Gracias a Nicole Daidouji, porque me ha dado la clave para continuar la historia (la Bonfire Night), y a Nasirid, Nott y Nacha, por su apoyo diario. Las cuatros enes :)

Bonfire Night: Es una celebración británica, mencionada en la Piedra Filosofal, se celebra la noche del 5 de noviembre, y también se le llama la Guy Fawkes Night. En español, La Noche de las Hogueras. En esa noche, se simula que se quema en la hoguera un muñequito llamado Guy Fawkes y se lanzan cohetes y fuegos artificiales. Supongo que JKR tomó eso del fuego para Fawkes. Con las hogueras, se conmemora la conspiración en la que unos católicos, incluido Guy Fawkes, quisieron hacer volar con explosivos el Palacio de Westminster (las Houses of Parliament, donde está el Big Ben) en Londres. Guy Fawkes fue apresado el 5 de noviembre, y declaró que iba a cometer ese atentado para acabar con las persecuciones por motivos religiosos. No delató a sus compañeros y lo ejecutaron.

Primera batallita del fic.

Capi extra-largo (¡¡el más largo hasta ahora del fic, 10.392 palabras exactamente!!), en compensación por lo que estoy tardando en actualizar. Pero creo que se pasará más rápido de lo que parece. Aviso, final frenético... he disfrutado mucho escribiéndolo.


"Familia… digan lo que digan, la sangre es importante…" - Rubeus Hagrid. Harry Potter y la Orden del Fénix.

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Capítulo 25. Bonfire Night

Miércoles, 4 de noviembre de 1998

Hogwarts. Gran Escalera

Draco estaba escuchando distraidamente la conversación que supuestamente mantenía con unas chicas de Hufflepuff y Ravenclaw y Blaise, cuando oyó a su espalda unas exclamaciones ahogadas y un extraño ruido. Las chicas, de pie frente a él, miraron con los ojos abiertos de par en par hacia algo que había sobre sus hombros, detrás de él, y Draco se dio la vuelta. Alrededor del último rellano de la escalera había un corrillo de estudiantes murmurando, algunos incluso con timbre asustado; Malfoy torció el gesto, rodando los ojos. Resopló y se disculpó ante las chicas, aproximándose en calidad de Prefecto hacia el grupo de gente y lo que sea que estuvieran observando.

Se quedó paralizado cuando vio que en el suelo había una figura caída de una manera peculiar, su pierna derecha torcida bajo el cuerpo, y estaba inmóvil. Abrió los ojos de par en par, incapaz de reaccionar a la primera cuando distinguió aquellos rizos indomables, esa melena oscura que era tan dolorosamente familiar.

"Por fin, la sangre sucia se ha muerto." comentó a su lado Blaise entre risas, asomando la cabeza sobre los hombros de los testigos. Unos alumnos de Ravenclaw y de Gryffindor, especialmente éstos últimos, imprecaron a Blaise, y Draco le dio un empujón de malos modos. Apartó con la misma agresividad a otros estudiantes que había cerca de Hermione, pero a ella la giró con suavidad para comprobar su estado.

Tenía los ojos cerrados. En un momento los abrió levemente, pero perdió el conocimiento. Pasó los brazos debajo del cuerpo de Hermione, y puso un gesto de dolor inmediatamente cuando las agujetas que empezaba a sospechar, tenían mucho que ver con Potter, saltaron en el momento en el que quiso cargar con la chica. Acuclillado en el suelo, distribuyó el peso nuevamente, con cuidado, pero pensando que el cuerpo de Hermione era mucho más ligero de lo que había esperado. No le dio tiempo a reflexionar más sobre el asunto, ni siquiera le dio tiempo a volver a incorporarse.

"Todos, aparrtaos de aquí."

Draco alzó los ojos y vio a Viktor Krum, en pie, con los ojos oscuros indiferentes y calmados.

"Grracias porr ocuparrse de ella, señor Malfoy." dijo Krum con cortés frialdad. Antes de que Draco pudiese responder, Viktor se agachó y cargó con facilidad en brazos el cuerpo inerte de Hermione y a continuación, se dirigió a unos alumnos de Gryffindor de tercer año. "Porr favorr, llevad sus perrtenencias a la Sala Común, y avisad a Hagrrid."

Sin molestarse en echar una segunda mirada, Viktor se marchó con Hermione en dirección a la Enfermería, dejando pasmado a Draco, arrodillado en el rellano, incapaz de mover un músculo. Blaise resopló con desdén, y pareció decir que mejor si se iban todos a tomar algo al Gran Comedor. Siri se quedó de pie, contemplando a Draco, arrodillado y en silencio, desconcertado por la escena, pero sin ningún otro atisbo de emoción en sus rasgos. Blaise le puso el brazo alrededor de los hombros de la chica con absoluta confianza en sí mismo, pero Siri lo apartó de un brusco manotazo, y se dirigió hacia el Gran Comedor sola, rápida y también enfurecida.

Blaise alzó una ceja, entre sorprendido y ofendido por la actitud de Fawcett. Se volvió hacia Draco, que todavía permanecía arrodillado entre las cosas de Hermione Granger que se habían desparramado por el suelo. Unos Gryffindors andaban recogiendo alrededor, y Blaise se agachó a recoger un pequeño papel que estaba en sus pies.

"¡Eh... os habéis dejado...!"

Pero las palabras murieron en los labios del Slytherin. Echó un vistazo a Draco, que ni siquiera era consciente de los Gryffindors que tenía a su lado, y que estaban recogiendo la bolsa, libros y apuntes de Hermione. Como en estado de shock, Malfoy se fijó en el pergamino solitario que tenía junto a él, de entre todos los que se habían esparcido por el suelo.

Pociones.

Leyó automáticamente, sin llegar a tomar el pergamino en sus manos. Y sintió un pinchazo en el pecho. El pergamino no contaba los orígenes de la poción. Ni quién fue el primer mago que la preparó.

Ella había seguido pese a todo, sus instrucciones, como aquella vez que se vieron en la Biblioteca y él le dijo cómo tenía que hacer una redacción de Pociones eficaz y no escribir "Historia de Pociones". Aquella vez, él le había criticado que escribía cosas innecesarias, y resulta que ella le había hecho caso, pese a sus quejas.

"Perdona." Dijo un alumno de Gryffindor, y retiró el pergamino. El chico se marchó con sus compañeros en dirección a su Sala Común.

Ahora sabía qué era echar de menos a alguien. Y sentir preocupación también.

Blaise esbozó una sonrisa secreta y dobló con cuidado el pequeño pergamino que se había encontrado a sus pies, en el que suponía alguien había invitado a Granger a celebrar la Bonfire Night. En particular, dos molestos hermanos gemelos a quienes ciertas personas andaban buscando. Echó a caminar, pero no se dirigió hacia el Gran Comedor.

Se fue directo a la Lechucería.

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Patio de Transformaciones

Ron y Luna estaban sentados en el banco donde Ron había discutido con Lavender. Luna le ofreció relámpagos de chocolate, y se quedaron un rato mirando hacia el césped del patio, a veces en silencio. De vez en cuando pasaban algunos grupos de estudiantes de todos los cursos, especialmente de primer año, debido a que eran casi el doble. Ron resoplaba de vez en cuando medio frustrado por Lavender, medio preocupado porque no estaba estudiando los EXTASIS, como debería estar haciendo.

"¿Por qué las chicas no pueden ser como tú, Luna?" preguntó de sopetón.

Luna masticó su relámpago y se quedó mirándolo ligeramente desconcertada. Al cabo de dos segundos frunció el ceño y miró a Ron, entre extrañada y sorprendida.

"¿Como yo?. Las chicas no quieren ser como yo. Quieren ser guapas como Siri, o como Ginny. O como Madame Rosmerta." Luna se comió el resto del relámpago, y buscó en la bolsa otro más.

Ron miró de reojo a Luna, y metió la mano en la bolsa para sacar un puñado de relámpagos. Donde ella los comía cuidadosamente de uno en uno, Ron cogía relámpagos de diez en diez. Pero a ella no le parecía importar que Ron se llevara la mayoría.

"Tú no cambias de humor todo el rato. Mira a Lavender. Se cabrea conmigo porque he ido a partirle las narices a Malfoy, y ella es la ofendida. Y aparecen Seamus y Dean, y se larga con ellos tan tranquila, como si no hubiese pasado nada."

Luna miró a Ron con sus ojos grandes.

"¿Y cómo está Hermione?" preguntó Luna, inesperadamente.

Ron parpadeó, sorprendido. Sobre todo, sorprendido porque no tenía una respuesta.

"Pues… no sé. Mal, supongo. No la he visto en todo el día. Y se supone que mañana por la noche…"

Luna inclinó la cabeza y alzó las cejas.

"Mañana por la noche… ¿qué?"

Ron sopló hacia unos mechones pelirrojos que se le habían caído sobre la nariz, y éstos se apartaron. Se mordió el labio, vacilando sobre si contarle el plan de escaparse del Colegio para ir a ver a sus hermanos en Hogsmeade, o callárselo.

"Qué diablos, Ron. Luna se fue al Ministerio con los thestrals como si fuese una excursión por el campo."

"Mañana nos vamos a Hogsmeade a celebrar la Bonfire Night con mis hermanos. Nos escaparemos."

"Oh." Exclamó Luna, simplemente. "¿Podrás traerme bulliwugs?"

Ron se atragantó ligeramente y frunció el ceño.

"Oh, vamos Luna, otra vez, no. Ahora no me dirás que los mulligus son unas hermosas criaturas que se alimentan del fuego y que bailan alrededor de las brasas cuando se han comido varias hogueras."

Pero Luna miró a Ron con la boca abierta, y los ojos brillantes.

"¿Cómo lo sabes?. ¡Ronald!" Luna puso las manos a ambos lados de la cara de Ron y miró directamente a los ojos, brillantes de la emoción. "¡Ronald!. ¿Los has visto?"

Ron pestañeó ligeramente confundido. Por supuesto que no había visto un bicho semejante, y por supuesto que se había inventado a qué se dedicaría una criatura imaginaria si tenía relación con el fuego. Lo que no esperaba es que para Luna fueran reales, y encima hubiera acertado plenamente en su descripción.

Cuando vio el rostro esperanzado e ilusionado de Luna, no tuvo arrestos para decirle que se había inventado todo eso, que esa cosa no existía más que en su imaginación. Pero las palabras murieron en sus labios.

"Uh… si quieres… puedes venir a buscarlos también. Así podrás llevarte los mulli… gullibus… que te apetezcan…"

Luna esbozó una sonrisa, y retiró las manos de la cara de Ron y volvió a sentarse. Dejó de comer relámpagos y fijó su mirada en el verde del césped del patio. Y Ron frunció el ceño cuando vio el perfil de Luna, que ya no sonreía.

"¿De verdad te gustaría que Lavender se pareciera a mi?" preguntó Luna al cabo de unos segundos, inesperadamente.

Ron parpadeó, confundido ante el brusco cambio de conversación. El cabello rubio y algo revuelto. Los pendientes de rabanitos. Los pies cruzados por los tobillos. La piel pálida y los ojos azules y grandes.

"No." Contestó Ron con franqueza.

Luna le dejó los relámpagos en el banco de piedra, y se puso de pie.

"¿Dónde vas?"

Luna se giró y miró a Ron con los ojos grandes, tranquilos, pero algo tristes.

"A ver a Hermione."

"¿Es por lo que he dicho, lo de que Lavender se parezca a ti?"

Luna se apartó un mechón de pelo de la cara, inconscientemente, pero no respondió.

"No quiero que se parezca a ti, porque tú eres… , Luna." Añadió Ron. Cogió la bolsa de relámpagos y se incorporó y se puso delante de ella, mucho más alto. Luna no se movió del sitio, pero alzó los ojos hacia lo de él. Ron puso la bolsa entre ellos. "Se te olvidaban."

Luna bajó los ojos hacia la bolsa que tenía Ron entre ellos. Esbozó una pequeña sonrisa.

"Quédatelos." Le dijo ella en voz baja.

Y se marchó, dejando plantado en el sitio a Ron, éste sumido en sus propios pensamientos. El más coherente de todos era que Luna no se enfadaba nunca, al menos, nunca con él. Pero que tampoco la entendía demasiado, eso seguro.

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Jueves 5 de noviembre de 1998

Ministerio de Magia. Departamento de Aurores

Kingsley Shacklebolt entró temprano en su despacho del Ministerio. Se había retirado temprano la tarde anterior, cuando estuvo seguro de tener todos los documentos bien transcritos y sus copias perfectamente realizadas. Se aseguró de conservarlo en su cuenta personal de Gringotts, y el resto lo llevó a casa. No le apetecía tener visitas inesperadas en el despacho.

Se sentó y extrajo su cuaderno de apuntes. Sin apartar los ojos del mismo, agitó la varita para que el juego de té le sirviera una taza, en un pequeño aparador que tenía en una esquina.

Pasó la hoja del cuaderno, y se llevo una mano a la boca, en un gesto de inconfundible reflexión.

Hacía unos días que se había reprendido a sí mismo por no haber sido capaz de darse cuenta de algo fundamental: el haber seguido el rastro de las Apariciones de Percy Weasley, la noche en la que él Desapareció. Se llevó la documentación del Departamento, y no estaba muy orgulloso de los métodos, pero tuvo que aplicar algún que otro hechizo Desmemorizador a varios miembros del Departamento.

En ese momento, Kingsley sabía que si alguien, alguno de los perseguidores de Percy Weasley también iba tras su rastro, y decidía tener acceso a sus movimientos a través del Departamento de Transportes Mágicos, averiguaría que esos documentos estaban en su única posesión. Irían también a por ella, y Kingsley no se podía permitir el lujo de que esa información cayera en manos inapropiadas. Mucho menos, cuando el Ministerio era, de facto, controlado por Dolores Umbridge. Gracias a la Desmemorización, cualquier funcionario proporcionaría a cualquiera una documentación falsa, en la que se indicaba que Percy Weasley se Apareció cerca de Cardiff.

Guardó el cuaderno y bebió un sorbo de la taza con cuidado de no quemarse los labios. Dejó la taza y se echó hacia atrás en el respaldo.

No había ninguna duda.

Percy Weasley se marchó a Hogsmeade. Y no volvió a utilizar la Aparición desde ese día.

Consultó el reloj y miró hacia la puerta del despacho. Agarró un pergamino de los memos y escribió rápidamente una nota a Arthur Weasley.

"Ven inmediatamente a mi despacho."

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Hogwarts. Enfermería

Hermione no sabía que sus amigos la habían echado de menos la noche anterior. Cada uno disperso con sus cosas, no se habían enterado hasta la hora del desayuno, a través de Parvati y Lavender, que no había pasado la noche en su dormitorio. En ese momento, Ginny, Harry y Ron fueron hacia la Enfermería, pero la Señora Pomfrey les prohibió la entrada, alegando que Hermione todavía tenía que recuperarse del esguince de tobillo, y tenía algunas contusiones, que estaba durmiendo y debía descansar.

Frustrados, se marcharon a sus respectivas clases, esperando que Hermione se animara más cuando le propusieran la idea loca de escaparse esa noche a Hogsmeade. Algo que intuían se ganaría su reproche y su indignación, pero valía la pena intentarlo.

Al cabo de unas horas, Hermione despertó, y tenía también hambre, por primera vez en muchos días. Desayunó despacio, y sorprendentemente sosegada. Sabía que tenía que pasar. No podía pasar tres, cinco o doce días como si su vida no hubiese cambiado nada. Estaba triste, estaba cansada, estaba furiosa y estaba, ante todo, hundida en su propia miseria. Claro que había cambiado la vida. Pues claro que no era la misma que hacía una semana.

Tocó con su mano el colgante de platino, la lágrima de diamante. Había intentado muchas veces quitársela, lanzarla al vacío, tirarla por uno de los retretes de Myrtle, (Merlín, incluso llorar con Myrtle), arrojarla al lago…

Pero era como romper una cadena que la ataba a él, y no podía. Incluso guardaba las pocas cartas que él le había escrito. Habría deseado arrojarlas al fuego. Y tampoco fue capaz. Tal vez era una fase, sólo quería que pasara, que volviera a la vida. Pero en su vida había dos: la anterior a Malfoy, y la posterior a él.

No sabía cuál de ellas era peor.

"Hola, Hermione."

Hermione estaba tumbada de espaldas a donde procedía la voz; giró levemente la cabeza, sin variar su postura. Junto a la cama estaba Luna. La mirada oscura, apagada de sus ojos, ni siquiera mostró una reacción al ver a la Ravenclaw. Ni curiosidad, ni sorpresa, ni alegría. Pero Luna estaba habituada a tener todo tipo de reacciones de las personas a su alrededor, todas muy variopintas.

"¿Puedo sentarme?" preguntó inesperadamente Luna.

Hermione parpadeó despacio, y se fijó que tenía una silla junto a su cama. La observó con una mezcla de indiferencia, y cierta curiosidad. Preguntándose quién diablos había dejado una silla junto a ella, si Luna era la primera invitada que tenía.

Se encogió de hombros, volvió a mirar al frente, dándole la espalda a su visitante, y siguió con la mirada perdida, la mejilla apoyada en la almohada.

Luna se sentó con suavidad, en silencio, y con una pequeña sonrisa en las comisuras de los labios. No habló. Sólo observaba a Hermione, o más bien su espalda, con curiosidad. Hermione, sin embargo, no notó que la mirada a su espalda la incomodara, ni sintió deseos de sacarla de allí, de pedirle a la Señora Pomfrey que no dejara que nadie más entrara. Que no quería compañía. Que deseaba estar sola.

No deseaba estar sola.

"¿Quieres hablar?" preguntó Luna, otra vez de manera inesperada.

Hermione volvió a pestañear despacio, y simplemente, encogió un hombro. Como ignorando la pregunta.

"Esto… por lo que estás aquí… duele tanto que no sabes qué hacer. ¿Verdad?" Volvió a preguntar Luna.

Hermione sintió el familiar dolor de la garganta, del tipo que sientes cuando vas a estallar en llanto. Sin volverse hacia Luna, siguiendo de espaldas a ella, mantenía la mirada fija en la cama contigua, vacía, fría, solitaria. Y debido a la inclinación de la cabeza, las lágrimas silenciosas caían hacia la almohada, no seguían el camino habitual de las mejillas. La gravedad las llevaba por sí mismas hacia la tela, y sintió en su piel la humedad que provocaban.

Pero no contestó a Luna.

"Yo me sentí así cuando murió mi madre." continuó en voz baja y sosegada Luna, mirando con tranquilidad hacia la ventana. "Pero era muy pequeña, y no entendía cómo me había dejado sola. Ahora comprendo que nunca estoy sola."

Hermione paró de llorar, y arrugó la frente. No comprendía qué quería decir Luna. Luna siempre estaba sola.

Se dio la vuelta, después de secarse las lágrimas con el dorso de la mano. Y miró con curiosidad a su compañera.

"¿Nunca estás sola?"

Luna no parpadeó, bajó la mirada hacia Hermione.

"Ella está conmigo. A ella le cuento las cosas que hago. Los sueños que tengo. Le cuento cómo está papá. Y le pido ayuda si me encuentro sin fuerzas. Siempre está ahí, siempre me ayuda mucho."

Hermione se incorporó, para apoyar la espalda en el cabecero de la cama, y arregló las mantas, esta vez con curiosidad.

"¿Tú la…?. ¿Tú la echas de menos?"

Hermione pestañeó cuando vio un inusual destello de dolor en la mirada de Luna. Y ella asintió casi de manera invisible.

"Todos los días."

Entonces es cuando lo supo. Hay cosas que no tienen remedio, hay cosas irreparables, y si Luna tenía que hablar con el recuerdo de su madre, estaba en su derecho, y era su recurso para no perderla. Y se acordó de quienes sí sentían ausencias. Se acordó de Hannah, de Susan, de Harry, de Neville.

Incluso de Ron y Ginny. Ellos no habían encontrado a Percy.

Y entonces cuando Hermione lo supo de verdad.

Esas ausencias eran verdaderas tragedias.

Que te deje un novio no tiene nada, ningún punto en comparación. Aunque doliera, y lo echara de menos. Una ruptura no supone el fin de su vida. Ni tenía nadie derecho a quitársela. Ni mucho menos, Draco Malfoy.

Fue despertar de una pesadilla. Y por primera vez en días, Hermione sonrió, y por primera vez en mucho tiempo, Hermione le estaba sonriendo a Luna Lovegood.

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Lugar desconocido

"De acuerdo. Nos veremos allí. Comprendo tu ira… y el gran fracaso de Callahan, pero estaremos en la celebración también."

La cabeza apenas identificable que sobresalía de entre las llamas soltó una risa y desapareció.

En ese momento, el hombre que estaba inclinado sobre las llamas apretó los labios, y su mano, enguantada de fino algodón blanco, estrujó en el puño un pergamino de color púrpura y naranja y lo arrojó con ira al fuego. Se colocó la capa de color negro y salió del salón con premura dando un sonoro portazo. Síntoma inequívoco de la furia que arrastraba con él.

El pergamino empezó a consumirse lentamente en las llamas. Las letras "S W" desapareciendo lentamente, junto a

Pelirrojos…

Bonfire night…

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Hogwarts. Enfermería

"Señorita Granger, si sigues teniendo esa actitud, voy a tener que dejarte otra noche más en la Enfermería."

Ginny le cargó los libros a Harry, que hizo un amago de protesta. Pero ella levantó el dedo severamente, aunque con una pequeña sonrisa y Harry suspiró derrotado. Hacía apenas media hora que habían llegado, y para su sorpresa la Señora Pomfrey le estaba dando el alta a Hermione. Así que sólo tenía que cargar con los libros y apuntes que el día anterior le habían llevado.

"Señora Pomfrey, si Hermione está tan nerviosa, es que es buena señal. Ha vuelto a ser quien era."

La Señora Pomfrey rodó los ojos y colocó una pequeña redoma en la mano de Hermione.

"Y recuerda, una cucharada cada ocho horas para asegurarnos que el esguince no vuelve a inflamarse." Dicho lo cual, se retiró a atender a otros alumnos que estaban en la Enfermería.

Hermione asintió distraída, pero seguía revolviendo en su bolsa, buscando frenéticamente algo. Ginny chascó la lengua y le quitó la redoma de la mano para pasársela a Harry, y agarró a Hermione de las muñecas.

"¡Hermione, para!. ¿Se puede saber qué buscas?"

Hermione levantó la vista y miró a sus amigos con cierto temor pintado en los ojos.

"Harry... no lo encuentro..."

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Torre de Gryffindor. Sala Común

"¿Y desde cuándo lo sabes, y no me lo habías dicho?"

Lavender miró a Ron desde el sofá donde estaba sentada y bajó los ojos hacia la mesita que había frente a la chimenea, incómoda ante la respuesta que debería dar a una pregunta tan directa.

"No tengo ni idea. Al principio es como si no me hubiese dado cuenta. Pero... Ron..." Lavender se puso de pie y se acercó a él. "De verdad, no me había sentido así hasta que comprendí muchas cosas. Cuando defendí a Dean comprendí que tú hiciste exactamente igual con Hermione. Tenías que defenderla, era tu deber. He metido la pata contigo."

Ron tocó la repisa de la chimenea, sin mirar a Lavender, dejando que el dedo pasara por el granito, pero prestando toda su atención a la chica.

"¿Qué quieres decir?"

"Que metí la pata contigo al malinterpretar que fueras tras Malfoy, para defender a Hermione. Y metí la pata contigo por haber forzado que saliéramos juntos."

Ron miró entonces a Lavender y frunció el ceño.

"¿Quieres que lo dejemos?. ¿Crees que hemos metido la pata por empezar a salir?"

Lavender volvió a bajar los ojos. Pero no respondió directamente. Ron se mordió los labios, captando la respuesta implícita, el silencio elocuente.

"Creo que al menos por un tiempo, sería lo mejor, Ron."

Pero Ron se sorprendió a sí mismo pensando que iría a Hogsmeade esa noche a escondidas, que no tenía que decirle a Lavender que se iba sin ella, ni tampoco se vería forzado a decirle que se viniera con él. Pensó en la otra visita a Hogsmeade, lo mucho que deseaba no estar con ella, sino con sus amigos. Pensó en las veces que discutían por cosas estúpidas, pero que sólo le mostraban que no tenían nada en común, salvo la cantidad de veces que se habían podido enrollar. Y ya ni siquiera eso era tan estimulante.

"Vale." respondió simplemente. "Puede que… tengas razón, Lav."

Lavender se levantó, con cierta sorpresa en la cara, y le dio un beso en la mejilla.

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Vestíbulo

Harry estaba comprobando los puntos en los enormes relojes, algunas gemas se movían cuando había puntos que se restaban. Ravenclaw iba en cabeza, pero la distancia que había con respecto a las otras tres Casas era tan pequeña, que intuía que a la mañana siguiente lo más probable era que el orden hubiese variado. Nunca antes había visto tan reñido el conteo de puntos, pero nunca antes había vivido un curso normal. Sin favoritismos ni incidentes.

O al menos él pensaba eso.

Habían terminado las rondas todos los prefectos, y estaban reunidos antes de que cada uno se dirigiera a su Sala Común a pasar la noche. Hermione no les había acompañado, siguiendo instrucciones de la Señora Pomfrey de que debía seguir en reposo, no patrullando por el Colegio.

"Está bien. Ya veo que habéis restado puntos a unos cuantos esta noche. En fin, supongo que estamos todos un poco nerviosos porque es la Bonfire Night..."

Ron carraspeó oportunamente, y Harry miró de soslayo a su compañero. Los demás Prefectos no hicieron ningún movimiento en particular, pero algunos sí que esbozaron alguna pequeña sonrisa.

"Yo he confiscado más fuegos artificiales y más petardos que en mi vida..." suspiró Ernie, que miró con una sonrisa burlona a Harry. Harry a su vez, tragó saliva, pensando que Ernie algo sospechaba del plan de salir esa noche a ver a los gemelos.

"Sí... lo imagino. Ernie, Susan, de camino a vuestra Sala Común, por favor, pasad por el despacho de Filch y dejadle todo el material. Los demás, podéis marcharos ya."

Harry miró a Lavender y a Ron e hizo un gesto para dirigirse a las escaleras y ponerse camino hacia la Torre de Gryffindor.

"¡Potter!"

Harry se detuvo cuando escuchó a Draco, y le susurró a Ron, que se había puesto en tensión cuando escuchó la voz de alguien a quien le tenía muchas ganas de volverle a partir la nariz.

"Esta bien. Vete tú y coge la capa y el Mapa, y avisa a los demás. Si en quince minutos no he ido, marchaos vosotros directamente."

Ron miró de mala gana a Harry, y echó un vistazo despreciativo a Malfoy, antes de empujar suavemente a una confundida Lavender.

"¿Qué pasa, Malfoy?"

Draco se mordió un carrillo interno, es un gesto que a Harry le pareció ambiguo, incluso para alguien como Malfoy. Pero procuró mostrarse indiferente.

"¿Qué tal está Granger?"

Harry se cruzó de brazos, y su expresión se volvió más seria, aunque ligeramente sorprendida.

"Está bastante mejor, aunque no gracias a ti, eso seguro."

Draco rodó los ojos y dio unos pasos alrededor, tratando de buscar las palabras adecuadas, sin tener que recurrir a los insultos. Algo que por otro lado, le estaba costando bastante.

"A ver, Potter. A ti, menos que a nadie, tengo que darle explicaciones de mis actos. Pero..." Draco se pasó la mano por la cara en un gesto de crispación, que de nuevo volvió a sorprender a Harry.

"¿Pero...?"

"A ti menos que a nadie." repitió Draco, clavando una mirada significativa en Harry. Ambos se quedaron en silencio, hasta que Draco volvió a echar a andar, ligeramente nervioso. Pero Harry miraba fijamente a su rival, y comprendió algo en ese momento. Malfoy no quería darle explicaciones, no porque Harry tuviese derecho a demandárselas, que por otro lado, también era un motivo más que suficiente para alguien como Malfoy. Harry comprendió que Draco estaba dejando implícitas muchas más cosas. No era muy bueno resolviendo acertijos; ése era más bien el terreno de Hermione.

Bajó la mirada y recordó la pequeña visita que habían hecho a Hermione. Le habían llevado los deberes, los libros y los apuntes, sabiendo que ella estaba preocupada por perder horas de estudio y las clases. Recordó que al salir, Hermione rebuscó en sus cosas, y miró con temor a Harry.

"Harry... no lo encuentro..."

"Potter..." Draco volvió a vacilar entre decirlo y no. Resopló y Harry frunció de nuevo el ceño, confuso por la actitud de Malfoy. Y a la vez, acordándose de la visita a la Enfermería, y la actitud de Hermione.

"Malfoy, si quieres decirme algo, dímelo ya. Y si no, no me hagas perder el tiempo." respondió de mala manera Harry.

Draco detuvo su caminar nervioso, parecido al de un león enjaulado, y se mordió el labio de arriba.

"¿Tenéis planeado salir esta noche a Hogsmeade?"

Harry palideció levemente. El plan era secreto. Aunque siempre había pensado que en Hogwarts, los secretos no existían. Se quedó un momento inmóvil, por reacción natural tratando de buscar un culpable, alguien que hubiera ido con el chivatazo. Pensó en Ernie y Susan, sin duda imaginaba que Hannah se lo habría contado, eran sus mejores amigos, pero también Harry confiaba en ellos, y no los veía capaces de ir soltando el plan por todo el Colegio.

"Tranquilo, Potter, no lo he ido largando por ahí, ni tampoco me lo han contado. El problema es que la fuente ha tenido que ser Granger."

"¿De qué hablas, imbécil? Hermione ha estado en la Enfermería todo el tiempo..."

Pero el resto de la frase murió en sus labios. Y volvió a acordarse de Hermione, rebuscando en su bolsa, y pasando con rapidez las páginas de los libros.

"Harry... no lo encuentro..."

El pasquín de Fred y George. Hermione había perdido el pasquín y alguien lo había encontrado. Ignoró prudencia y malestar hacia Malfoy. Porque estaba seguro de haber dado en el clavo.

"¿Cómo lo has sabido?. ¡Malfoy!. ¿Cómo te has enterado?"

"Zabini es bastante bocazas. Encontró algo cuando Granger cayó por las escaleras."

"¿Sabe que nos vamos a ir a Hogsmeade?" preguntó Harry, acercándose a Draco, y hablando en voz baja.

"No. No creo. Pero más bien pienso que le interesa a él que nadie se entere. Estaba muy contento cuando ha visto de qué iba." Draco clavó los ojos grises en Harry. "Parecía muy contento al saber que los Weasley están en Hogsmeade. Y sospecho que se lo ha dicho a alguien, pero no sé a quién."

"Tenemos que irnos entonces." Harry se detuvo un momento y miró a Draco. "¿Nos vas a delatar?"

Malfoy torció la boca.

"Depende, si me conviene." contestó ambiguamente.

"Haz lo que te parezca, no tengo tiempo para semántica." El Gryffindor enfiló las escaleras, y se marchó subiéndolas de dos en dos, lo más rápidamente posible, en dirección al pasadizo de la Bruja Tuerta, en el tercer piso.

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Sortilegios Weasley. Hogsmeade.

Con extremado cuidado, salieron de Honeydukes realizando un Confundus a los dueños. Los seis llegaron hasta Sortilegios Weasley, y descubrieron que la tienda estaba iluminada, y que había mucha gente en la puerta, sirviéndose jarras de cerveza de mantequilla, algún que otro vaso de whisky de fuego, y copas de hidromiel. Habían encantado algunas estufas y a pesar de estar en plena calle, sentían el calor como si estuvieran en una terraza en pleno mes de agosto.

"¡Serás un Prefecto, Ron, pero no eres tan idiota!" exclamó Fred, luciendo con orgullo su chaleco de piel de dragón. Sin embargo, cambió el gesto cuando comprobó que Hermione no estaba en el grupo. "¿Y la Premio Anual, no me digáis que se ha rajado?"

Ginny le dio una jarra de cerveza de mantequilla a Hannah, y tomó otra ella; tras darle un sorbo, miró a su hermano burlona.

"No Fred. Hermione ha tenido un pequeño contratiempo y no ha podido venir. Pero seguro que se habría venido."

Fred alzó una ceja escépticamente, justo en el instante en el que apareció George con varios paquetes.

"¡Cht!" exclamó Fred, dándole una palmada a Harry en cuanto alargó la mano para coger uno. "No veo que seas pelirrojo, Potter."

"Vamos, Fred. He financiado la mitad de Sortilegios Weasley. Y mi madre era pelirroja, técnicamente tengo genes pelirrojos." respondió, poniendo los brazos en jarras.

"Potter, Potter... el día que tengas el pelo pelirrojo, tú y tus genes... o como se llamen, tendréis un bonito obsequio de la tienda..." contestó George mientras le daba un paquete a su hermana, y otro a Ron. "De momento, y para tu desgracia, tienes el pelo más negro que el cul..."

Ginny había sacado una varita de regaliz, y la puso en la boca de George, evitando que terminara una frase que no intuía muy elegante. George se sacó la varita de la boca con un suspiro y miró a Hannah, que estaba observando alrededor con curiosidad.

"Vente, Harry, anda." le dijo Fred señalando hacia la tienda con la cabeza. "Tengo que contarte algunas cosas."

"Espero que además me des algún regalo." gruño Harry, apurando su jarra y acariciando el pelo de Ginny, a modo de despedida. Siguió a Fred hasta dentro de la tienda, con cierta curiosidad sobre lo que Fred quería contarle.

"Bueno, no eres pelirroja, pero el color se aproxima bastante." George le entregó otro paquete a Hannah. "Por los viejos tiempos, además, por ser del Ejército de Dumbledore, qué diablos…" miró a Neville, de pie junto a ella. "¡Neville! A ti no te vale tampoco la excusa de Harry, así que si queréis algo de la tienda, me temo que tendréis que pagarlo."

Neville asintió simplemente sonriendo, y agarró su jarra de cerveza de mantequilla del mostrador.

"¡Eh, George!. ¿Y Luna, a ella no le das ningún regalo?"

George rodó los ojos, y le lanzó con la fuerza de un cazador un paquete a su hermano.

"Menudo guardián que estás hecho Ronniekins..." se oyó murmurar burlón a mayor de los Weasleys, junto a las risas de su hermana. "Y que conste que Luna tiene el pelo rubio, no pelirrojo… que no soy tan idiota como un Prefecto…"

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Lugar desconocido. Hogsmeade

Se oían y se veían fuegos artificiales, y de vez en cuando el viento traía un ligero aroma a madera quemada. La anciana estaba fuera de la vieja casa, contemplando el pueblo de Hogsmeade a corta distancia, y la alegre celebración. Sonrió y entró en la casa, decidida a llevarse a Benny a la fiesta, y conseguir así devolverle algo de alegría. Estaba segura de que el muchacho sonreiría otra vez, porque en algún momento de su vida, habría sido muy feliz.

"¡Benny... Benny!" La anciana, apartó a los juguetones perritos y fue hacia la silla donde el muchacho estaba mirando por la ventana que daba al otro lado, en el extremo contrario del pueblo y las celebraciones. "¡Tienes que bajar al pueblo conmigo... verás... nos darán golosinas, y a estas horas seguro que nadie viene a molestarte. Sé que no te gustan las visitas, y que no te gusta mucho salir, pero ya verás cómo lo pasamos bien..." La mujercita tomó la mano de Benny entre las suyas, y él miró casi sin ver. Elevó los ojos hacia la anciana, y se dejó llevar por ella hacia la salida.

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Linde del Bosque Prohibido. Hogsmeade

"Muy bien. Ahí está la tienda de esos gemelos. Me da igual la gente, procurad no cometer errores." El individuo se colocó un par de guantes blancos en la mano y con un movimiento de varita, su rostro se cubrió de un suave vapor oscuro, que se solidificó hasta convertirse en una máscara de un metal negro como la túnica que llevaban todos. "Sobre todo, el objetivo son esos dos. No quiero correr el riesgo de que queden con vida, ni con ninguna duda. No como el tozudo de su hermano, a quien nadie en el maldito Ministerio es capaz de localizar."

Los cinco personajes salieron del Bosque ocultos por sus sombras y la oscuridad de sus ropajes. El que había hablado primero miró hacia el cielo, y sus compañeros podían casi sentir la sonrisa satisfecha que se pintaría en su rostro tras la negra máscara.

"Anoche hubo luna nueva. Perfecto. Sólo las hogueras mostrarán un poco de luz. Pero para entonces, todo habrá terminado para ellos." Sacó la varita y de ella salieron chispas verdes, inequívocamente letales. Sus compañeros se miraron unos a otros en silencio. Porque de todos, él era el que menos se lanzaba a una batalla, el que menos habían visto en combate.

Pero las veces que lo habían visto, no había tenido compasión, ni remordimientos, ni conciencia. Y nunca cometía errores.

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Hogwarts. Sala Común de Gryffindor

Hermione se había quedado sola en la Sala Común, después de que Lavender le dijera que los demás no regresarían, aunque no sabía bien dónde se marchaban. Se sentó en el sofá, se acercó a la ventana, volvió a otro sillón, y retorcía las manos con nerviosismo. Estaba segura de que se habían ido a Hogsmeade, tal y como decía el panfleto que habían recibido de parte de Fred y George.

Pero algo no andaba bien. Estaba segura de que el hecho de haber extraviado su panfleto, era importante. Seguía vestida completamente, y todavía tenía dudas sobre si ir con ellos, aunque no sabía exactamente bien de por qué, o quedarse segura y calentita en la Torre. Observó las brasas de la chimenea fijamente, y entonces más que nunca es cuando sabía que el fuego era importante. No recordaba qué, pero era importante, y tenía que ir con sus amigos.

Buscar el fuego. Como los hombres prehistóricos, el fuego era la salvación. Era la diferencia entre vencer o ser vencido.

Apretó los puños. Una Gryffindor no se quedaba en la Torre como una princesa de cuento. Ella no era de esas. Y a esas alturas, tras una guerra, tras Voldemort, y tras haber superado una pequeña crisis, ella resurgiría, como el fénix de Dumbledore, cuyo nombre compartía con el homenajeado, Fawkes. Era un mensaje, de los que a Trelawney le gustaba interpretar.

Agarró su túnica y su bufanda, y se marchó inmediatamente hacia la tercera planta del Castillo, con la esperanza de que no la descubrieran.

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Sortilegios Weasley. Hogsmeade

"¿Por qué me cuentas todo esto a mi, Fred?. ¿No deberías decírselo a Ron y a Ginny?"

Fred sacó algunas bengalas y fuegos artificiales de una caja y se las puso en los brazos a Harry. Entonces lo miró directamente a la cara.

"No. Si nos equivocamos, si Hermes vuela la zona, pero no tiene que ver con Percy, entonces ellos también se habrán decepcionado... como nosotros. No necesitan saberlo hasta que estemos convencidos."

Harry asintió levemente, y se colocó mejor la montaña de material pirotécnico que Fred le había puesto en los brazos.

"Pero estamos seguros de que estamos cerca de la pista. Yo estoy convencido de que, entre toda esta gente, alguien acabará diciendo que echan de menos a tal o cual persona, y que es pelirroja. Además, es la excusa perfecta para..."

Pero Harry no supo de qué era la excusa perfecta. Fruncieron el ceño cuando escucharon ruidos en la calle, y gritos y estallidos.

"La Bonfire ya ha empezado. ¡Fiesta!" exclamó alegremente Fred, mientras rebuscaba más material en las cajas. Pero Harry esbozó una sonrisa forzada, por un momento no le había parecido para nada unos gritos tan alegres.

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Hogwarts. Tercera Planta

"Sabía que acabarías viniendo por aquí."

Hermione dio un respingo y sacó la varita inmediatamente. Su rostro perdió todo color cuando vio la figura de Draco, oculta por una túnica negra, detrás de la estatua de la Bruja Tuerta.

"¿Qué quieres?. ¿Vas a delatarme?" preguntó ella, con la voz serena, pero el pulso vacilante en la varita que sostenía frente a ella.

"No voy a delatarte. Pero tampoco quiero dejarte ir a Hogsmeade."

Hermione endureció sus rasgos al entender que él haría cualquier cosa para evitar que saliera del Castillo.

"Tengo que ir. Es importante. Tengo que ir con ellos."

"Ya celebrarás otro día la noche. Unos fuegos artificiales no tienen nada de especial."

"No." Respondió Hermione con firmeza. "He dicho que voy a ir, y me da igual lo que pienses o hagas. No te acerques." Advirtió, cuando Draco hizo un gesto de aproximarse a ella.

Pero la dureza de sus rasgos se rompió ligeramente cuando ambos se miraron con fijeza, y con dolor camuflado. Y la coraza que se había puesto encima pareció resquebrajarse por momentos, contra su voluntad.

"Esta bien…" Draco cerró los ojos, su gesto como si hubiese tragado una poción agria, sin duda porque la decisión le había costado o intuía que se arrepentiría. "Vamos."

Hermione no se movió inmediatamente. Porque por un lado odiaba que él la acompañara, pero por otro, odiaba más pensar que quería que fuera con ella.

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"¡¡Corred!!" gritó George, mientras se ponía delante de los niños. "¡¡Neville, Hannah, sacad a los niños y a sus familias de aquí!!"

"¡Es una parte del espectáculo!. ¡Estos chicos sí que se han estudiado bien su inauguración!" exclamó alegremente una mujer con su pequeño hijo de la mano.

"¡Mamá, yo quiero quedarme a verlo...!" pidió otro a su madre.

Ginny apretó la mano en la varita, con el corazón latiendo con fuerza. No podía ser verdad, había creído ver unas figuras sospechosamente parecidas a los mortífagos. Pero no era posible. Intercambió una mirada oscura con Neville, y él, pálido, pero resuelto, asintió levemente, mientras sacaba de la zona a las familias. Ginny desvió la mirada hacia donde creían haber visto a esos mortífagos... o lo que fuesen, y agradeció que los habitantes pensaran que todo eso formaba parte del espectáculo de inauguración de Sortilegios Weasley.

Por un momento, Ron y ella pensaron que se trataba de una broma de sus hermanos. Pero vieron el rostro contraído de George, y su manera de mirar a los niños que estaban echando chispas con varitas de juguete en pequeños muñecos que harían arder en las hogueras. Y no les cupo duda de que eso no era para nada parte de la inauguración.

Hogsmeade estaba siendo atacado por mortífagos, o magos oscuros muy parecidos.

"Luna..." Ginny miró alrededor y comprobó que no estaba Luna por ninguna parte. "¡Ron!" gritó frenéticamente. "¡Ron!. ¿Dónde está Luna?"

Ron parpadeó confundido y profirió una maldición al darse cuenta de que la había perdido de vista, entre la gente y los gritos.

"No... no lo sé... estaba aquí." Ron se alejó unos cuantos metros, buscando entre la gente que iba hacia el otro extremo del pueblo, siguiendo a Neville y Hannah.

"¡Luna, Luna!" gritó Ron, buscando frenéticamente. Luna estaría buscando los mulligugs esos, como se llamaran. Ni se daría cuenta de que estaban siendo atacados, y sintió una terrible angustia.

"¡Ron, ven aquí!" gritó George. "¡¡RON!!"

"¡¡George, cuidado!!"

"¡¡Avada Keda...!"

"¡Anapneo!" gritó Ginny, apuntando con su varita a la figura oscura que había apuntado la varita hacia su hermano. El agresor cayó al suelo y soltó la varita, llevándose las manos al cuello haciendo esfuerzos por respirar. Ginny entonces vio que había otros cuatro vestidos de negro dispuestos a atacar.

"¡¡Avada Keda...!!"

Pero George había Desaparecido antes de que los rayos verdes de la maldición asesina llegaran a darle. Ginny se lanzó al suelo para esquivarlo y apuntó un oportuno mocomurciélago a quien lo había conjurado. Sin embargo, jadeó cuando sintió el golpe de un Confundus directo en su espalda, y trató de enfocar su mente y sus sentidos.

"¡¡Confringo!!" gritó Ron. Pero a su vez recibió también una maldición. Cayó de rodillas, y se dio cuenta de que uno de ellos tenía a sus pies a Ginny, que hacía esfuerzos por levantarse, y otro que se dirigía a él había recibido en el pecho su ataque. Pero quedaban dos que apuntaron con sus varitas.

"¿Qué es esto?" gritó Madame Rosmerta al escuchar los gritos, Las Tres Escobas era el local más próximo. "¡No es posible!" la mujer hizo ademán de salir de ahí cuando recibió de golpe un Avada Kedavra de uno de los dos mortífagos ilesos.

"¡¡No!!" gritó Ron. Pero sintió un golpe en el costado que lo tiró al suelo. Miró hacia Ginny, temiendo encontrar tan sólo su cadáver, de la misma forma que había presenciado la muerte automática de Rosmerta. Pero George se había Aparecido junto al atacante de su hermana y había logrado ponerlo fuera de combate. El mortífago que había recibido el Mocomurciélago de Ginny apuntó directamente hacia los dos, pero George Desapareció con su hermana, no sin antes recibir una descarga eléctrica de la varita.

"¡Duro!" gritó Harry desde la puerta de Sortilegios Weasley. Uno de los mortífagos invocó un Protego y desvió el ataque. El otro sin embargo lanzó un Avada Kedavra directamente hacia Harry y Fred, que estaban en el umbral y habían presenciado la batalla campal.

Fred fue a socorrer a su hermano Desapareciendo, y Harry se echó al suelo de la tienda, para evitar la Maldición Asesina.

"¡Potter, esto de momento no es contigo!" gritó una voz profunda.

Harry pestañeó apoyado en la pared, sin reconocer la voz cavernosa por la máscara negra. Y apretó la varita. Si no era con él, al menos tenía que ver con él si estaban atacando a sus amigos. A su familia.

"¡Ahí está, Crucio!"

"¡Fred, cuidado!" gritó Ginny, jadeando.

Harry salió de la tienda y apuntó con su varita hacia quien invocaba el Cruciatus de Fred y la montaña de fuegos artificiales que había a su lado.

"¡Flagrate!" gritó, y los fuegos ardieron inmediatamente. El agresor interrumpió la tortura para esquivar las chispas y el fuego. "¡Incendio!" volvió a gritar Harry, y las llamas atraparon al mortífago. El otro, viendo que podría tener desventaja si se recuperaban, invocó un oportuno Aguamenti para apagar el fuego. Y con sus guantes blancos hizo girar con pasmosa gracilidad su varita y apuntó directo a Harry.

"Crucio"

Harry jadeó al sentir miles de agujas ardientes clavarse en todos los poros de su piel.

"Te dije que no era por ti, Potter, pero no me dejas otra alternativa."

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Afueras de Hogsmeade

Desde la colina, las llamaradas iluminaban el cielo sin luna de un tono parduzco. Benny observó las llamas, y pestañeó. Miró a la anciana, que murmuraba suavemente lo interesante que sería poder tener una caja de golosinas, o dos, si ambos podían ser pelirrojos. Benny se detuvo un momento cuando observó las llamaradas y la mujer se dio la vuelta.

La anciana varió su expresión, cuando se dio cuenta de que, por primera vez en meses, Benny no tenía la mirada triste, vacía, vaga o indiferente.

Las llamas estaban brillantes en sus azules ojos. Llenos de conocimiento. De inteligencia. De dolor.

Pero plenamente conscientes. Despiertos.

"¿Benny?" preguntó temerosa. Nunca había presenciado esa expresión en él, desde que lo conocía. Y era desconcertante. Pero Benny negó con la cabeza, señaló hacia la casa y miró a la mujer sin pronunciar palabra, dándole a entender que regresara, y bajó corriendo hacia Hogsmeade.

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Sortilegios Weasley. Hogsmeade

El Cruciatus quedó interrumpido cuando una muchacha rubia lanzó un maleficio al agresor, y éste desvió la Maldición con un gesto de dolor en su brazo. Junto a ella, Neville y Hannah tenían las varitas extendidas. Harry se incorporó con dificultad, pálido, y miró hacia sus compañeros. Ginny estaba sostenida por Fred, George sostenía a un inconsciente Ron.

"¡Neville, sácalos de aquí!"

"¡No!" gritó Neville. "¡Hannah, Luna, Apareced lejos de aquí!"

"Pero..." empezó a protestar Hannah. Neville la miró con dureza y ella tragó saliva. Luna, pálida, se acercó a George y Ron, y con un crack, Desaparecieron. Hannah echó una mirada temerosa a los dos mortífagos que se habían recuperado, y fue hacia Fred y Ginny. Hannah todavía no podía Aparecer, y Fred fue quien realizó el hechizo.

"No importa donde vayan, Potter. Que os hayáis quedado heroicamente no va a suponer diferencia."

El mortífago de guantes blancos elevó la varita, pero antes de que lanzara una Maldición hacia Harry, que se sostenía el costado sangrante, un rayo rojo surgió de la nada. Otro mortífago arrojó un maleficio a Harry, que cayó hacia atrás. Neville apuntó con su varita hacia su agresor, y el Desmaius fue lo bastante potente como para que el atacante de Harry cayera al suelo.

Neville ayudó a Harry, sintiendo un dolor agudo en la espalda, como si una navaja le cortara de cuello a cintura. Mareado de dolor, Neville pestañeó, cuando vio a un muchacho vestido de gris, alto, delgado y pelirrojo, con la varita de uno de los agresores que estaba en el suelo, apuntando directamente al mortífago de los guantes blancos.

"Avada Keda..." escuchó que empezaba a decir el joven.

"¡¡Por aquí!" escuchó a lo lejos. El joven Desapareció, así como las figuras de negro, éstas últimas bajo halos oscuros y tenebrosos, como si fueses espectros de la muerte.

"Harry... Harry... ¿lo has visto!"

Harry pestañeó, sostenido por Neville.

"Quien nos ha salvado..." Neville tragó saliva y al intentar incorporar a Harry emitió un gemido de dolor. "Harry...era Percy... Percy Weasley..."

"No... no puede ser..." susurró Harry.

"¡Harry!"

Ambos vieron que de Honeydukes, Hermione bajaba corriendo, con algo en una mano, y la varita en otra, acompañada de Malfoy, que también llevaba la varita en la mano. Junto a ella, Kingsley Shacklebolt, Arthur Weasley y Remus Lupin.

"Hemos llegado tarde..." murmuró Kingsley.

"¿Dónde están?" preguntó Arthur, agachándose junto a Harry. "¿Dónde están Fred y George, y Ginny... y Ron?"

"¡Arthur!" exclamó Lupin, apartando a Arthur de Neville y Harry. "¿No ves que están heridos? Hermione, llévalos dentro de la tienda. Kingsley... creo que es mejor que veas esto..." Remus señaló detrás de él, el cuerpo inerte de Madame Rosmerta. El auror se llevó una mano a la boca, y miró a Arthur, absolutamente derrotado junto a Hermione, Harry y Neville. Apuntó con su varita y un hermoso lince plateado salió de la punta, en dirección a localizar a los hijos de Arthur. Se aproximó al cuerpo sin vida de Madame Rosmerta.

"Está bien." dijo Remus. "Vamos dentro, y podréis contarnos qué ha pasado."

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Me ha costado bastante desarrollar este capítulo, lo he disfrutado, pero ha sido muy difícil. Era el primer gran encuentro entre El Enemigo, Harry y Percy. Me gusta el espíritu de los libros de Rowling, en el que Harry es el protagonista, enfrentándose a Voldemort. No es que quiera repetir la fórmula, pero sí el recuerdo al menos. Como ha dicho El Enemigo, él va a a por Fred y George, recordad que porque no quiere dejar libre a nadie que sepa de qué van las Mazmorras de Hogwarts.

Muchas gracias por seguir la historia, y en especial por todos los comentarios que me enviáis: Nott Mordred, grengras, lara evans, norma, Saiph Lestrange, Yedra Phoenix, Ninpadora Weasley, Annirve, Christhine, CrissBlack (gracias por proponer en el Foro de los Buenos Fics), Isa Malfoy, Nasirid, Paddyale, Nicole Daidouji, blackstarshine, Corae, melaniablack, rosa.

Hasta el próximo :) y por primera vez en 25 capítulos, si no te supone un esfuerzo inmenso, anda, díme hasta ahora si está siendo un peñazo o si voy bien... ¿Por favor? Bah, es igual. Ahí dejo el link al comentario, aunque esta vez soy muy escueta: http : / / dubhesigrid. livejournal. com/ 28921. html