecto fatigado y derrotado, Ron había voceado a todos los que todavía quedaban en la Sala Común que "madrugaran" si tenían que terminar los deberes, pero que restaría 150 puntos a quien se atreviera a quedarse un minuto más en la Sala Común. Ignoró las quejas y protestas, pero lentamente, la Sala se despejó, y quedaron sólo Ron, Lavender, Ginny, Harry y Hermione.

Harry y Ginny la acompañaron hasta la chimenea, y ella le echó una manta encima a Hermione. Harry dejó la bufanda y la Capa a un lado, mientras Ginny le echaba una mirada de soslayo, a la que Harry respondió con un movimiento de cabeza, encogiéndose de hombros. Ron y Lavender se acercaron despacio, pero Hermione no parecía estar prestando atención a la realidad. Ginny sintió un nudo en la garganta, al ver una expresión tan vacía, una mirada tan triste, y un evidente y profundo dolor que envolvía a su mejor amiga.

"Hermione… por favor…" susurró Ginny, acuclillada delante de ella, apartándole los enmarañados rizos. "…dinos qué te pasa… cómo podemos ayudarte…"

Pero ella sólo negó con la cabeza.

"¿Quieres que traigamos a Malfoy?" preguntó Harry. "Será la única vez que permita a un Slyther…"

En ese mismo momento, Hermione estalló en llanto y se cubrió la cara con las manos. Harry abrió los ojos de par en par, asustado y sorprendido por la reacción, y Ginny se incorporó para sentarse al lado de Hermione y pasarle un brazo por los hombros, mirando con el ceño ligeramente fruncido por la preocupación a Harry.

"¡Malfoy!" exclamó Ron. En ese momento agarró la varita y la túnica sobre la silla y se dirigió inmediatamente hacia el retrato de la Señora Gorda. Harry desvió su atención de Ginny y Hermione, y salió detrás de Ron.

"¡Ron!. ¿Dónde te crees que vas?. ¡No puedes salir!" le gritó, deteniendo la marcha sujetando a Ron del brazo.

"¿Ah, no? Pues descuéntame puntos, envíame a McGonagall o lo que te dé la gana, Harry, pero primero, voy a asesinar a Malfoy"

Harry se cruzó de brazos y cerró los ojos durante un momento. Echó la mirada hacia atrás, y sin soltar el brazo de Ron, lo llevó más lejos del pasillo que daba a la salida de la Torre, cerca del hueco del retrato de la Señora Gorda.

"¿Y qué pretendes hacer?. ¿Entrar en las mazmorras y esperar toda la noche?. ¿Soplar y soplar hasta echar abajo la puerta?" susurró en voz baja y con los dientes apretados, disgustado con su amigo, y esperando que ninguna de las chicas estuviera escuchando. "Sabes perfectamente que no puedes entrar en las mazmorras de Slytherin."

Ron se zafó de Harry con un manotazo.

"Ya lo veremos. Pero esta noche le pienso partirle la nariz a Malfoy." Sin esperar respuesta de Harry, Ron desapareció por el hueco, en el momento en el que Neville aparecía por él.

"Hasta luego Neville." Escuchó Harry a Ron, según se cruzaba con su compañero por el hueco.

Neville respondió y miró con el ceño fruncido en una silenciosa pregunta a Harry, según se iba Ron.

"Harry… lo siento, me entretuve un poco acompañando hasta la Bodega a…" Neville se interrumpió, al ver el rostro disgustado de su amigo. "Da igual. ¿Dónde va Ron? Si no son horas de entrar en la Sala Común, menos aún de salir de ella…"

Harry movió la cabeza ligeramente, enfurecido por culpa de la reacción de Ron.

"Hermione… creemos que ha tenido algún tipo de pelea o algo con Malfoy, y Ron va a defenderla como su caballero de brillante armadura."

Neville frunció el ceño, sin comprender.

"No importa…" dijo Harry. "Ya hablaré con Ron. Suele ofuscarse mucho y prefiero que meta la pata él solito."

Ambos volvieron a la Sala Común. Ginny había desaparecido con Hermione, y Lavender estaba sola, de pie, con los brazos cruzados.

"Harry. ¿Dónde está Ron?" preguntó, con una actitud que a Harry le recordó mucho a la señora Weasley.

Neville puso una mueca y miró hacia otro lado, pero no se movió del sitio, imaginando que lo último que desearía Harry era encontrarse a solas frente a una novia celosa y aguantar sus quejas. Harry se llevó los dedos al puente de la nariz, cansado de este tipo de conflictos.

"Se ha ido a buscar a Malfoy."

Lavender apretó los labios. Y asintió en silencio, como si tomara una decisión.

"De modo que se va a hacer el héroe, para ver si puede tener alguna oportunidad con Hermione¿verdad?"

Neville miró con una ceja alzada a Lavender, sorprendido de la extraña conclusión a la que había llegado su compañera, y Harry emitió un suspiro exasperado.

"Lavender, eso se lo preguntas a Ron. Pero si quieres mi opinión, no tiene nada que ver. Hermione es su amiga, su a-mi-ga, y por eso va a arreglarlo con Draco."

"Claro, Harry." Dijo Lavender. "Por eso has ido tú con él ¿verdad?. Ya me sé los Cuentos de Beedle el Bardo, no me los cuentes tú también." Dicho eso, Lavender subió las escaleras hacia su dormitorio, dando un portazo en cuanto llegó a él.

Harry frunció el ceño, sin entender qué narices eran los Cuentos de Beedle el Bardo. Neville se había quedado quieto, esperando que Harry dijera algo. Éste tan sólo se desplomó en el sofá y resopló.

"Lo que faltaba. Peleítas de enamorados." Dijo Harry, mirando las llamas. "Neville¿puedes acercarme la Capa de Invisibilidad?. Está encima de la silla."

Neville miró hacia la silla, y se volvió hacia Harry.

"Hum… Harry, pues sí que tiene que ser invisible, porque ahí no hay ninguna Capa."

Harry miró hacia la silla, y maldijo en voz alta.

"Ron…"

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Dormitorio de alumnas de 7º

Ginny ayudó a Hermione a quitarse la ropa, ponerse el pijama y meterse en la cama. Se fijó que Hermione llevaba al cuello la hermosa joya que Draco le había regalado por su cumpleaños. Y sus temores sólo hicieron confirmarse, cuando Hermione le susurró, derrotada, que él había finalizado su relación, sin dar más explicaciones. La menor de los Weasley sintió la sangre hervirle en las venas, y sintió unas ganas inmensas de lanzarle el más mortífero de sus mocomurciélagos en cuanto tuviera a Malfoy delante. Pero Hermione parecía necesitar más compañía que venganza. Y decidió quedarse con ella.

Parvati estaba durmiendo en su cama, y justo cuando Ginny iba a bajar la luminosidad de su varita, Lavender entró en el dormitorio dando un portazo, sobresaltándolas a todas, incluida Parvati.

"¡Lavender!" exclamó furiosa Parvati. "¡Idiota, me has despertado de un susto!"

"¡Te aguantas!" respondió de malos modos Lavender, dirigiéndose a pisotones hacia su cama.

"¿Se puede saber qué te pasa, pedazo de troll?" gritó Parvati.

Ginny miró de hito en hito a las que pensaba que eran amigas incondicionales, y notó que según se iba caldeando el ambiente, peor le estaba sentando a Hermione.

"¡Basta ya!" gritó Ginny, interponiéndose. "Lavender está cabreada, y ha dado un portazo, no sabía que estabas durmiendo, Parvati. Así que mejor id a dormir y olvidáos de esto."

Parvati, con los brazos cruzados, echó una mirada reprobatoria a Lavender, y se encogió de hombros. Lavender, con los labios apretados por el enfado provocado por Ron, desvió la mirada, y se dirigió hacia su cama, aunque esta vez con más delicadeza.

Ginny volvió a sentarse junto a Hermione, y apagó la varita.

"Mañana hablaremos. Tú procura descansar, porque las clases siguen ahí y no saben de disgustos ni malas rachas."

Hermione se tumbó silenciosamente y apoyó la mejilla en la almohada, pero no cerró los ojos. Ginny se apartó, sin dejar de observar la mirada perdida de Hermione, y soltó las cuerdas que ataban el dosel de su cama.

Finalmente, Ginny echó las cortinas de la cama de Hermione, deseando que sólo fuese algo temporal.

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"Miedo de todo… de lo que ocurre aquí, del Castillo, del futuro… No me he sentido así jamás, y me asusta y me paraliza. Me asusta no demostrar lo que puedo valer. Me asusta mucho pensar que me estoy enamorando de ti, y que eso no debería ser así, y que tendría que acostumbrarme a que personas como tú me odiéis, y todo sucede tan deprisa, y hay tanto que tengo que hacer…"

Si existiera un boggart que representara el miedo como concepto, ése sería su boggart.

"Lo que más miedo da es el miedo."

Eso le habían dicho en la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras. Entonces, con trece años, imaginaba que el miedo era representado por una serpiente, Voldemort, un asesino muggle con un cuchillo ensangrentado, un dragón salvaje…

No entendió entonces que el miedo es algo mucho más profundo, mucho más subjetivo. Lo anterior sólo lo personificaba, por lo tanto, lo que más podía asustar era variable, cambiaba según tus temores íntimos crecían, maduraban o se multiplicaban.

Draco Malfoy no había comprendido que las palabras de Granger habían sido como las suyas propias. Pero ahora, que había puesto fin a todo lo que habiá considerado valioso, era cuando se daba cuenta de que temía más las represalias de ella, que las de ellos.

Y se resignaba a temer el odio de ella. Por primera vez.

O peor. Su indiferencia.

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La última parte, parecía que hablaría de Hermione ¿verdad? Pues no. Era Draco.

Todavía falta mucho por resolver: pues qué se propone Kingsley. Qué se propone Ron. Qué se propone Lavender. Qué se propone Draco. Y todavía… qué van a hacer Fred y George. Y por supuesto… qué pasó con Krum.

Todo a su tiempo. :D De momento, aquí he vuelto a recurrir a Kingsley para centraros en la investigación, y daros más hilos que conectan unas cosas con otras. Y Draco también ha hecho una conexión, a la manera de Hermione, aunque no logra saber cuál es.

Importante: casi todas sabéis que me he leído los libros en inglés. Pues bien, he descubierto que el bicho que ronda Hogwarts ha sido traducido, para variar, "casi bien" ¬¬''. Yo utilizaré el nombre original de la criatura. Mal comparado, es como si los de Salamandra hubieran traducido "kneazle" como "gato", porque son de la misma familia y se parecen mucho. Así que a mi pesar, y sin intención por mi parte, el nombre del bicho no lo encontraréis en los libros traducidos :$

Muchas gracias por leer, vuestra paciencia esperando la actualización, y sobre todo, vuestros comentarios: Annirve; lara evans; Nicole Daidouji, Lil-Evans, Isa Malfoy, Sabaku no Akelos, Abril (sí, es protección :) pero duele igualmente); Heredrha (que me ha regalado con Icon de Regulust que me vuelve loca :); Nott Mordred (21 pedazo de reviews O.O'!!!); Sortilegios Weasley; Nasirid (incluidos dos en las Reliquias :); Yedra Phoenix; Saiph Lestrange (un montón :); blackstarshine; grengras; rosa (muy acertada la comparación Umbridge-Zabini :), Corae