¡Hola! Primero y antes que nada, disculpad que vaya tan tarde actualizando. Mi vida es caótica, me marcho mañana muy temprano a Aberdeen pero me daba remordimientos irme si dejaros la historia. Al final dejo más notas. Por compensar, es también increíblemente largo, así que ya sabéis la rutina, pasad o tomadlo con paciencia y mucho chocolate.


Capítulo 32. Camino sin retorno (confiando)

"(Sobre los mortífagos) Me alegro de oír que los consideras amigos. Yo tenía la impresión de que eran sólo sirvientes." – Albus Dumbledore. Harry Potter y el Príncipe Mestizo.

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Sábado 2 de enero de 1999

Redacción de El Profeta Diario. Londres

"Señorita Skeeter, ha llegado este sobre para usted, vía lechuza ministerial" añadió el joven aprendiz de periodista con una expresión entre extrañada y admirada.

"Oh, por supuesto." Contestó la afamada periodista deteniendo el movimiento de su vuelapluma con un gesto de su mano derecha. "Hace tanto que Dolores no me escribe que ya empezaba a preocuparme su montaña de obligaciones…" añadió teatralmente.

"Er… sí… por supuesto…" añadió nerviosamente el joven haciendo un torpe saludo y saliendo del despacho.

Rita recogió el sobre con el sello oficial y se abrió solo, resonando la voz de la Ministra como si estuviese en la habitación.

"Querida Rita: el artículo resultó ser un prodigio del periodismo, y permíteme decir que he conocido a muchos supuestos profesionales que más que escribir parece que aporrean sus plumas contra los pergaminos. Pero a lo que iba… estoy gratamente sorprendida de la reacción de la comunidad mágica. Es que no es para menos… imagínate que el centro del saber de esta parte de Europa se encontraba controlada por una pandilla de incompetentes. Tengo que agradecerte esas entrevistas que te sugerí; no esperaba menos proactividad de ti, pero esa pequeña aportación que hiciste por libre ha sido magnífica. ¡Qué entrevistas a miembros de nuestra sociedad más impresionantes! Celebro que los Greengrass, los Fawcett, los Boot, entre otros, estén de acuerdo en que hay que aplicar medidas más estrictas para proteger a nuestros niños, y citando las hermosas pero contundentes palabras de tu artículo '…que son el futuro de nuestra sociedad'.

Como muestra de mi gratitud, puedes recoger en Gringotts, en la Cámara 125, un pequeño obsequio que es sólo el comienzo de una próspera relación profesional.

Afectuosamente,

Dolores Umbridge

Ministra de Magia."

Rita suspiró y se apartó un mechón rubio de los ojos, con aire satisfecho. Si había dudas, esto despejaba todas sus reservas: el obsequio de la Ministra garantizaba su total y absoluta fidelidad. Nadie podría acusar a nadie de "comprar" la información ni tampoco era un soborno. Además, era justo para compensar la inmensa dedicación y colaboración para la estabilidad de la sociedad, se dijo a sí misma Rita.

Qué poco costaba escribir sobre los accidentes y la trágica muerte del antiguo celador de Hogwarts. O de ese estudiante irrelevante hijo de muggles. Y qué premio suculento podía obtener a cambio. Era pan comido.

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Callejón Diagón. Londres

"No quiero esa túnica."

Draco miró perplejo a Hermione y volvió a observar la impecable hechura de la túnica que estaba sosteniendo en las manos, de un hermoso tono gris plateado y tan fina como una telaraña. A veces los ligeros brillos parecían tener un tono entre violeta y rosado, con una delicadeza que él sabía que entusiasmaba a su madre.

"¿Y por qué no?. Está hecha nada menos que por Magda Collins, es la mejor diseñadora de túnicas del país."

Hermione se movió incómoda y puso una mueca; tocó con un dedo la costosa tela y negó despacio con la cabeza.

"No quiero una túnica cara, quiero una túnica práctica y no quiero que me la compres, mucho menos con ese precio."

"Tampoco es tan cara…" murmuró Draco comprobando la etiqueta. "No has visto el armario de mi madre."

Hermione sólo suspiró y se acercó a las túnicas prácticas. Las que tenían colores sufridos, telas más robustas. Estilos menos clásicos. Reprimió una sonrisa y miró a Draco ligeramente por encima del hombro.

"Además… esa túnica me recuerda a una bata de un catálogo del Victoria's Secret." Comentó ella entre risas.

Draco colgó la prenda y alzó una ceja, apoyándose en la pared y cruzándose de brazos.

"¿De qué diablos hablas?. ¿Quién narices es Victoria?"

"Nada…" dijo ella agitando la mano. "Es un catálogo de ropa interior."

Oyó que él se apartaba de la pared y se acercaba a ella, visiblemente interesado.

"Entonces perfecto. Te llevas la túnica y acepto la sugerencia y… ¡ay!" Se frotó el brazo que acababa de golpearle ella, y arrugó la nariz cuando Hermione eligió una sencilla túnica de algodón de color azul marino y mangas acampanadas, poniendo una mueca nada disimulada de espanto. "No me gusta." Añadió como un niño al que no le gusta el juguete que le han regalado.

"Te fastidias. A mi me parece perfecto para ir de compras y además es muy sufridito."

"Sufridito…" Draco rodó los ojos al oir el peor adjetivo que se le podía dedicar a la ropa y sacó la cartera. "Tengo que hacer un gran trabajo contigo…"

"Guarda eso." Dijo ella sin ni si quiera mirarle mientras rebuscaba su propia cartera en el bolso. "Compraré mi ropa y gastaré mi dinero, no quiero el tuyo. Te lo he dicho mil veces." Sacó la cartera y rebuscó entre el dinero muggle los sickles que necesitaba. Pero él no estaba ahí; traía directamente una bolsa del mostrador y le arrebató sin decir palabra la túnica, arrojándola dentro sin demasiada delicadeza.

"Tengo cuenta aquí. Si salgo de esta tienda va directamente ahí. Y tú estás conmigo." Añadió él simplemente, ignorando los ojos oscuros entornados y la mirada iracunda.

Salieron de Madame Malkin pero nada más poner el pie fuera, Draco le arrebató la bolsa.

"¡¿Qué haces?!" exclamó ella. Sin embargo, él directamente sacó la túnica y para alivio de Hermione, por lo menos era la túnica azul que había elegido. A continuación, él se la echó sobre el hombro y le retiró con sorprendente delicadeza el abrigo inconfundiblemente muggle, desabrochando la cremallera sin dejar de mirarla. Ella se quedó quieta, dejando que él le quitara el abrigo y entendiendo que se había tomado en serio la nueva normativa sobre la etiqueta mágica.

Dejó que él le pusiera la túnica y le paró el movimiento al colocar las manos sobre las suyas; Malfoy simplemente miró con curiosidad a la chica.

"No te preocupes por mi. Ser bruja fue lo mejor que me ha podido pasar en la vida y no voy a renunciar a eso. Tengo tanto derecho a serlo como cualquiera en el momento en el que me llegó la carta y confirmó que recibiría una educación mágica. El llevar una túnica mágica o un abrigo muggle no supondrá ninguna diferencia."

Él no le respondió, pero le rodeó con el brazo sobre los hombros para echar a andar.

"¿Qué vas a hacer hoy?" preguntó al cabo de un rato Malfoy.

"Tenemos… reunión en casa de Harry."

Draco no dijo nada. Él había recibido la carta de Dumbledore en la que le revelaba el lugar que era la sede de la Orden del Fénix. A menos que cambiaran de sede y de Guardián Secreto, Draco seguía sabiéndolo. Él no era miembro de la Orden y no tenía ninguna intención de serlo pero aceptaba el hecho de que ella estuviera destinada a pertenecer al grupo fundado por Dumbledore para luchar contra Voldemort. Se mordió los labios porque el hecho de que estuviera reuniéndose era casi tan sospechoso como la invitación de Pansy y de su entorno.

"¿Te quieres venir?" preguntó ella según iban camino hacia El Caldero Chorreante. "No hace falta que asistas a la reunión, te puedes quedar esperando en otra sala..." Ella le miró con los ojos casi suplicantes, como si buscara en ellos que se identificara incondicionalmente con ella y con sus simpatías hacia la Orden del Fénix.

"Tengo otro compromiso." Ignoró la mirada curiosa de ella mientras le cedía el paso hacia El Caldero Chorreante, y tiró de la mano de ella para llevarla hacia una de las mesas más escondidas y oscurecidas tras las arcadas. "Tenemos tiempo. Te lo explicaré."

Ella sonrió levemente; agradecía que de algún modo, él hubiese modificado ese comportamiento elusivo y misterioso de las últimas semanas. Seguiría siendo individualista y sin ningún ánimo heroico, pero tenía una parte buena, una parte que quería ante todo lo que estaba próximo a él, sobre todo, el principio de familia y anteponía a todo por ella. Demonios, ya lo hizo, la puso por delante de una supuesta lealtad a Voldemort.

Dejó que ella tomara asiento junto al rincón y se sentó a su lado, bloqueando la única salida que tenía, ya que la mesa estaba pegada a la pared y tras ella sólo había otro muro sólido de piedra y madera.

"No me voy a escapar." Dijo Hermione con una sonrisa al ver que quedaba atrapada entre el rincón de la sala del pub y Malfoy. "¿Qué vas a contarme?"

Draco hizo un gesto para que uno de los camareros se acercara. Pidieron sendos zumos de calabaza y al cabo de unos instantes el camarero los mandó hacia su mesa, junto a un trapo que limpió torpemente la madera de la superficie. Ella le dio un trago pero él no tocó su vaso.

"Esta mañana ha venido a verme Pansy."

"¿Parkinson?" Hermione alzó una ceja extrañada.

"¿Es que conoces otra?"

"Gracias a Merlín, no." Respondió ella encogiéndose de un hombro y bebiendo de nuevo su vaso. Draco la observó con ojos brillantes al escucharle ese comentario pero ella ni se dio cuenta."¿Y qué buscaba?"

Draco torció el labio superior y se sorprendió porque ella no hubiera mostrado ningún tipo de reacción airada, más producto de los celos o de la indignación. Le gustó más que ella mostrara esa tranquilidad.

"Me ha invitado a una comida de Año Nuevo. Se ve que le ha dado pena que no esté con mi mamá, ya sabes."

"Ah." Murmuró ella simplemente. "¿Y quién más asiste?"

"No tengo ni idea. Pero su marido, Selwyn, supuestamente está emparentado con Dolores Umbridge. La Ministra."

"Sí, sé quién es, gracias." Contestó ella cáustica. Ahora sí que su expresión mostró desaprobación. "No veo qué se te ha perdido entonces en ese circulo, Malfoy."

"Curiosidad. Tú irás a tu reunioncita, yo iré a la mía." Contestó él encogiéndose de hombros.

"No es lo mismo." Ella giró la cabeza hacia su vaso y él sólo pudo ver su perfil, tenso por los labios apretados por la contrariedad; una cosa era que no fuese a la reunión de la Orden porque prefería quedarse en su casa tocando el arpa o contando plata goblin, otra cosa era que prefiriera ir con esas amistades.

"No, no es lo mismo." Respondió Draco tranquilamente. "Pero es probable que mi reunión sea más útil que la tuya. Conoce tu territorio, Granger. Eso es lo que yo me propongo. Tú hazlo a tu manera, que yo lo haré a la mía." Dicho esto, Malfoy le dio un buen trago a su zumo.

Ella siguió sin responder, aunque por la forma de sus hombros, pareció que se relajó un poco más. Dándose cuenta de su lenguaje corporal, él levantó una mano y la llevó hacia la frente femenina y le apartó unos cuantos rizos, dejando que se le enredaran entre los dedos. Casi con miedo de moverse para que no lo interpretara como una manera de que se apartara de ella, ella movió ligeramente la cabeza hacia él; él sonrió y movió la mano hacia el otro lado de la cara para atraerla hacia sí y besarla. Ella detectó el sabor dulce del zumo de calabaza en sus labios y se dejó llevar por la evidencia. Era un camino sin retorno y del mismo modo que él aceptaba de ella sus orígenes y sus simpatías, ella tenía que hacer lo mismo, o simplemente seguir caminos opuestos.

Como si él hubiera empleado la Legeremancia, se apartó de los labios y le dijo, a un centímetro de ellos.

"Confía en mi." Le dijo con la misma autosuficiencia, que ocultaba la súplica en los ojos grises y que ella leyó automáticamente. Sólo asintió con la cabeza.

"¿Qué harás durante mi reunión?"

Él la miró extrañado.

"Ya te lo he dicho, iré a la cena esa de los Selwyn. Sí que se han dado prisa, al poco de irse Pansy un elfo doméstico trajo la invitación. Esta noche, a las siete en punto."

Ella mostró una mueca de desagrado ante todos los componentes de la frase. Selwyn. Pansy. Elfos domésticos esclavizados. Malfoy sin embargo torció la boca adivinándolo y tan sólo se dedicó a acariciarle las facciones del rostro y a estudiar con ojos calmados el recorrido que seguía su propio dedo. "Es una cena, nada más. Así que después te iré a buscar y nos iremos a Malfoy Manor."

Hermione arrugó la frente.

"El lunes sale el tren de King's Cross. ¿No es mejor que te quedes estos días en tu apartamento, en Londres?"

Draco recorrió con el dedo la boca femenina pero se interrumpió un momento. Ambos tuvieron una sensación extraña, simultánea, similar a un déjà vu.

"No…" empezó a decir él, muy inseguro de su respuesta, como si no fuese la correcta y no dejó de mirar extrañado los ojos marrones como si tuviera la esperanza de encontrar en ellos la solución a un inexistente acertijo. "No… no tenía intención de ir a mi casa, le dije a mi madre que estaría en Malfoy Manor durante su ausencia…" dijo vagamente, casi de forma automática, pero conocedor de que algo extraño había en esa respuesta.

Como si no fuese la respuesta adecuada.

No tenía sentido, tenían que ir a Malfoy Manor, ¿no?

Ella abrió la boca y no dejaron de mirarse, ambos conscientes de que algo extraño había ocurrido cuando habían sacado el tema, pero incapaces de saber de qué demonios se trataba. Probablemente era el hecho de que tanta magia hostil hacia todo lo relacionado con lo muggle le pasaría factura a Hermione si ponía los pies en la antigua residencia de los Malfoy; hacía tiempo que no iba pero recordaba la primera vez que pisó el suelo del hogar de generaciones y generaciones de Malfoys. Pesadillas y malestar.

"No te preocupes. No te pasará nada. En Malfoy Manor a ti jamás te pasará nada. No importa lo que haga el mundo mágico o qué decretitos publique la Ministra. Allí estarás a salvo."

Ella pestañeó despacio e inclinó la cabeza.

"¿Qué quieres decir?"

"Te hace falta levantar la mano cada vez que haces tantas preguntas…" respondió él casi nostálgicamente, pero no espero que ella contestara, sino que le entregó un beso lento, deleitándose en la suavidad de ella y en la eterna curiosidad en la que siempre Hermione se había envuelto. Se sintió mucho mejor cuando ella le colocó las manos a ambos lados de la cara y profundizó la caricia, su contacto.

Él se apartó y le besó la punta de la nariz respingona de ella y le puso la mano sobre el pecho, donde Hermione tenía el colgante protector bajo el jersey horrible tejido a mano y descansó la mano en ese lugar, en un gesto íntimo entre ellos.

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Grimmauld Place 12. Londres

Ginny se sentó en la cama apretando los labios por pura rabia. En el fondo no sabía si estar increíblemente enfadada o si estallar en llanto. Generalmente ninguna de las dos cosas solía funcionar en casa; como hermana pequeña, siempre había sido la que recibía las palmaditas condescendientes de sus hermanos mayores, diciéndole cosas como "eres muy pequeña", "esto no es para chicas", "algún día lo comprenderás."

Fred y George siempre estaban acostumbrados a trabajar por su cuenta, a idear nuevos hechizos y productos a puerta cerrada, mientras el resto de la familia tenía que cruzar los dedos esperando que no salieran todos volando por los aires o convertidos en puffskeins.

Esa noche había pensando en muchas cosas. Había soñado con el viaje a Egipto, lo feliz que estaba con su familia y lo diferente que habían sido las cosas. Y Harry había sido su tabla salvadora, precisamente alguien que no tenía hermanos era quien podía comprender mejor qué era tener un vacío eterno en el pecho. Y sonrió levemente cuando escuchó el golpe en la puerta, inconfundible, que indicaba que él estaba ahí.

"¡Ginny tienes que ver a alguien!"

Emitiendo un suspiro, Ginny alzó la varita y descorrió el pestillo de la puerta. En el umbral, sonriente, estaba Harry y traía en brazos a un bebé de cabello azul…

Verde…

Azul…

Verde…

Ginny esbozó la primera sonrisa abierta del año y se olvidó de todas las losas que se le habían caído encima, de todos los vacíos que ya no se llenaban. Sosteniéndolo con cierta torpeza, Harry tenía en brazos a su pequeño ahijado, que lo observaba todo con una peculiar curiosidad. Sin preguntar, directamente ella le arrebató al niño de los brazos, haciendo caso omiso a las protestas.

"Tú ejerce de anfitrión." Le contestó Ginny sin prestarle mucho caso. "Cómo pesa…" mumuró sorprendida.

Harry tocó con cuidado el pelo del niño y buscó la mirada de Ginny. La que estaba negándose a mirarle a él.

"Ginny. Mírame." dijo él con suavidad pero sin admitir negativas. Casi utilizando la excusa de portar a Teddy Lupin en brazos, Ginny se aferró a él como algo que daba sentido a las cosas, como si el bebé fuera el que le daba protección a ella, y no a la inversa. Miró a Harry pero apartó los ojos inmediatamente.

"Sé que lo vamos a encontrar. Confía en mi."

Ella ahogó un sollozo pero alzó la barbilla con orgullo. Como las veces que quería ocultar que era una niña pequeña y que no tenía ningún punto débil. Sonrió mientras acunaba con suavidad al niño que movía la cabeza para mirar todas las cosas curiosas que había en el dormitorio, desde las lámparas redondeadas de las paredes, las luces de la calle filtrándose por la ventana, el reflejo del fuego de la chimenea en picaportes y adornos metálicos…

"No… no le digas a mis padres que me has visto así." susurró ella, pensando en el sueño de anoche, en su soledad y el refugio que halló en Harry. "Que no sepan cuánto duele."

Harry asintió despacio y giró la cabeza un momento hacia el pasillo.

"Deberíamos bajar."

Ginny se colocó de puntillas para darle un beso pequeño y salió por el umbral, cargando con ella a Teddy. Harry se mordió los carrillos internos y tomó una decisión.

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"¿Quieres tomarte algo?" preguntó Fred rebuscando en la despensa de Kreacher. "Por aquí juraría que hay hidromiel… añejo como él solo, pero seguro que la calidad no se ha disminuido con los años…."

"No Fred, sólo agua, gracias." Respondió Shacklebolt apartando los pliegues de su túnica para tomar asiento.

George estaba delante montando un enorme sándwich de pollo y ensaladilla, cuando levantó los ojos con curiosidad hacia Kingsley, vestido casi enteramente de un color azul noche que contrastaba con su piel oscura.

"Tú no nos confundes." Comentó George sencillamente, con un matiz curioso y constatando un hecho extraño, ya que por lo general tan sólo Ginny, Angelina y curiosamente Oliver eran los únicos capaces de diferenciar a ambos hermanos gemelos.

"Es evidente que sois gemelos." Dijo Kingsley con naturalidad, pero encogiendo un hombro levemente. "Pero sois dos personas autónomas, no dos hermanos siameses. Tú George eres más tranquilo… dentro de lo que cabe, claro." Añadió con una media sonrisa y rodando los ojos. "Fred es algo más activo, el que suele tomar la iniciativa."

"Yo no soy ningún pasmado, no como Ron que a veces se queda mirando alelado a las muggles que…" George le dio un buen mordisco al sándwich para ocultar su sonrisa. "Bueno, da igual."

Fred le colocó una botella de agua y un vaso de vidrio en la mesa y Shacklebolt se sirvió tranquilamente. Dio un trago y dejó el vaso delante. Acto seguido, juntó las yemas de sus dedos, apoyando los codos sobre la mesa y miró de hito en hito a ambos Weasley. George estaba todavía comiéndose el sándwich; Fred se sentó junto a él y no dijo nada.

"Bien, os estoy esperando." Dijo Kingsley con una leve sonrisa. "¿Qué habéis encontrado?"

"Algo interesante. Bueno…" Fred sacó la varita e hizo que algunos bollos de crema llegaran volando hacia su sitio. "Estuvimos husmeando por Hogsmeade, tal y como nos pediste."

"Somos unos aurores extraordinarios."

Kingsley alzó una ceja mirando de soslayo a George ante su comentario, pero esbozó una sonrisa socarrona.

"No sois nada discretos. No podríais ser aurores ni aunque os garantizaran inmunidad en vuestras bromas a perpetuidad."

"Como sea…" continuó Fred. "Resulta que hace tiempo, George conoció a una anciana muy peculiar. Iba con perros y todo eso. Nada fuera de lo común, esa mujer era una squib y siempre ha vivido allí, en las afueras de Hogsmeade. Los vecinos la ayudan porque la pobre señora vive un poco en precario." Fred se metió un bollito entero en la boca y comentó cuando tragó. "Y sigue tú." Añadió con la boca llena indicándole a su gemelo. Kingsley ya adivinó de quién habría copiado esa peculiar costumbre su hermano Ron.

George se limpió los dedos con la servilleta y dio un buen trago a la cerveza de mantequilla, claramente satisfecho del banquete que se acababa de dar. Kingsley lo observó con curiosidad. George, al contrario que Fred, no asumió un tono tan ligero en la conversación. El auror se inclinó hacia delante para no perder detalle de la información.

"Me topé con ella cuando le estaba dando un paseo a unos cuantos perritos. Debe de tener una docena cuando menos." Comenzó George. "Era el día de la Bonfire Night, estábamos organizando la inauguración de la tienda y una de las cosas que se nos ocurrió para sacar a relucir el tema fue dar todo gratis a quienes fuesen pelirrojos."

Kingsley abrió los ojos de par en par, pero esbozó una sonrisa cortés; probablemente Hogsmeade tenía la mitad de su población tan pelirroja como los Weasley pero no dijo nada y dejó que George continuara su relato.

"Pensábamos que la gente traería a los pelirrojos, que hablaría de ellos, sería el modo de saber si alguien había podido ver a Percy. Sin embargo, ocurrió ese ataque y fue de lo más inoportuno."

Kingsley levantó una mano para interrumpir un momento la conversación y frunció ligeramente el ceño.

"Espera, George. ¿Qué tiene que ver eso con esa anciana?"

Fred alargó la mano para beberse el resto de la botella de cerveza de mantequilla y la echó en un vaso. George le lanzó una mirada enojada, pero rodó los ojos y continuó.

"Ahora voy a eso. Esa tarde fue cuando la conocí y me dio pena, le dije que se viniera a la fiesta, que le daríamos golosinas gratis. Ella se puso muy contenta y mencionó que podría traer al único pelirrojo que conocía."

"Benny." Añadió Fred, alzando las cejas y apretando los labios, mirando a Shacklebolt como si éste pudiese sacar sus propias conclusiones.

Y así fue, Kingsley entornó los ojos; hizo memoria del expediente que conservaba con extremo cuidado en su despacho. Tenía todos los detalles concernientes al trabajo y vida personal de Penelope Clearwater y de Percy Weasley.

"Benny…" murmuró el auror.

No necesitó que Fred o George le explicaran el significado.

"Ella estaba con Percy. Ella…"

"Entonces no hicimos la conexión," continuó George, observando con cierta admiración al auror y su capacidad de deducción. "Sólo creí que era el nombre de algún perrillo de esos. Sin embargo, hace unos días volvimos a encontrarnos con ella y nos invitó a cenar a su casa. Vive en las afueras de Hogsmeade y es poco más que una vieja cabaña. Pero Percy ya no estaba. Sin embargo, hicimos la conexión automática cuando saltó el tema y ella se puso tan triste."

"Percy ya no está. Se marchó ese mismo día, el día de la Bonfire." Dijo Fred con pesar. "Estábamos tan cerca…"

La cabeza de Kingsley empezó a trabajar con rapidez ante esa nueva información.

"Tengo que hablar con ella."

"Cht, cht… para para para…" exclamó Fred, levantando una mano. "Ella nos contó lo que ocurrió. Parece ser que se topó 'por primavera' con Percy, muy malherido y semi-inconsciente. Se lo llevó a su casa ayudada por una carretilla…"

"Percy siempre ha sido un flacucho…" dijo George.

"Y empollón" continuó Fred, como si eso fuese el peor defecto del mundo.

"Y…" continuó George.

"Vale vale vale…" interrumpió Kingsley, "Me hago una idea, por favor ceñíos a la historia."

"Bueno," continuó George. "Decía que Percy es un tirillas, pero no deja de sacarnos una cabeza a Fred y a mi…" comentó George sacudiendo la cabeza por la admiración de imaginar a una anciana, carente de todo poder mágico, arrastrado por sí misma a Percy. "El caso es que la mujer se lo llevó."

"Se negó a recibir tratamiento médico, a que fuera algún sanador del pueblo. Nada. Ella por lo visto hizo lo que mejor sabía. Le curó las heridas pero…" Fred se calló un momento y Kingsley miró de soslayo a George. Éste tenía la mirada fija en algún punto de la parte alta de la alacena que el auror tenía a su espalda. "…bueno, ella dijo textualmente 'que Benny tenía heridas en el alma'."

"Se pasó los meses encerrado. Ella le guardó la varita y las cartas que le estuvimos enviando, sobre todo las de mi madre," continuó George y finalmente apartó la mirada de la alacena para clavarla en Kingsley. "Por lo visto, Percy tampoco quiso que llamara a alguien para que se las leyera, ni siquiera las quiso abrir. Esta mujer no sabe leer ni escribir y tan sólo hizo lo que él le pidió."

"¿Visteis si recibió otro correo además del vuestro?" preguntó Kingsley mientras hizo que un cuadernito y una vuelapluma empezara a tomar nota de la conversación.

"La noche de la Bonfire Percy se llevó todo. Incluida su propia varita. Ella no sabía de quién venía las cartas." Contestó Fred. "Y al parecer, Percy le dio dinero a la mujer, suponemos que por agradecimiento o algo, y desde entonces no ha sabido de él."

Kingsley arrugó la frente y empezó a hacer memoria.

"Eso me cuadra… totalmente con lo que informó Bill. De modo que…. Huyó del Callejón Diagon… trató de encontrar refugio en Gringotts… no pudo, y pensaría en algo. En el otro sitio más seguro en el mundo en el que pudo pensar…"

"La cocina de mi madre…" murmuró Fred, pero George le dio un golpecillo en el brazo.

"Hogwarts." Añadió George abriendo los ojos de par en par.

"Pero sabía que no puede Aparecerse en Hogwarts, de modo que se presentó en los alrededores, cerca de Hogsmeade. Se encontró con esta mujer y ella lo cobijó." Resumió Kingsley.

Fred y George se miraron y asintieron despacio.

"¿Percy no habló nada en todo ese tiempo que estuvo con ella?" preguntó Kingsley.

"No. Ella nos contó que sobre todo al principio, se pasaba el tiempo con la mirada perdida, no prestaba atención a nada ni a nadie. Ella creía que tendría algún tipo de retraso mental o algo así. O sería sordomudo. El sólo mencionaba 'Benny', o eso le entendió ella, y asumió entonces…"

"…que era su nombre." Completó la frase Shacklebolt. "Pero se refería a Penelope."

Ambos hermanos se miraron y asintieron con la cabeza, dándose cuenta de que habían subestimado a Kingsley.

"Nos dio pena ella. Creemos que echa de menos a Percy pero sobre todo, cuando supo que era nuestro hermano y que estábamos buscándolo…"

"Sin embargo, ella no puede estar expuesta." Dijo Kingsley, mientras su vuelapluma no paraba de tomar notas. "Ahora mismo, vosotros disteis con ella, pero si resulta que alguien de los que provocaron todo esto se cruzaran en su camino, ella estaría en peligro y tal vez el propio Percy."

Fred y George fruncieron el ceño.

"No… venga ya… no exageres."

Kingsley sonrió de medio lado con un leve matiz de humor en su rostro grave.

"De nuevo, por algo no podríais ser aurores. Tenemos que darle protección a esa mujer."

La culpabilidad se pintó en los rostros de los gemelos , como si se hubieran arrepentido de dar esa información.

"No la metas en esto…" suplicó Fred. "¡Oh, vamos! Ella está aislada y es inofensiva, nadie pensará que es una confidente o algo parecido."

"Vosotros mismos habéis sufrido algunos ataques." Dijo Kingsley. "No sé si tendrán relación con todo esto, pero no podemos arriesgarnos. Y ahora…" Kingsley se echó hacia atrás. "Contadme por qué no queríais revelar esto en la reunión."

Fred y George no respondieron de inmediato. Asumieron cierta expresión de fingida inocencia y bastante culpabilidad, parecida a la que tenían cuando su madre les pillaba, siendo niños, haciendo alguna trastada.

"No queremos que nuestros padres tengan falsas esperanzas."

"Ya es jodido para nosotros, pero nuestra madre no lleva bien el tema. Ahora parece que, con el tiempo, ha aceptado el hecho de que ha perdido a un hijo. Ahora Bill y Fleur salen de cuentas y eso la ha hecho ilusionarse de nuevo… se siente útil y todas esas cosas. Le ayuda a olvidarse."

Kingsley se cruzó de brazos y se apoyó en la mesa, mirando a ambos hermanos.

"Esta bien. No lo revelaré. Pero me mantengo en lo que he dicho, buscaré la forma de tener a esta mujer bajo vigilancia."

"Nosotros podemos vigilarla y todo eso. Estaremos en Hogsmeade, y si Percy decide volver a verla o algo, podríamos pillarle…" sugirió Fred.

"No." Negó tajantemente Kingsley. "No cuento con eso: Percy no volverá a Hogsmeade porque ha decidido hacer algo por su cuenta. Esa noche, la Bonfire Night, reapareció. Según Neville Longbottom, reapareció. Quiere decir que Percy está curado, o parcialmente al menos… no estoy seguro de si está en su sano juicio…" añadió. "Pero tiene un objetivo personal que tenemos que averiguar ahora. Y me temo que tiene que ver con los que le prepararon esa emboscada a él, pero sobre todo, a Clearwater."

Fred y George no dijeron nada, ni siquiera pestañearon. Pero ambos se miraron y compartieron con sólo un parpadeo el mismo pensamiento, ambas mentes unidas como era natural. Sólo imaginar a un Percy que hubiera perdido la razón era más antinatural que el hecho de que fuese un empollón o un chupatintas. Eso era aún más terrorífico.

"Yo me encargaré de esta mujer." Añadió Shacklebolt. "Le daremos un nombre nuevo y todo. Vosotros seguid haciendo vuestra vida normal. Tened mucho cuidado, eso sí; no sabemos si quienes han ido a por vosotros estas dos veces ya se han dado por satisfechos o no han concluido su misión."

"Vale." Dijeron a la vez ambos. Fred continuó solo. "Pero sobre todo, no lo menciones a mis padres."

Kingsley aceptó; pero nada le prohibía tratarlo con Minerva McGonagall.

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Se Aparecieron en la callejuela donde un pequeño comercio de inmigrantes pakistaníes tenían la puerta de la trastienda de su ultramarinos. Harry les había dicho que a determinadas horas era un lugar bastante discreto si alguien quería ir a Grimmauld Place por medio de la Aparición y resultó un medio bastante más rápido y menos sucio que la Red Flu.

Agarrados de la mano y seguros por las sombras de la húmeda callejuela, salieron a una de las pequeñas callecitas que desembocaban en la plaza donde se encontraban los jardines de Grimmauld Place. Draco arrugó la nariz y asumió el gesto de repugnancia que tan bien imitaba de su madre al ver algunos cubos de basura y algunos charcos con mezcla de grasa de automóviles y agua sucia.

"No entiendo como la tía de mi madre aceptó vivir en un barrio muggle." Murmuró él incrédulo.

Hermione le miró de reojo y siguió caminando con él, cuidando de no pisar charcos; afortunadamente esas calles no tenían baldosines tramposos que al pisar salpicaban de agua. Eran aceras estrechas de grandes placas grises de cemento. Un coche pasó despacio pero instintivamente ella le echó un poco más hacia la fachada, lo más lejos posible de la calzada.

"¿Qué haces?" preguntó él.

"A veces las ruedas de los coches pasan por los charcos de los bordes y salpican a los peatones."

Draco resopló; definitivamente nunca viviría en un barrio muggle ni tendría que preocuparse de tanta suciedad… Al pensarlo, se quedó mirando a Hermione y su melena encrespada por la humedad pero limpia. Su piel pálida y sus pestañas largas y oscuras, el abrigo que volvía a ser muggle para caminar por esas calles… Pero no había suciedad.

Tal vez había mal interpretado lo que era la suciedad muggle con el hecho de que algunos muggles pudieran serlo.

"Ya hemos llegado." Dijo ella en voz baja, cuando la callecita desembocó en la plaza. Algunos árboles tenían hojas pero casi todos sólo eran una maraña de ramas que dejaban ver los edificios de ladrillo oscuro y marcos blancos en las ventanas rectangulares. Eran casas muy parecidas, unas tras otras, sin nada de particular. El escondite perfecto para unos magos de altísima alcurnia como los Black y su necesidad de vivir cerca del corazón mágico del Reino Unido.

"Puedo seguir sola. ¿Estás seguro de que vas a ir a esa cena?"

"Totalmente."

Hermione asintió pero no demostró decepción tampoco. Se puso de puntillas y le dio un beso aferrando su cara entre los guantes y le sonrió.

"Te esperaré aquí a las 12 de la noche." Dijo él cuando ella separó los labios.

Aguardó hasta que vio cómo las paredes de los números 11 y 13 se separaron despacio para descubrir toda una fachada, invisible al mundo que la rodeaba. Ella le envió un pequeño saludo con la mano y entró en la casa de Potter. Exhalando un hondo suspiro, Malfoy se retiró a las sombras y tras cerciorarse de que estaba solo, Desapareció.

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La reunión dejó varias cosas claras. Una, que ya sólo con dos días de mandato, el Ministerio ya se las había arreglado para reforzar mucho las diferencias entre lo muggle y lo mágico. Arthur estaba al corriente de ciertos proyectos que incluían desde la revisión exhaustiva de las cartas que llegaban a hijos de muggles, incluidas revisiones de la verdadera naturaleza mágica de dichos niños.

Hermione frunció el ceño, pensando que a ella nunca le habían pedido una prueba de su talento mágico. Jamás pensó que quienes habían sabido detectar a ella a una potencial bruja necesitaran también hacerle pasar una prueba de mínimos.

"Eso significa que nadie pasará esas pruebas." Dijo Harry. "Yo no soy hijo de muggles, pero a estos efectos, como si lo fuera." Miró un momento a Hermione y ella sonrió con cierta tristeza, comprendiendo a qué se refería. "Hermione superaría las pruebas sin ningún problema, ella con leerse una sola vez las instrucciones para invocar un simple Alohomora les habría demostrado que es una bruja excelente. Yo sin embargo…" esta vez miró a Ron, que parecía dispuesto casi a silbar disimuladamente, pero casi enrojeciendo por la vergüenza de saber que él, criado entre magos y por magos, con sangre muggle inexistente por sus venas, tampoco había demostrado nunca ser un alumno excepcional. "Sin embargo, a mi me suena mucho más a una especie de pruebas de acceso."

"Yo habría acabado en la calle." Murmuró Ron. "Y soy de sangre pura."

"Pero en igualdad de condiciones," respondió en voz baja Hermione, "tú sí habrías sido admitido, y yo no."

Todos los asistentes callaron un momento. Minerva McGonagall apretó los labios ante la perspectiva de encontrarse cada vez más sola frente a la mano larga del Ministerio en la vida escolar. Sin duda, viendo que, en un largo plazo, la educación mágica sería tan sólo una cosa para niños privilegiados.

Ginny sonrió para sí cuando vio el cabello de Tonks volver de su rosa habitual a un rojo más vivo que el suyo propio. Le divertía que los cambios de humor de la Auror siempre revirtieran en el aspecto de sus cabellos. Casi agradeció no ser ella misma metamorfomaga. Agradeció que su cabello no se volviera lacio y apagado, como cuando la propia Tonks atravesó un periodo de su vida tan difícil, hacía tres años, tras la muerte de Sirius, tras el primer rechazo de Remus. Siempre había envidiado la habilidad de cambiar la nariz, la boca, el cabello. Era divertido. Pero como todo, hay siempre un lado desagradable. En esos momentos, si tuviese esa habilidad, su cabello estaría lacio y sin vida.

Remus no estaba con ellos. Era una noche de luna llena y Ginny sabía que Tonks habría tenido una razón importante para estar en la reunión y no acompañando a Remus durante su transformación, menos peligrosa gracias a la Poción Matalobos que ella misma, tradicionalmente torpe y patosa, había aprendido a realizar con la precisión de un sanador de bebés. Como si Kingsley le hubiera leído el pensamiento, regresó a la reunión cuando escuchó algunas exclamaciones de admiración. Incluso Luna, que se había pasado la reunión con la mirada fija en el techo de artesonado del salón de los Black rizándose un mechón con el dedo índice, abrió los ojos con curiosidad.

"…es una manera de conocer también el terreno. Tras lo sucedido con Argus Filch y esos chiquillos que han resultado heridos…" Kingsley miró a Minerva, pero ella permanecía orgullosa y estoica, envuelta en un chal de inconfundibles cuadros de las tierras altas. "…en el Ministerio piensan que es una manera de que ellos controlen la situación. Pero es preferible que Minerva sea directora en exclusividad y en su lugar Tonks sea profesora."

"¡Bien!" gritó Ron de improviso. Enrojeció cuando la expresión serena y rigurosa de McGonagall le observó con tranquila curiosidad. Luna, sentada a su lado, abrió la boca y miró directamente a Ron e hizo amago de querer preguntarle algo. Él, para evitar las preguntas incómodas de Luna, las adivinaba a esas alturas, le puso directamente un trozo de tarta de calabaza en la boca.

"Decía…" continuó Kingsley. "Que Tonks se hará cargo de Transformaciones. No hemos logrado que esté a tiempo completo, no obstante, habrá días que ella tenga que ausentarse en el caso de que su trabajo como Auror lo requiera."

Los asistentes quedaron en silencio pero asintieron sin cuestionar la decisión.

"¿Qué… qué ha pasado con Colin?" preguntó Ginny. Miró de reojo a Harry y él suspiró muy levemente. Clavó sus ojos verdes en Kingsley y lamentó profundamente que uno de los mejores compañeros de curso de Ginny hubiese tenido un final tan inesperado como doloroso.

Shacklebolt miró a McGonagall y ella se echó hacia adelante en su asiento.

"Si no fuera porque sabemos que el basilisco murió, cualquiera diría que hemos vuelto a tenerlo entre nosotros."

Todos los ojos se abrieron de par en par.

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"¡Kingsley!"

Harry quedó de pie en el pasillo, vestido con un jersey rojo y ocre, con los colores que a Shacklebolt le recordaron automáticamente los de Gryffindor. Alto, orgulloso, Kingsley entornó los ojos y lamentó no haber luchado en la primera guerra junto al padre de ese joven, de quien decían era su vivo retrato, excepto por los ojos verdes.

Cerró la puerta del aseo y arrugó la frente.

"¿Qué te ocurre, Harry?"

Harry abrió la sala de lectura que había a su derecha y la puerta se abrió. Con un gesto de la varita, el fuego prendió en la chimenea y las lámparas de pared se iluminaron con una suave luz amarillenta.

"Quería hablar contigo. Le he prometido a Ginny que encontraría a Percy. Necesitamos encontrar a Percy, de otro modo…" Harry se interrumpió y se sentó en el reposabrazos de terciopelo del butacón que tenía a su espalda. Kingsley sólo se apoyó en un aparador y dejó que el chico siguiera hablando. "Haré lo que haga falta."

"Harry, estás en Hogwarts y tu obligación es terminar los estudios."

"Y eso pretendo. Pero los Weasley son mi familia. Son la única familia que he conocido, a excepción de Sirius."

Kingsley bajó un poco la cabeza y observó al joven. No era ningún secreto que quería ser Auror y aunque era una carrera peligrosa y difícil, también contar con él era una ventaja indiscutible y lo había demostrado. Él fue quien terminó con Lord Voldemort y no sólo fue una cuestión de suerte. A la hora de la verdad fue él y estuvo solo.

"En estos momentos," empezó a decir Kingsley lentamente, "creo que me resultarías más útil dentro de Hogwarts." Kingsley entornó los ojos negros y se llevó un dedo a la barbilla, en actitud analítica. "Tonks no es alumna. Minerva tampoco. Necesito alguien que sepa los rincones de Hogwarts y no tenga miedo."

Harry alzó la barbilla, aunque sintió un tic en la mejilla derecha. Había pasado mucho tiempo desde lo del basilisco y ahí fue casi cuestión de suerte que saliera adelante. Tal vez esta vez no había un basilisco, pero tal vez tampoco iba a contar con tanta suerte, en el peor de los casos, pero estaba decidido. Sabía que Kingsley estaba poniéndole también a él a prueba. No porque necesitara de más, sino porque necesitaba garantizarse algo frente a la vigilancia del Ministerio.

Alguien que conociera Hogwarts era Filch, y estaba muerto.

Alguien que conociera Hogwarts eran Fred y George, y todo apuntaba a que tenían una misión. Quienes también habían sufrido ya un par de ataques.

Era eso.

Kingsley le estaba diciendo que podía ser un camino de una sola dirección sin retorno. Él podría ser un objetivo y si se convertía en cebo, tal vez podrían descubrir qué diablos pasaba en Hogwarts. Pero, ¿estaba dispuesto?

"Sirius era un hombre valiente, inteligente y enérgico, y los hombres como él no suelen contentarse con quedarse sentados en su casa, escondidos, cuando creen que otros corren peligro."

Eso le había dicho Dumbledore. Con la mirada fría, el rostro impasible, Harry asintió levemente con la cabeza.

"Estoy dispuesto."

Kingsley se apartó de la mesa y apoyó la mano en el hombro de Harry.

"Confía en mi, Harry." Esbozó una sonrisa extraña. "Serás un Auror excelente." Añadió sorprendentemente.

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Mansión Selwyn. Nottinghamshire, Inglaterra

Apareció frente a las verjas del jardín, mucho menos vistoso que su propia mansión, pero igualmente impresionantes. Tenían un muro de granito que llegaba hasta la altura de su cintura aproximadamente y la parte superior era de sólido hierro. Tocó con la varita en el pomo de la verja de entrada y ésta se abrió sin más, permitiéndole el paso en su calidad de invitado. Entró en el jardín principal, dividido por una avenida formada por pequeña gravilla; Draco esbozó una mueca desdeñosa. Sabía que en poco tiempo imitarían el estilo de su propia mansión, en la que en su jardín principal tenía para empezar una fuente de una dríade a modo de rotonda.

Pasó directamente a la puerta principal y otra vez colocó la punta de su varita en la cerradura. Al cabo de unos minutos las dobles puertas se abrieron y Draco fue recibido por un menudo elfo doméstico.

"Pint le da la bienvenida, señor Malfoy." Saludó el elfo que le trajo la invitación formal a la cena, a la vez que le dedicaba una elaborada reverencia. Draco alzó levemente las cejas y comprobó que el elfo no le miraba a los ojos, sino que tenía la vista puesta en sus propios zapatos, algo húmedos por la lluvia, y se preguntó si el elfo doméstico de Pansy era ciego.

O simplemente le tenían prohibido mirar directamente a los ojos de los magos.

Se retiró la túnica salpicada de gotas de lluvia y dejó que su traje negro se caldeara ahora que por fin estaba en interior. El elfo doméstico recogió la túnica de viaje de Draco y volvió a dedicarle un saludo elaborado.

"Gracias." Murmuró Draco ausentemente.

En ese preciso momento entraron en el amplio recibidor, demasiado amplio para su gusto, Nicholas Selwyn y Pansy Parkinson-Selwyn, ella apoyando su mano en el brazo elevado de él. Draco arrugó la nariz pero simuló carraspeando ligeramente; creía del todo que ese estilo ya estaba pasado de moda; hasta su madre se habría reído.

"Nunca lleves así a una dama, Draco, cariño. Parece que estaríais a punto de bailar un minuet."

"¡Draco, querido!. Me alegro mucho de que hayas venido a nuestra cena."

¿Querido?

Draco mostró una de sus más encantadoras sonrisas a pesar de pensar que había retrocedido varios siglos en el pasado. Ni siquiera el rígido protocolo Malfoy llegaba a ser tan rancio. Bueno, tal vez sí fuese bastante rancio, pensó él, pero los Malfoy imponían el estilo y otras familias lo copiaban, así había sido durante generaciones. Y ese estilo le parecía absolutamente fuera de lugar. Pese a todo, levantó la mano para inclinarse levemente ante Pansy, sin besar las yemas ni la mano. Ella simuló bajo la sonrisa de dientes blancos la decepción de no tener a ese invitado aferrado bajo las reglas del protocolo. Pero Draco Malfoy las conocía al dedillo y sabía hasta dónde llegar para ser absolutamente correcto, pero no más allá de eso. Hasta tenía controlado el grado de inclinación de su cabeza cuando les dirigió un saludo y eso ya era suficiente proviniendo de un Malfoy.

A continuación estiró la mano que había sostenido la de Pansy y la dirigió a su anfitrión.

"Nicholas Selwyn." Se presentó con cierta pompa. "Es un placer conocerte, Draco. Pansy me ha hablado mucho de mi."

"Lo mismo digo." Añadió con una sonrisa intencionada Draco, mirando de reojo y con un brillo malicioso hacia Pansy. Ella no bajó la sonrisa pero el ligero temblor en el labio le indicó a Draco que se había dado cuenta de que sutilmente, Draco le había dicho que su mujer seguía teniendo contacto con él.

Dirigiendo a Draco hacia la sala de estar, Selwyn soltó la mano de su mujer y llevó a Draco hacia el grupo de invitados masculinos. Malfoy repasó con los ojos a los invitados y procuró dar a su rostro la máscara de frialdad bajo la que se solía agazapar cuando no quería intromisiones. Si en algo se había esforzado por ser bueno era por ser un buen Occlumens.

Pansy por otro lado se marchó a hablar con unas mujeres que Draco supuso que eran las parejas de los invitados masculinos. Casualmente, Nicholas Selwyn pareció darse cuenta de ese hilo de pensamientos, lo cual incomodó a Draco.

"¿Cómo es que no te has traído pareja?"

Draco le miró de reojo y aceptó la copa de vino blanco que le tenía un elfo doméstico. Se la llevó hacia los labios y aguardó a que Selwyn hiciera lo propio; elevó la copa a modo de saludo, evitando chocar vulgarmente las costosísimas y finas copas de cristal de época georgiana.

"Pansy no lo mencionó y no consideré apropiado traer acompañante."

Selwyn se quedó un momento con la copa frente a él, meditando la estudiada respuesta de su invitado y la aceptó sin opción; a fin de cuentas, había tenido razón. Sin embargo, había oído hablar que Malfoy tenía interés en una sangre sucia. Y Gryffindor. Tenía que ser simplemente un retorcido experimento o no encontraba una explicación creíble.

Recordó a Zabini que decía que aunque esa sangre sucia no era tampoco nada extraordinario, sí que podía ser resultona con ciertos retoques de varita y alguna poción. Y cierta dosis de whisky de fuego.

"Gregory es el único que falta por llegar…" murmuró Selwyn mirando alrededor. "En cuanto llegue estaremos ya listos para cenar."

Draco consultó el reloj. Ya eran las siete y dos minutos y ese invitado no se había presentado. En ese momento, otro elfo acompañó a Goyle, con el rostro algo sofocado y el pelo mojado por la lluvia.

Selwyn miró con desprecio a Goyle y murmuró a Draco.

"El muy idiota tiene miedo a Aparecerse. Se ha sacado la licencia y a veces se olvida de una ceja o de un dedo."

Draco resopló suavemente, pero burlón, sin dejar de observar a su compañero de Casa. Revisó con los ojos desde ese rincón donde estaba privilegiadamente con el anfitrión e identificó a los invitados.

De verlo en el Ministerio y de lo que oía a su padre: Augustus Rookwood estaba hablando en un rincón con un hombre a quien veía parcialmente de perfil, de cabello revuelto y ojos claros, un poco más bajo que el primero.

"¿Con quién habla Augustus?" preguntó Draco ligeramente, sorbiendo un poco de su vino.

Selwyn estudió con curiosidad a su invitado y clavó los ojos azules en el desconocido interlocutor de Augustus.

"McTavish. Ya sabes, es un tipo peculiar… muy travieso. Pero tiene las ideas claras."

Draco asintió con la cabeza y alcanzó un canapé de caviar ruso y una servilleta. Continuó repasando a los invitados hasta que su mirada se cruzó con la de Blaise, sentado en un lado de la enorme chimenea de la sala y hablando con…

"Eso es, Yaxley."

Draco sintió que se le vaciaba el color de las mejillas y procuró no mostrar mucha incomodidad; los amigos de Selwyn eran de lo más variado, pero sin duda estaba absolutamente cómodo de mostrarlos en la reunión. Sin duda, ahora más que nunca las espaldas las tenía cubiertas de alguna manera, y eso era gracias a esa supuesta relación de parentesco con la nueva Ministra.

"¿Faltan más invitados?"

"No; me han fallado cuatro, nada menos. Uno de ellos es…" Selwyn se sonrió y estudió su copa a medio terminar. "Un cabrón." Añadió risueño y sonrió a Draco. "Todos los son, a decir verdad. Pero tienen mucho trabajo y a partir de ahora, más todavía."

Depositó la copa en la bandeja de plata e hizo una señal a Pansy, que estaba hablando con una mujer joven y de cabello castaño y rizado. Ella hizo ademán de asentir y Draco supuso que estaban a punto de pasar al comedor para la cena.

"La señora Ministra se disculpó, también estaba invitada, pero como supondrás, tiene compromisos ineludibles."

"Lo sé." Contestó Draco, dando su último trago al vino y limpiándose la boca con la servilleta. "Estoy seguro de que lamenta no haber venido."

Selwyn dejó que todos los invitados fueran pasando para quedarse un momento rezagado junto a Malfoy.

"Cuidado, Draco. Te conviene estar a buenas con el Ministerio… Pansy ha sido generosa al invitarte esta noche y creo que no me arrepiento de que hayas venido." Inclinó la cabeza sonriente. "No hagas ninguna tontería. Ya sabes a lo que me refiero."

Draco pestañeó lentamente y su rostro volvió a mostrar una relajada tranquilidad, que trataba de tapar la incertidumbre y el desasosiego que sí sentía interiormente.

"Sigo siendo un generoso donante y un gran defensor de nuestra estabilidad. Y pretendo seguir siéndolo" respondió ambiguamente.

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Draco salió al balcón acristalado, asegurándose de que todavía tenía tiempo para la copa tras la cena y poder llegar a recoger a Granger. Durante la comida se fijó en Blaise y en algunos comentarios que se le estaban haciendo, del todo ambiguos, pero si no fuera porque había convivido más de siete años con él, diría que Blaise estaba en gran estima por todos los demás. Salvo por McTavish, que le era francamente hostil.

Siguió a Blaise, que había rehusado tomar alcohol, y se sorprendió porque no había ido al lavabo, sino directamente al balcón que, aunque cerrado al frío de enero, estaba mucho más fresco que el resto del edificio.

"Blaise, no hemos tenido oportunidad de hablar. ¿Qué tal las fiestas?" preguntó casualmente Malfoy, acercándose a la terraza acristalada.

Blaise se dio la vuelta precipitadamente, pero recuperó de inmediato la compostura.

"Estoy bien. Ya has visto…" añadió con arrogancia. "…que me tienen en gran consideración."

"Ya lo he visto." Añadió Draco. Se dio la vuelta y volvió a mirar a Blaise. Cruzó los brazos tras depositar su vaso de whisky de fuego y se apoyó en una de las barandas. "Me ha sonado como que… has superado expectativas. No… más bien ha sonado como que has sacado a sus ojos un extraordinario."

Blaise cerró los ojos y los volvió a abrir. Hizo ademán de querer hablar pero pareció arrepentirse.

"No seas tan desconfiado, Draco. Algunos somos muy buenos en lo nuestro. No lo olvides." Dijo con autosuficiencia. Saludó brevemente a su compañero de estudios y se marchó del balcón.

Draco se mostró ligeramente desconcertado; Blaise se había comportado como aquella vez en la que sacó un Supera Expectativas en Historia de la Magia. Ni él mismo se lo creía porque la noche anterior se la había pasado en compañía de una Ravenclaw de séptimo.

Como si hubiese conseguido un mérito y ni siquiera él lo había esperado.

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Ministerio de Magia. Londres

Kingsley Shacklebolt Apareció finalmente en el Atrium del Ministerio con un suspiro cansado. Era tarde pero quería terminar algunos informes antes de marcharse a casa, y si estaba demasiado agotado, incluso se llevaría algunos y trataría de terminarlos allí. Salió de las llamas verdes con la naturalidad que da la costumbre y cruzó el amplio vestíbulo a la vez que sus pasos resonaban sobre el suelo bruñido.

Saludó con un ademán educado al limpiador que estaba controlando con movimientos profesionales de su varita el cepillo y el abrillantador, dejando el suelo aún más pulido y de este modo, dejarlo listo para el ajetreo de la mañana siguiente.

Avanzó directamente a los ascensores para ir directo a su despacho. A esas horas, muy pocos funcionarios ministeriales se quedaban, apenas algunos miembros de seguridad mágica, probablemente Inefables aunque no se les veía muy a menudo, y algún auror que, como él, regresaba a ultimar algún informe o a contrastar información o pruebas para sus investigaciones.

Realizó el hechizo que le permitía el paso a su despacho y se dejó caer en la silla. La temperatura era cálida pero no agobiante. Revisó la bandeja de correo y tan sólo abrió aquellas cartas que sí eran verdaderamente urgentes e importantes. Dejó en un montón junto a la bandeja las cosas que vería al día siguiente a primera hora y las dejó bajo su agenda de tareas para que no olvidara nada.

Recogió los informes que quería terminar de leer esa tarde, cuando por la puerta entró un sobre volador. Un sobrecito único, de pergamino amarillo y con el membrete del Ministerio.

Alzando levemente las cejas, ya que no era en absoluto habitual recibir correo a esas horas de la tarde, el sobre se colocó encima de él, cayendo suavemente sobre el escritorio.

Una letra elegante, cuidada, decía su nombre completo, incluido el número de despacho, el departamento y piso. No quedaba nada al azar. Se sorprendió; generalmente en el correo interno bastaba el apellido para que el sobre llegara a su destinatario. Pero sobre todo, no era nada habitual que hubiera correo interno a esas horas de la tarde, cuando ya el Ministerio estaba prácticamente vacío.

No incluía remite, ni tampoco membrete del departamento emisor. Era uno de los sobres neutros que se utilizaban de vez en cuando. Extrañado de nuevo y esta vez en alerta, elaboró un complicado hechizo para detectar algún tipo de magia oscura o algún tipo de encantamiento espía. No halló ninguno, salvo aquél que le indicaba que nada más leerse el contenido, éste desaparecería. El normal en algunos memos, a decir verdad.

Sin embargo, Kingsley era perro viejo. Antes de abrir el sobre preparó el encantamiento que permitía copiar el contenido en otro pergamino. Acto seguido, abrió el sobre.

"Reúnete conmigo en el sótano trasero de Madame Malkin. En una hora. Ven solo. No lo hables con nadie.

Eres un lince. Utilízalo antes.

PIW"

A pesar de su prudencia previa, Kingsley no se molestó en copiar el pergamino. Su mirada no dejó de observar las pequeñas llamitas que estaban desintegrando la nota más inesperada que había imaginado.

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Lugar desconocido

Se inclinó sobre la bañera que tenía a ras del suelo, en pulido mármol negro y se apartó el albornoz, descubriendo el cuerpo de una persona adulta y con las proporciones que dan la comodidad y la naturaleza a partes iguales. Abrió tres grifos y dejó que se llenara la bañera lentamente. A esas horas de la noche no había nada más relajante que un baño purificador. Le daba asco en general tocar las cosas y aunque estaba de buen humor, no en vano todo estaba saliendo según lo planeado, no soportaba que ninguna mujer, por muy sangre pura que tuviera en las venas, se quedara en su cama. A decir verdad, no dejaba que ninguna repitiera.

Esta última, por ejemplo. Se podía decir que el sexo había sido bueno, francamente. Sin embargo, compartir cama no significaba tener que aguantar a ninguna al día siguiente, ni tener que darle conversación ni tener que soportar sus miradas admiradas durante el desayuno.

Bah. Qué demonios.

Sin mostrar pudor, qué ridículo, en su propia casa, fue hacia el dormitorio; bordeó la chimenea redonda y central, obviamente no preparada ni mucho menos pensada para el transporte por la Red Flu. Era tan sólo un elemento tanto decorativo como necesario para caldear, nada más que eso. Recogió la varita y apuntó hacia la cama, apartando de golpe las mantas de piel que cubrían a la joven y con otro movimiento fluido de muñeca, bajó drásticamente la temperatura de la enorme alcoba.

La melena negra y brillante, esparcida sobre espalda y almohadones, se agitó y un brazo trató de buscar a tientas la manta para cubrir un cuerpo esbelto que poco a poco se estaba enfriando.

Sí, tenía un buen cuerpo, pero sólo era eso.

"Lárgate." Dijo él secamente.

"A…" empezó a decir ella ridículamente pudorosa y adormilada, tratando de alcanzar la manta de pieles que él había tirado a los pies de la cama. "¿Ahora?"

"Ya." Dijo él con frialdad, sin molestarse en mostrar ningún tipo delicadeza ni en cubrir su propio cuerpo. "Vete." Movió el brazo que portaba la varita, un brazo exento de cualquier marca que habría delatado una fidelidad en estos tiempos poco recomendada.

Ella recogió sus túnica y resto de pertenencias y pasó por delante de él, deteniéndose un momento.

"¿Me llamarás?" preguntó, estúpidamente suplicante.

Él sonrió de medio lado, por un momento mostrando incluso cierta calidez, cierta tentación. Se aproximó a ella y le susurró en los labios.

"No."

Ella se apartó ligeramente herida y salió por la puerta del dormitorio. Él sin embargo ni se molestó en esperar el portazo. Volvió a baño calculando que el agua estaría ya a punto de rebosar y dejó la varita próxima, antes de bajar la pequeña escalinata que permitía el acceso a la bañera. Se sentó tranquilamente y pensó, muy relajado, que después de todo, no podría estar muy pendiente de las mujeres. Había trabajo que hacer.

Y sonrió muy satisfecho consigo mismo.

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Hay una historia que he regalado a Nell Charentes por su cumpleaños que no incluiré en el fic, pero amplía un poco las motivaciones de Harry y lo que está pasando Ginny. Es un texto intimista sobre todo (por eso es un regalo) por eso no quería usarlo de base en el fic. Otra cosita, Jenlic me ha regalado unos banners preciosos de las parejas Harry/Ginny, Ron/Luna y Draco/Hermione . ¡Muchísimas gracias!

Por lo demás, gracias por seguir la historia, me asombro aún porque os guste y no os hayáis descolgado, con lo que estoy tardando en subir. : Gracias también porque me estáis dando muchas razones para continuar y no abandonar: anitaplus, Nell Charentes, Erini, victoria krum, lara evans, Jenlic, aryqueenblack, Annirve, Yedra Phoenix, Saiph Lestrange, Isa Malfoy, Oscurita XuXu, Pressure, norma, Gheisy, Nimpadora Weasley, ana 713, saav, Nasirid, Straysoul, snow angel 3000, Nicole Daidouji, melaniablack, EugeARt, Sabaku no Akelos.

Ya sabéis, quejas, sugerencias, peticiones, preguntas, comentarios, etc son bienvenidos. En todo caso, hasta el próximo. Dejo comentarios en el LJ durante un tiempo corto. Sobre todo, quiero seguir la historia y quiero dedicar un tiempo "fuera" de Hogwarts, por eso no ha arrancado el resto del curso. Creo que es importante retratar el mundo fuera de Hogwarts, el mundo que espera a todos porque en unos pocos meses dejarán ya su vida estudiantil.

Por cierto, creo que me ha quedado un capítulo-bodrio insoportable. Espero espabilarme la próxima. :(

Besos,

Sig.-