¡Hola! Hay un poco de ambiguo Viktor-Hermione, pero que nadie me arroje hortalizas y tubérculos, no me gusta emparejar ni triangular personajes. Aunque eso sí, me gusta mucho las situaciones ambiguas, creo que esas cosas pasan en la vida real cuando hay relaciones que han terminado y brasas que aún no se han apagado, o así se pueden sentir (o confundir). Insisto, no triangularé, pero quiero jugar con lo incómodo de las relaciones y las rupturas.
Avisé que sería un capítulo movidito, pero no tanto como podéis pensar. Tened cuidado en la parte del principio con los personajes no identificados, porque sigo abusando del misterio. No os estrujéis la cabeza, tan sólo dejaros llevar por la imaginación, nada más.
Capi muy largo. Ea.
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"Hay gente que puede aprovecharse de las situaciones más inocentes. Mi trabajo consiste en pensar cómo obran los magos tenebrosos." - Barty Crouch Jr. (como Ojoloco Moody). Harry Potter y el Cáliz de Fuego.
Capítulo 27. Elementos
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Viernes 4 de diciembre de 1998
Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Mazmorras de Slytherin
"Qué sueño… y qué entrenamiento…" suspiró echándose sobre el sofá Blaise Zabini. "Yo ya no pienso moverme hasta el día del partido."
Draco no dijo nada, pero echó una mirada de reproche a su compañero. El entrenamiento había ido bien, pero sabía que los malditos Gryffindors lo estaban haciendo mejor. Malcolm Braddock, el guardián del equipo, todavía tenía que depurar mucho las paradas, y solía ser muy lento cuando despejaba y la Quaffle caía en manos del equipo contrario.
Ya lo vería. De momento se retiró los guantes para ponerse en camino a las duchas.
Junto al fuego de la chimenea, Draco se fijó que estaba Theodore Nott escribiendo sin interrumpirse en un pergamino, y tenía un grueso tomo abierto sobre las piernas, marcando con la otra mano la página que tenía de referencia. Desde donde estaba no era capaz de ver qué deberes podría estar haciendo un viernes por la noche, pero no le dio mayor importancia. Menos aún, cuando entraron por la puerta Millicent y Daphne.
"Hola, ¿qué tal el entrenamiento?" preguntó Daphne cortésmente. Miró a Draco e hizo un gesto que expresaba que acaba de recordar algo nada más fijarse en él. "Ah, Draco, antes llegó una lechuza para ti, tienes la carta ahí pinchada en el tablón…"
Draco puso los guantes encima de su bolsa y retiró la carta. El membrete inconfundible del Ministerio estaba en el remite, y debajo, en letra recargada (y fucsia), estaba el nombre de la persona que tenía que darle noticias.
Con el corazón acelerado, Draco recogió sus cosas; Crabbe, a su lado, vio el sello del remitente, y emitió un silbido.
"¡El Ministerio!. ¡Draco, ya te han hecho miembro, qué pasada!"
Draco frunció el ceño. Las chicas se miraron una a la otra y su expresión denotaba que querían saber más. Goyle, junto a Crabbe en uno de los sofás, abrió la boca sin disimular su sorpresa. Pero a Malfoy le preocupó más la reacción de Blaise. Zabini siempre le azuzaba para que de una vez por todas Malfoy se involucrara más en asuntos del Ministerio, pero por otro lado, Draco sabía que Blaise sentía hasta cierto punto envidia de los contactos que Draco tenía, gracias a la posición que habían forjado y mantenido Lucius y Abraxas antes que él.
Y de eso precisamente se aprovechó cuando decidió escribir a Dolores Umbridge.
Sin embargo, Draco sabía que las reacciones de Blaise, aunque pudieran ser incluso contradictorias o peligrosas, eran predecibles.
"Idiota… Blaise tendría que haber sido Gryffindor. Temerario, listillo y predecible."
Pero por el contrario, las de Theodore Nott eran indescifrables, un ejemplo de Slytherin sin matices ni limitaciones. Malfoy se marchó hacia el dormitorio, pero se dio perfecta cuenta de que Nott había dejado de escribir para observarle a él con estudiada curiosidad. Y lo más desconcertante de todo, miraba de hito en hito a Zabini, para conseguir interpretar la escena en su conjunto.
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Dormitorio de alumnos de 7º. Mazmorras de Slytherin
Draco escondió adecuadamente la carta en un doble fondo de su baúl y se echó hacia la colcha de la cama, víctima de un ataque de pereza, a pesar de que estaba deseando quitarse la equipación y darse una ducha.
Ya había dicho a Umbridge, con todo el encanto del que era capaz, que alguien había avisado a los aurores del Ministerio sobre un ataque en Hogsmeade.
Malfoy sonrió perversamente.
"Mis felicitaciones, Señora Subsecretaria, y hágaselas llegar al departamento de Aurores por su eficacia. Fue una suerte que recibieran un aviso oportunamente y haber evitado una tragedia… No puedo decir que me sorprendiera, algún que otro compañero llevaba un tiempo diciendo que algo pasaría…"
Umbridge picó el anzuelo. Siguiendo el estilo, Dolores Umbridge tendría que aceptar el "éxito" del Ministerio, aunque a ella a nivel personal le perjudicara. Y Draco volvió a sentirse orgulloso de su arriesgado plan.
Había conseguido decirle a Umbridge que en su entorno había un chivato que habría ido a dar el soplo a los aurores, echando abajo el plan de aquellos que Draco imaginaba, eran antiguos colegas de su padre, pese a que bajo las máscaras no podía reconocer a ninguno.
Y era su salvaguarda también. Draco sabía que los aurores no habían recibido ningún chivatazo, porque sólo vio a miembros de la Orden del Fénix. Mordiéndose el labio, y esperando que su plan funcionase, Draco se incorporó con intención de darse, por fin, la ducha.
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Sábado 5 de diciembre de 1998
Obscurus Books. Callejón Diagón nº 18. Londres
La noche había caído hacía varias horas. De hecho, tampoco es que durante el día hubiese habido mucha luz, ya que había sido oscuro debido a las negras nubes que habían cubierto el cielo y desatado tormentas intermitentes sobre la ciudad. Tormentas que habían amargando las primeras compras de cara a las Navidades. Sin embargo, la lluvia había sido fina y constante. Por la noche, era aguanieve que sólo invitaba a viajar por la red Flu, pero no invitaba a Aparecerse. Ni siquiera era muy tentador el Autobús Noctámbulo, porque a pesar de su rapidez y eficacia, y que dentro tenía unas camas acogedoras y calentitas, la espera podía hacerse interminable bajo un clima tan desangelado.
"¿Está seguro entonces?" preguntó el encapuchado, del que sólo se veían unos lacios cabellos castaños, algunos canosos, y unos ojos azules y apagados. "¿No hay más?"
El hombre repasó con el dedo una lista de hechizos en el índice y pareció un poco frustrado. La vieja alzó los ojos, interesada ante la increíble agudeza del cliente, buscando exactamente el tipo de hechizo que quería y dónde tenía que encontrarlo. No lo había esperado de él, a decir verdad.
"Señor… hace tiempo que nos conocemos, creo que hay confianza suficiente, ¿no le parece?" contestó la vieja sonriendo malignamente. "Puede intentar en el Callejón Knocturn, sin embargo… Aunque si le soy sincera, creo que busca una aguja en un pajar… ya habrá visto las noticias en los últimos meses… no le será fácil encontrarlo, usted ya me entiende…"
"No será necesario ir al Callejón Knocturn. No, de momento éste me vale, así está bien. Y sí… bueno algo he oído, sí." Respondió vagamente a la dependienta. "¿Cuánto ha dicho que era?"
"Diecisiete sickles." Respondió la vieja con un brillo codicioso en los ojos. "Y está de suerte, es uno de los pocos ejemplares que quedan. Y créame, que en estos tiempos es decir demasiado… hay algunas ramas de la magia que nadie quiere ya aprender…"
El hombre sacó una bolsa de tela y contó con cuidado las monedas, incluidas varias knuts, como si fuese una fortuna de la que se estaba desprendiendo, y las dejó sobre la mesa. La dependienta contó a su vez la cantidad y asintió satisfecha. Sacó una bolsa de debajo del mostrador y guardó el libro dentro, tendiéndoselo.
La tienda estaba vacía, y justo al salir al Callejón Diagón oyó que la vieja echaba el pestillo y el cartel mágicamente cambiaba de "Abierto" a "Cerrado". Suspiró, ya que al menos había conseguido la compra, pese a que hacía tiempo que las tiendas habían cerrado.
Apretó el libro contra su pecho y se recogió bien la túnica, mirando alrededor con suspicacia. Echó la mirada a la calle, a lo lejos, donde apenas veía una tienda que tenía el cierre echado, pero no porque ya no eran horas, sino porque hacía ya más de dos meses que esa tienda estaba cerrada.
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Lugar desconocido
La vela estaba ya casi a punto de consumir la cera, y la había estrenado para leer el libro que ya iba por la mitad. La figura, sentada en una silla de madera delante de una mesa llena de libros abiertos y cerrados, y varios pergaminos dispersos, se frotó los ojos con cansancio, suspirando de agotamiento y con tal fuerza, que casi consiguió apagar la llama.
Miró el pergamino que tenía al lado, donde había sacado algunas notas en una caligrafía ordenada y perfectamente legible. Volviendo a tomar la pluma, subrayó en el pergamino unas palabra.
"Fuego de Bojidar (Божидар)
El hechizo (ver esquema de movimiento), produce un fuego de color negro cuando está bien invocado y aparecerá en la palma del mago o bruja. La luz que emite tiene tonos que variarán del violeta al escarlata, dependiendo del grado de intensidad que pueda tomar las llamas, aunque su calor nunca será superior al del cuerpo humano.
Mientras el fuego permanezca en la palma, no se producirá lesión alguna en el mago, aunque si lo lanza a un oponente, puede producir serias heridas. El agua no causará ningún efecto, eso sí, pueden extinguirse por sofocación. Las llamas no tendrán ningún efecto en objetos, sino que sólo consumen materia viva y orgánica (criaturas y plantas). Tampoco es apropiada para Inferi y criaturas no-muertas similares, porque su carne no está viva.
La combustión final producirá unas cenizas azuladas.
Se puede crear a partir de una poción, siendo imprescindible tejido humano en su preparación, (siendo lo más eficaz la grasa humana) y magnesio en polvo…"
Chasqueó la lengua cuando leyó "Inferi" y se echó hacia atrás en la silla. Si era un fuego oscuro, lo mismo no tendría efecto en criaturas oscuras tampoco. O eso podría deducirse a priori. No estaba seguro.
No cabía duda. Estaba en lo correcto, de momento. Tenía que seguir asegurándose, y quedaba camino por delante. Tomando la pluma y el tintero, apuntó unas cuantas cosas en el pergamino, prosiguiendo así una incansable búsqueda, consciente de que era bien entrada la noche.
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Lugar desconocido
Tenía el pelo largo, oscuro y rizado, y los ojos azules, como buena inglesa. Toda su familia procedía de Leeds, aunque llevaban muchos años viviendo en Londres porque su padre era "arquitecto", aunque Percy nunca supo qué era exactamente eso de "diseñar para construir". Pero no importaba, parecía que eso enorgullecía mucho a Penelope.
"Soy Ravenclaw porque Rowena diseñó Hogwarts. Mi padre podría haberlo diseñado también, si hubiese sido mago." Dijo ella con una sonrisa, moviendo el hermoso vestido de color violeta y de corte imperio. Era curioso, era como si estuviera viendo 'a Rowena', y no a Penelope.
Lo curioso también era que, pese a todo lo que decian de él en casa, él sí se fijó en una hija de muggles. A él, que le acusaban de ser el menos Weasley y el menos Gryffindor, no necesitaba ir recordando al mundo sus ideas y sus convicciones, las sentía, sí, pero a su manera. Amó a Penelope, y la amó Ravenclaw. Amó a Penelope, y la amó muggle.
Las escaleras se movían alrededor, los retratos bailaban, aunque había muchos menos, a decir verdad, muy pocos. Magos medievales, y magos de Grecia y Roma. Ningún mago de 'su época'.
Penelope… (¿o era Rowena?) rio con una carcajada limpia, cristalina.
"Qué vacío se siente esto, ¿verdad?"
Y era así… las paredes, la ausencia de estudiantes.
Qué vacío se siente… sí. Y sintió un pinchazo familiar cuando ella se sentó en la escalera, sonriéndole con dulzura. Y subió para alcanzarla, porque sentía ese terrible vacío, sin ella. Porque no estaba ella, 'pero estaba ahí, sin embargo'.
Y subió, pero la escalera, esa escalera que había diseñado Rowena, (¿o fue el padre de Penelope?) giró de golpe, y desvío su camino, y la perdió de vista. Pero ella seguía ahí, sentada, sonriente, mirando hacia él desde abajo.
Se sabía el camino de memoria, desde que fue Prefecto en 5º había guiado a los alumnos de primer curso hacia la Torre de Gryffindor. Se sabía incluso el discurso de memoria. Se sabía que tenía que decirles "por aquí, rápido." Saludaría a la Señora Gorda. Enseñaría dónde dormían los chicos, dónde dormían las chicas. Enumeraría las normas que se conocía al dedillo, explicaría las medidas de seguridad, lo que premiaba a la Casa y lo que la penalizaba.
Se asomó por la balaustrada de piedra, y la escalera se detuvo. No perdía de vista a la joven de cabello rizado y ojos limpios, que sentada en su escalera, miraba hacia él, desde abajo. En el rellano, se dio cuenta de que no había llegado la escalera que necesitaba para alcanzar a Penelope.
Cuando volvió a mirar, Penelope estaba de pie, y su sonrisa había desaparecido. Y su mirada no era tan limpia, tan brillante, excepto por las lágrimas. Y escuchó su voz, como si estuviera junto a él. Esa voz, nunca la podría olvidar.
"Duele, Percy, estar tan sola."
Levantó la cabeza de golpe y sintió un dolor agudo en la garganta y el cuello. La mala postura, o tal vez, el dolor de haber contenido las lágrimas, que había provocado ese nudo.
La jaula de Hermes estaba vacía, habría salido a cazar algún ratón; hacía mucho que no lo utilizaba para el correo. Todavía era oscuro, y todavía tenía los recuerdos en estado crudo; era en esas horas de la noche, como antes de acostarse, o justo el momento anterior a incorporarse de la cama, en las que era completamente consciente de lo agudo que puede llegar a ser. Se había impuesto la soledad, porque ella estaba sola.
Y no tenía ya sueño.
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Domingo 6 de diciembre de 1998
Hogwarts. Biblioteca
Hermione firmó en el mostrador de la Señora Pince y guardó los libros en su bolsa, pensando tontamente que estaba haciéndose mayor si ya no aguantaba su peso como cuando tenía doce años.
Cerró la puerta con suavidad y comprobó un momento la hora. Faltaba poco para el almuerzo, y tomó aire profundamente, orgullosa de haberse levantado a las 9 de la mañana para estar más de tres horas estudiando prácticamente sola en la biblioteca. Pero lo tenía totalmente planificado: hoy era el cumpleaños de Hagrid, y si no se ocupaba de estudiar por la mañana, iría con mucho retraso, ya que esperaba no poder tocar un libro si iban a estar con él toda la tarde.
Se ajustó el peso de los libros en el hombro, y fue hacia el Gran Comedor, no tenía intención de subir hasta la Torre de Gryffindor y bajar de nuevo; prefería quedarse, aunque tuviera que llevar los libros a cuestas. Es más, estaba más que acostumbrada a cargar con ellos a todas partes. Se sorprendió ligeramente cuando Harry una vez le comentó que el día del Baile de Navidad en su cuarto año, creyó que lo que la había hecho diferente era la ausencia de libros y pergaminos a su espalda.
Recordó que se rio, porque era Harry. Jamás le habría dicho que lo que además había sido diferente en ella era que se había alisado el cabello incansablemente, que se había arreglado los dientes de forma mágica, lo cual disgustaría un poco a sus padres, ambos dentistas muggles. Que llevaba un vestido de chica. Que iba del brazo del jugador de quidditch más popular de Europa…
"Hola Herrmione…"
"Hablando del rey de Roma…" dijo ella con una sonrisa. Viktor pestañeó ligeramente confundido por la frase hecha y Hermione sonrió. "Da igual, estaba ahora mismo pensando en ti."
El ceño de Viktor se relajó un poco, pero su expresión se volvió aún más peculiar que la anterior. Y Hermione cayó en la cuenta de que, otra vez, se había enrarecido el aire entre ellos. Tenía claro que no iba a ocurrir nada entre ellos, menos aún cuando él era el profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras, y cuando ella todavía tenía una espina sobre Draco. Hacía ya un mes que habían cortado, y no acababa de acostumbrarse a la idea.
Pero precisamente el hecho de haber cortado esa relación, enrarecía aún más lo que sea que había entre Viktor y ella. Y se preguntó si Viktor se había enterado. Y no sabía bien si quería que lo supiera o no.
"¿Me acompañas a darr una vuelta? Todavía no tengo apetito." Dijo él sencillamente.
Hermione miró alrededor. Había pocos estudiantes, muchos aprovechaban todavía para dormir hasta la hora del almuerzo, y sólo unos pocos tenían hambre como para ser los primeros en comer. Y volvió a mirar a Viktor, con el mismo aspecto cansado que llevaba tiempo notándole en el rostro.
"Sí… claro, vamos…"
Bajaron por los terrenos hacia las orillas del lago, el Bosque Prohibido quedaba a varios metros de distancia, y aún más lejos tenían el embarcadero con las barcas de los alumnos de primer curso perfectamente cubiertas por sus lonas protectoras. Era un día nublado y frío, cosa habitual en diciembre, pero no parecía que fuera a llover. Los bosques de las colinas pintaban de diferentes verdes el horizonte. El lago sin embargo estaba inusualmente tranquilo. Tanto, que parecía casi un espejo, y mirando a lo lejos se hacía difícil diferenciar qué era cielo, y qué era agua.
"Los elementos básicos de la naturaleza, los tienes delante… a veces no nos damos cuenta de su importancia…" murmuró Viktor junto a ella. Hermione soltó su bolsa y la dejó en la gravilla a sus pies, mirando curiosa y sorprendida a Krum. Él había enlazado las manos a su espalda, y estaba erguido con las piernas separadas, mirando con altivez hacia el horizonte. Era una postura de rey, y Hermione no dejó de admirarse, porque Krum no tenía tampoco un aspecto muy señorial la mayoría de las veces. Al contrario, generalmente parecía muy desgarbado, salvo cuando demostraba una extraordinaria agilidad sobre la escoba.
Desvió la mirada y pensó en lo que él había dicho. Y notó que tenía mucha razón… el aire fresco y húmedo de diciembre, el agua, la tierra a sus pies, alrededor.
Dio un respingo.
Faltaba el fuego.
Faltaba el fuego…
"¿Ocurre algo, Herrmione?"
Hermione se movió nerviosamente. Tenía tantas cosas en la cabeza, tenía tantas preocupaciones últimamente, que le enfurecía pensar que no tenía todo bajo control, que no tenía las cosas tan organizadas como siempre había presumido tener.
"Hum… no… no, no es nada…" Hermione volvió la mirada hacia el lago de espejo, y se preguntó cuántas cosas ocultaba, cuánta vida había debajo, incluidas sirenas y calamares gigantes, incluso monstruos marinos según las leyendas muggles. Hasta ese momento, habían hablado de Quidditch y de Durmstrang, de la política búlgara y británica, incluso, siendo típicos, del tiempo. Ahora estaban callados, y Viktor parecía querer decirle algo.
Siempre pasaba con Viktor. Hermione sabía que seguramente era más hablador en su propio idioma, aunque también era consciente de que Viktor no era una persona especialmente extrovertida, ni siquiera si tuviera que utilizar el búlgaro.
"¿Y a ti, te ocurre algo?" preguntó ella, ganando confianza.
Él la miró de reojo, y acto seguido volvió a mirar hacia el horizonte del lago, sin variar su peculiar postura vigilante, casi marcial. Pero el rostro cansado, las ojeras ligeramente marcadas.
"Mejorr pregúntamelo cuando acabemos el currso."
Hermione parpadeó y arrugó la frente ante la ambigua respuesta. Como siempre, el aire entre ellos cambió cuando Viktor giró la cabeza para mirarla directamente. Y se movió ligeramente confusa, porque Krum no era elocuente, de acuerdo. Pero era siempre muy directo en sus parcas respuestas. Esa frase tan abierta no era propia de él, lo cual incrementaba mucho su incertidumbre. Él dio un paso hacia ella, y Hermione empezó a pensar en qué tipo de frase diría para romper el hielo, qué cosa devolvería a la normalidad la situación en la que se encontraban. Hace cuatro años habían acabado dándose un beso en uno de los pasillos que daban al salón del Baile de Navidad. Ahora, con 19 años, ese entorno adolescente se había evaporado, aumentando su incertidumbre.
Y su curiosidad.
Pero Viktor tenía el pelo negro revuelto por el aire húmedo del lago. Las mejillas altas y la mandíbula firme. Los ojos almendrados negros y agudos. Y levanto la mano hacia ella, para tocar los revueltos rizos castaños.
Dejó que se aproximara, "más de lo debido para un chico", diría su abuela. Y mucho más de lo apropiado para un profesor diría… cualquiera. De nuevo su cabeza seguía pensando y pensando, tal vez esa distancia en Bulgaria era socialmente apropiada, pero no en Gran Bretaña. Hermione tragó saliva y miró hacia arriba, y recordó que la mirada de Viktor era muy parecida a la que le dirigía hacía cuatro años. Que era quien la había visto, por primera vez en la vida, primero como una chica, y segundo, como una chica inteligente. Y la incertidumbre incrementó.
Y su curiosidad aún más.
Pero Viktor le mostró algo en la mano, y se lo enseñó a Hermione.
"Tenías hojas de pino enrredadas en el pelo." Dijo suavemente, tirando las hojas al suelo, recordando inmediatamente a Hermione cuando él le apartó un escarabajo que resultó ser Rita Skeeter, animaga ilegal. Pero Hermione también recordó cómo besaba Viktor, a los dieciocho años y ya era bueno. Y se reprendió también a sí misma por pensar eso, por pensar eso de un profesor, y por pensar que a los veintidós, tal vez había incluso mejorado la técnica.
"No. Seguro que la había perfeccionado."
Volvió a dar un respingo, y se apartó unos pasos de él, mirando el suelo, tratando de fijar su mirada en cualquier cosa del entorno que no fuera pensar en antiguos novios convertidos en profesores.
"Vaya. Como Malfoy."
Frunció el labio superior al recordar esa extraña atracción por ese tipo en concreto. Al final, quisiera o no, todo volvía a lo mismo. A Malfoy.
"La culpa es de Malfoy, es toda suya. Si no me hubiera dejado tan sola, no estaría pensando estas cosas de Viktor, ni de nadie."
Trató de acallar esos malos pensamientos culpando el entorno, a Malfoy, lo que fuera. Y volvió a mirar hacia el lago. Y entonces llegó lo que necesitaba. A duras penas, eso sí. Porque recordó el día de su cumpleaños, recordó la alfombra ilegal, y los besos bajo una cortina de lluvia finísima. Se llevó la mano al cuello, y tocó la lágrima de diamante con la mano, y suspiró. Cualquier resquicio de atracción hacia Viktor había quedado neutralizado por la nostalgia.
Sintió que Viktor se colocaba de nuevo a su lado, y pensó que, aunque hubiese besado ahí mismo a Viktor, habría pensado en Draco, y habría envenenado la escena, a su pesar, aunque no lo pretendiera. Y realmente no, no deseaba besos extraños, ni conocidos. Sólo quería, y lo sabía, que Malfoy volviera a ser el que había sido en el último año.
Reprimió un escalofrío y se cubrió mejor el cuello con la bufanda escarlata y amarilla.
"Vamos a comerr, ya hace mucho frrío para ti…" comentó él suavemente. Antes de que ella se pusiera en marcha, Krum se había agachado para coger la bolsa de Hermione, y la cargo con facilidad sobre sus hombros, dando a entender que la llevaría él. Puso una mano en la espalda de Hermione para instarla a caminar, y aunque no era un contacto especialmente íntimo ni mucho menos era como si se estuviera propasando, volvió a sentir muchas dudas sobre el tipo de relación, o lo que fuese, que tenían.
Eran profesor y alumna. Y habían sido antiguos novios, viejos amigos, ex-compañeros. Hasta hace muy poco compartían una correspondencia regular, y en el caso de ella, con largos pergaminos donde le contaba sus preocupaciones, sus progresos y fracasos, sus alegrías y sus enfados. Y en persona, allí, en esas circunstancias, todo eso había hecho que su relación fuese, cuando menos, ambigua, desconcertante.
Incluso atrayente.
Empezaron a subir la ligera cuesta que llevaba hacia los caminos que terminaban en la puerta principal de Hogwarts. La hierba húmeda llenaba de barro las suelas de sus zapatos, y cuanto antes llegaran a los caminos de grava, mejor.
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Terrenos de Hogwarts
"Hey Siri, ¿vamos a comer?" preguntó Melinda Bobbin llevándose la mano al estómago inconscientemente. "Vas a matarme de hambre y de frío…"
Siri miró la hora en su reloj de pulsera y volvió a estirar el cuello hacia el grupo de alumnos con bufandas verdes y azules que venían justo por el otro lado. Había partido el próximo martes de Slytherin contra Ravenclaw, y no quería ir a animar a Ravenclaw.
Melinda chasqueó la lengua y espero respuesta alzando las cejas intencionadamente. Siri Fawcett apretó los labios y finalmente rodó los ojos dándose por vencida.
"Está bien. No, no podía ir al campo de quidditch a ver el entrenamiento porque no quiero que Draco me vea animando a Ravenclaw, ni tampoco quiero que Ravenclaw piense que soy una traidora…"
"Siri ¿desde cuándo te importa a ti lo que piense Ravenclaw? Porque desde luego, te importa mucho lo que piense Draco Malfoy de ti…"
"Es obvio…" respondió Siri volviendo a mirar hacia el grupo de estudiantes que venía de presenciar el entrenamiento, buscando al chico alto vestido de buscador de Slytherin. "…no puedo meter la pata… Bueno, otra vez no, entiéndeme."
"Liarte con Zabini es culpa tuya. Eres idiota, Siri." Respondió bruscamente Melinda. "Si se entera Malfoy, o peor, su madre, seguro que Filch tiene más posibilidades que tú de comprometerse con Malfoy."
Siri se cruzó de brazos.
"Pues por eso no quiero que digas ni una palabra más del tema. Se acabó, te dije que eso fue un error, una tontería, y nada más."
Melinda torció la boca y sacudió la cabeza, prefiriendo guardarse su opinión.
"Vaya. La ex de Malfoy con su ex… o eso dicen."
Siri arrugó la frente extrañada, y miró a su amiga y acto seguido, volvió los ojos hacia donde Melinda los tenía puestos. Por el otro extremo de los terrenos venían a solas, desde el lago, el Profesor Krum y Hermione Granger. Fawcett entornó los ojos con curiosidad, pensando en qué forma esa estampa la podía venir bien a ella. Todavía no lo sabía, pero seguro que esa escena era mejor tenerla en reserva.
Por si acaso.
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"¡Blaise!. ¿Qué tal el entrenamiento?" preguntó amablemente Melinda. Siri se dio la vuelta dando un respingo, y sonrió levemente a Zabini, y más ampliamente al grupo que le acompañaba, medio equipo de Quidditch de Slytherin.
"Excelente. Os vamos a machacar." Respondió con presunción el joven, alisándose con orgullo el verde unforme de su equipo. "Si el entrenamiento de hoy es igual el martes, no duraréis ni un segundo."
"Vaya… ¿acaso has atrapado pronto la snitch, Draco?" preguntó melosamente Siri.
"Bastante rápido." Contestó él con voz aburrida. "Pero creo que estaba todo el mundo de resaca, o no entiendo cómo iban tan lentos todos."
"Oh." Respondió Siri, poniendo en forma de "O" la boca. "Lástima, me habría encantado verlo…" emitió un suspiro excesivamente exagerado, y Draco alzó las cejas. "Pero nos entretuvimos Mel y yo decidiendo una cosa… y no nos aclarábamos."
Melinda abrió la boca y miró ligeramente de reojo a su amiga, y sonrió circunstancialmente, sin tener ni idea de qué demonios hablaba su amiga, confiando que su perplejidad no fuera del todo obvia.
"Estábamos decidiendo… oh… ¡pero seguro que tú lo sabes!" agregó Siri con una voz falsamente sorprendida, como si acabara de caer en la cuenta de algo, situación que hizo moverse incómoda a su amiga. Los Slytherin observaron con curiosidad a Siri y Zabini alzó una ceja negra, perfecta, esperando con interés qué iba a decir la joven. "Es sólo por curiosidad… ¿Granger y Krum están juntos?. Quiero decir, que por eso la rechazaste, porque jugaba a dos bandas, ¿verdad?"
La expresión aburrida de Malfoy varió ostensiblemente y clavó en la joven una mirada gélida.
"¿De qué hablas?"
"Oh…" Siri pestañeó, y abrió los ojos mucho, mostrando total inocencia. "Oh… perdona… es que, mira…" señaló con la cabeza, como un gesto que procuraba ser lo más inocente del mundo. "Al verlos ahí… viniendo del lago… juntos…"
El único movimento de Draco fueron sus ojos, que pasaron de mirar a Siri y a observar con agudeza más allá de donde la chica señalaba. Y a lo lejos, yendo en dirección al Castillo en el camino que llevaba hacia el Embarcadero y el Lago, iban caminando juntos Hermione y Krum. Y observó que Hermione no llevaba libros, como era siempre su costumbre.
Los libros los cargaba ese hijo de p…
"¡La sangre sucia y el profesor…!" exclamó con soniquete Zabini. "Ahora va a ser que el único talento de la sangre sucia, su supuesta inteligencia, se debe en realidad a que se entiende con el profesor, o los profesores…"
Melinda frunció el ceño ante semejante comentario, insinuando que Granger no era tan inteligente como decían, sino que sus notas era por hacerle la pelota (como mínimo) a los profesores.
Zabini sin embargo no continuó su desagradable comentario. Al contrario, observó con inusitado interés a la pareja que se alejaba, y se giró hacia Malfoy.
"Draco, ¿era tan buena?" alzó las cejas un momento. "Lo mismo vale la pena ensuciarse un poco de sus gérmenes y todo…"
"¡Cállate!"
Dicho lo cual, Malfoy se alejó de ahí, caminando con grandes zancadas hacia el Castillo. Sus compañeros se miraron unos a otros y se encogieron de hombros. Blaise sonrió de medio lado a las Ravenclaw, y siguió al grupo.
Melinda observó un momento al equipo según se alejaba, y acto seguido se dirigió a su amiga.
"¿Qué te propones, Siri? Enredando de esta forma… vas a acabar pagándolo también, ya lo verás." Reprochó en un susurro enojado.
Fawcett volvió a apretar los labios y se apartó la larga melena oscura del cuello, moviendo la lisa cortina en su espalda.
"Ya veremos. Por ahora Malfoy tiene dudas, yo sólo le he señalado en la dirección correcta" dijo, apuntando con la boca hacia donde Krum y Hermione no eran más que dos pequeños puntos.
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Terrenos de Hogwarts
"Ssshhh… cierra los ojos y no hables, sólo escucha, tenemos que localizarlos y atrapar algunos para Hagrid"
"Me aburro."
"¡¡Sssshhh!!"
Luna cerró los ojos y se concentró. Tenía puesta una chaqueta de lanas de distintos colores que le llegaba hasta las rodillas, y tenía el pelo suelto debajo del gorro, y parcialmente atrapado por la bufanda de color violeta. Sentía el sonido de las hojas de los pinos, y el crujir de las ramas desnudas de los árboles. Pero era todo silencioso en ese domingo.
Ron abrió un ojo, harto de esperar a escuchar las supuestas risitas de unos supuestos duendecillos que tenían caparazones verdes en la cabeza, no tenían brazos, y largas patitas con las que daban enormes saltos.
No podía imaginarse qué tipo de (asquerosa) criatura podía ser esa, ni tampoco se podía explicar su función en la naturaleza, es más, para qué demonios querría Hagrid esas cosas como regalo de cumpleaños. Pero veía a Luna, con los ojos cerrados y sosteniendo una caja de madera abierta, donde pretendía encerrar a esas cosas y regalárselas.
Y no se dio cuenta, pero Luna tenía una nariz fina y ligeramente respingona. Y los ojos cerrados le conferían otra expresión a su rostro. No se había fijado nunca que Luna tenía otra faceta, porque no recordaba mucho a Luna con los ojos cerrados. De hecho, Ron ni siquiera pensaba que Luna parpadeara, pues siempre lo miraba todo sin pestañear. Y se acercó a ella, muy silenciosamente, para observar mejor esa perspectiva única de Luna, muy lentamente, olvidando por completo los como-se-llamen de caparazones verdes…
"¡¡Allí!!" exclamó ella de golpe, y sin pensárselo, se adentró ligeramente en la linde del Bosque Prohibido. "¡Los he oído, están allí!"
Ron dio un respingo ante la euforia de la chica, y frunció el ceño.
"¡Eh, Luna!" gritó tras ella, "¡que no podemos entrar en el Bosque Prohibido!" gritó, pero Luna no le hizo ningún caso. Chasqueando la lengua, fue tras ella. "¡Luna!"
"¡Ronald, no chilles!"
"¡Tú ya estás chillando!"
"¡¡Sssshhhh!!"
Murmurando entre dientes que era una "soberana estupidez", y "menuda pérdida de tiempo", y "se llama 'Prohibido', porque está prohibido", Ron miró alrededor, y encontró a Luna agachada junto al tronco de un árbol guardando cosas en la caja.
Ron alzó las cejas y se acuclilló junto a ella.
"Son bolas verdes. ¿Le vas a regalar a Hagrid bolas verdes?"
"Sssshhh, se van a despertar."
Ron arrugó la frente y miró a Luna como si le hubiese salido una antena en la cabeza. Resopló, y armándose de paciencia volvió a formular la pregunta en un estudiado susurro.
"¿Le-vas-a-regalar-a-Hagrid-bolas-verdes?"
"No son bolas verdes."
"No, es verdad." Ron señaló uno de los caparazones que Luna tenía guardados en la caja. "Son medias bolas verdes."
"Son los caparazones…" dijo ella con un tono que denotaba una inmensa paciencia, como si tuviese que explicarle de nuevo algo que era muy sencillo de comprender y absolutamente evidente. "Ya está."
Le mostró orgullosa la pequeña caja llena de bolas verdes, unas doce, perfectamente colocados en un perfecto 4x3. Ron se quedó mirando fijamente la caja, sin saber si soltar una carcajada al imaginarse a Luna y a él dándole el regalo a Hagrid…
…Delante de todos sus amigos. Y se sintió súbitamente muerto de vergüenza ajena.
"No Luna, no le vamos a regalar eso."
Luna cerró la caja con cuidado.
"¿Por qué no?"
Ron encontró, como siempre, dificultad para responder a las preguntas de Luna. Para ella era fácil, decía las cosas tal y como las sentía, y como si esa extraña realidad suya fuese extensible al resto del mundo, hecho completamente imposible. Pero para ella, la realidad era su realidad, y era cómo la veía, y punto.
Se quedó un momento callado. Él mismo solía ser calificado de "bruto" en palabras de Hermione, incluso de Ginny o de su madre. Él también decía las cosas tal y como las sentía y las veía, no le ponía adornos ni paliativos. En cierto modo, muy parecido a la actitud de Luna.
Se disponía a responderla, cuando se dio cuenta de que Luna estaba guardando arena muy fina en una bolsita de tela.
"¿Y ahora qué haces?"
"Me gusta la arena. Es muy útil también."
Ron se llevó una mano a la frente, cansado, muy cansado. Para él, la utilidad de la arena era la caja de Crookshanks, como mucho…
"¿Y por eso la guardas?"
"Pues claro." Respondió ella, sonriéndole. "Si encuentras arena bonita en alguna parte, guárdamela, ¿vale?"
Ron no sabía ni contestar a eso. De hecho, creía que jamás se había fijado que había arena "bonita" y arena "fea". Ni siquiera sabía distinguir una y otra. Para él, la arena era arena. Tierra, nada más.
"No me digas que coleccionas arena, Luna."
"No, la guardo solamente."
"O sea, la coleccionas."
"No es lo mismo, la guardo y luego la utilizo."
Ron rodó los ojos, rindiéndose, sin atreverse a preguntar para qué diablos querría utilizar la arena Luna.
"Además, tú coleccionas cromos de ranas de chocolate." Añadió ella, guardando otro poco de arena en la bolsita.
"Error: los coleccionaba. Pasado. Ya no."
"¿Por qué no?"
Ron sonrió ante la pregunta tan evidente.
"Porque no soy un crío." Dijo él con orgullo, alzando la cabeza. Le encantaba decir eso, sobre todo delante de sus hermanos. Y sobre todo, delante de las chicas.
Luna lo miró con curiosidad en el suelo, interrumpiendo el trasvase de arena a su bolsita de tela, y se quedaron un momento callados, ninguno sin intención de decir mucho más. Hasta que ella bajó la cabeza hacia su mano.
"Ya está." Dijo ella en ese momento, recogiendo la caja de las medias-bolas verdes en la mano libre. "Oh."
Ron volvió a mirar a su compañera, todavía agachada con la bolsita en la mano, y la caja de las bolas verdes en la otra.
"¿Qué pasa?"
"Hay muchas arañas, y todas se marchan hacia el Bosque…"
Él dio un salto reflejo hacia atrás, y miró a su alrededor, pensando que había cientos de miles de arañas, y un súbito pánico se adueñó de él, imaginaba a una enorme Aragog agazapada tras los árboles, dispuesto a merendárselo…
"¿Arañas? Luna, vámonos."
Ella lo miró con calma y con curiosidad.
"¿Por qué? Es muy interesante, me pregunto dónde van…"
"Por mi, como si van todas al país de las arañas, me da lo mismo. ¡Larguémonos, YA!" dijo él.
"Estás muy pálido, Ronald," dijo ella, "¿te encuentras bien?. ¿De verdad hay un país de las arañas…?"
"¡Sí!. ¡NO!. ¡Vámonos!" contestó el irritado y asustado ante la perspectiva de estar rodeado de infinidad de arañas de todos los tamaños.
"¿Sí hay un país de las arañas, o sí te encuentras bien?"
Pero Ron dio un tirón del brazo de Luna y echó a correr de allí, sin soltarle el brazo y sin responder a ninguna de las preguntas.
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Gran Comedor
Draco se sentó de mal humor en la mesa de Slytherin, y debido a que el Comedor no estaba lleno, pudo ver con nitidez a Hermione, sentada junto a Potter y la pelirroja, y a Krum, yendo directamente a su mesa en la tarima de profesores. Vio que saludaba a Hagrid y hablaba con él, y se fijó que Hagrid estaba muy sonriente, más de lo habitual.
Blaise se sentó a su lado y se frotó las manos con satisfacción, olfateando la cazuela con sopa de tomate y albahaca.
"Hum… estupendo. Huele casi como la que preparan en casa."
Draco no respondió, y su humor mejoró ligeramente, si por lo menos no había presenciado más contacto entre Krum y Hermione. La mesa de Slytherin no estaba muy llena, algunos alumnos de varios cursos, pero parecía que todo el mundo estaba tomándose con calma la hora del almuerzo. Crabbe y Goyle ya estaban comiendo su sopa de tomate, y Draco sospechó que estaban ya por la segunda ración. Zabini se sirvió y cogió un trozo de pan de la bandeja.
"¿Te apuntas esta tarde a practicar lanzamientos de Quaffles?. Malcolm está todavía muy verde como guardián, y necesito a todos los cazadores lanzándole Quaffles como si fuera tiro al blanco, y Vaisey ha dicho que tiene que estudiar."
Blaise miró de reojo y suspiró teatralmente.
"No puedo. Tengo un trabajo importante que hacer esta tarde."
"¿El qué?" preguntó extrañado Draco. Estaban prácticamente en todas las clases juntos, salvo en Runas Antiguas. "No tenemos exámenes, ni más trabajos que los habituales. Ah…" Draco rodó los ojos, como reprochándose su lentitud. "Ya, tienes una cita."
Acto seguido, agarró el cucharón para echarse sopa en su plato, y ni siquiera esperó respuesta de Zabini. Pero sorprendentemente, éste sí contestó, ambiguamente.
"No, no es una chica. Digamos que no es algo más… profesional." Sonrió con una gran satisfacción personal. "Es algo… importante."
Draco clavó los ojos en Blaise, y se descentró cuando escuchó una tos curiosa unos sitios más allá de Crabbe. Clavó sus ojos en Theodore Nott, que había mirado de reojo a Zabini, con una expresión neutra, se limpió la boca con la servilleta y se marchó de la mesa.
Si algo había aprendido Draco en Hogwarts, era que las reacciones curiosas de sus compañeros de Casa tenían siempre una interpretación, y que para llegar a cuatro no siempre había que sumar dos y dos. A veces los componentes de la fórmula eran bien distintos.
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Shell Cottage. Tinworth, Cornwall.
Molly dejó que las agujas siguieran su impecable trabajo en un rincón entre los sofás, moviéndose encima del cesto de los ovillos. Se aseguró que el gorrito blanco tuviese suficiente lana para que ella pudiera seguir con el resto de las tareas.
"Vamos, mamá, no te preocupes, faltan todavía dos meses para que nazca el niño."
"La niña, mon chére." Dijo Fleur sentada en el escritorio, sin levantar la pluma del pergamino."
Bill sonrió, y Molly miró con tristeza que esa sonrisa no había perdido su espíritu, a pesar de que seguía teniendo el rostro desfigurado.
"Cariño… no sé cuántas veces te lo he dicho ya… en mi familia no nacen mujeres."
"¿Tu hegmana qué es?. ¿Una lechuza?" contestó Fleur, sin dejar de escribir, mojando la punta de la pluma en el tintero.
"Seguimos siendo seis frente a una. Admítelo, cariño, vamos a tener un niño."
"En mi familia predominan las mujegues." Fleur dejó la pluma dentro del tintero y apartó el hermoso cabello. "Lo de ser Veela, ya sabes. No me paguece que la sanggue Weasley sea más fuegte que eso. Ya lo vegás. Va a seg niña. Además, yo tengo sólo una hegmana, y muchas pgimas. Va a seg niña."
"Sí, lo de las primas ya me di cuenta… en la boda Fred y George creo que apuntaron las direcciones de todas y cada una de ellas…"
Molly sonrió con tristeza. A ella le daba igual niña que niño. Cuando tuvo a Bill le daba absolutamente lo mismo. Cuando tuvo a Charlie pensó que dos niños se harían compañía. Luego llegó Percy…
Bajó la cabeza con tristeza, y se negó a dejarse llevar por la angustia y el dolor de no saber qué había sido de su tercer hijo. Siempre supo que sus siete hijos eran especiales y no iba a "por la niña" como siempre le habían insinuado (o dicho directamente). Se sentó en el sofá y recordó algo que no le había dicho a Bill, por haber estado en su trabajo en Gringotts.
"Bill, estuve el otro día en el apartamento de Percy." Comentó ella, casi con temor a que Bill le reprochara que no debía seguir colgándose de recuerdos y removiendo su dolor. Fleur, que había vuelto a retomar su escritura, se interrumpió y giró la cabeza, intercambiando una mirada significativa con su marido.
"Mamá, ya te he dicho…"
"No, déjame terminar. Alguien estuvo allí."
Bill alzó una ceja escépticamente, pensando que su madre estaba ya aferrándose a otra de las esperanzas, a que Percy en persona hubiese vuelto a su antigua casa.
"¿Cómo sabes eso?. ¿Y quién?" preguntó el mayor de los Weasley, intentando ocultar el tono incrédulo de su voz.
"Me sé de memoria cada rincón de esa casa, Bill. Cada mota de polvo que recojo, cada libro que limpio… Y ahora faltaba algo."
Bill se cruzó de brazos, y se apoyó en la mesa donde Fleur escribía; ella sin embargo tenía una mirada mucho más comprensiva, más receptiva, que la de Bill, empeñado en proteger su propio dolor por medio de la negación y de la aceptación de la realidad.
"¿Qué faltaba?"
"Una de las pociones. La multijugos. Ya no está ahí, Bill. Alguien se la ha llevado."
"Pgegunta a Kingsley." Intervino Fleur, a fin de mediar entre la esperanza de Molly y el escepticismo de Bill. "Él tiene el inventaguio de las cosas de la casa de Pegcy, segugo que te configma si lo que dices es ciegto…"
"Ya lo hice." Contestó simplemente Molly.
Bill asintió despacio, y su expresión varió sustancialmente. Intercambió una mirada con Fleur, que ella comprendió inmediatamente: mañana se iría a trabajar temprano.
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Lugar desconocido
Dejó la carta en un nicho oculto en la pared interior de la chimenea. Arriesgando que pudieran arder en el fuego, pero aceptando esa posibilidad, aun sin haber abierto ninguna de ellas.
Hermes ululó en su jaula, y parecía estar deseando comenzar una cacería en esas primeras horas de la noche. Percy Weasley retiró la mano manchada de ceniza y hollín, y con su varita limpió sin esfuerzo los restos de suciedad. Al hacerlo, miró fijamente su mano.
"No pienso mancharme las manos de asquerosa sangre sucia…"
Cerró los ojos como si hubiese sufrido un súbito espasmo, se acercó a la ventana. Oía uno de esos vagones del metro muggle según pasaban en tramos abiertos al aire libre, entre edificios y paredes de oscuro ladrillo. El día frío, plomizo, había dado paso a unas primeras horas de la noche que sólo invitaban a quedarse en casa.
Percy abrió la jaula de Hermes y el ave se colocó en su brazo; con el otro, Percy abrió la ventana, y la lechuza voló por los tejados. Cerró la ventana para evitar que la habitación se helara y se apoyó en el marco, con una mano aferrada a la gruesa cortina. Dejó que su mirada se posara en dirección a Westminster.
Echó la cortina y la sala se quedó tan sólo iluminada por las lámparas y las velas; se acercó al sofá y tomó un desgastado libro, retomando la lectura ahí donde el marcapáginas le indicaba.
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Embarcadero. Lago de Hogwarts
"Vaya, Tarquin, bonito peinado."
Tarquin miró fríamente al insolente muchacho de color, sin dignarse a responder a un crío como ése.
"Blaise, métete en tus asuntos." Gruñó. "No he venido por gusto, así que al grano."
Blaise se apoyó en uno de los soportes de donde estaban perfectamente colocadas las barcas de transporte de estudiantes hasta Hogsmeade y miró burlón al hombre y su disgusto por haber servido de lechuza. Las greñas que traía le habían hecho mucha gracia, no recordaba que tuviese semejante melena.
"Aquí tienes," le dijo Tarquin, extrayendo de su túnica un pergamino enrollado. "A ver si tienes huevos, niñato."
Blaise se apartó con una mirada dura, y arrebató el pergamino de un manotazo. Lo abrió y pasó los negros ojos por la caligrafía. En el momento que llegó abajó, exclamó un grito y soltó el pergamino, que se había envuelto en llamas, consumiéndose rápidamente hasta que llegó al suelo y de él no quedaron ni cenizas.
"Es pan comido." Respondió con arrogancia. "Además, tengo ya a la persona ideal para el trabajo. Si quiere una sangre sucia, la tendrá."
Tarquin recogió su escoba y se montó en ella.
"Ya. Claro. Pues demuéstralo."
Dando una patada al suelo, salió volando de allí y desapareció en la oscuridad de la noche, dejando al joven de pie en la tarima de madera. Sonriendo para sí mismo, echó a andar hacia las empinadas escaleras, en dirección al Castillo.
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"Te lo dije." Dijo Theodore Nott, dando la espalda a imagen semioscura del joven que subía despacio las escaleras hacia el Castillo, iluminado tan sólo por la luz que éste emanaba, y apoyó la espalda en la repisa de piedra que hacía las veces de mirador del lago. "Que se trae algún asunto entre manos. Tú consideras a Blaise un idiota, y te doy la razón. Es un idiota. Pero tú también lo eres. Estás jugando con fuego, Malfoy."
Draco no dejó de mirar hacia Zabini y su escalada. Frunció el ceño al escuchar la frase, y frunció los labios, preguntándose también si estaba en un error al haber escrito a Umbridge. Porque ambos, en paralelo, habían tenido respuestas, ambas igual de ambiguas, igual de peligrosas.
Nott se separó de la pared y se disponía a irse hacia el Castillo.
"Ten un ojo en ése." Dijo, señalando con la boca hacia Zabini. "Y otro en todo lo demás. Aquí pasan cosas raras." Dio unos pasos antes de pararse y darse la vuelta. "Ah, y que alguien te cubra las espaldas, por si acaso."
Draco dejó de mirar en dirección a Zabini, y giró la cabeza hacia Nott. Éste saludó brevemente con la cabeza, y se fue.
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Mazmorras de Hogwarts
Blaise abrió con cuidado la verja, asegurándose de que nadie le seguía, y cerró con suavidad tras de él. Recordó que a Snape no le hacía ninguna gracia que los estudiantes estuvieran husmeando, pero particularmente les tenía completamente prohibida la entrada a esta zona. Se preguntó porqué.
Sintió un súbito frío, y se arrepintió al momento de no haberse traído un abrigo más fuerte, no se le había ocurrido que ahí abajo hiciera tal frío. Extendió la varita, y fue hacia el lugar donde tendría que llevar a un sangre sucia. Haciéndolo, se garantizaba el favor de uno de los individuos más influyentes del mundo mágico. Y sin duda, también con esa ventaja, se le abrirían las puertas del Ministerio.
Y por fin estaría en ese sentido por delante de Malfoy.
Se detuvo un momento. En la carta decía que "no se preocupara, que Callahan ya se ocupó del tema."
Bajó las escaleras, y se encontró en un laberinto de pasillos a cada cual más oscuro. Y escuchó una respiración pesada, un siseo penetrante. Levantó la varita y entre las rejas de las mazmorras sólo acertó a distinguir una cosa: hay demasiados tonos de negro.
Exclamó un grito de dolor cuando escuchó un animal, un ruido gutural, estridente, un chillido de algo que exhalaba muerte, y la varita cayó al suelo, impidiéndole ver. El brazo lo tenía herido.
Algo le había mordido.
"¡Accio varita!" chilló, para evitar buscarla tanteando. No era un estúpido Hufflepuff, sabía emplear la magia apropiadamente, y la varita regresó a su brazo ileso. Notaba la sangre cayendo caliente sobre la mano, y decidió que tenía que salir de allí. Tropezó y al levantarse con rapidez se dio cuenta de que no era una cosa aquello que había hecho que cayera.
Era alguien. Y lo había conocido.
El rostro semidevorado de Callahan estaba parcialmente iluminado por la varita. Temblando, Blaise se incorporó y olvidó el dolor del brazo. Se guió por la temperatura, la menos fría era la que tendría que guiarle hasta la salida. No podía perderse en el laberinto de pasillos y de mazmorras.
Escuchó el siseo tras él, y comprendió que algo había ahí, algo iba tras él, y algo iba a devorarlo, como a Callahan.
No pensó más, subió las escaleras de dos en dos y salió hacía un rellano, echó el cierre a la verja, y subió hacia la seguridad de las mazmorras que sí conocía.
Tenía que dejar allí a un sangre sucia. O él sería el que tendría que quedar ahí. Miró su brazo, bajo la luz de las antorchas, y agradeciendo que no hubiera nadie en el pasillo. Tendría que buscarse cualquier excusa ante Madame Pomfrey, porque sabía que moriría si no se trataba la herida como era debido.
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Sé que hay mucho todavía abierto, sé que alguna por ahí ;) echa en falta más conversaciones Harry / Draco. Otras, que haya más revolcones y cosas así. Otras, que salga más Neville (o Harry, que aquí no sale tampoco). Paciencia, por favor, que no puedo publicar capítulos de 10.000 palabras. Todo en su momento.
Tarquin: no, no es un mortífago. Es un personaje que me valdría perfectamente, pero es que necesitaba 12, y los había matado antes XD o los había encerrado en Azkaban, así que nada. Es otro equivalente a Callahan, así que dentro de poco tendremos más noticias sobre él.
Blaise ha tenido su primer encuentro con Wilfred. Que como veis, tiene hambre, pero afortunadamente, Callahan cumplió su misión (no diré cuál fue). Eso salvó a Blaise, aunque parte de esa misión fue dejar libre a Wilfred, que se pasea por ese laberinto de mazmorras como si fuese su madriguera. Un momento, es que es su madriguera XD
Como imaginaréis, mismo truco del Maloso: lleva a Blaise como castigo por su supuesta "traición", y además, aprovecha para que cumpla una misión. Ahora Blaise tendrá que meter por ahí a un hijo de muggles. ¿Hermione? Bueno, ya se verá.
En el Livejournal dejaré notas, revisad si queréis de vez en cuando.
Muchas gracias por leer, y a quienes os estáis incorporando a la historia. Sobre todo, a todas os agradezco que comprendáis lo de los tiempos de actualización: Nimpadora Weasley, Saiph Lestrange, Sabaku no Akelos, Lil-Evans, lara evans, Lazylid, CrissBlack, Annirve, mArTa, Caperucita Roja, Isa Malfoy, Nattu, Yedra Phoenix, Nasirid, norma, Nicole Daidouji, blackstarshine, rosa.
