¡Hola! Ni yo misma me lo creo, pero aquí estamos :) Disfrutadlo, (espero) Yo sí he disfrutado con él. Mucho.
Capítulo 33. ¿El pasado se repite?
"Recordadlo si en algún momento de vuestra vida tenéis que optar entre lo que está bien y lo que es cómodo." – Albus Dumbledore. Harry Potter y el Cáliz de Fuego.
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En un futuro
Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Escocia
"Eres capaz de cambiar las cosas. Eres manipulador y eres brillante a partes iguales. Consumirías una venganza a costa de dejar cadáveres en el camino. Pero te equivocaste al cruzarte en el mío."
La mirada oscura se clavó en aquellos ojos azules atormentados pero tan decididos como que lo siguiente que iba a hacer sería invocar una Maldición Asesina. Sin embargo, aquel que la recibiría de lleno sólo levantó el dedo índice, cubierto por un fino algodón blanco y dibujó en sus labios una sonrisa pero tan ausente de humor que era heladora.
"Olvidas que puedo cambiar otras cosas. ¿Qué te parece, por poner un ejemplo, cambiar la materia muerta y volverla viva?"
El silencio más cortante se hizo entre ellos. Uno burlón, otro horrorizado ante la perspectiva de encontrarse a un Inferius en ella. O algo peor.
"¿Quieres saber si lo he llegado a hacer y dónde está?" preguntó de nuevo, burlón.
"Te estás tirando un farol."
La sonrisa se volvió cruel esta vez. Entornó los ojos oscuros y con la rapidez de un felino, tenía la varita en la mano apuntando directamente.
"¡Legeremens!"
Era más que "leer la mente". Era manipularla, era saborear el sufrimiento y buscar en ella el punto más débil, el momento más íntimo, la situación más embarazosa. Conocer las miserias y las debilidades de tu enemigo, hacer de ellas un perfil para que el menor de los insultos resulte un arma terrorífica.
Su víctima soltó la varita y cayó hacia la mesa de caoba que tenía a su espalda, llevándose la mano a la frente en un intento por bloquear el ataque.
Crack.
Un viejo elfo doméstico traía a un mago de la mano. Un mago alto, de cabellos negros y alborotados y unas gafas que no podían ocultar el color verde y una cicatriz en forma de relámpago. Dio un respingo y soltó por un momento la conexión con su víctima, jadeante y con el peso apoyándose en una mano para evitar caer al suelo.
"Suéltalo." dijo el recién llegado.
"Vete Harry…" susurró con el peso del cuerpo apoyado contra el muro. "Él es mío."
Su atacante sonrió de medio lado hacia el joven pelirrojo.
"Y tu querida novia muerta podría ser un bonito Inferius." No esperó respuesta, tan sólo se volvió hacia el recién llegado con frialdad. "¿Y ahora me hablas de tú a tú, Potter?"
"Lo sé todo de ti. Olvidas que soy el heredero de Sirius Black."
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Sábado 2 de enero de 1999
Callejón Diagón. Londres
La noche era fría y caía un aguanieve que podría amenazar nevada en la madrugada. No había más que algún vigilante aislado y alguna tienda que mantenía la luz encendida de sus escaparates, o incluso en algunas porque sus dueños seguían dentro. Hasta El Caldero Chorreante tenía casi todas las luces apagadas u ocultas tras las ventanas. Una noche gélida, ideal para salir fuera en el más absoluto anonimato.
Sintiendo que no estaba solo, en la callejuela de la parte de atrás de Madame Malkin, una varita obedeció la orden de un poderoso hechizo; pocos iban a ver que un vapor plateado tomaba la forma de un felino cuyo fulgor tenía un efecto curioso bajo el aguanieve.
Girando la muñeca, la figura incorpórea dio media vuelta para regresar a su origen y disolverse bajo la mirada atenta de quien lo había convocado.
"¿Quieres otra prueba de identidad?" preguntó en voz baja Shacklebolt bajando ligeramente su varita para evitar cualquier señal de amenaza pero sin dejar de lado la cautela.
"No. Eres Kingsley." Contestó la figura embozada. Parecía que estaba viendo a un mortífago, si no fuera porque la máscara plateada inconfundible no era visible. De hecho, ni siquiera el rostro del misterioso personaje se dejaba ver.
"Vale. ¿Ahora vas a presentarte tú?"
"No hace falta." Una mano blanca y delgada tiró más aún de la capucha y bloqueó cualquier oportunidad de identificación visual. La lluvia seguía siendo persistente y muy incómoda.
"Impervius." Murmuró Kingsley, bloqueando el paso del aguanieve a los dos. "Ya lo creo que hace falta; no voy a quedarme aquí charlando con alguien que no se presenta debidamente."
Shacklebolt casi pudo escuchar la sonrisa.
"Sabes quién soy de sobra."
"Pero no me has dado pruebas. Podrías soltar tu Patronus y estaríamos en paz."
"No puedo convocarlo. No…" la figura oscura calló un momento antes de continuar. "No puedo."
"Qué oportuno." Murmuró sarcásticamente Kingsley y extrajo su varita con cautela mientras empezaba a alejarse. "Entonces no tenemos mucho que hablar."
"¡Espera!" ordenó el personaje encapuchado. "Mi patronus siempre ha sido una cigüeña. Pero hace tiempo que no toma forma corpórea."
Kingsley simuló una sonrisa secreta adquiriendo un tono de curiosidad calmada.
"¿Por qué me has citado aquí, Percy?"
Percy Weasley se retiró la capucha y por primera vez, unos ojos conocidos vieron cara a cara al hijo pródigo, al hermano fugado, al amigo desaparecido. Kingsley le conocía bien de haberse topado con él en el Ministerio y de haber visto fotografías que había facilitado sus padres durante este periodo de búsqueda que se había prolongado ya casi nueve meses. Era el mismo joven de casi veintitrés años, las mismas gafas y el mismo cabello cobrizo que era marca de la casa. Pero las gafas no tapaban unas ojeras profundas y una mirada triste pero curiosamente, con un brillo producto de una ambición personal que Kingsley no acertó a adivinar. Ese brillo, en otras circunstancias, habría sido debido a sus intereses profesionales y a sus objetivos de algún día llegar a ser alguien importante en la estructura ministerial. Ahora no estaba ya tan seguro de que ésa fuese su ambición prioritaria.
"No me suelo dejar caer por esta parte del Callejón Diagón. No como hago habitualmente…" añadió con un labio torcido. "Tenía que decirte la verdad, Kingsley. Ahora mismo mi principal objetivo es dar con quienes mataron a Penelope. Nada más me importa, nada."
Kingsley entornó los ojos y se echó más hacia las sombras de la callejuela en cuanto sintió a una pareja de magos pasar por la calle principal. Percy volvió a cubrirse con la capucha y habló en voz tan baja que era apenas un susurro.
"Me da igual qué conclusiones habrá sacado el Ministerio de Magia, ni sé por qué me persigue. Pero yo sí sé la verdad y la verdad es que yo no maté a Penelope." Se interrumpió y a pesar de las sombras en las que se ocultaba, Shacklebolt pudo adivinar la ráfaga de dolor que se le cruzó por la cara. "No es cierto, yo sí la maté. Técnicamente al menos."
Antes de que Kingsley pudiera abrir la boca para protestar o pedir alguna explicación, Percy levantó la mano, delgada y pálida, pero con un pulso sorprendentemente firme.
"Yo sugerí el puesto que ocupó Penelope en el Ministerio. Yo entregué en persona su solicitud para el Departamento de Criaturas Mágicas." En este momento, levantó la cabeza y la mirada cambio a una carente de emoción, vacía como la de un cadáver. "Quien movió todos los hilos para que fuese Penelope la elegida en el proceso fue Dolores Umbridge. Ella fue quien quiso que fuese Penelope la encargada de trabajar en el Departamento. Y quiso que fuese ella por ser hija de muggles."
Kingsley entornó los ojos y su voz se hizo un poco más dura.
"Weasley, lo que sugieres es que la Ministra fue la que orquestó el ataque que sufristeis. Debes tener pruebas más consistentes y no sólo una sensación personal de aversión hacia ella." Se guardó prudentemente para sí las ganas de acompañarle en el sentimiento a ese respecto, pero lo hizo sobre todo para no implicarse emocionalmente en una situación que podría ser sólo fruto de un trauma personal que estaba sufriendo.
"Esa noche yo no debería haber estado con ella. Esa noche yo tenía una cena con mi familia pero vi a Penelope muy agobiada y decidí quedarme."
"¿Qué ocurrió esa noche?"
Percy levantó los ojos azules y los labios se contrajeron; no mostró dolor, ni rabia, ni ira. Era como si ya hubiese pasado por todo un espectro de emociones y ya no sabía ni qué sentir.
"Penelope autorizó una importación que se había hecho legal. Pero totalmente irregular. Ella me advirtió y…" Percy se interrumpió, negando con la cabeza. "Ya da igual." Dio un paso atrás. "Voy a ir a por esos hijos de puta, Kingsley. No te pongas en mi camino, ni tú, ni mi familia, nadie."
Kingsley volvió a rescatar su varita para mostrarla sin apuntar directamente.
"Ten cuidado, Percy. Si estás implicando lo que creo que estás implicando, tendré que detenerte aquí mismo."
"No. No lo harás." Percy sí levantó su varita. "No quiero hacerle daño a nadie, sólo quiero llevarlos ante el Wizengamot… o lo que quede de él que no esté corrupto… Todo se ha precipitado…" Kingsley arrugó la frente cuando oyó la retahíla casi incoherente del joven, pero no se sintió directamente amenazado a pesar de la varita apuntando en su dirección. "…pero no voy a detenerme ahora. No os pongáis en mi camino ni hables de esto con nadie. Volveré, algún día, y daré explicaciones pero no ahora."
Dicho eso, y antes de que Kingsley pudiese reaccionar, Percy movió el otro brazo y Kingsley maldijo cuando Weasley había utilizado uno de los trucos de sus hermanos gemelos, los Polvos Peruanos de Oscuridad Instantánea. Inmediatamente invocó un hechizo de viento para que se esfumara la oscuridad, pero para entonces ya era tarde. Percy Weasley había huido.
Pero internamente, Kingsley se sorprendió a sí mismo al admitirse que no es que hubiese hecho demasiado para evitar que escapara.
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Residencia de Augusta Longbottom
Augusta dejó a un lado el libro que estaba leyendo y acomodó mejor uno de los cojines en su espalda, soltando algunas maldiciones entre dientes.
"Abuela, te traigo el té."
Neville entró despacio, muy despacio en la sala de estar de su abuela y colocó la bandeja sobre la mesa como si el tiempo fuese a una velocidad ralentizada. Emitió inconscientemente un suspiro de alivio al ver que la bandeja había llegado a su destino intacta y sin haber derramado la tetera en el camino.
"Gracias, Neville." Dijo su abuela girando la cabeza sobre el respaldo del sofá de tres plazas donde estaba recostada. "No me pongas leche, estoy un poco pesada de estar tanto en reposo."
"¿Sin leche?" Neville se sorprendió, pero hizo como le había pedido. Vertió con cuidado el té en una de las tazas y su abuela directamente la acercó con la varita. Neville entonces pasó a sentarse en uno de los butacones que quedaban frente al sofá para quedar también junto a la chimenea.
"¿Qué tal la reunión?" preguntó Augusta.
"Bien." Respondió Neville. "No es que hayan dado grandes explicaciones, pero al menos sí hemos sabido que las víctimas que tuvieron ataques como el tuyo eran magos de sangre pura. Moody piensa que ahora apuntarán hacia muggles o hijos de muggles."
Augusta dio un pequeño sorbo y esbozó una mueca por la temperatura, antes de contestar a su nieto.
"No era ningún hijo de muggle, ahora que no vengan con esas. No podemos esperar otra cosa de un Ministerio regido por una mujer que odia directamente todo lo extranjero, lo no humano o lo muggle. Lo que me hicieron era una campaña de simpatización con su causa, por eso han elegido magos de sangre pura."
"Como esa ley rara que dice que ahora tenemos que ir vestidos como magos decentes en lugares mágicos. Y luego está Hogwarts…" murmuró Neville. Levantó la mirada y alzó la barbilla. "Averiguaré quién te atacó abuela. Te lo prometo."
Augusta dejó la taza en la mesita auxiliar y se recostó.
"Me importa más que finalices tus estudios, Neville. Ven aquí."
Neville se acercó a su abuela y ella hizo sitio en el sofá.
"Sé que puedo contar contigo. Pero no te preocupes por mi, yo estaré bien, siempre y cuando esos malditos sanadores no vuelvan a recetarme poción anestesiante con sabor a Hinkypunk." Le apartó un mechón de cabello castaño de la cara, en un gesto inusualmente cariñoso por parte de ella. "Ayuda a Kingsley, a Harry, a Minerva. Pero no pierdas nunca el rumbo."
"No, abuela."
"Bien". Murmuró ella satisfecha. "Ahora te tengo que contar algo interesante."
"¿El qué?" Neville arrugó la frente y estiró un poco la espalda, prestando atención a su abuela y su extraño tono, entre confidencial y grave.
"En San Mungo pasé un tiempo interesante junto a Wilhelmina Grubbly-Plank."
Neville palideció y su expresión curiosa se volvió en una casi culpable. Se había olvidado, por completo de ella. Aunque desconocía qué tenía que ver eso con su abuela y con él.
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Grimmauld Place, 12. Londres
Hay un rincón de la sala de lectura que a Luna le gusta especialmente. Bajo uno de los ventanales hay un pequeño sofá cuyo tapizado, reparado convenientemente, es mullido y blandito, ideal para que una dama de sangre pura como alguna mujer Black se siente a contemplar nostálgicamente por la ventana, como el retrato de una mujer del siglo XIX suspirando por su amor ausente.
A Luna le provocaba curiosidad porque se sentaba y miraba la calle muggle y no lograba comprender qué podría querer observar un Black, o una Black, más allá de las pesadas cortinas. Si es que alguna vez esas cortinas estaban abiertas, claro.
Dada la época del año, empezaba a echar de menos las lucecitas muggles que parpadeaban con mil colores a través de los ventanales vecinos. Eran tan interesantes como los Helipaths y estaba segura de que sus llamas brillaban tanto como esas lucecitas. Podría quedarse ahí mirando, horas y horas.
Dio un pequeño respingo cuando se dio cuenta de que ya hacía mucho rato que la reunión de la Orden había concluido y que tenía que marcharse a casa. Pero en ese momento, Ron pasó a la sala con las manos en los bolsillos y se dejó caer en el asiento junto a ella.
"¿Qué haces?" preguntó él con un bostezo.
"Pensaba que las lucecitas muggles brillan tanto como los Helipaths." Mencionó Luna mirando con tranquilidad hacia las ventanas de los edificios muggles que se divisaban desde su sitio. "Y que me tengo que ir ya." Añadió, como si fuese parte del mismo tema de conversación.
"Ah." Dijo Ron. Arrugó la frente. "¿Ya te vas?"
Luna bajó la pierna sobre la que estaba sentada y siguió con la cabeza apoyada en la mano, cuyo codo estaba en la repisa del ventana. Esbozó una pequeña sonrisa y asintió. Ron resopló.
"Pues qué bien. Ahora resulta que me quedo solo con Harry y Ginny. Vaya rollo." Protestó. Pero no esperó que Luna contestara; sólo alargó una mano y tocó el pelo rubio de Luna, que caía en largos mechones sobre su espalda. Ella no se sobresaltó ni se quedó inmóvil. Sólo miró con curiosidad a Ron.
Él detuvo el movimiento, sorprendiéndose incluso él mismo de una reacción tan peculiar.
"No pares." Dijo ella "Me gusta."
Ron sólo se aproximó y retomó la caricia, intrigado porque Luna no había temblado, ni se había ruborizado, ni había esbozado una sonrisa estúpida como hacían algunas chicas. De hecho, incluso las había visto en su hermana y en la propia Hermione algunas veces. Sobre todo en Ginny cuando barboteaba insoportablemente sobre Harry, antes de que ella entrara en Hogwarts (o incluso después).
De improviso ella giró la cara y le sonrió.
"¿Recuerdas la primera vez que hablamos?"
Ron arrugó la frente y paró un momento el movimiento de su mano.
"Uh… no."
Luna rodó los ojos y irguió un poco la espalda. Inclinó la cabeza hacia Ron.
"Imistaste muy bien a Goyle. Todavía me río con lo del culo del babuino."
"Es que se parece al culo de un babuino." Respondió Ron sin pestañear y sorprendentemente solemne, como si no encontrara ahí ningún chiste. "Lo dije en serio."
Luna abrió aún más sus ya de por sí grandes ojos y soltó una carcajada; por el contrario, Ron alzó una ceja confundido, exactamente igual que hacía ya más de tres años.
"También te dije otra cosa." Dijo finalmente ella, en el tono confidencial que adquiría cuando le hablaba de bicharracos imaginarios.
Ron torció la boca hacia un lado, intentando acordarse de algo que no tenía grabado en la mente. En esos momentos era cuando más echaba de menos a Hermione. O sus absurdos calendarios y horarios que te recuerdan todo lo inútil, como saber cuándo hay que ponerse a estudiar para un examen que está programado para dentro de cinco meses.
"No me acuerdo. Sólo me acuerdo de la planta esa Nimblebut… Bimbulus… bah, la cosa esa que tenía Neville y que se supone que es una planta."
"Es una Mimbulus mimbletonia." Dijo ella tranquilamente.
"Ya, vale. ¿Para qué demonios llaman así a las cosas? ¡¡Es imposible recordar esos nombres!!. Como los de tus bichos… no hay quien recuerde cómo demonios se llaman."
Luna sin embargo sonrió como si Ron estuviera diciendo cosas verdaderamente exóticas.
"Eres muy gracioso, Ronald." Ron alzó la ceja porque definitivamente, estaba hablando sin proponerse ser gracioso. Luna sin embargo, continuó. "Pero sigues sin acordarte de lo que te dije. Te mencioné que fuiste al baile con Padma Patil."
"Ah… eso…" Ron se encogió de hombros, como si ese detalle fuese irrelevante. "Ahora que lo dices, siempre me pregunté a cuento de qué sacaste ese tema."
"Sólo quise saber si ella te gustaba. Ella estuvo muy enfadada contigo porque no lo pasó bien en el Baile de Navidad."
"Bah, ahora ya no importa." Dijo Ron. Agarró la punta de un mechón de pelo de Luna y lo toqueteó entre los dedos, pensando en ese Baile. "Fue una idiotez de baile y no. No me gustaba Padma. Me cae bien y todo eso, pero es que yo no tenía pareja y sería un cenutrio si iba sin pareja, como Crabbe o Goyle."
"Quisiste ir con Hermione Granger." Contestó Luna sin preguntar.
Ron detuvo el movimiento del mechón y lo observó un momento. Después sonrió y clavó los ojos zarcos en los de ella.
"Te equivocas. Quise ir con Fleur Delacour. Sí, mi cuñada." Ron rodó los ojos y sacudió la cabeza ante lo absurdo. Pero la sonrisa se le cambió ligeramente. "Debe de ser que en el fondo a mi me gustan las rubias."
Luna no dejó de mirarle, unos segundos y abrió los ojos cuando Ron fue quien se acercó a ella y le dio un beso en los labios. Era casi tentativo, como si estuviera comprobando si eran tan delicados como Luna: pequeña, delgada, pálida, suave. Impredecible. Extraña. Idealista.
Efectivamente, Luna sí que le respondió al beso y susurró algo así como que "hay nargles, ahí arriba."
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Malfoy Manor. Wiltshire, Inglaterra
"Esto está muy cambiado…" murmuró Hermione cuando pasó. "Muy cambiado." Dejó en el suelo el transportín de Crookshanks, que estaba un poco nervioso porque quería salir ya a disfrutar de su horario nocturno.
"Ya ves." Contestó Draco echando el cierre en las puertas y repasando que ya las cortinas estuvieran echadas. "Mi madre cambia la decoración de vez en cuando. Ya sabes… nos gusta decorar a los de sangre pura. Sacar brillo a nuestra cubertería de plata goblin. Que nos retraten afamados pintores magos…"
Hermione no tocó nada del recibidor; agradeció que la temperatura de la casa fuese tan cálida. Era sorprendente, para una mansión de techos tan altos y estancias tan… solitarias. Supuso que los elfos, o la magia, o ambas cosas, era lo que mantenía el hogar tan perfectamente habitable. Estaba claro que no era porque había un buen sistema de calefacción, no en el sentido muggle de la palabra al menos.
Se abrazó a sí misma y siguió repasando con los ojos el lugar. Las paredes realmente no estaban pintadas ni empapeladas, sino cubiertas de seda bordada en filigranas que iban del techo hasta los paneles de madera con la que se cubría la parte inferior de la pared. Sólo se oía el tictac de algún reloj de pared y lo demás estaba silencioso. Se movió incómoda, suponiendo que si había elfos domésticos, estarían, o eso esperaba, durmiendo. Preferiblemente en un lugar igual de caldeado que la mansión, pero no se atrevió a preguntar porque no estaba segura de si le gustaría la respuesta.
"Ven por aquí. ¿Tienes hambre?" dijo él entrando en un salón enorme con varios sofás y una enorme mesa de comedor al otro lado. No había ruido, la moqueta era tan blanda que amortiguaba completamente los pasos.
"No… ya cené en casa de Harry. Sólo quiero ir a dormir. Mañana quiero recoger las cosas y preparar el regreso el martes. Quiero despedirme de mis padres…"
Sin embargo, Malfoy soltó las cosas en el sofá y levantó la cabeza, con una expresión peculiar.
"¿Qué pasa?" preguntó ella, pestañeando.
"Es extraño. El reloj se ha parado."
"¿Qué reloj?" Hermione irguió el cuello como si eso le permitiera tener mejor oído y alzó las cejas levemente, al constatar que, en efecto, ya no oía el tic tac del reloj.
"Ya estamos…" dijo ella poniendo una mueca incómoda. "No debí venir. Ahora me caerá la maldición de los Malfoy encima o con un poco de suerte, el reloj entero se echará sobre mi, como ese de los Black que tenía Harry. ¿Pero qué le pasa a las casas mágicas purísimas durante siglos y siglos de… más pureza?" exclamó ella.
En ese momento, se oyeron toses muy oportunas detrás de algunos visillos que ocultaban algún que otro retrato distribuido por las paredes. Hermione se calló y torció la boca. Draco sin embargo alzó las cejas, con curiosidad, olvidando el desconcierto anterior.
"¿Estás comparando mi casa con la casa decadente de Potter?"
"Menos humos." Contestó ella, también olvidándose del reloj y los retratos ocultos. "Prefiero casi Grimmauld Place. No me amenaza… al menos ya no."
Draco entornó los ojos y su gesto se hizo casi ofendido.
"Te dije que no te pasaría nada en mi casa. Que manía tienes con meterte conmigo."
"No me meto contigo." Ella volvió a recoger su bolsa. "Sólo me meto con tanto prejuicio y tanta mala leche acumulada en un mismo lugar."
"Ya, pero no te importa que eso pase en Hogwarts. Mira como están todos de nerviosos." Comentó él, todavía manteniendo que no era justo que su casa recibiera siempre los palos. "Ese elfo que se petrificó, o los enanos que fueron atacados, o tú misma o la Weasley…"
Hermione bajó los ojos e inclinó la cabeza.
"Es verdad… es como si… como si las casas, los lugares mágicos, reaccionaran extrañamente ante la presencia de un extraño. ¡Tienes razón, Malfoy! ¿Crees que eso también le puede pasar a Hogwarts?"
"¿Un extraño?" él alzó una ceja. "¿Quieres decirme si es normal que se presente un criajo con una cicatriz en forma de relámpago con un destino profetizado por la abuela de una lunática, o que un licántropo sea profesor," Hermione abrió la boca para protestar, pero él continuó. "…un semigigante que casi me mata al darme clase… o…?"
"Como digas que sangre sucias infestando el Colegio, te mato." Dijo ella con los labios fruncidos y evidentemente furiosa.
"No…" Draco rodó los ojos. "Escúchame. Eso es así, te gustará o no, pero lo que he dicho es verdad. ¿A ti te parece normal?" preguntó él. "¿He mentido acaso?. ¿He exagerado?"
Hermione cambió el gesto y giró la cabeza porque no quería darle la razón. Al menos no cuando las referencias que él había dado eran sobre sus amigos, personas a las que ella quería de verdad. Hogwarts no podía reaccionar ante eso, la magia tenía parte buena y parte mala, te daba alegrías y también podía generarte disgustos. Para ella, criada por muggles, el hecho de hacer volar por los aires una pluma sólo con la ayuda de un pedazo de madera era un acontecimiento extraordinario. A alguien como Malfoy eso le parecía una cosa tan habitual como para ella que un ascensor se elevara al accionar su botón.
"No…" ella suspiró. "No me refiero a eso." Se apoyó en uno de los sofás junto a él y se aferró a la bolsa que acababa de colgarse. "Quiero decir, cuando se descubrió que hubo un basilisco en Hogwarts, se produjeron hechos extraños… lo de las arañas, lo de Myrtle…"
Draco giró la cabeza para mirarla. Se acordó de Myrtle; sí, La Llorona, se acordó de ella y de antes de haberla conocido pensaba que era probablemente el fantasma más patético de todo Hogwarts, y eso contando al botarate del Fraile Gordo. No sabía, hasta que no habló con ella, que ese fantasma, esa chica, había sido una Hufflepuff descerebrada, sino una Ravenclaw. Y sí, sangre sucia.
Se asustó al pensar que, de todo el Colegio, de todo el mundo, sólo había confiado en un fantasma, el de una sangre sucia que paradójicamente, había muerto a manos de quien estaba continuando el legado de Salazar Slytherin. Era como todo contradictorio en él mismo y se dio cuenta entonces, cuando lo pensó. Con doce años anheló que, si existía verdaderamente esa Cámara y su bestia iba a cazar sangre sucias, la primera víctima fuera Granger. Unos años más tarde, cuando él mismo tenía que ayudar… servir… al heredero de Slytherin, a quien ocasionó todo y precisamente mató a Myrtle, la única persona… fantasma… que le ayudó fue precisamente la víctima del Señor Tenebroso.
Fue una época tan aterradora, tan desconcertante, que ahora era lo que era por esas experiencias.
"¿Malfoy?" preguntó ella cuando se dio cuenta de que él estaba con la mirada fija en ella, pero sin verla. Sumido en todos esos recuerdos. Él pestañeó un par de veces para salir de su ensimismamiento y regresó al momento, a Malfoy Manor.
"¿Qué estabas diciendo?" preguntó él.
"Lo de los hechos extraños. Es como si…"
"La historia se repitiera." Concluyó Draco.
Hermione abrió la boca ligeramente. Entornó los ojos y los cerró, pensando que había estado tan, pero tan metida en su propia vida que había perdido la perspectiva de lo que había alrededor.
"Hay algo en Hogwarts." Dijo Hermione. Se aferró a la mano de Draco y enlazaron los dedos, como si fuese algo natural. "Y… hay algo más."
Él movió la cabeza como animándola a que se explicara.
"Hay algo más…" Hermione se sintió frustrada, como cuando tuvieron que localizar a Nicholas Flamel, como cuando quería averiguar cómo hacía el basilisco para moverse por Hogwarts sin que nadie se diera cuenta. "Y no logro dar con ello." Pero levantó los ojos. "Al menos me has dado un poco de ayuda."
Draco se irguió un poco como si fuese a decir, "¿yo?. Ah, claro, ya lo sabía."
"Al traerme aquí, sin saberlo, me has confirmado algo. Que sí, que algo pasa en Hogwarts, hay algo ajeno, extraño y fuera de lo común." Miró intencionadamente a Draco y adivinó su propósito de decir una de sus coletillas. "Más fuera de lo común. Y también me has hecho recordar algo. Algo de Harry."
Él no soltó la mano pero rodó los ojos y resopló.
"No tengo nada que ver con Harry."
"Ya. Lo que tú digas. Sois casi primos." Dijo ella perversamente.
"Una mierda."
"Lo que tú digas." Dijo ella. "Pero tengo que hablar con Harry. Una chimenea vendría estupenda."
"Eso es fácil." Dijo Draco encogiéndose de hombros. "Tengo muchas."
"Ya." Dijo ella torciendo la boca. "Apuesto a que los ricos herederos de sangre pura hacéis competiciones sobre eso. Cuántas chimeneas, cuántas escobas, cuántos elfos domésticos…"
Draco sólo gruñó, y la llevó de la mano hacia las escaleras.
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"¿De verdad quieres que te cuente de qué iba ese sueño?" preguntó la forma ignea de la cabeza de Harry, a los pies de la enorme chimenea que tenía Draco en su dormitorio. "Yo qué sé, fue hace un montón. No me acuerdo."
Hermione estaba inclinada sobre la chimenea y Draco estaba apoyado de espaldas contra la repisa, mirando de lado hacia las brasas con forma de Potter.
"Dijiste que… viste a Ginny, que viste la Cámara, a Sirius… que te acusaban de que estuvieran muertos por tu culpa…"
"Pues ya te acuerdas mejor que yo." Contestó Harry. Hermione hizo un gesto de decepción, pero intentó su último cartucho.
"Mencionaste que soñaste también con el profesor Binns."
Harry abrió ligeramente la boca y las brasas se movieron como si estuviese asintiendo despacio, recordando escenas de ese sueño.
"Sí… soñé que me dijo…"
"Que la historia se repite." Finalizó Hermione y miró intencionadamente a Malfoy. Él no dejó de estar apoyado contra la repisa con las manos en los bolsillos. No varió su expresión pero demostraba estar picado por la curiosidad y lo que quería decir todo esto.
"Sí." Dijo Harry. "Aunque textualmente, dijo 'el pasado se repite'." Se quedó callado unos instantes, procurando poder recordar algo más. "¿Por qué me preguntas ahora esto?"
"Ya te informaré cuando tenga más pruebas de todo."
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Grimmauld Place, 12. Londres
Harry se sentó en el sofá y apoyó los pies en la mesita que tenía delante. Torció los labios entre sorprendido y extrañado porque Hermione le hubiera sacado un tema tan peculiar. ¿Por qué diablos le preguntaba a estas alturas sobre un sueño que tenía medio olvidado y que tuvo hace casi un año?
Ginny bajó las escaleras en bata y con el pelo recogido en una cola de caballo. Caminó con cuidado y no encendió las luces, dejó sólo que estuvieran iluminados por la chimenea y una lámpara de pared que Harry había encendido seguramente al llegar.
"¿Ocurre algo, Harry?. ¿Qué quería Hermione?"
Ginny se sentó junto a él y encogió la piernas para acurrucarse a su lado. Él le pasó la mano por los hombros y echó la cabeza hacia atrás, sin tener demasiado sueño.
"Quería preguntarme por un sueño… uno que tuve hace un año, salías tú, y Ron, Sirius… la Cámara…"
Sintió que Ginny se estremecía y dejó de hablar del tema. Inclinó la cabeza un poco para intentar verle la cara, pero al tenerla apoyada en su hombro, le fue imposible.
"Qué raro… ya le preguntaré por qué sacó ese tema." Dijo ella finalmente. "¿Y qué hay de Shacklebolt?" preguntó ella.
"¿Qué le pasa?"
"También hablaste con él. Sólo quería saber por qué."
Harry vaciló. Le podía decir la verdad, que quería ayudarle con Hogwarts y controlarlo. Quería saber qué diablos ocurría porque sospechaba que tener a una auror de profesora no iba a ser nada sencillo de justificar ante el Ministerio. "Eso déjalo de mi cuenta." Le había dicho Kingsley al acabar la conversación.
Sobre todo, quería hacerlo por Ginny. Quería encontrar a Percy y quería saber qué le ocurría a ella para estar tan afectada por hechos peculiares que habían ocurrido durante los últimos tres meses en el castillo.
"Le dije que quiero ser auror, que quiero que cuente conmigo."
Ginny levantó la cabeza y miró seriamente a Harry.
"No me mientas."
Harry abrió los ojos verdes sorprendido.
"No estoy mintiéndote."
"Bueno, corrijo: no me ocultes nada." Rectificó Ginny.
Harry le echó el brazo y la llevó hasta él.
"Me conoces bien, ¿eh?"
"Sé que te propones algo y quiero saber qué vas a hacer. Si vas a embarcarte en una de tus heroicidades no quiero que me dejes a mi a un lado. Quiero tener yo la posibilidad de elegir, Potter, no que nadie decida por mi previamente. No necesito otro hermano más, ya tengo seis, gracias."
Harry sonrió.
"Perdóname. Tienes razón." Se incorporaron en el sofá y quedaron sentados prácticamente uno frente a otro, con las manos enlazadas entre ellos. "Le dije a Kingsley que haría cualquier cosa desde Hogwarts para ayudarle, tanto con lo que te ha pasado como para encontrar a Percy."
Ginny se sintió entre conmovida por el gesto, disgustada porque no se lo había dicho a ella.
"Yo también estoy en eso. ¿Qué tengo que hacer?"
Pero Harry contestó casi inmediatamente, como una respuesta automática.
"Nada. Tú no harás nada. Ya te han afectado de sobra las cosas en Hogwarts."
Ginny apretó los labios y sus ojos marrones brillaron con esa fiereza que tenía cuando quería protestar enérgicamente.
"Te he dicho que no necesito que me protejas, Harry. Esto también me afecta a mi: si lo haces por mi y si lo haces por mi hermano, estoy metida en esto tanto o más que tú."
Harry negó con la cabeza.
"No quiero…"
"No." Interrumpió ella seriamente. "Me conmueve lo que haces y sé por qué lo haces." Las facciones de Ginny se dulcificaron pero no perdió determinación. "Pero recuerda que si es verdad que algo, lo que fuese, me afectaba a mi, tenemos más oportunidad de averiguar qué diablos ocurre si estoy también metida en el tema."
"¿Quieres hacer de cebo… o algo así?" preguntó casi disgustado Harry.
"Sólo digo que si me tiene que ocurrir, quiero estar preparada y tener un propósito para que me pase. ¿No crees?" dijo ella con naturalidad.
Harry asintió de mala gana y le tocó la cara.
"Para que luego sólo digan que eres una chica guapa y con muy mala leche que sólo sabe jugar al quidditch." Dijo él sonriendo.
Ginny entornó los ojos mientras se acercaba a él.
"¿Mala leche?" pero le dio un beso y se separó unos segundos de él.
"Te tomo el pelo." Dijo Harry. "Cuando acabe todo esto, me reafirmo: seré auror y tú serás lo que quieras. Y viviremos aquí."
Ginny sonrió y apoyó la frente en la de él.
"Yo seré jugadora de quidditch." Alzó los ojos para mirarle a través de sus gafas y le sonrió. "Y ¿de verdad quieres que vivamos aquí?"
Harry asintió con la cabeza.
"Ya hablaremos de eso. Mejor volvamos a la cama."
En ese momento la puerta se abrió y ambos se incorporaron automáticamente. Ginny maldijo interiormente porque no había bajado la varita y buscó con los ojos cualquier cosa que utilizar como objeto contundente. Había varios de ésos, pero no podía alcanzar ninguno a menos que saltara el sofá o la mesita que tenía delante. Sólo agarró una fuente de cristal que reposaba en la mesa esperando que sirviera de algo contra el intruso.
Harry sin embargo la movió a un lado, casi detrás de él pero no se sobresaltó tanto. Agarró la varita y apuntó hacia el intruso con una calma pasmosa. La expresión se había cambiado a una fría y equilibrada, la que adquiría cada vez que se metía en el papel de capitán de Quidditch o en el de improvisado monitor del Ejército de Dumbledore.
"¡Anda, estáis despiertos!" era Ron, que llegaba cubierto por abrigo y la bufanda. Pasó al salón con la nariz roja por el frío y Harry, al verlo, bajó la varita con una expresión aliviada.
Ginny soltó la bandeja y se cruzó de brazos, como había hecho siempre su madre cuando llegaban tarde de un día de juegos fuera de casa.
"¿De dónde vienes?"
Ron se quitó el gorro y se sacudió el pelo para quitar restos de agua y escarcha de la noche y se desanudó la bufanda que tenía alrededor del cuello.
"He acompañado a Luna a su casa. Iba a quedarme a dormir en La Madriguera pero no me fío de vosotros aquí solos. Además, tengo mis cosas aquí." Contestó él.
Harry asintió y se guardó la varita en la cinturilla del pijama.
"Ya hablaremos mañana." Tomó de la mano a Ginny y fueron hacia las escaleras. Ginny sin embargo, se dejó llevar pero no dejó de mirar a Ron como si estuviera tratando de emplear la Legeremancia con él.
"Ron tú tienes que decirnos algo…"
Pero Harry tiró de ella para subir las escaleras y se quedó la conversación a la mitad.
"Buenas noches…" dijo Ron con soniquete. Pero al ver que se desaparecían por las escaleras, frunció el ceño como si acabara de recordar algo. Se acercó al pie de la escalera y les gritó: "¡Más os vale dormir en habitaciones separadas!"
Sólo escuchó la risita de Ginny y algo así como que se fuera a algún lugar que no sonaba del todo elegante en labios de una bruja de sangre pura. Ron se apartó de la escalera y torció la boca medio disgustado, medio confundido.
Se terminó de quitar las cosas y las echó sobre el sofá que anteriormente habían ocupado Harry y Ginny y se estiró un poco, pensando que tal vez podría comer algo antes de irse a dormir. Se quedó unos momentos quieto, pensando en lo extraño que había sido Desaparecer para acompañar a Luna a su casa, abrazado a ella y cómo ella había aceptado con la dulzura de la que era capaz. Nunca había pensado que Luna era dulce o delicada. Siempre había pensado que era rara, como si ser rara excluyera el resto de calificativos. Siempre le habían dicho que los Gryffindors eran territoriales y los Weasley particularmente. Nunca había sentido tantas ganas de cuidar de alguien que no fuesen sus mejores amigos o su familia, hasta ese día.
ooOOooOOoo
Malfoy Manor. Wiltshire, Inglaterra.
Finalmente Draco resopló medio resignado, medio cabreado cuando vio que Granger se había quedado dormida entre… qué novedad… una montaña de libros desperdigados por el escritorio de la sala de lectura contigua a la biblioteca familiar.
Se acuclilló a su lado para despertarla y obligarla a ir a la cama.
"Granger… son las dos de la mañana…" dijo él en voz baja. Agachó la cabeza como si estuviese derrotado, recordando automáticamente que Granger dormía como una auténtica marmota y que por eso no madrugaba nunca si no era necesario. Con cuidado, se agachó para cargarla hasta el dormitorio y lo que fuese que estuviera investigando, ya lo terminaría al día siguiente. La cabeza de ella se inclinó hacia su hombro, pero no abrió los ojos. Él tan sólo tocó con cuidado el pelo de la frente, con la suavidad de una pluma, en un gesto que había convertido en algo propio. Y como esperaba y deseaba, ella no se despertó.
Cuando la depositó en la cama y ella perdió el contacto cálido de su cuerpo, abrió los ojos y suspiró medio dormida. Se quitó la bata y las zapatillas y dejó caer la cabeza sobre la almohada.
Almohadas.
"Malfoy…" murmuró contra la almohada que tenía bajo la mejilla. "Demonios… ¿cuántas almohadas necesitas para dormir?" preguntó con los ojos cerrados, más dormida que despierta.
Él sonrió ante lo absurda que podía ser la cerebral Granger cuando estaba dormida. O incluso borracha. Pero aún así, en ese estado, ella se había dado cuenta de que la enorme cama que tenía Draco en su dormitorio tenía cinco almohadones y dos cojines a juego con el sofá y la colcha y colocados en tres-dos-dos, casi como un equipo de quidditch practicando una jugada con una disposición determinada en el estadio.
Se retiró las zapatillas y se metió en la cama. Las luces se apagaron.
ooOOooOOoo
"¡¡NO!!"
Hermione se incorporó de un salto cuando escuchó la voz de una mujer al exclamarlo… o tal vez un niño. Draco sin embargo estaba dormido a su lado y no pareció haberse dado cuenta.
Tomó la precaución de recoger la varita que tenía el abrigo que había dejado en el bolsillo interior de su abrigo perfectamente (o imperfectamente, según los estándares de elegancia Malfoy) mágico. La puerta estaba cerrada y aunque el dormitorio era grande y espacioso, no era posible que alguien estuviera ahí dentro. Seguramente lo había soñado.
El dormitorio estaba oscuro, aunque habían dejado una cortina descorrida; daba a uno de los balcones más amplios. Por ahí pasaba la tenue luz de los globos de los jardines de la mansión; pero no se atrevió a convocar un Lumos para evitar despertar a Draco.
Decidió que lo mejor era irse a dormir de nuevo, cuando a su espalda, escuchó unos toquecitos en el cristal.
Toc toc toc toc toc
Alguien golpeaba con los nudillos en el cristal de una ventana.
Apretó la varita y sintió la carne de gallina por todo el cuerpo, recorriéndola con un escalofrío. Se dio la vuelta hacia las ventanas ocultas y en una de ellas vio una cara, con una sonrisa de máscara, no pestañeaba. Sólo seguía mirándola fijamente, sin dejar de dar golpes en el cristal, con un gesto continuo y una sonrisa heladora.
Toc toc toc toc toc
¡¡NO!!
Draco fue quien se incorporó de golpe y miró hacia el otro lado de la cama. Hermione estaba sentada con una expresión sorprendida y la mano en el corazón. Miró a Draco con el ceño fruncido y la expresión asustada y perpleja.
"¿Qué pasa?" preguntó él. Movió la varita para que la lámpara de la mesita se iluminara. Se incorporó mejor e inclinó la cabeza. "¿Qué pasa?" preguntó de nuevo.
Hermione sólo miró con desconfianza hacia la ventana donde creía haber visto a alguien.
"¿Esta casa… es segura?"
Draco alzó las cejas levemente.
"Sabes que sí. Nadie puede entrar aquí sin permiso y sin que lo sepa."
"He soñado que había alguien en esa ventana, que me miraba con una sonrisa odiosa, y no dejaba de dar golpecitos aterradores en el cristal."
Él hizo un movimiento con la varita y la cortina se echó para tapar el ventanal.
"He insonorizado los cristales. Si hay alguien no podrá entrar ni podrá llamar a la puerta ni a los cristales. No te preocupes." Añadió. "Es sólo un sueño raro. No sueñes cosas raras, no seas como Potter."
Ella sonrió tristemente y pensó que soñaba a veces cosas raras, incluso a veces con él. Pero si se lo decía se lo tomaría encima como un cumplido a su más que hinchado ego. Él la empujó hacia los almohadones y se tumbó a su lado. Hermione inclinó la cabeza con tristeza, olvidando el sueño temporalmente.
"Tu casa me odia. Lo sabes. Me odia."
"No es verdad." Dijo él.
Pero ella sólo suspiró.
"¿Por qué me has traído aquí?" dijo ella, pasando de apoyarse sobre la almohada a apoyarse en su hombro.
Él no respondió inmediatamente. Al final, tendría que saberlo. Movió la cabeza hacia ella y sólo hizo una pregunta simple.
"¿No lo sabes aún?"
Ella arrugó la frente, despistada. Las comisuras de sus labios se torcieron hacia abajo en una mueca que mostraba su ignorancia sobre el tema y por fin negó con la cabeza.
Él torció la boca, un poco sorprendido porque ella fuese a veces tan ingenua en algunas cosas pero concluyó que serían producto de la inseguridad ante todo.
"Algún día quisiera que viviéramos aquí."
Ella abrió los ojos completamente desconcertada y tardó un poco en asimilar lo que creía que él le estaba diciendo.
"Me estás tomando el pelo." Dijo ella finalmente, afirmando más que preguntando. Era algo a lo que no quería enfrentarse y negó con la cabeza, como si negara la realidad. "No digas eso."
"¿Por qué no?" te dije que conmigo estarías a salvo, que nada de lo que cambie ahí fuera, ni el Ministerio ni sus políticas, te salpicarán.
Ella se incorporó y le miró, ofendida y dolida.
"¿Quieres entonces que viva contigo… o me case… o lo que sea que estés insinuando, sólo porque hay cierta política ministerial?"
Él se levantó también y quedó sentado en la cama, comprendiendo a qué se refería. Cerró los ojos y exhaló un suspiro.
"No me refiero a que quiera que estés aquí porque como Señora Malfoy estarás a salvo."
"¿Ah no?" preguntó ella casi poniéndose colorada.
"Lo que haga o diga el Ministerio me resbala." Dijo él sin vacilar. "Siempre me ha resbalado" añadió torciendo el labio y recordando a su padre y su particular actitud ambigua frente a todos los bandos. Pero volvió a adquirir un tono más solemne. "Me refiero a que eso lo decidí antes."
"¿El qué?" preguntó ella sin acabar de comprender.
"Pues que te quiero, Hermione."
ooOOooOOoo
Como veis, estoy procurando empezar a dar explicaciones de lo ocurrido en todos los capítulos anteriores. Todavía quedan cosas escondidas en todo este mejunje imposible de misterios y de pistitas. Espero que no estéis hartos de mi, ahora estoy buscando el equilibrio entre mantener el misterio (sin resultar críptica) e ir aclarando otros.
Dejo muchos comentarios en el LJ, así no mareo con ridículas notas de autora en el capitulo. Por si los queréis ver.
Gracias por el apoyo que me dais con mensajes y comentarios. Especialmente: Nell Charentes, Nasirid, Erini, Jenlic, lara evans, aryqueenblack, Yedra Phoenix, EugeArt, Corae, grengras, saav, Pressure, Annirve, fabian37668, StraySoul, norma, Nicole Daiodouji, Isa Malfoy. Me he quedado un poco chafada al ver el repentino bajón en reviews, supongo que será un castigo o algo por mi lentitud. O que la historia está decayendo. O las dos cosas. En fin, yo tengo mis motivos para tardar, vosotros los vuestros para pasar de mi. Así que nada, quien quiera escribirme, yo feliz. Quien no quiera, pues que no lo haga.
Sé que tengo reviews por contestar, lo haré, prometido. Espero que os gustara, y hasta el próximo.
