Hola a todos. ¡Anya aquí nuevamente! Disculpen la demora en actualizar esto. Pasaron muchas cosas desde la última actualización y bueno... debo decir que la persona por la que empecé esta historia pues... ya no es más parte de mi vida u.u Es una cosa muy triste pero es la realidad, así que me estoy enfrentando a un dilema existencial entre seguir o no. Quiero seguir porque creo que es una historia que vale la pena contar pero... no sé si cuente con la suficiente inspiración. Por ese motivo, me atrevo a pedirles que me dejen reviews o me manden mensaje si así lo desean para no olvidarme de esta historia. Lamentablemente no soy tan disciplinada con estas cosas así que creo que necesitaré su ayuda para seguir.
A propósito de mensajes, he creado una cuenta de Facebook especial para que puedan contactarse conmigo si lo desean. Quizás ponga algunas cosas por ahí pero no prometo nada. Digamos que esa cuenta tiene como fin el poder charlar con mis seguidores y leer sus comentarios, dudas y sugerencias (por si les es más fácil contactarme por ese medio que por los mensajes de FF). Bueno, si les interesa agregarme el link está en la información de este perfil ^o^
En fin, luego de toda esta charla innecesaria, ahora procedo a contestar reviews :3
tomato49: Tengo que confesar que jamás pensé en los italianos como una opción. En serio, no los tomé en cuenta XD (lo siento mis Italias, no fue a propósito[?]) Como sea, no te preocupes. Saldrán más personajes y eventualmente sabrás quién es el hermano. Aunque me parece que eso último tardará un rato jaja XD Mil gracias por ser tan buena fan y dejarme review nuevamente. Espero leerte por aquí seguido, ¿ok? (u)/
ramsicontreras: ¡Bienvenido nuevo lector! Gracias por el review :3 Me hace tan feliz que digas que es interesante. Asdfgffgfgh. Lo hago con mucho amor y soy feliz de que les guste /u/ Espero te guste lo siguiente y que sigas aquí también.
Aclaraciones(?):
- Esta historia estará centrada en el triángulo amoroso entre Hungría, Prusia y Austria pero eventualmente aparecerán otros personajes.
- Aunque el enfoque pretende ser hetero, en los capítulos siguientes puede aparecer algo yaoi (BoyxBoy) (¡No me maten, por favor! O no podré terminar esto jaja).
- Explico que puse este fic con clasificación M porque en el futuro es posible que se use lenguaje más ofensivo y se traten temas un poco más delicados.
En fin, denle follow, favoritos o dejen reviews con comentarios lindos (o tomatazos si quieren). El punto es que me hagan saber si esto les agrada y me animen a actualizar pronto porque sino lo olvido(?). Y por último, no olviden seguirme en Tumblr y Wattpad porque allí también estaré actualizando esta historia. ¡Es todo! ¡Hasta pronto! ^^
Disclaimer: Hetalia no me pertenece y esto es sólo con fines de entretenimiento.
-Y es por eso que necesito la ropa de alguna sirvienta para sacarla de aquí.
-¿Crees eso funcionará realmente?
-No lo sé, Antonio, pero debo intentarlo. Le dije la sacaría de aquí y lo cumpliré.
-Entiendo. Entonces si las cosas son así, tenemos que ayudarte en lo que nos sea posible. Francis, ¿crees que podamos robar algún vestuario de la servidumbre del almacén?
-¿Ehhhhh? ¡¿Quieres robar algo del almacén?! ¡¿Qué acaso no recuerdas quién está a cargo de él?! ¡Esa horrenda mujer que me odia!
-Oh, vamos. "No es para tanto. La vieja sólo es malhumorada, no le hagas caso y ya".
-Bien, bien, ya entendí tu punto. Esa mujer me odia y a ti te ama. El viejo te odia a ti y me adora a mí. Ya entendí.
-Por favor, dejen sus peleas maritales para otra ocasión, ¿sí? Van a darme dolor de cabeza…
-¡No es una pelea marital! – gritan a la vez.
-Sí, claro, claro. Lo que sea. Ustedes vean si es posible sacar algún traje extra del almacén. Los esperaré en la habitación. ¡Ah! Y para que no sospechen nada, será mejor que alguno de los dos me traiga el almuerzo. Y si alguien pregunta para qué los saqué de la cocina, ya saben qué decir.
-Atendemos personalmente las exigencias del joven amo Gilbert – le guiña un ojo.
-¡Hey, déjate de tonterías, Francis! – vuelve a golpearlo con la almohada – esto es serio y debemos comportarnos para no levantar sospechas.
-De acuerdo, de acuerdo – el rubio vuelve a sobarse la cabeza.
-Bien. Los dejo ya, que si permanezco aquí más tiempo alguien podría verme. Además, ya no puedo dejar más tiempo a esa chica en mi habitación.
-Sigo sin creer que realmente la hayas traído a casa. Y sobre todo, ¿cómo fue que nadie te vio?
-Es simple, Francis. Recuerda que Gilbert se perdió la cita que su familia tenía con los dueños de la mansión vecina. No fue hasta que notaron su ausencia que todos se pusieron a buscarlo, ¿lo recuerdas?
-Oh, sí. Por eso sólo nos quedamos la gente de la cocina y otros pocos empleados… pero… ¿acaso ya estabas aquí para cuando eso pasó?
-Kesesese, ¡pues claro! ¡Después de todo, hablamos del grandioso yo! Soy el maestro del sigilo.
-Maestro del sigilo, sí, claro. Pues bien, maestro del sigilo, será mejor que vaya a ver a su "rehén".
-¡O-Oye! ¡No digas esas cosas, Antonio! Haces parecer que la retengo contra su voluntad…
-¿Y qué no es así?
-¡Claro que no! Como sea, ya me voy. Les encargo este asunto. Díganle al viejo, si los llega a ver, que me harán un mandado especial y que no puede esperar – dijo antes de salir por la puerta.
Los dos chicos se quedaron en sus camas. Parecían procesar toda la situación e intercambiaban miradas y risas de complicidad.
-Hace mucho que no hacemos algo como esto, ¿no, Antonio?
-Sí… se siente casi como en aquellos tiempos en que podíamos pasar más tiempo juntos.
-Eran tiempos felices… – responde nostálgico.
-¿Eh? ¿Qué pasa? ¿Acaso vas a llorar o algo así?
-No seas tonto, no es eso. Sólo recordaba los viejos tiempos…
Antonio se baja de su cama para sentarse junto al otro.
-Suenas como un anciano cuando dices cosas como esas – le sonríe.
-T-tonto… – desvía la mirada.
Antonio toma de la barbilla a Francis y lo obliga a mirarlo a los ojos.
-Oye, yo sé que extrañas esos tiempos. También lo hago a veces. Y no es porque podíamos escaparnos de nuestros quehaceres, es por el hecho de que podíamos ser nosotros mismos sin esas cosas triviales de las clases sociales y demás. Aunque… si he de confesarte algo… es que estos tiempos tampoco son tan malos. Después de todo… aún… estamos juntos…
-Antonio… – contesta sonrojado.
El castaño se acerca y rosa suavemente sus labios con los del otro. El beso dura apenas un momento.
-Anda, vamos. Tenemos que darnos prisa y ayudar a Gil con su problemita, je, je.
-Cierto, vamos a ayudar a nuestro amigo ¡y luego continuaremos donde lo dejamos! – dice entusiasta.
-¿Tú jamás dejas pasar algo por alto, verdad…? Ja…
Ambos se ponen de pie y salen de la habitación.
Mientras tanto, Gilbert se dirige a su alcoba con calma. Se detiene frente a la puerta y gira la perilla lentamente, como si no quisiera hacer algún ruido.
-Ya he regresad—
El joven se detuvo al instante en que sus ojos se encontraron con algo distinto, algo que no estaba antes en la habitación. Miraba con sorpresa a su invitada que se encontraba frente a un espejo de pie amarrándose una capa. No obstante, no era lo único diferente en la chica.
-¿Q-Qué haces? – preguntó luego de cerrar la puerta tras de sí.
-Sólo estaba probando como me quedaba esto – apunta a la capa.
-Tú sabes a lo que me refiero…
-Oh… hablas de… – voltea hacia él coquetamente – ¿esto?
Elizabeta colocó sus manos sobre su cintura y ahora estaba frente a Gilbert, así, éste podía apreciar mejor el nuevo atuendo de la chica que consistía en una camisa, unos pantalones cortos y unas botas. Gil la miró de arriba abajo una y otra vez, incrédulo por la situación.
-Eso es a lo que me refiero… ¿por qué llevas puesto eso?
-Oh, pues… verás. Estaba mirando tu cuarto y de repente vi estas botas y quise probármelos. Luego vi esta capa y cuando me di cuenta estaba revisando qué ropa podía quedarme, je, je. Pero dime, ¿cómo me veo? – interroga y da una vuelta completa frente a él – ¿me queda bien? ¿Parezco un chico?
-Claro que no pareces un chico… b-bueno… tal vez… un poco. Sí, si tu cabello no fuera tan largo probablemente…
-¡Oh, es verdad! ¡Lo olvidé!
La chica se desata la coleta y se la vuelve a hacer pero esta vez la coleta le queda más abajo.
-¿Así está mejor?
-Eh… en realidad… no cambia mucho que digamo—
-¡Gil! ¡Ya estamos aquí! – interrumpe el ya conocido par.
Al escuchar su nombre, el chico voltea y ve a sus amigos que llegan con un carrito de servicio que está repleto de comida y bebidas.
-¡Shhhh! Les dije que fueran discretos, tontos.
-Oh, lo sentimos, Gil. Lo olvidábamos, je, je – se disculpó el castaño.
-¡Mon Dieu! ¿Pero a quién tenemos aquí? – se acerca seductoramente a la invitada – Bonjour, mon chéri, pero que bello placer tienen estos ojos de conocerte. Mi nombre es Francis y estoy encantado de conocerte – le guiña el ojo – ¿y tú? ¿cómo te llamas?
-Oye, Francis, ese no es—
-Me llamo Henry – contestó ella intentando no reír y le estrechó la mano.
-¡Oh, Henry! Es un bello nombre, mon ami.
-Francis, no es lo que tú…
-Francis… – dijo un Antonio con cara siniestra que comenzó a estrujar un vaso de vidrio que se rompía poco a poco.
-O-oye, Antonio. Calma. Él en realidad es ella.
-¡¿Q-qué?! – grita Francis sorprendido – ¿e-eres una chica?
Elizabeta responde con una sonrisa.
-Oye… No está bien que me engañes así…
-Te lo mereces por idiota – respondió el otro irritado.
-Oh, vamos… no te enojes, querido…
-Sí, sí, como sea…
-L-lo siento… ja, ja… lo siento mucho pero no pude evitarlo. Pero es que fue muy gracioso que pensaras que en verdad era un chico.
-Oye, Gilbert, debiste corregirme desde el inicio…
-Hey, no me culpes a mí. Yo lo intenté y sólo me ignoraste…
-Ejem – tosío un poco – Gil, aquí está el almuerzo como pediste y también te trajimos tu "encargo". Aunque… ahora ya no sé si hará falta – mira de reojo a la joven.
-Gracias, Antonio. Deja las cosas aquí y mejor llévate a Francis. Tienen que volver pronto a sus tareas o comenzarán a sospechar. Oh, y otra vez, gracias por todo, chicos.
-Está bien – saca la ropa de un piso inferior del carrito y se la da en la mano – aquí está. Volveré a mi puesto entonces. Gilbert, Señorita… – hace una reverencia y se va.
-A-Antonio… ¡espérame! – se va tras él pero se detiene – Fue un gusto conocerte, mon chéri. Nos vemos después, Gil – se despide con la mano y sigue su camino.
-Adiós, chicos – responde el gesto con la mano y da una media vuelta cuando la puerta se cierra – ¡Rayos! Siento mucho todo eso. Ese par puede ser algo inoportuno a veces…
-Je, je. Descuida. De hecho, fue divertido que me confundiera con un chico. Significa que este disfraz es bueno – contesta entusiasta.
-No, no lo es. Como sea, deberías cambiarte y luego tendremos el almuerzo, ya que los chicos nos trajeron la comida no deberíamos desperdiciarlo. Además, pese a lo que parezca Francis es un excelente cocinero.
-¿Oh, de verdad? Entonces… ¿no deberíamos comer ahora mismo? No podemos permitir esto se enfríe…
-¿Qué acaso siempre desobedeces a los adultos?
-¿Eh? ¿De qué hablas? Tienes 15 años. No eres un "adulto" – toma un panecillo del carrito.
-Tú… – intenta guardar la calma y respira profundo – de acuerdo. Almorzaremos primero y luego te cambiarás. No quiero nadie más te vea con esas ropas.
Gilbert dejó la ropa sobre su cama, después tomó el carrito y lo acercó a su invitada. Una vez hecho esto, se sentó en otro asiento que había cerca de ella. Colocó algunas cosas en la mesita que había entre ellos y comieron los aperitivos y dulces que les habían traído.
Estaba disfrutando del momento. Aunque seguía preocupada por lo que me aguardaba en casa, realmente hubo un momento en el que me sentí segura y cómoda con ese chico. A decir verdad, no sé a qué se debía. Probablemente era porque cada vez me miraba, me topaba con ese par de ojos rojos que me recordaban a él.
Aunque habíamos pasado poco tiempo juntos y nuestro primer encuentro había sido un poco extraño, ese chico no parecía ser una mala persona. Al contrario, se había portado muy amable y comprensivo en todo momento. Por otra parte, también dijo con mucha seriedad y preocupación que cuidaría de mí y que no permitiría que me hicieran daño. Podía ver que estaba frente a un chico diferente a los que mis padres solían presentarme. Mostraba una confianza y seguridad en sí mismo que no había visto en nadie más. Ni siquiera en él.
No puedo dejar de preguntarme qué pasaría si se enterara de quién soy en realidad. Si supiera quién soy no creo que fuera tan amable conmigo. Al menos no con tanta sinceridad. Hay gente que sólo me ve como un medio para llegar a mi padre y no los culpo. Él ha provocado eso. Él ha hecho que la gente sólo me vea como un objeto. Ni qué decir de mi madre. Ella es aún peor. Soy su moneda de cambio, su valioso tesoro hasta que pueda cambiarme por algo mejor y que la haga aún más feliz.
-Oye… ¿te sientes bien?
-¿Eh?
-Estás como perdida en tus pensamientos… ¿sucede algo? ¿Acaso hay algo que no te gustó del menú? Porque puedo pedir lo que tú quieras…
-No, no. No es eso. Todo es delicioso, en verdad. Sólo… pensaba en lo que sucederá cuando vuelva…
-Ya veo. Así que eso es lo que te tiene preocupada – cruza las piernas – bueno, yo ya te había dicho que no es necesario que regreses ¿no es así? Puedes quedarte y trabajar aquí si así lo deseas.
-Agradezco la oferta pero no puedo hacer eso. Debo volver. Definitivamente debo volver. No lo haría sino fuera necesario…
-¿Necesario…?
-Ah… yo…
Había metido la pata y no sabía cómo arreglarlo. Me puse muy nerviosa en ese instante. No sabía qué decir para tranquilizarlo.
-De acuerdo. Si no quieres decirlo, está bien. No te presionaré – toma un sorbo a su taza.
-Gracias… muchas gracias.
-No tienes nada qué agradecer. Tendrás tus razones para esto. Además, no es como si esto fuera un interrogatorio o algo por el estilo.
-Entiendo. Igual lo agradezco.
-Bueno. Si ya terminaste de comer, deberías cambiarte. Te sacaré de este lugar en cuanto estés lista.
-¿Cómo harás eso? Si se puede saber.
-Le pedí a mis amigos que me trajeran un cambio de ropa para ti. Una vez que te lo pongas, pasaras inadvertida por la casa y haré que me acompañes hasta la salida. Usaremos el carruaje y te llevaré lo más cerca de la mansión vecina, ya que sería muy extraño si llego hasta allá yo solo.
-Es cierto. Y sería un inconveniente si algún sirviente de esa casa te ve e insiste en anunciarte con los amos.
-Sí, es por eso que te dejaré lo más cerca posible sin llegar hasta allá.
-Bien, entiendo el plan y parece que lo más complicado será salir de aquí.
-Bueno, si te pones lo que te trajeron no creo que haya mucho problema.
-De acuerdo. Me cambiaré entonces si insistes tanto.
Gilbert se puso de pie para buscar la ropa. Cuando se escuchó el crujido de la puerta abriéndose. El joven se congeló de inmediato y giró lentamente su cabeza.
-Gilbert, querido… ¡oh! Lo siento mucho, no sabía que tenías compañía…
-H-H-Hola, Madre, ja, ja – ríe nervioso – n-no te preocupes… ¿se te ofrecía algo, Madre? – se dirige hacia ella.
-Dime, ¿quién es tu amigo?
-¿Amigo? – la mira – Ah… él… él es…
-Buenas tardes, Señora – hace una reverencia como un hombre – mi nombre es Henry. Es un gusto conocerla al fin. He oído mucho de usted por su hijo y debo decir que se ha quedado corto con sus halagos para usted.
-¿D-de verdad? ¿Mi hijo haciéndome cumplidos a mí? ¡Ohhhh! ¡Qué felicidad! ¡Y que buenos modales tiene, Joven…!
-Henry. Henry, Señora. Ese es mi nombre…
-Bien, Señor Henry. ¿Y cómo es que conoce a mi hijo? ¿Quiénes son sus padres?
-Ma-Madre, ¿qué es esto? Ja, ja. Parece un interrogatorio y no quieres incomodar a mi invitado ¿verdad? Además… si viniste a verme es porque seguramente tenías algo que discutir conmigo, así que… ¿qué puedo hacer por ti, Madre?
-¡Oh, cierto! Casi lo olvidaba. Tu padre quiere hablar contigo sobre lo ocurrido ayer. Fue difícil pero logramos sobrellevar la situación gracias a tu hermano menor. Él hizo posible que nos dieran otra oportunidad, así que tu padre quiere arreglar los detalles antes del encuentro.
-De acuerdo, si es así, iré a ver a mi Padre cuando termine de atender a mi amigo si no te molesta.
-Por supuesto que no me molesta, cariño. Es bueno ver que por fin tienes amigos más dignos que ese par que siempre está entre platos sucios y que erróneamente llamas amigos. En fin, iré a avisarle a tu padre que estás ocupado y que irás a verlo más tarde. Con su permiso.
-Adelante, Señora – hace otra reverencia.
La madre de Gilbert sale y éste cierra la puerta una vez que ella se ha marchado.
-¿Lo ves? Por eso te dije que quería que te cambiaras antes.
-Oh, por favor, no causes un alboroto. ¿Crees que tu madre hubiera preferido ver a una sirvienta almorzando contigo que a un noble?
-B-bueno… no puedo negar que tienes razón en eso… aun así, será mejor sacarte cuanto antes.
-No quiero menospreciar el esfuerzo de tus amigos por conseguirme algo de ropa pero… ahora que tu madre me ha visto aquí, sería muy sospechoso que luego vieran salir a una sirvienta de este lugar.
-Mmm. Puede que tengas razón. Ella dijo que le diría que estaba ocupado con un amigo… así que… si nadie te ve salir de aquí… sería… extraño – lanza un suspiro – pues… ni hablar. Creo que ahora tendrás que salir vestido como un niño de aquí.
-Para ser sincera, no me molesta esa idea.
-Lo que a mí me molesta es que ahora estarán preguntándose quién eres tú. ¡Rayos! Tendré que inventar toda una historia gracias a ti… y no sólo eso, tendré que recordar detalles y cosas – vuelve a suspirar.
-Henry Héderváry.
-¿Eh?
-Ese será mi nombre a partir de ahora. Henry Héderváry.
