Hola a todos. Soy Anya, soy una nueva escritora en este espacio y me estoy estrenando con este intento de serie. Si me siguen en esta parte, creo que ya es una buena señal de que la idea no es tan mala jeje. En fin, ¡gracias a todos los que me han dado follow! Ahora procedo a contestar reviews :3

Klan D.D.L: ¡Mi primer review! ¡Gracias, gracias, gracias! Estoy tan feliz :'D No me creo aún que ya estoy aquí y estoy escribiendo y ya tengo seguidores. En fin, sobre tus dudas... Di la pista en el episodio pasado sobre quién es la persona que le dio el relicario a Elizabeta pero creo que está camuflajeada(?) al menos, a mí parecer no le han captado todavía jaja XD Pero descuida, en este capítulo sabrás la respuesta (más o menos). Sobre lo de la competencia... no será tal cual una competencia pero sí habrá una especie de juego(?) (no sé cómo explicarlo sin dar spoiler) entre los tres. Si te soy sincera tampoco me gusta mucho el AusHun (el PruHun es una de mis OTP favoritas) pero no tengo nada contra Austria XD

tomato49: Espero que eso no sea amenaza(?) XD Porque siendo sincera, no sé a donde llegará esto pero ya veremos en el camino jeje. Gracias por estar al pendiente de mis actualizaciones.

Aclaraciones(?):

- Esta historia estará centrada en el triángulo amoroso entre Hungría, Prusia y Austria pero eventualmente aparecerán otros personajes.

- Aunque el enfoque pretende ser hetero, en los capítulos siguientes puede aparecer algo yaoi (BoyxBoy) (¡No me maten, por favor! O no podré terminar esto jaja).

- Explico que puse este fic con clasificación M porque en el futuro es posible que se use lenguaje más ofensivo y se traten temas un poco más delicados.

En fin, denle follow, favoritos o dejen reviews con comentarios lindos (o tomatazos si quieren). El punto es que me hagan saber si esto les agrada y me animen a actualizar pronto porque sino lo olvido(?). Y por último, no olviden seguirme en Tumblr y Wattpad porque allí también estaré actualizando esta historia. ¡Es todo! ¡Hasta pronto! ^^

Disclaimer: Hetalia no me pertenece y esto es sólo con fines de entretenimiento.


-¿Qué sucede? ¿Tengo algo en la cara o qué?

Me toqué las mejillas y toda parte donde creí podría tener algo.

-¿Eh? N-no… – desvió la mirada – lo siento por caer así… ¿te lastimaste? – lo miró de nuevo.

-No. Estoy bien. Eres pesada pero no lo suficiente como para lastimar al grandioso yo.

-¿P-pesada? – una ceja se le arqueó.

Creí que iba a reprenderme por el comentario, pero en su lugar, se quedó callada. Ella se incorporó y se sacudió la ropa.

-Gracias… por ayudarme…

Sonreí.

-Kesesese… ¡no es nada! ¡Eso no es nada para mi grandiosa persona! ¡Ha sido pan comido!

-Sí… como sea… será mejor qu—

De repente, ella se desmayó. Pude rescatarla nuevamente pero… por más que le grité no hubo respuesta de su parte. Tenía a una chica en mis brazos y no sabía qué hacer al respecto.

"Sería muy extraño si entro a esa mansión y llego con ella inconsciente. Quizás hasta me culparían de haberle hecho algo… no, esto no es bueno, ¿qué hago, qué hago?"

Y entonces se me ocurrió. Mi casa no estaba tan lejos de allí… tal vez… podría ayudarla ahí y evitar problemas con los dueños de la mansión donde estaba.

"Sólo espero que despierte pronto" pensé antes de echarme a aquella niña en la espalda.

"Eli… quiero que conserves esto…" – toma su mano y le entrega algo.

"¿Esto? P-pero… esto es…"

"Sí, lo sé. Pero quiero que ahora seas tú quién lo guarde…"

"¿Por qué?"

"Digamos que… es una promesa…"

"¿Una promesa?"

"Sí. Es una promesa entre hermanos. Mientras tú conserves esto contigo todo el tiempo, guarda la esperanza de que volveré por ti. Volveré y seremos una familia otra vez. Eli, por favor, no olvides esta promesa. Por favor, no me olvides"

"Hermano… – sus ojos empiezan a derramar lágrimas – ¡tonto! ¿Cómo crees…? ¿Cómo crees que podría olvidarte? ¡Eres mi hermano! – se aferra a las piernas del otro – vuelve pronto, tonto… vuelve a casa sano y salvo… y tampoco me olvides"

"No lo haré, mi querida Eli…" – responde mientras abraza la cabeza de la pequeña.

Sus ojos se abrieron de repente.

-Oh, ¿ya estás despierta? – escuchó preguntar.

-¿Qué?

Ella se fue incorporando poco a poco hasta quedar sentada en la cama donde antes dormía.

-¿Qué sucedió? ¿Dónde estoy?

-Estás en mi cuarto…

-¿T-tu cuarto? ¡¿Por qué rayos estoy en tu cuarto?! ¡¿Acaso eres un pervertido o algo así?! ¡¿Secuestras a niñas que te encuentras en la calle o algo as—?! – siente algo sobre su boca.

-¡Shhhh! No hagas escándalo. Si te encuentran aquí, los dos saldremos perdiendo… – susurró.

-¿Perdwendo?

-Sí… ahora será mejor que guardes silencio y me dejes explicarte todo, ¿está bien?

Ella asintió y él quitó su mano de su boca. Elizabeta tomó aire y exhaló, mientras que el chico se fue al otro extremo de la habitación a tomar asiento.

-Ahora sí… ¿decías…?

-Ah, sí. Estás en mi cuarto porque te desmayaste y no podía dejarte ahí como si nada… – cruza las piernas – eso no hubiera sido nada grandioso de mi parte… mi grandioso ser no puede rebajarse a hacer cosas como esas.

-Bien… entiendo eso pero… ¿realmente era necesario traerme a tu casa? ¿P-por qué hiciste eso? No lo entiendo…

-¿Estabas escapando, no es así?

-¿Escapando?

-Sí. De esa mansión. Supongo que te tratan mal en ese lugar y por eso quisiste escapar…

-Escapar…

Ella se quedó mirándome un largo rato hasta que aparentemente terminó de entender algo.

-Oh, sí… – apenas respondió y evadió la mirada del otro.

Sus ojos ya no mostraban enfado o miedo. Eran… melancólicos. Como si hubiera recordado algo triste. No quise preguntar por qué de repente se había puesto así. Descrucé las piernas para inclinarme a servirme un poco de agua que estaba en la mesita junto a mí. Estaba por tomar el agua pero decidí terminar el relato y dejé el vaso a un lado.

-Volviendo al tema. Estás aquí porque no podía dejarte sola y entrar a la mansión hubiera sido algo tonto de mi parte. Probablemente, hubiera sido acusado de algo al llevarte en esas condiciones… y no quiero tener problemas con esa gente antes de tiempo. Mis padres me matarían…

No dijo nada y ni siquiera mostró indicios de haberme escuchado. Seguía perdida en sus pensamientos y el silencio que reinaba en la habitación estaba comenzando a incomodarme. Tosí levemente para llamar la atención.

-Como sea, ¿tienes hambre o algo así? Puedo conseguirte algo y—

-Estoy bien así. No es necesario hagas eso. Gracias – respondió sin mirarlo.

-D-de acuerdo pero… creo que deberías comer algo. Tienes un día entero sin comer…

-¿Q-Qué? ¡¿Un día entero?! – otra vez le es cubierta la boca.

-¡Shhhh! Te dije que no gritaras así… – la suelta – y sí, un día entero… ayer fue que te desmayaste y te traje a mi casa. Y ya es pasado de mediodía, así que… – le da la espalda para ver por su ventana.

-¿M-mediodía…? Oh mi… – esta vez ella se cubrió la boca.

-¿Sucede algo?

-T-tengo que volver… tengo que volver pronto…

-¿Volver? ¿Disculpa? – la mira incrédulo.

-Sí, sí. Tengo que darme prisa. Seguramente me están buscando y… – lo miró a los ojos.

-No estoy entendiendo nada… ¿acaso no estabas escapando de ese lugar? ¿Por qué quieres volver?

-Yo… yo… sólo tengo que volver, ¿sí?

-Oye… – la sujeta de los hombros y la mira seriamente a los ojos – si temes que haya consecuencias por haber escapado, entonces dilo. No permitiré que esa gente te haga daño. El que seas de la servidumbre no significa que tengan derecho de tratarte como un animal o algo peor… Escucha… no tienes que volver allá… no dejaré te lastimen ¿está bien?

-Tú… ¿por qué haces esto?

-Porque no me gusta la gente que se cree superior porque tiene dinero o poder. Si se tiene alguna de esas cosas no se debería usar para maltratar a los menos afortunados… ¿no te parece? Además, eres una niña linda – sonríe traviesamente.

-¿L-linda? ¡¿A quién le llamas linda?! ¡¿Quién te crees qu—?! – grita sonrojada y se tapa la boca.

-¿Pero qué demonios…? ¿De cuándo acá está mal darle un cumplido a una persona? ¿Eh? En serio que eres una chica muy extraña…

-¿E-extraña? ¿Ahora soy extraña? ¿De linda pasé a extraña?

-Sí, porque parece que te ofenden los cumplidos…

-Idiota – murmura bajo.

-¿Eh? ¿Qué dijiste?

-Nada. Ya suéltame – desvía la mirada y aleja una de las manos del chico de su hombro.

Quité mis manos de sus hombros cuando hizo un ademán de molestia. Realmente no entiendo a esta persona que tengo frente a mí. No obstante, parece ser bastante interesante. Sonreí internamente ante ese pensamiento.

-Bien… entonces, dime, ¿qué planeas hacer? ¿Te quedarás aquí… conmigo? ¿O volverás a ese lugar?

-¿C-contigo? ¿Cómo que contigo?

-Bueno… te acabo de decir que no dejaré que te hagan daño, por ello se entiende que me haré cargo de ti si así lo quieres…

Sus ojos se abrieron más y pude notar un leve rojo en sus mejillas.

-Y-yo… yo no necesito que nadie se haga cargo de mí… yo puedo cuidarme bastante bien sola…

-¿Ah sí? Y entonces por eso no me necesitaste para nada para salir de esa habitación y menos para venir hasta aquí. Claro, claro. Ya entiendo.

-¡Tsk! No estaría aquí de no ser por tu culpa…

-¿Qué? ¿Ahora soy el responsable porque no sepas trepar? Lo siento, no sabía era mi obligación enseñarle a niñas desconocidas a trepar por edificios y esas cosas. Tomaré nota de eso para la próxima vez…

-Eres un idiota…

Me sorprendió la sinceridad con que dijo esas palabras mientras me miraba con enfado. Cubrí mi propia boca esta vez tratando de contener la risa. Nadie jamás me había hablado así antes y era tan divertido que alguien como ella "me pusiera en mi lugar".

-¿De qué te ríes ahora, idiota?

-N-nada… – conteniendo la risa – nada, nada… lo siento… En fin… ¿en qué íbamos? ¡Ah sí! ¿Qué harás entonces? – volvió a su cara seria.

-Debo volver. No hay otra opción. Tengo que volver a la mansión…

-Sabes… no conozco en persona a los dueños pero… probablemente estarán furiosos cuando se enteren que te escapaste… si no es que ya lo saben… – volvió a tomar asiento.

-Lo sé. Pero… tengo que volver… en serio debo regresar…

-¿Estás segura de eso…?

-Sí.

Lo dijo con tanta seguridad que no pude llevarle la contraria. No entendía por qué había tomado esa decisión después de lo ocurrido pero… ya había intervenido demasiado y era mejor terminar con esa situación de una vez.

-Entiendo. Bien, si ese es el caso… entonces… te ayudaré a regresar a esa mansión.

-¿Me ayudarás…?

-Claro. Yo fui quién te sacó de allá en primer lugar… además… ¿no sería mejor salir por la puerta principal esta vez en lugar de la ventana? Creo que no eres buena con ellas, ¡kesesesese!

-Tú, bastardo – amenazó con el puño.

Traté de contener mi risa pero esta vez no pude del todo. Era simplemente gracioso. Y fue más gracioso cuando ella se vino sobre mí para intentar callarme. Intentaba golpearme con los puños pero los interceptaba con mis manos. Era un gracioso juego. Al menos hasta que en algún momento consiguió alcanzar mi estómago y sacarme el aire.

-¿Ahora sí piensas callarte?

-N-no… no tenías que… hacer eso… – dijo sosteniéndose el estómago.

-Tu maldita risa es demasiado estruendosa. Me estaba fastidiando…

Hubo un tiempo de silencio entre los dos.

Yo intentaba recuperar el aliento y en cambio, ella se paseaba por la habitación como inspeccionando la clase de lugar en el que se encontraba. Tenía que admitirlo, era más fuerte de lo que pensaba. Tal vez sí estaría bien por su cuenta como había dicho pero… igual no dejaba de molestarme el dejarla regresar.

-¿Y bien…?

-¿Y bien qué?

-¿Ya terminaste de revisar mi habitación? ¿O hay algo que te falte por ver?

-En realidad no la revisaba. Sólo veía en qué clase de lugar vive un niño como tú…

-¿Niño?

-Sí, porque te comportas como uno…

-¿Q-qué? Espera un momento – se levantó del asiento y fue hasta ella – yo no soy ningún niño. Voy a cumplir 15 años pronto, ¿sabías eso?

-¿Ah sí? Pues… en ese caso, eres peor de lo que pensé… a tu edad pretendiendo ser un niño…

-T-tampoco me trates como si fuera un viejo…

-Sí, como sea. ¿Cuál será el plan?

-¿El plan?

-Para salir de aquí, tonto. ¿O qué crees? ¿Qué iré a algún otro lado contigo? Yo creo que no…

-¡Ah eso! Mmmm – cruza los brazos y pone una pose pensativa – será más sencillo si sales conmigo. Pero si alguien te ve con esa vestimenta pueden sospechar, ya que la servidumbre aquí viste diferente… así que… lo primero sería conseguirte algo de ropa más apropiada… – comienza a mirarla de arriba a abajo y viceversa.

-¿Q-qué? ¿Por qué me miras de esa forma? ¿Acaso eres un pervertido? – dijo cubriéndose con las manos instintivamente.

-¡N-no seas tonta! – gritó avergonzado y se cubrió la boca después – no seas tonta… no es lo que tú crees. Sólo intentaba adivinar qué ropa podría quedarte. Como sea, tengo que salir un momento.

-¿Eh? ¿Por qué?

-Aquí no hay ropa que puedas usar, así que tendré que ir a conseguirla. No puedo llamar a nadie ahora porque estás en la habitación y nadie debe verte. Ahora, si me disculpas, me retiro.

Tomé la perilla de la puerta y la giré con cuidado para no hacer ningún ruido. No sé qué tan buena idea sea dejar a una chica como ella sola en mi habitación pero no hubo mentiras en lo que dije. Tenía que encontrar algo apropiado para ella para poder salir de la casa sin levantar sospechas.

Me dirigí a la cocina de la mansión, sabía que allí podía encontrar a alguien que me ayudara con mi nuevo dilema. En cuanto los sirvientes me vieron entrar, todos hicieron reverencias.

-Joven Gilbert, ¿se le ofrece algo? – preguntó un hombre viejo – ¿hay algo que a Su Excelencia le apetezca comer o tomar?

-No, gracias. Estoy bien. Sólo venía a buscar a ese par – los apuntó con sus ojos.

-¿Esos dos…? – miró detrás de sí – ¡¿Q-qué hicieron esta vez par de inútiles?! ¡Hicieron enfadar al Joven Gilbert, ¿no es así?! ¡O tal vez al Joven Ludwig!

-Calma, calma. No han hecho nada. Sólo necesito me ayuden con algo especial.

-¿Algo especial? ¿No preferiría que lo ayudara alguien más con ese asunto? Este par en realidad pueden arruinarlo… – miraba a los mencionados con recelo.

-Ja, ja. Descuide. Ambos son perfectos para esta tarea, no se preocupe. Así que si me permite, ellos vendrán conmigo un rato – les hace una seña con el dedo de ir a acompañarlo.

-E-está bien, Joven. Como usted diga.

Todos volvieron a inclinarse para mi salida y salí con los chicos. Eran dos sirvientes que trabajaban en la casa. Uno era cocinero y el otro era un ayudante ahí. Sus familias tenían generaciones trabajando para la mía, así que era natural que ellos siguieran con esa especie de tradición. Los tres teníamos casi la misma edad, por lo que desde que los conocí nos entendimos con facilidad y nos volvimos amigos. Ellos son los únicos (además de 'Oeste') que tienen mi entera confianza. No obstante, mis padres desaprueban que me junte con ellos por aquello de las clases sociales y es por eso que solemos vernos los tres a escondidas cuando queremos pasar el rato juntos. Cuando era más joven y mi hermano Ludwig aún no nacía, los sacaba de sus quehaceres para que jugaran conmigo. Eran tiempos divertidos.

Una vez que nos alejamos lo suficiente, les indiqué que lo siguiente sería un secreto entre nosotros tres con un gesto con mi mano y entramos a la habitación que ambos compartían. Ambos chicos corrieron a sus camas enseguida y se acostaron sobre ellas.

-¡Ahhh! ¡Gilbert! Debo agradecerte que nos sacaras de esa maldita cocina. Juro que si escuchaba otro "te faltó limpiar aquí" iba a matar a ese viejo con mis manos.

-Oye, Antonio, no es para tanto. El viejo sólo es malhumorado, no le hagas caso y ya.

-Eso lo dices porque a ti no te fastidia todo el santo día con "haz esto", "barre acá", "limpia allí". ¡Ay! ¡Estoy harto de él! En fin, tampoco es como si te preocupara eso… a ti no te dice nada. Eres su favorito, después de todo. Como le cocinas todos sus caprichos como si fuera el dueño de esta casa, por eso te tiene aprecio. Eso sí, se la vive diciendo soy una mala influencia para ti. Pobre, ni siquiera tiene idea de quién eres realmente… no tiene idea de la clase de delincuente que eres…

-¡Oye, oye! ¡Me estás haciendo quedar mal con ese comentario!

-¡Hey! ¡Ustedes dos! ¡Ya basta! No los saqué de la cocina para que se peleen frente a mí… aunque eso sea divertido de vez en cuando… – dijo lo último en voz baja.

-¿Qué? – preguntaron ambos.

-Ejem. Digo, verán, es que… tienen que ayudarme con algo. Por favor. Verán, chicos… tengo un pequeño problemita, je, je… ustedes saben…

-Oh, Gilbert, jamás creí que nos pedirías esa clase de "favorcitos" – le guiña un ojo.

-¡Francis! ¡No seas un pervertido! Esto es en serio – golpea al otro con una almohada.

-Oye, yo sólo decía… era una broma… no te pongas violento… Pfff… a veces estás de unos humores…

-Ya deja que hable Gilbert, que si nos ha sacado de nuestro trabajo es por algo, ¿no es así?

-S-sí… tengo… un problemita allá en mi alcoba.

-¿En tu alcoba? – preguntó el castaño.

-Sí. Ahmmm. ¿Un problema de… faldas? – lo dijo más como preguntándose a sí mismo.

-¿Tienes a una chica en tu habitación, Gil? – interrogó sorprendido.

-¡Wow! ¿No será que…? ¡¿Nuestro Gilbert ya es todo un hombre?! – interrogó el rubio.

-¡N-no seas idiota! No se trata de eso… es que…

Y entonces me encontré allí, explicándole a ese par toda la situación que se desató a partir del encuentro con esa niña.