Resumen: Lo sé, ha pasado tanto tiempo… espero que recordéis que Harry recibió un paquetito de parte de Viktor Krum, que no está en el colegio. Su sustituto es Mordicus Egg, y se ha encargado de quitarse de encima a Harry como su ayudante en las clases de DCAO.
Luna y Ron han visto algo en los terrenos de Hogwarts y de camino a una cita con el resto de sus amigos, Ron ha sido confundido con su propio hermano por parte de la anciana que cuidó a Percy, y que gracias Kingsley, se encuentra en Hogwarts como improvisada celadora.
Ahora sí… ¡Hola! ¿Todavía queda alguien ahí? Ya, ya sé que soy lenta. Lo sé, pero en serio, más que falta de inspiración o de tiempo (que también), tengo agotamiento constante (no de la historia) y no me apetece nada escribir. Así que la desgana puede provocar capítulos absolutamente vomitivos, así que prefiero sólo actualizar cuando de verdad merezca la pena. Os agradezco la paciencia y me disculpo por cualquier ruptura en el ritmo que os provoque :S y el comprensible cabreo.
Como vamos caminando hacia la recta final… finalmente voy aclarando cositas… ;) Por favor, insisto, no busquéis más información. Dejad que los la vaya dando o la intriga se irá a la porra.
Capítulo 35. Culpabilidad
"Y es que cuando un mago se pasa al lado tenebroso, no hay nada ni nadie que le importe..." - Rubeus Hagrid. Harry Potter y el Prisionero de Azkaban.
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Jueves 7 de enero de 1999
Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería
A Luna la carrera le pareció más estar flotando que otra cosa. Ligera, de huesos finos, compensó tan sólo por rapidez las largas zancadas que daba Ron por los pasillos. La mano de él le rodeaba el brazo con firmeza y pensó, en el sprint primero al que Ron la arrastró, que sus pies no habían llegado a posar el suelo.
No se quejó ni hizo preguntas; Luna Lovegood no eran de las impresionables ni de las incrédulas, desde luego ella era todo lo contrario. Pero más que por un motivo de su personalidad, era por pura discreción. Y cierto asombro, también. Lo peor fue subir las escaleras móviles, los siete pisos que llevaban hasta la Sala Común de Gryffindor. La Torre de Ravenclaw también tenía un largo trecho, así que eso no le importó, pero un poco sí que sintió la impaciencia de estar en algunos rellanos esperando, mientras observaba a Ron mirar con fijeza el siguiente tramo de escaleras que estaba a punto de colocarse sobre la plataforma que tenían a sus pies. Pies de Ron, por cierto, que daban golpecitos en el suelo con los talones, por pura ansia, o nerviosismo, o todo a la vez.
Cuando llegaron al pasillo del séptimo piso, quedaban sólo algunos estudiantes de Gryffindor, un par de Prefectos de 5º y 6º, una pareja teniendo una sesión de besos y arrumacos tras un busto de un mago célebre…
"¡Quong Po!" exclamó ella reconociéndolo.
Ron se detuvo en seco, tomando la exclamación de Luna como una alarma o algo. Extrajo la varita y la miró como si hubiera visto a un demonio en la pared.
"¿Qué has dicho?"
"¡La estatua, es Quong Po!"
Ron rodó los ojos y aferró el brazo de Luna, pese a que ella quería quedarse a mirar el busto y leer la inscripción de su plaquita.
"¿Qué estatua?" Ron miró hacia donde Luna miraba con felicidad y resopló como si fuese la primera vez que veía, en siete años, un busto ahí. "Pfff. Me da igual ese Compó o como diablos se llame. Joer, eres peor que Hermione; anda vamos que nunca llegaremos a la Sala Común."
Luna suspiró mientras lanzaba una última mirada al busto, sin prestar atención a las miradas extrañadas de los pocos estudiantes que quedaban por el corredor. Las salas antes de llegar al retrato de la Señora Gorda eran amplias, con alfombras de tamaños tan imposibles como para que un muggle las hubiera hecho llegar hasta allí. Los ventanales eran grandes con arcos góticos y vidrieras que ahora no permitían pasar ninguna luz, dadas las horas. Luna no había llegado antes tan cerca de la Sala Común de Gryffindor y no deseaba perder detalle.
Observó con curiosidad a la Señora Gorda, peinada de forma anticuada con dos rodetes a ambos lados de la cabeza y un vestido rosa demasiado… rosa, en opinión de Ron. Pero ignoró como siempre ese hecho. La mujer estaba tranquilamente bordando un almohadón como si no tuviera nada mejor que hacer, como por ejemplo dejarles paso a dos estudiantes con la cara roja de la carrera y casi sin oxígeno.
"Cuer…no… de… unicor… nio…" logró pronunciar Ron intentando recuperar el aliento.
"¿Huh?" contestó simplemente la mujer. "¡Válgame el cielo, pero qué aspecto es ése…! ¡Tan desaliñado…!" miró a Luna, que curiosamente no tenía el cabello revuelto ni tenía gotitas de sudor; tan sólo un rubor teñía sus mejillas pálidas. Por lo demás, seguía teniendo el aspecto que siempre tenía Luna. Sí, ese aspecto. La Señora Gorda dio un respingo y miró arrugando la nariz hacia un lado, completamente desconcertada.
"Vale, sí, es una Ravenclaw, pero viene conmigo y si no la deja pasar, dará igual, no estaremos mucho tiempo…" dijo atropelladamente Ron, sintiendo unas repentinas ganas de desagarrar el lienzo como hizo en su día Sirius.
"Oh…" la Señora Gorda pareció percatarse del detalle de que Luna era Ravenclaw en ese preciso momento. Luna sin embargo ignoró la conversación para observar con tranquilidad el bordado que estaba haciendo el lienzo. "Esos pendientes… estas modas…" rodó los ojos intentando olvidar que delante tenía a una alumna con pendientes de rabanitos colgándole de las orejas.
Ron exhaló aire, hartándose cada vez más rápido pensando con una sonrisa mental, sólo por fastidiarla. "Y agradezca que no trae el collar de corchos de botellas de cerveza de mantequilla."
"¡Cuerno de Unicornio!" chilló completamente harto del retrato.
La Señora Gorda puso la boca en forma de "O" pero no respondió a la impertinencia del muchacho, por muy Prefecto que fuese. Luna creyó oir algo de los "modales" y un "habrase visto…", pero poco más. Ron hizo que pasara por el agujero que el retrato guardaba y se metieron en la Sala Común.
"¡Ya lo sé ya lo sé!" exclamó Ron poniendo las manos en alto a modo de disculpa. "Llegamos tarde y todo eso, pero os aseguro que no hemos hecho nada malo para retrasarnos tanto…"
Luna inclinó la cabeza.
"Bueno, besarse en el patio de la Torre del Reloj no es malo, pero tal vez eso sí que hiciera que nos retrasáramos…" dijo ella con una sinceridad que en opinión de Ron, era demasiado innecesaria. Pero Ron abrió la boca de par en par. En la Sala Común no estaban sus amigos como había esperado. Tan sólo Nigel, sentado con Arnold, el soplido enano morado de Ginny. Nígel les miraba de hito en hito con la boca abierta.
"Eh…" Ron enrojeció un poco por haber dado explicaciones innecesarias al crío. "¿Has visto a Harry?"
Nigel asintió.
"Se fueron todos a la Sala de los Menesteres." Los ojos del chico se iluminaron. "¿Crees que habrá reunión de Ejército de Dumbledore."
Luna inclinó la cabeza con interés y miró a Ron que estaba a punto de dar un grito de frustración. ¿Qué demonios tenía que ver en todo eso el Ejército de Dumbledore?
"¿De qué diab…?" soltó un resoplido. "Da igual." Volvió a agarrar a Luna del brazo para salir de la Torre de Gryffindor e ir al pasillo correcto, agradeciendo por primera vez en la vida que la Sala de los Menesteres estuviera en el séptimo piso.
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Sala de los Menesteres, Séptimo Piso
La Sala se había abierto hacía rato para dejar pasar a un grupo de muchachos, todos ellos de la Casa Gryffindor, todos ellos de séptimo curso salvo la chica del pelo cobrizo. En otras circunstancias, la Sala se habría abierto para dejarles un amplio espacio ideal para lanzar hechizos; habría incluso provisto de estatuas móviles con peanas giratorias y dianas que se desvanecían y volvían a aparecer para que practicaran la técnica del duelo. Era en ocasiones mucho mejor que el propio Club de Duelo.
Pero ese día la Sala sólo era un pequeño cuartito similar a una sala de estar, pero sin mesa ni sillas: sólo había cojines sobre una alfombra y una enorme chimenea que a ninguno se le ocurriría utilizar con Polvos Flu.
Dean, Seamus, Parvati y Lavender estaban sentados con la mirada fija en el paquete que Harry estaba desenvolviendo. Éste tenía las muelas fuertemente apretadas; en su sien Ginny pudo ver que la vena estaba tensa por la preocupación y le puso una mano en el brazo, esperando que se tranquilizara.
Hermione y Neville intercambiaron una mirada; habían optado por ir a buscar a Ron a la Sala Común y directamente quedarse allí, ya que ni él ni Luna se habían presentado a la hora que habían acordado. Al llegar encontraron a sus compañeros excitados y el hecho de que en el mismo día Harry tuviera prohibido impartir clase pero a la vez, haber recibido un paquete de Viktor Krum, el anterior titular de la asignatura que no podía enseñar, era poco más que una coincidencia.
Dejó el encargo a Nigel de esperar a Ron y decirle dónde estaban, misión que él asumió con el entusiasmo de quien cree que el Ejército de Dumbledore se había revitalizado.
Decidió olvidarse de Egg y su injusta decisión de dejarle fuera de las clases de Defensa Contra las Artes Oscuras. Abrió el paquete.
"¿Qué es, Harry?" preguntó Lavender ansiosa. "Tiene que ser muy importante para que Krum te envíe algo a ti…"
Hermione abrió la boca automáticamente para replicar lo que creía que iba a terminar como un "o a lo mejor resulta que Hermione tampoco era tan especial para Krum después de todo, si es que era de esperar…"
Sin embargo, las palabras que Hermione iba a responder airadamente murieron en su garganta: tanto Lavender como Parvati estaban con los rostros extrañamente serios, preocupados. Y en ese mismo instante, revelador y sorprendente, la propia Hermione comprendió que tal vez sus compañeras eran tan injustas en juzgarla a ella… como ella misma al juzgarlas a ellas también.
Escuchó el crujir del papel y volvió la atención hacia Harry.
"Una Snitch…" murmuró en voz baja y arrugando la frente. "¿Me ha enviado una Snitch?"
Ginny se asomó un momento a la mano que aferraba la pequeña Snitch.
"Está quieta… es extraño, no se mueve. Normalmente las Snitchs las tenemos aseguradas…" el ceño se hizo más profundo. Harry dio vueltas a la Snitch entre sus dedos, sin hallar nada especial. Ginny rozó con su dedo una de las alas y la Snitch inmediatamente salió volando por toda la sala, con tal velocidad que ninguno reaccionó hasta que se dieron cuenta de que Harry no estaba mirando su mano, sino a algún punto de la Sala.
Tanto él como Ginny se incorporaron y los demás los imitaron, mirando hacia todos lados con el fin de poder dar con el esquivo objeto.
"¡Allí está, junto a la cortina de la ventana!" exclamó Harry, corriendo hacia allá. Pero la Snitch volaba por todas partes y sin escoba era imposible atraparla, aunque Ginny y él eran los más capaces de seguirla con la mirada.
Hermione emitió un soplido exasperado y sacó la varita.
"¡Immobulus!"
La Snitch se quedó quieta en el aire y ella sonrió con orgullo, mientras los demás hicieron un gesto de vergüenza; la mayoría estaba pensando tanto en las reglas del juego que prohibían cualquier encantamiento u hechizo, que no pensaron que no estaban jugando al Quidditch realmente. Hermione, que no sentía especial predilección por ese juego, no tuvo dudas que cualquier técnica sería válida con tal de recuperar la Snitch.
"Bien hecho, Hermione." Dijo Dean sonriendo.
Harry iba a apuntar un "¡Accio Snitch!", cuando la bolita brilló de luz dorada y… se dividió en dos. Todos emitieron exclamaciones de sorpresa y se convirtieron en otras tantas, más producto de la rabia cuando las dos Snitchs comenzaron su loca carrera por toda la sala.
"¡Oh no!" exclamó Hermione. "¡Sólo he incrementado el problema!"
Neville miraba por todas partes, intentado seguir el rastro de una de las bolitas.
"No te… preocupes…" le dijo él. "Nos habría pasado a todos… ahora cualquiera se atreve a echar algún otro hechizo…"
"Tienes razón." Dijo Harry, cuyos ojos seguían perfectamente una de las trayectorias. "Parece que sólo podemos atraparlas como si jugáramos al Quidditch. Está bien, Ginny y yo las atraparemos."
"Pero Harry…" respondió Seamus, "Aquí no tenéis espacio para moveros con las escobas, y si salimos y esperamos que la Sala se haga lo suficientemente grande, tal vez las Snitch se pierdan para siempre, o se queden en esta mini sala…"
"¿Pero cómo ha pasado esto?" exclamó frustrada Parvati. "Fue tocarla y salir volando…"
"No." Dijo Ginny, dejando de mirar las Snitchs. "Fue en el momento en el que yo la toqué. Con Harry no hizo absolutamente nada. Es como si la Snitch fuese dirigida a ti, y sólo a ti. Pero no logro saber por qué."
"Creo que tienes razón." Respondió Harry. "Por algún motivo, Krum se ha asegurado de que yo era el receptor, y si alguien intentaba tocarla o intentaba algún hechizo… bueno ya veis lo que ha pasado."
"Lo siento…" dijo Ginny con una mueca. "No me imaginaba que iba a pasar esto."
"Yo también lo siento." Murmuró avergonzada Hermione. Ni se le había podido pasar por la cabeza que un simple Immobulus iba a complicarles mucho más la vida.
En ese momento, la puerta se abrió cuando Ron y Luna entraron sofocados por la puerta. Lavender puso los brazos en jarras e inclinó la cabeza, intercambiando una mirada con Parvati.
"Vaya, vaya… Ron…" dijo Lavender con musiquita. "Ya veo que estás muy bien acompañado, haciendo cosas…"
Ron no le hizo ningún caso, tan sólo puso las manos en las rodillas y se inclinó para tomar aire
"¡Ron cierra la puerta!" exclamó Harry inmediatamente, preocupándose de ver las enormes puertas dobles dejando vía libre a las Snitchs para perderse en todo un Castillo.
Al oírlo, Ron reaccionó como si no tuviese ningún tipo de cansancio; cerró las puertas y se volvió a mirar al extraño grupo, unos mirando hacia el techo, otros observándoles a ellos con curiosidad. Luna sin embargo, aunque algo sofocada, en realidad fue de las que también miraban el techo y la carrera loca de dos Snitchs sueltas.
"Hay dos Snitchs en el techo." Mencionó ella como el que menciona que llueve porque llueve.
"Sí, gracias, Luna." Dijo Harry ausentemente, sin saber cómo se seguía sorprendiendo de que Luna fuese la persona más capaz del mundo de dejar claro las cosas que eran obvias. Incluso las que también eran obvias para el resto del mundo.
"¿Habéis probado…?" dijo ella, sacando la varita.
"¡No!" Harry se acercó a ella y le bajó la varita. Luna le observó con curiosidad y Ron frunció el ceño, aproximándose. Iba a hacerle la pregunta elemental de "qué hacen dos Snitchs revoloteando por la Sala de los Menesteres", pero Harry levantó la mano. "Nos arriesgaremos. Hermione tiene razón, no podemos usar una escoba como si estuviésemos en el campo de Quidditch. Tendremos que salir y esperar que la Sala mantenga las Snitchs, aunque en una sala más grande."
Todos se miraron como si esperaran que a otro se le ocurriera una opción menos arriesgada. ¿Y si la Sala hacía desaparecer las Snitchs? ¿Y si la Sala en la que estaban ahora no volvía a aparecer?
Viendo que tenían que aceptar el riesgo, o abrir una ventana y esperar atraparlas a cielo abierto, todos salieron de la Sala en silencio para no despertar a los retratos ni a ningún posible profesor que estuviera rondando los pasillos. Una vez fuera, Harry les miró a todos, compartiendo la misma esperanza. Al entrar otra vez, la sala era una enorme bóveda, de un techo tan alto y un diámetro tan largo que a Hermione le hizo pensar que estaban en la iglesia de Santa Sofía de Estambul.
"Yo no veo nada…" murmuró Parvati mirando preocupada hacia todos lados.
Harry miró a Ginny y ambos asintieron sonrientes; habían detectado el movimiento de las Snitchs. Sin embargo, Hermione puso la mano en el brazo de Ginny y evitó que ésta invocara a su escoba por medio de un ¡Accio!
"¿Qué haces?"
"¿No lo has visto?" preguntó Hermione. "Es Harry el que debe tocar esas Snitchs."
Todos miraron durante un momento y comprendieron que Ginny no podía arriesgarse a volver a tocar una Snitch, a menos que quisieran llenar la sala de ellas por lo menos. Ginny pareció decepcionada, pero Harry se encogió de hombros.
"No importa." Dijo él, sin dejar de mirar a una. "Atraparé una y veremos si es la auténtica. Entonces, si no ocurre nada, iré a por la otra." Sonrió a sus amigos y trató de transmitirles entusiasmo. "Un entrenamiento nunca viene mal…"
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Veinte minutos después, Harry logró hacerse con la primera bolita. Ginny no había dejado de observarle en todo ese tiempo y a ayudarle con indicaciones desde el suelo; el resto optó por sentarse en un lado de la sala, cansado de intentar seguir la estela dorada cinco segundos después que Harry y Ginny. Cuando ella se soltó del abrazo de oso que le había dado, pudieron acercarse al resto. Todos ellos tenían unas expresiones serias, desconcertadas.
Harry sin embargo, malinterpretó sus gestos.
"Bueno, ya sé que podría haber sido más rápido, pero aquí hacer giros es arriesgarse a darse contra el muro, y la distancia con el suelo…" pero comprendió que ellos no estaban pensando precisamente en el tiempo que habían tardado en recuperar la bola.
"Huh… Harry. Creo que Ron tiene que decirte algo… a ti… y a Ginny…"
Harry metió la Snitch en el bolsillo de su camisa y lo cerró para que no se escapara, aunque de nuevo, bajo su toque, la Snitch estaba completamente quieta. Se olvidó de la otra cuando se sentó en el corrillo donde estaban los demás.
Ron tomó aire profundamente y miró primero a su hermana. Ginny se inclinó hacia delante y cerró la boca preocupada.
"¿Habéis visto ya a la nueva celadora, verdad?"
Ginny varió su expresión, desconcertada y Harry parpadeó, antes de contestar.
"Sí, la anciana que tiene ese perrito…" comenzó a decir Harry.
"Ha visto a Percy." Interrumpió Ron. "Conoce a Percy, Harry."
Ginny soltó un chillido y sus ojos brillaron como si tuviera unas lágrimas que estaban a punto de salir. Antes de que ninguno hiciera nada, Ginny se acercó a su hermano y le aferró los brazos.
"¡Ron!. ¿De verdad, es eso cierto?. ¿Dónde está Percy?"
Ron movió la cabeza y puso las manos en los hombros de Ginny.
"No lo sabe. Me reconoció a mi, pensaba que yo era Percy. Pero ella no le conoce como Percy… ella le llamaba Benny."
Ginny bajó los hombros y parpadeó, entre decepcionada y escéptica.
"¿Cómo sabes que era entonces Percy? Puede estar confundiéndote con cualquier otro."
"No." Dijo Ron negando con la cabeza. Los demás bajaron las suyas, como si estuvieran presenciando una conversación privada entre los dos hermanos. "Era él. Todo concuerda… ella le llamaba Benny porque sólo era lo que le dijo, cuando le conoció en Hogsmeade. Las cartas… las cartas que llevaba Hermes de parte de mamá…"
Ginny soltó dos lágrimas silenciosas mientras miraba a su hermano y cerró los brazos en el jersey gris de Ron, tratando de aferrarse a algo y de tratar de contenerlas.
"¿Quieres decir… que todo este tiempo… Percy estuvo en Hogsmeade…?. ¿Tan cerca?"
Ron no contestó y bajó los ojos. Ginny inclinó la cabeza a su vez pero volvió a levantarla, con los ojos marrones brillantes… y horrorizados.
"Penny… él decía Penny…"
Ron asintió.
Ginny se puso inmediatamente de pie y directa a la salida de la Sala. Los demás se irguieron por la sorpresa, pero fue Harry el que se puso de pie y la detuvo.
"¿Dónde vas?"
"¡A hablar con ella, a que me diga qué le ha pasado a mi hermano, a que me diga dónde está ahora, por qué no ha contactado con nosotros, por qué no está…!"
De pronto se derrumbó y Harry la abrazó, apoyando la barbilla sobre su cabeza. La llevó a un lado para que Ginny pudiera desahogarse sin la mirada directa de sus compañeros; ninguno de ellos les miró, respetando esa intimidad.
Unos segundos después, ambos regresaron con Ginny un poco más tranquila. Luna se incorporó y trajo, de alguna parte de la Sala, una taza de poción calmante calentita y Ginny la aceptó. Ron esperó a que estuviera más tranquila y continuó.
"Esto puede que también te interese, Harry." Dijo en voz baja. "Esta mujer, se llama Mopsy. Ha vivido siempre en Hogsmeade, es squib. Ella encontró malherido a Percy, hace algunos meses y lo tuvo a su cuidado en su casa, a las afueras. Pero Percy se marchó de allí hace un tiempo y no ha vuelto a verlo. El cómo está en Hogwarts, no tengo ni idea, pero es una coincidencia extraña."
Harry asintió. Un segundo después preguntó, extrañado.
"¿Por qué, además de lo obvio, crees que esto me puede interesar a mi en particular?"
Ron no le respondió inmediatamente; los demás aguardaron la respuesta, porque no la había mencionado mientras Harry había estado persiguiendo la Snitch, ahora mismo olvidada en su bolsillo y la otra supuestamente zumbando por la Sala.
"Porque durante su exilio, también dio cobijo a Sirius Black."
El rostro de Harry varió completamente de expresión. De cierta curiosidad pasó a un estado de estupefacción que Hermione y el resto pocas veces habían logrado ver en su amigo. Hasta Ginny pareció estar completamente repuesta cuando aferró la mano de Harry, consciente de que cualquier referencia a Sirius provocaba en él un pinchazo de dolor y ganas de conocer más sobre la vida que tuvo y que no pudo vivirla con él.
Harry se quedó callado, recordando cuando durante el Torneo de los Tres Magos, Sirius anduvo oculto. Los avistamientos que tuvieron, cuando dijo que había estado refugiado en casa de una anciana… Es ella, Harry. Ella cobijó a Snuffles.
Harry se puso de pie y se alejó unos pasos del grupo, llevándose las manos a la boca y dándoles la espalda. Ninguno dijo nada, ninguno se movió porque sabían que Harry intentaba asimilar ese descubrimiento. Ninguno supo qué estaba haciendo, cabizbajo en medio de una sala que ahora parecía incluso más grande.
Luna miró hacia el techo y sonrió.
"Ya no hay ninguna Snitch."
Los demás trataron de ver el destello dorado de la pelotita, pero parecía que era verdad. Sólo había una Snitch y era la que Harry tenía en el bolsillo.
"Tal vez cuando Harry tuvo la Snitch, el encantamiento protector dejó de tener efecto…" susurró Hermione, mirando preocupada la figura de Harry, todavía inmóvil a unos metros de ellos. Éste finalmente emitió un suspiro y se aproximó de nuevo a ellos.
"Está bien Por lo menos sabemos que Percy se marchó de casa de la señora Mopsy sano y salvo… ahora no sabemos más." Metió la mano en el bolsillo y sacó la Snitch que les había robado tanto tiempo. "Krum ha enviado esto por algún motivo… ¿pero cuál?"
Estuvieron un rato intentando saberlo, pero ninguno se atrevía a utilizar la varita otra vez y causar más problemas. Dándose por vencidos, dadas las horas que eran, decidieron que era mejor el momento de irse a la cama y buscar una solución por la mañana, más despejados y menos impactados por las noticias.
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Viernes 8 de enero de 1999
Aula de Transformaciones
"Está bien… sentaos todos que vamos a empezar" dijo con voz aburrida Tonks, apoyada contra el escritorio mientras miraba el listado de alumnos en un pergamino. "Señorita Bones…" dijo sin ni siquiera levantar los ojos del pergamino. "Puede ir sacándose ese chicle de la boca y señor Corner, estoy segura de que ese paquete, lo que sea que es, no tiene nada que ver con la clase."
Algunos que conocían más a Tonks echaron unas risitas, pero la mayoría se sintió un poco sorprendido de que alguien tan joven como ella, tuviera esa seguridad en sí misma. Unos momentos más tarde, todos habían tomado asiento en la sala alargada de Transformaciones, iluminada por la luz de la primera hora del día que se filtraba en las vidrieras de ambos lados.
El hecho de tener el pelo rosa no extrañó demasiado a la mayoría de los alumnos; otros lo miraban fijamente, acordándose sin duda de la anterior profesora: no podrían haber tenido a una sustituta más diferente a Minerva McGonagall.
"Esta bien. Para empezar os quiero dejar algo muy claro: el que quiera llamarme Nymphadora o profesora Lupin, saldrá de clase con una patada en el c… con un Troll seguro en el examen parcial que haremos antes de finalizar. Así que seré la profesora Tonks, nada más."
Todos intentaron contener las sonrisas mostrando los rostros serios y solemnes.
"Perfecto. Como os queda claro, empecemos. Como veis en el capítulo 18, que es donde os quedasteis antes del parón de la Navidad, vamos a iniciarnos con los hechizos distinguidores." Tonks rodó los ojos cuando observó que algunos alumnos parpadeaban desconcertados, otros como Justin o Hermione mostraban un interés genuino. "Seguramente el profesor Flitwick os ha comentado… ¿alguien sabe decirme?"
Hermione, para variar, levantó el brazo de forma que quedó completamente estirado y en vertical.
"Los hechizos distinguidores sirven para detectar de forma incontestable un objeto transformado y saber cuál fue su forma original." Recitó de manera impecable.
"Eso es. Cinco puntos para Gryffindor." respondió Tonks. "Poneos con el compañero que tenéis asignado porque a continuación os daré un objeto, tendréis que clasificar su forma original, transformarlo en esa forma…" se oyeron algunos aullidos de decepción por tener que iniciar ya el curso. "No, nada de 'aaaauuusss', a trabajar. Y después, un par de pergaminos serán suficientes para que me contéis qué habéis aprendido de este ejercicio. Así, que, adelante."
Tonks agitó la varita y por la clase flotaron un reloj despertador, un papagayo con su jaula, un caldero de peltre, una caja de pañuelos bordados y con encaje que a Ron le recordaron espantosamente a los de su tía abuela Muriel…
Harry se quedó un momento quieto, intentando imitar la técnica impecable de su compañera Hermione cuando invocaba el hechizo distinguidor. Su mente sin embargo no parecía obedecerle; más bien pensaba en la noche anterior. En descubrir que ya no podía dar clases, que Krum le había regalado una Snitch encantada y a prueba de aurores y rompemaldiciones, que la nueva celadora había llegado a conocer a Percy y que también había recogido a Sirius durante su huida de la justicia…
Notó el rostro húmedo. Parpadeó y se apartó cuando delante de la mesa había un pequeño cachorro de perro. Negro, lanudo, regordete y le estaba chuperreteando la mejilla y manchándole las gafas. El animalito movía la cola feliz y Hermione, sonriendo, lo agarró antes de que se fuera a otra mesa o se bajara al suelo.
"Perfecto…" dijo Hermione sonriendo de par en par. "Ahora me temo que tendrás que volver a convertirte en un salmpimentero…"
"¡NO!" exclamó Harry. Toda la clase se quedó en silencio cuando observó a Harry. Hasta Tonks estiró el cuello y levantó las cejas con educada sorpresa. Harry tosió varias veces y el resto siguió con sus tareas. Hermione, sin embargo, no dejó de observar interesada a Harry. Abrió la boca de par en par cuando Harry se llevó al perrito en brazos y fue directo hacia la mesa de Tonks, donde estaba corrigiendo otros ejercicios.
"Iba yo a pasar por las mesas, Harry, no tenías que traer el objeto… animal… transformado." Dijo ella. Bajó los ojos hacia el animalito. "¿Ocurre algo?"
Harry colocó al perrito en el escritorio, sujetándolo para que no se escapara. El animal olfateaba los objetos y los pergaminos, pero no pareció molestarle a Tonks. Seguramente la profesora McGonagall no lo habría tolerado.
"No puedo."
Tonks torció la boca hacia un lado.
"¿Me estás diciendo que el héroe Potter no es capaz de transformar un perrito en un simple salero?"
Harry sin embargo acarició el pelo negro del animal.
"Míralo, Tonks." Susurró él, tuteándola. Tonks varió su rostro cuando detectó el tono de Harry. Sus ojos se fijaron en el animal y se quedó durante un momento quieta, sin palabras. Era como ver una versión en miniatura de Padfoot. Era como ver a Sirius. "Míralo." Repitó Harry y alzó los ojos verdes, indescifrables. "No puedo."
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Hermione siguió a Harry por el claustro del Aula de Transformaciones. Durante la clase no dijeron nada más cuando todos fueron cambiándose objetos transformados y des-transformados. Imaginó que el tema del perrito tendría algo que ver con el parecido a cierto animago, pero no fue capaz de sacar el tema, por si acaso. A veces era mejor dejar un rato tranquilo a Harry. La nueva celadora se mostró entusiasmada de contar con otro perrito que le hiciera compañía y aceptó encantada que Hagrid le hiciera al animalito una caseta cerca de los invernaderos.
Pero Hermione caminó lo más deprisa que podía, cargando con su bolsa de libros y pergaminos, dispuesta a no perder de vista a Harry.
"¡Granger!" gritó Draco, saliendo detrás de ella también. "¿Se puede saber por qué no me has respondido antes?"
Malfoy la alcanzó y se puso a su altura fácilmente. Ella le miró de soslayo, pero no dejó de fijarse en Harry que caminaba varios pasos por delante de ellos y a un ritmo demasiado ligero.
"¿Qué pasa, por qué seguimos a Potter?"
"No le seguimos, yo le sigo, luego podemos vernos si quieres."
"Pues no, no quiero, quiero saber qué pasa y por qué vas tras él."
Pero Malfoy soltó un soplido furioso y echó a correr hacia Harry. Hermione soltó una exclamación y fue tras él, pero las zancadas que daba no eran ni remotamente iguales a las del Slytherin.
"¡Potter!" gritó Malfoy, de una forma más propia de un vendedor ambulante muggle y que habría hecho desmayarse a su madre.
Harry se dio la vuelta y arrugó la frente; se pasó la mano por el pelo cuando rodó los ojos. Detrás de él se acercaba Hermione así que decidió que mejor se quedaba quieto.
"¿Quieres que Granger te lance un Petrificus totalus o qué? Te aviso que cuando se cabrea es violenta. ¿Por qué te escapabas de Granger?"
Harry resopló y entró en las puertas dobles que llevaban a esa parte del Castillo. Dentro, el vestíbulo que daba a uno de los puentes de Hogwarts estaba vacío, salvo por las chimeneas que prendían en las paredes, el tapiz que había colgado sobre la escalera de granito y mármol y la armadura del rincón. Harry se asomó y se dio la vuelta hacia Hermione y Draco.
"¿Esa puerta lleva a las mazmorras de Pociones, verdad?"
"No pienso darte clases ahora." Respondió Malfoy cruzándose de brazos. "Eres un caso perdido. Y qué narices, no me da la gana."
Harry no le respondió. Bajó hacia el estrecho rellano y torció hacia las mazmorras. Esperando que Slughorn estuviera en clase, fueron hacia uno de los laboratorios y cerró la puerta. Extrajo del bolsillo la Snitch y Hermione miró con recelo.
"No creo que sea adecuado soltar la Snitch precisamente en un laboratorio lleno de frascos de pociones Harry."
Malfoy, que no sabía de qué iba el tema, vio la Snitch que tenía Harry en el puño y lanzó los brazos frustrado.
"¡Venga hombre, Potter, no jorobes!. ¿Qué mierda pretendes hacer, intoxicarnos, envenenarnos si sueltas esa cosa aquí precisamente?"
"No digáis tonterías, no pienso soltarla de la mano." Harry se acercó a la enorme mesa y la aproximó a una de las lámparas. "Tiene que haber algo aquí, algún utensilio o herramienta…"
Los tres se acercaron para ver mejor, pero fue Malfoy el que movió una de las enormes lentes para ponerla sobre la pelota que tenía Harry. La superficie era rugosa y brillante, no tenía nada más especial que cualquier Snitch.
"Ábrela." Dijo Malfoy.
"¿Cómo?"
Harry colocó con cuidado los dedos a ambos lados, procurando que no se le escapara o tendrían un problema. Al hacer el movimiento, la Snitch se abrió con una facilidad pasmosa. Hermione sonrió.
"Sabía que Viktor no te lo complicaría…" murmuró.
Malfoy giró la cabeza hacia ella en un segundo.
"Creo que me tienes que contar algo. ¿De qué va todo esto?"
Harry miró a Draco con los ojos verdes fríos, duros.
"Espero que no tenga que hacer un Fidelio para garantizar tu silencio, ahora que te llevas tan bien con Egg."
Malfoy dejó de mirar a Hermione y se fijó en Harry.
"¿De qué hablas?. ¿Qué coño tiene que ver Egg en esto?"
"Ni una palabra."
Draco echó la cabeza hacia atrás.
"Merlín me ha debido de bendecir con una paciencia infinita para aguantar a todos los pesados de los Gryffindors del mundo y sus tonterías. ¿Para qué diablos le voy a hablar a alguien de que hemos venido a una mazmorra de Pociones a mirar a una Snitch bajo una lupa?" soltó un bufido. "¿Quieres que yo tenga la misma fama de pirado que tienes tú?"
Harry no se movió ni contestó. Draco rodó los ojos.
"Está bien. Los sangre pura siempre cumplimos nuestra palabra. Y los Malfoy en particular también."
Harry alzó una ceja escépticamente, casi a punto de decir, "menudo juramento de mierda". Pero fue Draco el que habló.
"¡Que lo abras ya joder!"
La Snitch se desvaneció en las manos de Harry y delante sólo encontró un pequeño pergamino con la letra cuidadosa de Krum; el tipo de letra que no estaba demasiado habituada a escribir en caracteres latinos.
"Recuerda la Historia del Torneo de los Tres Magos. Eso está oculto en Hogwarts."
Hermione parpadeó.
"La historia del Torneo…" murmuró confundida. Miró a Harry como para asegurarse que él tenía la respuesta en la boca pero Harry estaba aún más perdido que ella, a juzgar por su expresión.
"¿Qué Historia con mayúscula?. ¿No pretenderá que nos memoricemos todos los Torneos…" exclamó Draco. Pero antes de poder terminar la frase, el pergamino se volvió en una pequeña llama.
Hermione contempló la llama, mientras su cabeza repasaba.
"Historia… Historia con mayúscula…" murmuró ella absorta, con la vista fija en la pequeña llama que se iba extinguiendo cuando las cenizas cayeron despacio sobre la mesa del laboratorio de Pociones.
Abrió los ojos de par en par y se llevó las manos a la cara, exclamando un grito, absolutamente mortificada.
"¡Oh, no, Harry… VAS A MATARME!"
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Callejón Diagon. Londres
El Callejón Diagon a primerísima hora de la mañana era muy distinto a como era en la hora punta. Las tiendas todavía no había abierto; algunas tenían los carteles de cerrado y otras tenían las puertas cerradas pero las cancelas abiertas, signo de que en breve abrirían al público.
Sin embargo, no era el Callejón Diagon lo que ahora mismo Percy Weasley tenía en la cabeza. Bajó la capucha sobre su frente para ayudarle a ocultar mejor sus llamativos cabellos y se dirigió directo hacia el oscuro esquinazo del fondo a la izquierda, al pequeño y discreto cartel que, inconfundible, marcaba con un dibujo de una mano la dirección del tenebroso y sombrío Callejón Knockturn.
Observó una pareja hablando en otro lado de la calle e inmediatamente bajó las escaleras de uno de los bajos del edificio, procurando así no ser visto; sospechaba que pudieran ser aurores, o simplemente dos viejos conocidos que se habían encontrado a hora temprana, nada más. No quería correr riesgos.
Estimó que en unos cinco minutos las tiendas empezarían a abrir. Metió la mano en uno de los bolsillos de la raída y oscura túnica, demasiado vulgar para que alguien le prestara más de dos segundos de atención. Extrajo una pequeña redoma y se mordió el labio superior, conteniendo un suspiro asqueado. Abrió una cajita y sacó uno de los cabellos que meses antes había arrancado a uno de los agresores en Hogsmeade, durante la Bonfire Night. Con cuidado, quitó el tapón de la redoma e introdujo dentro el cabello.
El color de la poción Multijugos varió ligeramente, volviéndose a un tono marrón parduzco, como si acabara de meter el frasco en el Támesis. Contuvo una repentina náusea y cerró los ojos para olvidarse de lo que estaba a punto de beberse. No era la primera vez que había probado esencia de McTarquin. Sí era la primera vez, sin embargo, que se había propuesto ir al Callejón Knockturn.
Había hecho una investigación digna de un profesional de la magia oscura, en una rama muy particular y le asqueaba. En su familia, no sabía de nadie que hubiese sido un mago oscuro o hubiese tenido intención. La magia más traviesa y descontrolada probablemente sería la que utilizaban sus hermanos gemelos, y eso distaba mucho de ser considerada "magia negra".
Su madre no siempre estaba de acuerdo.
"¡Demonio de críos!"
Eso lo solía decir cuando eran pequeños. Era mejor no estar al alcance de la varita de Molly Weasley cuando estaba enfadada. Ni tampoco era buena cosa encontrarse muy cerca de los cachivaches de sus hermanos, no importaba qué estado de ánimo tuvieran Fred y George.
La última vez había estado en Obscurus Books… ¿hacía cuánto? Probablemente un mes. En ese tiempo solo había podido constatar una cosa: no había nada más que lo que él ya sabía. Nada más que pudiera destruir a esa cosa. Pero esperaba que esa cosa estuviera ya muerta, después de todo, había dejado ese último encargo antes de desaparecer tanto tiempo en Hogsmeade, después de la muerte de Penny.
Tras cerciorarse que no había rastro de sus cabellos inconfundibles, la cara delgada y las pecas dispersas por su nariz, Percy se quitó las gafas cuando su vista se iba haciendo más borrosa, síntoma inconfundible de que no tenía que llevarlas más. Apretó los puños y fue decidido a encontrar a quien había destruido toda su vida.
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Hogwarts. Bosque Prohibido
Al caer la noche, los Prefectos y los profesores ordenan a los alumnos a volver a sus respectivas Casas. No obstante, algunos alumnos no necesitan ninguna orden, simplemente se pasan desde que acaban de cenar hasta la hora de irse a la cama encerrados en sus Salas Comunes, la Biblioteca y otras salas de estudio haciendo sus deberes o repasando lecciones. Otros son aficionados a rondar y explorar rincones, pasadizos, salas, secretos. Los hay ingenuos a los que acaban descubriendo; los hay avispados y siempre logran zafarse o encontrar alguna excusa ingeniosa para salir del paso.
En todo caso, los terrenos, al caer la noche, quedan desiertos. Sólo iluminados por la luz del enorme Castillo y sólo con un sonido de fondo de grillos que empiezan su peculiar banda sonora. El olor a naturaleza, a humedad, se hace mucho más intenso por la mañana. Es un montón de sensaciones que acompañan a los que habitan en el área y que las hacen inconfundibles.
Probablemente Hagrid era una de las criaturas vivas que más años llevaba en los terrenos, e indudablemente, era una de las personas que mejor los conocían. Terminó de corregir ejercicios, aunque no era su tarea favorita y salió del Castillo con ganas de tomarse una buena taza de té. O quién sabe, un poco de whisky de fuego, tal vez… Hagrid caminó pesadamente hacia su cabaña, silbando desafinadamente una melodía que había escuchado en la radio mágica que raramente sintonizaba el peculiar duelo de Cabeza de Puerco. Sin embargo, se le había pegado y ya no se la quitaba de la cabeza. Parpadeó un momento cuando se fijó en las oscurísimas copas de los árboles, apenas silueteadas en contraste con las colinas que rodeaban los Terrenos. Ondulaban y susurraban como si el viento sólo soplara en esa zona. Arrugó la frente; el viento no soplaba esa noche, lo cual era de agradecer, si uno considera que enero es uno de los meses más severos en la zona.
Fang miró aburridamente hacia su amo y rascó la puerta, deseando entrar dentro del calor de la destartalada pero acogedora cabaña, la que los alumnos más pequeños llamaban tarta de nata cuando se cubría de nieve. Esta noche no habría nieve, pero estaba helando ya. La madrugada prometía difícil.
"Ya, ya… Fang…" murmuró distraídamente Hagrid. Sacó la llave de su bolsillo y abrió la puerta de la cabaña. Fang entró rápidamente dentro y Hagrid subió el escalón de su cabaña. Frunció el ceño antes de poner el otro pie.
Algo iba mal.
Miró de nuevo hacia el Bosque y con cautela, agarró la ballesta que tenía guardada a buen recaudo. Salió de nuevo hacia los terrenos y caminó despacio hasta la valla de su pequeña parcela, buscando con sus ojos oscuros una señal que le indicara normalidad.
El silencio absoluto no era normal. No era normal no oir a los grillos, ni algunas lechuzas que habían salido de la Lechucería al caer la noche. No era normal no escuchar el murmullo de los árboles. Hagrid lo sabía, era especialmente sensible a los cambios de su entorno, de la naturaleza…
"Hagrid…" siseó una voz a su espalda.
El hombre se dio la vuelta completamente y apuntó directo con su ballesta hacia lo que podría ser un peligroso enemigo dispuesto a lanzarle una Maldición Imperdonable, cuando menos. Pero delante de él sólo encontró a una figura cubierta con la túnica oscura del uniforme del colegio… Ravenclaw para ser exactos. Inmediatamente, retiró la flecha que podría ser fatal y parpadeó confundido; bajo el gorro de colores indescriptibles, había sueltos varios cabellos de color rubio pálido. No era normal que un estudiante saliera, y menos un Ravenclaw. A él como era natural, le venían a ver más bien los Gryffindors y algún estudiante verdaderamente interesado por las criaturas mágicas, algo que inexplicablemente, sucedía también.
"Luna…"
Ella era una de las más inexplicables. Era de las pocas, si no la única, que iba a verle para hablar de su clase y de todo tipo de ocurrencias en relación a las criaturas mágicas que poblaban el mundo. Sus ojos azules y grandes, le miraron con tranquilidad, la habitual. Pero su expresión reflejaba cierta preocupación. Ésa no era habitual.
"Hagrid… ¿lo percibes, verdad?" susurró ella, como si estuvieran sentados tomando un sandwich en un picnic de domingo. Ella movió los ojos hacia arriba, como si sintiera junto a ella pixies invisibles que le susurraban secretos al oído. "No hay nada… no se escucha nada…"
Hagrid observó preocupado a la joven. Generalmente era de las que más disfrutaban sus clases, a su manera, eso sí. Pero Luna siempre había sido muy sensible a las actitudes de su entorno, a los comportamientos de todo tipo de seres, desde los más peligrosos hasta los más aburridos. Una vez la descubrió hablando con flobberworms, lo cual era peculiar incluso para él mismo.
"Luna… te tienes que volver a la Torre de Ravenclaw." Dijo Hagrid carraspeando y poniendo la ballesta en posición vertical, como si estuviera adoptando una pose casual y que no detonara ningún tipo de peligro o de inquietud por su parte. "Ya es tarde y no quisiera tener que quitarte puntos."
Pero Luna tenía la mirada fija más allá de él, en el Bosque. Entornó los ojos y miró a Hagrid, negando con la cabeza.
"No vayas al Bosque."
Hagrid arrugó la frente y tosió; Luna movió la comisura de los labios en una sonrisa breve, sincera.
"¿Que… Cómo has dicho?" preguntó Hagrid. "Luna, es parte de mi trabajo…"
Ella negó y se acercó un poco más a él.
"No. Por favor… esta noche no."
El hombretón frunció el ceño y tragó saliva, incómodo; pocas veces había dejado de escuchar ruidos en el Bosque; de hecho sólo lo recordaba cuando empezó a encontrarse cadáveres de unicornios desangrados, degollados. La naturaleza tenía formas peculiares de hacerse notar… sólo había que prestarle atención. Y Luna lo hacía y cuando ella notaba algo, había que escucharla. Valorarlo y tener agallas de hacerle caso. Pero algo dentro de él le decía que sí… que la extraña alumna de Ravenclaw tenía razón.
"Está bien. Pero a cambio, me tienes que contar por qué me das ese consejo, Luna." Gruñó él, más curioso que enfadado.
Ella miró hacia el Castillo un momento, con la duda pintada en sus rasgos. En ese momento, se escuchó un terrible alarido… desde lo más profundo del Bosque; Hagrid levantó el arma y apuntó hacia la oscuridad, más por un acto reflejo que porque fuera a saber qué demonios podría surgir de ahí.
"¡Espera!"
Luna tiró de su brazo y Hagrid se sorprendió al mirar la expresión de Luna. Era miedo. Y Luna Lovegood pocas veces había mostrado miedo.
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Mazmorras de Slytherin
Blaise agradeció que las mazmorras ocultaran la Sala Común del exterior. Agradeció no tener que mirar por la ventana y observar lo que había ahí fuera. Se retorció las manos, nerviosamente y decidió que el ejercicio de Transformaciones podría terminarlo al día siguiente o con suerte, copiárselo a alguien.
Se mordió los labios cuando vio que Tracey Davies acababa de pasar por la puerta de las mazmorras, con aspecto algo cansado. Frunció el ceño buscando con la vista a Draco y pensó que para variar, Crabbe y Goyle se habían confundido pensando que esa noche a Malfoy le tocaba ronda de Prefecto. Desde que Katherine Greengrass decidió que su hija ya no volvería a Hogwarts, Tracey había tenido que asumir su papel como Prefecta y era evidente que le costaba.
O en un peculiar y aislado momento empático, tal vez era simplemente que la chica echaba de menos a su compañera. En cualquier caso, le habían dicho que no perdiera de vista a Malfoy y esa noche no había ni rastro de él. Frunció un poco los labios, pensando que tal vez si había algún pequeño accidente esa noche… Malfoy podría verse involucrado, y nunca había sido la intención de ellos que acabara en el Bosque Oscuro despedazado por esa bestia.
En el sofá, mirando fijamente las llamas de la chimenea, Theodore Nott estaba moviendo despacio la varita que tenía en las manos; Blaise arrugó la frente y observó al resto de los compañeros.
"Eh, Tracey. ¿Y Draco?" preguntó secamente.
Tracey dejó de leer un momento para mirar a Blaise. Inclinó la cabeza, casi era mejor hablar con Blaise que leer las cartas de sus padres donde estaban intentando convencerla de que era imposible que continuara en Hogwarts, en vista de las circunstancias… Las cuales, por cierto, ella desconocía. Ataques esporádicos a familias de sangre pura a finales del año anterior… pero no veía qué tenía que ver con los Davies en algún caso.
Ella se encogió de hombros, indiferentemente.
"Y yo qué sé; estará por ahí."
"¿No teníais ronda, o qué?"
Tracey se encogió de un solo hombro, como si no fuera con ella.
"A mi sólo me dieron las instrucciones y me tocó patrullar con esa Patil de Ravenclaw. No he visto a Draco."
La joven siguió con su carta, pero no continuó leyendo. A decir verdad, la nota con esas instrucciones era de Potter y a él tampoco le había visto. Y ya que pensaba en eso, tampoco había visto a Granger. El hecho de que los Premios Anuales no anduvieran por ahí era peculiar. Frunció los labios y apartó a los molestos Gryffindors de su mente, para seguir leyendo.
Parpadeó un segundo, antes de seguir el siguiente renglón; elevó la mirada y se encontró la de Nott, su cabeza asomada desde su sofá junto al fuego. Nott no le había quitado la mirada de encima y Tracey apartó el cabello castaño enganchado al cuello. En dos segundos, Nott se incorporó y se colocó delante de la mesa donde Blaise había estaba sentado.
"¿Pasa algo, Nott?" preguntó Blaise, echándose hacia atrás.
"¿Ya has terminado tu trabajo?" susurró Nott, inclinando la cabeza hacia un lado. "Se te ve mucho más tranquilo. Espero que eso signifique que… tu conciencia también lo está."
No esperó respuesta, se dirigió directamente hacia la puerta de los dormitorios de chicos, sin molestarse en decir un buenas noches al resto de los alumnos. Tracey no había quitado ojos de encima al intercambio; aunque no había entendido qué había dicho Nott, no se le escapó la mirada casi… culpable, que tenía Blaise. Y cómo se mordió el carrillo interno antes de darse cuenta de que Tracey le estaba observando a él fijamente.
"¿Qué?" preguntó bruscamente. "¿Tengo chizpurfles en la cara?"
Davies alzó muy levemente las cejas, y antes de resoplar desdeñosamente, miró su carta como si fuese la cosa más interesante del mundo.
"No. Yo diría que más bien bastante culpabilidad, Zabini." Contestó fríamente con los ojos fijos en su carta.
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"¡Nott!"
Blaise cerró la puerta a su espalda un poco más fuerte de lo necesario; Nott sin embargo estaba inclinado sobre su mesilla, con la mano en la muñeca tratando de quitarse el reloj de pulsera. Miró de soslayo a Zabini y suspiró enojado.
"¿Qué?"
"¿Qué estabas insinuando antes?"
Nott dejó con cuidado el reloj encima de la mesilla junto a su cama y se sentó en ella; con un movimiento aburrido de varita, aflojó corbata y desató los cordones.
"Blaise, duermo aquí, ¿sabes?" Nott se descalzó y puso los pies sobre la colcha para mirarle más directamente. "Te escucho cuando hablas por la noche. Algo que ya "está suelto" y algo que te asusta mucho." se calló un momento y habló más bajo. "¿Qué diablos has hecho, Blaise?. ¿Tuviste que ver en lo que le pasó a Creevey?. ¿O al idiota de Filch?. ¿O esos accidentes anteriores… tal vez?"
"¿Qué?. ¡NO!" exclamó negando con la cabeza. "¡Estás inculpándome a mi sólo porque he tenido unas pesadillas!"
Nott frunció los labios finos y sus ojos pequeños se achicaron aún más.
"A mi no me la juegas, Zabini. Ya he escuchado muchas veces esos sonidos cuando mi padre…" se calló y agitó la mano. "Es igual. Estás jugando a ser un proyecto de asesino, Zabini, pero esa carrera tiene un precio muy alto."
Zabini pestañeó un poco y los puños que había mantenido desafiadoramente abiertos se relajaron un poco debido a las dudas.
"Yo diría más bien que bastante culpabilidad, Zabini."
Se sentó en su propia cama, exhalando aire.
"Es lo mismo." Zabini sacudió la cabeza lentamente. "Me han dicho que no somos nosotros las víctimas ni el objetivo."
Nott no modificó su expresión. Apoyó los codos en las rodillas y las manos cayeron entre sus piernas al inclinarse un poco hacia adelante.
"Siempre hay víctimas, Zabini. Además, las primeras siempre son las inocentes, ¿lo sabías?"
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Harry subió los hombros hacia las orejas, como si el gesto les guardara del frío, sin sacar las manos de los bolsillos de su túnica de invierno. Era Hermione la que tenía la varita iluminada con un Lumos sencillo mientras su otra mano la tenía aferrada a la de Malfoy.
"Aquí… se supone que ya podríamos Aparecernos." Dijo ella, y su voz soltó el humito blanco de vaho. "Es lo que indica el Mapa."
Draco miró hacia atrás, como si pensara que a pesar de sus precauciones, podrían estar siguiéndolos. Chasqueó la lengua, convencido de que realmente nadie podría saber que estarían esa noche fuera del Castillo, a menos que el ceporro de Weasley la fastidiara.
Harry alargó la mano para coger la de Hermione cuando ella apagó su varita y se la guardó; ella agradeció que Harry ni Draco pudieran mirarle la cara, ni su expresión. Mostraba, ante todo, una enorme incomodidad. Desde que había caído en el gran error de su vida; sólo esperaba que la culpabilidad la disculpara.
Apretó los labios, recordando las tres D's que tenía que utilizar; se aseguró de tener firmemente la de Harry y sólo esperó que la culpabilidad que sentía no afectara a las tres D's de la Aparición… sino que tampoco afectara…
A su especialidad.
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Despacho de Dolores Umbridge. Ministerio de Magia.
"¿Esto es todo, verdad?"
"Sí, señora Ministra. Son los informes que me ha pasado el Departamento de Aurores." Respondió con eficiencia su secretaria."Los últimos incidentes se sitúan en Belfast. Es el Primer Ministro Muggle el que desea ponerse en contacto con usted…"
La mujer de sonrisa amplia, demasiado amplia, sopló suavemente la tinta del pergamino que estaba escribiendo.
"Los aurores tienen cosas mejores y más importantes que hacer que investigar los problemas muggles, Melissa." Respondió fríamente Umbridge. "Espero que eso lo tenga claro Kingsley. Nunca me ha desobedecido."
"Sí, señora Ministra. Se lo recordaré al señor Shacklebolt, de todas formas."
"Y no vuelvas a encargar en el pedido de material esta tinta. El autosecado es lentísimo, parece tinta muggle."
"Mañana mismo me encargo de eso." Dijo, mientras que su pluma tomaba notas rápidas en un cuadernito que estaba flotando a su lado.
Umbridge posó el pergamino suavemente en el escritorio. Los gatitos de los platos colgados en las paredes rascaban su superficie, casi todos percibiendo que era la hora del juego y no de descanso.
"¿Alguna cosa más?"
Melissa entregó los pequeños pergaminos a Umbridge con las anotaciones de los recados.
"Hum… vale, mañana me encargo de esto..." murmuró la Ministra repasando las hojas. "Hmmm…" de pronto se detuvo en una nota y frunció el ceño. "¿Llamó hace media hora?"
"Sí, señora Ministra, pero aún no había terminado la reunión."
"Está bien. Me pondré en contacto con él. Gracias, Melissa, ya es tarde. Puedes marcharte a casa."
La joven hizo un gesto y recogió su cuaderno de notas. Umbridge aguardó a que la puerta se cerrara y caminó hacia la chimenea con la varita en alto preparada para comunicarse con una chimenea, lejos de allí.
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"Dolores, querida, cuánto tiempo." Susurró la voz con suavidad, observando el rostro anfibio de la Ministra de Magia, dibujado inconfundiblemente en las llamas.
"Ya sé que son horas un poco imposibles, pero he estado reunida todo el día…" añadió ella con dramatismo. "Ya sabes cómo está mi agenda…"
"Oh, desde luego." Añadió él con una pizca de sarcasmo tiñendo sus palabras. "La vida de una Ministra es tan dura… Pero tenía algo importante que comunicarte. Esta noche se va a producir algún hecho interesante cerca de Hogwarts."
Umbridge frunció el ceño y se inclinó hacia adelante, casi sintiendo el calor demasiado cerca de la cara.
"Tenías que haberme avisado antes. ¿De qué demonios estás hablando?" protestó ella.
"Vamos, vamos, Dolores… Sabes que estamos desgastando a la dirección del Colegio. Ya hay algunos alumnos de familias mágicas que han sacado a sus hijos en protesta por una gestión tan desacertada. Ahora va a ser aún más trágico. Y me encanta ser testigo de eso…"
El hombre colocó mejor las brasas de su enorme chimenea con uno de los atizadores, su mano enguantada apenas se manchó de hollín. Inclinó la cabeza hacia un lado y sonrió con satisfacción.
"Sabes que reforzará tu posición, si sabes utilizar tus cartas, querida. Y reforzará la mía, como profesor. Dame tiempo."
"Ejem ejem…" tosió Dolores. "¿Te das cuenta de que si has ordenado soltar a esa bestia, y si se dirige directamente al Bosque… provocarás una reacción sin precedentes en el nido de asquerosos centauros?"
"Querida… pensaba que eso era precisamente lo que querías." Contestó su interlocutor con una sonrisa torva pintada en las brasas. "Aunque probablemente a partir de ahora se te echarán encima todos los centauros de las Islas…"
Umbridge volvió a toser nerviosa. Pero finalmente esbozó una sonrisita. Al fin y al cabo, una provocación por parte de los centauros justificaría su exterminio.
"¿Algún remordimiento, querida?. Oh, por favor, no me digas que ahora te sientes culpable."
Dolores Umbridge alzó ambas cejas.
"Estoy deseando arrasar las madrigueras de esas bestias asquerosas."
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Despacho de la Directora. Hogwarts
Minerva McGonagall suspiró y se retiró un momento las gafas de cristales rectangulares y se frotó la nariz. Delante de él tenía a Hagrid, Luna Lovegood y Ron Weasley. Y le acababan de contar una historia imposible de creer y no sabía si enfurecerse con el hecho de que los dos Premios Anuales se habían marchado tranquilamente del Colegio sin autorización, o que Hagrid se mostrara más que permisivo, sino totalmente de parte de los chicos. Y no sabía de qué se sorprendía.
"Hagrid, no esperaba que fueses a ser indulgente con la actitud de Potter; pero tampoco esperaba que apoyaras su comportamiento. Créeme, he sido la Jefa de la Casa de Gryffindor durante muchos años. De Potter…" miró intencionadamente a Ron, que tragó saliva y torció culpablemente el labio hacia un lado. "…me lo esperaba, pero no de Granger."
"Escuche, profesora…" dijo Ron aferrando con fuerza la tela de su túnica. "No se habrían ido si no hubieran tenido un motivo importante para hacerlo. De verdad." Miró de reojo al retrato de Dumbledore, como si esperara que le fuera a hablar y ayudarle a convencer a McGonagall de que estaban haciendo lo correcto. No estaba muy seguro él mismo; esa tarde estaba siendo una de las más extrañas de su vida. Había aceptado de mala gana tener que quedarse en Hogwarts mientras Harry, Hermione y el imbécil de Malfoy se marchaban a Londres a su casa, a recoger no sé qué cosa. Le molestó sentirse desplazado y no tener la oportunidad de ir. Pero fue Luna quien le dijo que tenían cosas que hacer: ella quería hablar con Hagrid, lo cual volvía a excluirle a él porque él era de Gryffindor. Pero Luna sabía hablar en el idioma de los pirados por los bichos, y desde luego él no tenía ninguna intención de aprenderlo.
Era mejor intentar reorganizar de estrangis a los Prefectos, en ausencia de Hermione y Harry, y hacer que no se dieran cuenta de su ausencia. Convencer a los profesores y esperar que Neville y Ginny supieran organizar aún más clandestinamente y de una forma muy informal a los que quisieran del Ejército de Dumbledore. Esto era particularmente difícil, teniendo en cuenta que no había ningún enemigo aparente, no había una señal clara de que algo sucedía, salvo por el hecho de que Luna había creído ver a una cosa irse del Castillo en dirección al Bosque Prohibido y que tanto ella como Hagrid estaban convencidos de que algo tenebroso estaba ocurriendo.
¿Más tenebroso que de habitual? Había preguntado él mismo, escépticamente.
"Entonces, ¿me estáis pidiendo que justo esta noche hagamos un simulacro de una emergencia, pongamos a todos los alumnos a dormir en el Gran Comedor, cerremos las puertas como si volviéramos a tener la amenaza de un asesino fugado de Azkaban y todo porque teneis esas impresiones peculiares?"
Ron tomó aire profundamente y volvió a mirar el retrato de Dumbledore. Éste sólo hizo un leve, brevísimo gesto de asentimiento y a Ron le dio la sensación incluso de habérselo imaginado.
"Sí, profesora."
McGonagall apretó los labios pero en ese preciso instante se escuchó un toque leve en la ventana. Un toque suave, que hizo que frunciera el ceño sorprendida y se girara. Ahí estaba agitando despacio sus alas el ave fénix propiedad de Albus Dumbledore.
"Fawkes…" susurró sin aliento y se levantó a abrir, como si fuese lo más normal del mundo, como si incluso ella misma supiera que pese a todo, Fawkes estaba tan ligado al Colegio como lo estaba ella misma. No era de señales ni de sin sentidos como brujas como Trelawney. Pero no siempre recibías un fénix en la ventana de tu despacho.
"Ese ave es una maravilla…" suspiró soñador Hagrid, expresando claramente que daría un brazo por tener en propiedad también un fénix.
Fawkes pasó dentro del despacho, voló un círculo sobre sus cabezas y se colocó en su poste habitual… como si no hubiera pasado el tiempo. Emitió un suave ruido y se colocó las plumas doradas de un costado.
Tras observarlo un momento, McGonagall emitió un suspiro y asintió despacio, casi resignada.
"Está bien. Después de todo, la señora Mopsy no conoce los procedimientos. No será difícil justificar un simulacro…"
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Gran Comedor. Hogwarts
"Debo protestar enérgicamente." Murmuró Mordicus Egg con los dientes apretados, tratando de no elevar la voz delante de todos los alumnos que estaban durmiendo por todo el Gran Comedor. "Tendrían que haberme notificado de que ibamos a tener un absurdo simulacro justo esta noche…"
El profesor Flitwick bajó la luz de una de las lámparas para dejar el Salón en semi penumbra. Se sentó en una de las sillas de la enorme mesa presidencial y se limpió ausentemente sus gafas, antes de responder a su colega.
"Señor Egg, no recuerdo haber leído algo al respecto en el reglamento del Colegio. A menos que por supuesto, considere una impertiencia y una falta de respeto el hecho de haber sido tratado exactamente igual que al resto de los profesores…"
Egg apretó los labios; efectivamente, los Jefes de las Casas, Prefectos y personal no docente había sido puntualmente informado… tal vez con muy poco preaviso, pero ninguno de los otros profesores tenían por qué ser notificados de la misma manera. Se tragó de muy mala gana su protesta y entornó los ojos.
"No. Claro que no, profesor Flitwick."
"Estupendo. En una hora aproximadamente podrá echarse a dormir, si lo desea. La profesora Tonks es la que le va a sustituir en la guardia."
Egg gruñó, deseando espetarle que "como si fuera a ser capaz de dormir aquí en cualquier caso…" Miró hacia las ventanas ahora clausuradas como parte del simulacro de seguridad.
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Cementerio de Hogwarts
Ginny se quedó acuclillada detrás de una lápida enorme con una cruz céltica. Desechó cualquier tipo de reparos cuando su mano enguantada en negro tocó la superficie de granito y musgo y miró hacia el Castillo, cómo sus ventanales se ocultaban tras unos extraños paneles y dejaban todos los Terrenos en la más completa oscuridad. Escuchó los ruidos de las puertas cerrándose al clausurarse y se acordó de su segundo año en Hogwarts cuando ante la alarma de la posible presencia de Sirius Black en la zona, Dumbledore ordenó a todos los alumnos a dormir en el Gran Comedor y que se aseguraran los accesos.
Ron y Luna estaban dentro y esperaba que pudieran cubrir su ausencia, la de esta parte del Ejército de Dumbledore y la de nada menos que de los propios Premios Anuales y el Prefecto de Slytherin.
"Miró hacia la lápida que tenía junto a ella a su derecha. Neville y Hannah también estaban observando el cierre hermético de Hogwarts; a la izquierda, los Hufflepuff y los Ravenclaw Ernie, Susan, Michael y Terry. Y detrás de ella estaban Dean y Seamus."
"No me gusta nada estar en un cementerio…" susurró Hannah. Neville apoyó la espalda contra la lápida y trató de no fijarse mucho en el lugar, algo completamente imposible salvo por estar prácticamente en total oscuridad.
"Vamos, Hannah… desde aquí podemos observar qué ocurre en el Bosque Prohibido… si todos están en lo cierto. Nos dará tiempo para evitar cualquier tragedia hasta que regresen Harry y los demás."
Al escucharle susurrar "Harry", Ginny miró de nuevo hacia su compañero de Casa. Tragó saliva y fijó su mirada hacia la espesura silenciosa del Bosque. Su corazón comenzó a latir fuertemente cuando creyó ver recortada contra los troncos a una figura alta, vestida de túnica negra. Una figura que se reía cuando señaló con la varita… cuando por primera vez en esa noche el viento sopló como si viniera acompañado de un siseo… como si fuese la voz de una criatura cuyas palabras solamente Harry podía descrifrar.
O mirando hacia la figura que acababa de ver frente al bosque, Tom Riddle. Lord Voldemort.
Pero ninguno de ellos estaba ahí. Sólo estaba imaginándolo. De nuevo el Castillo le estaba haciendo una jugarreta."
Sintió una mano en su hombro y Ginny soltó una exclamación de susto.
"Eh…" dijo Neville en voz baja, levantando ambas manos en un gesto inocente. "Tranquila… es la hora."
Ginny asintió tragando saliva. Miró hacia el Bosque y dudó; una Gryffindor no sentía miedo y mucho menos una Weasley. Pero tenía dudas sobre su propia efectividad. Y sí, qué diablos, sentía miedo. Un miedo irracional a algo que le era desconocido pero a la vez, le recordaba completamente a una traumática experiencia que vivió de niña, hacía ya mucho tiempo. Y eso le generaba inseguridad, y la inseguridad no es precisamente una virtud de la que debía presumir un líder. Si es que lo era.
"Neville…" murmuró en un hilo de voz. "Dirige tú la expedición."
Neville abrió los ojos en sorpresa y miró un momento a sus compañeros. Se agachó junto a Ginny frunciendo el ceño.
"¿Quieres que lo dejemos?"
Ginny no le miró a los ojos, pero negó bruscamente con la cabeza en un gesto peculiar. Se sentía mal, incluso culpable de tener tanta inseguridad, algo insólito en alguien como ella.
"Está bien." Neville no le hizo más preguntas y le apretó el brazo. "No te separes de Ernie o de Terry; son los mejores en cuestión de duelos."
Dicho eso, la figura alta de Neville Longbottom se incorporó, levantando la mano para señalar a sus compañeros que era la hora de entrar en el Bosque Prohibido.
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No me cansaré yo de repetirlo, pero gracias inmensas por esperarme y por un apoyo que está resultándome mucho mejor que una taza de chocolate. Gracias es quedarme corta:
Verito Malfoy, EugeArt, Jenlic, melaniablack, anitaplus, Pressure, Nell Charentes, saav, lara evans, nimpadora weasley, snow angel 3000, Yedra Phoenix, norma, Carla Gray, lunaaticaa, Victoria Black, Isa Malfoy, Nicole Daidouji, Nasirid, Abril, karla, Lareien, Annirve, Charlie, mireya, roSlythetin, Saiph Lestrange, eterna-romantica03, chanita23, Elisabeth88, luna-maga.
Mopsy – por favor, no hagáis más averiguaciones, ya os daré la fuente. JKR la ideó como efectivamente, la bruja (bruja, no squib) que encontró a Sirius como Padfoot. Al contrario que ésta, la idea de Mopsy era ponerla como una chalada amante de los perros, (contraponiéndola a una chalada amante de los gatos como Figg) La idea se descartó pero a mi me entusiasmó conocer el personaje. No quise hacer que se llevara mal con los vecinos (esto es de JKR) por culpa de los ladridos y desperfectos de los perros, más bien he pensado que les libraba de tener perros callejeros por Hogsmeade, pero no viene al caso. Mopsy fue descartada de la versión final de los libros, pero quise hacer un fic sobre ella :) y aquí encajaba de maravilla.
Como veis, los personajes saben algo: no saben qué es Wilfred… no todavía. He ocultado lo que ha pasado entre que Harry, Draco y Hermione leen la nota de Krum, con la escena en la que se Aparecen para ir a Londres. Hay que prestar un poco de atención… aquí sí os dejo husmear en los libros :D "la especialidad de Hermione" se menciona en un libro: particularmente en el HP2. Y ya sabéis, Wilfred y el basilisco tienen mucha relación.
Quiero recordar cosas también, como la conexión que hizo Percy con el Grim cuando vio un perro negro y lanudo. Mopsy ahí recordaba más bien a Padfoot. Percy no sabía que Sirius Black (él era Premio Anual cuando Sirius fue a Hogwarts en el HP3 como fugitivo de Azkaban) era animago.
Os dije también en su día que el HP3 me inspiró muchísimas cosas de esta historia (por ejemplo lo anterior). Ahora, os cuento que Alfonso Cuarón quiso introducir un cementerio en Hogwarts y le preguntó en una entrevista a JKR si podía utilizarlo y ella le explicó su localización y que sería importante en la historia (cosa que no recuerdo que fuese así). Más detalles aquí: http :// eldiccionario .org / lugares / cementerio _hogwarts. htm
La verdad, tampoco recuerdo que hubiera un cementerio en Hogwarts dicho en los libros, pero ya os dije desde el primer día: iba a cosas "semi-canon" en esta historia.
No me comprometo con fechas porque HP es lo que menos tengo en mi mente en estos últimos meses. Es algo personal. Pero espero no estar fallando en contenido, aunque sí en tiempos. Hasta la próxima y perdón por la nota de autora tan larga :S Y disculpad errores o erratas; estos días me he pillado un virus de estómago que me va a dejar en coma.
