Empiezo y acabo fuertecito el capítulo. Así que armaros de valor Gryffindor, y las Slytherin, de astucia e ingenio. En compensación, traigo a Fred y George.
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Resumen Cap. 23: Percy Weasley presenció el asesinato de Penelope Clearwater, y se las arregló para huir del Ministerio e intentar engañar a sus perseguidores. Antes que ponerse a salvo, pudo enviar una lechuza, con alguna información clave de lo ocurrido esa noche. Sabiendo que estaba acorralado, intentó buscar el lugar más seguro del mundo. Ron se presenta para pedir explicaciones a Draco, mientras que Harry y Neville van a buscarle, en parte porque no está permitido estar a esas horas por el Castillo, y en parte porque Harry sigue inquieto por culpa de las mazmorras.
Cuando están todos juntos, escuchan un alarido procedente de las mazmorras, cuyo acceso está prohibido.
"La muerte no es nada comparada con esto (el dolor). Así volveré a ver a Sirius." - Harry Potter. Harry Potter y la Orden del Fénix.
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Capítulo 24. Extrañar
Miércoles 4 de noviembre de 1998
Dormitorio de alumnas de 7º. Torre de Gryffindor
Hermione se había acogido a una rutina lo antes posible. Siempre era de clase-estudio-clase-estudio, y ahora precisamente, con más razón que nunca. Habían pasado ya tres días, en los que al principio creyó que se ahogaría, como si faltara oxígeno alrededor. Que la pena sería tan insoportable, que perdería la cordura.
Después su mente racional y analítica le diría que estaba equivocada; que no podía dejar el tiempo parado en un segundo de dolor, y convertirlo en su estilo de vida. Llevaba años estudiando, tenía proyectos, tenía ambiciones, y tenía unos EXTASIS que superar. No podía permitirse más dolor. El parar el mundo por caer en una depresión era un lujo exclusivo de Malfoys, Parkinsons, Greengrass o Zabinis. Pero no de Grangers.
Se conmovió cuando supo que Ron había ido a cantarle las cuarenta a Draco. Se conmovió de verdad cuando sus amigos estaban pendientes de ella, y ella fingía normalidad y entereza. Salvo por el hecho de que estar en su dormitorio era una pesadilla, lo demás iba bien.
Lavender estaba furiosa con ella, y Hermione no sabía exactamente el motivo, aunque Lavender Brown era la menor de sus preocupaciones, sea dicho de paso. Parvati estaba furiosa con Lavender porque entró en su dormitorio hacía unas noches como una auténtica energúmena y la había despertado. Y Hermione no quería ni darles explicaciones de su palidez, de las ojeras que tenían sus ojos o por qué los párpados estaban siempre tan hinchados.
Un par de días después su ruptura, ésta era ya conocida por gran parte del colegio. Así que era fácil saber que esos síntomas eran producto de la tristeza, y no de noches de insomnio, clásicas noches Granger estudiando incansablemente.
Era imposible para ella dormir más. Se le presentaban todos los recuerdos, ya en la soledad de la noche, en el momento en el que tienes que dejarte llevar por el sueño. Y lo único que lograba era activar su mente, repasando momentos del pasado, y aquellos momentos del futuro que nunca se había atrevido a conjurar, pero que ahora eran más reales que nunca. Sólo porque no podían ser realizables, ya no eran reales. Sabía que daba vueltas y vueltas en la cama, y que seguiría obsesionándose con conciliar el sueño, mientras veía los minutos y las horas pasar.
Las que faltaban para que amaneciera. Alguna vez le habían dicho (o tal vez, varias veces, no lo recordaba), que era mejor que empezara a tomar pociones para dormir, o no rendiría lo suficiente. Pero Hermione se negaba a creer que estaba perdiendo sueño, hábitos de estudio, o fuerza de voluntad. Se levantó finalmente, y sacó del cajón el uniforme, esperando, no por primera vez, que la ducha pudiera lavar las penas.
Salió de la ducha en silencio, y a pesar de ella, todavía abotargada. Se detuvo un momento, decidiendo si bajar a estudiar al Gran Comedor, o quedarse en la Sala Común. Ninguna de las opciones era deseable; si bajaba, estaría todo vacío y frío. Y si se quedaba en la Torre, sería otra vez el momento de darle explicaciones a la gente de porqué estaba ya arreglada, y que qué tal había pasado la noche, y todo lo demás.
Se sentó en el sofá de la Sala Común, y dejó que el calor de las llamas penetrara sus huesos. Agarró un cojín y se abrazó a él, mientras se tumbaba y apoyaba la cabeza en el reposabrazos. Dejó que la mirada pasara por los tapices que cubrían la pared junto a la chimenea; una rica urdimbre con complicados dibujos y filigranas. Sentía los párpados pesados, pero estaba casi a gusto. Y miraba las formas de aves y de hipogrifos que tenía uno de los tapices. Uno tenía una forma de una mujer, era como un ángel, con sus alas.
Pestañeó varias veces, pero la figura del ángel parecía desdibujarse; y empezó a sentir un siseo, un silbido extraño. Hermione se incorporó de un salto, mirando alrededor, preocupada; era como si alguien hubiese soltado una serpiente en la Sala Común.
"Es imposible, Hermione. Es imposible…"
No había fuego en la chimenea.
Volvió a mirar, alrededor, con el corazón latiendo deprisa, y la Sala Común parecía un lugar gris. Vacío. Desolado.
Gris. Oscuro. La madera no era marrón. Los tapices no eran rojos.
Era como ver una fotografía en blanco y negro.
Y escuchar un siseo en sus oídos.
No podía reaccionar. No era rápida y no sabía qué hacer.
El fuego…
Volvió a mirar la chimenea, pero estaba vacía, apagada. Ni siquiera había cenizas. No había nada. Y Hermione quiso subir a su dormitorio; a pesar de Lavender y Parvati, sus discusiones y sus enfados. Retiró la mirada de la chimenea, y fijó la vista en el umbral de las escaleras que llevaban a los dormitorios.
All, en el umbral, estaba Draco Malfoy, colgado de una soga al cuello. La cabeza caída sobre el pecho, su cuerpo balanceándose sin vida. Pero los ojos vacíos, extraños, mirándola fijamente, un vacío de muerte.
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Hermione se despertó, pero no gritó, ni tampoco se incorporó de golpe, como impulsada por un resorte. Tenía la mano en la boca, y eso había amortiguado el grito que había exclamado en el sueño. Estaba temblando, y tenía diminutas gotas de sudor en la frente. Intentó incorporarse, y notó como si la cabeza se hubiese quedado pegada a la almohada, como si pesara toneladas.
Hizo un esfuerzo, angustioso, y notó como si la cabeza siguiera teniendo el peso hacia el lado donde había dormido. Una horrible sensación de náusea.
Crookshanks no estaba tampoco. Parvati y Lavender parecían dormir profundamente en sus respectivas camas. De inmediato, vino a su mente la pesadilla, la última escena, y salió corriendo hacia el baño, con la mano todavía pegada a la boca, en un intento por controlar el vómito.
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Gran Comedor
"Me preocupa, Harry" comentó Ginny nada más terminar su desayuno, apartando el plato para tener más espacio en la mesa. Miraba a Hermione, que acababa de levantarse para ir a la Biblioteca, y miró de hito en hito a su amiga según se dirigía a las puertas, y su plato, prácticamente intacto. "Y Neville me ha dicho que Hermione le preguntó por alguna hierba, y cito, que fuera más eficaz que la tila. Él le recomendó melisa, verbena y mejorana."
Harry escuchó en silencio, y se fijó en Hermione, que ya estaba llegando a las puertas del Gran Comedor; iba en un estado semiletárgico, se negaba a hablar con nadie, y desde que Ron había salido hecho una fiera a buscar a Draco en las mazmorras de Slytherin, Hermione sólo se había limitado a ponerse al día en sus deberes y a cumplir ausentemente sus obligaciones como Premio Anual.
Pero Ginny sabía más que todo eso. Cuando Hermione no estaba estudiando, pasando apuntes a limpio o repasando temario, la había pillado con una mirada vacía, fija en algún punto lejano. Sin brillo en los ojos, ni sonrisa en la cara.
"Pues claro que te preocupa. Está como en otro mundo. No nos hace caso, y se niega a hablar del tema." Comentó Harry moviendo la cabeza.
"¿Has probado volver a amenazar a Malfoy?" preguntó Ginny, cruzándose de brazos y lanzando hacia la mesa de Slytherin una mirada asesina. Harry se sirvió un trozo de tarta de melaza y levantó unos segundos la vista hacia la mesa de Slytherin. Se acordó de haberse fijado en Malfoy tras el extraño encuentro, con signos de haber recibido algún golpe por parte de Ron, y de haber escuchado algo extraño cerca de las mazmorras, de haber decidido regresar a las Salas Comunes, al ver por el Mapa que Viktor Krum se acercaba por momentos hacia el lugar donde ellos se encontraban.
Pestañeó y prestó atención a la conversación, poniendo la tarta en su plato.
"Sí, al practicar en nuestras clases de Defensa Contra las Artes Oscuras ayer, le he dejado con agujetas toda la semana." Harry se metió un trozo de tarta de melaza en la boca, como si estuviera comentando el tiempo en noviembre. "Es un maleficio estupendo. Me lo enseñaron Fred y George."
Ginny dejó de mirar fijamente a los Slytherin, como si con la mirada pudiera hacer que todos ellos saltaran por los aires, y pestañeó sorprendida ante el comentario de Harry.
"¿Fred y George te han enseñado a provocar agujetas?" preguntó, entornando los ojos con suspicacia.
"Sí." Contestó Harry tragando su trozo de tarta y sonriendo con maldad. "Dicen que es muy útil para apañar partidos de quidditch, y hacer los entrenamientos de los rivales un poco más insoportables."
"¡Eso es trampa!" exclamó Ginny. Pero amplió su sonrisa."Me encanta. Le dolerá mucho¿verdad?"
Harry miró de reojo y sonrió igual de cruelmente. Pero no respondió.
"Oliver no les dejaba usar ese maleficio. Les gustará saber que no ha quedado en el olvido..."
Ginny le dio un beso en la mejilla, y parecía de mejor humor.
"Verás cuando se entere Ron." Soltó una risita, pero se esfumó al momento cuando se dio cuenta de que su hermano no estaba en la mesa con ellos. "Por cierto¿dónde se ha metido?"
Harry se limpió la boca y removió el chocolate caliente, encogiéndose de hombros.
"Ni idea." Alzó los ojos para mirar hacia Draco Malfoy, que parecía estar haciendo exactamente lo mismo que él, sólo que su atención estaba fija en la cucharilla que movía su bebida. A diferencia de Harry, Draco giraba la cucharilla con la varita. "Me preguntó que diablos les ha pasado. Porque yo a Malfoy no le veo tampoco muy feliz que digamos. Y él tampoco me ha dicho nada, aunque no esperaba que lo hiciera, claro" Harry rodó los ojos. "Como no me enseñe pronto a hacer un buen Veritaserum, le lance un Desmaius, se lo obligue a beber, le despierte, le pregunte, y él se suelte de la lengua, todo en uno, dudo mucho que me vaya a contar algo."
Ginny se rió.
"También puedo probar la Legeremancia." Harry le guiñó un ojo, y Ginny volvió a reírse; no en vano, Harry era bastante malo en Legeremancia.
"A mi me parece un buen plan, el dejarle aturdido." Dijo ella simplemente, y besó a Harry.
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Aula de Defensa contra las Artes Oscuras
Los miércoles eran días relativamente tranquilos para los alumnos de EXTASIS. Tenían algunos huecos entre clase y clase que aprovechaban para repasar, terminar deberes o pasar apuntes a limpio. Hermione era de este tipo de alumnas, sin excepción. Otros alumnos se lo tomaban como más tranquilidad.
El día pasó de manera extraña. Hermione apenas levantaba la cabeza de su libro, y Malfoy parecía no estar en la clase, negándose en todo momento a mirar a su alrededor. En Defensa contra las Artes Oscuras, Krum les pasó unas fichas sobre hechizos paralizantes para animales y bestias mágicas, destacando cuándo eran más o menos eficaces. En algunos casos, cuando el día tenía un sol brillante. En otros, cuando la criatura era demasiado joven, o demasiado mayor. A Harry le interesaba cualquier asunto relacionado con la asignatura, pero comprendió que esos días le estaba resultando un poco difícil concentrarse.
Quiso hablar con Viktor, pero éste alegó tener prisa con la siguiente clase, y parecía querer evitarle también.
Era raro, todo era raro. Hermione, Malfoy, Krum… Incluso Lavender y Ron parecían evitarse.
¿No se supone que el mundo tras Voldemort tenía que ser más feliz, más fácil, más lógico?
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Patio de Transformaciones
"¡Ron Weasley!. ¿Acaso vas a seguir haciéndote el sordo?"
Ron se detuvo otra vez, apretando la mandíbula y cerrando los ojos y los puños. Lavender fue hacia él, y se plantó delante de él.
"Pues sí, ya te dije esta mañana en el desayuno que no volvieras a gritarme." Respondió él con los labios fruncidos.
"¡Porque no sabes hacer otra cosa que revolotear alrededor de Hermione!" exclamó Lavender, furiosa. Ron miró alrededor; unos asustados alumnos de segundo de Hufflepuff miraban con extrañeza la discusión de la pareja, se miraron unos a otros y se marcharon rápidamente del lugar. Ron agarró del brazo a Lavender y fueron hacia el claustro del patio de Transformaciones.
Lavender se soltó de Ron, y se cruzó de brazos. Ron exhaló un suspiro enojado.
"Vale, ahora 'revoloteo alrededor de Hermione'." Ron señaló alrededor. "¿La ves?. ¿Es que acaso está por aquí?" preguntó con ira.
"¡Si ella te pidiera tirarte por el puente del Círculo de Piedra, te lanzarías sin pensártelo!"
Ron apretó más los dientes.
"Gracias por pensar que no tengo cerebro, Lavender o que Hermione me ha lanzado un Imperius. Pues tal vez lo haga. En cualquier caso, no sería asunto tuyo."
"¡Sí que lo sería!" volvió a chillar ella.
"¿Vas a empezar otra vez?" contestó furioso Ron. "¡Te repito que Hermione es mi amiga!"
"Claro… lo que quieres es buscar consolar a tu amiga, ahora que va tan triste por las esquinas…" comentó ella con ironía. "¿Acaso harías lo mismo por mi, si yo estuviera en su lugar?"
Ron miró a Lavender con los ojos entornados.
"¿Qué clase de pregunta es ésa?"
"¡¡¡Dímelo!!!"
"¡Si sigues portándote así, obviamente NO!" contestó furioso Ron.
Lavender se mordió el carrillo interno y miró a Ron, desprendiendo odio.
"¡Eres un…!"
"¡Hola!" exclamó Seamus, cargando con dos escobas, y Dean a su lado ajustándose un guante de Quidditch. "¿Os pasa algo?"
Ron y Lavender se miraron y parecieron buscar un acuerdo tácito de calmarse delante de sus amigos. Lavender enrojeció cuando Dean terminó de ponerse el guante y alzó las cejas con cierta sorpresa al presenciar una discusión de la pareja. Ella desvió la mirada y pasó la mano por el cabello, en un gesto nervioso.
"No… no pasa nada. Estábamos…" Lavender miró a Ron y continuó. "…aclarando un malentendido."
"Oh." Seamus pestañeó y le tendió la escoba a Dean.
"¿Queréis veniros al estadio? Vamos a jugar un partido contra unos de Ravenclaw" comentó Dean. "Nos vendría bien un guardián como tú, Ron." Miró a Lavender y sonrió. "Y animación también. A menos que quieras ser jugadora, claro…"
Lavender amplió su sonrisa. Olvidó la discusión y Ron la miró perplejo.
"Creo que sí voy." Respondió dulcemente. "¿No te importa, verdad Ron?"
Ron pestañeó confundido ante la docilidad de Lavender, y que hubiera olvidado la discusión.
"Er… no… No… Pasadlo bien, y machacadlos." Comentó casi automáticamente. Ron se acercó a uno de los bancos de piedra, sin dar crédito. Hace un momento estaban echándose una bronca de campeonato, y al segundo a ella se le había olvidado, y se dejó caer al banco, súbitamente cansado. Sus tres compañeros se habían marchado.
"No entiendo a las mujeres. A ninguna." Murmuró para sí mismo, mientras echó un vistazo a los tres alejarse hacia la salida del Patio.
"Hola Ronald." Saludó una voz junto a él.
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Sortilegios Weasley (sucursal de Hogsmeade)
"¿Qué te parece?"
Fred se asomó junto a los panfletos que tenía George apilados en el mostrador de la tienda y sonrió orgullosamente.
"Pues que eres el más feo de los dos. Siempre te lo he dicho. Y yo el más fotogénico."
Fred se señaló en la foto, una imagen de ambos a todo color, donde los dos lucían el cabello pelirrojo y lo movían como en un anuncio de champús. George alzó una ceja.
"Ése soy yo… garrulo." Le contestó burlón George. Fred frunció el ceño y agarró un panfleto para mirarlo más de cerca. George torció la boca y se cruzó de brazos. "Serás el hermano más guapo de lo dos… pero sin duda también el más ciego. ¿O le pido a mamá un jersey con la "F" para que te distingas en las fotos?"
Fred le lanzó una mirada oscura y volvió a dejar el panfleto, frotándose las manos.
"Bien bien… Pues no dudo ni un minuto que Percy, donde quiera que esté, aparecerá por esa puerta y nos pedirá muchas cositas de la tienda."
George volvió a alzar la ceja, completamente escéptico.
"Tú sueñas… aunque estaría bien¿no te parece?". La expresión de George se volvió inusualmente melancólica. "Creo que extraño al estirado."
Fred se quedó un momento mirando el taco de panfletos que les habían sobrado, que invitaban a todos los pelirrojos de Hogsmeade y alrededores, a un set especial de productos de Sortilegios Weasley, y fuegos artificiales para celebrar la Bonfire Night el día 5 de noviembre.
"Será una fiesta muy chula." Comentó Fred, sin dejar de mirar los panfletos. George miró a su hermano, y comprendió que no deseaba hablar del tema, sino que quería aferrarse a la esperanza de que su extraño plan funcionase. "¿Enviaste las invitaciones a Ron y Ginny?"
George pestañeó cuando escuchó a su hermano, durante un momento no había dejado de observarle detenidamente, captando perfectamente su preocupación y la misma amargura por saber que su hermano seguía desaparecido.
"Uh… sí, claro. El domingo envié una lechucita para Hogwarts. Aunque no sé si se vendrían a escondidas." George sonrió, buscando el modo de romper la solemnidad en la que ellos solían encontrarse incómodos. "Ya sabes, el pequeño Ronniekins y su novia son prefectos. Harry es Premio Anual…" agitó la cabeza sonriente. "Ninguno rompería las normas…"
"Ah…" se lamentó Fred y echó la cabeza hacia atrás, teatralmente. "Eso no habría ocurrido si hubiésemos estado ahí para impedirlo. Qué vergüenza… dejamos un legado a prefectos y premios anuales…"
"Y qué legado… si le dimos el Mapa a Harry…"
"Qué vergüenza…" volvió a lamentarse Fred. "Harry no será capaz de usarlo para pillar a los grandes rompedores de normas¿verdad? Esa obra de arte no fue creada para que un prefecto la usara..."
"Menos mal que tenemos a Ginny, ella meterá a Harry y a Ron en cintura." Dijo George, apoyando la espalda en el mostrador. Fred soltó una carcajada.
"No sé. Percy sí que habría sido un peligro con un Mapa semejante. En sus manos, habría sido catastrófico."
Ambos hermanos se miraron un segundo y volvieron a caer en la cuenta de que hablaban sobre Percy como si siguiera entre ellos, siendo el estirado y arrogante de la familia. El orgulloso asistente del Ministro de Magia. Y volvieron a caer un pequeño pero incómodo silencio.
"Sé que va a funcionar el plan." Susurró Fred con obstinación. Aferrándose a una esperanza. Vocalizando de una manera muy particular su enorme deseo de encontrar a Percy y que todo volviera a ser como antes. Meterse con él, esconderle sus memos del trabajo, cambiarle su identificador del Ministerio… En definitiva.
Recuperar a su hermano.
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Sala Común de Gryffindor
"Harry¿recuerdas que Fred y George van a celebrar mañana por la noche la Bonfire Night?... y que los pelirrojos tenemos un regalito extra…" preguntó Ginny mientras se acomodaba en su regazo.
"Ginny… yo no soy pelirrojo. Así que no tengo intención de ir." Dijo él, apartando el libro de Golpear las bludgers: un estudio sobre estrategias defensivas en el quidditch. "¿Sabes en el lío en que nos podemos meter si salimos del Castillo?" protestó Harry, sin mucha convicción.
"Ay… vamos, Harry." Ginny hizo un puchero, bastante inusual en ella, mientras seguía con sus brazos alrededor del cuello de Harry. Éste suspiró resignado. En el fondo sí que le apetecía escaparse, ver a Fred y George y husmear las cosas que tenían en la tienda. Cualquier cosa mejor que estar en un Castillo donde se estaba volviendo paranoico por minutos.
"Está bien. Nos matarán si vamos a una fiesta clandestina, y además, romperemos unas 200 reglas del Colegio."
"¿Qué fiesta, Harry?" preguntó Neville, asomando la cabeza y apoyando los codos en el respaldo del sofá donde estaba la pareja. "¿Celebramos la Bonfire Night? Si nadie lo ha comunicado… ¿o sí?" Neville frunció el ceño.
Harry miró alarmado a Ginny, pero ella se desprendió de su abrazo y se acercó a Neville.
"Sshhh… No puedes decir nada. Mañana por la noche nos vamos a ir a Sortilegios Weasley a inaugurar la tienda de mis hermanos. Y vamos a ir."
Neville alzó las cejas y miró a Harry para confirmar que Ginny estaba loca. Harry volvió a suspirar y echó la cabeza hacia el respaldo del sofá, rindiéndose.
"¡Vente, Neville!" exclamó Ginny alegremente. "¡Cuántos más seamos…!"
"¡…Más puntos quitarán a Gryffindor!" gruñó Harry mordiéndose el labio, con la cabeza todavía echada hacia atrás y mirando hacia el techo. Ginny simplemente ignoró el comentario.
"Bueno… le había dicho a Hannah que daríamos una vuelta por el lago…"
"¡Que se venga!" volvió a exclamar entusiasmada Ginny.
Neville aceptó dubitativo, y se marchó. No esperaba que Hannah se apuntara a una fiesta clandestina, pero decidió que se lo propondría de todas formas.
"¿Piensas invitar a medio Colegio a la fiesta prohibida?" preguntó Harry, sin dejar de mirar el techo.
Ginny se rió, y volvió a sentarse junto a él, apoyando los pies en la mesita que había entre los sofás.
"¿Crees que Neville y Hannah salen juntos?" preguntó a su vez Ginny inesperadamente, haciendo caso omiso a la pregunta de Harry, y acomodando la cabeza en su hombro, como si fuese lo más normal del mundo. "Y encima tengo clase en diez minutos."
Harry miró a Ginny y volvió a suspirar.
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Estadio de Quidditch
En el estadio de Quidditch el equipo de Slytherin estaba ya recogiendo sus enseres, recién salidos de las duchas.
"Esta bien, no quiero que ahora os pongáis como trolls a comer." Draco miró con dureza especialmente a Crabbe y Goyle. "Está bien que hayáis ganado envergadura, ésa es la idea para ser un golpeador, pero también necesitamos agilidad."
Crabbe torció la boca, y Goyle frunció el ceño.
"Pero Draco… ya acertamos mucho mejor…"
"No quiero que acertéis, quiero que seáis más rápidos. Quienes deben acertar son los cazadores, vosotros sois los golpeadores, a ver si lo vais captando. Joder¡hasta Weasel podría ganaros con una de esas escobuchas que usa!"
Blaise echó a reír.
"Déjalo, Draco. Probablemente se les habrá olvidado la reprimenda en cuanto vean la cena. Además, tú tampoco has estado muy fino que digamos. Ibas bastante lento, a decir verdad. Hasta yo habría sido más rápido atrapando la snitch."
Draco gruñó.
"Tengo agujetas." Contestó secamente. Draco se volvió hacia el resto. "Malcolm, bien hecho." Malcolm Baddock, el nuevo guardián de cuarto curso sonrió orgulloso, y se echó la escoba al hombro, saludando y marchándose junto a Vaisey y Harper.
"En cualquier caso, ha sido un buen entrenamiento, Draco. Creo que unos días más y seremos casi campeones."
"Tú alucinas, Zabini."
Crabbe, Goyle, Draco y Blaise se dieron la vuelta y vieron que parados a unos metros estaban Seamus Finnigan, Lavender Brown y Dean Thomas, los chicos vestidos con unos viejos uniformes de quidditch, de los que solían usarse para entrenar.
Blaise se acercó unos pasos y miró despreciativamente a Dean.
"¿Y a ti quién te a preguntado, sangre sucia?"
Dean miró con disimulada dureza a Blaise. Crabbe y Goyle se echaron a reír tontamente, pero Draco sintió un pinchazo.
"Nadie te ha pedido tu opinión, asquerosa sangre sucia."
La historia se repite.
Draco sintió entonces otro golpe aún más fuerte en el pecho, y dejó de escuchar a sus compañeros. Era como esa pesadilla. Era como aquella vez que soñó ese extraño sueño. Cuando el profesor Binns dijo esa misma palabra…
"¡…'cirlo nunca, retíralo!"
Malfoy pestañeó, no se había ni dado cuenta de hacia dónde se había dirigido la discusión. Alzó los ojos y vio que Brown tenía la varita apuntada directamente a un sonriente Blaise, sin duda convencido de que la chica era tan inofensiva como un corderito.
"Otra asquerosa traidora a la sangre." Comentó Blaise, mirándola de arriba a abajo. Seamus y Dean dejaron caer sus escobas y sacaron también las varitas. Al momento, Draco vio que Crabbe, Goyle, Blaise, y los tres Gryffindors estaban apuntándose unos a otros.
"¡Basta ya!" exclamó Malfoy furioso. No quería perder el tiempo en duelitos estúpidos, quería dejar de tener obsesiones, recuerdos desagradables y que todo fuera normal, otra vez. "¡Bajad las varitas!. Blaise, si me involucras en una de tus batallitas, al menos garantízate que tengas la ventaja."
Blaise miró interrogativamente a Draco, y éste apuntó con la boca hacia los terrenos de Hogwarts, por donde venía un grupo de Gryffindors y Ravenclaws, cantando canciones, con las bufandas, gorros y banderolas de sus respectivas Casas.
Zabini frunció los labios y echó una mirada despreciativa a los Gryffindors. Guardó la varita y pasó de largo sin pestañear, asegurándose de dar un golpe con el hombro a Dean, según se cruzaba con él. Al momento, Draco, Crabbe y Goyle echaron a andar también.
Lavender soltó aire, y se guardó la varita.
"Gracias, Lav." Dijo Dean, guardándose la suya. "Gracias por echarme un cable."
Lavender se ruborizó, y Seamus recogió las escobas, dándole la suya a Dean. Los chicos fueron a dejar sus bolsas a los vestuarios, y Lavender fue hacia las escaleras de las gradas, apoyándose en la barandilla.
Pensando que había metido la pata. No. Pensando que había metido la pata dos veces.
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Sala de Lectura. 2º piso
Hannah Abbott estaba en una de las salas de lectura junto a su compañera Maxine O'Flaherty, terminando unos ejercicios sobre los filtros y sus características, cuando Heidi Macaboy se presentó corriendo en la sala, echándose encima de la silla y abanicándose con la mano.
"¡Ay… chicas… chicas… vienen Zabini y Malfoy del campo de entrenamiento!"
Hannah arrugó la frente. La generación anterior a la suya de chicas de Hufflepuff eran unas auténticas devotas del Quidditch. Maxine y Heidi estaban en el equipo, y Barbara Dunstan, la otra alumna de Hufflepuff de su curso, era también una gran admiradora del deporte, aunque no había sido admitida en el equipo. También solían sentir pasión por algunos jugadores del colegio.
Maxine dejó la pluma en la mesa y sonrió burlonamente.
"No tienes ninguna oportunidad con ninguno de los dos. Jamás se fijarían en ti, so tonta."
Heidi torció la boca.
"Qué idiotez. Vale, tengo un tío abuelo squib, pero eso no tiene ninguna importancia. Y también mi tía se casó con un hijo de muggles. Y bueno… mi abuela era mestiza… ¿Y qué?" contestó Heidi, testaruda. "Soy prácticamente sangre pura".
Maxine rodó los ojos, y volvió a coger su pluma.
Hannah marcó la página del libro con un trozo de pergamino, y se echó hacia atrás en el respaldo, suspirando ante la perspectiva de terminar los ejercicios, y aguantar conversaciones sobre los chicos de Quidditch de Slytherin. Ninguna de las dos cosas era su tema favorito. En esos momentos, era cuando sabía lo mucho que echaba de menos a sus amigos de su curso: Ernie, Susan, Justin, Zach…
"¿Y por qué te interesan tanto esos dos?" preguntó Hannah con curiosidad. "Blaise sólo se fija en las de su Casa, o como mucho, alguna Ravenclaw como Fawcett." Miró a Heidi. "Y Draco Malfoy está con Hermione Granger."
Heidi se acercó un poco más.
"Mis padres compran mucho en las boticas de Melinda Bobbin, que es super-amiga de Siri Fawcett. Y ésta ha dicho que Malfoy y Granger han cortado."
Hannah abrió la boca sorprendida.
"Venga ya…" respondió Hannah, incrédula.
Heidi asintió con la cabeza.
"Hannah¿en qué mundo vives? Todo el colegio lo sabe ya. Y aunque Siri quiere echarle el lazo a Malfoy, me parece que yo también. Le prefiero, es mucho más misterioso que Blaise. Y además, es buscador, y me gustan los buscadores de quidditch, juega mejor también…"
Hannah recogió despacio sus cosas, mientras pensaba que aunque Heidi era buena chica, se fijaba en los chicos por ser buenos o malos en Quidditch, ser más o menos guapos, y por lo demás, realmente no tenían ninguna conversación más que esa.
Ella sentía que ninguna de esas cosas definirían jamás a Neville, y sin embargo, Neville valía por todos los Zabinis del mundo. Y lo de menos era que Neville también fuese sangre pura.
Y lo que la inquietó fue pensar en si esa ruptura entre Hermione y Malfoy era cierta. Miró el reloj y sonrió. Un pequeño retraso era habitual en Neville. Empezaba a entender que cuando decía "nos vemos a las cinco" era más bien "nos vemos a las cinco y veinte". Esos veinte minutos de retraso no le molestaban porque fuesen un retraso, sino porque eran los veinte minutos en los que más extrañaba a Neville, porque tenía que estar ahí, y no estaba.
"He quedado con Melinda junto a la Gran Escalera¿os venís?" preguntó Heidi, menos sofocada que cuando entró.
"No, paso" dijo Maxine, subrayando unas frases de sus apuntes. "No he terminado Transformaciones, y seguro que me pregunta McGonagall… lo presiento" suspiró.
"Yo he quedado ahora con Neville." Dijo Hannah en voz baja. "Nos vemos luego en la cena."
Heidi echó unas risitas.
"Ay, Hannah… no sé qué ves en Longbottom…" Heidi recogió sus cosas y no esperó respuesta, salió directamente de la Sala de Lectura. Hannah apretó los labios y miró a Maxine.
"No le hagas caso, Hannah." Contestó Maxine encogiéndose de hombros. "En realidad no quiere ser consciente de que no tiene ninguna oportunidad con Malfoy o Zabini, y pretende que todas caigamos en su miseria. Como si no la conociera…" Maxine volvió a sus ejercicios, Hannah terminó de guardar sus cosas.
En ese momento, Neville se había puesto a su lado, con un poco de nerviosismo producto del retraso.
"Hannah… perdona… es que tenía que terminar de corregir unos deberes de los de primer curso… y luego otros tenían dudas y ya les dije que mejor quedábamos en las tutorías, pero no ha habido manera…" Neville se dio cuenta de que Maxine le miraba con curiosidad. "Ho… hola." Dijo simplemente a la compañera de Hannah.
Hannah rodeó la cintura de Neville con sus brazos y miró hacia arriba.
"No importa." Le dio un beso en los labios y siguió sonriendo. "Y luego la muy idiota dice que qué veo…"
Neville miró hacia Hannah, todavía aferrada a él, y le arregló el cabello rubio de la frente.
"No te entiendo." Respondió un poco confundido por lo que acababa de decir Hannah.
"Vámonos." Hannah se separó de mala gana de Neville y cogió sus cosas. Neville, automáticamente, se las quitó y se colgó la bolsa de Hannah al hombro. "Nos vemos luego, Maxine."
Ésta asintió sin soltar la pluma, y se quedó mirando a la pareja según salía de la Sala.
"Yo sí lo entiendo." Se dijo a sí misma con una pequeña sonrisa, y retomó sus deberes.
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Sortilegios Weasley. Sucursal de Hogsmeade
La tienda despertaba muchísima curiosidad. Mucha gente iba a hacer sus compras al Callejón Diagón de Londres, la zona comercial mágica más famosa de todo el Reino Unido, y para los habitantes de Hogsmeade, el que hubiese una tienda similar en su pequeño pueblo, era un motivo de orgullo y de gran expectación. No en vano, era una fuente de riqueza el hecho de que los comercios de Hogsmeade tuviesen popularidad.
Muchos habitantes se habían fijado que durante las últimas semanas, los gemelos habían reformado completamente un viejo local, habían cambiado la decoración y la tienda lucía con un brillante color naranja con las letras en color púrpura. El escaparate estaba oculto detrás de una cortina morada que variaba de color de vez en cuando. Muchos también recordaban a la pareja, no eran los primeros Weasleys que pasaban por Hogsmeade, y en particular ellos, durante su época de estudiantes, habían sido populares por méritos propios. Incluso cuando no tenían permiso para ir a Hogsmeade, allí que se habían escapado.
Entre trabajo y trabajo en preparar su tienda, Fred y George habían comido en Las Tres Escobas, habían flirteado tontamente con Madame Rosmerta a fin de ganarse una ronda más gratis, habían adquirido buenas dosis de dulces en Honeydukes y visitaban con regularidad la lechucería para recoger mercancías, escribir a su familia y darse cuenta de una cosa: Hermes revoloteaba por la zona.
Y mucho más de lo que sería habitual.
Nunca ninguna persona fue capaz de decirles que habían visto a uno de sus hermanos recientemente, salvo Ron. Los empleados de Correos tampoco recordaban haber visto a alguien con la descripción de Percy haber escrito una carta, o haber ido a recogerlas.
Fred movía su varita con cuidado para apilar las cajas con los fuegos artificiales, mientras George hacía recuento de los obsequios que entregarían a los pelirrojos.
"Me salen treinta obsequios, Fred."
Fred no levantó la vista, concentrado en mover las cajas y asegurarlas para que no se incendiaran por accidente.
"¿Piensas que es poco?" preguntó Fred.
"Hum… no sé. Creo que haré alguno más."
"No nos quedan Grageas." Contestó Fred, depositando una caja encima de la anterior y pronunciando un hechizo ignífugo.
"Vale, voy por ellas a Honeydukes." George cogió su túnica y se la puso encima. "¿Quieres algo de allí?"
"Varitas de regaliz, y si hay de chocolate, casi mejor, tienen más éxito. Si vamos a dar las varitas de pollos, también estaría bien poner de las que se comen." contestó llanamente Fred.
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George cerró la puerta, en el mismo momento que había un yorkshire mucho más pequeño de lo habitual, de color oscuro que olfateaba el suelo de la tienda. Se agachó y metió la mano en el bolsillo, sacando un sándwich de jamón que no había terminado del almuerzo en Las Tres Escobas.
"¡Pit!. ¡Perrito malo, ya sabes que eres muy pequeño para estar persiguiendo ratones…!"
George le daba de comer el sándwich al perrito, cuando vio una anciana con el pelo canoso, piel algo curtida y bastante arrugada, y vestida con una desgastada túnica, aunque los remiendos eran impecables, casi artísticos.
"Oh… ¿le estás dando de comer?" preguntó la anciana deteniéndose delante de George y parpardeando sorprendida.
George le dio el resto del sándwich al perrito, y se puso de pie. Aunque Fred y George no eran tan altos como Bill, Ron o Percy, seguía siendo bastante más alto que la anciana.
"Tenía un sándwich, y parecía que el perrito estaba muy delgado."
La anciana sonrió con emoción.
"Pobrecito… lo encontré hace dos días, y no podía dejarlo solo. No permitiría que siguiera alimentándose de ratas. No es la primera vez que veo un perrito precioso alimentarse de ratas. No puedo evitarlo."
George contempló al animalillo, todavía masticando las migas que había por el suelo.
"Los yorkshires es lo que hacen¿no? Perseguir ratones y todo eso."
La anciana tomó al perrito en brazos y lo achuchó con cariño.
"Pero no quiero que coman ratas. No me gusta, no son sanas."
"No, desde luego que no." George se fijó en la anciana, y ésta le devolvió una mirada de color oliva, cristalina, pero desdibujada por los años.
"No te había visto antes por aquí, joven. ¿Quién eres?"
"Me llamo George." Dijo, estirando la mano, que la anciana saludó distraídamente.
"Qué nombre más bonito…" respondió ella, recogiendo al perrito en brazos y acariciándolo.
"Gracias..." contestó George ligeramente sorprendido, aunque no sabía bien el motivo. "He venido hace poco con mi hermano. Vamos a abrir esta tienda." George señaló sonriente. "Y mañana por la noche inauguramos, porque es la Bonfire Night." George sonrió entornando los ojos. "No será usted pelirroja¿verdad?. Daremos un regalo a quien sea pelirrojo, como nosotros." añadió sonriente y orgulloso.
La anciana volvió a soltar en el suelo a Pit cuando éste se agitaba para volver a explorar y olfatear a sus pies, y se rió con una suave carcajada.
"Tenía el cabello castaño, tirando a cobrizo cuando era más jovencita. ¿Eso cuenta?. Ahora sólo tengo canas."
George soltó una pequeña carcajada, muy parecida a las de Bill.
"Sí que cuenta. Véngase noche, y le daremos un regalo, y celebraremos con fuegos artificiales."
La anciana echó a caminar despacio.
"Veré que puedo hacer. Tal vez consiga convencer a Benny para que venga. Es también pelirrojo. Y aunque no habla, ya sabes…" George sonrió con la extraña complicidad de la mujercita. "…yo creo que echa de menos a su familia. Pobrecito. En fin, he quedado en entregar estas cosas." Alzó una vieja bolsa. "Adiós, majo."
"Adiós, señora."
George se quedó un rato de pie frente a su tienda, mirando con curiosidad a la anciana, caminando hacia Tiroslargos Moda. Se encogió levemente de hombros, pensando que estaría bien darle un regalito también a perritos de color pelirrojo llamados Benny, sin familia.
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Hogwarts. Vestíbulo
"Y ya verás, Draco. Tú tienes muy buena mano en el Ministerio. Deberías probar implicarte más en la carrera política. Nos haría falta gente como tú, y no gentuza como hay hasta ahora." Le iba comentando Blaise desde que habían llegado cerca del Castillo desde el estadio de Quidditch.
Draco caminaba en silencio, sosteniendo la bolsa en los hombros.
"No sé. Ya veré. De momento deja que termine los EXTASIS."
En ese momento se cruzaron con Siri Fawcett, Melinda Bobbin y una de Hufflepuff que Draco recordaba en el equipo, pero cuyo nombre desconocía. Se quedó un momento callado hasta que Blaise saludó al grupo y se pusieron a hablar de los próximos planes para Hogsmeade.
Draco miró su reloj. A esas horas, Hermione estaría a punto de salir de la biblioteca, seguro. Y si no le fallaba lo que sabía de su rutina, sería en unos segundos, y se iría directamente al Gran Comedor a terminar algún ejercicio, antes de la cena.
Pestañeó cuando Siri le miraba con intencionalidad, y se sorprendió al comprobar que ella se había cambiado de sitio, junto a Blaise, para ponerse a su lado.
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Hermione bajaba las escaleras con cuidado de que ningún pergamino ni los pesados libros se le cayeran o le hicieran perder algún escalón. Había preparado ya los esquemas, pero quería ordenar y fechar, y prefería ir pronto al Comedor y evitar así visitas indeseables.
Para ella, caminar estos días era como ir a cámara lenta. Su cabeza estaba recordándole "estudia, estudia", pero estaba costándole un esfuerzo extraordinario. Lo que nunca imaginó que le pudiera suceder, y era como una pesadilla.
Intentando mantener el equilibrio precario, y que no se le perdiera tampoco las notas de Pociones, Hermione se detuvo en el rellano para sujetar mejor los apuntes y los libros que tenía que devolver.
Y se fijó que abajo, a los pies de la escalera, estaba Draco, con casi la totalidad del equipo de Quidditch de Slytherin. Con Melinda Bobbin, la cazadora de Hufflepuff Heidi Macaboy.
Y Siri Fawcett.
El corazón le había dado un vuelco cuando había visto la figura alta y estilizada de Draco, contándole algo a ese grupo como si fuese el centro del universo y ellas alrededor, mirándole atontadas. Sintió como si la cabeza le diera mil vueltas, aunque probablemente le recordaba que hacía tiempo que no comía en condiciones.
Sintiendo los ojos escociéndole, y las rodillas flaquear, Hermione dio un traspié en la escalera, y cayó por ella.
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Lavender Brown: la trato como sangre pura, pero podría ser mestiza en canon. En cuanto a Dean Thomas, se sabe que en realidad él fue hijo de mago al que ofrecieron ser mortífago, y murió cuando lo rechazó. La trama está relativamente desarrollada en el DH, pero no quiero entrar ahí. Por tanto, oficialmente, sigo considerando a Dean como el otro hijo de muggles del curso de Harry.
Las compañeras de Hannah Abbott en 6º: si no me fallan los números, Maxine O'Flaherty y Heidi Macaboy eran golpeadora y cazadora respectivamente durante el año 93/94, ambas estarían en 2º curso. Pero seguramente serían mayores, el caso es que necesitaba unas compañeras para Hannah, y también completar los equipos de quidditch.
La tercera compañera, Barbara Dunstan, es semicanon: Un tal (o una tal) "B. Dunstan" tomó prestado el libro 'Quidditch a través de los Tiempos', pero no se sabe ni curso, ni Casa ni sexo. Así que lo demás me lo he sacado de la manga.
Gracias por llegar aquí, tener paciencia, escribirme, lanzarme AKs, invitarme a tarta de melaza y sobre todo, a quienes me animáis tanto (me habría cansado de la historia sin vosotras): Heredrha, Nott Mordred, Nasirid, Annirve (también por PM), lara evans, grengras (doble), Sabaku no Akelos, norma, Yedra Phoenix, Nicole Daidouji, Sortilegios Weasley (doble, y también PM), Corae, Isa Malfoy, blackstarshine, CrissBlack (tres), rosa (no, Callahan no sobrevive y Filch sabe definitivamente algo :).
Por cierto, ya hay personas que han adivinado muchas cositas, hasta el bichito (bautizado por Nott Mordred como "Wilfred"), y otras han identificado al Enemigo. :) Muy, muy bien.
Hasta el próximo, que se lo debo en inspiración a Nicole (otra vez :)
