Hola…

¿No os lo creeis, verdad? Veamos, lo primero, el tema de "la especialidad de Hermione." Efectivamente, ¡¡¡hasta titulé un capítulo así!!! Os prometo que cuando lo escribí pensé que sería lo primero que todo el mundo notaría o se preguntaría, pero ha resultado ser lo que jamás nadie ha visto ni nadie se ha dado cuenta. Os dije, siempre, que las cartas y las lechuzas eran importantes, muy importantes.

Como veis, ni el Diccionario, ni Google, ni nada habría servido aquí, porque para mi lo fundamental es más bien saber qué había olvidado Hermione. Es un poco el eje de todo lo demás.

Este capítulo se ha convertido en uno de mis preferidos, aunque me ha costado horrores introducir el Bosque Prohibido como una película de miedo, así que lamento si el resultado es malo. No podía escribir un fic sobre "el miedo" sin hablar del famoso Bosque, ¿no? En cualquier caso, he acabado muy satisfecha a nivel personal. Me pareció penoso contar una excusión al Bosque, con varios grupos separados, y temer el horrendo resultado del Deathly Hallows, en el que odié con todas mis fuerzas capítulos y más capítulos sobre el Trío paseándose por el mundo con la tienda de campaña. No quería caer en eso. Espero que os guste el resultado.

10.000 palabras sin contar las (enormes, lo siento), notas de autora. Así que espero estar compensado mi lentitud así.


Capítulo 36. Lo que ocultan las sombras

"El bosque esconde muchos secretos."- Ronan. Harry Potter y la Piedra Filosofal.

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Viernes 8 de enero de 1999

Elephant & Castle. Londres, Inglaterra

Harry tosió un poco cuando Aparecieron en uno de los barrios más sosos que había al sur del Támesis. Estaba ya iluminado por las farolas y miró el reloj; las nueve de la noche. Aunque pasaban algunos coches por la calle principal, estaba todo bastante solitario y tampoco no era capaz de ubicarse bien. Si bien era cierto que era viernes, esta no era una de las zonas típicas de turismo ni donde los muggles solían salir. Era Londres, a pesar de ser una zona tan sosa; en una esquina de casas de pareces claras había un pub con clásica madera oscura en su fachada. Destacaba totalmente y Harry supuso que sería el lugar de encuentro de vecinos, dado que era el único pub de la zona que podía ver.

No distinguía el nombre del pub, pero no le importó demasiado en realidad. Esperaba que nadie se hubiera dado cuenta de que de improviso habían llegado tres muchachos apareciéndose de la nada. Tendría que probar hacer eso en la puerta de sus tíos en Privet Drive…

"Eh, Harry, ten cuidado."

Hermione le agarró del codo para evitar que tropezara con una valla que delimitaba una zanja abierta en la acera. Había estado tan pendiente de las casas y de que no les hubieran visto, que Harry no se había dado cuenta de lo que había delante de sus narices.

Harry asintió en agradecimiento pero no dijo nada; de modo que el aspecto vulgar y corriente del barrio ocultaba a los muggles que en realidad mucho magos y brujas vivían por la zona. Comprendió enseguida cuando una de las callejuelas se abrió para dar paso a una avenida tan grande y lujosa como las propias Marylebone o Whitehall; en realidad estas cosas seguían produciéndole cierta sorpresa a Harry. Había sido educado para creer sólo lo que veían sus ojos era cierto, así era la vida con los Dursley. Ya era algo inconsciente. Le pasó igual cuando vio por primera vez la puerta de Grimmauld Place 12, oculta entre el 11 y el 13. Lo mejor de todo era seguir sintiendo extrañeza y maravilla por estas cosas; lamentaba que para un Malfoy o un Weasley fuese algo natural.

Entraron en el apartamento en silencio; las luces se encendieron y Hermione pasó directamente al dormitorio. Allí, encima de la mesita estaba un paquete envuelto en papel marrón, un poco polvoriento.

Harry y Draco entraron a continuación; Harry se desabrochó un poco el cuello de la túnica y se aflojó la bufanda. Draco no se movió, sino que bajó un poco los ojos ligeramente incómodo. En aquel momento recordó haberse quejado de no haber recibido ningún regalo y sí, realmente haber recibido un regalo, el libro que hablaba del Patronus más grande de la historia. Todavía seguía siendo incapaz de conjurar un Patronus y casi igual de malo era haber fallado el hecho de no haber entregado el encargo a los Weasley, tal y como le había pedido Hermione.

Ella se dio la vuelta hacia Draco y se dio cuenta de que estaba tan avergonzada como él. Harry suspiró y se encogió de hombros.

"No pasa nada. Ya no tiene remedio. Ahora mismo tenemos que asegurarnos de que está bien." Dijo Harry en voz baja.

Hermione recogió el paquete con cuidado y lo abrió con un toque suave de varita. El lazo se abrió para dar lugar a una caja de cartón con caracteres en griego y cuya tapa se descubrió. Tanto Harry como Draco se acercaron despacio para verlo; Hermione hizo pequeños movimientos circulares con la varita, como si estuviese enrollando un hilo invisible con ella y a continuación empezó a mover la varita despacio, hacia atrás invirtiendo el sentido del giro, como si desenrollara ese mismo hilo. Así, de la caja de cartón salió una burbuja de cristal transparente con una llama azulada.

Harry miró con ojos admirados, olvidando el disgusto que recibió en el laboratorio esa misma mañana, olvidando que efectivamente, había sentido ganas de matar a Hermione por haberse olvidado de algo tan importante durante todo este tiempo. No podía culparla tampoco. Había pasado mucho tiempo, muchas cosas y ella en realidad nunca había esperado que esto fuese a ser nada más que un curiosos souvenir. De hecho, él mismo seguía sin estar seguro de por qué esta llamita tenía la clave.

Se acordó de la vez que supo que Hermione era tan buena con las llamas. Cuando estaban en el aseo de Myrtle, precisamente ese día se cruzó con Percy en el pasillo. Hermione había prendido un fuego dentro de un retrete y fue cuando supo que los fuegos transportables y dirigibles era ya su especialidad, a los trece años de edad. Ahora Hermione tenía un montón de especialidades, eso estaba claro.

Hermione sostuvo un momento la burbuja de cristal en el aire sin dejar de mirarla. Emitió un leve suspiro y la volvió a meter dentro de la cajita.

"No sé cómo no lo relacioné. Fue una cosa tan típica, soy tan dada a dar regalos a todo el mundo…" se calló un momento y miró a Harry. "Aquel día, antes de que nos reuniéramos en el aseo de Myrtle, me encontré con Percy en el pasillo."

"Yo también." Dijo Harry en voz baja.

"Me vio llevando el fuego que luego tú viste en el retrete y me felicitó." dijo con un levísimo matiz orgulloso. El Prefecto de Gryffindor la había felicitado… "Dijo que era un tipo de magia que no se daba hasta Sexto… y bueno…"

Harry no respondió. Sabía que de todos ellos, Hermione era la que siempre menos se había quejado de Percy y sus maneras pomposas, Percy y su apego a los reglamentos, Percy y su pasión por el orden estricto. Eran demasiado parecidos. Observó cómo ella cerraba la cajita donde había metido la burbuja, y pensó también que Hermione volvía a tener razón: era dada a hacer regalos, a él al menos siempre le había hecho regalos, desde kits de mantenimiento de escobas o dulces a prueba de caries. Un regalo más que menos para ella no habría supuesto diferencia, a pesar de que el que le había hecho el encargo hubiera sido el mismísimo Percy. Una pena que no hubiera sido capaz de relacionarlo antes.

La caja se cerró completamente y Hermione bajó la varita. No miró a ninguno de los dos; se enganchó un mechón de pelo nerviosamente y se sentó en el borde de la cama, enlazando ambas manos con la varita en su regazo.

"Recuerdo haber recibido una nota cortísima de Percy, pidiéndome que consiguiera FiendFyre. Era una nota rara, pequeñísima. Siempre me reía con Ginny cuando ella contaba las cartas que Percy se intercambiaba con Penelope… siempre se metían todos con él porque eran unas parrafadas soporíferas."

Alzó los ojos, con un poco de tristeza.

"Sí, creo que todos los Weasley han leído la correspondencia personal de Percy. Es lo que tiene tener hermanos, supongo."

Harry y Draco se miraron, por primera vez en su vida compartiendo la sensación de estar agradecidos de ser hijos únicos. Malfoy puso una cara de horror al comprender que había una cosa con la que estaba de acuerdo en algo con Potter y era una sensación espantosa. Harry debió de pensar lo mismo cuando se separaron más el uno del otro, y de nuevo el haber tenido la misma reacción al separarse volvía a ser otro horror compartido.

Afortunadamente, Hermione continuó hablando.

"Era una lechuza rápida. La pobre llegó exhausta, supuse que simplemente Percy imaginaría que estaba a punto de irme de Grecia o no quiso correr riesgos, o qué sé yo. Ese mismo día ocurrieron esos incendios y ahora parece que es imposible producir FiendFyre. Ni siquiera conservé esa nota… sólo pedía un fueguito, jamás pensé que sería tan importante… No podía saberlo… cómo he podido ser tan tonta…"

Harry asintió despacio.

"No te preocupes ya de eso." Calló unos segundos antes de continuar. "Luna contó hace tiempo que su padre dijo que alguien intentó entrar en Eeylops y se llevó una lechuza… fue Percy…" susurró Harry, horrorizado. "Esa misma noche te envió a ti la lechuza…"

Hermione suspiró.

"Eso pienso ahora. Y pienso que esos incendios pudieron haberlos provocado… es probable que el FiendFyre sea lo único capaz de detener a esa criatura, si es que está en Hogwarts."

"¿Por qué estáis tan seguros de que hay algo en Hogwarts?" preguntó Draco de mala gana.

"¿Tú no lo crees? Krum lo averiguó. Luna y Ron lo han visto. Y yo lo percibo…" respondió Harry.

Draco resopló desdeñoso.

"Vamos, ahora no me cabe ninguna duda." Añadió sarcástico Malfoy, cruzándose de brazos. Rodó los ojos a continuación. "Y lo peor es que estás hablando en serio…"

"Vale la pena comprobarlo." Dijo Hermione en voz baja mirando a los dos, sentada en el borde de la cama. "Percy se tomó muchas molestias para que esto cayera en nuestras manos. Pensadlo…" miró a Draco casi suplicante. "Ya hemos perdido muchos meses inútilmente y es por culpa mía."

Algo pareció moverse dentro de Draco, quizá la misma sensación de incomodidad.

"No ha sido culpa tuya. Nunca habríamos sabido que era tan importante." Dijo él en voz baja. Le tendió la mano y la ayudó a incorporarse y enlazaron automáticamente los dedos. "Perfecto. Ahora ya tenemos el fueguito, a una criatura que-no-es-imaginaria aunque se trate de información que procede de Lunática Lovegood y que se ha metido en el Bosque Prohibido, a todos vuestros amigos dispuestos a vulnerar unas mil doscientas normas del Colegio, sin contar las que nosotros mismos estamos vulnerando, eso está claro… ¿me falta algo?"

"Sí." Contestó Harry con calma. "Encontrar algo que nos ayude a saber de la historia del Torneo de los Tres Magos."

"Eso está chupado." Dijo Hermione, sonriendo por primera vez y removiendo en su bolsito cruzado. "Traigo aquí la Historia de Hogwarts."

Draco le soltó la mano, con una expresión estupefacta, horrorizado.

"¿Llevas ese tocho de libro dentro de ese bolsito? ¿Habitualmente?"

"No, habitualmente no. Sólo porque Viktor recomendó que recordáramos el Torneo de los Tres Magos." Contestó ella. "Sé que tienes la Historia de Hogwarts, pero no mi versión comentada por Dumbledore." Añadió ella con orgullo.

"¿Tú tienes Historia de Hogwarts?" preguntó Harry a Malfoy, tomando el relevo del asombro y la estupefacción. "¿Y te lo has leído?"

Draco rodó los ojos.

"Yo leo, ¿sabes? No como tú, que de milagro sabes diferenciar un libro de un ladrillo del Callejón Diagón."

"¿Te lo has leído?" repitió Harry sin poder creerlo.

Malfoy simplemente le ignoró; en ese momento Hermione se fue hacia la mesa del comedor para leer con más detenimiento, pasando las páginas con seguridad y sonriendo en las partes que más le gustaban.

"Tiene que estar por aquí…" susurró ella sin levantar los ojos del libro.

"Hermione…" dijo Harry en voz baja. "Tenemos que darnos prisa. Recuerda que Ginny y Neville y los demás están ganando tiempo…"

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Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Escocia

Hagrid se paseaba de un lado a otro por el Vestíbulo. Era uno de los lugares donde podía hacerlo, uno, sin despertar con sus pisotones, y dos, donde podía caminar dando vueltas por la estancia sin marearse. Hogwarts era un castillo, tenía corredores amplios, algunos incluso interminables, techos altos que le venían muy bien dada su alta estatura. Pero en el momento de hacer un simulacro, pocos podían permitirse el lujo de dar paseos por el Castillo.

En ese momento, todos los alumnos dormían en el Gran Comedor. Flitwick con un par de movimientos de varita se había arreglado perfectamente para hacer la estancia acogedora y cálida y Tonks y McGonagall habían transformado los bancos y mesas en almohadones y cojines. Hagrid había visto de reojo a Tonks transformando algunos en peluches para los niños de primer curso, que estaban demasiado asustados al tener que dormir fuera de la seguridad de sus dormitorios.

"Hagrid, no hace falta que estés rondando el Vestíbulo." Dijo Minerva McGonagall en voz baja. "Me he encargado personalmente de asegurar las entradas. Es imposible que pase nada. Mejor échate a descansar." Se llevó la mano a su cabello recogido en un gesto casual. "Potter y Granger ya se han ido a dormir, me figuro."

Hagrid carraspeó y fingió buscar algo en sus múltiples bolsillos, disimulando el nerviosismo de saber que los dos Premios Anuales, Gryffindors para más señas y por lo tanto, a su cargo, no estaban durmiendo. No estaban allí, sencillamente. Agitar bolsillos y haciendo sonar todos los utensilios… animales… objetos… rarezas que tenía dentro era un buen métido para distraer la atención de la Directora. Y distraer su preocupación personal, también.

"Huh… eh… sí, los mandé a dormir hace rato."

McGonagall pareció distraída con algunos ruidos peculiares. Incluso parecía que podría tener algún ser vivo, a juzgar por algunos sonidos. Pestañeó y asintió a continuación.

"Bien, haz lo mismo tú. Es tarde."

Se retiró con un saludo para ir hacia el Gran Comedor, pero Hagrid no se movió. Se aproximó a las puertas, ahora cerradas herméticamente con unos cerrojos como vigas que las atravesaban. Como bien había dicho McGonagall, nada podía entrar en Hogwarts, pero para su desgracia, tampoco nadie podía salir de allí.

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Elephant & Castle. Londres

Harry y Draco escucharon el breve texto de Hermione, explicando bajo la luz de las lámparas cómo una criatura había devorado y asesinado a treinta asistentes del Torneo de los Tres Magos en 1792, incluido uno de sus participantes.

Cómo veinte magos habían acabado petrificados.

Harry se puso de pie y se llevó las manos a la boca, preocupado.

"Tenemos que volver… por eso Ginny… por eso Ginny sentía tan cerca… su presencia, por eso el basilisco…"

"Joder, Potter, eres increíblemente elocuente." Le contestó Draco, inclinado sobre el libro. "¿No has escuchado a Granger diciendo que esa criatura se llevó por delante a medio centenar de personas?"

"Lo he oído. ¿Qué pretendes, quedarte en casita esperando que esa cosa destroce Hogwarts?" le preguntó molesto Harry.

"Yo no he dicho eso tampoco." Contestó Malfoy toqueteando el borde del libro de Historia de Hogwarts. "Pero piensa un poco, los Gryffindors oís 'peligro' y os lanzáis al precipicio sin escoba ni varita. Y sin cerebro, debería añadir." añadió señalando con su dedo hacia la frente de Harry. "Esta criatura… bueno. Soy de Wiltshire, me he criado allí. En ese libro no se dice cómo uno termina con esa bestia." La luz brilló en sus ojos grises y esbozó una sonrisa maléfica, aquella que habría enorgullecido a su padre. "Pero yo sí lo sé. It sleeth folk by the venim of his sighte."

Hermione abrió la boca por la sorpresa y Harry frunció sus ojos verdes.

"…Mata a la gente por el veneno de su mirada…"

Draco aseguró que llevaba la varita en su túnica y fue a por su abrigo y bufanda. Se dio la vuelta a los paralizados Hermione y Harry y arqueó las perfectas cejas por la sorpresa.

"Granger, recoge el paquetito del fuego… sólo Merlín sabe qué le ocurría si cae en las manos de Potter, o peor, si el encantamiento ese… digeribletransmutable… la tuviera que hacer Weasel. O Potter."

"Transportable y dirigible" corrigió Hermione con una sonrisa mientras se acercaba con cuidado a por el paquete. Volvió a asegurar el encantamiento para garantizar que el fuego no se extinguiría por el viaje ni su movimiento. "

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Bosque Prohibido

"Bien, recordad el plan." Susurró Neville acuclillado junto a sus compañeros. "No nos separamos. Pero si por algún motivo alguien se extravía, que nos envíe un Patronus. Todos sabemos conjurarlo, así que siempre sabremos que somos nosotros."

"¿Qué quieres decir?" preguntó Terry frunciendo las cejas oscuras. "¿Crees que puede haber alguien que nos suplante?"

"No tenemos ni idea. No sabemos nada más que rumores y ninguno son muy esperanzadores." Cerró los puños sobre sus muslos, en la mano derecha sostenía la varita. "¿Tenéis todos los galeones encantados del ED?"

Todos asintieron, algunos con los rostros un poco culpables por haber olvidado hacía tiempo esas monedas que habían representando su compañerismo y una unión que iba más allá que la distinción por Casas.

"Perfecto. Si alguien se encuentra en apuros, que recaliente su moneda… El único problema es quedarnos sin varita, así que no os separéis, no perdáis de vista vuestra varita… y mejor que nadie resulte atrapado." Añadió Neville en voz muy baja.

"Para ello, tenemos que pasar desapercibidos…" Neville miró a Ginny. "Ginny creo que es mejor que ocultes tu coleta bajo la capucha."

Ginny en vez de eso empezó a girar la coleta como un gran tirabuzón y la sujetó en la nuca con la goma. A continuación, como los demás, se colocó la capucha sobre la cabeza.

"Perfecto. Vamos todos de negro, eso significa que no nos verán con facilidad en la oscuridad, pero también nosotros podemos perdernos de vista. Así que en el peor de los casos procurad no despegaros de vuestra pareja. Ginny vendrá conmigo y con Hannah. Dean y Seamus, Terry y Michael, Ernie y Susan." Distribuyó Neville. "Sólo espero que sigamos juntos hasta el final, de todas formas. ¿Alguna pregunta?"

"Sabes que no tengo ningún problema al entrar aquí, Neville." Comentó en voz baja Ernie. "Pero sí quisiera saber qué tenemos que hacer exactamente. Me ofrecí voluntario porque… bueno. Cualquier cosa por Harry y sus locuras. Pero en realidad, no comprendo bien la misión."

Fue Ginny la que respondió, tras tomar aire profundamente.

"Hay algo que alguien ha traído a Hogwarts. Están intentando reventar el orden del Colegio desde dentro. Desde que empezó el curso. Y por fin estamos a punto de dar con ello. Harry, Hermione y Draco han ido a buscar lo que podría acabar con esa cosa, lo que sea que es." Un escalofrío le recorrió el cuerpo pero apretó los labios. "Os lo dijimos antes: probablemente nuestra magia sea insuficiente para detenerlo y sabemos que está en el Bosque Prohibido." Miró hacia arriba, las siniestras copas de los árboles que cubrían el cielo encapotado y oscuro. "Pero tenemos que evitar que vuelva a acercarse a Hogwarts. Ron y Luna han logrado clausurar el Colegio, por lo tanto, no hay vuelta atrás. Pero si alguien quiere pensárselo dos veces, entonces ahora es el momento. Tal vez puede encontrar refugio cerca del Campo de Quidditch o en la Lechucería, hasta que amanezca. O incluso en la cabaña de Hagrid aunque imagino que la ha cerrado. Yo votaría por ir al Embarcadero junto al Lago y pasar la noche oculto en una barca. El Castillo y los Invernaderos son inaccesibles en estos momentos."

Todos los demás callaron hasta que Hannah habló.

"¿Estás de broma? Hemos llegado aquí. Yo no voy a marcharme si sé que mis amigos están haciendo lo imposible para que no nos revienten nuestro Colegio. O si sólo uno de vosotros se mete en el Bosque, yo iré también. Pero de ningún modo me voy a ir de aquí hasta saber qué está pasando." De pronto se vio un poco abrumada al sentir, ya que no podía verlos bien, los rostros de sus compañeros en ella, en ese peculiar e improvisado círculo de amistad. Y sintió la mano de Neville a su lado que buscaba a tientas la suya y sintió que, a pesar del frío de la noche y de la misión suicida o medio insensata, propia de una panda de Gryffindors, no importaba si todos permanecían juntos. Podrían con todo.

"Lleváis todos al menos la bolsa con provisiones…" afirmó más que preguntó Neville. "Excelente, Dobby empaquetó todo para que fueran sólo unos dados. Apretáis uno con los dedos y tendréis una baguette de… roastbeef con mostaza, vegetal, pavo y queso y otra cosa que no recuerdo."

"Salami con tomate." Contestó con una sonrisa Michael. "Las gobstones son botellas de agua. Perfecto, al menos no moriremos de hambre o sed."

Todos suspiraron ante el humor negro de Michael pero agradecieron el tener siempre presente que iban a hacer posiblemente una de las mayores tonterías de su vida: si no había nada más que "lo normal" en el Bosque Prohibido, estaban arriesgando ya su propio currículum escolar, dejar a 0 los puntos de sus respectivas Casas y el acabar acribillados por centauros asesinos. Y si estaban en lo cierto, la criatura que hablaban era directamente, indestructible.

"Bien. Tenemos toda la noche, y va a ser muy larga." Susurró Neville. "Y tened en cuenta que… seguimos sin oír ni un maldito ruido en un bosque… como si un Encantamiento Silenciador cubriera todo… No es natural. Aún así, ¿estáis listos?"

Puso la mano en el centro del círculo y Ginny sin dudarlo estiró la suya para cubrir la de Neville. Hannah hizo lo mismo, y a continuación Terry y Ernie, y Susan, y Michael, y Seamus y Dean… Como cuando empezaban un partido de Quidditch y tenían que concentrar todas sus energías en actuar como un equipo y dar lo mejor de ellos mismos por un objetivo común. Y en el aire, el deseo flotaba, la esperanza de que Harry volviera pronto.

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"La próxima vez te encargas de que nos podamos Aparecer en este Colegio. Esta es la última vez que camino para llegar hasta aquí." Murmuró furioso un hombre enlutado y enmascarado… cruelmente.

El grupo de seis individuos iba envuelto en ropajes negros, imposibles de distinguir en las sombras de la noche. Uno de ellos, sin embargo, lucía en sus manos unos guantes de un blanco tan puro que rozaba la insensatez el llevarlos puestos si lo que buscaban era la discreción.

"Tiene gracia que digas eso, Yaxley…" comentó el individuo de los guantes con voz suave. "Teniendo en cuenta que puedes acabar muerto esta noche. Esta es la última vez… Vigila mucho tus palabras."

La manera en que lo dijo no llevaba implícita una amenaza. O sí. O no. Parecía simplemente hacer burla de unas palabras ligeras producto del cansancio de no poder utilizar ninguna forma de Aparición en los Terrenos de Hogwarts. Es la última vez que me mandas hacer algo así. Pero también decirlo podía invocar tranquilamente el hecho de que, si es la última cosa, es porque no podrás vivir para repetirla. El hombre extrajo la varita de su túnica y susurró en la oscuridad.

"Signo."

La varita apuntó directamente hacia el Bosque.

"Vamos. A estas alturas nuestra mascota tendrá el estómago lleno." La varita sin embargo, emitió un zumbido y la punta se iluminó de color rojo. "Vaya… vaya… De modo que tenemos visita en el Bosque. Rojo, humanos." Levantó los ojos oscuros, casi imposibles de ver tras la máscara que ocultaba sus rasgos. "Tanto mejor. Esto va a ser mucho más fácil."

"¿Qué quieres decir?" preguntó otro de ellos, alto y corpulento.

"Rowle… acabo de detectar humanos en el Bosque Prohibido. Teniendo en cuenta que está Prohibido y que ni los cazadores furtivos de criaturas mágicas se atrevería a entrar… me atrevo a pensar que algunos alumnos de Hogwarts han olvidado…" giró la cabeza hacia el Castillo clausurado y en penumbra. "…el toque de queda impuesto."

Uno de los encapuchados miró hacia el Castillo y se estiró incómodamente.

"Los centauros conocen su territorio y eso les da ventaja. Digamos que dejaremos en manos de sus preciosas estrellas su destino. Ahora me parece que este contratiempo nos va a venir muy bien. Pero nos vendría de perlas atrapar a uno vivo. O medio vivo, eso es lo de menos." El tono de voz le cambió a uno más autoritario, más duro. "Vamos. Rowle, Travers, conmigo. Augustus, Yaxley, McTavish, vosotros encontradlos. "

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"…luego dirás lo que quieras, pero donde esté una escoba que se quite todos estos paseos a pie… ¡Eh!" Malfoy chocó contra Harry cuando éste se paró.

"¡Agachaos!" susurró inmediatamente Harry.

"¿Qué diablos estás haciendo, qué coño te pasa ahora, Potter?"

Pero Hermione, mucho más acostumbrada a Harry y sus reacciones, tiró de la manga de Draco y se ocultaron tras una enorme roca junto a un desnivel, fuera del camino de los Terrenos de Hogwarts.

"He visto… he visto algo." Dijo Harry sin apartar la mirada del Bosque. "Una luz, roja, pequeña."

"Deliras." Rezongó Malfoy. "Eres miope, es de noche y además, qué diablos, estás loco. Así que no me creo nada."

"No." dijo Harry, negando con la cabeza. "Ahí pasa algo." Calló un segundo. "¿No lo notáis ninguno? Está todo demasiado silencioso. Demasiado…" negó con la cabeza. "No es normal."

Hermione sintió un escalofrío y aferró su bolsito, donde llevaba algunas cosas importantes, ante todo, el fuego que no podía perder.

"Me estás dando muy mal rollo, Potter." Mumuró Malfoy. "Si me conviertes en un maldito paranoico como tú, te juro que te abraso a Avada Kadavras."

"Tenemos que ir tras ésos."

"No, Harry…" susurró Hermione. "Tenemos que encontrar a Ginny y Neville y los demás… Están indefensos… sin esto…" movió su bolso con cuidado. "Y no podemos separarnos."

"Tal vez sea la forma perfecta de encontrarlos, Hermione. O de ayudarlos. Ahora que sabemos que no estaremos solos, no podemos arriesgar a enviar un mensaje con un Patronus. No podemos hacer nada, salvo tomar a éstos por sorpresa."

"Joder… maldita la hora en que te hice caso." Murmuró Draco, enojado sobre todo consigo mismo. Hermione bajó los ojos aunque sabía que él no podía ver su expresión con claridad; no estaba segura de si Draco hablaba de Harry, o hablada de ella.

"Está bien. Hermione, cámbianos el color de nuestra ropa, a ti te saldría el tono de negro perfecto." Dijo Harry sin apartar la mirada del Bosque. "Tenemos que alcanzar a ésos rápido."

"Haré algo mejor…" susurró ella moviendo la varita. "Un hechizo de camuflaje. Seremos como camaleones."

"No me gusta la comparación." Añadió Draco en tonos apagados, recordando a la criatura que debía de estar suelta y libre por el Bosque.

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Llevaban un rato caminando, tanto tiempo que les había parecido toda la noche, pero tras mirar sus relojes, se dieron cuenta de que había pasado tan sólo una hora. Y a pesar de las precauciones, estaban totalmente desorientados; no sabían si estaban muy dentro, si muy al sur o muy cerca de la colonia de los Centauros. Hannah empezaba a notar que a esas horas estaría ya a punto de haberse ido a dormir y notaba los madrugones acumulados de toda la semana; Ginny caminaba detrás de Hannah y Neville, pensando en lo incómoda que se encontraba separada de Harry, Ron y Hermione. Pero ante todo, tenía algo en el pecho que la oprimía, algo que se encargaba de hacer que empuñara la varita cada vez que creía oir un ruido en el bosque, un crujir de raíces o el viento soplando entre las copas. Estaba, y eso era obvio, nerviosa. Muy nerviosa.

El resto del grupo caminaba en silencio, de vez en cuando enganchándose a las ramas bajas de los árboles y que les golpeaban en la cara si no prestaban atención, o las traicioneras zarzamoras que al rozarse contra sus túnicas interrumpía su ritmo y empezaba a dejar un poco raídas las telas. Lo que podría haber sido una travesura nocturna o una excursión al campo era mucho más siniestro que eso. De noche, y bajo la luz fantasmagórica de los Lumos de sus varitas, todas las sombras se movían, todos los árboles estaban vivos, tenían voluntad propia y el frío era mucho más intenso.

Seamus era quien iba en la retaguardia; valor o temeridad de un Gryffindor irlandés, quizá. Pero Dean no tuvo dudas cuando se colocó a su lado y eran quienes hacían una marca, haciendo que una rama tuviese un puntito de luz único, una luciérnaga artificial creada por la magia y que en la oscuridad les indicaría el camino de regreso.

Neville se detuvo. Hannah a su lado parpadeó y se paró un par de segundos después para mirarle; Neville se dio inmediatamente la vuelta hacia el grupo de sus amigos con la varita iluminada en alto y una mirada entre alerta y preocupada, con los ojos abiertos de par en par.

Todos los demás se pararon confundidos y fue Ginny quien habló para preguntarle qué estaba ocurriendo. Pero no hizo falta que Neville le respondiera, ya que sus propias palabras parecieron no salir de su boca en absoluto. Era, con todos los sentidos, estar en pleno Silencio.

Neville echó a andar hacia ellos, apartándola con suavidad pero rápidamente y Ginny comprendió por qué Neville se había dado cuenta de lo que ocurría; sus pies ya no pisaban ramitas ni ramas, ni la hojarasca crujía al plantar firmemente los pies. Y al segundo Ginny comprendió qué había visto Neville tras ellos, mejor dicho, quiénes no había visto.

Faltaban Seamus y Dean. Y al darse cuenta, con ellos el rastro de las lucecitas que habían ido marcando.

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"Mierda…" Draco se golpeó el pie por tercera vez contra una raíz. "Menos mal que la suela está hecha por elfos domésticos de la mejor familia de zapateros de Italia y la piel…"

"Deja de decir tonterías." Dijo Hermione ayudándole. "¿Te has hecho daño?"

"Claro que me he hecho daño." Chasqueó la lengua, pero seguía hablando en voz muy baja. "Por culpa de Potter ni siquiera podemos encender las varitas. No se ve ni un ratón en este maldito bosque, hace frío, tengo sueño y nos estamos metiendo en uno de los lugares más peligrosos de este maldito país. Por algo está prohibido, Granger."

"Eres un quejica. Eso ya lo sé…" dijo ella con remordimientos y reprimiendo un escalofrío. "Pero saldremos pronto, en cuanto…"

"¿Qué?"

Hermione se acercó más a él y le apretó suavemente el brazo, intentando aferrarse a algo más cálido que las sombras del Bosque.

"Los grillos… se han vuelto a callar."

Hubo un momento de silencio en el que Malfoy puso toda la atención. Ruidos de hojas y pisadas, muy lejanas; era incapaz de determinar si se acercaban, se alejaban o estaban rodeándoles.

"Joder…" murmuró él, tirando de ella y agachándose tras un tronco caído. Intentó que lo le temblara la voz, pero era algo imposible. La humedad, los dedos helados a pesar de los guantes, la temperatura bajísima y el terror que sentía. Pero Hermione movió la cabeza bruscamente y él la observó, a pesar de la escasez de luz.

"Harry…"

Malfoy sintió el tinte aterrorizado de Hermione y trató de escanear el lugar a pesar de la oscuridad. El maldito hechizo hacía que Potter, como ellos, fuesen prácticamente invisibles.

"¡Harry!" exclamó en un susurro, pero Malfoy puso la mano en su boca.

"¡Ssssh! No digas nada…" pero Hermione se había puesto en pie, desesperada por encontrar a Harry. "¡Granger!" exclamó en otro susurro inútil cuando ella, con su túnica camuflada, también se confundió con la maldita oscuridad del Bosque Prohibido.

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"Buen trabajo." Murmuró la figura alta de los guantes blancos acuclillándose junto a dos cuerpos tumbados en el suelo y atados y amordazados. "Tenemos dos niñatos…" se agachó y apartó la túnica bruscamente para buscar alguna señal o distintivo. "…de Gryffindor. Qué sorpresa. Sólo los de esa Casa serían tan idiotas como para adentrarse en el Bosque Prohibido…" levantó los ojos. "Encima, cuando hay un simulacro en el Castillo… muy apropiado."

Alzó las cejas, tomando nota mental de averiguar quién había puesto sobre aviso a Hogwarts. Eso había sido un contratiempo, era mucho más fácil manejar la situación si cualquiera del Colegio pudo haber entrado y salido. Pero retorció otra vez las circunstancias, el encontrarse a los mocosos cuando no tendrían permitido salir del toque de queda había sido un golpe merecido de suerte.

"Lo tenemos. Hemos atrapado a uno. Estaba medio muerto… bueno. Está casi muerto."

Hermione se paró en seco cuando escuchó eso y ahogó un gemido al notar que, como una idiota, no sólo se había separado de Harry, sino que también había perdido a Draco. Se ocultó temblando detrás de una roca y vio con dificultad cómo un par de encapuchados… Mortífagos… habría dicho sin dudarlo, traían una figura que no lograba distinguir desde el ángulo donde estaba oculta; sin ninguna delicadeza, lo arrojaron al suelo.

"Los demás se han replegado, pero ha sido una batalla encarnizada. Había restos de ellos por todas partes."

Hermione entornó los ojos para ayudar a sus pupilas a dilatarse más, pero era prácticamente imposible entre la espesura y la oscuridad. La luna era menguante y estaba encima cubierta por pesados nubarrones. No había forma de saber quiénes eran los capturados. La mano que llevaba la varita empezó a temblarle y temió perderla. La guardó dentro de su túnica, esperando que no tuviera que utilizarla ahí camuflada.

"Tú, cosa…" escuchó el susurro apenas audible desde su posición. "Es un placer verte por aquí."

El prisionero sólo emitió un ruido gutural; Hermione no sabía si era producto del sufrimiento, de la rabia o simplemente de la incapacidad de emitir sonido alguno bajo la mordaza. No podía estar segura; sólo sabía que el corazón le latía tan fuerte que tenía la impresión de que la podrían oír. No había nada de placentero en esa reunión y ella lo sabía, a juzgar por las risas que emitieron los otros. ¿Y si era Harry?

Y encima, habían mencionado a dos Gryffindors. Habían atrapado a alguno de ellos… A Ginny, Dean, Seamus o Neville; tembló por el frío de la noche y por los gemidos que empezó a oír; ruidos que se iban convirtiendo en alaridos de dolor. No suplicaba, pero escuchaba cortes, los hechizos que atravesaban el aire y le hacían retorcerse de desesperación.

"Paciencia, Rowle… no le mates." Susurró el de los guantes blancos.

"Quiero probar sus límites; es como una curiosidad personal, saber hasta que punto el dolor te quiebra la mente. Si es que éstos tienen, claro..."

El Cruciatus. La maldición de la Tortura. Tan cerca; sintió que se mareaba como una estúpida damisela de una corte renacentista. Pero era demasiado; los ojos se le llenaron de lágrimas cuando su cabeza empezó a pensar en sus dos compañeros y en el tercer desconocido. "¡Sálvalos, ayúdalos!" era lo que le decía su instinto, pero no podía. Su alma le decía que fuera y tomara al grupo por sorpresa, pero no podía. Temblaba, por la frustración y el miedo. Por descubrir que podría ser Gryffindor, sí, pero era incapaz de ir… eran tres y ella estaba sola, y el sonido del Cruciatus que estaba convirtiéndose en la banda sonora de una pesadilla.

"Ahora… ¿qué haremos con estos dos?"

Sus pulmones no aguantaron; iba a expulsar un grito o un sollozo o ambas cosas, el grito ya estaba surgiendo de su garganta cuando algo aferró su boca con fuerza. Se agitó, presa del pánico y sus ojos se abrieron como platos, buscando cualquier vía de escape y por la ola de pánico que le recorría el cuerpo; otro brazo la aferró del cuerpo, sosteniéndola con firmeza, imposibilitando la huida. Sólo soltó un gemido ahogado por la mano enguantada, sintió la lana contra su mandíbula y nariz, casi dejándola sin respiración. Sintió un rostro junto a su oreja y un aliento cálido cerca de su mejilla, en contraste con el aire gélido del Bosque.

"No te muevas." Susurró con frialdad el acento de Malfoy inconfundible, más Malfoy que nunca. "Por favor."

El pecho se agitaba por la respiración acelerada bajo el abrazo firme de Draco; envidió su cabeza fría y la habilidad para esquivar dolor, sufrimiento y acciones valientes pero suicidas. Hermione se intentó forzar a sí misma a recuperar la tranquilidad.

"Voy a soltarte, pero no hagas ruido." Susurró él. "Un ruido, y estamos jodidos, Granger."

Aflojó la garra que apresaba la boca de Hermione; ella tomó aire temblorosa, como un ahogado cuando recupera el oxígeno de repente.

"Van a matarlos…" logró balbucear entre lágrimas. "Van… van a…"

"Sí." Dijo él sencillamente, sin soltarla, sin dejar que la espalda de la chica abandonara su pecho.

"¡NO…!" ella movió la cabeza, sin dejar de mirar fijamente el lugar donde se estaba produciendo una tortura. Una tortura en toda regla cuyos sonidos se clavaban en su cerebro y no iban a abandonarla. Intentó forcejear para liberarse, para ir y evitar lo que su cabeza ya estaba procesando, imágenes terribles del Cruciatus cuya técnica nunca había empleado, pero cuya formación académica exquisita le había descrito con todo lujo de detalles.

"Te matarán…" susurró él. "Eso, después de que te hayan torturado."

Se escucharon más gritos. No eran de tortura, eran más bien los gritos de dolor de dos chicos jóvenes que habían sido maltratados en cuestión de segundos. No se oyeron de nuevo… Y una risotada.

"Tenemos que irnos…"

Las piernas de ella no sostuvieron su peso y ahora lloraba abiertamente, colgada de su brazo. Él maldijo entre dientes cuando sintió la espalda de ella abandonar su pecho cuando se inclinó sobre su brazo. Ni siquiera sabía si funcionaría ahí, si era ya distancia suficiente para Aparecerse, pero tenían que intentarlo.

"Concéntrate…" susurró él. "Granger… Tienes que despejarte…"

"No… no puedo…"

Ella sólo escuchaba los gemidos de dolor y el silencio aterrador cuando dejaron de escucharse. El dolor, la muerte. ¿Cómo podría concentrarse, cómo podría pensar en Apariciones o en huir? Sus amigos tal vez muertos. O torturados. O ambas cosas. En desventaja frente a un grupo de asesinos. Pensó en los padres de Neville, pensó en los padres de Harry, pensó en Penelope Clearwater, en Percy Weasley… en tanta gente que habría sufrido la violencia de la magia…

Se vio un resplandor verde y Draco inmediatamente volvió a tapar la boca de Hermione, sofocando un grito que esta vez sería como una campana de alarma más sonora que la que les indicaba el inicio de las clases. Ella sintió que él apoyaba la cabeza junto a su hombro, sin duda estaba ocultando su rostro a la última escena de muerte.

Ella se dio la vuelta automáticamente y enterró la cara en el pecho de él, sosteniéndose mutuamente, con fuerza, como si fuese lo único que les ataba a la cordura. Y sintió que él, bajo esa capa de frialdad y autocontrol, también estaba asustado, también tenía inseguridades y también sabía qué podría ocurrirles; era hijo de un Mortífago: eso lo sabía él mejor que ella, incluso.

"Concéntrate… Granger…" le susurró al oído. "Piensa en otra cosa… si Desaparecemos tiene que ser con la mente despejada… No puedo llevarte si no estas concentrada…"

Ella cerró los puños en la tela de su túnica, negando con la cabeza, dudando de sus posibilidades. Sintió el anillo que llevaba en su mano izquierda, una promesa que se habían hecho y que por su culpa, no podrían cumplir.

"Lo siento…" dijo ella, consciente de que, aunque pudieran Aparecer en ese punto del Bosque, tal vez su falta de concentración haría que se presentaran sin la mitad de su cuerpo y eso era muerte segura.

Oyeron voces ahogadas y ruidos como de viento, como las extrañas versiones de las Apariciones de los mortífagos… como si se convirtieran en humo y se los llevara el viento; se quedaron paralizados, aferrados uno al otro hasta que tuvieron la seguridad de que no había nadie. Ella fue recuperando poco a poco la compostura, aunque no abandonó los temblores. Junto al árbol notó otra vez la mano que no iba a taparle la boca, sino que como un ciego reconociendo las facciones, iba a tocarle la cara, como si él se quisiera asegurar de que estaba ahí.

"¿Puedes andar?" le preguntó el junto a su cara, con las frentes tocándose.

Ella cerró los ojos a pesar de que la oscuridad ya le ocultaba la vista a todo. Se dejó mecer por la única cosa cálida que había en ese Bosque y lo único que la había salvado de la locura. Trató de hacer ejercicios de respiración para tranquilizarse pero era demasiado. A pocos metros habían torturado, tal vez asesinado, a tres seres inocentes sin opción a defenderse ni a suplicar por su vida. Y al menos dos eran Gryffindors.

Y ese sonido de la tortura no la abandonaría nunca.

"No te vayas." Dijo ella en un susurro.

Malfoy arrugó la frente, extrañado.

"No me voy a ir a ninguna parte."

ooOOooOOoo

Harry había dejado de escuchar los grillos… el sonido del Bosque había vuelto a quedar en absoluto silencio. Arrugó la frente y su mano aferró con más fuerza la varita, pensando que sería catastrófico si se le cayera por un descuido o un tropezón. Su oído captó sonidos de pasos, caminando, acercándose… aunque no estaba del todo seguro. No era buen explorador, de niño no había hecho acampadas fantásticas en familia o había ido a campamentos con otros chicos de su edad donde te enseñaban rudimentarios pero eficaces trucos de supervivencia. Lo más peligroso y salvaje de Privet Drive era el columpio de la izquierda, cuando la cadena se soltaba y podías acabar en el suelo dándote un buen morrazo.

Apartó Privet Drive de la cabeza y apoyó la espalda contra un árbol y esperó.

Fue en ese momento cuando se dio cuenta de que estaba solo; se había centrado tanto en los sonidos lejanos, que había desterrado automáticamente los que tenía más próximos, los familiares. Los había obviado por ser los conocidos y los no peligrosos. Cerró los ojos arrepintiéndose de semejante error y trató de hallar las figuras de sus compañeros. Fue cuando también se percató que los sonidos naturales del bosque… como el viento, los grillos, las ramas… volvían a quedar en silencio.

Echó la cabeza hacia atrás cuando abrió los ojos y descubrió que el eficaz hechizo de Hermione les camuflaba de enemigos, pero también de ellos mismos. No podía arriesgarse a emitir una luz o a hablar. En esos momentos, estaba solo. Trató de concentrarse en escuchar en ese silencio tenebroso y por fin, los pasos y los murmullos se convirtieron en voces tangibles.

Frunció el ceño cuando escuchó Gryffindor. Su corazón dio un vuelco cuando su mente dibujó la imagen de Ginny, capturada por algo o alguien. A Ginny muerta. O cualquiera de sus compañeros.

Con la rapidez y ligereza que le permitía años de entrenamiento y aptitudes obvias para ser buscador… la rapidez… el sigilo… Harry se movió hacia un grupo de helechos lo bastante espesos como para ocultarle y sin embargo, a diferencia de una roca, le permitiría entrar en el círculo enemigo por sorpresa.

Distinguió tres figuras vestidas de negro, las tres con varitas en las manos y una de ellas con una cuerda que brillaba con un tono gris plateado muy leve. Una de ellas dio una patada a algo en el suelo y al menos Harry descubrió que ahí yacía al menos una persona. Un Gryffindor. Hablaban de Hogwarts, del simulacro…

Vio el movimiento de la cuerda que brillaba ligeramente y el tirón trajo una figura oscura y grande que Harry no acertó a ver. Su mano se crispó sobre la varita y creyó ver un reflejo blanco en las manos del primer Mortífago… Era raro, era como si no le importara llevar algo tan poco discreto en vista de las circunstancias. Tragó saliva y apretó las muelas con fuerza cuando el sonido inconfundible de la tortura penetró en sus tímpanos. El sonido de piel rasgada, de gemidos y gritos de dolor. Tendones desgarrándose y músculos inutilizados.

El sonido, en definitiva, de una de las Imperdonables. La inconfudible Cruciatus.

Empezó a temblar él mismo, producto de la ira, la indignación. Apretó los labios para entrar ahí, solo y acabar con eso.

ooOOooOOoo

"¡Cuidado Neville!" exclamó Ginny en voz baja, tirando de su brazo y respirando con dificultad. Había escapado por milésimas de un maleficio asfixiante, pero no había podido evitar sentir su efecto cuando le dio en el brazo. Detuvo a Neville cuando él se dirigía a Michael; Hannah estaba agachada a su lado apretándose el brazo izquierdo contra su costado.

Eran tres individuos los que los habían acorralado. Los tres no tendrían nada que hacer frente a Ginny, Ernie, Susan, Hannah, Neville, Terry y Michael… si no fuera porque Susan y Michael estaban paralizados en el suelo.

"Menudo grupo interesante…." Susurró uno de ellos. "No te muevas." Indicó a Ernie cuando iba a dar un paso hacia Susan, víctima de un Desmaius pero mucho más grave que eso.

"Hijo de… ¡está sangrando!" exclamó Ernie.

Ginny abrió los ojos de par en par; por la oscuridad no podía ver desde el lugar donde se encontraba.

"¡Lumos maxima!" exclamó ella, levantando la varita.

"¡Ginny!" gritó Terry sin bajar la varita. "¡Esto… atraerás a…!" no se atrevió a decir qué cosa o cosas podrían atraer.

"Oh… debí suponerlo." Tiró de la capucha con un movimiento de la varita casi invisible y la coleta pelirroja de Ginny quedó al descubierto. "Weasley. Eres una Weasley." Susurró el segundo de los encapuchados sin bajar la varita. Con la otra mano indicó a uno de sus compañeros. "McTavish, ve a avisarlos. Dile que tenemos una de los Weasley, escurridizos como comadrejas. Nosotros nos encargaremos del resto de sus amigos."

"Prefiero quedarme…" respondió secamente. "¿Y por qué no vas tú?

El que había dado la orden se quedó un momento parado.

"Puedo controlar yo solo a la pandilla de mocosos." Esbozó una sonrisa que sonó con un resoplido desdeñoso bajo su máscara. "Vale. Acepto, a ver qué tal te las apañas tú… con este grupo de niñatos."

Dicho eso, su figura salió como si fuese una tenebrosa bruma negra. El tercer mortífago no habló nada hasta que Neville dio un paso adelante para evitar que el otro saliera de allí.

"¿Dónde vas, Longbottom?"

Neville tragó saliva y alzó la varita; su mandíbula se apretó completamente y pareció ser víctima de un Petrificus Totalus, si no hubiera sido porque era perfectamente capaz de moverse. Un tono de voz helado que estremeció a Hannah e hizo que Ginny se pusiera en tensión.

"No sé cómo me conoces, pero vas a dejarnos ir. A todos." El resto levantó la varita, excepto los desmayados Michael y Susan.

El mortífago se rio.

"Aguamenti." Pronunció y de su varitá surgió un enorme chorro de agua con el que apuntó a todos. "Glacius".

Inmediatamente el agua se transformó en hielo.

"¡No!. ¡Incendio!" Neville lanzó llamas con su varita para evitar la congelación pero vio que era tarde para sus amigos y para su propio brazo. Como hizo Hannah antes que él, se apretó el brazo helado junto a su cuerpo.

"Te puedo ayudar…" susurró el mortífago. "Una maldición Flagrante en tu túnica y te aseguro que guardarás calor…"

"¡Detente!" gritó Ginny poniéndose delante de Neville. "Os interesa tenerme a mi, ¿verdad? Ya los has congelado, no sobrevivirán una madrugada de enero en el bosque" la voz se le quebró por el miedo, el frío y el aire helado del Glacius. Su aliento surgía como un humo blanco fantasmagórico bajo la luz de su varita.

"¡No Ginny!" gritó Neville colocándose junto a ella. "Estamos en esto juntos…"

"A ti no te necesitamos, Longbottom." Susurró el mortífago. La maldición chocó directamente en su pecho y cayó al suelo. Ginny se agachó a su lado mirando horrorizada, atrapada.

"Weasley, si te mueves, uno de ellos morirá."

Ginny se puso de pie entonces y apuntó con su varita con la cabeza en alto y los ojos entornados entre las lágrimas y la rabia. Su barbilla se echó hacia adelante, como hacía desde pequeña cuando se enfurecía.

"Ni se te ocurra. Antes te llevo a ti por delante."

El hombre de negro levantó su oscura varita y colocó la punta en la barbilla de Ginny.

"Tal vez no valga ni la pena. Avad…"

Las palabras murieron en su garganta con un relámpago rojo, su cuerpo tembló unos momentos y un hilo de sangre cayó de boca. Ginny abrió los ojos de par en par cuando vio que su atacante cayó como un peso muerto delante de ella y detrás suya el mortífago llamado McTavish tenía la varita apuntada hacia ella misma. Comprendió que fue él quien había causado eso… quien había hecho… herido… matado… a quien había estado a punto de matarla a ella.

Ese tal McTavish era un traidor. O no lo comprendía.

Escuchó la respiración de Neville, agachado junto a Ginny.

"Incarcerous." Murmuró, y cuerdas que surgieron de la varita del mortífago rodearon el cuerpo inerte del otro al que acababa de traicionar y lo ató a un árbol. "No lo he matado, pero no sé si vivirá mucho." Añadió con frialdad. Se volvió, enmascarado, hacia Neville. "Libera a los que están congelados, y no uses otra vez un Incendio, sólo lograrás abrasarlos vivos. Usa un encantamiento de aire caliente; tardarás un poco, pero será suficiente. Y tú…"

Apuntó con la varita a Ginny, que seguía estupefacta y víctima de temblores producto de la adrenalina y el frío.

"…avisa con tu Patronus que no estamos solos."

Ginny no sabía a quién tenía que dirigirlo. Pero pensó en Dean y Seamus y asumió que eran los únicos que podrían estar allí… o Harry… tal vez hubiera llegado ya…

Cerró los ojos, asumiendo el riesgo de estar descubriéndose frente a ese mortífago. Con los ojos llenos de lágrimas, intentó conjurar algo que la hiciera feliz… algo que fuera el mejor momento de su vida. Algo que la hiciera sentir que podía conjurar un Patronus corpóreo.

"No puedo…" susurró ella con temblores. "No puedo centrarme…"

Pensaba en el miedo que estaba pasando. Pensaba en Harry y la posibilidad de no volver a verlo si estaban ahí perdidos en plena noche. Pensaba en si sus amigos Seamus y Dean hubieran sido atrapados y que no pudieran sobrevivir. Pensaba en su madre, en su padre. En sus hermanos. Pensaba en que la celadora, Mopsy, había llegado a ver a Percy… pensaba que lo había tenido tan cerca tanto tiempo…

Oyó que Neville había empezado el hechizo en sí mismo, procurando liberar su propio brazo de la congelación para trabajar mejor con el resto. Cerró los ojos otra vez.

Levantó la cabeza hacia el mortífago traidor y su barbilla tembló. Tragó saliva y alzó la barbilla, moviendo la cabeza.

"No puedo conjurarlo. Sólo es una nube de vapor… no es corpóreo…"

El mortífago avanzó unos pasos hacia ella y ella no se movió; si tenía que matarla, moriría ahí delante de sus amigos; aferró la varita, dispuesta a invocar el Avada Kadavra más poderoso del mundo si era necesario, aunque tuviera que morir ella.

"¿Por qué no puedes?" preguntó él con una extraña suavidad, con un tono curioso. A continuación, alzó la varita hacia ella.

No sería capaz de invocar el Encantamiento Patronus, uno de los hechizos más maravillosos del mundo, pero Ginny estaba segura de que podria matar por proteger a los suyos.

Sin embargo, el desconocido cambió de dirección su varita; la levantó hacia sí mismo, apuntando a su propia cara. Ginny se quedó quieta, desconcertada. El mortífago movió la varita y la máscara salió arrastrada como si fuese un velo enganchado a la punta, brillante bajo el Lumos Maxima que Ginny tenía conjurado con su varita.

La varita cayó al suelo y la luz desapareció cuando Ginny emitió un grito… un enorme sollozo. Neville ayudó a incorporarse a Hannah, medio colgada de su costado y ella alzó la varita a ciegas, pensando que algo le había ocurrido a Ginny en plena oscuridad.

"¡Lumos Maxima!" exclamó débilmente Hannah, dispuesta a iluminar el hechizo ofensivo que pudiera enviar Neville, aunque fuese el último que hicieran juntos.

Ambos abrieron los ojos de par en par cuando vieron a Ginny Weasley arrodillada y enganchada a la túnica negra del mortífago, cuyo rostro no podían distinguir.

"¿Qué es esto….?" Susurró Hannah.

Pero Neville estaba boquiabierto y sintió los ojos empañados por un momento. Un escozor extraño, producto de la comprensión.

"Lo mejor que nos ha pasado en mucho tiempo, Hannah…"

ooOOooOOoo

Notó que las rodillas le temblaron, que no aguantaron su peso cuando sus ojos vieron por primera vez en muchos meses… casi un año, los rasgos familiares de su hermano, de su tercer hermano mayor. No llevaba las gafas, pero tenía el pelo ondulado más largo, los ojos más hundidos y el rostro más delgado y pálido bajo la luz de su varita.

Sintió que se le resbaló de las manos y cayó de rodillas incapaz de aguantar los temblores… el frío, la soledad, el miedo, la emoción. Lo tenía que estar soñando, era una maldita visión de esos bastardos…

No podia ser Percy….

Pero notó unos brazos que la envolvían y un calor que no tenía nada que ver con la atmósfera en la que se encontraban.

"Soy yo… Ginny." Dijo él simplemente.

Ella emitió un grito ahogado contra su hombro y se aferró a él como si fuese así a evitar que se desvaneciera. Ni se daba cuenta de dónde estaban, que sus amigos yacían indefensos y a punto de morir de hipotermia. La cabeza no estaba centrada, sólo pensaba que iba a morir, pero al menos habia podido volver a mirar a los ojos al hermano perdido.

ooOOooOOoo

Harry apretó los dientes y la mano apretó con fuerza la varita; dispuesto a entrar en ese círculo de la muerte, dispuesto a salvar la vida de quienes estuvieran ahí. Se puso de pie pero una luz plateada se aproximó a él. Y otra…. Y otra… Abrió la boca confundido y lo mismo debieron de pensar quienes estaban ahí, quienes acababan de torturar o asesinar. Quienes merecían pudrirse en el infierno junto a su precedesor.

De todas las figuras hermosas, de brillante plata, había una que irradiaba un brillo especial; era una que estaba crecida por encima de las otras. Era un caballo tan puro que habría jurado que era uno de los unicornios maravillosos que habían visto tan raramente en ese mismo Bosque.

Y supo que era Ginny; y si era tan grande, tan hermoso y tan intenso era que Ginny era feliz, extrañamente feliz. Y los demás… detectó los Patronus de sus compañeros.

"Todo está bien Harry… estamos bien Harry…"

Escuchó los ruidos de quienes salían inmediatamente de allí; quienes se esfumaban del lugar. Pero antes de irse, una de las voces, el que portaba unos guantes blancos manchados de sangre gritó, con una voz clara y cristalina.

"Avada Kadavra."

ooOOooOOoo

Había pasado un tiempo hasta que llegaron sus amigos. Era fácil seguir el rastro de sus amigos cuando eran capaces de conjurar los Patronus y era fácil enviarles un hermoso ciervo, cuando sabía que sus amigos estaban a salvo.

Vio a Ginny guiándolos; tenía el aspecto desaliñado y la túnica algo sucia, pero la mirada estaba extrañamente brillante. Ginny simplemente irradiaba… algo parecido a la felicidad. Harry se levantó y dejó que Hermione atendiera a Seamus. Él mismo dejó a Dean un momento para echarse a los brazos de Ginny.

Ella inició una carrera y se echó encima de él, cruzando las piernas alrededor de su cintura y hundiendo la cara en su cuello. Ella era efusiva y era impetuosa, pero no se imaginaba que lo fuera tanto en esos momentos. De refilón vio que Neville ayudaba a Hannah, cuyo cabello estaba un poco revuelto y parecían terriblemente cansados. Ernie y Susan estaban juntos y la túnica la tenía manchada de sangre. Lo mismo que la de Michael, que iba acompañado de Terry Boot. Pero estaban todos, por lo menos.

Mientras sostenía el efusivo abrazo de Ginny, sus ojos no pudieron evitar sentir un estremecimiento cuando vio el cuerpo, cubierto por su propia túnica, del centauro al que habían torturado y asesinado. La pregunta era, ¿por qué?

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Bien. Si no me fallan los cálculos (aunque no es definitivo), faltan ahora dos capítulos más y esto se acabó. Ya lo sé… oigo el "¡¡¡por fin, Sig… pesada!!!" Es probable que dé para algún capítulo más, depende de cómo quede la longitud final, pero digamos que tengo el resto ya muy enfocado.

No os cabreeis con los personajes y sus errores. Yo me he criado en ciudad y no tengo ni puñetera idea de sobrevivir a un bosque maldito. No quería poner a un grupo de adolescentes con un plan perfecto e impecable, sólo quería poner que tenían un plan y sus mejores intenciones, pero siempre hay alguien más listo y con más experiencia que tú. No me gusta poner que hagan lo que hagan, siempre sacarán un buen provecho de ellos (sobre todo, "los inteligentes" como Hermione o los Ravenclaw… Ya no está Dumbledore, recordad).

Aquí el Big Bad no sólo había planificado, sino que también sabe improvisar. Utilizó los contratiempos para su ventaja: el hecho de tener clausurado Hogwarts no le vino bien, pero el descubrir que había "humanos" le vino mejor aún. Supongo que os haréis una idea del tema: ahora que había humanos (Harry y el grupo) por el Bosque, que un centauro ha muerto, que hay un bichito que ya os definiré en el próximo capítulo (aunque ya no quedan más pistas para saber quién es Wilfred XD) … los centauros van a apuntar a los Magos y Brujas. Perfecto para que el Ministerio intervenga. Y Umbridge se cobre, de paso, su particular venganza contra ellos y contra todo lo que "no sea humano".

Gracias por la lectura y haber resistido hasta ahora. A los lurkers, no hace falta que os molestéis, a estas alturas ya los fallos del fic no tienen arreglo. Así que prefiero que sigais siendo lurkers.

A los demás como siempre gracias: anitaplus, luna-maga, eterna-romantica03, Peter Maifayr, Nell Charentes, maring, NemesisAg, Victoria Balck, Verito Malfoy, EugeARt, Jenlic, Pressure, Karla, Nimpadora Weasley, Yedra Phoenix, chanita23, victoria krum, Elisabeth88, norma, Marian, Isa Malfoy, Nasirid, Annirve.

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Respuestas a reviews anónimos: el resto podéis saltaros lo que hay aquí debajo.

Sé que no se debe responder reviews en los Capítulos publicados, pero ffnet no da opción a los anónimos y siempre contesto los reviews. A los demás, perdonad el estorbo.

# NemesisAg – gracias por el apoyo. A veces tengo la impresión que algunos lectores/as piensan que somos robots. Al menos yo soy incapaz de escribir algo en una tarde cuando tengo que preocuparme de detalles como aquí, que se remontan al capítulo 4.

# Karla – espero que hayas comprendido aquí qué significó eso de "la historia del torneo de los tres magos"… Gracias por comprender que es mejor escribir sin presiones :) Sobre si habrá más Draco y Hermione… bueno, confieso que me aburre mucho escribir y leer de ellos, intentaré que no se note :p

# Nimpadora Weasley – ya sabes. Jamás dañaría a Percy. Y eso que mi idea original era que muriera pero sorprendentemente, nadie quiere eso ahora :O De todas formas, creo que eres la única persona que desde el primer día ha declarado que Percy le gusta tanto (no "este" Percy, quiero decir). Es bastante raro y me encanta :)

# chanita23 – es mejor no revisar los libros o capítulos anteriores de la historia. De la misma forma que Hermione estaba que quería morirse por haber olvidado algo que ¡¡por fin!! ha recordado, nosotros como lectores también podemos sentirnos así ahora… en plan "¿por qué no caí antes?" ¡Gracias por esperar y por la paciencia!

# norma – Viktor envió una snitch porque en el caso de que se la confiscaran a Harry, no sería una rareza. Ambos son o han sido buscadores. Viktor fue precavido. Sobre Tonks, siempre será torpona XD pero creo que como profesora no habría valido si demuestra inseguridades. Al contrario, me la imagino muy mandona XD Me ha resultado sorprendente, en serio O.O "no hacerle daño a Hagrid" Creo que eres la primera persona que me ha escrito algo así en mi vida… Vale, vale… no te preocupes, a Hagrid ni tocarlo XD

Malfoy de momento anda un poco más despistado que Nott. Malfoy es avispado, eso lo sabemos, pero me estoy tomando al pie de la letra lo que dijo JKR sobre una escena eliminada de Malfoy y Nott, y que viene a decir que Nott es inteligente, más que Malfoy. Además, Nott sí presta más atención, Malfoy tiene la cabeza en otro sitio ;)

Has dado en el clavo con Hermione, por cierto :) ¡premio! Gracias por tu comentario, ha sido muy observador =D

# Marian – muchas gracias; no me extraña que hayas tardado en leer las dos historias, hacen un total de más de 60 capítulos… Al final Lo que más miedo da es un AU pero bueno, no tenía sentido construirla a partir del canon, así que sólo procuro no desviarme del canon en cuanto a cómo son los personajes (aunque para mi el dramione es lo más OoC que puede haber XD) Gracias por decir que sí te encaja el dramione: En realidad está en la historia porque para mi la pareja es LunaxRon, y tentada estoy de haber dejado a Hermione "sin parejita" XD (soy mala) Así que la opción Draco me pareció la menos mala. También quería tratar la pareja como "vale, los dramiones son de cómo oh, se han enamorado. Sí, perfecto, ¿y luego qué?" Y finalmente, gracias por haber esperado y tus ánimos.

# Isa Malfoy – he hecho una limpia de correos antiguos y no encontraba tu email :S Me alegra saber que tienes ya localizado al Big Bad XD eso está bien. Ya falta poco para descubrir el pastel. Muy poco. Besitos.

Creo que no me he saltado a nadie. A todas, besos.

Sig.-