Ya lo dije en la Nota que puse antes de este capítulo. NO abandono el fic, pero sí que habréis notado que mis actualizaciones se demoran mucho, demasiado. No deseo forzarme a mi misma a actualizar si lo que escribo no me convence. Por eso estoy tardando. Gracias a todas por entenderlo y por vuestro apoyo. Sois un cielo.

Os tengo que pedir algo importante: a partir de ahora os dije que la historia trata de resolver lo ocurrido anteriormente. Por favor, NO busquéis nombres, referencias, etc. en El Diccionario, HP Lexicon, Wikipedia, Google... Sé que hay gente que lo ha hecho (por accidente o a propósito) y directamente se ha cargado parcialmente la historia. Leed como os dé la gana, pero como autora os tengo que dejar clara la advertencia. Si alguien quiere saber qué ocurrirá, que no pierda el tiempo haciendo carambolas e investigando, que me lo pregunte directamente.

Capítulo largo (el que más de todo el fic). Son más de 13.000 palabras.


Capítulo 34. Los cambios (invisibles)

"Era importante, había dicho Dumbledore, luchar, luchar otra vez, y seguir luchando, porque sólo entonces podría lo maligno mantenerse a raya, aunque nunca erradicado totalmente…" - Harry Potter y el Príncipe Mestizo.

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Domingo 3 de enero de 1999

Malfoy Manor. Wiltshire, Inglaterra.

"Lo que haga o diga el Ministerio me resbala." Dijo él sin vacilar. "Siempre me ha resbalado" añadió torciendo el labio y recordando a su padre y su particular actitud ambigua frente a todos los bandos. Pero volvió a adquirir un tono más solemne. "Me refiero a que eso lo decidí antes."

"¿El qué?" preguntó ella sin acabar de comprender.

"Pues que te quiero, Hermione."

Silencio. Ni siquiera se oía el ruido del viento nocturno moviendo las hojas de los pinos del exterior. Sólo se quedó quieta, incrédula, sin reaccionar. Acertó eso sí a pestañear, porque entre otras cosas eso no requería ni un mínimo acto consciente, un pulso voluntario de su propio sistema nervioso; entonces Hermione abrió la boca, casi para tomar aire, casi para exclamar un quedo "oh".

"Malfoy… Draco…" respondió ella. Apenas sabía qué decirle. Tampoco sabía, en ese momento, cómo tenía que llamarle. Tanto tiempo soñándolo, tanto tiempo imaginando cómo sería la situación de verdad. El lugar. Qué tiempo haría. Cómo iría vestida. Si sería un restaurante a la luz de las velas. Si sería a la orilla del Lago de Hogwarts… Ensoñaciones románticas que ella misma se había rechazado y ella misma se había autocensurado. Pero estaba bien soñar, de vez en cuando. Nunca imaginó que fuera a ser así. Casi de casualidad, ni planeado de antemano. Con el pelo enredado por un mal sueño. Precisamente en su casa. Casi sin esperarlo ni mucho menos premeditado, por ninguno de los dos.

Pero tal vez por eso, esencialmente, auténtico. Real.

"No hace falta que me digas que tú también me quieres." Contestó él con acento tranquilo, casi resignado. "Sólo uería que lo supieras, antes de volver al Colegio." Miró por la ventana, y su expresión no varió. "Antes de volver al mundo."

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Lunes 4 de enero de 1999

Lugar desconocido

El día abrió encapotado, pero eso no era ninguna novedad en el país. Aun siendo lunes festivo, perduraba la resaca de fiestas familiares y de alegría por todos lados. Era la época perfecta para introducir cambios perfectos. Saboreó con delectación el té que le habían traído directamente de Ceilán y se recreó en el abundante desayuno que tenía en la mesa.

Tenía delante una copia de El Profeta Diario y de su suplemento semanal. Algunas cartas pero sobre todo, lo más importante, su esquema, su plan, tenía una forma tan real, tan tangible, que parecía ser capaz de poder tocarla con la mano. Enguantada, por supuesto.

Era casi el momento. Pero no había prisa. Ninguna prisa. Era cuestión de días. Abrió la carta con el sello personal de la Ministra y se pasó la lengua por los labios tras dar un sorbo al té. Dejó la taza de porcelana y leyó con calma el contenido de la carta.

Viktor Krum había pedido prolongar su estancia en Bulgaria.

No sonaba mal.

Habían escogido a un sustituto. Más bien "impuesto" a Hogwarts un sustituto.

Soltó una risa floja. Estaba siendo más fácil de lo que nunca había imaginado.

Nunca antes una tostada le había sabido tan deliciosa.

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Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería

Minerva McGonagall se apoyó en el escritorio, llevándose una mano a la frente, por puro cansancio. Junto a ella, un fajo de pergaminos con un montón de tareas pendientes. Personas que tenía que conocer y presentar. Nuevas tareas que encomendar y fácilmente estaba siendo más abrumador de lo que nunca había imaginado.

"Minerva, no te preocupes." Una varita dio vueltas alrededor de unos dedos finos, elegantes, imitando un estilo de majorette que fue un rotundo fracaso, antes de caer al suelo. "Ooops…"

McGonagall levantó los ojos y observó con aspecto cansado tras los cristales de sus gafas.

"Ha sido un poco repentino… Viktor me ha pedido prolongar sus vacaciones en Bulgaria y he tenido que negociar en menos de 30 horas un sustituto. Que encima me han impuesto desde el Ministerio…" McGonagall frunció los labios, disgustada. "Prácticamente como tu caso, la diferencia es que sí que queríamos que tú estuvieses aquí."

Nymphadora Tonks recogió la varita que había tirado escandalosamente y sopló para apartar algunas motas de polvo. Su cabello estaba un poco más largo que lo acostumbrado, en un reluciente color rosa. Sus ojos claros miraron entre disculpándose y desafiantes y su boca se abrió en una sonrisa. Repasó con la mirada el despacho, ignorando los ceños fruncidos desde los históricos retratos y que reprochaban su indumentaria y ante todo, censuraban un cabello tan escandalosamente estridente.

"No importa… será algo transitorio, cuando vuelva Krum, podrás darle al recomendado una patada en el…" Tonks guardó la varita en su túnica de piel marrón y se sentó en una butaca, interrumpiéndose con una sonrisa. "…bueno. Que es sólo algo temporal." Alargó la mano hacia un objeto que reposaba en el escritorio y que parecía una especie de microscopio dorado con una serie de cintas metálicas que marcaban algo así como planetas. Con curiosidad natural, preguntándose si sería un telescopio en versión mini, Tonks hizo la intención de cogerlo, hasta que escuchó una tosecilla oportuna. Torció los labios y se fijó en un retrato de un mago vestido de unas ricas túnicas verdes y negras, de cabello y perilla negra y mirada oscura y fría.

"No hace falta que se ponga así, tatarabuelo… tatarararabuelo, tarataratararabuelo… o lo que sea."

Escuchó que el retrato murmuraba algo así como "lo que me faltaba por oir." Minerva sin embargo chasqueó la lengua para interrumpirles. Lo último que deseaba escuchar era comentarios y reproches de dinastías de familias mágicas. Y Phineas Nigellus nunca regateaba una discusión con esos temas.

"Debo recibir al que será el sustituto de Krum estos meses. Y quiero hacer unos funerales también, por Filch, y por supuesto, el joven Creevey…" Minerva se retorció las manos, nerviosamente. "Debemos aclarar qué está ocurriendo. Sé que algo pasa, pero no logro dar con ello." Miró de reojo el retrato de Dumbledore, y éste sólo hizo una señal con la cabeza, tan sutil y tal ligera que McGonagall se preguntó si la había imaginado. "Luego Filch y su accidente, que ha hecho que tenga que traer a una mujer que le sustituirá y cuya experiencia como celadora es nula."

Tonks se cruzó de brazos.

"Kingsley sabe lo que hace cuando te la trajo. Confía en él. Y no te preocupes, si me han permitido estar aquí es porque se supone que soy una espía del Ministerio de Magia. Que mantendré todo esto a raya. Kingsley sabe que algo pasa y me ha confiado esto a mi. Lo haré muy bien." Añadió con orgullo.

McGonagall no dudaba de la experiencia y la disposición de la joven, pero por algún motivo se sentiría mucho más segura si además de ella hubiera estado Shacklebolt y Moody como profesores. Y una legión de aurores extra, también sería de gran ayuda.

"Esta bien." McGonagall extrajo unos cuantos pergaminos. "Este es el plan de lo que queda del curso."

Tonks repasó la planificación y frunció los párpados con curiosidad, levantando la cabeza hacia la que iba a ser su jefa.

"¿Compartiré clases con…?"

"Sí. Ha sido algo que también me han impuesto directamente desde el Ministerio." Su voz rezumaba amargura y frustración, pero fue lo bastante discreta como para no especificar. "Aun así, es uno de los mejores en su especialidad, diría que incluso mejor que yo."

Tonks sonrió burlona.

"Eso lo dudo." Enrolló los pergaminos. "Está bien, tengo cosas que hacer en lo que queda de día y mañana ya se presentan todos los chavales. Me voy a escribir unas cuantas lechuzas para ver qué tal está mi hijo y ya verás…" Se incorporó. "…será pan comido."

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Martes 5 de enero de 1999

Hospital San Mungo de Enfermedades y Heridas Mágicas

Entró con aire altivo en el Hospital a primerísima hora de la mañana, con un andar propio de una cuna y no de un aprendizaje. La joven bruja recepcionista miró con curiosidad a la mujer que iba vestida con una elegante pero sencilla túnica de color púrpura y gris y que llevaba en brazos un bebé de cabellos…

Turquesa.

La muchacha salió del mostrador directamente hacia la recién llegada, con una expresión asustada en los ojos. Pensando que el bebé estaba sufriendo una enfermedad o un maleficio. Dio un grito cuando el bebé la miró con ojos azules y redondos y su cabello se volvió de color…

Verde.

"¡Ay Merlín, este bebé…! ¿Qué le ha pasado?. ¿Quién es capaz de arrojar un maleficio en un bebé?"

La bruja miró a la recepcionista con los ojos marrones tranquilos y sostuvo con más firmeza al pequeño que tenía en los brazos.

"Ya que lo pregunta, se me viene a la cabeza unos cuantos nombres, pero no se alarme, nadie ha hechizado al niño. Tan sólo tiene un poco de fiebre. Creemos que ha podido resfriarse algo en estas navidades, pero por lo demás…"

"¡Pero ese… ese cabello!" exclamó horrorizada la joven, pensando que la mujer estaba loca si lo único que le preocupaba era la fiebre de un bebé cuyo cabello era en ese momento…

Violeta.

Sin embargo, la dama no dio muestras de sorpresa ni de espanto. Observó los cabellos del niño y sus ojos se volvieron mucho más cálidos, más dulces.

"Teddy… vamos cariño, ahora va a venir a verte un sanador y ya no tendrás calor…" lo abrazó un poco y el bebé hizo unos ruiditos de puro contento. Su cabello se volvió de un color castaño claro que contrastaba con los suaves bucles oscuros de la mujer.

"Eh…" la joven parpadeó confundida. "Pero eso… ¿cómo ha hecho eso su hijo?"

Andromeda Tonks sonrió con cierto orgullo, acostumbrada a que la confundieran como la madre del pequeño. Era una de las ventajas de haber sido hija de Blacks sin haber pasado por pagar un precio en Azkaban.

"Es mi nieto. Como dije, creo que tiene un poco de resfriado, pero tampoco estoy dispuesta a arriesgar que esté incubando una fiebre de dragón. Sobre su cabello, es metamorfomago, y ahora por favor, no quiero esperar más de lo necesario a que lo atiendan."

La muchacha enrojeció un poco y murmuró unas palabras de asentimiento antes de proceder al registro. Una pluma a su lado fue tomando nota de los datos personales que Andromeda iba indicando, mientras que la bruja comprobaba la disponibilidad.

"Dice que su nombre es…"

"Lupin, el niño se llama Theodore Lupin."

Andromeda depositó la bolsa con las cosas de Teddy en el suelo y entornó los ojos cuando detectó un tono de voz que le era muy familiar. Demasiado familiar, sobre todo cuando se trataba de buscar reconocimiento o cierta presencia mágica. Linaje, en definitiva.

Pureza mágica.

Su expresión se endureció; hacía años que no se había sentido insultada por llevar ella un apellido muggle.

"Lupin, sí. Aquí está." La joven miró con suspicacia. "Es… sangre pura, pero…"

"No veo qué importancia tiene qué sangre lleva." Respondió Andromeda con la frialdad que la alejaban de su apellido de adopción y la situaban como lo que era, una Black de sangre pura. Absolutamente ofendida porque insinuaran que el bebé podría ser un hombre-lobo en potencia. "Si alguien no atiende a este niño inmediatamente haré que traigan al director y los llevaré hasta el Wizengamot si hace falta por denegarle asistencia, ¿está claro?"

"Sí… sí… claro…" la joven terminó de rellenar unos impresos y se los tendió a Andromeda. "Puede esperar en la sala 3, en la segunda planta. Allí la llamarán, siga por favor este pasillo."

Andromeda hizo un gesto de agradecimiento y se dispuso a salir, recogiendo la bolsa que había dejado en el suelo.

"Oh, no, lo lamento mucho señora Harrison." Escuchó detrás de ella a la recepcionista al dirigirse a la siguiente paciente. "Me temo que el área infantil está ya completa. Venga usted mañana por si hubiera hueco."

Andromeda se giró y vio a una mujer con un bebé no mucho mayor que Teddy. El niño estaba adormilado sobre el hombro de su madre y se dio cuenta de que la joven había improvisado una túnica de bruja para ocultar vestimentas evidentemente muggles. Recordó que había un decreto que prohibía el uso de ropa muggle en lugares mágicos. Extrañada, pensando que había tenido mucha suerte para poder tener cita, subió las escaleras del final del pasillo para ir hacia la segunda planta.

Encontró la Sala 3, pero se sorprendió. No había nadie más que ella y su nieto. Andromeda arrugó la frente perfecta y observó un momento a su nieto, cuyo cabello había vuelto a tener un tono azulado.

"¿Pero no habían dicho que estaba llena la sala?"

"¿Señora… Black-Tonks?"

Andromeda se dio la vuelta y vio ante ella a un sanador vestido con una túnica blanca y verde pálido. Ella le entregó los formularios y el mago se colocó unas gafas sobre la nariz para leer el historial.

"Sólo 'Tonks'." A Andromeda por un momento se le vino a su mente la imagen de su rebelde hija, negándose a ser llamada por su nombre, Nymphadora. Hasta ese minuto exacto no sabía hasta qué punto podían parecerse ambas, cuando siempre había pensado que no tenían nada en común.

Qué equivocada estaba.

"Hum… ¿cómo dice?" preguntó el sanador levantando los ojos de los papeles.

"Digo que soy Andromeda Tonks, renuncié a mi apellido de soltera cuando me casé, y de eso ya hace tiempo." Respondió con el tono gélido que la hacía distante al resto.

El sanador pestañeó como si no comprendiera, pero esbozó una sonrisa de circunstancias.

"Ya… eh… Claro. Bueno digamos que es mejor que se mantenga como Black-Tonks, señora. Y ahora… vamos a ver qué te ocurre a ti, amiguito…"

El sanador indicó que pasaran a la consulta y Andromeda entornó los ojos oscuros, confundida.

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Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería

Los alumnos fueron entrando despacio dentro de los fríos muros de granito del inmenso Castillo mágico. En algunas zonas, la humedad hacía que el propio cuarzo y las gotas de lluvia relucieran como si fuese purpurina plateada o el resultado de un patronus no corpóreo estampado contra sus paredes. Los pocos rayos de sol que hacían esfuerzos por asomarse le daban ese aspecto entre melancólico e irreal a la estructura. Más de la que tenía por lo habitual.

Harry se despidió de Ginny y esperó en la puerta del Castillo a que todos los alumnos fueran pasando. Al otro lado de los estudiantes que entraban estaba Hermione, bien cubierta con bufanda y guantes y con los hombros encogidos para mitigar el frío; él suspiró, pensando que esa tarea le habría correspondido a Filch. No a los Premios Anuales o a los Prefectos, que dentro del Vestíbulo estaban organizando a los alumnos y pasando lista.

Un pequeño yorkshire salió corriendo de la puerta principal, esquivando con impresionante habilidad los pies de los alumnos, hasta que se detuvo a olfatear su pantalón gris. Sin embargo, antes de que se agachara, el animalillo había salido corriendo hacia el Castillo.

Entre la multitud de estudiantes que, perezosos, iban de regreso a iniciar el segundo trimestre, Harry se fijó en uno. Iba con la cabeza rubia agachada y las manos metidas en el bolsillo. Algo se le removió dentro y no pudo evitar acercarse y tomar al muchacho del brazo para sacarlo un momento de las filas de alumnos.

"Hola Dennis…"

Dennis Creevey levantó los párpados y esbozó un asomo de sonrisa, pero continuó con la mirada apagada.

"Quiero que sepas que… bueno..." Harry sintió que todas las frases que había pensado, frases tipo "que todo irá bien", "Colin sigue vivo entre nosotros", "no ha sido una muerte inútil"… ninguna tenía jamás sentido ni lo tendría. Eran las frases que a él le dijeron cuando Sirius cayó en el Velo. Jamás las aceptó ni las aceptaría y le resultaba hipócrita y hueco el repetirlas pensando que sí tendría sentido en otros. Era imposible.

"Siento mucho lo que le pasó a Colin." Dijo finalmente con sinceridad. "No tengo hermanos, pero para mi Sirius fue algo muy parecido a un hermano mayor… o un padre a veces." Dennis no respondió, pero miró con los ojos abiertos con interés, como si fuese la primera vez que alguien le estaba diciendo cosas que sí tenían sentido en esa irrealidad.

"Para mi siempre habrá un antes de Sirius y un después de él," continuó Harry, casi quitándose un peso de encima, "y nada de lo que me digan puede cambiar eso…" se encogió de hombros, algo incómodo porque no estaba muy habituado a hablar de cosas tan personales, cosas que no había compartido con nadie, ni siquiera con Ron, Hermione o incluso Ginny. Era su esfera íntima y personal, pero por alguna razón, tenía y debía compartirlo con el chico que acababa de perder a su hermano.

"Bueno…" volvió a balbucear, incómodo. "Sólo quería que lo supieses. Que sólo es cuestión de tiempo…"

"¿Para qué?" preguntó, sorprendentemente, Dennis, al cabo de un momento, con la voz ronca, como la de aquél que ha pasado días y días sin hablar. "¿Para olvidarlo?"

"No." Dijo Harry, ligeramente intimidado porque Dennis hubiese salido de su ostracismo. "No, el tiempo no lo cura ni lo olvida. Es cuestión de tiempo que sepamos la verdad y se haga justicia."

Dennis soltó un suspiro tembloroso, del que sólo se emite para sofocar un sollozo o el llanto. Los ojos se volvieron vidriosos y Harry comprendió que era cuestión de segundos que la lágrima saltaría y no quería que el chico encima se incomodara o se avergonzara, menos aún delante de media escuela.

Sin embargo, se frotó los ojos con las manos enguantadas y no dio paso a la lágrima ni a ninguna demostración de aparente debilidad.

"Nosotros… Colin y yo… siempre supimos que eras un héroe, Harry, no sólo por una leyenda que te rodea. Sino por lo que eres y haces."

Se ajustó la cinta sobre el hombro y Dennis miró hacia las filas de estudiantes que seguían pasando hacia el Vestíbulo, ya de los últimos que faltaban por entrar.

"Lo he pensado…" continuó diciendo, antes de irse con el resto de alumnos. "…y voy a dejar Hogwarts lo que queda de curso." Se encogió de hombros. "Ahora mismo mi única familia está fuera y está destrozada. Es el fin del cuento, Harry. Nunca nos habían dicho que fuera fácil para los hijos de muggles, pero sí nos habían dicho que era seguro dentro de estas paredes. No abandono por cobardía sino porque me necesitan más fuera de aquí que aquí dentro. Volveré el año que viene pero ahora… ahora no quiero esto." Dijo, mostrando la varita que tenía en su puño.

Harry quiso protestarle la decisión, quiso convencerle de lo contrario, pero de nuevo se dio cuenta de que eso era imposible. Que Dennis tenía razón y no era justo querer imponerle otra idea.

"Sólo he venido porque quiero decírselo en persona a la Directora, a mis amigos y recoger el resto de nuestras cosas."

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"¿Entonces no le pasa nada, no tiene fiebre de dragón?"

"No, Teddy está bien. Tu madre dice que ha sido sólo un resfriado. En San Mungo lo han certificado esta mañana, sólo tiene que tomarse una poción antes de dormir para que respire mejor y le daremos un poco de Poción Calmante para que le baje la fiebre. Teddy está perfecto."

Tonks suspiró aliviada y miró con cariño la forma de fuego de su marido, arrodillada junto a la chimenea.

"¿Cómo estás tú?" susurró ella.

"Bien. Esta fase ha sido bastante suave. Todavía no puedo salir a la calle porque sigo teniendo un poco de problema peludo… pero es curioso, Teddy al verme ni lloró siquiera."

"Claro que no llora. Eres su padre, le da igual el aspecto que tengas." Protestó ella.

"Bueno, era más seguro que fuera tu madre con Teddy al hospital, ya sabes." Remus suspiró. "Además ha sido casi mejor… me ha comentado algo muy curioso."

"¿El qué?" preguntó ella con curiosidad.

"Estando allí la hacían llamar 'Black-Tonks'. Cree que comprobaron que Lupin era de sangre pura. Y luego le dio la impresión de que denegaron atención a una mujer que parecía ser muggle, o hija de muggles."

"No puedo creer, eso no pueden hacerlo."

Pero Tonks calló un momento, recordando algunas cartas y algunos comentarios de sus compañeros. Durante su baja, algunos empezaban a quejarse ya de que estaban más tiempo estudiando futuras reglamentaciones acerca de lo muggle que era permitido y lo que no, y los posibles castigos… Recordó esa normativa que prohibía el uso de vestimenta muggle en lugares mágicos… y empezó a horrorizarse.

Lupin resopló, pensando en la cantidad de veces que a él le habían denegado multitud de cosas sólo por la sospecha de ser licántropo. Incluso cuando no estaba próximo a la "fase" del mes.

"No seas ingenua… Me temo que hicieron exactamente eso. Apuesto a que dijeron algo así como 'Oh, lo sentimos, no hay hueco hoy, tendrá que venir mañana'."

Tonks se echó un mechón tras la oreja y se acercó, dubitativa, a las brasas de la chimenea de su despacho en Hogwarts. No quería creer que eso pudiera ser verdad, pero tenía tanta pinta de serlo que asustaba.

"¿Piensas que están….?"

"Pienso exactamente eso." Contestó con pesar Remus desde las brasas. "Que están haciendo una segregación de lo muggles delante de nuestras propias narices. Hablamos de Umbridge… y es la Ministra de Magia. Lo que no imaginaba es que lo fuera a hacer de una forma tan sutil. Nos la está colando y no nos estamos dando cuenta."

Tonks apretó los puños y frunció el ceño.

"No puede hacer eso… la muy cabrona…" murmuró ella, soltando alguna que otra palabra que no debía pronunciar delante de su hijo.

"Sí. Ha aprendido de su experiencia en Hogwarts." Remus se interrumpió un momento. "O la están asesorando bastante bien, diría yo."

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Marylebone. Londres

"No esperaba verte por aquí… tan pronto, quiero decir. Pero me alegra mucho que hayas venido." La mujer de cabello oscuro y rizado sonrió, aunque tenía unos ojos azules apagados, tristes.

El joven estaba de pie en la puerta con las manos en los bolsillos y la cabeza cubierta por bufanda y gorro de lana. Durante unos segundos le dio la impresión de haber vuelto al pasado, de haber rozado con sus manos y sus sueños un momento de su vida que había perdido irremediablemente.

"Hola, señora Clearwater. ¿Puedo… pasar? Sólo será un momento; no quiero causar ninguna molestia."

La mujer no dejó de sonreír y se hizo a un lado, indicándole con la otra mano que pasara.

"Acabo de poner té a hervir; además mi suegra nos trajo pastel de manzana hace unos días… Supongo que te gusta…" la mujer cerró la puerta y llevó a Percy Weasley a la sala de estar. "Si lo hubiera sabido habría preparado algo… no sé. Te habría puesto tarta de melaza, o tal vez tarta de calabaza…"

Se le cruzó una sombra de dolor que a Percy no le pasó desapercibida.

"Sé que la tarta de calabaza es de tus preferidas." Dijo ella, haciéndole seña para que tomara asiento.

Percy se sentó y se desató la bufanda dado el calor que hacía en el cuarto. Se mordió los labios, recordando como ella hacía. Cómo Penelope sí sabía que Percy tenía debilidad por la tarta de calabaza, aunque no era especialmente goloso. Cómo él le decía que siempre los hijos dicen que las mejores tartas de calabaza son las de sus madres y cómo ella se reía, porque eso lo dirían cuando sus madres eran brujas. Cómo todo lo que le rodeaba en esa casa era ella. Incluso el olor, todas las casas desprenden un aroma peculiar, único, irrepetible. Le traía recuerdos tan cercanos y a la vez tan distantes, que era intentar respirar sin oxígeno.

"No deseo ser ninguna molestia; té, estaría bien."

"Ahora vengo." Dijo ella, levantándose.

Percy se puso de pie y repasó la estantería, los libros poco familiares. Las fotos inmóviles en los marcos. Siempre habían acusado a su familia de ser "amantes de muggles" como si fuese algo de lo que sentirse humillado, avergonzado. Percy siempre supo que él no pertenecería a ese mundo, pero sí sabía que Penelope pertenecía al suyo. Que la unión era tan perfecta, que ni notaba cuándo algo era muggle, cuándo algo era mágico. Daba igual y aunque sonara cliché, cuando estaban juntos lo de alrededor no importaba.

La madre de Penelope trajo una bandeja con el té y la tarta, pero él no la probó. Más delgado que lo acostumbrado, la negación disgustó a la mujer, pero no quiso forzarle. Le hablaba de la familia, de lo duro que era hacerse a la idea de que ella no vendría por la puerta. Que no había cartas enviadas por lechuzas, para desconcierto de vecinos. Que no habría regalos en las navidades y en los cumpleaños, regalos tan asombrosos y tan peculiares.

Percy sintió la punzada de la ausencia y de los recuerdos. Tenía que comprender y aceptar qué sucedía, tenía que rehacer su vida y tenía que hacerlo valer.

"Supongo que ya le han preguntado esto, señora Clearwater. Pero necesito saber… necesito saber si su hija guardaba un diario… un registro… algo. Necesito saberlo." susurró casi con un hilo de voz.

La mujer entornó los párpados.

"Sé por qué me preguntaron eso los magos que vinieron a investigar. Sé que buscarían datos, referencias, contactos. Algo que les ayudara a entender qué pudo suceder cuando…" se le apagó la voz. Tragó saliva y la señora Clearwater bebió un poco de té, ahogando un sollozo. Clavó sus ojos azules tan similares a los de ella. "¿Por qué quieres saber si tenía algo así?. ¿Quieres saber si te quería?"

Percy no pestañeó, los ojos azules sin embargo brillaron con conocimiento. Con certeza. Y dolor también.

"No. Sé que ella me quería. Tanto como yo a ella."

La mujer no pudo reprimir las lágrimas y escondió la cara tras sus manos. Embargada por una emoción que era difícil de controlar en momentos como ese. Personales, familiares, únicos. Recuerdos de lo que nunca fue, recuerdos de una familia feliz, de unos nietos que no conocería, de un yerno que ya no sería, de una hija que ya no estaba.

Percy se incorporó y se acuclilló a su lado, poniendo con delicadeza una mano en el hombro de la mujer.

"Quiero saber qué sintió… en un momento determinado de su vida. En nuestro sexto año de Colegio…"

La mujer apartó las manos y cerró los ojos; tomó aire con fuerza y miró a Percy, derrotada.

"¿Ese año en el que estuvo enferma?"

Percy entornó los ojos, un momento. Había previsto que Penelope, ni siquiera Dumbledore, habría dicho la verdad sobre ese año. Ella no solía hablar mucho del tema. No le gustaba. Pero también necesitaba hallar respuestas ahí.

"Eso es."

La mujer se secó las lágrimas con el dorso de la mano y arrugó la frente, desconcertada.

"¿A qué viene eso?. ¿Es importante o qué?"

Percy retiró la mano del hombro pero continúo acuclillado a su lado.

"Probablemente vaya a pasar yo por lo mismo. Antes de que eso me suceda a mí, me gustaría saber qué sintió ella. No deseo…" se interrumpió. "…enfermar, sin saber por lo que ella pasó."

La mujer sonrió con dolor y puso una mano en la cara de Percy, con afecto.

"Les dije la verdad. Penelope no conservaba ningún diario, no que yo sepa. Pero sí tengo cartas. Algunas nos las envió, pero otras son las que nunca quiso postear. Las que quiso guardar para ella y eso he querido respetárselo." Miró a Percy. "No quería dárselas a esos magos que investigan. Son mías, son de mi familia, son de Penelope. Me pueden preguntar sus rutinas, su trabajo, sobre sus amistades. Que no me pregunten sobre su color favorito, sobre su desayuno perfecto o si prefería llevar botas o zapatos."

"Botas." Susurró Percy.

"¿Cómo dices?"

Percy levantó los ojos con una profunda melancolía.

"Le gustaba llevar botas."

La señora Clearwater se llevó el dorso de la mano a los ojos para apartar las lágrimas. Asintió comprendiendo y tragó saliva para aclarar la garganta, antes de continuar.

"Nada de lo que hay ahí va a devolvérnosla y no permitiré que nadie vulnere su intimidad, sólo porque está… solo porque no está." Añadió. "Nada de lo que hay en esas cartas dice por qué la asesinaron."

El dolor se convirtió en rabia, impotencia, angustia.

Percy había pasado todos esos estadios hasta casi perder la cordura, o tal vez tras haberla perdido del todo. Pero miró a la madre de Penelope con ojos cristalinos, en paz.

"Por favor." Dijo él, simplemente.

"Eres lo que decía Penelope que eras. Bueno, honesto, siempre con un propósito que dé sentido a tus actos." Se incorporó y miró con cariño a Percy, todavía agachado junto a la mesita de la sala. "Te daré lo que tengo de ella."

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En la soledad de su apartamento, Percy leyó con cuidado las cartas, los manuscritos de Penelope. Nunca hubiera imaginado, y estaba seguro de que ella misma tampoco, que sus letras las vería alguien ajeno a ella misma. Estaba mal, esos escritos eran para sus padres, para ella. No eran para él ni para el mundo. Y sin embargo, parecía justo que se supiera.

"Ha sido como estar dormida. Realmente fue mucho menos traumático de como suena, y si lo supiera mi familia, seguro que se habría preocupado mucho. A veces me aterra pensar que he estado a punto de morir; hay muchas cosas de la vida que aún no he hecho. Y cosas que quiero repetir millones de veces. Quiero abrazar a mis padres, quiero pelearme con mis hermanos. Quiero vivir con Percy y quiero trabajar en el mundo mágico. Quiero formar una familia. Algunas personas han dicho que he sido víctima por ser hija de muggles. Que no tengo ningún derecho a estudiar aquí y que lo que nos ha pasado es sólo una reacción pura de la escuela.

A veces escucho en sueños ese silbido y me asusta. No suelo pensar en ello, pero es un poco desagradable. A veces me gustaría saber qué sintieron otros… pero no me atrevo. Eran más pequeños que yo y se supone que soy Prefecta, que debo dar ejemplo. Incluso es extraño que fuese todo… no se lo puedo decir a Percy, porque al final resultó que Ginny tuvo más que ver en el asunto que nadie… Da igual."

Percy dio la vuelta al papel. Rebuscó, revolvió… Ordenó con cuidado los manuscritos por fechas, y los que no estaban fechados los apartó, para intentar buscar un sentido al párrafo. Pero parecía que eso era todo. Parecía que eran sólo borrones, anotaciones sueltas, escritos que ella había hecho como una vía de escape, como una forma de aliviar cierto dolor.

Sintió ganas de lanzar todos los pergaminos por el suelo, quemarlos. Quería romper cosas, quería destrozar el mundo. Quería traerla de vuelta.

Se quitó las gafas y se frotó el puente de la nariz, exhalando aire para tratar de controlar un temperamento que era más propio de Ron… Se quedó más tranquilo, más dolido, cuando pensó en su hermano pequeño y sus reacciones primitivas. Después de todo eran hermanos, dado que él mismo habría perdido el control tanto como él…

Y pensó en su hermana. Pensó en Ginny. Probablemente el párrafo no habría tenido mucho sentido para la familia de Penelope cuando lo encontró. Ni siquiera habrían sentido que tenía alguna relación con su muerte, pero la tenía. Y resulta que Ginny también tendría que haber pasado por algo parecido… O tal vez ahora estaría pasándolo.

Hundió la cabeza entre las manos, abrumado por la cantidad de prioridades que ahora tenía su vida. Sólo escuchó el crujir de la madera al arder en la chimenea. El resto lo escuchaba en su mente.

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Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería

"Bueno, bueno…" Horace Slughorn permaneció de pie mirando con curiosidad la cantidad de objetos que había por el despacho de su colega. "Confieso cierta decepción porque ningún Slytherin haya sido Premio Anual este año, admito cierta envidia sana hacia Gryffindor." sonrió levemente. "La señorita Granger es sin duda una de las alumnas más aventajadas que ha dado este Colegio, y Potter…" soltó una risotada. "¿Qué te digo de Potter que no sepas? Tenía que haber sido Slytherin." Se acarició el bigote con cierto pesar. "Sí… como su madre tuvo que haberlo sido…"

Su colega interrumpió el hechizo que estaba poniendo gruesos volúmenes sobre una estantería de madera oscura. Miró con reproche al Profesor de Pociones.

"No digas estupideces. Hijos de muggles…" resopló y reanudó la tarea de desembalar libros. "…en Slytherin."

Slughorn pareció un momento confundido y varió su expresión.

"Oh… claro… a veces olvido…" sacudió la cabeza. "No importa. El caso es que por supuesto, puedo organizarte una entrevista con mis alumnos…"

"Deseo conocer a los Prefectos."

"Hum… por supuesto. En Séptimo están Greengrass…"

"…Y Malfoy", añadió el hombre de mediana edad al viejo profesor de Pociones. "Sí, me interesa."

ooOOooOOoo

"Gracias, Horace, has sido muy amable…" el hombre se puso de pie en su despacho; había algunas cajas y baúles sin abrir, todavía con la dirección de envío al Colegio intacta. Draco sintió que la alarma del puñetero Potter decididamente se le había atrofiado. O activado. O destrozado. Ya le parecía ridícula la del maldito Moody, que encima resultó ser un auror-estafa. Ahora tenía que aguantar las paranoias de Potter y todo lo que sucedía, todo lo que había alrededor resultaba ser un peligro potencial. Y lo peor es que era contagioso.

"Puto Potter…"

"De modo que…" el hombre extendió la mano, todavía cubierto por sombrero, bufanda de cashmere y guantes de piel. Draco arrugó la frente, le sonaba de haberle visto en algún sitio, de saber que su rostro le era familiar pero no daba con él. El hombre le estrechó la mano con vigor. "…aquí tenemos al joven Malfoy. Siéntate."

Malfoy se sentó con elegancia en una de las butacas y observó con detenimiento a su interlocutor.

"Efectivamente, cien por cien Malfoy."

Draco pestañeó, interrumpiendo sus pensamientos.

"¿Disculpe?"

"Digo que eres sin duda hijo de tu padre."

"¿Conoció a mi padre?"

El hombre encendió la chimenea con un movimiento breve de varita y se retiró bufanda y guantes. Colocó con cuidado las cosas junto a él y volvió sus ojos oscuros hacia Draco.

"¿Quién no conocía a uno de los magos más ricos de Europa?. Tenía a todo el mundo en el bolsillo…" torció los labios. "…en todos los sentidos, claro. No hay nada que el dinero no pueda comprar, ¿no te parece? Una dinastía que se remonta a generaciones y en la que no ha habido ni un solo matrimonio con muggles."

Draco varió su expresión por otra de absoluta neutralidad. Desterró todo de su mente… tal y como hacía tiempo que sabía hacer. Poner en compartimentos estancos, encajar las cosas en su lugar.

Ser el perfecto Occlumens.

"No te preocupes, no vengo a hablar aquí de linajes ni nada de eso. Estoy francamente impresionado por tus resultados, aquí veo que has hecho un asombroso progreso en una asignatura que no es precisamente una de tus grandes virtudes."

Draco elevó los ojos grises con frialdad.

"Espero que no esté insinuando que he comprado a Viktor Krum para tener ciertas notas." Levantó la barbilla, como hacía su madre a menudo. "No hice tal cosa, y aunque hubiera querido, Krum es del tipo íntegro jamás-aceptaré-sobornos. Prefiero pensar que he logrado buenos resultados porque los merezco."

El profesor asintió con la cabeza.

"Espero grandes cosas de ti en este curso, entonces." Volvió a levantarse y extendió de nuevo la mano desnuda hacia Draco. "Mordicus Egg, y seré tu profesor para cubrir Defensa Contra las Artes Oscuras."

Draco chocó la mano pero de forma ausente.

"¿Me puede decir desde cuándo hay vacante en este puesto?"

"Oh." El hombre se volvió a su asiento. "¿No os lo han comunicado? Viktor Krum ha pedido prologar sus vacaciones."

Draco alzó las cejas, incrédulo.

ooOOooOOoo

En el Colegio la noticia se extendió como la viruela de dragón al empezar el otoño. Los alumnos cuchicheaban que Krum se había acojonado y que seguro que no tenía agallas para seguir dando clase tras los incidentes del primer trimestre. Por otro lado, las alumnas lloraban su ausencia, echaban de menos al que consideraban el profesor más guapo que había pisado Hogwarts.

Hermione se sentó en un banco del claustro del Patio de Transformaciones con una expresión incrédula.

"Viktor…" con los ojos muy abiertos, agitó la cabeza y los rizos rebeldes se extendieron por los hombros. Miró hacia Draco incapaz de asimilar la noticia en tan poco tiempo. "¿Cómo…? No lo entiendo… No es propio de él el dejar de lado sus clases."

Malfoy se sentó a su lado, buscando leer su perfil. Ella tenía la bufanda oro y sangre alrededor del cuello, las manos enguantadas sobre la falda gris y la túnica de invierno apenas abrigo para un escalofrío que estaba recorriéndole el cuerpo.

Pasaron alumnos, grupos de estudiantes que hablaban en voz baja y todos tenían el tema de conversación en los labios. Draco inclinó la cabeza pero ella seguía con la mirada fija en en algún punto del suelo, impactada.

"No sé qué le habría ocurrido. Alguna emergencia familiar, o que le disgusta la docencia…"

Hermione levantó la cabeza hacia él, sin parpadear.

"Es todo tan… extraño…"

Él dejó que Hermione apoyara la cabeza sobre el hombro, mentalmente coincidiendo con ella. De nuevo eran circunstancias muy extrañas las que habían provocado la baja temporal de Krum en la Escuela. Pero ¿desde hacía cuánto las cosas eran sospechosas? Probablemente Krum estaba encantado en su tierra natal y le daba pereza volver a aguantar chiquillería.

"¿Y quién nos dará clase ahora?"

Draco movió la cabeza intentando buscar el rostro de ella, pero el ángulo no se lo permitía.

"¿No os lo han comunicado a vosotros, los Premios Anuales?"

Notó que ella movía la cabeza sobre su hombro, negando.

"No. Yo al menos no sabía nada."

"Es Mordicus Egg."

Inmediatamente Hermione levantó la cabeza y le miró a los ojos con una expresión peculiar.

"Estás de guasa."

Draco parpadeó sin comprender y con una expresión de genuina inocencia, sacudió la cabeza.

"Así se me ha presentado él mismo. Ya sé que el nombre es bastante ridículo, francamente apellidarte Egg y qué padres con mala leche te llaman…"

"¡Malfoy!" por un momento ella olvidó que Ron se burlaba exactamente igual que estaba haciendo Malfoy sobre los nombres, que Ron encontraba el nombre de Draco pomposo y fuera de lugar. "¡Es el autor de La Filosofía de lo Terrenal: Por qué los Muggles Prefieren No Saber!" Ella alzó las cejas al ver que la expresión de Draco seguía siendo neutral, que el nombre ni el título le decían nada. "No me digas que tú precisamente no has leído ni oído hablar de ese nombre nunca."

"Los Malfoy nunca leemos nada sobre los muggles." Se encogió de hombros. "Ni bueno ni malo. Es como si no existieran."

"Ya. Por eso siempre me has tomado por una especie de monstruo con verrugas, escamas y pestilencia debajo de una aspecto teóricamente humano."

Él metió las manos debajo de la túnica para acariciarle la cintura, mientras torcía los labios burlonamente.

"Bueno ya descubrí hace tiempo que debajo de tu túnica no hay siempre… ¡Ay!"

Hermione le había sacudido un golpe clásico en el hombro que hizo que él la soltara para frotárselo.

"Eres una violenta, ¿lo sabías?" murmuró él malhumorado. "Tienes las manos demasiado largas…"

"Deja de quejarte. Ese hombre es un maldito racista…" Hermione rodó los ojos. "Qué sorpresa, claro… pero hablo en serio. Ya verás cómo van a notarse los cambios… Ya verás cómo quiere hacer de este curso algo como el de Carrow el año pasado." Suspiró resignada. "No quiero pasar otra vez por ser el muñeco de entrenamiento sólo por ser hija de muggles…"

Él dejó de tocarse el hombro y le pasó los brazos por el hombro, apoyando la cabeza en la de Hermione.

"No pasará eso, ya lo verás. Entonces no lo consentí, y esta vez aún menos."

Hermione pestañeó y volvió a levantar la cabeza.

"¿Qué quieres decir?"

Draco enlazó los dedos entre los de ella, y tocó significativamente un anillo cubierto por los guantes que desde hacía muy poco tiempo ella llevaba en su mano derecha.

"Sólo tienes que decirlo, Granger. Y dejarás de ser…"

Pero ella negó con la cabeza.

"No. No quiero protección. No quiero protección de tu apellido. No quiero dejar de ser lo que soy." Apoyó su frente en la de Draco y cerró los ojos, susurrando el resto de sus palabras. "Sé por qué lo haces, pero no es la manera. No quiero que ésta sea la manera, no quiero que esto sea el motivo…"

Él la apartó un poco y su rostro estaba frío, endurecido, pero la mirada era clara, los ojos muy abiertos.

"Te lo dije en Malfoy Manor." Se encogió de hombros con indiferencia. "Y si encima resulta algo útil, qué mejor…"

"Antes tenemos que resolver muchas cosas." Ella le acarició la cara y se dulcificó su expresión. "Te agradezco lo que tratas de hacer por mi, pero quiero que sea algo auténtico, algo transparente."

Él tan sólo asintió, de mala gana, antes de besarla.

ooOOooOOoo

Jueves 7 de enero de 1999

Las clases resultaron ser peores de lo que esperaban. Nunca se acababa uno de acostumbrar al parón de las navidades y con el regreso de enero, de pronto todo es precipitado, es como si dos semanas de descanso no hubieran existido nunca. Como si la última clase hubiera sido el día anterior. Adaptarse de nuevo al ritmo llevó tiempo a prácticamente la totalidad de alumnos.

"Hola Harry."

Harry giró la cabeza y Neville alzó las cejas al ver al pequeño Nigel de pie, entusiasmado. Sonrió socarrón al ver la excitación del chiquillo.

"Hola, Nigel." Harry miró de soslayo a Neville. "¿Qué tal el inicio de curso?"

"Oh… bien, supongo. Hemos tenido Defensa contra las Artes Oscuras y el Profesor Egg me ha dicho que te entregue esto."

Neville miró cómo Nigel le entregaba un sobre cerrado. Harry asintió agradecido y al ver que Nigel no se iba, volvió a intercambiar una mirada con Neville.

"¿Algo más, Nigel?" preguntó amablemente Harry.

"¿Cuándo vamos a tener otra reunión del Ejército de Dumbledore?"

Neville se puso a toser de pura sorpresa, cosa que agradeció para ocultar una carcajada. Harry contuvo mejor la compostura y abrió la boca sin saber bien qué iba a decirle.

¿Que Voldemort estaba muerto?

¿Qué Umbridge no era profesora?

"Sé qué piensas, Harry. Pero de verdad, ¿crees que no hace falta que nos reunamos, si Umbridge es ahora más poderosa incluso que antes?" Nigel miró con sus ojos marrones muy abiertos. "No está faltando tiempo para que estén segregando a los muggles. Y dentro de poco dirán que sólo los magos de raza aria pueden estudiar aquí."

El chiquillo miró el reloj y murmuró tristemente que tenía que irse a su clase.

Neville miró a Harry, y los dos se quedaron un poco desconcertados. Harry sacudió la cabeza, abrió el sobre y vio que tenía una nota que le decía que Malfoy iría a recogerle antes de la hora de comer para hacer las presentaciones. Se sorprendió un poco porque metiera a Malfoy en todo eso y así se lo comentó a Neville.

"¿Qué te ha parecido lo que ha dicho Nigel?" preguntó en voz baja Neville. "Creo que tenía un punto de razón."

Harry miró con sus ojos verdes un poco dubitativo. No parecía posible que hubiera necesidad del ED en esos momentos. ¿O no?

"Si te digo la verdad, a mi no me da esto buena espina…"

Harry levantó un dedo de advertencia a unos alumnos de segundo curso de Ravenclaw que tenían intención de lanzar una bomba fétida sobre un grupo de chicas de Hufflepuff del mismo curso. Los chicos se miraron y a regañadientes le entregaron las bombas a Harry.

"No os descuento ningún punto, por ahora. Es la primera semana de clases, pero una bromita de estas más y me dará igual si ha sido Slytherin o Hufflepuff, pienso quitar los puntos a Ravenclaw, ¿está claro?"

Los chicos asintieron y se marcharon. Neville torció la boca ligeramente.

"Ahora todas las casas se dedicarán a hacer bromas para que los puntos se los quiten a Ravenclaw."

"Nah…" dijo Harry guardando el material en una bolsa que luego entregaría. "En realidad esto se lo digo a todas las casas. Así todos se acobardan pensando que si hacen algo les quitarán puntos. Se quedan más tranquilitos. En fin…" miró a Neville cuando cerró la mochila. "¿Qué decías?"

"Mi abuela estuvo unos días en San Mungo… ya sabes. Allí me dijo que notó cosas muy raras."

Harry alzó las cejas con curiosidad.

"¿Raras… en qué sentido?"

"Pues que deniegan el trato a quienes eran hijos de muggles. O directamente el tratamiento es peor."

"Eso no pueden hacerlo."

Neville se encogió de hombros, inseguro.

"Eso decía ella. Que no se nota, pero que te hace sospechar de alguna forma… Como que les dan de alta demasiado pronto. O el tratamiento que reciben es de mínimos… No sé. Ella es de sangre pura, así que no es que lo haya sufrido personalmente. Pero por algún motivo, la creo."

Harry se quedó callado. Todavía no quería creer que eso pudiese tener que ver con el ED o con Hogwarts. Pero algo internamente estaba diciéndole que Neville apuntaba en la dirección correcta.

"Deja que lo piense…" murmuró en voz baja.

"Me habló de Grubbly-Plank"

Harry alzó la ceja, a punto de preguntarle "¿de quién?", pero calló a tiempo.

"Dice que alguien la atacó en su casa, exactamente de forma parecida a mi abuela. Sin embargo, Grubbly-Plank no recordaba exactamente un Imperius. Más bien como si quisieran emplear en ella un Hechizo Desmemorizador."

"¿Y quién diablos quiere borrarte de la cabeza conocimientos sobre criaturas mágicas?"

Ambos se miraron, significativamente. Algo sonó dentro.

"¿Le borraron la memoria?"

"Parece ser que no logra diferenciar un pegaso de un unicornio." Murmuró Neville.

Harry soltó un silbido.

ooOOooOOoo

"Bien, bien…" exclamó Draco, sosteniendo la bolsa sobre su hombro. "Pero quién está aquí, El Profesor Que Enseña de Puta Pena. El Capitán Que Da Dolor de Cabeza. El…"

"Vale, vale…" dijo Harry comprobando el reloj. "Tranquilito, ¿eh, Malfoy?. Me han dicho que Slughorn te ha presentado al nuevo profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras y que tú vas a hacer los honores conmigo."

Draco siguió apoyado en la pared del pasillo que daba al aula de dicha clase, sonriendo con arrogancia.

"Pues sí, por una vez no eres tú el chico de oro."

Harry rodó los ojos y se cruzó de brazos.

"Eso me da lo mismo. ¿Qué tal es?"

"¿Egg? Tiene un nombre aún más feo que el tuyo, que es un rato vulgar todo hay que decirlo."

"Ya… admiro tus dotes de observación, Malfoy." Harry se puso más serio, no descruzó los brazos y continuó observando a su rival. "¿Me lo vas a decir o no?"

"Viste bien. Parece que es de buena familia. Tiene un interés peculiar en mi…" se encogió de hombros. "Por las redes y contactos de mi padre, ya sabes…"

"Sí, ya sé. Sobornos, chantajes, tráfico de influencias…" Harry se encogió de hombros. "Lo normal, vamos."

Draco le lanzó una mirada oscura, pero no entró en la discusión.

"Me felicitó por mis progresos en los EXTASIS de Defensa, ¿sabías?"

"Claro. Soy un profesor excelente. Tú eres una birria en Defensa, Malfoy. Si no es por mi estarías rascándote la cabeza tratando de diferenciar un Expelliarmus de un Avada Kedavra."

Malfoy soltó un mohín.

"¿Mencionó algo de Krum?" preguntó Harry a continuación.

Malfoy negó con la cabeza y se encogió de hombros.

"No parecía muy interesado en saber qué le trajo aquí como sustituto de Krum."

"Curioso." Comentó Harry simplemente.

"¿El qué?"

"Pues que no se interese por lo que le pasó al anterior en el puesto. Teniendo en cuenta la fama que tiene de ser un puesto maldito por el mismo Voldemort."

Draco arrugó la nariz como si estuviera escuchando uñas rascando una pizarra.

"¿Tienes que decir su nombre?"

Harry alzó una ceja negra, burlonamente.

"¿Estás tonto o te entrenas para serlo?. Voldemort, Voldemort, ¡Voldemort!"

"¡Cállate!" exclamó Draco.

"Eres peor que Ron."

"¡EH, sin insultar!" exclamó ofendido Draco, separándose de la pared.

Harry no le prestó atención; fue hacia la ventana y miró hacia el horizonte gris y verde del paisaje de los terrenos de Hogwarts.

"Voldemort está muerto. Seguir temiendo su nombre es una idiotez. Temer un nombre sólo incrementa el miedo a lo que representa." Harry miró a Draco, que se había puesto a su lado en la ventana. "Más o menos dijo algo así Hermione, y tiene toda la razón."

"Granger no es ninguna idiota. No como tú, Potter, ni el ceporro de Weasley. Si no fuera por ella ahora mismo seguiríais intentando aprobar Encantamientos de primer curso o estaríais agitando una garrota como si fuese una varita."

Harry sonrió sin apartar los ojos del paisaje. Le daba rabia a veces reconocer que Draco Malfoy era ingenioso. Un cabrón, pero ingenioso.

"En eso te doy la razón. Pero sigo sin saber qué diablos le pasó a Krum. Si existió una maldición en el puesto, la muerte de Voldemort tuvo que haberla eliminado ya." Frunció ligeramente el ceño. "Es curioso cómo funciona el miedo, ¿no te parece?"

Draco alzó las cejas para replicarle con otro comentario sarcástico, pero se detuvo. Hacía tiempo que él mismo sentía temores, miedos personales. No se lo reconocía a sí mismo y ni bajo un Cruciatus se lo confesaría a Potter. Dejó que siguiera hablando, antes de darle alguna pista sobre algo que se agitaba dentro.

"Cuando lo que más miedo te da es el miedo en sí mismo, no hay imágenes reales. No hay algo tangible que lo defina. Lo más próximo quizá pueda ser un dementor, e incluso a esos los podemos vencer con un Encantamiento Patronus." Harry se detuvo un momento, entornando los ojos verdes, casi hablando más para sí mismo.

"Joder, Potter, no sé si aguanto mejor al Capitán Que Siempre Gana de Coña o al Filósofo Que No Se Calla Ni a la De Tres…" Draco resopló. "Pensaba que eras el Niño Que Sobrevivió Para ser Insoportable. O que eras el Elegido Sin Miedo."

Harry torció la boca y soltó una especie de carcajada echando el aire por la nariz.

"Ya ves. Raro que soy. Hablo con serpientes, sueño cosas que son del pasado, del presente o incluso del futuro. Podía ver a través de los ojos de Voldemort, es más, a través de los ojos de su serpiente. Sentía sus emociones, sobreviví a la Maldición Asesina…" Harry suspiró un momento. "No me extraña que te caiga mal."

Draco le miró con una expresión vacía.

"Bueno ahora realmente me caes peor, después de enterarme de todo eso."

"Oh, estáis aquí… Gracias por traerle, Draco. Potter…" el individuo extendió la mano hacia Harry y éste la tomó con cautela. "Mordicus Egg, soy el nuevo profesor de Defensa, en ausencia del titular. El señor Krum ha prolongado sus vacaciones…"

"Sí, eso he oído." Contestó Harry serenamente.

"Bueno, bueno…" Egg agitó la mano y miró a Draco. "Gracias, Malfoy. Ya te veré más tarde."

Malfoy asintió bruscamente con la cabeza y lanzó una mirada significativa a Harry, antes de retirarse. Harry acompañó al Profesor hasta su despacho y no tomó asiento hasta que el anfitrión se lo sugirió.

"De modo que… estás colaborando en las clases de Krum."

"Sólo para algunas horas de alumnos de primero." Dijo tranquilamente Harry. "El año pasado hizo que se acumularan el doble de alumnos de primer curso."

"Sí… lo sé…" murmuró con cierta indiferencia. Clavó los ojos oscuros en Harry y éste sintió que le podía conocer de algo, aunque no estaba muy seguro. "Voy a hacer pequeños ajustes. Las clases a partir de ahora las impartiré yo sólo a los alumnos de probada historia mágica. Tú podrás encargarte del resto."

Harry parpadeó, confundido.

"¿Disculpe?"

"Sí, por supuesto sólo para alumnos de primer año. Del resto me encargaré yo. Yo evaluaré si los magos sin linaje mágico pueden seguir estudiando una asignatura extremadamente delicada como es Defensa Contra las Artes Oscuras. Si no se exponen a las Artes Oscuras, será la mejor defensa."

Harry se incorporó, indignado.

"¡Eso no puede hacerlo!. ¡Negar que existen las Artes Oscuras y no ofrecer defensa alguna es peligroso!. ¡Es cegarse!. ¡Y menos aún cuando la diferencia es ser mago de sangre pura o no!"

Egg alzó los ojos con una advertencia pintada en el rostro.

"Le sugiero que no levante el tono de voz ni discuta mis decisiones acerca de la asignatura."

"¡Pero no es justo!"

"¡Ya es suficiente!"

Harry entornó los ojos, furioso, y se sentó de nuevo.

"Tal vez fue un error pensar que podría alguien confiar en usted para impartir esta asignatura. Me encargaré personalmente de ella." Egg sonrió con crueldad. "No necesitará seguir siendo Alumno Colaborador."

Harry abrió la boca, incrédulo: dar las clases era una de las cosas más normales, mejores, que le había ocurrido a su regreso al Colegio. Era injusto que se lo arrebataran así, sin motivo y de forma tan arbitraria. Se puso de pie, dispuesto a discutir el tema con McGonagall si era necesario.

"¿Es todo?"

Egg sonrió de medio lado a Harry y asintió despacio. Harry hizo un saludo brusco con la cabeza y salió del despacho, tratando de controlar el portazo que dio al salir.

ooOOooOOoo

Después de la cena, se sentaron en una de las salitas de la segunda planta. Estaban sólo Ginny, Harry, Hermione y Neville y Harry comprobaba la hora.

"Qué raro… Ron dijo que vendría pronto."

Ginny apoyó la cabeza en su regazo, mientras leía un artículo sobre Quidditch en la edición semanal de El Profeta Diario. Soltó una risita.

"Desde que tiene otra vez novia no se le ve el pelo, y bastante llamativo es de por sí…"

Hermione rodó los ojos y siguió comentando con Neville las propiedades de las ortigas secas y su uso en pociones que a Neville no le sonaban de nada. Ginny levantó los ojos hacia Harry y comprendió que seguía contrariado porque no fuese más profesor ayudante.

"¿Qué te dijo McGonagall?"

Harry miró a Ginny, contrariado.

"Que no puede hacer nada. Si el profesor decide que no necesita ayuda, yo soy ante todo un alumno. Que son las reglas."

"Vaya mierda." Dijo Ginny, apartando el artículo que estaba leyendo. "No me gusta ese tipo. Hoy en clase le dijo a Summers que perdería el curso si seguía hablando de futbol. Le quitó 15 puntos y todo. Y sin embargo yo estuve cotorreando sobre Quidditch y no me dijo nada." Ginny se incorporó y se sentó, doblando las piernas hasta dejar sus pies a su lado sobre el sofá. "Tal vez no sea un Carrow, pero no sé por qué, me recuerda mucho."

Harry asintió. Ginny volvió a colocar su cabeza en su regazo.

"Al menos las clases de Tonks son geniales…" suspiró ella. Harry esbozó una sonrisa, esperando con curiosidad una clase de Transformaciones impartida por una metamorfomaga.

ooOOooOOoo

"Qué lenta eres, Luna…" Ron agarró a la chica del brazo y la llevó casi volando por los pasillos. Luna sin embargo se quedaba mirando los ventanales, admirando el color púrpura del cielo y los tonos que daban algunas nubes dispersas.

"Espera…" murmuró ella.

Ron se detuvo y rodó los ojos.

"¿Qué te pasa ahora? Habíamos quedado con Harry y los demás hace ya un cuarto de hora…"

"Mira…"

Abajo, en los terrenos oscuros donde la luz de las antorchas no llegaba, Ron vio algo que hizo que arrugara la cabeza. Una criatura parecida a un lagarto gigante pasó corriendo, tan deprisa que se preguntó si también era capaz de dejar el rabo detrás si lo atrapabas. Se frotó los ojos, incrédulo.

"¿Qué demonios era eso, Luna?"

Ella se acarició uno de los corchos de botella de cerveza de mantequilla, ausentemente. Pero su frente tenía una arruga, diminuta.

"Se ha ido al Bosque Prohibido…"

"No… hemos compartido una alucinación. Nada más. Vámonos." Ron tiró de ella más para apartarse de esa imagen que por las prisas que hasta ese momento había sentido. "Ahora yo alucino tanto como tú. Viendo criaturas raras…"

Ella le miró con los ojos azules muy abiertos. Casi inseguros.

"¿No me crees cuando te digo que existen?. ¿Quieres que no hable más de eso?" ella asintió despacio, sin soltarle la mano a Ron. "Puedo hacerlo si me lo pides. De verdad." Asintió aún más, casi deseando convencerle de que ella renunciaría a incomodarle por cualquier precio.

Mientras ella tenía sus fantasías, criaturas inventadas o imaginadas que Ron estaba convencido que no existían, ella era feliz. Era lo que hacía que ella fuese Luna y sin ellas y su caminar casi desafiando la ley de la gravedad, no sería su esencia. Y Ron descubrió que odiaba que ella fuese normal. No estaba bien. La normalidad no era lo apropiado para alguien tan único como Luna.

Ron sólo gruñó.

"No digas tonterías. Tú puedes seguir parloteando de todos esos bichos tuyos, otra cosa es que yo te esté escuchando."

Luna sonrió y le acarició la mano con el pulgar. Porque sabía que Ron en realidad sí la escuchaba. Enfadado y de mal humor, pero era él.

ooOOooOOoo

Hedwig llegó volando a la ventana de la Torre de Gryffindor. Lavender se levantó del regazo de Dean y se acercó para abrirla.

"Siempre he pensado que Harry tiene la lechuza más bonita de todo el colegio…" suspiró. Se acercó a la mesa y agarró una galleta lechucil para alimentarla y Hedwig se posó en su brazo, satisfecha de recibir algunos mimos. "Oh… ¡cómo pesa!" exclamó mirando a Seamus, que estaba sentado a su lado.

"Faichill!" exclamó Seamus. "Damnú air!"

Lavender se disculpó cuando por moverse torpemente con una lechuza adulta enganchada de su brazo hizo que el frasco de tinta de Seamus se derramara encima de sus deberes de Herbología. Parvati inmediatamente le ayudó a limpiar los restos y a que el trabajo de toda una tarde no se arruinara en dos segundos.

Dean miró con curiosidad el paquetito que tenía enganchado Hedwig en la pata y miró curiosamente a Lavender.

"Es para Harry, ¿verdad?"

Lavender miró el paquetito y leyó claramente "Harry Potter. Dormitorio de Alumnos de 7º. Torre de Gryffindor. Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, Escocia."

Dean se encogió de hombros.

"Se lo puedo dejar en su cama cuando nos vayamos a dormir, todavía no ha llegado y como siempre anda con rondas y reuniones y todo eso… Hedwig se puede ir a la lechucería."

Lavender le dio un poco más de golosinas, riéndose por las cosquillas que le hacía el pico sobre su palma y le retiró el paquetito. Se lo entregó a Dean y abrió de nuevo la ventana para dejar que la lechuza blanca regresara a la lechucería.

"Anda…" Lavender cerró la cristalera y movió la varita para cerrar el visillo. Se dio la vuelta para mirar a Dean, que estaba de pie con la cajita de color marrón entre las manos y una expresión de curiosidad en el rostro.

"¿Qué pasa?" preguntó ella.

Los otros alumnos no hacían mucho caso; unos estaban sentados junto al fuego, otros jugaban una partida de ajedrez mágico y otros estaban sentados en el suelo intercambiando cromos de magos. Los pocos eran los que, como Seamus, estaban terminando la tarea.

Seamus y Parvati también levantaron las cabezas con curiosidad. Dean se acercó a ellos y les habló en voz baja.

"Llega desde Bulgaria." Miró a sus tres compañeros con los ojos negros llenos de incertidumbre. "¿No es allí donde se ha quedado Krum?"

Los demás asintieron.

"Pues por si acaso, parece importante. Se lo tenemos que dar a Harry y… ni una palabra a nadie."

Los tres volvieron a asentir, por algún motivo conscientes de que había que mantener el secreto.

ooOOooOOoo

Luna y Ron llegaron al pasillo donde iban a verse con sus amigos. Giraron la esquina y las paredes de piedra gris clara relucían bajo la luz de varias antorchas. Algunos retratos estaban vacíos, otros tenían a sus ocupantes charlando en grupos y todos ellos ignoraban a los pocos visitantes que pasaban por allí.

"¡Pit!. ¡Ven aquí ahora mismo!"

Un pequeño Yorkshire se acercó a la carrera a la pareja y se entretuvo en olfatear las piernas de Ron y Luna. Luna se agachó para acariciarlo y murmurarle palabras cariñosas. El animalillo movió el rabo alegremente y mostró un interés particular en la joven, encantado sobre todo de ser el centro de atención.

Luna se dio la vuelta para ver que por el pasillo se acercaba una señora anciana, vestida torpemente con una túnica de bruja de color gris y el pelo canoso recogido en un moño en la nuca. La mujer avanzaba con bastante vigor, para la edad que tenía y Luna se incorporó con el perrito en brazos.

"Este perrito… siempre se dedica a olfatear todos los rincones de este Colegio."

Ron seguía de espaldas, medio agachado para quitarse los restos de suciedad que las patitas del perrito habían dejado en el bajo de su pantalón. Murmurando entre dientes se dio la vuelta, torciendo la boca disgustado.

La anciana estaba acariciando la cabeza de Pit, que seguía en brazos de Luna.

"Los Yorkshire son perritos ratoneros. Los tenían ya desde la edad media en los Castillos y aquí estará en la gloria. Mientras que no haya ningún alumno que pierda su mascota, claro…" estaba diciendo Luna.

"Yo ahora le habría servido a Scabbers en bandeja de plata." Murmuró Ron casi con arrepentimiento de haber defendido su mascota durante tanto tiempo.

La anciana se fijó en la alta figura de Ron y dio un respingo.

"¡Oh!"

Luna abrió los ojos con curiosidad y miró de hito en hito a la anciana y a Ron. Éste alzó las cejas, un poco sorprendido de la reacción de la mujer.

"Pero…" la mujer se acercó a Ron y le puso una mano con mucho cuidado en la cara. Ron pestañeó confundido cuando se dio cuenta de que la mujer tenía lágrimas en los ojos. "No es posible…"

"¿Está bien, señora?" preguntó Ron, extrañado y un poco asustado. Era la reacción que Bill contaba que tenía la abuela cuando le veía de pequeño, y siempre iba acompañada de un achuchón en las mejillas y besos muy sonoros.

Ron pensaba que Filch estaba loco, pero si ya habían traído a otra mujer aún peor que él estaban apañados.

"¿Benny…?"

Ron alzó aún más las cejas y abrió los ojos azules desconcertado. Alto, delgado como sus hermanos Bill y Percy, no estaba siendo consciente del impacto que estaba teniendo en la mujer, hasta que Luna y él la escucharon…

"Percy…"

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Extra: Mini flashforward de Navidad (drabble)

(N/A: Tenía ganas de dejar un regalito de Navidad pero quería enlazarlo con la historia. Así que nada… espero que os deje buen sabor de boca.)

Nochebuena de 1999

El Caldero Chorreante

"Te ha quedado increíble, Hannah. De verdad." Neville miró con ojos admirados el trabajo de decoración y de encantamientos que había realizado Hannah para dar un aspecto cálido y acogedor a la Nochebuena. Había gorros de Papá Noel que originalmente habían sido escandalosos cohetes sorpresa. Como los que había en Hogwarts.

Luna entró del brazo de Ron y miró hacia el techo, encantado como el de Hogwarts aunque sin su grandiosidad. Era una versión muchísimo más simple, pero igual de sorprendente.

"Va a nevar." Soltó ella espontáneamente.

Ron arrugó la frente mirándola como siempre, totalmente desconcertado tipo "¿de qué demonios hablas?". Rodó los ojos y miró hacia el techo encantado del salón de El Caldero Chorreante. Hannah sonrió a los recién llegados y Neville miró a Luna y a continuación también al techo. Que no estaba dejando caer ningún copo de nieve.

Ginny se asomó detrás de ella, comiéndose un trozo de pastel de Navidad.

"¿Cómo sabes eso?" preguntó con curiosidad a Luna relamiéndose los labios por el chocolate.

Pero antes de que Luna contestara, sonaron villancicos desde los árboles de Navidad, que curiosamente sí tenían hechizos de nieve mágica sobre ellos. Ginny creyó oir el "Oh, Mágica Navidad", "Nochebuena Encantada" y "El Abeto Volador". Tiró del brazo de Harry que estaba soltando un silbido de admiración ante la decoración del viejo Pub.

En un rincón, Hermione saludó con la mano a los recién llegados, sentada delante de Malfoy, mientras pasaban por el restaurante más comensales. Los Weasley tenían ya puestos los gorros de Papá Noel, Fred y George estaban practicando su repertorio de villancicos obscenos.

Neville se acercó al fuego de la chimenea y añadió un par de llamas más. Junto a él, Ginny se acercó y le puso una mano en el brazo.

"¿Ya te has terminado el pastel? Se supone que es el postre." Le dijo Neville medio en broma.

Ginny sonrió mostrando una dentadura blanca, perfecta. Inclinó un poco la cabeza y le sonrió burlona.

"Estoy haciendo un poco todo al revés, Longbottom. Y en esta ocasión me apetecía mucho además tener el primer baile con el chico que me llevó a mi primer baile también."

Neville alzó las cejas, casi ruborizándose.

"¿No quieres bailar con Harry?. ¿O tus hermanos?"

Ginny levantó los ojos, asintió mirando a sus seres queridos.

"Vamos, Longbottom. Siempre serás el primero de mi tarjeta de baile."

Neville se rió. Estiró el brazo y fueron hacia el lugar reservado para la pista. No les hicieron mucho caso, salvo cuando Fred le chilló a Neville que "cuidara donde ponía las manos, que seguramente Potter podría matarle con la mirada."

Ginny se dio la vuelta y le hizo un gesto con la mano que provocó inmediatamente un chillido de censura de su madre. Pero Ginny se carcajeó y guiñó un ojo a Harry. Él sólo se rio y siguió hablando con Ron y Luna.

"Primero me inclino." Dijo Neville, mostrando que él sí había recibido una instrucción más propia de una familia mágica. "Ahora tú también…"

Ginny se inclinó con gracia y Neville asintió, aprobando inmediatamente que Ginny no pareciera una Dolores Umbridge bailando un minuet.

"Eso es…" dijo él. "Codo hacia arriba…" parecía que de verdad eran pareja artística. Ginny levantó el codo y él colocó la mano en el omóplato de su compañera. Iniciaron un improvisado vals que arrancó los aplausos de Hannah, Augusta y de Hermione.

"El vals…" dijo Neville cuando se detuvo, inclinándose ante el público y adoptando un tono que sonaba muy parecido a las charlas de Slughorn y que incluso hizo reír a Fred y a George. "se basa en unos pasos al cuadrado. Uno dos tres cuatro, un dos tres cuatro... Así que… ya sabéis."

Hizo un gesto invitando al baile, algo peculiar porque se supone que eso siempre es tras una cena.

Molly sonrió a su hija, que estaba dándole un abrazo cariñoso a Neville, y a continuación fueron pasando las parejas para iniciar una cena de Nochebuena del todo inusual. Una mano pálida, delgada, se extendió delante de ella y Molly alzó los ojos. Sonrió, aceptando la invitación de ir a la pista que le estaba ofreciendo su hijo, su Percy.

ooOOooOOoo


Una de las cosas que me sorprendieron de JKR antes de publicarse el DH, fue que explicaría el tema de los profesores "y su estado civil". A menos que yo esté confundida, nada de eso tiene importancia en el libro (ni se explica). Sin embargo, en esa época ya estaba rumiando esta historia y pensé que cuando decía que "Viktor Krum volverá" y "el estado civil bla bla bla…" ya imaginaba a Viktor de profe y luego el regreso de un Lupin como profesor… de Tonks :) He leído fics donde es Remus quien regresa pero no quise usar ese recurso. Pareció clara su decisión de no volver jamás a la enseñanza.

Dejaré en breve el resto de comentarios en el LJ.

Es probable que quienes dejasteis review en la Nota (capítulo 34) ya no podáis dejar otra vez. Sí es posible si lo dejáis como anónimos (sin Login) o si lo dejáis con Login pero en un capítulo anterior (creo). Si no dejáis comentario, tampoco pasa nada. (Jeje… qué novedad). Bueno, acepto lechuzas con turrón de chocolate suchard. O en su defecto, Grageas Bertie Bott también está bien :D Y Trolls si no os ha gustado :(

Os quiero dar las gracias por seguir aguantando la historia, sobre todo porque estoy siendo tan lenta con las actualizaciones. De verdad que ya no tengo el tiempo que tenía cuando la inicié. Gracias por los apoyos, los mensajes y los comentarios:

EugeArt, Anitaplus, Nell Charentes, Nasirid, Grengras, Isa Malfoy, Jenlic, Alania Balakirev, Nimpadora Weasley, fabian37668, lara evans, Sabaku no Akelos, Nicole Daidouji, aryqueenblack, Pressure, Saiph Lestrange, StraySoul, norma, Annirve, Yedra Phoenix, Mary Byron Potter, Lunaaticaa, saav, Snow Angel 3000, Abril, Nahir5, Carla Gray (wow… :), karla, Peter Mayfair, melaniablack.

No me atrevo mucho a decir cuándo actualizaré, pero lo haré seguro. Entretanto, os deseo una Feliz Navidad a todos y un año 2009 lleno de cosas bonitas. Un beso.

Sig.-