Hay unas cosas en los fanfictions que llevo muy mal. Una de ellas son los titulitos de "flashback", "fin flashback". Nunca he leído un libro que tenga dichas coletillas, aunque se remitan a hechos pasados. Aquí hay una serie de flashbacks, necesarios en algunos casos, y en los que casi siempre usaré el tiempo verbal en presente.

Va por Nott Mordred, que me sugirió escribir lo offscreen (las escenas mencionadas, pero no descritas). Y por todas (vosotras sabéis quiénes sois), por el apoyo que me dais.

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Resumen Cap. 22: Después de la ruptura con Draco, Hermione empieza a caer en una depresión, ajena a los motivos reales de la ruptura, que a su vez, también atormenta a Draco. Ante el fracaso contra Fred y George, Callahan tiene la orden de ir a Hogwarts a liberar definitivamente lo que han llevado dentro. Ron decide ir a buscar a Draco y rendir cuentas con él sobre lo que le ha podido haber hecho a Hermione.


"Dumbledore habría sido más feliz si alguien pensara que había un poco más de amor en el mundo." – Minerva McGonagall. Harry Potter y el Príncipe Mestizo.

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Capitulo 23. Flashbacks

Percy es perfeccionista, puntilloso, organizado, adora el orden, la disciplina, las buenas maneras, lo previsible. En su modo de ver la vida, las cosas pueden ser sencillas si uno le pone ganas y dedicación.

Es el Weasley más peculiar. Todos los Weasley son peculiares, son especiales. Son más que una familia mágica con fama de ser prolífica, de llamativos cabellos rojizos y de tener problemas para llegar a fin de mes. Todos tienen unos rasgos de rebeldía, de firmeza, de determinación, de un genio vivo, y un arraigado instinto de protección hacia los suyos.

Muy leones. Muy Gryffindors.

Cuando Percy demostraba un carácter más individualista, un apego a las normas, indiferencia hacia lo inesperado e inusual, en su familia se llegaban a preguntar si su espesa sangre Weasley-Prewett predominó tan sólo por pura genética al ser seleccionado en Gryffindor, porque no pudo haber sido por su peculiar forma de ser.

Tan poco felina. Tan poco Gryffindor.

Hasta que a un Weasley le pruebas sus límites.

Hasta que a Percy le probaron sus límites.

"¡Ese cabrón ha dejado fuera de combate a Rookwood!"

"¡Y será lo último que haya hecho!. ¡Crucio!"

La primera vez que Percy sintió dolor fue cuando creyó que Penny había muerto por culpa de una legendaria criatura, una de las tantas leyendas de Hogwarts, de su época de los Fundadores, un mito, que su mente racional tenía dificultades para encajar. Penelope Clearwater: Organizada, discreta, trabajadora, inteligente, dulce y generosa. Desde el día que supo que por ser hija de muggles, su vida estaba en peligro, nadie supo que el desconocido y león Gryffindor estaba desperezándose. Todavía manso, todavía durmiente.

La segunda vez, fue cuando esa misma criatura probó que el mundo no es tan racional ni tan previsible como él había imaginado. Cuando la vida y la muerte estaban acechando su pequeño mundo. Cuando la siguiente afectada fue otra de las mujeres de su vida: su única hermana, su hermana pequeña. Ginny. El león estaba despertándose al mundo. Su prueba de fuego, y había fracasado. El hermano mayor en Hogwarts, el referente y el "ejemplo" para su hermana, había fracasado. Un niño de 12 años tuvo que resolverlo.

La tercera vez que sintió dolor fue cuando presenció la muerte inevitable (o tal vez no), de Penny. Su pesadilla. Su peor temor.

El león despertó.

Percy Weasley no siente la Maldición de la Tortura. El dolor lo había anestesiado, y sólo sabe una cosa: proteger. Proteger.

Un Weasley no mata por necesidad. No mata por placer. Ni mata por gusto. Un Weasley no mata. Un Gryffindor es valiente, algunos son tachados de temerarios. Percy es Weasley, y es Gryffindor. Su sangre es pura, puro Gryffindor. Roja como el color de los Gryffindors. Y no mata tampoco. No es temerario.

Percy no es tan sólo un adorador de las normas. Percy, incluso en un estado tan extremo y tan crítico, es racional, metódico, organizado. Es su esencia, a pesar de que nunca nadie supo que era él esencialmente Gryffindor. Salvo un raído sombrero, una antigua reliquia, precisamente Gryffindor. Esencialmente Weasley.

Racional, metódico, cuidadoso. Algo que siempre lo había aproximado a Penny, puro Ravenclaw. Algo que desde ese día, Percy echa de menos. Como a ella.

La racionalidad. El orden. Su vida.

En los últimos momentos en los que la adrenalina fluye por sus venas, deja escrita una simple nota. Un simple aviso. Abre la puerta con un Encantamiento que aprendió en el Ministerio. Y rompe una norma, comete un delito, se llama allanamiento. Pero no importa. Sabe que en Eeylops hay lechuzas.

Aunque él muera, (y no le importa morir), al menos quiere asegurarse que su mundo, roto y vacío, no lo sea para los que él ama. La solución echa a volar, y Percy vuelve a apretar la varita.

Y su último pensamiento va para Penny. Y lamenta no haber sido más rápido, más valiente, más intuitivo, más agudo.

Lamenta no haber sido más Gryffindor. O más Ravenclaw. Como ellos, y los hijos que habían soñado tener. El futuro que habían planificado con sus racionales mentes. Todo se esfuma. Y su vida ha cambiado, desde que ve por primera vez morir a alguien bajo la Maldición Asesina. Dirigida a ella, de todos, a Penny.

Y comprende tantas cosas. Y su mundo se viene abajo.

Han muerto unos aurores. Ha simulado haber huido por El Caldero Chorreante. Tal vez Gringotts pueda protegerlo. Pero duda que el hechizo del Ministerio funcione para entrar en Gringotts. Probablemente no. Pero no importa. Está cansado. Herido, y no siente miedo. Ya no.

Está agotado. Herido grave, y también físicamente. Busca el lugar más seguro del mundo.

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Siempre se hace un rizo con el dedo cuando estudia. Lo retuerce y lo gira con el índice, y le sale una arruguita en la frente por pura concentración. A veces se muerde el labio, y sólo cuando está muy confundida, se muerde el labio de arriba. Cuando lo que estudia requiere toda su atención.

La primera vez que la vio pensó que necesitaba un buen hechizo para alisar una mata de pelo tan espesa y tan rebelde. Pero le llamó la atención precisamente porque era contraria a la suya. Suave, fina, brillante, lacia.

Los Malfoy son muchas cosas. Y tienen muchas etiquetas, no todas buenas. Pero se saben superiores, y se saben únicos. Así que cualquier etiqueta les pertenece. Así son las cosas, así funcionan en su sociedad. Draco primero adora la estética. Como su madre. La belleza de las cosas. Primero éstas tienen que entrarte por los ojos. Después, todo lo demás, ya se verá después.

Ella responde siempre antes de qué a él le dé tiempo a levantar la mano. Dicen que ella ama las buenas maneras y las formas, pero le puede la impaciencia también, y aunque ella levante la mano, ya está hablando, sin permiso generalmente. Menos mal que el profesor Snape se da cuenta de su impertinencia, y la humilla quitándole importancia a una respuesta que siempre es correcta y perfecta.

Ella no se acobarda. Ni siquiera cuando está sola. Todo el mundo es muy valiente cuando está en grupo. Él mismo suele envalentonarse si tiene a Crabbe y Goyle junto a él. Pero ella demuestra con esas pequeñas cosas, que podría haber sido Ravenclaw. Pero también Gryffindor. Y sus puñetazos duelen. Es una muggle, y pega como una sucia muggle. Pero se atrevió, y contra él no usó magia. Eso vuelve a ser provocador. Algo que es hacia él, precisamente, en concreto. Y ella tensa otra cuerda en él. Sangre sucia…

En los Mundiales de Quidditch iban a por ellos. Aunque bien es verdad que un mortífago no le pide el carnet de identidad ni el árbol genealógico a su víctima antes de matar y torturar. Cualquiera vale. Pero por algún motivo, por alguna razón, cuando la vio tuvo que dejarle el aviso. Que van a por los muggles. A por los hijos de muggles.

A por ella.

Todos estaban en peligro. En el campamento, todos huían. ¿Por qué a ella?. ¿Por qué le avisa a ella?

No quiere hacerse la pregunta. Sólo ve que está con esos dos. Con un montón de Weasleys. Que puede que no pueda defenderse, ni ellos. Y tiene que decírselo. Y antes de que reaccione, le menciona que tenga cuidado, o se le verán las bragas.

Draco acaba de cumplir 14 años. Y se descubre a sí mismo que no le importaría ver, a pesar de todo, las bragas de la sangre sucia.

O son las hormonas, o lleva mucho tiempo prestándole atención a Granger.

Tiene unos dientes enormes. Duele mirarla, y Draco ama lo hermoso, la belleza. Y le intriga la inteligencia, el saber, el ser más que nadie. Y ella representa muchas cosas. Y no sé da cuenta cuando envía un maleficio, que está buscando destrozar precisamente esos dientes insufribles. Es una prueba de fuego. ¿Cómo estaría Granger con unos dientes normales?

Y así fue. Ni sus amigos se dieron cuenta de que tiene los dientes ya vueltos a un tamaño "normal". Pero Draco sí se ha fijado. Y no tiene mal aspecto tampoco. Y eso es casi peor para él.

Aunque hay un pequeño problema: es que sigue teniendo la sangre sucia. Es pura contradicción. Sabe del mundo mágico insoportablemente más que nadie. Él lo sabe, él la escucha. Todos lo saben. Hace encantamientos que nadie conoce. Incluso de nivel EXTASIS. La sangre muggle no es un impedimento para acceder a la magia. ¿Qué diablos tiene para que siempre le supere?

Puede arreglarse el tema de los dientes. Pero es frustrante que no pueda arreglarse el tema de la sangre.

Ella no tiene amigas. Salvo la pelirroja, pero no es de su curso. Siempre va con los mismos, insufriblemente perfectos, molestos y Gryffindors. No da saltitos de alegría cuando habla con chicas, ni se ruboriza como una colegiala (y lo es). Tal vez por eso le sorprende mucho que entrara del brazo del chico más envidiado y deseado, del mejor buscador de Quidditch del mundo, y vino con los dientes perfectos, con el cabello perfecto, como una chica, perfecta. No como una sangre sucia, ni una Gryffindor, ni una marimacho.

Y Draco no encuentra el escudo que siempre utiliza para humillarla e insultarla. No puede, no es capaz. No recuerda qué era eso de la sangre, o qué era eso de ser Gryffindor. Ve una chica. Es bruja. Ve una chica guapa, del brazo del chico más popular que ha llegado a Hogwarts.

Se admira cuando descubre el Encantamiento Proteico que aplicó a esos galeones falsos. Puro nivel EXTASIS. Otra vez, más que él. Él siempre detrás, siempre imitando. Organiza y dirige un grupo clandestino bajo las narices de Dolores Umbridge. Ella es quien rompe las normas, la perfecta Gryffindor, la Gryffindor prefecta, es quien ha revolucionado el colegio. Y nunca la había visto más Slytherin entonces.

Es un misterio. ¿Pero no era Gryffindor, insoportablemente valiente?. ¿No era estúpidamente leal como un Hufflepuff?. ¿No era asquerosamente lista como un Ravenclaw?.

Pues descubre que es tan capaz de echar abajo el orden establecido y prescindir de las normas, como el mejor Slytherin.

Es un misterio. ¿Qué es ella?

Descubre que la respuesta fácil es "sangre sucia".

Luego descubre que hay infinidad de cosas que definen a Hermione Granger. Buenas, malas, normales. Ella es más que un rojo, amarillo, azul o verde. Tiene capas, y cada día, cada año, descubre una nueva.

Se retorció de dolor cuando Dumbledore le reprochó, en su estilo, que había dejado entrar a Fenrir Greyback en Hogwarts, poniendo en peligro a sus amigos.

"No, no sabía que iba a venir."

Y se paralizó. Pensó en sus amigos… Crabbe, Goyle, Zabini, Parkinson, Nott… muchos de ellos no estarían ni siquiera en peligro. Ellos están del lado del Señor Tenebroso, y Greyback no se atrevería a atacar precisamente a los hijos de sus propios compañeros. Teniendo tantos alumnos jugosos alrededor, Greyback no iría a por el verde.

Draco no pensaba en ellos. Sus amigos no eran los que estaban en peligro.

Los que estaban en peligro era quienes están luchando, enfrentándose al Señor Tenebroso. Y lucha Potter. Y si lucha Potter, Granger lucha.

Y siente un golpe de realidad. De nuevo él la pone en peligro, directa o indirectamente. Como entonces, ahora él la ha metido en su propia historia, su propio pasado. Y esta vez es mucho peor. A diferencia de entonces, ahora Draco sí sabe cómo huele, si sabe cómo ríe, y cómo se enfada. Sí sabe qué le da miedo, y cuál es su comida favorita. Qué quiere ser, y qué no quiere ser. Dónde tiene cosquillas y qué le hace llorar. Qué cosas hacen que se ruborice, a pesar de que no suele pasarle.

Descubre que efectivamente, ella tiene muchas capas. Y que no puede estar con ella. Pero tampoco sin ella.

Y no se lo dice. No se lo puede decir. Porque supone aumentar el riesgo y el peligro hacia ella. Si se lo dijera, la distancia que ha impuesto él, unilateralmente, no tendría sentido. Y seguiría en peligro. Más que nunca.

Lamenta no haberle dicho que la quiere. Pero no lo lamenta tampoco. Así nadie lo descubrirá nunca. Ni ella.

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Lunes 2 de noviembre de 1998

Hogwarts. Sala Común de Gryffindor

Harry daba vueltas en la Sala Común. Furioso, frustrado, confundido. Neville no se movió de su sitio, sentado en el reposabrazos de uno de los sillones. Estaba decidido a ir con él a buscar a Ron si se lo proponía. Y también de irse a dormir si Harry hacía caso a lo que decía, y dejaría a Ron meter la pata él solito.

La vacilación de Harry significaba que no estaba dispuesto a irse a dormir tan fácilmente. La cuestión era¿por qué?

La primera vez que Neville dio puntos a su casa, públicamente, fue en su primer año. Diez puntitos que fueron por haberse opuesto a que sus tres compañeros volvieran a las andadas, y pusieran en entredicho a Gryffindor y a la carrera por las Copa de las Casas.

Ahora él seguía sin ver sentido a esos puntos, esos diez puntos. Seguía igual de perplejo. Porque ahora Neville no sería capaz de impedir a Harry ir a buscar a Ron. Era su amigo, y estaba preocupado, pero Ron era visceral, nada más, y su impulso tenía que ver con Malfoy, y con Hermione, eso seguro.

"No puedo quedarme." Suspiró finalmente Harry. "Aunque tenga que ir sin la Capa, tengo que ir a buscar a Ron, y aturdirlo si es necesario, pero traerlo de vuelta. Con lo que está pasando… no me apetece nada que esté por ahí…"

Neville frunció el ceño.

"¿Lo que 'está pasando'?"

Harry miró a Neville y le dio una palmada en el hombro.

"No importa. Nadie en su sano juicio pondría en peligro a nadie en Hogwarts. Por muy cerca que esté de las mazmorras. No Slytherin, precisamente." Comentó crípticamente Harry. Retiró la mano del hombro de Neville, y miró hacia las escaleras de su habitación. "Como mucho, estamos en peligro los Gryffindor." se fue hacia las escaleras. "O los Hufflepuff. Voy por el Mapa."

Neville se incorporó como un resorte, al escuchar "Hufflepuff" y "peligro", y miró sin ver cómo Harry se escurría por las escaleras hacia su dormitorio, con intención de llevarse el Mapa de su padre, ese Mapa estupendo que señalaba a todo y todos en el Castillo.

Si antes estaba dispuesto a ir con Harry a traer a Ron, ahora más que nunca.

¿Por qué estaban en peligro?

Tragó saliva. Y pensó en Hannah. En su madre asesinada, cuando nadie podría imaginarlo. Durante sus clases en el Ejército de Dumbledore, Neville se sintió más Hufflepuff que nunca. Ellos siempre sacaban adelante las cosas a base de esfuerzo y dedicación. Los había agudos y brillantes, como Cedric o Zacharias. Los había con sangre mágica de renombre, como Susan o Ernie.

Y luego estaba Hannah. Un punto y aparte, era única por sí misma. Con ella había practicado en algunas ocasiones algunos hechizos, y cuando Harry los ponía en parejas, Neville descubre que no puede invocar el Expelliarmus para desarmarla. Ni puede tratar de echar un Desmaius hacia ella. Sabe que probablemente falle, en cualquier caso, siempre ha sabido que era torpe y desgarbado, y que no tiene el talento de sus padres, prodigiosos y ya tristemente legendarios aurores.

Hannah sí que trata de aturdirlo, o de desarmarlo. Y él se alegra cuando ella lo consigue. Porque Neville descubre que se siente feliz así. Ella no es una guerrera, ni es una duelista, ni es la más brillante del curso, ni tampoco la más guapa. Aunque tiene una sonrisa que es preciosa. Y tiene nervios cuando llegan los TIMOs. No tiene miedo de preguntar sus fallos, ni de admitirlos. Es humilde, ella sólo quiere ocupar un lugar en el mundo.

Un mundo que Neville descubre que ella quiere que sea feliz. Y por eso sabe que ella pertenece al Ejército de Dumbledore para cambiar las cosas. Tal vez su participación sea invisible, pequeña. Pero el hecho de que esté y forme parte de él, del Ejército, del mundo, es un trocito más de felicidad. Para la guerra está Harry, para los Extraordinarios está Hermione.

Para la felicidad, está Hannah.

La echó de menos cuando en su sexto curso la sacaron del Colegio. Y pensó en ella. Neville ha sabido siempre que tiene madre, pero ella apenas percibe su propia existencia. Hannah ha perdido a la suya con dieciséis años. Y Neville comprende que a ella le han arrebatado algo que sí va a echar de menos. Él al menos nunca conoció el abrazo de la suya, ni sus chillidos, ni sus enfados, ni sus disgustos, o sus alegrías.

De hecho, Neville no sabe cuál es el tono de voz de su madre, ni ninguno de esos registros. Pero Hannah sí, y por eso lamenta que se lo hayan quitado. Y Neville sabe que si hay que luchar, se tiene que luchar. Por él, por ellas (sus madres), por las familias rotas, por amistad, y porque vale la pena.

Verla de nuevo, fue especial. Fue descubrir que pese a todo, siguen vivos, y pueden ser felices. Y no puede creer que ella sí se fijara en él.

Sonríe cuando piensa en la ilusión que le ha hecho el regalo. Una flor. Neville es hábil con las plantas, las hierbas mágicas y las flores. Algunas veces ha aguantado sin pestañear que le acusen de nenaza y de cuidar cosas. No son cosas, son seres vivos. Y Neville es coherente. Ama la vida, no las cosas.

No purezas de sangre. Mansiones inmensas. Contenidos de cámaras en Gringotts. Neville no es materialista.

Eso se lo confiesa a Hannah, cuando van hacia la Bodega de Hufflepuff. Ella deja que él le tome de la mano, y Neville descubre que le encanta que ella le acaricie el dorso de la mano con su pulgar. Un gesto minúsculo, y apenas perceptible, pero es suyo ya. Y es de Hannah. Es de los dos.

"Me da pena que no seamos de la misma Casa, Neville. Ahora podríamos seguir estando juntos."

Pero Neville no lamenta que Hannah sea Hufflepuff. Ni él lamenta ser Gryffindor. Cuando llegan a la entrada de la Bodega, Hannah deja la flor de todos los colores en el suelo, a sus pies.

"Desde que he vuelto a Hogwarts, ha sido el día más bonito de mi vida, Neville. O incluso desde que estoy en Hogwarts."

Y siente sus labios otra vez, y al principio no sabe que lo está besando, de la sorpresa. Es la primera vez que alguien le dice que ha hecho de su día el más especial en años. Nunca se ha sentido especial, ni le han hecho sentir especial. Salvo aquella vez que le dieron diez puntos para Gryffindor, y ganaron la Copa de las Casas. Pero no puede compararse en nada, con esto.

Él es importante para ella. Y no puede creerlo.

Sólo acierta a rodearla con sus brazos, y a responder el beso. Y cuando se aparta, descubre que ella tiene las mejillas sonrosadas, y su rostro redondo, luminoso. Le cuesta separarse de ella, y finalmente espera a que entre en su Sala Común.

Lo demás ya no importa.

Hasta que Harry ha mencionado peligro.

"Ya estoy. Luego te veo Neville."

Neville parpadea y ve que Harry lleva la túnica y está guardando el Mapa cuidadosamente doblado en un bolsillo. Se disponía a irse, cuando su compañero se incorpora de su sitio en el Sillón.

"Espera, Harry. Te acompaño."

Harry se dio la vuelta y mira extrañado a Neville. Por un lado, recuerda que Neville fue el único, con Luna, que fue con ellos al Ministerio de Magia, que nunca les ha fallado. Pero por otro, Neville consiguió puntos cuando trató de evitar otra de sus famosas escapadas clandestinas.

Es lo de menos.

"Venga, vamos entonces." Comentó Harry.

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Pasillo de las mazmorras de Slytherin

Ron se detuvo, y de nuevo lamentó que Harry sólo hubiese sacado la Capa, sin el Mapa del Merodeador también. Al menos tenía la Capa, y era genial. Ya a solas, es cuando empezó a meditar si estaba haciendo una tontería. De momento, había esperado en el pasillo iluminado por antorchas a que algún Slytherin se colara por la puerta, y pudiera escuchar la contraseña.

Tal vez era un plan estúpido, pero era su plan. Estaba seguro de que Fred y George no se habrían burlado. O tal vez sí, quizá sí se habrían quejado y se habrían reído de él. Pero le daba lo mismo. No es que le cayera bien Malfoy, nunca le había caído bien, pero había empezado a aguantarlo, desde que estaba con Hermione. Nunca dejaría de ser un jodido capullo engreído e insoportable, pero sí que trataba bien a Hermione, y ya hacía un año que lo había podido comprobar. Acabó aceptándolo finalmente y Ron estaba cómodo.

Hasta el momento en el que Draco Malfoy dejó de tratarla bien. Pero era superior a él. Es saber que alguno de los suyos lo pasa mal, o sufre, y montar en cólera. Tal vez tuviera que ver el hecho de saber que tenía un hermano desaparecido, que una de sus piezas faltaban en su vida, pero no importaba. Ron no es del tipo racional ni precavido. Siente en extremos. Y si alguno de los suyos siente dolor, él no sabe curarlo, sabe devolverlo.

Y tenía unas inmensas ganas de estampar el puño en la cara de Malfoy. No sería muy elegante ni muy mágico, pero se sentiría muy a gusto.

Escuchó un ruido y se quedó quieto, esperando que ni la punta de los pies asomara por debajo de la Capa de Harry. Vio que se acercaban dos alumnos con risitas y optó por aproximarse más al retrato.

"Slytherin es superior"

"Sin duda" respondió el siniestro personaje que estaba en el retrato. A escuchar con atención a los dos escapados. Si no fuera porque necesitaba la contraseña, habría disfrutado mucho mostrando la insignia de Prefecto y habría restado una buena cantidad de puntos a Slytherin, por rondar a esas horas por el Castillo.

Ron bufó. Lo que le faltaba por oír. "Slytherin es superior." Casi prefería las tontas contraseñas de la Señora Gorda. Se acercó despacio al retrato, y pensó si tenía que entrar en la mazmorra o no. Ya la conocía, más o menos, de cuando entró bajo los efectos de la Poción Multijugos. Dudó, porque Harry había tenido claro que no era buena cosa que se introdujera en la mazmorra de Slytherin hecho una fiera y a esas horas de la noche.

Pero recordó a su amiga. Llorando, y murmurando sólo "Malfoy", y no tuvo ninguna duda.

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Neville y Harry llegaron en silencio, sin dejar de mirar el Mapa. Hacía unos minutos que habían visto que Ron, efectivamente, se las había ingeniado para entrar dentro de la Sala Común de Slytherin. Asombrosamente, había logrado la contraseña, y según el Mapa, estaba en el dormitorio de Malfoy. Pero ellos no tenían contraseña; el desagradable retrato les mandó a paseo en cuanto vio el escudo y los colores inconfundibles del uniforme de Gryffindor, lamentando que hubiese tenido que darle acceso a otro de los pestilentes Gryffindors.

Harry miró el Mapa por enésima vez, y comprobó que por los pasillos estaban varios profesores: Hagrid, Vector, Krum eran los que estaban más próximos por esta zona.

"Ven, Neville, aquí hay un almacén de limpieza de Filch. Tal vez podamos estar ahí ocultos."

Neville intentó disimular una sonrisa.

"¿Y cómo sabes eso?"

Harry le miró de reojo y torció la boca.

"Vaya, Neville… no imaginaba que eras tan malpensado…" Harry echó a andar deprisa, sin dejar de asomarse al Mapa. "Desde que soy Premio Anual he pillado en los cuartos de escobas y de limpieza a más de una parejita…"

Neville soltó una risita floja; de modo que el mito de los cuartuchos era verdad. Pero finalmente llegaron a una vieja puerta de madera, y pasaron a un pequeño almacén con escobas y artículos de limpieza, y Harry encendió una de las lámparas de la pared, sin duda, otra muestra de que Filch no podía convocar lumos y recurría a técnicas más muggles para iluminarse.

Volvió a mirar el Mapa y frunció el ceño.

¿Callahan?. ¿Quién diablos era Callahan?

"¿Qué pasa, Harry?"

Harry se puso en tensión. En la zona de las mazmorras, había un tal "Callahan" que estaba yendo hacia una de las esquinas del Mapa, una de las partes del Castillo que no figuraban en él, relativamente próximas a las Mazmorras de Slytherin.

"¿Conoces a algún alumno llamado Callahan?" preguntó Harry, señalando la etiqueta. Neville se asomó y miró a Harry con una expresión de disculpa, casi dolida.

"Lo siento, Harry… sabes que no suelo acordarme muy bien de los nombres… pero no me suena de nada."

Harry chascó la lengua. Y se fijó en que el individuo en cuestión había desaparecido al llegar a una pared.

"Mierda..." Harry empezó a seguir con la punta de la varita toda la zona, buscando centímetro a centímetro el nombre de "Callahan", el puntito. No era posible... Nadie podía Aparecerse en Hogwarts, lo había oído cientos de veces a Hermione. "Mierda… no sale más" murmuró Harry, girando el pergamino como si Mapa continuara por el reverso. "¿Dónde iría, y quién es ése?"

Neville alzó las cejas, y se encogió de hombros, igual de perplejo. Entonces Harry volvió a la parte dibujada del Mapa, y volvió a buscar a Ron. Le llamó la atención que la figura de Filch estaba caminando tan deprisa, que diría que iba en dirección contraria, directo hacia su dormitorio, seguido de su repelente gata.

"Es raro…" murmuró Harry, tocando con el dedo la rápida etiqueta. "Filch, yendo en dirección opuesta, corriendo como alma que lleva el diablo…"

Neville miró a Harry.

"Qué cosas salen en el Mapa, Harry…"

"Ya ves. Muestra lo que hacemos todos ahora." Neville se fijó en sus dos puntitos, en el pequeño almacén próximo a Slytherin. "Y aquí están pasando cosas muy raras…" volvió a mirar el Mapa. "Oh… Ron viene…"

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Mazmorras de Slytherin. Dormitorio de alumnos de 7º

Draco sintió que alguien le ponía la mano en la boca, y se incorporó inmediatamente, tratando de buscar su varita. Pero se encontró que una varita iluminada por un Lumos le apuntaba directamente a la cara, deslumbrándolo.

"Ni una voz, Malfoy."

Draco parpadeó, y pudo distinguir, a pesar de la contraluz, el llamativo tono rojizo de Ron Weasley. No podía ser. Tenía que ser un fantasma, una jodida pesadilla en la que nada menos que Weasley se le presentaba con cara de querer asesinarlo ahí mismo, en su propia cama.

Podría haber soñado con ganar la Copa de Quidditch y haber vencido a Potter al atrapar la snitch y dejado que estampara su cara contra el suelo. Podría haber soñado que era nombrado Ministro de Magia. Podría haber soñado que quien le visitara por la noche era ella… y algo dentro de él sintió un pinchazo, porque por el mero hecho de haber pensado así, ya confirmaba que a partir de ahora, esa imagen iba a torturarlo todas las noches.

Maldijo, no por primera vez, a Weasley, y clavó sus ojos grises llenos de odio en él. Por haber sido, además, capaz de haber entrado en las Mazmorras de Slytherin.

De modo que Weasel era también hábil y astuto.

Volvió a maldecir al Gryffindor.

"Vamos fuera, que tenemos que hablar tú y yo."

Malfoy meditó lo absurdo de la situación. Pero estaba claro que sea cual fuere la situación, Weasley estaba muy mosqueado con él, y no era para menos, y ya intuía a qué se debía, y veía que a Weasel le tenía sin cuidado lanzarle un Avada Kedavra ahí mismo, con o sin testigos, y dentro del territorio tradicionalmente enemigo.

Se incorporó y se colocó la túnica sobre el pijama, se calzó y agarró la varita. Pensando que sería muy práctico el comprobar la eficacia de las clases de Potter precisamente contra su mejor amigo.

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"Está bien, Weasel, ¿qué coño vienes a…?"

Pero antes de que hubiese terminado de hablar, Ron le había propinado un puñetazo en la cara, con tal virulencia, que por un momento Draco se sintió mareado. Cayó torpemente hacia la pared contraria, y movió la cabeza, confuso.

"Es por Hermione. Para que te acuerdes del que ella misma te soltó, cabrón."

Ni siquiera Draco hizo por llevar la mano a su varita e impedirlo. Su cabeza pensó antes que nada… y recordó, con dolor, que Weasley acababa de darle un buen derechazo, de la misma manera que lo recibió de ella, sorprendentemente fuerte para ser una chica.

Notó que Weasley le agarraba del cuello de la túnica y le ponía la varita en la cara, que Draco notaba que picaba por el golpe.

"¡Oye, que mi piel se enrojece enseguida!"

Él le contestó eso aquella vez que, en Malfoy Manor, él le dijo que no pensaba cantarle serenatas bajo su balcón. Y ella le dio un golpe en el costado, una de sus violentas reacciones, de su carácter. Sentía que la sangre estaba escociéndole el rostro, y probablemente tendría una buena señal al día siguiente.

Un precio que pagar. Lo demás lo llevaba por dentro.

"No sé si prefiero que Hermione esté contigo, o sin ti. Porque por increíble que parezca, es infeliz sin ti, y por increíble que parezca, seguro que piensa que eres alguien que merece la pena." Ron soltó el cuello de Draco, y éste se llevó la mano fría a la cara, en un intento por mitigar el calor que sentía en ella tras el golpe. Ron lo miró con desprecio, y Draco odió esa mirada, porque Weasley no era nadie para juzgarle a él. "Tú no vales ni una sola de sus lágrimas." Ron apretó la brillante tela plateada de la Capa de Invisibilidad. Y vaciló. Por pura impotencia. Se sentía mejor al haberle propinado un buen golpe. Pero ni siquiera sentía ganas de iniciar un duelo o una pelea a golpes. Por sorprendente que fuese, sólo quería escuchar una razón por la que Malfoy pudiera justificar el dolor de su mejor amiga. "¿Qué le has hecho?"

Draco miró con frialdad a Ron, y arrugó la nariz, en un gesto de asco que era puro Narcissa.

"Claro, como que a ti te tengo que dar explicaciones."

Ron esta vez no recurrió al puño para golpear, sino al puño para atacar con la varita. Y Draco no hizo ni siquiera para esquivar o contraatacar. Cayó al suelo sujetándose el estómago, sintiendo vértigo.

"No tiene remedio, Weasley... Ella y yo hemos cortado…"

Y se sorprendió al ver que Ron no lanzaba otro maleficio. Simplemente se quedó quieto, mirándolo con repugnancia. Pestañeó, como saliendo de un trance, y finalmente, el Gryffindor habló.

"Tanto mejor para ella. Así encontrará a alguien que sepa valorarla como ella se merece."

Draco lo miró con ojos entornados, aunque seguía dolorido en la cara, en el estómago, y seguía con una maldita sensación de mareo que era casi nauseabunda. Y pensar que ya tenían vía libre con ella era como recibir un mazazo.

"Bien por ti, entonces, Weasley." contestó, entre amargo, resignado y furioso.

"Capullo, no hablo por mi." Respondió Ron. "Pero da igual, ahora mismo el listón lo has dejado tan bajo, que cualquiera es mejor que tú para ella."

De nuevo otro golpe. En otras circunstancias, esas palabras las habría respondido Malfoy con suficiente ingenio y habilidad, la lengua viperina era un punto fuerte de Draco, mucho más que ninguna otra cosa. Pero Weasley estaba vocalizando precisamente todos y cada uno de sus temores, y ante eso, no había réplica.

"Perfecto, sólo asegúrate de que…"

Pero a Draco no le dejaron terminar: de pronto, escucharon un alarido, y ambos se quedaron quietos, mirándose extrañados uno y otro. El grito procedía de algún lugar más allá de los laberínticos pasillos de las mazmorras. Draco palideció, y recordó aquello que se rumoreaba… algo que se sospechaba acerca de las Mazmorras.

Ron frunció el ceño, y volteó la cabeza con rapidez hacia la oscuridad de los túneles que había más allá de las rejas de las mazmorras, apuntando con la varita. Draco apretó la suya en la mano.

"¿Qué hay más allá de estas verjas, Malfoy?"

"No lo sé…" susurró Draco, todavía mareado, olvidando momentáneamente el tema de discusión. "Nunca vamos para allá… Snape siempre nos había advertido de que era extremadamente peligroso ir hacia las Mazmorras… Nunca nos permitió ir para allá…"

En ese instante entraron en el corredor Neville y Harry, con las varitas en la mano. Harry pestañeó al ver a Ron, ileso, y a Malfoy, con signos de haber recibido, cuando menos, un buen golpe en la cara.

"Ron… ¿lo habéis oído?"

Harry consultó de nuevo el Mapa. Parecía que el grito sólo había retumbado en las mazmorras, porque ninguna de las figuras que estaban haciendo la ronda se había empezado a acercar hacia ellos. Y en Slytherin nadie parecía moverse de sus dormitorios.

"No me gusta…" murmuró Harry. Levantó la mirada, y olvidó que había ido a buscar a Ron, que no debían estar de cháchara en los pasillos a esas horas, mucho menos, tenían que estar batiéndose en duelos para defender el honor de una dama en apuros…

"Te desssssstrozaré… aquí… ahora…"

Harry palideció.

"¿Lo oís?"

Ron se volvió hacia Harry, desviando la mirada de los pasillos prohibidos. Draco giró la cabeza, todavía encogido sobre sí mismo y apoyado en la pared, y Neville frunció el ceño, intentando escuchar más allá de las antorchas, más allá de su chisporroteo, de las corrientes de aire que pasaban por las rendijas y de su susurro.

"Yo sólo oigo el silbido del viento." Murmuró Neville entornando los ojos.

Harry no quería escuchar nada más, sólo sentía el frío en el cuerpo…

Los rastros de magia oscura…

"Harry…"

"¡Callad!" espetó. Y Harry se concentró… y sentía que la temperatura era mucho más fría según prestaba más y más atención al corredor prohibido, a las oscuras verjas. A lo que fuese que había más allá.

Se sintió raro. Era como un flashback, como recordar aquellas veces en las que sólo él escuchaba al basilisco que Tom Riddle, a través de su diario, liberó en la Cámara de los Secretos.

Un basilisco...

ooOOooOOoo

Viktor se detuvo en el pasillo, paralizado. Sentía el grito como si lo hubiesen exclamado a un metro de él. Y volvió a sentir esa inquietud. Le habían dicho que Hogwarts era como un castillo de princesas muggles. Nada en comparación a Durmstrang, con tantas y tantas historias oscuras, tantas leyendas de un pasado misterioso y cruel.

Sin embargo, Viktor hacía tiempo que se había percatado que no hacía falta una maldición en el puesto de profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras, para saber que no le apetecía especialmente repetir la experiencia. Pero se había comprometido a estar ahí. A impartir clase, terminar el curso. Las sensaciones extrañas que venía percibiendo no las podía catalogar con facilidad; no recordaba que la primera vez que llegó a Hogwarts, hubiese sentido lo mismo.

Era algo inusitado. Pero definitivamente cruel, oscuro.

No había sido capaz de mencionarlo a nadie. Ni siquiera a Minerva McConagall, y no tenía intención de ser tachado de paranoico o de hacer ver que todos las Escuelas de Magia eran Durmstrang. Nada más lejos de la realidad. En Durmstrang sucedían cosas, sí. Pero esto no era esencial de Hogwarts. Era algo ajeno, extraño al Castillo.

La noche anterior creyó escuchar un siseo. Había profesores en Durmstrang que hablaban pársel, y hubo una época que se quiso impartir como asignatura, aunque fue un fracaso. El pársel era algo de privilegiados, incluso un talento heredado. Y no fue el caso de Viktor; en todo caso, no le interesaba mucho hablar con serpientes. Pero había tenido el suficiente contacto con reptiles y criaturas mágicas malignas, como para saber que algo de eso tenía que haber por allí.

Ojalá se equivocara.

Pero se temió lo peor cuando esa misma tarde, Hermione le confesó que había rondado sin haberlo meditado mucho, y que había creído oir a una serpiente. En el mismo lugar donde él había creído seguirla. Y supo inmediatamente que ambos habían caído inconscientes, porque no recordaban nada más.

Echó a andar hacia el lugar de donde procedía el alarido; era hacia las mazmorras de Slytherin. Krum maldijo en voz baja; llevaba noches enteras tratando de encontrar un sentido a todo esto, pero no era capaz de situar la escena en un lugar concreto.

¿Era en todo el Castillo, o en un lugar específico?

"¿Estás enfadado, Viktor? Sé que no debí ir... sobre todo después de notar como si... una serpiente estuviera por ahí. Me acordé mucho de Nagini, de la serpiente de Voldemort, y me asusté."

Viktor se enfadó más consigo mismo, por no ser capaz de averiguar los mensajes que estaba enviando el Castillo. Alguien como Albus Dumbledore lo habría sabido, pero él no era Dumbledore, y no había nadie en el mundo con su sabiduría y su intuición. A Hermione no podía culparla. Pero sí prohibirla que saliera por las noches.

"Me recuerdas a Malfoy. Él quiere que me pegue a Harry si no estoy con él."

Viktor no contestó a eso.

"Sigo teniendo ese sonido en la cabeza... es como si Nagini hubiera estado ahí. Era escalofriante..."

Nagini... una serpiente...

ooOOooOOoo

Pasillo de las mazmorras de Slytherin

"Yo me largo. Ya te sientes, mejor¿no Weasley? Pues me largo"

Ron, Harry y Neville se quedaron un momento mirándose unos a otros, y dudando sobre entrar en los pasillos más profundos, una zona del castillo que quedaba siempre al margen de la vida estudiantil.

"¿Qué hay más allá, Malfoy?" preguntó Harry en voz baja.

Draco se dio la vuelta, con los labios encogidos en una fina línea.

"¿Tengo pinta de ser el guía turístico? Ya ha venido Weasel, me ha dado unos azotes, me voy a la cama sin cenar, así que dejadme en paz, todos. Mira ese Mapa tuyo tan estupendo. A mi olvídame." Malfoy se acercó al retrato y entró en su Sala Común, sin girarse hacia los tres Gryffindors.

Pero Harry miró el Mapa. Y miró hacia los oscuros pasillos de las Mazmorras.

¿Qué era lo que alguien dijo de las Mazmorras del Castillo?. ¿Cuándo había oido hablar de ellas, dónde...?. ¿Y por qué asociaba las Mazmorras, sobre todo, con Draco Malfoy?

Si el Mapa del Merodeador hubiese sido un mapa hecho por piratas, tendría que poner, sin duda alguna…

"Here be monsters"

ooOOooOOoo


He tenido que cortar, porque el capítulo se me estaba haciendo eterno y tendríais los cuchillos afilados :$. Dejo la nota de autora aquí (quitar espacios):

http // dubhesigrid. livejournal. com / 23988. html

De nuevo, muchas gracias por vuestra inmensa paciencia al seguir una historia que puede llegar a impacientar :(. Gracias por vuestros comentarios y vuestras teorías y opiniones, de verdad que hacéis que todo valga la pena: Saiph Lestrange (varios :); grengras (también por PM); Lara evans; Nott Mordred (también por PM y LJ); Heredrha; Yedra Phoenix; Isa Malfoy; Cristhine; Lil-Evans; Nasirid (también por LJ); Sabaku no Akelos; Nicole Daidouji (también por LJ); Paddyale; Annirve; Lunna; norma; melaniablack; rosa; blackstarshine.

Hasta el próximo :) Besos y suerte con esos exámenes.