Hola,
Como he tardado en subir, no entretengo, sigo al final para quien le interese. Gracias por leer, por la paciencia en la espera, y por los comentarios también: Lil-Evans, EugeArt, Saiph Lestrange, Nott Mordred, Lazylid, cris239, Sabaku no Akelos, Lara evans, Nattu, norma, Annirve, Yedra Phoenix, Nicole Daidouji, Isa Malfoy, Lulii (tres veces :), Caperucita Roja, Nasirid, aryqueenblack, victoria krum (dos veces :O ), rosa, blackstarshine.
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Pequeño resumen: Slughorn ha convocado su tradicional fiesta de Navidad a los miembros del Club de las Eminencias y sus acompañantes. Ron ha enviado un Vociferador a Percy, que se encuentra trabajando de incógnito por los alrededores del Callejón Diagón a fin de averiguar más sobre la identidad de los asesinos de Penelope Clearwater. El misterioso individuo ha concertado una cita con la futura Ministra de Magia para aclarar lo muy implicados que están ambos; él será quien se encargue de apartar hijos de muggles de Hogwarts, mientras que ella será quien haga institucional toda la segregación por motivo de sangre.
Advertencia: capítulo extra-largo. El más largo de todo el fic. El título hace mención al ritmo que he impuesto en el capítulo. Lento, pausado al principio, y todo se precipita hacia el final, con un ritmo mucho más frenético, y una tensión que he procurado que esté muy latente (no obvia). A ver si os gusta el experimento.
Capítulo 30. Imperius, In crescendo
"En otro tiempo la maldición Imperius le dio al Ministerio muchos problemas." - Barty Crouch Jr. (como Ojoloco Moody). Harry Potter y el Cáliz de Fuego.
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Viernes 11 de diciembre de 1998
Dormitorio de chicas de 7º. Torre de Gryffindor
Hermione miraba el vestido que Lavender le había ofrecido generosamente, una túnica de manga larga, escote redondo, y la tela era de color rojo oscuro.
"Muy… Gryffindor" murmuró Ginny con una sonrisa maquiavélica, sentada en la cama de Hermione y estudiando el vestido con ojo profesional. "Por lo de atrevido, osado, arriesgado…"
Sin embargo, Parvati y Lavender gritaron de alegría cuando vieron el vestido en cuestión. El hecho de que Lavender gritara también era bastante sorprendente, sobre todo teniendo en cuenta que era su propio vestido.
"¡Estás radiante, Hermione!" exclamó Parvati.
"¡Sí, quién iría a decirlo de ti!. ¡Si no tienes nada de feminidad!" exclamó Lavender, comprobando el esmalte de uñas en sus finos dedos; Hermione echó una mirada fulminante a las dos chicas desde su reflejo en el espejo. Pero se mordió el labio, nerviosa. "De hecho, me sorprende que te siente hasta bien, porque yo tengo un tipo más bien continental, ya sabéis…" dijo, con las manos en la cadera. "Muchas curvas y todo eso…"
"Ah, claro…" le respondió Ginny mordazmente. "Entonces el tipo continental es el de tener el trasero gordo…" Lavender lanzó una mirada furibunda a Ginny, que la ignoró olímpicamente. Ésta saltó de la cama con gracia y se fue hacia la puerta. "Nos veremos en la fiesta Hermione…"
"Hum… chicas… tengo un pequeño problema." Murmuró Hermione mirándose en el espejo del rincón; Parvati levantó una ceja, sorprendida y escéptica.
"Bueno Hermione, tampoco hace falta ponerse así, ya sabemos que no tienes el cuerpo de una veela…"
Lavender asintió muy seriamente.
"Exacto, y hay cosas que definitivamente no tienen arreglo, como tu pelo."
Hermione apretó los labios. No es que ni Lavender ni Parvati tuviesen intención de insultarla ni nada parecido, pero siempre se las arreglaban para no fingir ni ser hipócritas, al contrario, le decían la verdad más cruda a la cara, como los viejos, los niños y los borrachos. Por lo cual casi parecía que tenía que estarles agradecida.
"La espalda…" dijo ella con la mandíbula tensa. "La espalda está…"
"Desnuda." Añadió con intención de ayudar Lavender, asintiendo felizmente con la cabeza.
"Pero…" Hermione se giró, y echó un vistazo por encima del hombro para comprobar, por enésima vez, que no había crecido milagrosamente un pedazo de tela que cubriera la espalda de su vestido. "Pero… ¿y si me resfrío?"
Lavender y Parvati se miraron y se echaron a reír con una sonora carcajadas.
"Créeme, Hermione…" dijo Parvati, secándose las lágrimas. "Si tú llevas eso, Malfoy no tendrá ningún inconveniente por mantenerte calentita."
Ambas amigas se miraron de nuevo, y volvieron a estallar en risas.
"O Krum…"
"¡Basta!" Hermione se mordió el labio y se mesó el cabello indomable. "¡Y dejad de reíros!. Ayudadme con el pelo…"
Parvati se incorporó de la cama y agarró su varita. Empujó a Hermione hasta una silla y probó varios hechizos para alisar o al menos rizar delicadamente la melena rebelde.
"Lo que yo daría por ir con a esa fiesta…" suspiró Patil, mientras comprobaba el efecto del bucle. "¿Sabéis quién está guapísimo este año?"
Hermione se mordió el labio. En buena hora se había quedado ahí con ellas, o Ginny la había dejado sola; esto era uno de los motivos por los que, sin duda, sus mejores amigos eran chicos. No podía aguantar tres minutos de conversación con sus compañeras de habitación.
"Dean, por supuesto." Exclamó Lavender, atándose con la varita la cinta del zapato izquierdo, que no estaba emparejado con el derecho.
"No. Michael Corner." Contesto Parvati con firmeza.
Lavender interrumpió el hechizo y miró ceñuda a su amiga. Hermione no podía mover la cabeza sin arrancarse media melena, en manos de Parvati, y se preguntó qué cara habría puesto ésta.
"Bueno…" Lavender pareció olvidar que tenía los zapatos diferentes, y se levantó por la habitación pasando la mano por los doseles de las camas, en un gesto que intentaba ser casual. "No es verdad… tiene un pelo aún más imposible que el de Hermione… y es demasiado alto y delgado… y no… Me gustan los hombres más fuertes, y más musculosos…"
Hermione sintió las risitas de Parvati, y ésta interrumpió el peinado.
"Claro… y Dean Thomas resulta que es precisamente así… fuerte y musculoso… no te digo."
Hermione alzó las cejas. En eso al menos Parvati tenía razón. Michael Corner era alto y delgado, y Dean no era tampoco ningún tipo fuerte y musculoso como sugería Lavender.
"Tú estás ciega, Lav." Contestó Parvati, continuando el peinado de Hermione. "¿No le has visto bien?. Le está sentando de maravilla entrenar Quidditch…" añadió.
Lavender no respondió inmediatamente, sino que se sentó en la cama de Hermione y jugueteó con la tarjeta de invitación a la fiesta.
"Pero no tienes posibilidades con él."
Parvati volvió a parar el peinado, y Hermione empezó a enfadarse. Tenía media melena encrespada como era habitual en ella. Otra parte estaba elevada y enganchada torpemente en la parte alta de su cabeza, y el resto estaba en elegantes bucles castaños. Es decir, tenía el peinado a medias. Y si seguían cotorreando, probablemente la fiesta de Slughorn terminaría, y ella se quedaría ahí, plantada toda la noche con ese pelo ridículo.
"¿Cómo que no?. ¿Por qué dices eso?" Parvati se giró a su amiga, ignorando totalmente a Hermione.
"Porque… a Michael Corner le gustaba Ginny Weasley y salía con ella." Añadió rápidamente Lavender, y teniendo en parte razón.
"Qué idiotez, eso fue hace mucho y además, Ginny está con Harry y así se quedará." Contestó Parvati molesta.
"Hum… Parvati… ¿podrías terminar el peinado?" preguntó Hermione, casi con miedo de interrumpir la sesuda conversación de las chicas, pero también porque estaba harta.
Parvati cogió otro mechón y procedió a rizarlo convenientemente. Lavender torció los labios y prestó atención, como si fuese la primera vez, a sus desparejados pies.
"Además…" añadió Parvati. "¿A ti qué más te da?. Tú ya estás con Dean, que es el que te interesaba desde que terminaste con Ron. La que está compuesta y sin novio es Hermione."
"Gracias, Parvati" añadió sarcástica Hermione, con ganas de añadir "ya somos dos", pero sin atreverse a que Parvati en un arranque de furia le quemara el pelo o algo peor. Siempre se las arreglaban para hablar de ella como si no estuviera en la habitación. Lo cual no sabía si era malo o bueno.
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Mazmorras de Pociones. Fiesta de Slughorn
El viejo profesor había decorado profusamente las mazmorras para darles un aspecto agradable. De un tocadiscos mágico sonaba música ambiental, y aunque no era exactamente adecuada para bailarla, al menos relajaba la atmósfera. Además, estaba muy bien iluminada con lámparas de hadas.
Había colocado cortinas y drapeados por las paredes de brillante color esmeralda, y los brillos daban multitud de tonalidades verdes. El suelo estaba cubierto por una tarima de madera, para evitar el desagradable efecto del granito. Las mesas tenían mantelerías de color marrón dorado, y enormes bandejas y pucheros ofrecían comida y bebida a los invitados.
Para ser una fiesta privada, estaba bastante concurrida. Filch estaba apostado en la puerta como un gorila de un pub, tieso como una vela. Pero extrañamente pálido, aferrado a su gata como si fuese una tabla salvadora, extraña actitud, tal vez causada por la cantidad de gente de renombre que acudiría, o porque Peeves podría dejarle en ridículo de un momento a otro.
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"¡Ron!" exclamó Hermione apartándose de Ron y de la chaqueta negra de su túnica. "¡No pienso taparme con un burka, digas lo que digas!"
"¿Qué es un burka?" preguntó interesada Luna como si no estuviera presenciando una discusión. Harry miró de reojo a Ginny y ella rodó los ojos; el primero directamente fue hacia Ron y lo arrastró hacia la fiesta.
"Vamos, Ron, ahora no te pongas en plan padre porque no viene a cuento." Dijo con tranquilidad Harry.
"¡Has visto el vestido que lleva!" exclamó Ron. "¡Está casi… desnuda!"
Ginny se echó a reír.
"¡Ron eres un idiota!. ¡Ese vestido se lo ha prestado Lavender!. ¡Y desde luego, no va desnuda!"
"¡Es diferente, Lavender es una chica…!"
Hermione entornó los ojos y sacó la varita de algún sitio imposible, al tratarse de un vestido que evidentemente no llevaba bolsillos.
"¡Ronald Weasley, vuelve a insinuar que soy demasiado marimacho, o que soy fea o algo así y te aseguro que no podrás ser padre en lo que te queda de vida!"
"¿Por qué?" preguntó Luna de nuevo. "Yo creo que Ronald piensa que vas a pasar frío en las mazmorras."
Hermione miró de reojo a Luna y guardó la varita. Los cinco fueron en silencio hacia la puerta de la fiesta; atestada de alumnos elegidos por el elitista profesor, y personas de todas las edades. Harry reconoció a algunos de ellos, pero la mayoría eran perfectos desconocidos para él.
"¡Harry, mi querido muchacho…!"
Harry cerró los ojos verdes cuando escuchó al profesor Slughorn a su espalda, encantado de tenerle en la fiesta.
"¡Profesor!"
"Encantado de tenerte por aquí… y… ¿éstos son?" preguntó Slughorn mirando al grupo de Harry. "¡Ah, sí!," exclamó antes de que Harry pudiese responder. "Lovegood, por supuesto… su padre tiene un interesante periódico…" añadió en un tono ambiguo.
Luna se mostró radiante, y Ron a su lado le entregó directamente un vaso de cerveza de mantequilla a fin de evitar que Luna dijera alguna cosa… de las suyas, básicamente. Por lo menos los pendientes eran sólo dos conchas pequeñas de mar, y el vestido era de color azul pálido, bastante discreto tratándose de los estándares de Luna.
"¡Ah, por supuesto, las señoritas Weasley y Granger! Y…" dijo mirando a Ron, al que ni recordaba normalmente en las clases.
"Ronald Weasley"
"Sí, Weasley… ¡Weasley!" exclamó Slughorn como si acabara de reparar en la coincidencia del apellido con Ginny.
"Es mi hermano." Dijo Ginny inmediatamente.
Ron resopló y pareció dispuesto a entablar una discusión, si no fuera porque Slughorn agarró del brazo a Harry y lo arrastró a conocer a otros distinguidos invitados de la fiesta.
"Genial. Ahora me quedo sin acompañante." Murmuró Ginny, acercándose a Hermione y mirando con curiosidad como Luna se llevaba a Ron del brazo para que fueran a bailar con otros grupos, mientras él protestaba "¡que he dicho que yo no bailo!" y ella le respondía, tranquilamente "¿Y qué? Si a mi no me gusta bailar…"
"Por cierto… ¿desde cuándo Ron y Luna están tanto tiempo juntos?" preguntó Ginny a Hermione, alzando una ceja como si hasta ese momento no hubiera caído en la cuenta. Colin Creevey se había colado en la fiesta para hacer fotos, y Ginny rodó los ojos; de modo que había conseguido convencer a Slughorn para que hiciera un reportaje de la fiesta.
Pero Hermione se había quedado mirando fijamente al otro lado del salón. Blaise Zabini iba del brazo de Melinda Bobbin. Y Siri Fawcett estaba hablando con Draco mientras le ponía la mano encima del brazo cada… tres segundos por lo menos. Ginny le entregó a su amiga un vaso de cerveza de mantequilla y siguió la mirada endurecida de Hermione. Dio un sorbo de su bebida y se pasó la mano por su peinado, recogido en un elegante moño sobre la nuca.
"Al menos era lo que nos esperábamos, ¿no?" Ginny enganchó el brazo en el de Hermione. "Venga, vamos a dar una vuelta por aquí…" miró alrededor y puso cara de sorpresa cuando vio a Viktor Krum hablando con un individuo alto y moreno vestido de negro. "¡Profesor, qué alegría encontrarlo aquí…!" exclamó mientras arrastraba intencionadamente a Hermione hacia ellos.
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Viktor giró la cabeza, mientras su acompañante observaba con ojos agudos y oscuros a la pareja que se aproximaba. Éste último miró fijamente a Ginny y sus cabellos pelirrojos recogidos y pareció observar algo o alguien en otro lado del salón. Murmuró una disculpa y se alejó.
Ninguna de ellas hizo mucho caso, y entablaron conversación directamente con Viktor, vestido con una túnica de color rojo muy oscuro y negro, que hizo gracia a Ginny, por lo bien que combinaba con el vestido de Hermione.
Ésta miró un momento encima del hombro, hacia el grupo de Malfoy, que simplemente alzó los ojos hacia ella, sin mover ni un solo músculo del cuerpo. Y se sintió mejor; él sí se había dado cuenta de que ella había entrado en la fiesta. Era más consciente de ella de lo que quería mostrar o incluso… sentir.
Se dio la vuelta, dejando que Malfoy sólo viera esa espalda que hasta ese momento había lamentado llevar desnuda. Pero que ya no.
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"Disculpad…" murmuró Blaise un poco rígido. "Vuelvo enseguida…"
Siri y Melinda murmuraron algo de ir a empolvarse la nariz, y Draco se apoyó en la pared decorada de verde, mirando fijamente a Blaise. Salió fuera y le dio la sensación de que iba también hacia los baños, y dudaba mucho que fuese a empolvarse la nariz también.
Le molestaba del todo tener la sensación de que estaba volviéndose tan paranoico como el idiota de Potter. Y le molestaba más por saber que Potter encima había tenido razón al comportarse como un verdadero paranoico cuando se trató de él.
"Malfoy."
Draco rodó los ojos.
Hablando del rey de Roma…
"Potter. Justo con quien quería rematar la noche más aburrida de mi vida."
Harry se sentó en la zona de los sofás, que era el lugar donde estaba el grupo de Malfoy, y sorbió un poco de cerveza de mantequilla, tan aliviado por haberse zafado de Slughorn y sus interminables invitados, que podía aguantar sin inmutarse las pullas de Draco. A decir verdad, casi las prefería a una noche interminable de halagos y de admiradores que probablemente sólo estaban deslumbrados por el apellido Potter, sin importarles realmente lo que escondía ese nombre.
Al menos Malfoy lo sabía. Insufrible y pedante como era, pero al menos él sí lo sabía.
"No sabía que ibas a venir a la fiesta. Hermione dijo que vendría sola." Comentó Harry mirando a Draco por encima del vaso de cerveza de mantequilla.
Draco arrugó la frente, sin comprender bien a qué se refería Potter.
"Yo le dije a Granger que iba a venir. ¿Qué tiene que ver Granger?"
Harry dejó de beber y abrió al boca, comprendiendo.
"Ah." Se pasó la lengua por los labios y dejó el vaso en una mesita junto a la butaca en la que estaba sentado. "Entonces era eso, venías, pero con otra."
Draco entornó los ojos; y también comprendió. De modo que Hermione había estado a punto de pedirle que fuera con él. Por un momento, olvidó a Zabini y sus comportamientos extraños y clavó sus ojos grises en Harry.
"Granger iba a pedirme venir con ella." Comentó, más que preguntó. Alzó los ojos y vio que ahora Hermione estaba hablando con Krum, pero ya no estaba la Weasley con ellos. Ahora estaban Krum y Granger. Hablando. Solos. Y endureció las facciones, porque aunque prefería no haber ido a la fiesta con ella, tampoco quería decir que le gustara que ella estuviese en fiesta con otro.
Harry siguió su mirada y sonrió de medio lado. Se incorporó y le dio una palmada en el hombro, más fuerte de lo estrictamente necesario.
"Ahora a lamentarlo…" murmuró según se iba hacia Ron, Luna y Ginny, donde ellas parecían más contentas por bailar y arrastrar a Ron para que las acompañara, entre carcajadas. Pero Draco tiró del brazo de Harry para evitar que se fuera.
"Potter, ¿cómo lograste averiguar lo que yo intentaba hacer cuando estábamos en sexto?"
Harry torció la boca en una perfecta imitación de las muecas burlonas de su rival y alzó una ceja, ante semejante y muy directa pregunta.
"Porque soy muy observador y muy inteligente. Ya ves."
Malfoy le soltó el brazo a Harry, resoplando desdeñoso.
"¿Acaso intentas averiguar si Krum y Hermione están juntos?" preguntó maliciosamente Harry.
Draco arrugó la frente cuando escuchó esa pregunta.
"¿Qué… de qué...?" miró hacia la pareja, unos cuantos metros más alejados de ellos, y volvió a clavar los ojos en Harry. "Imbécil… No, no es por eso."
Harry alzó las negras cejas, pero se encogió de hombros. Se dispuso a irse, pero se dio la vuelta, como si hubiese cambiado de idea.
"Tu actitud. Era demasiado rara." Se cruzó de brazos y miró a Draco escépticamente. "A ver, ¿a quién quieres espiar?"
"Da igual." Dijo Draco, mirando hacia otro lado. Se topó con una mirada de alguien alto, moreno, que no conocía, y alzó las cejas. Bajó la voz. "Ése mismo, por ejemplo. ¿Qué coño está mirando?"
Harry asomó la cabeza estirando el cuello sobre las cabezas de los invitados, pero el personaje había desaparecido.
"¡Idiota!…" Draco tiró de Harry y evitó que siguiera mirando de forma tan descarada. "Potter, ¿es que no sabes fijarte en la gente sin que la gente se fije en ti?" rodó los ojos. "No me extraña, con tanto periodista, premio, admiradores, fotógrafos y autógrafos… Anda, fíjate en ése, pero hazlo discretamente. Menudo auror de mierda que serías."
Harry torció el labio. Y procuró fijarse mejor esta vez. A él ese hombre no le resultaba familiar. Parecía un tipo normal y corriente, bastante comedido. Entre tantos invitados no llegaba ni siquiera a ver de quién se trataba o cómo iba vestido, según se alejaba para salir del salón. Harry simplemente se encogió de hombros.
"Le habrás gustado. Yo tendré éxito con periodistas y admiradores, como dices tú. Lo mismo tú le vas a los tíos."
Draco agarró un vaso de whisky de fuego de una bandeja que traía un elfo cerca.
"Mientras no te guste a ti…"
"Pues no." Respondió Harry con indiferencia.
"Qué alivio." Murmuró Draco, dando un buen trago al whisky.
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Blaise se apoyó en la pared, pálido incluso para su piel oscura; ir a los baños había sido una excusa... sabía que tenía que dar la cara, en persona. Por primera vez en su vida, sabía qué se sentía al verse intimidado.
"Tienes una oportunidad, si quieres ser de los nuestros entonces. Sobreviviste de alguna manera en las mazmorras." Susurró uno de los que estaban junto a él. De fondo, las risas, la música… y él desconcertado ante la perspectiva de tener otra oportunidad.
Blaise se tocó el brazo que aquel fénix había curado. No se veía capaz de volver a esas mazmorras, ni se veía capaz de llevar a alguien hasta ellas.
"No importa. Tienes este mes de plazo, Blaise. Y ahora… hay más cosas que requieren nuestra atención. Un celador, por ejemplo."
Blaise cerró los ojos y suspiró, quedándose solo. Volvió a frotarse el brazo, con la impresión de que no sería capaz. No podría volver a entrar en las mazmorras, ni podría hacer nada más.
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Puente del Círculo de Piedra
Argus Filch se retorció las manos nerviosamente. Algo andaba mal. Muy mal. Esa lechuza le había dicho que se quedara a esa hora en ese puente desierto; hacía frío y mucha humedad provocada por la lluvia incesante. El Castillo estaba parcialmente iluminado, pero el puente estaba muy oscuro.
De un extremo desde el Círculo de Piedra, apareció una figura enlutada. Del otro, procedente del Castillo, apareció otra. Una le resultaba familiar. Y según se aproximaban, y pese a la oscuridad, el viejo celador pensó que realmente ambos le resultaban conocidos. Inquietantemente conocidos.
"Hice… no hice…" murmuró nerviosamente cuando ambos se aproximaron, aferrándose a la Señora Morris. Sabía que había mucha gente que había venido al Castillo con motivo de la fiesta. Que había gente extraña, o gente demasiado conocida, o absolutos desconocidos, o tal vez no tanto, tal vez…
Su cabeza era un caos.
No lo recordaba.
Sólo estaba seguro de que tenía que obedecer. Como cuando tienes la sensación de estar en sueños, y tener que asomarse al puente, todo lo que pudiera, que se asomara, y que se dejara caer por él. Y tener una idea vaga, imprecisa de que eso no estaba bien, que eso en sueños no estaba bien… y menos aún, en la realidad.
Sólo se oyó el grito y un golpe seco.
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Fiesta de Slughorn
Hermione observó la fiesta. Muchos grupos, compañeros muy arregladitos, risas, baile y alcohol. Sonrió cuando vio a Ron tratando de seguir unos extraños pasos que le indicaba Luna, y a Ginny que estaba bailando con muchísimo estilo junto a Harry, más cohibido.
Se estiró rígidamente cuando Malfoy se puso junto a ella, e inconscientemente, Hermione clavó sus ojos en Melinda y Siri, que venían riéndose. Se mordió el labio al ver que el vestido azul cobalto de Siri era de una hechura impecable. Que le sentaba como un guante. Y aunque sospechaba que su vestido era bonito y tenía estilo, después de todo Lavender tenía talento para las cosas más superficiales del mundo, no era un vestido suyo, ni estaba hecho a medida.
"Veo que te lo pasas muy bien con Krum."
Hermione resopló.
"No es asunto tuyo."
Draco no respondió.
"Además," continuó ella como si no pudiese soportar guardárselo. "Tú tampoco lo estás pasando mal con ellas." Dijo, apuntando con la boca hacia la pareja de Ravenclaws.
Draco miró de reojo a las dos, y buscó con la mirada a Blaise, que todavía no había llegado.
"¿Y Krum?"
"Ha salido al baño." Se cruzó de brazos y miró con el rostro apretado. "¿Qué quieres?"
Buena pregunta, se dijo a sí mismo Malfoy. Miró… No… admiró el peinado que había cambiado los rizos indomables en una melena tan sólo, y era ya mucho decir de ella, rizada. Los brazos cruzados sobre el escote redondo que realzaba el busto sin la malicia y la doble intencionalidad de otras chicas, entre ellas la propia Fawcett. Y se fijó en que, pese a todo, ella llevaba la lágrima que le había regalado en su cumpleaños.
Ese día que sólo le hizo recordar que era Malfoy por el hecho de poderse permitir comprar una joya extremadamente cara. Una joya que ella no había pedido, ni había deseado ni siquiera. Pero la tenía, cuando él esperaba que la hubiera destruido o al menos echado al fondo de su baúl.
Volvió a la realidad cuando ella chascó la lengua.
"Creo que yo haré lo mismo." Dijo, dejando confundido a Draco, hasta que se dio cuenta de que se refería a ir al baño con tal de no estar junto a él. Vio que ella se escabullía entre los invitados, no sin antes aferrar la primera bebida de una mesita contigua.
Y no pudo evitarlo. La siguió, dando un trago al whisky de fuego que llevaba en el vaso. Había perdido ya la cuenta de todos los que se había metido en el cuerpo.
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Pasillo de las mazmorras
"Suéltame." Dijo Hermione, soltando el brazo de un tirón. Bebió de un solo trago el vaso que llevaba en la otra mano, y sacó la lengua en un gesto que intentaba escupir el ardor de la bebida, y arrugó la nariz porque no había esperado el sabor fuerte del alcohol del whisky, al que tampoco estaba acostumbrada. La exclamación medio asqueada le provocó una media sonrisa a Draco, y aprovechó para tirar de su brazo y llevarla hacia una zona del pasillo un poco más apartada.
Le quitó el vaso a Hermione y lo tiró con descuido al suelo, rompiéndolo en varios pedazos a sus pies.
"¡Ay!" exclamó ella, apartando los pies de los cristales, ya que sus zapatos eran parcialmente abiertos. Hermione se acuclilló cuando sintió que un fragmento de vidrio se había metido dentro y había hecho un pequeño corte entre los dedos, en el momento en que pisó las afiladas aristas.
Draco no había pensado que ella llevaba unos zapatos que no estaban cerrados. Acostumbrado como estaba a despreciar objetos que los elfos repararían o repondrían, no había tenido en cuenta que algunos actos podían lastimar a otros, a veces literalmente y tal vez no gravemente, pero ahí estaban.
Se agachó junto a ella, e hizo ademán de querer ayudarla.
"Déjame…" dijo ella, buscando la varita que llevaba escondida entre los pliegues del vestido. Pero él detuvo su mano y extrajo la suya.
"Reparo." Susurró, y los cristales volvieron a formar el vaso de whisky de fuego que había destrozado antes. Dejó la varita en el suelo y retiró con cuidado el repulgo rojo y buscó el pie lastimado. Ella no se movió, sentada como se había quedado y sintiendo un escalofrío cuando su espalda desnuda tocó la piedra fría de la pared a su espalda.
"Episkey" dijo él para curar el pequeño corte, tras quitarle la sandalia, pensando que incluso alguien tan sensato como Granger a veces era víctima de la moda. En invierno y con sandalias. Pues curiosamente, le hizo sentirse orgulloso. Ella se quedó quieta, incómoda, sin saber si gritarle por su desconsideración o sentirse conmovida. Con un temblor mezcla de nervios y de frío, volvió a ponerse el zapato y murmuró un gracias.
Él se incorporó y le extendió el brazo para ayudarla a levantarse. Alzando los oscuros ojos hacia él, Hermione aferró la mano y reprimió el aire frío que seguía sintiendo en el pasillo. Hasta que notó una mano sorprendentemente cálida a su espalda, que caldeaba la piel pero que provocaba aún más la carne de gallina que el granito de las mazmorras.
Y la caricia era hipnótica. Seguía en círculos cada centímetro de la piel, y en ese momento no sabía si maldecir el hecho de llevar la espalda libre, u ofrecer a Lavender hacerle los deberes de aquí a final de curso. Dejó que él se acercara sin poner ninguna resistencia, y Malfoy lo supo. Pese a todo, estaba tan colgado de ella, como ella lo estaba de él, y de la misma forma que ella había maldecido a su amiga, él maldijo su escasa fuerza de voluntad. Rozó con sus labios el hombro semidescubierto de ese escote en barco, y los subió lentamente hasta llegar al punto donde se unen mandíbula y oreja. Quería susurrarle cosas, cosas provocativas, o cosas burlonas, o cosas ambiguas… pero no pudo, cuando sintió el jadeo de ella en el mismo punto de su propio cuello. Con el otro brazo aferró los rizos de la nuca y partió su boca con un beso. El mismo sabor a whisky de fuego que ella detectó en sus propios labios. El mismo anhelo, la misma incertidumbre.
Y sonrió satisfecho, cuando ella lo respondió en el mismo instante.
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Hogsmeade. Sortilegios Weasley
Crack.
Fred y George soltaron sus bolsas y miraron alrededor de su tienda; parecía que estaba todo en orden, salvo por el polvo que se había empezado a acumular. Fred chascó la lengua y pasó la yema del índice por el mostrador, ligeramente contrariado. Habría que limpiar esa misma noche o madrugar, si querían tener la tienda abierta al día siguiente.
George se asomó por la puerta y observó la calle, oscura y tranquila, las farolas iluminando los edificios. Miró con nostalgia el local cerrado de Las Tres Escobas, y pensó que la vida sería más dura en Hogsmeade, sin un lugar donde poder tomar algo o poder cenar algo sabroso. Y que iban a echar de menos a su dueña, sobre todo.
Vio pasar a algunas personas por la calle, pero como en el resto del Reino Unido pasada la hora de cenar, la calle se quedó desierta. Se llevó los dedos al puente de la nariz, y George suspiró.
"¿Qué te pasa?" preguntó Fred, estornudando al mover unas cajas.
George se dio la vuelta hacia su hermano, y sonrió.
"Me siento auror a tiempo parcial."
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Ministerio de Magia
Kingsley resopló; los movimientos que podría haber hecho Percy Weasley eran vagos, tanto, que sospechaba que había borrado sus huellas prudentemente. Movió el cuello tras desechar unos pergaminos, y se recostó en el respaldo de su silla. Apuntó con la varita para prender el fuego de la chimenea y caldear su despacho ante la caída de la fría noche que ya anunciaba la proximidad del invierno.
El rastro se hacía vago desde Hogsmeade, confuso en Gringotts y su propio apartamento, y de nuevo, desaparecido a partir de entonces. Revisó una ficha que tenía del joven Weasley. Si estaba familiarizado con los muggles, como podría ser el caso al haber tenido una novia hija de muggles, entonces sería perfectamente capaz de estar en cualquier parte, mágica o no.
Pero en Hogsmeade tuvo que haber estado con alguien. Eso estaba claro. Tal vez solamente tendrían que dar con la persona que se encargó de él.
¿Y si fue Rosmerta? Sería una maldita casualidad, pero podría ser, y ahora no tendrían ni siquiera su declaración. Quizá su muerte no fue accidental, después de todo.
Tenía que agotar las posibilidades. Agarró un pergamino y empapó la punta de la pluma en tinta, para escribir a quienes habían regresado a Hogwarts, y que volvieran a tener los oídos bien abiertos: necesitaba encontrar a quien tuvo que tener contacto con Percy durante su "exilio" en Hogsmeade.
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Hogwarts. Pasillo de las mazmorras de Slytherin
"Espera…" dijo ella, separando los labios bruscamente. "No…" Hermione negó la cabeza y dio un paso atrás, lo justo para separarse de él un poco, aunque él no la soltó. "No, no quiero esto, Malfoy. No quiero que nos enrollemos y que todo siga igual. No sé qué esperas que haga, pero esto me va a acabar por volver loca…"
Draco la soltó y dio un paso hacia atrás, pasándose la mano por la cara y exhalando aire con evidente frustración. Incapaz de contestar a algo que a ella le tenía que ser de lo más evidente. ¿Tenía que decírselo? Dio un golpe en la pared, y apretó los dientes.
Ella no se movió, no del todo sorprendida de la reacción de Draco. Éste se dio la vuelta y apoyó la espalda y la nuca contra la pared, más tranquilo, casi resignado.
"Granger, en menos de un mes, Umbridge va a ser la Ministra de Magia. Ya lleva tiempo tanteándome, y hay cosas a su alrededor que no terminan de convencerme. Y pasa algo…" levantó la mano izquierda, donde su dedo índice portaba un anillo con el antiguo blasón familiar, aquel que Hermione había respetado, aunque no asumido como suyo. "…sigo teniendo encima la responsabilidad de mi familia, de mi padre."
Esa respuesta era la que Hermione se había dicho a sí misma durante más de un mes, como la única explicación plausible a la ruptura. Demasiado fácil, pero también la más evidente.
"De modo que es eso; no podrías estar con una sangre sucia…"
"No es eso." Respondió Malfoy tan mecánicamente, tan sobriamente, que Hermione no supo hasta qué punto era una respuesta automática sin meditar, o era sincera del todo. El entorno de Umbridge es el que me preocupa. Y yo soy bueno en Oclumancia, pero no tanto." Exhaló un suspiro y calló. Pero había dicho ya bastante.
Hermione bajó los ojos, ligeramente sorprendida ante las noticias; no hacía falta ser adivinador para imaginar que la dictadura a la que Umbridge sometió a Hogwarts sería magnificada desde el preciso momento en el que ella se hiciera con el control de todo el mundo mágico. Miró atemorizada a Malfoy, ante la perspectiva que se planteaba. Y si era cierto lo que él sospechaba, que estaba siendo tanteado por cierto entorno o ciertas simpatías, estaba segura de que no era para defender la posición de los traidores a la sangre, sangre sucias y muggles.
Si se había planteado incluso la Oclumancia, Draco se estaba planteando resistencia, esconderse de algo mucho más grande que un simple Decreto. Era leer la mente, manipularla…
…torturarla…
La mirada que mantenía en Draco se volvió más y más aterrada ante esa posibildad. No podía creerlo. Era imposible que eso sucediera.
"No… Malfoy… no puede pasar eso. No se lo van a permitir, Voldemort murió…"
"Recuerda a Blaise. Recuerda Hogsmeade." dijo él en voz baja.
La espalda sintió un escalofrío y Hermione se llevó las manos a la cabeza. Entre las mazmorras, las paranoias de Harry, las de Draco, estaba empezando a sentir que perdía el control de su vida. Ella siempre había sido responsable, organizada y metódica. El hecho de que hubiera detalles que se le escaparan como agua en las manos la desquiciaba, la confudía y la desconcertaba. Y ni siquiera sabía si era buena en Oclumancia, nunca se había preocupado salvo para guardar los muebles en los EXTASIS.
Sintió que las manos de Malfoy rodeaban su cuello, para a continuación abrazarla, igualmente resignado. Sin importarle que se escucharan voces en los pasillos o que ya pudieran verlos. Sin importarle el flash de la cámara de Colin. Ya no. No había vuelta atrás.
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Sábado 12 de diciembre de 1998
Despacho de Flitwick
El profesor Flitwick consultó de nuevo el reloj. Las 9 de la mañana, y Filch no había aparecido, tal y como había quedado con él para organizar las navidades en Hogwarts. Se mesó el bigote, y rodó los ojos. Probablemente se habría quedado hasta tarde en la fiesta de Slughorn y habría olvidado conectar su despertador.
Guardó el listado de alumnos que irían a asistir y los que marcharían a sus casas, y salió del despacho para ira a despertarlo. Activando el conjuro para mantener la puerta cerrada, una versión mejorada del Fermaportus, se dio la vuelta mientras volvía a guardar la varita en el bolsillo interior de su chaleco.
"¡Profesor, profesor!"
Flitwick frunció las cejas cuando vio al equipo de quidditch de su Casa al completo, con sus trajes de entrenamiento y sus escobas en mano.
"¿Algún problema con el permiso para utilizar el campo a estas horas?"
"No profesor…" comentó el cazador Bradley. "De hecho no hemos podido ni siquiera ir al campo… las puertas están cerradas…"
"Habíamos pensado ir a entrenar a las 9 en punto, y son las nueve y todavía están cerradas…" añadió Jason Samuels.
Flitwick levantó la mano para calmar al equipo.
"Tranquilos… seguramente a Filch se le han pegado las sábanas." Comentó Flitwick, caminando con ellos hacia la Gran Escalera. Empezó a comentar qué tal veían ellos el torneo, cuando otros alumnos subían las escaleras desconcertados. Cambiando de idea, decidió ir primero a abrir las puertas de la escuela y no causar más confusión entre los pocos alumnos que ya se habían despertado, y a continuación iría directo a hablar con Filch.
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Terrenos de Hogwarts
Luna se ajustó la bolsa en el hombro, de brillante color amarillo. La había comprado en Sortilegios Weasley, y resultó ser un artículo bastante útil: podía guardar varios kilos de fruta, que la bolsa seguiría pareciendo vacía. Generalmente usaban esas bolsas para ocultar sus bromas de las zarpas de madres o profesores, ya que cualquier cosa que entraba desaparecía; el inconveniente era que había que estar varios minutos intentando dar con el objeto en cuestión. Siendo para fruta, a Luna le venía igual de bien sacar un plátano que una manzana para las crías de thestrals. Hacía ya muchos años que hacía el mismo ritual.
Le pareció extraño que Flitwick fuera quien abriera las puertas y no Filch. Ella solía madrugar, a veces quería ver amanecer, otras veces quería sólo ver el rocío en primavera. Pasó por el puente y se detuvo junto a la baranda. Alargó la mano y desprendió un trozo de tela de pana marrón. La sostuvo en la mano y alzó las cejas, ligeramente sorprendida, ya que esa tela era la que siempre usaba Filch en su ropa; probablemente era la única chaqueta que usaba porque no recordaba haberlo visto con alguna otra. Con la tela en la mano, Luna se asomó hacia el lago, gris oscuro, que reflejaba el gris del cielo.
Y vio abajo una imagen que hizo que abriera los ojos de par en par; salió corriendo hacia la cabaña de Hagrid.
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Se produjo un enorme revuelo en el Colegio. Los rumores se dispararon, desde quienes decían que Filch se había suicidado, pasando por quienes decían que iba tan borracho por el whisky de fuego de la fiesta de Slughorn, que ni siquiera se había dado cuenta de que no sabía volar cuando lo intentó.
Los profesores zanjaron el tema diciendo que había sido un desgraciado accidente, y suspendieron las actividades lúdicas habituales de los clubs de duelo, globstones o ajedrez mágico. Pero pocos alumnos lloraron la muerte del impopular celador.
Harry y Ginny entraron en la cabaña de Hagrid, quien tras dar instrucciones a los Gryffindors, se había marchado sin dar más explicaciones. Preocupados, encontraron al enorme hombre con su tetera a un lado, entretenido en limpiar su ballesta. Harry frunció el ceño; no era muy habitual que Hagrid limpiara su ballesta, a menos que fuese a adentrarse en el Bosque Prohibido, o porque había peligro alrededor. Silenciosamente, Hagrid cambió el agua de la tetera y la puso en el gancho de la chimenea para volver a preparar té, mientras Ginny y Harry intercambiaban miradas oscuras.
"Hum… Hagrid…" Ginny le dio un codazo para azuzarle a preguntar. "¿Vas a contarnos…?"
Hagrid se dejó caer en la silla, que crujió por el peso del hombretón; no mostraba pena, sino más bien preocupación, y gravedad. A Hagrid le gustaba que las cosas funcionaran, y desde que murió Dumbledore siempre había sentido que algo siempre acabaría fallando, que el antiguo director era el verdadero artífice de la estabilidad dentro y fuera de Hogwarts.
"¿Qué puedo contarte, Harry? Anoche con la fiesta de Slughorn, y un ir y venir de personas, cualquier cosa pudo haber ocurrido en cualquier momento…" Se encogió de hombros. "Ahora queda en manos de los aurores determinar qué pudo haber pasado."
"¿Cómo está McGonagall?" preguntó Ginny. "Desde que ha empezado el curso no ha dejado de tener problemas… ese licántropo…" se calló cuando recordó cierta imagen sangrienta, y ella misma perdiendo la consciencia. Hacia tiempo que no le pasaban esas cosas, pero no podía dejar de sentir que la atmósfera en la Escuela era distinta. Harry miró de reojo a Ginny y le alargó una taza de té.
"Ella está preocupada. Mucho. No es justo. Tal vez Filch se pasó con el whisky de fuego, o tal vez se tropezó… no lo sé."
Harry miró unos momentos a Hagrid, y supo que estaba evitando llegar a la misma conclusión.
"¿Crees que pudieron haberlo empujado?" preguntó Harry en voz baja.
Ginny frunció el ceño. Pasaron unos momentos antes de que Hagrid respondiera.
"Hace tiempo habría pensado que esa posibilidad era imposible. Ahora me parece la respuesta más consistente, aunque no puedo demostrarlo. Es como… una corazonada."
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Ministerio de Magia. Despacho de Dolores Umbridge
Los dedos tamborileaban sobre la madera de caoba, brillante y pulida como si fuese nueva. Dolores Umbridge leía el informe con absoluta complaciencia, antes de variar su rostro y mudarlo a una mueca apenada y lastimera.
"Argus Filch… hace cuánto tiempo que lo conocía… durante mi tiempo como Suma Inquisidora, tuve la oportunidad de trabajar codo con codo con él; un gran profesional, una gran pérdida…"
"Sí, pocas personas no-mágicas pueden ser recordadas como él." Respondió agudamente Kingsley.
"No-mágicas…" Umbridge cambió la expresión de su rostro, totalmente confundida. "Pe-pe… pero… en Hogwarts, esos fuegos artificiales… él los detendría…"
Se calló. En ningún momento había visto a Argus Filch utilizar la magia. Nunca había dicho que fuera a detener a esos endiablados gemelos con una varita.
"¿Era muggle?" preguntó, asqueada.
"No. Era squib." Respondió asépticamente Kingsley, pero muy satisfecho de la reacción de Umbridge, cuyo rechazo era más que evidente. Sin mostrar que era otro dato más que apuntaría, Kingsley señaló los documentos, sin dejar su papel, totalmente profesional. "He enviado a un grupo de aurores para comprobar las circunstancias de la muerte." Continuó él, con las manos enlazadas sobre el regazo, esperando la devolución de los informes preliminares.
"Oh… por supuesto. Kingsley…" Umbridge recobró la compostura. "Necesito que averigües qué ha ocurrido. Mucho me temo que ha habido una terrible negligencia en la seguridad de Hogwarts. Mañana llegará Scrimgeour con otro tema del traspaso de responsabilidades, y me llenará la mesa de cartas de padres de alumnos absolutamente preocupados por la seguridad de la Escuela…"
"Lo comprendo, Señora Secretaria" respondió Kingsley igual de neutral que antes.
"Perfecto." Umbridge le devolvió los pergaminos con los informes. "Asegúrate de que todo se clarifica."
Con un breve saludo, Kingsley abandonó el despacho, y Umbridge sonrió satisfecha. Muy satisfecha, antes de estallar en carcajadas.
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Lugar desconocido
Una lechuza vulgar y corriente, de plumaje pardo pero muy eficaz; no esperó recompensa cuando hizo entrega de un pequeño pergamino. El caballero, vestido con una túnica de seda en gris oscuro, fue hacia la butaca y colocó los pies en un pequeño reposapiés de madera profusamente labrada y tapizado en azul marino e hilo de oro.
"Perfecto, Dolores." Murmuró para sí mismo, con una mueca torciendo los finos labios.
Echando el pergamino al fuego, el hombre agitó la varita y un fajo de pergaminos que estaban pulcramente dispuestos en el escritorio llegaron volando hacia él. Consultó el reloj: las 6 en punto de la tarde.
Unos golpes en la puerta le recordaron que todavía quedaban personas que cumplían todo lo encomendado; cuidaban los detalles y eso, en esos tiempos, era un valor seguro.
"Pasa, Mulciber."
Su compañero entró con una mueca orgullosa; repasó con los ojos que estuvieran a solas, y se sentó sin más en el sofá de tres plazas que había junto a la butaca de su anfitrión, absolutamente relajado en su sitio frente a la chimenea.
"¿Qué tal Argus?" preguntó a modo de saludo Mulciber, y soltó una carcajada sarcástica.
"¿A ti que te parece?" contestó el otro hombre, dejando el taco de pergaminos. "Ten." Añadió. "Este es el listado de alumnos de Hogwarts. Saber quiénes son sus padres no es nada complicado. Te he marcado aquellos que creo que son determinantes… los que creo que pueden tener un papel interesante en todo esto."
"Oh." Exclamó Mulciber, con cierta curiosidad. Reprimendo las ganas de poner los pies sobre la mesita de mármol y cristal, echó la espalda sobre el respaldo del sofá, mientras por el rabillo del ojo veía que su anfitrión movía la varita para traer el juego de café hacia la mesa. Siguió leyendo, alzando las cejas de vez en cuando. "¿Quieres que haya sangre?"
"No. Quiero que ahora te encargues de un trabajito: necesitamos el despacho de Scrimgeour lleno de cartas de quejas." Contestó su compañero mientras organizaba el juego de café.
"Paso de café. Creo que me vendría bien whisky de fuego." Respondió llanamente Mulciber.
Con un gesto de la varita, el café desapareció. El individuo de gris se levantó hacia el mueble-bar, y comprobó que la botella de vidrio estaba ya vacía. "¡Turnip!" exclamó.
Un elfo pequeño y regordete, con la nariz como un tubérculo, se presentó al momento a los pies de su amo, haciendo una profunda reverencia. Mulciber ni miró, siguió repasando el listado con interés, y en silencio.
"Trae whisky de fuego. Rellena la botella. Y cambia estos vasos." Dijo secamente su amo.
Con un crack, Turnip Desapareció.
"Me pongo a ello hoy mismo. ¿Me ayudará alguien más?" preguntó Mulciber.
"Digamos que tú eres el experto en el Imperius. Preferiría que fueses tú, aunque tardes un poco más."
El elfo regresó y sirvió el whisky de fuego a los dos hombres, antes de saludar y Desaparecer.
Mulciber elevó el vaso saludando, los hielos resonaron ligeramente en el cristal checo, y dio un trago.
"Me pongo a ello en cuanto termine el whisky."
Su compañero sonrió, pero no movió su vaso inmediatamente; a continuación, repitió el saludo de Mulciber y dio un trago a su whisky.
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Lunes 13 de diciembre de 1998
Lugar desconocido
"Los de su especie no tienen conciencia; algunas religiones, casi todas las supersticiones, los asocian a la mala suerte, otros dicen que carecen de alma, otros les atribuye enormes poderes mágicos. Llevan tiempo prohibidos en Inglaterra, pese a su histórica prohibición…"
Percy Weasley saltó el párrafo. Se lo sabía de memoria. Se lo había recitado infinidad de veces a sus hermanos. Cerró los ojos para sacar la imagen de su familia de su mente, y siguió leyendo bajo la ventana. Era su día de descanso, y no quería perder el tiempo… descansando.
Siguió la lectura, y soltó una risa cargada de ironía, cuando encontró la palabra "comadreja"; antes intentó olvidar a su hermano menor, y ahora aparecía, curiosamente, en la lectura.
La magia, a veces, es muy caprichosa.
"…como en la medusa, sus poderes se pueden mantener incluso después de la muerte…"
Percy se incorporó, como impulsado por un resorte. Hasta ese momento la lectura había sido más bien futil. Sin embargo, no había caído en una cosa.
La primera, que esa criatura estuviera viva.
La segunda, que aunque estuviera muerta, pudiera ser igual de peligrosa.
Se llevó ambas manos hacia la cara, y los ojos azules reflejaron un súbito pánico. Pánico por su familia, por el Colegio. Tal vez todo había sido inútil, todos esos meses huyendo y rehuyendo contacto. Algo dentro de él dio un respingo, la misma sensación que daba cuando uno se equivoca con el escalón y baja sin darse cuenta hasta el siguiente. La sensación del cuerpo antes de caer si ha hecho ese traspiés.
Esa sensación que sólo sentía cuando recordaba a Penelope; pero esta vez, no estaba aferrándose a un pasado y al presente que pudo haber sido. Ahora se trataba del presente real, de lo que había ocurrido por determinados hechos pasados. Sin matices ni puntos medios.
Se tranquilizó; era lo bastante racional para eso. Había recibido un Vociferador de su hermano, donde no le contaba nada, más bien le reclamaba dentro de su actitud natural. Si algo hubiese ido mal, ya lo sabría. Lo habría sentido.
Clavó sus ojos en el retrato de Penelope Clearwater. Estaba sentada en la repisa de uno de los arcos de Hogwarts, en su séptimo año. De vez en cuando miraba hacia él y sonreía y desviaba la mirada, hacia lo lejos, echándole miradas furtivas de reojo, y sonriendo para ella misma. Tocó con la yema la fotografía, y sonrió tristemente cuando ella reía como si le estuviese haciendo cosquillas.
"Tú lo sabías, Penny." Susurró él, retirando la mano y apartando la vista.
Fue hasta el armario y cogió su túnica. Pero también metió en una mochila un abrigo, dispuesto a salir a la calle.
El abrigo era muggle.
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El Caldero Chorreante. Londres
La ventaja de estar prácticamente en invierno era que el gorro y la bufanda eran los mejores disfraces. Con el rostro y el cabello cubiertos, Percy Weasley se sentó en una de las mesas de El Caldero Chorreante. Pasó los ojos alrededor, y se aseguró que no recibía más que un par de miradas curiosas de los parroquianos, y pidió tan sólo té.
"¿Estás bien… hum…?" preguntó el viejo Tom, poniendo la tetera, la taza y un plato con pastas.
"Back." Contestó Percy, usando su pseudónimo. "Trabajo en el Callejón Diagón de limpiador." Contestó Percy automáticamente, y tosió varias veces para ocultar aún más su cara tras la bufanda.
"Sí, sí… te he visto algunos días." Comentó Tom tranquilamente mientras agitaba la varita para que el agua de la tetera empezara a calentarse. Sin embargo, Percy se quedó un poco rígido y discretamente, se llevó la mano a la varita. No quería que nadie se fijara demasiado en él; cierto era que era un riesgo seguro el hecho de rondar el Callejón Diagón y sus alrededores, pero jugaba la baza con que nadie estaría buscando precisamente ahí a uno de los magos del Ministerio. Sin embargo, Tom era harina de otro costal.
Un Confundus estaba ya en sus labios, cuando Tom le interrumpió.
"En cualquier caso, viene tanta gente por aquí que esta tarde ya ni me acordaré de tu nombre." Gruñó mientras respondía al saludo de nuevos clientes. Volvió a mirar a Percy con sus pequeños ojos. "Back, entonces. Bien, Back, ya nos veremos por aquí." Se fue hacia la mesa de los magos recién llegados, pero se dio la vuelta hacia Percy. "Es curioso, lo parecido que es tu nombre con Sirius Black… aquél que estuvo tanto tiempo en busca y captura…"
Percy soltó la garra en la varita que llevaba en el bolsillo de la túnica. La mochila junto a él tenía cuidadosamente doblado un abrigo muggle que había utilizado hasta llegar a la puerta del pub. Abrió la tapadera de la tetera y echó dentro una bolsita de English Breakfast. No era su favorito, pero hacía tiempo que había descubierto que en El Caldero Chorreante no servían de otro tipo. Aguardó un tiempo y vertió un poco en su taza.
Antes de añadir la leche, volvió a mirar la mochila. Tendría que ir algún día al Callejón Knocturno. Pero de alguna manera, tenía un asunto pendiente que resolver antes. Observó de lejos a Tom, poniendo las bebidas con la varita en la mesa de los clientes que habían entrado hacía escasos minutos.
Y a él también le resultó del todo peculiar la asociación con Sirius Black.
El perro lanudo negro.
Y esa mujer que le cuidó en Hogsmeade.
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Hogwarts
Los días pasaron extraños. Los profesores estaban más ocupados que nunca intentando suplir la falta de apoyo por parte del celador, hasta que se buscara un sustituto. Lo extraño era que cuando Filch rondaba el colegio, y su repelente gata, todo el mundo le deseaba que estuviese lo más lejos posible. Nadie lo miraba un par de veces seguidas, salvo para asegurarse de que Filch no estaba vigilando alguna trastada. Nadie lo iba a echar de menos, pero no cabía duda que su ausencia ponía de manifiesto que en realidad, era una parte importante del Colegio.
Los prefectos doblaron el trabajo. Tenían más patrullas que las normales, y Flitwick ordenó que fuesen aún más estrictos que nunca en cuanto a decidir castigos y restar puntos. Harry y Hermione, como Premios Anuales, se vieron de pronto desbordados por los castigos que empezaban a acumularse, notas que tenían que pasar a Flitwick, amonestaciones o cartas que enviar a los padres reportando mal comportamiento. Incluso ahora eran conscientes del trabajo que daba Peeves, aunque éste nunca hubiera respetado ninguna autoridad, y mucho menos, la de Filch.
El viernes los alumnos se marcharían a sus casas por las navidades. Y de alguna forma, el Colegio parecía más caótico que durante la época en la que Voldemort campaba a sus anchas. Internamente, algunos se preguntaban tan sólo… ¿qué estaba pasando?
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Despacho de Minerva McGonagall
Minerva McGonagall se arropó mejor con el chal de cuadros escoceses. Y observó con detenimiento las llamas, asintiendo en silencio las palabras de Kingsley, su rostro curiosamente esculpido entre el fuego.
"No quiero que haya nada que dé signos de alarma…" pareció corregirse a sí mismo. "Bueno, quiero decir, no más alarma de la que ya hay. De momento eso es lo que te propongo. Hasta ahora, me parece que no son muy conscientes de que estamos poniéndonos a la defensiva. Dudo mucho que sospechen que nosotros también tenemos nuestros recursos." Añadió, sin ningún matiz de soberbia ni orgullo.
Minerva se mordió el labio.
"¿Crees entonces que Filch cayó, pero no por voluntad propia?"
"Minerva, hay dos cosas que intervienen en estos casos. Una, que la voluntad esté libre de influencia. Por lo tanto, Filch tomó la decisión autónomamente. Dos, que alguien manipulara su voluntad, por lo tanto, le indujeron al suicidio. Y tres, que su voluntad fuese anulada."
Ella se llevó la mano a la boca, horrorizada.
"¿Estás segura entonces, Minerva?"
Ella tomó aire, antes de responder.
"No encontramos ninguna carta de suicidio. Pero, Kingsley, ¿y si fue un accidente?"
Las llamas que formaban el rostro del auror chiporrotearon.
"Ya he hablado con Moody. Él hace tiempo que dejó de creer en los accidentes, sobre todo cuando son muy oportunos."
Resistiéndose a creer lo evidente, Minerva negó con la cabeza, en un vano intento por rechazar esa amarga sensación.
"Moody es un paranoico."
"Moody conoce perfectamente cómo identificar un Imperius y sus efectos."
Ella soltó un gemido, horrorizada ante la perspectiva de que Filch hubiese muerto por una orden de suicidio, por un Imperius.
"No hay mal que por bien no venga: hay que sustituir a Filch." Contestó Kingsley con determinación.
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Jueves 17 de diciembre de 1998
Honeydukes. Hogsmeade
Fred Weasley pagó los diablillos de pimienta, todavía sorprendido por la noticia de la muerte de Filch. No podía decir que le entristeciera, pero sí que había sido determinante en decidir su futuro y el de su hermano, así que algo de agradecimiento tenía que tenerle. Sacando al viejo de la mente, Fred observó con recelo las bolsitas de Grageas Bertie Bott de Todos los Sabores que estaban en el mostrador, a modo de capricho para el cliente que ya tenía la cartera en la mano y no se negaría una tentación. Todavía dudando si comprar alguna o no, cogió una bolsita y se la mostró a Ambrosius Flume.
"¿Sabe? Mi hermano siempre dice que una vez comió una gragea con sabor a goblin."
Flume echó una carcajada.
"Esa es de las buenas… de las mejores frases que he escuchado probar… Sería la primera vez que conozco a alguien que reconoce el sabor de los goblins." Flume le entregó la bolsita cuando la precintó y miró la hora. "Bien… es hora de cerrar. Y no os olvidéis, que las navidades están a la vuelta de la esquina, y necesitarás algún regalo." Añadió, guiñando el ojo para tentar a Fred y que no olvidara pasarse a buscar regalos por la tienda.
Fred guardó la bolsa de diablillos y se colocó el gorro de lana sobre la cabeza.
"¿Me harías un favor?" preguntó Ambrosius. "Te daré un buen surtido de píldoras ácidas."
El sólo escuchar que tendría un set de píldoras ácidas gratis fue suficiente. Dejar agujeros en la lengua de la gente sonaba como un muy buen regalo de Navidad para Fred.
"Soy todo oídos."
"Maravilloso" exclamó Ambrosius, agitando la varita y cerrando el escaparate. "Me gustaría que le llevaras este asado a la casita que está a las afueras. Cerca de las cuevas." Flume entró en la trastienda y regresó con un paquete envuelto con cuidado.
Fred alzó una ceja, ya que nunca había ido por ahí durante sus años de explorador de Hogwarts. Siempre había preferido la Casa de los Gritos, y por supuesto, Honeydukes, Zonko's y Las Tres Escobas.
"Ah… veo que no la conoces. Bueno, allí vive una anciana. Generalmente mi mujer prepara comida como si fuésemos familia numerosa…" Ambrosius se rió de nuevo. "Viejas costumbres, ya sabes."
Fred esbozó una sonrisa triste. Él procedía de una familia numerosa, y sabía qué era pelearse por ser el primero en agarrar el cucharón de la sopa y servirse antes que nadie. El último en su familia era el que se quedaría sin un plato lleno, y a veces, teniendo que improvisar otra comida porque los de delante se la habían zampado ya.
"El caso es que la mujer no es bruja, pero ha vivido siempre aquí, y bueno… siempre ha sido buena costurera y nos ha hecho algún que otro apaño con técnicas muggles… así que en el pueblo le tenemos todos cariño. Si no te importa, por favor, acércale este asado. Anoche mi mujer estuvo ensayando comidas de Navidad, y decidimos que nos gusta el pavo tradicional."
Fred siguió las indicaciones del dueño de Honeydukes, y salió de la tienda, silbando tranquilamente. El paquete estaba muy templadito, lo cual era de agradecer, mientras bajaba por la calle, a primeras horas de la fría noche.
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"¡George!" exclamó la mujercita cuando abrió la puerta.
Fred pestañeó varias veces, absolutamente desconcertado. No era el hecho de que una anciana le confundiera con su hermano, eso le pasaba incluso a su propia madre. Era que había creído oirle a Flume que esta mujer no era bruja.
"Disculpe… ¿conoce a mi hermano George?"
La mujer frunció el ceño y acarició al pastor alemán que estaba olfateando las rodillas de Fred.
"Quieto, Gulf… deja al muchacho tranquilo…" murmuró la mujer. "¿Hermano?. ¡Es que sois gemelos!" exclamo la mujer. "George mencionó que tenía un hermano, pero no imaginaba que erais como dos gotas de agua."
Fred esbozó una sonrisa lobuna.
"Para nada, yo siempre he sido el más guapo."
La anciana soltó una risa.
"Apuesto a que tu hermano dice lo mismo de él."
"Pero nadie le cree." Contestó Fred, mientras le alargaba el paquete que había recibido en Honeydukes. "Esto se lo envían los señores Flume. Creo que es un asado."
"¡Asado!" exclamó la mujer, mientras recogía el paquete. "¡Pasa, pasa! Hace tanto tiempo que no tengo visitas, que me encantaría poder compartir el asado contigo…"
Fred entró en la diminuta estancia, y observó la cocina desvencijada, la puerta del baño entreabierta, un camastro, un biombo algo descascarillado, y algunos perritos de distintas razas y tamaños. Siguiendo la mano de la anciana, Fred se sentó en la mesa, mientras ella encendía con métodos muggles el carbón; definitivamente, la mujer no era bruja.
"Disculpe… no puedo quedarme a cenar… he quedado con mi hermano…"
La mujer se dio la vuelta, enormemente decepcionada.
"Oh… no me digas… Bueno, podría venir él también, ¿no? O por lo menos podrías tomar un poco de té conmigo."
"Mejor le propongo algo: mañana vendremos a cenar con usted. ¿Qué le parece?. Invitamos nosotros, usted cénese ese asado que seguro que está exquisito."
La mujer esbozó una sonrisa.
"Con los dos, me encantaría. Hace mucho tiempo que no cocino para nadie más… Vosotros traed lo que os apetezca, que lo prepararé yo." Colocó la tetera en el fogón y volvió a mirar a Fred. "Por cierto, ¿cuál es tu nombre?"
"Fred Weasley."
"Fred… qué nombres más bonitos tenéis todos... Estos son Gulf, Callum, Roelf y este pequeñito es Pit…"
Fred tomó a Pit en sus brazos y el pequeño yorkshire se agitaba excitado ante la perspectiva de tener un compañero de juegos.
"Este es un nerviosillo…" comentó Fred. "¿Y usted cómo se llama?" Fred soltó a Pit en el suelo y miró alrededor, buscando un animal más. "George mencionó otro, el que iba a traer a nuestra fiesta de inauguración… ¿Y Benny?"
La anciana soltó la taza al suelo, su propio nombre muriendo en los labios, y miró a Fred con los ojos asustados, tristes. No había esperado que el joven hubiese traído a colación a Benny, en todo esto.
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Malfoy Manor. Wiltshire, Inglaterra
Narcissa terminó su lectura en la sala de música, y dobló con delicadeza la manta de lana blanca que había usado para estar caliente junto a la chimenea. El reloj de pared ya marcaba las once de la noche, y se incorporó para irse hacia su habitación.
Volvió a mirar el pequeño pergamino que hacía un par de horas una lechuza le había traído. El hecho de que Katherine Greengrass le dijera que pensaba sacar a su hija de Hogwarts, y que había enviado una lechuza de queja a la Directora y por supuesto, al Consejo Escolar y al mismísimo Ministro de Magia, la había dejado muy intranquila.
Aunque Draco escribía cartas demasiado breves y sabía que le daban pereza, Narcissa se preocupó por su único hijo. Especialmente, cuando ella no tenía ninguna noticia acerca de los motivos por los que los Greengrass iban a sacar a su hija del Colegio.
Pero no había sido la única del día; los Fawcett le habían comunicado que de seguir así las cosas en el Colegio, estaban planteándose seriamente la continuidad de Siri. De nuevo, Narcissa se quedó sin palabras. Tal vez era el momento para Draco de decidir qué tenía que hacer con su vida y su futuro.
Apagó las lámparas de la pared, y dejó que los elfos se encargaran de la chimenea. Cerró la doble puerta de la sala, y se dirigió despacio hacia su dormitorio. Antes, pasó por el de su hijo, y se retorció las manos, nerviosamente.
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Esa misma noche, una anciana estaba ya preparando su redecilla para sostener los rulos en su cabello, para prepararlo antes de irse a dormir. Se frotó los ojos y protestó para sí misma porque esa loción antiarrugas, según Corazón de Bruja, "ideal para las brujas maduras y de carácter", se le había metido en el ojo.
Se enjuagó un poco con agua y alargó la mano hacia el toallero para secarse los ojos, con cuidado de no secar también la poción que tenía sobre el resto de la cara.
Una de las ventanas de su dormitorio, contiguo al baño, se abrió despacio, y de ella entró una figura envuelta en ropajes negros y una máscara inconfundible. Muy silencioso, caminó por la alcoba hacia la parte más oscura, tratando de evitar el ángulo de visión de donde la mujer estaba, aunque ella estaba de espaldas.
"Oh." Exclamó el espejo, sorprendiendo al intruso.
La anciana se giró de inmediato, para ver que la figura de negro se abalanzaba sobre ella.
"¡¡Imperius!!" exclamó una voz cavernosa, como si retumbara debajo de la máscara.
Ella no consiguió ver del todo por los malditos efectos de la poción del demonio, pero Augusta Longbottom nunca había sido una mujer débil, ni una mujer cobarde. Jamás había caído bajo la voluntad de nadie, y no iba a ser ése el momento, a esas alturas de su vida. Apretó los dientes, los que todavía le quedaban (y no eran pocos), y al no tener a mano su varita… empezó a vacilar.
¿Para qué quieres una varita?
¿Para qué querría ella una varita? Buena pregunta.
Para acabar con quienes me arrebataron a mi hijo.
Para cuidar a mi nieto.
Para volver a ver a su hijo.
Para volver a ver a su nieto.
No recordaba dónde estaba, ni qué buscaba, ni para qué. El escozor de los ojos era lo único que sentía, pero no era lo importante. Esa poción…
Agarró el frasco con todas sus fuerzas, y lo lanzó hacia esa figura, que sorprendida, interrumpió el movimiento de la varita, brutal, amenazador. La Maldición Imperdonable tuvo un paréntesis, suficiente para que ella fuera hacia su mesita y aferrara su varita, apuntando al intruso con un pulso absolutamente firme.
El maleficio tiró hacia atrás al individuo en cuestión, pero se incorporó, no sin antes salir corriendo hacia la ventana, donde había una escoba suspendida en el aire. Antes de salir, un maleficio chocó contra el pecho de la mujer, y ésta cayó al suelo.
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Hogwarts. Gran Escalera
Hermione puso los brazos en jarras cuando encontró a varios alumnos a los pies de las escaleras, en la parte trasera donde estaban a salvo de miradas y Prefectos; suspiró. Las rondas ahora las hacían solos, y sólo en este momento era verdaderamente consciente de lo muchísimo que se notaba la ausencia de Filch.
"Veamos… Justin, Megan, Zacharias, diez puntos menos para Hufflepuff."
"¡Pero Hermione!" exclamó Zacharias Smith incorporándose. "¡Estábamos preparándonos para el sorteo del amigo invisible y no podíamos estar en la Sala Común…"
Hermione negó con la cabeza.
"No son horas, conocéis perfectamente las normas. Recoged todo eso…"
"¡Hermione!" gritó Ernie, que bajaba las escaleras casi de dos en dos. "¡Yo les di permiso para quedarse ahí!"
"No, Ernie, no pueden quedarse, y no hay excepciones."
"¡Más te vale que hayas quitado puntos a Gryffindor tú, Ernie!" gritó Justin medio en broma, medio en serio.
Hermione le lanzó una mirada de reproche, y les indicó que se fueran.
"Pues he tenido que descontar puntos a algunos de Gryffindor, empezando por Creevey, a quien he mandado directamente a hablar con Hagrid. He mandado a Blaise a limpiar trofeos de Slytherin para toda la semana que viene, he prohibido escobas dentro de Hogwarts, sin excepciones, y los de Ravenclaw estarían encantados de lanzarme al lago con un menhir atado al tobillo…"
Ella inclinó la cabeza y se cruzó de brazos.
"Mucho castigo veo yo, ¿no?"
Ernie Macmillan, gran amante del orden y de la disciplina como ella, alzó las cejas sorprendido.
"Hermione, mira que me extraña en ti…" Ernie consultó el reloj. "Va siendo hora de ir a la reunión con Harry, las rondas han tenido que finalizar ya."
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Sala Común de Gryffindor
Hermione miró por la ventana, mientras se desanudaba la corbata, y ganaba acceso al brillante en forma de lágrima que colgaba en su cuello. Sonrió para sí, observando las últimas noches de otoño a través del cristal de la Torre de Gryffindor.
"Hoy Siri Fawcett me ha dicho que si las cosas van tan mal en Hogwarts, sus padres la sacarán del Colegio. Pansy se marchó el año pasado para casarse, y me temo que detrás de todo eso, también los Fawcett tienen esa idea…"
"Contigo."
"No me voy a casar con Siri Fawcett"
La sonrisa no se le borró de la cara.
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Viernes, 18 de diciembre de 1998
Neville se despertó temprano. Se aseguró que todo lo que quería llevarse por navidad estuviera bien empaquetado, o listo para las cosas que guardar a última hora; bajó a desayunar y se dio cuenta de que el Colegio estaba muy tranquilo. Demasiado, teniendo en cuenta los últimos acontecimientos. Pero sobre todo, no detectaba esa excitación del último día del trimestre.
Buscó con la mirada una cabeza rubia entre los estudiantes de Hufflepuff, pero no la encontró… Más bien ella le encontró a él, en el momento en que unos brazos le rodearon desde atrás. Y se dio la vuelta.
"¡Buenos días!" exclamó ella alegremente. "Va a ser fantástico, podremos vernos en vacaciones… ¡fuera de Hogwarts!. ¡No es genial, Neville!"
Neville apartó los mechones de la cara de Hannah, y se preguntó algo que empezaba a sospechar desde hacía tiempo en ella: que cada vez tenía más ganas de salir de Hogwarts, que no se sentía demasiado atada a sus compañeros, a las clases. Era inteligente, y era muy estudiosa. Así la había conocido, pero ahora comprendía hasta qué punto la guerra, la pérdida de su madre, y en definitiva, el cambio de idea sobre lo que había pensado ser toda su vida, era lo que estaba transformándola en otra persona.
A la que cada día adoraba más, dicho sea de paso.
No le dio tiempo a contestar; en ese momento llegó Hagrid por la doble puerta del Gran Comedor, avanzando en enormes zancadas por los pasillos de las mesas. Algunos estudiantes levantaron la mirada de sus platos y observaron con curiosidad.
"Neville, me temo que ha habido un accidente."
La sonrisa de Hannah desapareció; aferró su brazo, en el momento justo en el que su mente le trajo espantosos recuerdos de cierta clase de Herbología, cuando le comunicaron que su madre había fallecido.
Él sin embargo, se quedó rígido, con los ojos abiertos de par en par, mirando sin ver.
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Ginny miró su reloj por enésima vez. Había quedado con él, y le había dado plantón. Media hora, y no había manera de encontrarlo. Miró por última vez hacia la escalera de los dormitorios de los chicos, hasta que vio bajar a Dennis.
"Dennis, si ves a Colin dile que estaré en el Gran Comedor, prácticamente toda la mañana. Que me devuelva los apuntes de Encantamientos."
El pequeño Gryffindor asintió sonriente a Ginny. Le encantaba la idea de tener todo Hogwarts para él solito.
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Ministerio de Magia. Despacho de Dolores Umbridge
Dolores Umbridge dio un toque de varita, y la champanera se llenó de hielo permanente, donde insertó una botella de champán, lista para descorchar ese mismo día. Se atusó el pelo castaño y rizado, absolutamente encantada por el devenir de las cosas.
Miró de reojo su escritorio. Una cestita con unas cintas de raso en color rosa y blanco guardaba un fajo de cartas de unas 20 familias que habían expresado su queja: algunas dirigidas a ella, otras a la Directora de Hogwarts, otras a Scrimgeour, Ministro en Funciones, otras al Consejo Escolar.
Se oyeron unos golpes en la puerta, y su secretaria le anunció la llegada de su visita. Dando orden de que la hiciera pasar, Umbridge se fue hacia su escritorio y se acomodó en su silla, ordenando con pleno gozo los pliegues de su túnica rosa chillón.
"Ejem ejem" tosió, al notar que su invitada no había saludado.
"Oh.. oh, disculpe, señora Secretaria…" dijo, extendiendo la mano. "Estaba absolutamente fascinada por la decoración… esos gatitos…" dijo, añadiendo un toque de azúcar a su tono de voz.
Umbridge sonrió de medio lado, mientras estrechaba la mano de la invitada. Sin dejarse seducir por el halago, después de todo, estaban dándole de su propia medicina, y Dolores Umbridge era una experta utilizando esa estrategia. Nada nuevo.
"Por favor, querida, siéntate, no has venido aquí a hablar de mi despacho ni de mi decoración..." se inclinó sobre su escritorio. "Quiero que hagas un artículo, quiero que cuentes todo lo que quieras sobre Hogwarts. Sobre su Directora. Sobre lo que está ocurriendo y lo que ha ocurrido. Sobre los alumnos atacados. Sobre la muerte de Argus Filch. Quiero que todo salga a la luz, y quiero que salga antes de mi nombramiento" movió con la varita el calendario de la pared, y los números relucieron como si tuviesen brillo propio. "Tienes exactamente una semana para prepararlo. Quiero que a alguien se le amargue la Nochebuena."
Rita Skeeter esbozó una sonrisa encantadora.
"Será… un auténtico placer."
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Marylebone. Londres
Caminaba despacio, junto al Regent's Park. De vez en cuando se detenía para mirar a las familias que paseaban con bolsas y paquetes con las compras navideñas, y continuaba el paso, como si no estuviese allí, como si nadie estuviera mirándolo.
Había pasado algunos días buscando la dirección y la ruta para llegar. No recordaba bien cómo se usaba el metro, tuvo que pedir ayuda con las monedas y la máquina expendedora de los demonios que le pedía "inserte moneda o tarjeta"… sin tener ni idea de a qué se estaba refiriendo. Era Penny la que siempre hacía esa operación.
Hacía varios días que se había detenido frente a la puerta, observando. Procuraba hacerlo justo al salir de trabajar. Para estar seguro de que era la gente a la que tenia que ver. Que eran ellos, que seguían allí.
Su corazón dio un vuelco cuando la vio. Era tan parecida a Penny que por un momento, en la distancia, creyó que era ella, que había regresado, o que por algún extraño truco o un Giratiempo extraviado, había avanzado varios años en el futuro, y la misma Penny estaba allí.
No se había atrevido a verlos, hasta ese momento.
Como Penny le enseñó, se detuvo delante de la luz hasta que el muñeco verde hizo su aparición, y cruzó la ancha avenida. Se acercó. Hacía mucho tiempo que no se acercaba con alguien "de los suyos", para hablar.
"Señora Clearwater…"
La mujer de cabello castaño y rizado levantó los ojos y dejó las bolsas en el suelo. Con las llaves del portal en la mano, observó a Percy a través de unos ojos azules que a Percy le hicieron daño, de no ser por los surcos que los bordeaban, inexistentes en la mirada de Penelope. De su hija.
"¿Sí?" preguntó ella.
"Soy Percy… Percy Weasley."
La mujer emitió un grito, y las llaves cayeron al suelo.
Fin Bloque 1: Lo que más miedo da…
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Aclaraciones:
0) No sé si continuaré con un capítulo 31, o si saltaré a New Story. En ambos casos, el 2º Bloque se llamará "…Es el miedo", continuando pues la frase de Lupin "Lo que más miedo te da es el miedo". Por si acaso, alértame como autora y ya está, si quieres saber cuándo continuaré.
1) No voy a abandonar la historia. Tomo un tiempo de vacaciones, porque lo necesito. Después continuará, pero no serán 30 capítulos, serán bastantes menos.
2) Hice un cambio sobre el final. Al principio planteé narrar incluso la Navidad, pero he optado por contarla sólo con flashbacks. Más impacto, ya veréis por qué.
3) Siento el retraso en publicar, este mes he estado de viaje, ha nacido mi nuevo sobrino (y ahijado, así que tengo actitud Sirius Black en todo esto xD) y tenía pendiente reconciliarme en solitario con La Maldición de los Black.
4) Al margen de los agradecimientos de la nota de antes del capítulo, quiero extenderlo al resto de chicas que habéis dedicado un momento a enviarme dudas, quejas, sugerencias, ánimo, apoyo, perplejidad. Por comentarios en el LJ, por PMs, reviews, emails. Sobre todo, gracias por el increíble feedback acerca de los misterios de la historia y porque no os hayáis cansado de tanto secretismo.
5) Sé que para mucha gente es mucho pedir, pero llegado a este punto, el último capítulo (de momento) sí que me gustaría saber qué os ha parecido. No muerdo, no hago spam con los emails, no envío virus. Y siempre respondo los reviews, así que no soy autora monólogo o intento no serlo. Sólo me gustaría saber qué le parece la historia a los que la siguen, (además de esa gente maravillosa que no ha dejado de animarme). Así que si no supone un sacrificio enorme, ni es una deuda de sangre o un favor imposible, me ayudaría mucho saber qué pensáis, después de 30 capítulos y mucho tiempo invertido, por vuestra parte y por la mía.
6) Nott Mordred me hizo un regalo de cumpleaños precioso: un fanmix con las canciones que a ella le sugiere esta historia. Lo dejo en mi Livejournal, en descarga directa, pero sólo por poco tiempo. El resto de los comentarios también los pondré ahí en breve.
Edito: aunque lo dejaré en el LJ, Augusta Longbottom NO ha muerto, ni nada parecido.
Hasta pronto y perdonad la nota de autora tan enorme.
Sig.
