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Hola preciosas: aquí estoy, absolutamente sorprendida por el seguimiento que hacéis, con toda la paciencia del mundo; espero que no os decepcione.

De nuevo, capítulo extra-largo. Más de 9.500 palabras en Word, 21 páginas en verdana 9, así que espero que aguantéis, y que antes os traigáis la bolsa de patatas, un poco de chocolate, un batido, coke, zumo (o todo), vayáis al baño, (y me déis un poco a mi.)


"Y lo peor era que seguramente el conserje resultaría un arma muy útil; podía decirse que nadie conocía como él los escondites y los pasadizos secretos del colegio, después de los gemelos Weasley." - Harry Potter y la Orden del Fénix.

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Capítulo 28. Vuelo del pasado

Domingo 6 de diciembre de 1998

Pasillo de las Mazmorras. Hogwarts

Incluso oteando a vista de pájaro, encontrar Hogwarts era tarea imposible. Lo cierto es que es grande, espectacular, majestuoso. Pero se encuentra oculto por unas colinas igual de impresionantes, éstas obra de la naturaleza, el primero obra de la maestría y la magia. Por algo es tan difícil de detectar, y tan impresionante la sensación cuando se consigue.

Un Castillo así no existe en cada país. Hogwarts es único, fue único en su origen, y es único en su historia. Cuenta con innumerables leyendas, y cada rincón las recuerda. Sólo que hay gente que ni les presta atención. No saben que la Enfermería se añadió al Colegio cuando las heridas causadas durante el Torneo de Los Tres Magos se hacían cada vez más peligrosas. Ni saben que muchos profesores de Transformaciones han sido Animagos también, o que existe siquiera una Sala de los Menesteres, en la séptima planta, frente al retrato de Barnabas El Chiflado, célebre por haber querido entrenar trolls a bailar ballet.

Blaise Zabini no pensaba en eso, sólo pensaba que tenía una herida muy grave en el brazo, y que tenía que explicar cómo diablos había sido mordido en el Colegio. Podría echar la culpa al zopenco de Hagrid y sus bestias, pero ni siquiera era capaz de concentrarse en planear una buena excusa.

Llegó finalmente al pasillo más próximo a las Mazmorras de Slytherin y trató de ir hacia las escaleras que subían hacia el corredor que llevaba directamente al ala de la Enfermería, pero empezaba a notar la visión borrosa y la mente cada vez más aturdida. No sentía un dolor en general, más era sentir cómo se le dormían los brazos, y encima no había ni un maldito Prefecto patrullando, justo cuando más se les necesitaba…

Descansar… Sólo si descansaba un poco, seguro que podría ir tranquilamente a curarse ese brazo, tan sólo necesitaba sentarse un momento y recuperarse del susto. Era sólo eso, un susto, y un pequeño descanso lo arreglaría…

Se apoyó en el suelo, sintiendo que la fría piedra de granito aliviaba un poco el calor que sentía; las corrientes de aire en ese pasillo además eran agradables cuando estaban en contacto con el sudor de la frente, algo que Blaise no lograba entender, pues no recordaba haber pasado calor ahí abajo…

Y sí mucho miedo.

A vista de pájaro se pierden muchos detalles de Hogwarts. Salvo para un pájaro en concreto.

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Despacho de la Directora

Minerva McGonagall terminó de revisar las calificaciones remitidas por los profesores, haciendo un seguimiento de cada uno de los cientos de estudiantes del Colegio. Quería cerrar esa tarea cuanto antes, y dejó pendientes los asuntos relacionados con los exámenes para obtener las licencias de Apariciones y la confección de la lista de alumnos que deberían examinarse en unos pocos meses, apuntando consultar con Flitwick.

Tenía asuntos que cerrar también en cuanto a su propia asignatura; las tareas como Directora ya eran demasiado demandantes, pero al menos tenía arreglado el tema de su sustitución. Sólo quedaba entonces comprobar los temarios pendientes de cada curso y asignar sus plazos y duración. También tenía que recordar a Flitwick la organización del Colegio durante las Navidades, el traslado de quienes se irían a casa y quienes se quedaran. Faltaban los exámenes y recabar información de los TIMOs y EXTASIS y quiénes debían tener refuerzo…

Escuchó un carraspeo ligero y peculiar, y dando por terminado el día, Minerva apagó la vela más próxima, dispuesta a irse ya hacia sus habitaciones. Pero antes había algo que tenía que ser importante, necesariamente.

"Albus… pensé que te habías dormido."

"Sabes lo que te digo siempre de la sensación temporal y espacial que se tiene aquí, Minerva. Incluso la necesidad de dormir es peculiar." Respondió el retrato de Albus Dumbledore, de pie junto a su butacón. "Pero igualmente se perciben los cambios y los movimientos. Es una sensación tan curiosa, y tan interesante, que podría estar explicándotela durante horas, pero no tenemos tiempo."

"¿A qué te refieres?"

"Tenemos visita."

Minerva pestañeó y miró alrededor. Los demás directores y directoras estaban durmiendo plácidamente en sus lienzos. Pero antes de que ella pudiera preguntar sobre quién estaba hablando, si ahí no había nadie más que ella, escuchó un bufido burlón, e inmediatamente rodó los ojos.

"¿Qué te ocurre, Phineas?"

"Cuando los Gryffindors se ponen místicos son insufribles." Contestó de mala gana, recostado en su butaca y con la cabeza apoyada en la mano, y reprimiendo un bostezo más de aburrimiento que de sueño. "Ha venido el pájaro de Dumbledore. Parece que echa de menos esto. Inexplicable" rodó los ojos visiblemente, a pesar de que la sala estaba parcalmente iluminada. "Echar de menos una horda de adolescentes maleducados y descerebrados…"

Dumbledore sonrió ligeramente, pero no entró a la provocación del irascible retrato. Pero Minerva pareció sorprendida.

"Es curioso…" miró interrogativamente a Dumbledore para confirmar su impresión. "Pensé que Fawkes no regresaría, que ya nada lo ataba a Hogwarts."

"Fawkes regresa cuando quiere, y ahora quiere volver."

"Eso es bueno, entonces." Dijo ella, sin saber cómo interpretar ese regreso. Pero volvió a escuchar a Phineas Nigellus y se fijó en el retrato. El antiguo director se estiraba descaradamente en su sillón, fingiendo más indiferencia de la que sentía en realidad.

"Ese fénix ha regresado por un motivo. Y parece ser que no es la única criatura que nos visita. O eso se rumorea por todos los retratos, es lo que dicen todos los fantasmas." Dejó de estirarse y se puso de pie. "Ése es su terreno, Dumbledore. Y su trabajo, Directora. Buenas noches."

Saludando burlonamente, Phineas salió del marco, dejando extrañada a la Minerva.

"Albus, ¿de qué habla?"

Albus se puso de pie y paseó por la sala representada por su pintura, despacio, tranquilo y pensativo.

"Te dije que las percepciones son ligeramente diferentes… pero debes de apreciarlo. Debes de apreciar que las paredes hablan, que los pasillos oyen, que la atmósfera es singular…" se detuvo y miró con serenidad a McGonagall. "Hogwarts es un Castillo mágico. Fundado por cuatro de los más grandes magos de nuestra Historia; mil años de historia que ha hecho de él mucho más que granito y vidrio. Hogwarts sabe qué ocurre. Sólo hay que saber entenderlo. Escuchar e interpretar."

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Pasillo de las Mazmorras

Blaise abrió los ojos cuando notó agua fresca cayendo en su brazo. Se movió ligeramente y dio un respingo al ver a una hermosa ave anaranjada e inclinada sobre su brazo, llorando. Pestañeó pensando que estaba sufriendo una alucinación producto de la fiebre. Entonces el animal levantó la cabeza y emitió un extraño ruido, y movió la cabeza como si estuviera sintiendo, escuchando. El joven Slytherin miraba entre aturdido y sorprendido, recordando vagamente haber visto a una criatura similar en el despacho de Dumbledore.

Se suponía que se había marchado de Colegio. O tal vez no era el mismo fénix. En cualquier caso, ¿qué hacía ahí?. Tropezarse con un fénix en un Castillo, incluso mágico, no era algo que ocurriera habitualmente.

El ave desplegó sus alas y salió volando del pasillo; Blaise se fijó en su elegante y veloz vuelo, apenas agitando las alas y levantando enormes corrientes de aire. Su larga y peculiar cola, y la sensación de soledad que le dejó tras marcharse. Silencioso, majestuoso, y él se había quedado sin palabras. Blaise si siquiera sabía por qué no había querido que se fuera, después de todo, ni siquiera podía hablarle. El pensar tan sólo que tenía que el fénix haberse quedado sonaba tremendamente estúpido, pero en el fondo se admitió que no quería que se hubiera ido.

Miró hacia su brazo y descubrió que el desgarrón de la manga descubría la piel morena, tersa, ilesa. Que no sentía ya calor, ni sentía el hormigueo en sus extremidades. Tenía sueño, eso sí, pero no se movió inmediatamente, todavía sorprendido y aturdido por la experiencia.

Tenía que ser un sueño. O una pesadilla, pero no podía haber sido real nada de lo que había pasado. Pero el desgarrón y la sangre en su ropa le probaban lo contrario.

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Lunes, 7 de diciembre de 1998

Gringotts. Callejón Diagón, Londres.

"Gracias, Murgok. Buen día." Dijo Bill, recogiendo el pergamino que el hosco goblin le tendía. Murgok gruñó y continuó sus apuntes contables, revisando cuentas una a una con la punta de su pluma.

Todavía no era hora de apertura, y Bill sabía que era el momento adecuado para abordar a cualquier goblin, sin el ajetro habitual y los clientes delante. Se fue directo hacia su despacho y dejó su bolsa encima del escritorio, lleno de pergaminos y objetos curiosos. Emitió un profundo suspiro al pensar en la cantidad de revisiones que le faltaban por toda la serie de herencias que se habían producido en tan sólo cinco días, y prefirió pensar en ello luego.

Revisó la lista de objetos sobre los que le requerían su revisión; casi todos tenían aspecto de ser bastante inofensivos, pero no obstante, era su trabajo. De vez en cuando echaba de menos la tensión de descubrir una nueva reliquia egipcia, con la casi certeza de que sus maldiciones supondrían todo un reto para sus capacidades. Sin embargo, las viejas herencias solían ser como mucho pesadas bromas de familiares celosos por no haberse hecho con el patrimonio del fallecido. Pero aún así, le pagaban por ello, y ahora quería y necesitaba, ante todo, el dinero y sobre todo, la tranquilidad.

Descartando automáticamente tontos objetos de herencias inofensivas, Bill se sentó en su silla y movió la varita para cerrar la puerta inmediatamente. Por si acaso.

"Jueves 12 de noviembre de 1998"

Bajó el dedo por el listado hasta dar con el número de cámara de su hermano desaparecido.

"Cámara 812: Trescientos sickles (300) y Ciento veinticinco galeones (125). Con llave."

Se echó hacia el respaldo sin apartar la mirada del listado, y puso los dedos sobre los labios, pensativo. Estaba claro que era importante el dato, y era importante saber que alguien tenía en su poder la llave de su hermano. Tendría que hablar con el goblin que transportó a Percy (o quien tuviera la llave), hasta la cámara y comprobarlo. Y después hablar con Kingsley, cuanto antes.

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Martes 8 de diciembre de 1998

Pasillo de las Mazmorras. Hogwarts

Harry bajó las escaleras con pesadez. Si algo odiaba de verdad eran las clases de Pociones. Si algo odiaba más que las clases de Pociones eran las clases de Pociones con Malfoy. Desde el tema de la ruptura con Hermione, su relación había sido, extrañamente, mucho más cortés que de costumbre, artificialmente educada, y eso era algo antinatural.

"Por favor ¿me pasas las balanza para comprobar el peso del polvo de acero?"

"¿Te importaría volver a explicarme la posición del codo para el Confundus?"

En teoría, faltaban unos minutos para empezar la clase, y no había terminado de repasar los antídotos para venenos comunes. Rodó los ojos; ya daba igual, por mucho que lo intentara, para él leer un libro de Pociones era exactamente igual que intentar leer los de Aritmancia de Hermione… sin diccionario a mano.

Pasó por las aulas, y vio a algunos alumnos de Slytherin y de Gryffindor de cuarto curso que iban hacia hacia la mazmorra de Slughorn, y creyó escuchar a éste último dando las primeras instrucciones. Como siempre, intentó pasar de largo sin que Slughorn reparara en él y descubriera así su truco para salir más o menos airoso en las clases: tenía clases particulares. Y bufó cuando recordó que tenía una invitación a la fiesta de Navidad del profesor, que así cumplía su tradicional evento, y al que por supuesto tenía que ir sin excusa.

Entró en el aula del final y cerró la puerta; ni siquiera llegaban los ruidos de los alumnos moviendo sillas y removiendo tarros y libros para sentarse en sus sitios. Draco no había llegado, así que Harry se sentó en el sitio que generalmente ocupaba en estas clases particulares, extrajo el libro y puso una mueca de pereza. Se cruzó de brazos y echó el respaldo hacia atrás, mirando con indiferencia la mazmorra, las estanterías y los armarios, los ingredientes, tarros y muestras y viejos manuales de consulta. La pizarra vertical y giratoria que tantas veces había visto utilizar a Snape. Una bola del mundo de aspecto antiguo. Arcones de madera. El escritorio lleno de tarros de todos los tamaños…

"Vuelve… te destrozaré…"

Harry se incorporó inmediatamente y miró a su alrededor, pero no movió un milímetro de su cuerpo, intentó fijar la vista alrededor.

"Déjame ver…"

Intentó agudizar el oído, y se quedó completamente inmóvil, esperando que ni siquiera un soplo de aire pudiera impedir localizar el origen de esas palabras.

¡BLAM!

Harry se volvió inmediatamente con la varita en alto y en guardia, para descubrir que Draco había entrado en el aula dando un portazo tan similar a los de Snape, que habría jurado que era él, salvo por ese estridente rubio.

"Nos tocaba Pociones, Potter, no 'Cómo-molo-moviendo-la-varita contra las Artes Oscuras'" comentó Draco, impasible.

Harry rodó los ojos, pero sonrió de medio lado; parecía que había vuelto el Draco que al menos sí sabía tratar. O maltratar. Y no ese tipo extraño con el que compartía clases particulares y muchas fórmulas de cortesía.

"Ah… eres tú."

"¿Quién querías que fuera, ese Fraile Gordo e inútil?"

"No… sólo que antes he oído…"

Draco fue directo hacia la mesa donde solían dar la clase y dejó encima su bolsa, ignorando aparentemente a Harry.

"¿Ecos del pasado?. ¿Estudiantes errantes?. ¿Almas en pena?" Miró con dureza a Harry, y alzó una ceja escépticamente. "¿O estudiantes que llegan tarde a Pociones?. ¿O a Peeves, tal vez?"

Dijo el nombre para dejar claro que probablemente cualquier tontería que Potter hubiese oído por ahí tendría bastante más que ver con el poltergeist del Colegio, o su propio y patético equilibrio mental.

"No te sientas mal, Potter, ya sabes lo que les hacían a los estudiantes en las mazmorras y todo eso…"

Sin embargo Harry pestañeó un par de veces y miró a Draco con una expresión peculiar; éste sin embargo, había retomado su faena extrayendo sus cosas de la bolsa, y se interrumpió cuando notó que se habían quedado en silencio. Sorprendido y extrañado, alzó la cabeza para ver que Harry estaba mirándolo, pero tenía sus pensamientos en otra parte.

"¿Qué has dicho?"

Draco resopló y rodó los ojos.

"Antes oías cosas y ahora estás sordo como una tapia. Y ciego." Añadió, sin poder evitar hacer referencia a uno de los obvios defectos de Harry. Pero éste no hizo ningún caso a Draco.

"Eso es…" Harry miró hacia la puerta, y apartó la vista, absolutamente metido en sus pensamientos. Esa actitud inesperada, y según Draco, bastante más propia de Granger que de un descerebrado como Potter, despertó automáticamente su curiosidad.

"Vale, Potter, ¿qué coño te pasa?"

"Tengo que irme." Dijo en voz baja, recogiendo las pocas cosas que había dejado encima de la mesa.

Malfoy se quedó absolutamente pasmado en su silla, convencido de que Potter estaba absoluta y completamente desquiciado. Y que cualquier cosa le valía para escaquearse de Pociones. Harry recogió sus cosas apresuradamente y salió del Aula de Pociones.

"¡Luego si cateas no me eches a mi la bronca!" gritó Draco al ausente. "Idiota…" murmuró para sí.

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Torre de Gryffindor

Harry dijo la contraseña casi sin respirar, y entró hacia la Sala Común sin perder tiempo; apenas dándose cuenta de los alumnos que había dentro, haciendo deberes, charlando o leyendo. Subió de dos en dos las escaleras hacia su dormitorio y abrió el baúl para coger su Mapa.

"Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas."

Volvió a mirar y revisar el Mapa; definitivamente, la parte de las Mazmorras no llegaba más allá de los pasillos que ya habían conocido, incluidos recovecos y atajos que no sabía ni que existían, como algunos que parecían dar con la parte de atrás de la Enfermería; incluso otras mazmorras que parecían de uso del Profesor, algún que otro almacén, pero poco más.

No había ninguna duda. El idiota de Malfoy le había dado la respuesta; la primera vez no supo relacionarlo, fue cuando fue con Neville a buscar a Ron a las mazmorras de Slytherin. Entonces Draco le dijo que Snape no les permitía ir a otras mazmorras que no fueran las de Pociones o las propias de Slytherin. Esa vez lo pensó, pero no cayó en la cuenta:

"¿Y por qué asociaba las Mazmorras, sobre todo, con Draco Malfoy?"

En cualquier caso, estaba seguro. Había oído algo, era como cuando estuvo castigado respondiendo estúpido correo de fans de Lockhart. Esa vez también lo oyó.

Torció la boca, sin saber por dónde empezar; recordó que Draco eligió esa hora para que dieran clase porque Hermione daba las suyas de Transformaciones a los alumnos de primero. Eso significaba que no podía hablar con ella y de su vasto conocimiento del Colegio. Pero podría averiguarlo él solo, de momento.

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Biblioteca

Madam Pince alzó una ceja entre sorprendida y suspicaz.

"Quinta estantería, en la parte derecha, este módulo. Debe de estar en la parte de arriba. ¿Es que nunca has buscado los libros de Historia de la Magia?"

Harry abrió la boca para responderle muy al estilo de Ron, "busco cosas útiles, señora, y la Historia de la Magia me ha resultado útil a los siete años después de llegar aquí…", pero simplemente esbozó una mueca de "muy graciosa". Bajó los escalones del primer módulo y pasó delante de las estanterías hasta dar con la zona de tomos dedicados a la Historia de la Magia.

Pasó con el dedo por los cantos de los libros más voluminosos, repasando los lomos por primera vez en su vida, hasta que dio con una fila de libros en bastante buen estado, grandes y con similar encuadernación.

"Historia de Hogwarts."

Admirado porque Hermione hubiese sido capaz de digerir semejante ladrillo, antes incluso de entrar en el Colegio, se fue a una mesa vacía y buscó en el Índice y en el Glosario "Las Mazmorras de Hogwarts."

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Vestíbulo

Draco subió las escaleras lentamente, dudando sobre la marcha sobre si ir primero a su dormitorio y dejar los libros, o ir directamente a estudiar o a hacer algo productivo. En esos momentos era cuando más notaba que era más fácil preguntarse cómo podría ir a ver a Granger y hacer caso de sus extravagantes sugerencias como ir a la biblioteca a repasar.

Era curioso lo fácil que era memorizar los horarios y las rutinas de la Gryffindor. Sabía que tenía Transformaciones, no era fácil de olvidar si fue esa hora la que eligió para intercambiar clases con el insufrible de Potter. Subió hasta llegar al Vestíbulo y se topó con Blaise, Crabbe y Goyle, seguramente dispuestos a ir a por una cena temprana.

"¿Vais a cenar ya, tan pronto?" preguntó con voz aburrida Draco.

"Ponen de postre tarta de tres chocolates. No queremos quedarnos sin ella." Contestó Crabbe, como si eso explicara algo obvio.

"Ya…" Draco clavó sus ojos en Blaise, mucho más callado y grave que de costumbre. No. Más bien era la primera vez que veía a Blaise callado y grave.

"¿Qué te pasa?"

Blaise pareció sorprenderse y miró a Draco, cruzándose de brazos a la defensiva.

"¿A mi?. No me pasa nada."

Draco alzó ambas cejas cuando Blaise se dio la vuelta para ir directo al Comedor, dando por zanjado el asunto. Fue tras él, ahora más intrigado que nunca. Y casualmente, justo tenía ese cambio de humor tras la carta que había enviado oportunamente a la antigua Inquisidora de Hogwarts, la futura Ministra de Magia.

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Gran Comedor

Tendría que instaurarlo como tradición, y por mucho que le pesara, era tradición entrar en el Gran Comedor y fijarse, sin excepción, en la mesa de los Gryffindor; al ser temprano, había pocos alumnos cenando, y desde luego, ninguna cabeza castaña de rizos imposibles. Se reprendió a sí mismo por volver a caer en esa costumbre, incluso en momentos en los que sabía que Granger no iba a estar ahí. Pero seguía haciéndolo; sus ojos eran más rápidos que su cerebro.

Chascando la lengua por el disgusto consigo mismo, siguió a sus compañeros hasta la mesa de Slytherin. Y no sabía qué era; pero era como si estuviera todo extraño. Hogwarts estaba extraño. El ambiente, a pesar de esa naturalidad, de la aparente normalidad, era raro.

Así no había empezado el curso.

¿Qué había cambiado?

Por lo pronto, su grado de felicidad.

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Biblioteca

"Harry…"

Harry levantó la mirada del libro y se fijó en los brillantes ojos marrones y el cabello cobrizo que estaba inclinado sobre él. Sintíó un beso en la mejilla, y Ginny se había sentado justo a su lado.

"Pensaba que estabas en clase con Malfoy, qué pronto has terminado. Al ver que estaba Malfoy en el Comedor te he buscado por todas partes." Se abanicó con la mano para darse aire en la cara sofocada por las prisas. "¿Qué lees?"

"Historia de Hogwarts."

Ginny paró el movimiento de la mano.

"¿Estás leyendo Historia de Hogwarts?" preguntó, con un inconfundible matiz sorprendido y escéptico. "Pero si ni siquiera has cogido Historia de la Magia este año…" Frunció el ceño. "¿Qué poción te ha dado Malfoy?"

Harry sonrió de medio lado.

"Ninguna, no hemos tenido clase." Miró a Ginny y apretó los labios. "Malfoy dijo una cosa que me ha recordado algo automáticamente. No me había acordado hasta ahora…"

"¿El qué?"

"Filch… estábamos en primero cuando Filch nos comentó a Hermione, Ron, Malfoy y a mi algo así como que era una lástima que hayan abandonado los viejos castigos… colgaros de las muñecas desde el techo durante unos días…"

Ginny puso una cara de horror y de asco ante esa perspectiva.

"Eeeehh… qué horror… ¿Tú crees que hacían eso?"

"Es lo que intento averiguar."

"Ah…" Ginny pareció un poco confundida. "¿Para qué?"

"Estoy oyendo otra vez… esa voz…"

"Harry… lo mismo deberías tranquilizarte un poco. Ya sabes, las clases, los EXTASIS, el Equipo, ser Premio Anual, las reuniones…"

"No, no estoy cansado ni tengo estrés como insinúas." Ginny alzó una ceja. "Bueno sí, un poco. Pero no tienen nada que ver. Es como… es como volver a escuchar al Basilisco, y eso fue real, Ginny."

La chica apoyó la cabeza en el hombro de Harry y tomó su mano.

"Déjalo ya. Podemos preguntarle a Hermione, será lo mejor. No necesitas cansarte aún más con los libros de Historia, que bastante tienes."

"Me estás llamando idiota." Afirmó, más que preguntó Harry, pero dejó que Ginny siguiera acariciándole la mano.

"Nunca te dije que te quisiera por tu sabiduría, Potter." Contestó ella entre risas.

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Mansión Selwyn. Nottinghamshire, Inglaterra

Unas manos de manicura perfecta abrocharon con delicadeza el cuello de la túnica, elegante y de oscuro terciopelo azul. Un reloj de madera de caoba señaló las siete menos cuarto, y la joven de negro cabello y piel pálida miró hacia él para asegurarse de que sus oídos no la engañaban.

"Es a las siete esa reunión, ¿verdad?"

"Llego de sobra." Respondió su marido, dejando que ella terminara de ajustar los botones del cuello de su túnica. "No sé a qué hora terminaré."

Ella sonrió de lado a lado y le dio un beso en la boca, muy breve.

"Está bien Nicholas. Te esperaré despierta. Además… es importante que asistas, no hay duda de que tú presencia ahí es importante, eres crucial en el nuevo orden. Dentro de un mes serás la mano derecha de la Ministra."

Selwyn sonrió con vanidad, y le dio un beso a su mujer.

"El fin de semana te llevaré a Londres para que hagas compras de Navidad, querida."

Pansy sonrió satisfecha; hacía tiempo que había visto una pulsera de esmeraldas que tenía que ser suya.

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Lugar desconocido

"Yo más que encantado. Me estoy hartando un poco de tener que encargarme de ese squib apestoso e incómodo." Mulciber se echó hacia atrás en la mesa de un comedor alargado y ostentoso. Zapateó un poco con el pie derecho en el suelo, esperando instrucciones impacientemente. "De momento sólo he visto acción y no veo que nos haya ido del todo bien."

Señaló los sitios vacíos.

"Hay algunos que están en clase, Mulciber, no pueden venir. La única baja ya sabes quién es." Contestó fríamente el líder informal del grupo.

"Ya. Bueno pues a ver si demuestran que si están en esto, es hasta el final." Mulciber levantó la mano y movió la cabeza, como esperando que su interlocutor continuara la conversación. "¿Entonces…?"

"Por mi no hay problema. Termina con Filch."

"Me aburría malgastar energías en tenerle bajo control. Un squib menos en el mundo." Replicó Mulciber, visiblemente satisfecho. "¿Tarquin?"

McTavish miró despóticamente a Mulciber.

"Llevar una carta es un trabajo bastante ridículo. Lo puede hacer una lechuza ciega. No me subestimes."

"¿Qué hizo Zabini?. ¿Leyó la carta?"

"La leyó, sí."

"Pues sigue vivo."

"No tuve el gusto de acompañarlo, mis instrucciones decían llevar la carta, no hacer de niñera."

"Nadie te está insinuando que hicieras de niñera." Dijo con frialdad el tercer individuo abriendo y cerrando la mano enguantada. "Casi mejor, si Zabini es escurridizo y ha podido zafarse, y sobrevivir, es que no es tan imbécil como pensamos."

"Es bastante imbécil, si quieres mi opinión." Comentó McTavish entornando las pupilas azules. "Previsible, bocazas y engreído…"

"Tampoco te he insinuado que me dieras tu opinión." Atajó con frialdad su compañero, juntando las yemas enguantadas y apoyando los codos sobre la mesa. Selwyn observaba la escena en silencio, tosiendo oportunamente cuando McTavish expresaba su opinión, e intercambiando miradas burlonas con Rookwood. "De momento tiene claro que tiene una misión para nosotros. Si está metido en esto, es con todas las consecuencias, y su supuesta traición tiene un precio y una penitencia."

"Yo la verdad es que no creo que Zabini nos traicionara."

"Me da lo mismo, McTavish. Tú caíste a la primera de cambio, y por tu culpa, ese Weasley casi me mata con tu varita." Tarquin se movió incómodo y se pasó la mano por el cabello. "No quiero fallos, ni quiero que revolotee por aquí la sombra de la duda."

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Despacho de la Directora. Hogwarts

Fawkes observaba en silencio el retrato de Dumbledore. Y movía la cabeza como sintiendo, oyendo y mirando en todas las direcciones, desde el asidero donde siempre había estado en el despacho.

"Lo sabes ¿verdad Fawkes?. Algo no anda bien. Y lo sabes." Añadió con resignación el retrato del antiguo director, emitiendo un hondo suspiro.

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Azotea de la Torre Norte

"Hannah, llevo buscándote desde que terminamos de cenar." Neville Longbottom le pasó el brazo por encima de los hombros a la joven Hufflepuff apoyada en la repisa de piedra, observando los primeros rayos de la noche. "Te fuiste tan pronto que ni siquiera me diste tiempo a probar la tarta de tres chocolates."

Hannah sonrió con dulzura, pero siguió mirando a lo lejos.

"Hoy me ha dicho la profesora Sprout que voy muy atrasada en las asignaturas, sobre todo en Pociones, Historia de la Magia y Transformaciones."

"Vaya…" respondió Neville sin saber qué añadir más. "¿Puedo hacer algo?"

"Creo que tiene que ver el hecho de que salgamos juntos." Dijo ella con pesar. "Creo que me distraigo mucho."

Neville apartó el brazo y se apoyó también en el alféizar, pero su gesto había cambiado para dar paso a una sensación de inseguridad.

"¿Quieres que nos veamos menos?" preguntó, sin atreverse a preguntar si quería que dejaran de verse.

"¡No!" exclamó ella. "Es sólo que… todo el mundo ha tenido este parón de un año en los estudios, pero a nadie parece afectarle, Nev, pero a mi sí." Movió la cabeza de un lado a otro. "A veces pienso que si repito curso es porque soy una retrasada, tal vez debería repetir quinto…"

"No digas eso, tú tendrías que estar en séptimo, si no hubiera sido por la Guerra."

Hannah bajó la mirada, y pensó en su madre, asesinada durante la guerra contra Voldemort, y la causa por la que salió de Hogwarts antes de terminar el curso que ahora estaba repitiendo.

"Antes era prefecta, y estaba con mis amigos en el mismo curso. Y ahora…"

"¿Y qué? Yo tampoco soy prefecto, y ni ganas de serlo." Dijo Neville con una sonrisa.

"Pero eres casi profesor."

"Bah, es sólo más trabajo." Respondió alegremente Neville.

"Pero te gusta."

"Me gusta mucho." confesó Neville.

"Ya…" dijo ella, otra vez con un matiz melancólico en la voz. "Yo sin embargo no soy capaz de memorizar nada, y ya están diciendo que están preparando las pruebas para examinarnos de Aparición, y todavía no las he pasado, ya ves… y encima ni siquiera sé qué quiero hacer… Todos mis amigos ya saben que quieren ser jugadores de quidditch, periodistas, sanadores, aurores, historiadores…"

"¿Historiadores?" Neville puso una mueca imaginando a Ernie Macmillan como un fantasma vagando por el Colegio. "Vaya tela…"

Hannah sonrió y soltó una pequeña carcajada. Neville le dio un beso en el pelo, y se sintió mucho mejor. Tal vez ninguno tenía la respuesta, pero se sentía mucho mejor. Sin separarse, no pudo evitar hacer otra pregunta, y no esperaba respuesta.

"¿No notas como está todo enrarecido, Nev?"

Neville volvió a pasar el brazo por los hombros, masajeándolos suavemente.

"Tal vez sí… un poco. No sé, no suelo fijarme mucho en esas cosas."

Ella se rió entre dientes.

"No te sueles fijar mucho en casi nada."

"Sólo en lo que me interesa. Por ejemplo, Flitwick nos ha repartido las circulares para confirmar si vamos a estar en Hogwarts para las Navidades, o si nos vamos a ir a pasarlas fuera. Y me he fijado en que no la has entregado."

Hannah se arrimó más a él.

"Tenía que preguntarte primero qué planes tenías tú, antes de devolverlo." Inclinó la cabeza para mirar hacia Neville. "¿Y tú, qué vas a hacer?"

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Gran Comedor

"¿Puedo terminarme tu trozo de tarta, Draco?"

Draco empujó el plato hacia Crabbe, que sorprendentemente había sido más elegante de lo habitual, ya que debería haber preguntado directamente "puedo empezar tu trozo de tarta…" Realmente no tenía mucho apetito, no tenía ganas de hablar. Era pura apatía. Había insistido en averiguar qué diablos le pasaba a Blaise, y aunque parecía que su rebuscada coartada le había servido, el hecho de haber cargado las culpas sobre Zabini implicaba un extraño cambio de humor. Extraño, inesperado y preocupante.

"Así se debía de sentir Potter cuando no me dejó en paz hace dos años."

Draco alzó las cejas en un rápido movimiento, al descubrir que precisamente esa sensación era la que más le tenía en ascuas. Zabini se comportaba exactamente igual que él mismo cuando tuvo que cumplir esa misión para Voldemort.

"Pero Voldemort murió. Se lo cargó San Potter."

Y sin embargo, Blaise, tal y como había apuntado Nott, estaba jugando a ser mayor, duro y peligroso. Y sabía, por propia experiencia, que eso no era ningún juego. Repasó con la mirada a sus compañeros. Todos ellos habían perdido a sus padres: Crabbe y Goyle tenían a sus padres encerrados en Azkaban y difícilmente saldrían de allí; el padre de Nott murió el año pasado durante la guerra contra Voldemort, como el propio Lucius. El único que no era hijo de mortífago era precisamente el más imprudente al respecto, y no sabía qué se jugaba.

Reprimió un escalofrío cuando recordó que él tuvo que envolverse en esa coraza de suficiencia si quería tener éxito en una misión abocada al fracaso. Y esta vez tenía la certeza de que Blaise estaba metido en algo más.

¿Pero quién le había metido en eso?

Crabbe y Goyle, por otro lado, no se separaban de Blaise. Y Draco pensaba que tal vez estuvieran también implicados. O sabían algo.

¿Pero implicados en qué?. Y además, Dolores Umbridge estaba, de algún modo, conectada en todo esto.

"¿…me estás escuchando, Draco?"

Malfoy pestañeó varias veces, hasta que cayó en la cuenta de que Daphne había estado hablándole y ni se había dado cuenta.

"Decía que qué vas a hacer tú en Navidad. ¿Vas a casa, o te quedas en Hogwarts?"

Draco miró entonces el papel que había distribuido por las mesas el profesor Flitwick, donde debían confirmar esa semana si se quedaban en el Colegio durante las fiestas. Inconscientemente, miró hacia la mesa de Gryffindor, completamente indeciso.

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La Madriguera. Ottery St. Catchpole, Inglaterra.

"¿Quieres un poco más de asado, Remus?" preguntó Arthur moviendo temeroso la varita sobre el redondo de ternera que tenía un cuchillo a punto de cortar una ración; si se descuidaba, cortaría más bien un dedo a alguien. Miró de reojo a Molly, acunando en brazos al bebé de los Lupin y totalmente ajena a la cena que tenía lugar en el salón de su casa.

"No, gracias, estoy bien."

Tonks junto a él sonrió de lado a lado a Arthur. Remus estaba algo pálido y cansado, hacía poco menos de una semana que había pasado la luna llena, y solía dejarle exhausto. Nadie hacía mención a su condición, por respeto y sobre todo, porque todo el mundo veía que era algo perfectamente natural.

"Debes comer un poco más." Susurró Tonks a su lado. "Tú te estás quedando el los huesos, y yo por el contrario todavía no he logrado meterme en los pantalones de hace un año."

Remus sonrió brevemente.

"No seas tonta. No te hace falta. Así estás bien."

Tonks soltó una carcajada y se echó atrás en la silla.

"Muy bueno, señor Lupin. Es el tipo de respuesta del libro que todo esposo debe dar a su mujer…"

George, que estaba comiéndose su segunda ración de estofado, señaló con el cuchillo hacia Tonks, justo sentada delante de él.

"Bien dicho, Tonks. Esos libros son muy útiles para algunas personas. Pensamos regalarle un libro de instrucciones a Ron, que es un caso perdido cuando trata a las mujeres."

Tonks dio un beso en la mejilla a Remus, y sintió la provocación de George. Se cruzó de brazos, dispuesta a seguirle el juego al gemelo Weasley.

"Habló el experto en mujeres. A ver, Weasley, ¿de qué libro hablas?"

"Tonks, mi madre tiene en brazos un bebé que acaba de cambiar su pelo a verde pistacho…" murmuró boquiabierto Fred sin apartar la mirada de su madre y el pequeño que cargaba en los brazos. "Qué bueno…"

Tonks miró de reojo hacia Molly y su pequeño hijo como si el hecho de variar su color de pelo fuera lo más natural del mundo.

"Ya ves. Ha aprendido ya a variar de verdes." Comentó la joven con un orgullo incomprensible.

"¡Ostia, mamá, déjame ver eso…!" exclamó Fred poniéndose de pie inmediatamente. George hizo como si nada de lo que hacía Fred estuviera ocurriendo, y continuó la conversación como si tal cosa.

"Pues es libro es Doce Maneras Infalibles para Encantar a las Chicas."

Tonks resopló y Remus rodó los ojos, ocultando una sonrisa.

"¡Venga ya, quién va a tragarse las idioteces que pondrá en ese pastiche!"

"Pues Ron, naturalmente." Dijo George dando un bocado. "Seguro, es tan divertido meterse con él. Cuánto deseamos que acabe ya Hogwarts para…"

"¡Fred!. ¡Vuelve a tu sitio y termina de cenar. Es un bebé, no un experimento de los tuyos!. ¡Y delante de niños no uses ese lenguaje!" se oyó exclamar airosa a Molly.

Fred volvió rodando los ojos y se sentó en su sitio otra vez. Remus, sin embargo, se había quedado mirando fijamente a George; fue el único que supo interpretar que las bromas a Ron ocultaban las que no estaban haciéndole desde hacía meses al hermano ausente.

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Fleur se fue a dormir temprano a la habitación de Ginny, ya que generalmente no aguantaba despierta hasta muy tarde por su estado. Bill se quedó para explicarles a todo la situación peculiar, y todo provocado por la sorprendente memoria fotográfica de su madre.

"Sorprendente, y un cuerno…" murmuró Fred a su gemelo. "Anda que no se acuerda de cuántos cohetes nos confiscaba durante la semana… o el número de surtidos saltaclases… tenía el inventario más controlado que nosotros"

George esbozó una sonrisa amplia, recordando las veces que tenían que huir de la habitación, esconder el material saltaclases o disimular de qué se trataba ante la sagacidad de su madre, la criatura más temible del mundo con o sin Lord Voldemort.

"Entonces…" Kingsley frunció el ceño y miró hacia Arthur. "Alguien tiene la llave de Percy y tiene acceso a su cámara en Gringotts. Y efectivamente, falta un frasco de Poción Multijugos del apartamento."

Arthur y Molly intercambiaron una mirada preocupada y ligeramente esperanzada. Y dirigieron sus miradas hacia el reloj que Harry le había devuelto a su legítima propietaria.

El reloj marcaba, por primera vez en muchos meses,

"Trabajo."

"No hay duda, Percy está vivo y en activo…" murmuró Remus, escuchando un gemido ahogado de Molly; el señor Weasley puso una mano en su hombro mientras ella reprimía un sollozo, y sus tres hijos tenían pintadas en sus rostros las expresiones más peculiares. "Y apostaría que fue él mismo el que fue al apartamento, retiró el dinero y por algún motivo, no desea tener contacto con nosotros…"

"Habrá perdido la memoria…" sugirió Tonks, alzando las cejas, "o tendrá un motivo importante… tal vez le dé vergüenza volver… Después de todo, siempre ha sido muy independiente…"

"Esto es diferente, querida…" sollozó Molly, secándose las lágrimas que procuraba disimular al resto. "Algo le ocurre, lo siento, lo sé. Y mis hijos, y mi Percy incluido, saben que aunque fueran unos asesinos, yo seguiría yendo a Azkaban a llevarles el bocadillo…"

Bill, Fred y George se miraron incómodos porque sabían que su madre lo haría, incluso si en Azkaban todavía estuvieran los mismísimos dementores como guardianes de la prisión, ella seguiría a sus hijos hasta allí si era necesario.

Tonks movió la cabeza ligeramente; ella cada vez que veía a su bebé sabía que haría lo mismo, y se le rompía el corazón cuando pensaba en lo que estaba pasando Molly.

"Kingsley, ¿tienes alguna idea?"

"Por ahora, creo que tengo la misma pregunta que os debe de rondar por la cabeza: Bill, ¿has preguntado al goblin si la descripción de quien sacó el dinero, coincide con Percy?"

Bill esbozó una mueca, ligeramente decepcionado.

"Rubio oscuro, ojos claros, mirada dura, mediana edad, más o menos de mi altura…" levantó las manos y se encogió de hombros. "Para vosotros, un goblin es igual que otro; para ellos, los magos y las brujas no destacan especialmente, y menos todavía en un lugar que recibe tantos visitantes como el banco." Todos parecían un poco decepcionados, como lo estaba el propio Bill. "He pedido que esté pendiente de esa cuenta, que me avise en cuanto vuelva a producirse otro movimiento; lo cierto es, que es una de las cuentas de menor seguridad, con la llave es suficiente, ni siquiera tenía que identificarse."

Kingsley se acarició la barbilla, pensativo.

"Curiosa descripción… básicamente ese goblin te ha descrito al ciudadano medio de Londres. Nada extraordinario. Me pregunto si… esa poción multijugos le ha servido al propio Percy para acceder a su propia cuenta, sin destacar demasiado."

Arthur observó fijamente al auror, con un brillo esperanzado en sus ojos.

"¿Podrías identificarlo? Si hubiera tomado la Multijugos, debemos agotar esa línea, ¿crees que tomó la imagen de alguien?"

"¡Yo podría ayudar!" exclamó Tonks muy risueña. "¡Yo me puedo colar tranquilamente y trabajar en Gringotts, hasta podría transformarme en goblin…!"

Remus la miró con una ceja alzada; Fred y George observaron interesados a la auror, imaginándose simultáneamente al matrimonio formado por un lobo y un goblin con un bebé de brillantes cabellos turquesa.

"No, Tonks." Dijo una voz grave y malhumorada. De la chimenea surgió Ojoloco Moody. Arthur se incorporó para recibirlo y le ayudó a retirarse el abrigo. El Ojo de Moody repasó a los comensales. "Tú estás de baja, ocúpate de tu hijo y deja que Kingsley siga el trabajo."

Tonks miró a su mentor y torció la boca, decepcionada.

"Kingsley," añadió Moody, sentándose junto al auror y Molly. "Mejor deja que Bill consiga un retrato de ese que sacó el dinero. Cotéjalo con las personas potenciales que han podido tener contacto con Percy."

"Puede haber sido la comunidad mágica entera." Añadió Bill, algo escéptico.

"Pues si," gruñó Moody. "Así que cuanto antes empiece, mejor. Veamos, ¿dónde decís que se ha movido?"

Kingsley sacó un pequeño bloc de notas y una pequeña pluma, y apuntó algunas cosas. Acto seguido, volvió unas páginas atrás y consultó varias notas.

"Supuestamente, ha estado en Hogsmeade o alrededores. Y parece ser que se ha movido hasta Gringotts."

"Bien. Mira fechas y posibles contactos con él. Me atrevo a apostar a que en realidad no ha tenido tanto contacto con la gente, no tanto como pensamos. Después de todo, el chico está en busca y captura, y un chico pelirrojo y flacucho puede llamar la atención cuando su imagen se ha visto en diarios y carteles durante tanto tiempo."

"Neville dijo que vio a Percy en Hogsmeade." Comentó Fred. George alzó las cejas a su lado, temiendo la reacción de su padre, y sobre todo, la de su madre.

"¿De verdad?" preguntó ansiosa Molly, mirando fijamente a su hijo. "Percy… ¿han visto a Percy?"

Fred cerró la boca, mirando de soslayo a su padre. No desaba decirle que tal vez Neville "creyó" ver a Percy, porque habían estado en pleno combate con otros que habían intentado acabar con él y George.

"No está seguro… pero era en Hogsmeade, tal vez sí deberíamos peinar la zona, y ver si hay alguien con esa descripción."

"Nosotros hemos estado en Hogsmeade semanas, y hay alguno con esa descripción."

"Está bien." Añadió Kingsley apuntando detalles. "Lo comprobaremos, y también los posibles movimientos que haya podido hacer por Londres." Dejó de apuntar y miró a Molly y Arthur. "Daremos con él."

"No lo dudo, Kingsley." Dijo Arthur, como agradecimiento.

"Tened cuidado." Advirtió inesperadamente Lupin. "No olvidéis que Percy parece no desear que lo encontremos. Sed discretos," miró a los gemelos intencionadamente. "Todos."

Todos intercambiaron miradas cargadas de incertidumbre.

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Vestíbulo. Hogwarts

Harry recogió las notas relativas a las patrullas que habían realizado los Prefectos; nada fuera de lo común, algunos castigos y sobre todo, puntos decontados por algunas bromas, por intentar colarse en aulas ya cerradas y alguno despachos… Ya consultaría con Flitwick los castigos.

"Bien, por mi está todo bien." Harry miró su reloj. "En poco tiempo ya debemos irnos a nuestras Salas Comunes."

"No olvidéis recordar en vuestras Casas que tienen que entregaros a vosotros, al Jefe de la Casa o a Flitwick la circular confirmando si pasarán las Navidades en Hogwarts o no; los menores siempre tendrán que tener la firma de sus padres."

Todos asintieron y el grupo se dispersó; Daphne miró a Draco, pero al ver que él no parecía dispuesto a irse, se encogió de hombros y se fue hacia las Mazmorras con los otros prefectos de su Casa; Hermione, ignorándolo testarudamente, fue directa hacia sus compañeros para volver a la Torre de Gryffindor.

"Granger…" dijo él en voz baja.

Ron abrió la boca para soltar algún tipo de apelativo no especialmente cariñoso al Prefecto de Slytherin, pero Hermione le apretó el brazo cariñosamente.

"Ahora voy para allá. No os preocupéis."

Los Gryffindor se encogieron de hombros y se fueron hacia la Gran Escalera. Hermione se cruzó de brazos y fijó la mirada en ellos, ausentemente, procurando mostrar más indiferencia de la que realmente mostraba.

"Más vale que sea importante; estoy cansada y tengo sueño."

Draco miró un momento a la chica; seguía estando más delgada, pero había notado que tenía mucho mejor aspecto. Al menos mostraba la misma determinación y la mirada directa, no apagada ni cansada. Y se sorprendió a sí mismo descubriéndose que se alegraba, que prefería que fuera feliz, aunque fuera sin él.

Nunca había sentido esa sensación; él tenía que ser el centro de atención, y cualquiera que no estuviera con él debía penar y lamentarlo. Y él no podía alegrarse de la felicidad ajena; no funcionaba así su vida, sus valores ni su sentir.

Pero esto era otra cosa. Esto no había ocurrido antes, y dudaba que fuera a repetirse en la vida. O ella, o nadie. Y el pensarlo era volver a sentir desasosiego, incertidumbre y confusión.

O no tanta. A veces la respuesta era tan clara, que no había duda.

"¿Qué vas a contestar?"

Hermione pestañeó, sorprendida por la pregunta.

"¿A qué?"

"A la circular. ¿Te quedarás en Hogwarts, o te irás?"

Hermione miró a Draco cuando perdió de vista al grupo de Prefectos de Gryffindor y entornó los párpados suspicazmente.

"Y a ti qué más te da."

Draco se encogió de hombros.

"Es sólo por saberlo."

Hermione calló; decían que las Navidades eran para pasarlas con la gente que quieres, era época de perdonar, de compartir y de hacer feliz a tu entorno. Pero claro, nada de eso encajaba con un Malfoy, por mucho que lo deseara. Tal ve debería estar con sus padres, o con los Weasley. O con sus amigos, era el último año en Hogwarts, finalizaba una etapa, y si no se quedaba se arrepentiría toda la vida, el no haber pasado las últimas Navidades en el lugar que la había convertido en bruja, y había cambiado su vida muggle para siempre.

"Cuando lo decida, tal vez te lo haga saber." Dijo ella, echando a andar hacia la Gran Escalera. "Buenas noches."

"Yo seguramente me vaya a casa." Dijo él, a su espalda, antes de ir hacia las Mazmorras de Slytherin, en dirección opuesta.

Hermione sonrió, y se alegró de que estuvieran caminando espalda con espalda, y no pudiera ver su satisfacción, porque él quería decirle que no estaría en Hogwarts, o tal vez si, si ella se quedaba también.

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Dormitorio de alumnos de 7º. Torre de Gryffindor

Harry dio unos cuantos golpes en la almohada y la ajustó para que quedara en vertical y poderse apoyar cómodamente contra el cabecero de la cama. Leyó sonriente la última carta de Tonks y vio la foto de un bebé de cara muy redondita y de brillante cabello turquesa… verde… turquesa… verde…

"Eh, Harry, ¿has visto mis medias de Quidditch?" murmuró Ron inclinado boca abajo en su cama y asomando la cabeza debajo de su cama. Harry no le hizo mucho caso, terminando de leer la carta.

"Hum… no, no he olido tus medias Ron…"

"Mierda… ¿a qué me las he dejado en los vestuarios?" Ron se incorporó con un gesto muy enfadado, especialmente consigo mismo. "Eh, Dean, Seamus, ¿y vosotros?"

Pero Dean y Seamus estaban comentando algo relacionado con el futbol, y Ron rodó los ojos. Abrió los cajones de su mesilla y empezó a revolverlo, seguro del todo de que en alguna parte tendría que aparecer.

"Mierda… voy a pedirle prestada una Recordadora a Neville…" Ron se detuvo, cuando se dio cuenta de que más bien estaba hablando solo, sus tres compañeros de habitación estaban leyendo sus cosas sin hacerle el menor caso. Volvió a torcer la boca, pero se resignó. Otra cosa no, pero Ron Weasley estaba acostumbrado a ser realmente ignorado, el sexto hermano no solía ser el centro de las miradas. El heróico y popular Bill, el fuerte y hábil Charlie…

Percy…

Estaba a punto de preguntar dónde diablos se había metido Neville, cuando la pregunta murió en sus labios, al encontrar entre su revoltijo en el baúl antiguas cartas. La primera era precisamente la que le dedicó Percy en su quinto año, cuando él le aconsejó separarse de Harry y seguir a Dolores Umbridge, la Inquisidora de Hogwarts.

En silencio, olvidó a Neville y su paradero, y se centró en Percy y en su paradero. Otra cosa no, pero Ron Weasley tendía a expresar vivamente su genio y sus sentimientos, no los controlaba como Hermione, ni los ocultaba como Harry. Pero el tema de su hermano era un asunto que prefería no tratar, no comentar, no hablar. Taparlo bajo tierra, para poder continuar con su vida.

Pero la cosa no era fácil.

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"¿Pero por qué siempre me tenéis que poner de guardián?" protestó Ron. "¡Quiero ser cazador!"

"Sí, Ronniekins, sí, luego podrás cazar gnomos." Contestó Fred, quitándose un viejo guante y no prestándole atención. George se estiró y entró directo a la cocina, dejando tras él unas cuantas huellas de barro. Pero Ron se cruzó de brazos y tiró la escoba, esa vieja Tinderblast que había sido de su padre y que ahora sólo servía para clavarse astillas.

"¡George, recoge ahora mismo esas manchas!. ¡Charlie, aléjate de la olla!. ¡¡No pìenso contar hasta uno!!"

Todos los hermanos se miraron aterrados; no esperaban que mamá hubiera regresado tan pronto de la compra y Bill salió al paso de su madre, haciendo gala de todo el encanto que sólo él sabía utilizar para evitar un buen castigo. Desde que había sido nombrado Prefecto, era todo pan comido.

Charlie agarró un trozo de pan y lo elevó al aire para atraparlo de nuevo, como si fuese una snitch, y se lo metió en la boca enterito. Guiñó un ojo a los gemelos, lanzando hechizos a las manchas de barro. Bueno, Ron se dio cuenta de que más bien era césped.

¿Césped?

Ellos en segundo, recién admitidos en el equipo de Gryffindor, y él haciendo de aro de Quidditch con una escoba squib. Se sentó en la mesa y oyó a sus hermanos subir las escaleras, riéndose sonoramente mientras Molly, mucho más tranquila, iba con Ginny a tomarle medidas para hacerle una faldita.

"No te preocupes Ron. El Quidditch no es para tanto, te lo digo yo." Dijo Percy, haciendo unos esquemas de hechizos con sumo cuidado. "Sí, es verdad que luego en el estadio te contagias de los gritos, y que tampoco está mal cuando metes 30 goles seguidos a Slytherin, y vaya, confieso que…" mojó con cuidado, sin levantar la vista de su pergamino. "…cuando Charlie atrapa la snitch, el estadio se viene abajo… Pero créeme, llevo tres años compartiendo habitación con el jugador de quidditch más obsesivo de todo Hogwarts, y trece años con otros dos histéricos del deporte. No es para tanto."

Ron se cruzó de brazos y frunció la boca en un mohín disgustado.

"Pues a mi me aburre que me dejen de Guardián."

Percy dejó la pluma en el tintero y sopló con cuidado una de las gotas, orgulloso de su trabajo. Miró a su hermano a través de las gafas y no pareció inmutarse.

"Recuérdame que te presente a Oliver. Para él ser Guardián de Quidditch es lo mejor del mundo. ¿Te he dicho que es el jugador más obsesivo del Hogwarts?"

"Sí." Respondió Ron torciendo la boca. "Ya me lo has dicho, y qué."

"Pues es más bien del mundo." Contestó tranquilamente Percy. "Vamos Ron, tienes que intentar ser lo mejor en lo tuyo. No ser bateador como los pirados de Fred y George. Ni ser buscador como Charlie. Sé tú mismo."

Ron alzó las cejas. A sus nueve años, siempre había pensado que tenía que hacer lo que sus hermanos antes que él para tener éxito, a ellos les iba muy bien.

"¿Y por qué a ti no te gusta el Quidditch?"

Percy enrolló con cuidado su trabajo.

"Oh, a mi me gusta. Es sólo que encuentro más interesante garantizar los motivos por los que el Quidditch tiene que ser un deporte seguro. ¿No te han dicho que incluso los jugadores han perdido la vida, o que otros han desaparecido durante meses por realizar maniobras ilegales o incorrectas en un partido?"

Ron alzó las cejas, y a continuación entornó los ojos.

"Eso es una bola, Fred y George dicen eso para convencerme de ser Guardián y así seguir lanzándome la Bludger."

Percy guardó el rollo de pergamino, y limpió con una tela el tapón del frasco de tinta, algo que Ron no comprendía, si cada vez que utilizaba la pluma iba a mancharse igualmente.

"No, ya hay datos referidos a 1357, cuando Ciprian Youdle resultó asesinado, y de hecho otras fuentes aseguran que en los años posteriores se intentaba que los partidos resultaran más cortos a costa de practicar hechizos no del todo prohibidos, pero sí ciertamente…"

"Vale, vale… lo pillo." Contestó Ron, con muy pocas ganas de escuchar otro de los interminables discursos de Percy. Pero aún así, miró a su maniático hermano. "Algún día podrias jugar con nosotros."

Percy se levantó y se colgó la bolsa de sus deberes… (¡en agosto!) al hombro, y miró el reloj de su muñeca.

"Hum… ya veremos. Tengo cosas más importantes que hacer."

Ron siempre recibía esa respuesta de Percy. Pero Percy siempre tenía un minuto para él, para hablarle como una persona, no como el hermanito pequeño cuyas opiniones no tenían ninguna importancia ni eran tomadas en cuenta.

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Miércoles 9 de diciembre de 1998

El día estaba abriéndose despejado, pero muy frío. Eso es lo primero que notó Ron al salir de la cama e ir a la ducha. Había pasado una noche muy extraña, y era la primera vez en mucho tiempo que soñaba con Percy.

Tal vez soñaba con Percy porque había encontrado esa carta que tan mal le había sentado. O tal vez porque había tenido una extraña conversación con Luna ese mismo día; Luna le contó que estaban interpretando soñar con personas muertas durante las clases de Adivinación de Trelawney.

"La profesora nos ha dicho algo así como que cuando sueñas con alguien que ha muerto, es que le estás dando vida. Pero Ronald, ¿cómo interpretarías soñar con algo que piensas que está muerto?. Yo sueño mucho con los que están al otro lado del Velo…"

Y mencionó también uno o dos bichos de nombres impronunciables. Sonrió de medio lado; era curioso que pensara eso, porque ahora se estaba preguntando qué clase de interpretación podría hacer si se soñaba con un hermano casi-dado-por-muerto-pero-de-muerte-no-del-todo-segura.. Lo mismo le daba media vida.

Chascó la lengua y se colocó la bufanda en el cuello. No había nadie todavía despierto, y tras haber deshecho la cama de las vueltas que había dado, decidió que, al margen de pensar en la interpretación de sueños como haría Luna, mejor podría hacer algo más productivo. Más realista, como siempre le había enseñado precisamente, Percy.

"Eh, Harry…" susurró a su amigo, dormido boca abajo con la cabeza enterrada en la almohada.

"Mfff…" fue toda la respuesta que recibió.

"¿Me prestas a Hedwig?"

"Mfff…"

Interpretando eso como un "te presto a Hedwig sin ninguna duda porque eres mi mejor amigo y esas cosas no se preguntan", Ron se encaminó hacia la Lechucería, tratando de memorizar algo que había visto hacer a su madre millones de veces, sobre todo con sus hermanos.

Cómo se realizaba el hechizo para enviar un Vociferador.

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Gringotts es un sitio peculiar. Sé que puede resultar confuso, pero independientemente del DH, que explicó mucho más en detalle cómo funciona, he tomado referencias de los otros libros. Las cámaras de baja seguridad se pueden abrir tan sólo si el portador tiene la llave. (Cap. 10 HP4). No me preguntéis cómo Sirius logró abrir su cámara o la de los Black, porque al menos ésta última se supone que es de Alta Seguridad. En fin, no me desvío. Así que Percy accedió a su cámara con su propia llave, que tenía oculta en su apartamento y que recuperó la Bonfire Night.

Fawkes irá y vendrá, pero aviso, NO voy a hacer un HP2, porque vamos, menuda originalidad ¬¬' No, ya os aviso de antemano que Fawkes NO será quien ataque, neutralice, mate etc a Wilfred. Al menos la leyenda alrededor de Wilfred no tiene mucho que ver con los fénix, y aunque tuviera que ver (algo sí en 'mi' historia), no voy a usarlo porque ya tuvo su papel con el basilisco.

Otra cosa que ha sido casualidad, en 'Por las RM' saqué a Pansy de la historia porque se iba a casar (y así fue) con un funcionario del Ministerio, de una poderosa familia mágica. Resulta que el DH presentó a Selwyn (sin nombre), y con él lo he casado. Además, Umbridge declaró que estaba emparentada con esa familia, y por ahí quiero tirar la historia. Por cierto, ya os he identificado a más miembros de la Corte Maligna XD

Finalmente, cuando termine el mes de diciembre, y antes del inicio del reino del terror de Umbridge en enero, haré un stop, no eterno, pero por no rayaros, ni rayarme yo. Sorry :(

Publicidad y recomendaciones: he hecho una C2 con los mejores fics del Equipo de Quidditch de Gryffindor (en mi perfil). Es obligatorio leerlos todos XD pero sobre todo, leed éste: Pasa, Alicia, de Marian (en mis favoritos también), un George/Alicia de chillar de alegría. Y uno que me ha emocionado enormemente, Héroes, de Dryadeh, sobre los Prewett y Fred y George. Maravilloso.

En el Livejournal pondré las cosas que quiero contar más adelante, porque falta todavía mucha historieta.

Muchas gracias lectoras/es, y esas reviewers fantásticas que me dais un subidón de amores cada vez que me comentáis cositas: Isa Malfoy, lara evans, Lazylid, CrissBlack, norma, aryqueenblack, Annirve, Nott Mordred (¡3 seguiditos!), Caperucita Roja, Yedra Phoenix, Nasirid, Nicole Daidouji, Sabaku no Akelos, Cristhine, Saiph Lestrange, mArTa, nanai.malfoy, victoria krum, Lil-Evans, Namelia Phoenix, rosa (te contestaré en el LJ cuando actualice :), EugeArt (que se ha metido casi todos mis fics en menos de una semana :O gracias guapa)