Inazuma Eleven no es de mi propiedad, el anime pertenece a LEVEL-5.
Capitulo 5
Los días me parecían horas, desde mi "encuentro" con los chicos en la rivera no volví a dejarme ver, aun que no deje de observar al equipo. Acabe inscribiendo me en la secundaria Raimon, pero como Ren Fire. En ese tiempo Raimon se preparaba para jugar su segundo encuentro contra el instituto sobrenatural, un par de días antes Someoka consiguió su técnica: Impacto Dragón. Es increíble. Un dragón azul sale despedido hacía la portería con un inmenso poder, la primera ves que la vi solo pude mantener el aliento de lo espectacular que es. Pero no solo esa técnica se unió al poder de Raimon, Goenji Shuuya; la persona que les ayudo contra Teikoku, y conocido por todos como el delantero estrella por su actuación en el torneo del año paso. Ahora él se unía a Raimon, rompiendo la promesa que le hizo a su hermana, pero al mismo tiempo creando una nueva: no dejaría de ganar hasta que ella despertase.
El día del partido contra el sobrenatural llegó, y como en este tiempo había decidido que no supieran de mi este día tampoco iba hacer distinto, quería saber de que eran capaces en ese momento. Aun que en este partido había algo que no me gustaba, y es que dos jugadores del instituto imperial se encontraban observando el encuentro, aun que ese no fue el problema de Raimon. El juego comenzó muy bien, incluso Raimon se adelantó en el marcador, pero sobrenatural no tardo en lanzar sus "maleficio". pero al final solo resulto ser hipnosis, provocando que los jugadores no pudieran moverse o que los tiros a puerta acabaran siendo mucho más débiles, una ves descubierto el pastel Raimon pudo jugar como ellos saben y acabar ganando con la creación de una nueva técnica, una que combinaba el Tornado De Fuego de Goenji, y el Impacto Dragón de Someoka, creando el Tornado Dragón.
Había acabado el encuentro contra el Sobrenatural, del cielo desaparecieron las nubes grises que ocultaron el cielo durante todo el encuentro, ahora se podía ver con claridad el cielo, un cielo de tono anaranjado por el atardecer. El equipo contrario y espectadores dejaron el recinto, o mejor dicho casi todos. Raimon aun permanecía en el terreno de juego, Endo como capitán tomo la palabra para dar un mensaje de animo a sus compañeros.
―Hicieron un gran trabajo. Someoka, Goenji, su Tornado Dragón nos ayudo a ganar este difícil partido, y nos enseño que si unimos fuerzas y trabajamos en equipo obtendremos buenos resultados.
―Ni crean que me e olvidado del titulo de goleador estrella. ―Comentó el más alto mientras miraba para otro lado.
Goenji lo miró con una pequeña sonrisa y con una mirada retadora mientras se encogía de hombros. Ese chico seguía siendo un cabeza dura. En el momento que se presento delante de todos preguntando si podía unirse ya le puso pega, no le quería a su lado en el campo. Además el carate fuerte de Someoka chocaba con la tranquilidad de Goenji. Provocando que estuvieran discutiendo siempre que el mayor hacía comentarios como el anterior.
―Bien muchachos juntos iremos al Torneo Fútbol Frontera.
―¡Si!
Raimon estaba muy feliz, esos goles habían sido fundamentales para que pudieran disputar el mejor torneo que había en secundaria. A diferencia de los demás Goenji echo una mirada al cielo mientras recordaba a su hermana, seguro que a ella le habría encantado ver ese encuentro. Una ves que bajo la mirada no pudo evitar sorprenderse, el chico del otro día estaba allí, se encontraba de espalda, ya que se marchaba, pero en el tiempo que él bajaba su mirada el chico que se estaba volteando encontrándose con su mirada, estaba lejos como la otra ves, pero los ojos negros de esa persona le recordaron a alguien, alguien muy importante de su infancia, no lo entendía, pero su corazón empezó a dar latidos más rápidos y fuertes.
Mientras que la luz se echaba sobre los jugadores de Raimon a su espaldas una nube negra comenzaba a echarse sobre ellos, y ninguno sospechaba sobre eso.
―Ha... ¿la escuela Raimon ganó? ―Comentaba una voz atraves de un celular acompañando el final con una sonrisa siniestra.
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―Ya regrese. ―Comentó con pesadez Rosen mientras entraba en casa.
No obtuvo respuesta a su llegada, así era mejor. Antes de ir a su cuarto entró en la cocina para agarrar una botella de jugo y subir.
―¿A donde fuiste? ―Comentó con voz sería el adulto que se encontraba en aquel lugar, sentado en la mesa esperando la cena.
Rosen no respondió, se acercó al refrigerador para coger lo que quería, una ves echo puso rumbo a la salida, pero la mujer peli-roja detuvo su avance colocándose delante mientras sostenía una bandeja en la que había un bol con arroz, otro con sopa, un plato con carne, y un baso de plástico. La mujer la miraba con una sonrisa, pero la menor se mantuvo sería, dejo el jugo en un espació vació de la bandeja, la agarro dándole las gracias a su madre en susurro, y sin decir nada más se fue a su habitación.
―No deberías hacer esos. ―Protesto el hombre mientras su mujer dejaba unos platos delante de él. ―Debe tenernos más respeto.
Un golpe secó resonó por toda la casa, la señora Fire había colocado el baso de cristal sobre la mesa con una gran fuerza sorprendiendo y asustando a su marido, incluso a Miku, el pequeño gato entraba para comer, y por el susto corrió lo más lejos que pudo mientras su pelo parecía haber aumentado.
―No me vengas con esas, a quien no debería darle de cenar sería a ti. ―Comentó con enojo mientras le retiraba el plato con carne y lo echaba en el cuenco de la comida de Dabo. ―¡Dabo, la comida!
― Solo eran unas viejas zapatillas y un viejo balón. ―Susurro con enojo antes de comenzar a cenar, valla que a su mujer se le ocurra echar toda su cena al perro.
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Las clases han acabado y todos los jugadores de Raimon se encuentran en su sede, todos están entusiasmado, por fin jugaran en el gran torneo de secundaria, ya que en la noche fue el sorteo y su nombre estaba allí, después de todo Natsumi había cumplido su palabra.
―¡Amigos, ya saben que hacer! ―Gritó con emoción Endo mientras alzaba el puño, al mismo tiempo algunos imitaron la acción y gritaron un:"si" al unisono. ―Dentro de poco comenzara el Torneo Fútbol Frontera.
El capitán Dejo de hablar, y solo dejo salir de su garganta una leve risa, estaba tan feliz de poder jugar por fin en el torneo que se olvido de todo. Sus compañeros esperaban ansiosos a que diera la gran noticia
―¿Y bien? ¿Quien es nuestro oponente? ―Preguntó Kazemaru tras una larga pausa en las palabras del capitán.
―Nuestro rival es... ―comentó decidido y con seguridad en su voz mientras que todos sus compañeros lo miraban temiéndose lo peor. ― A un no lo sé. ―Termino con el mismo tono, pero sus compañeros dejaron esa actitud por una algo más tranquila y decepcionada, solo Endo podía hacer algo así.
Mientras Endo comenzaba a reír nerviosos el entrenador del equipo entraba a la sede.
― Es la secundaria Salvaje, sino mal recuerdo esa escuela... ― Comentó el recién llegado con tranquilidad.
― Aquí dice que el año pasado jugo contra el instituto imperial a nivel regional. ― Leyó de su libreta de notas Haruna.
― ¡Eso es increíble! Eso quiere decir que se trata de un equipo muy poderoso.
― Solo les pido, que por favor no vayan a perder en el primer partido del torneó. Ha, y también.
Dicho eso el entrenador se hizo a un lado dejando ver a un chico alto de piel bronceada y cabello verdoso grisáceo. El muchacho apareció con una gran sonrisa mientras hacía un gesto con su mano, esta la tenía levantada, con dos dedos levantados, estos iban de su frente a unos centímetros más alejado.
― ¡Hola a todos! Me llamo Domon Asuka. Quiero jugar como defensa en el equipo. ― Comentó el chico con una gran sonrisa, parecía ser una persona muy alegre y feliz.
― Veo que eres un chico curioso, me sorprende ver que queras entrar en un club tan aburrido como este.― Fueron las ultimas palabras del entrenador antes de abandonar el lugar.
Domon miró como el adulto dejaba al sede al segundo volteo a ver a los demás algo confundido, ¿qué le pasaba al entrenador?
―Hola Domon.―Dijo muy feliz Aki mientras lo miraba.
―Pero si eres tu Aki, no sabía que estabas en esta secundaria. ―Comentó con la misma alegría.
Por lo visto ellos dos se conocían de hace un largo tiempo. Endo no le dio mucha importancia y agarró la mano de Domon mientras la levantaba y hacía que la moviera como el quisiera.
―Te damos la bienvenida, daremos nuestro mejor esfuerzo en el Torneo Fútbol Frontera. ―Comenta muy feliz, ese chico rebosaba felicidad.
―Pero la secundaria Salvaje es todo un reto.
Esas palabras del nuevo miembro dejaron curiosos y asombrado a Endo, se imaginaban que eran fuertes, ¿pero lo eran tanto?
―Si eres nuevo que puedes saber de nuestro fútbol. ―Comentó con su típico tono de seriedad Someoka.
―En la secundaria donde estaba pude jugar contra ello. Tanto su movilidad como su fuerza son unas de sus grandes ventajas que tienen ese equipo, en especial cuando se trata de jugar en grandes alturas durante un partido.
El equipo empezó a preocuparse y la moral bajo un poco, cosa que Endo se dio cuenta y decidió animarles.
―No nos preocupan las alturas, nosotros tenemos; Tornado De Fuego, Impacto Dragón y Tornado Dragón, eso nos dará ventaja
―A un no cantes victoria, su avilidad de salto supera a mucho jugadores. Es muy probable que bloque el Tornado Dragón desde arriba. ―Volvió a bajar a la Tierra a los jugadores de Raimon las palabras de Domon
―Debes de estar soñando.
―Domon tiene razón ―Se introdujo en la conversación Goenji, provocando las miradas curiosas y sorprendida de sus compañeros ― Yo también tuve la oportunidad de jugar con ellos, tienen una gran capacidad para hacer técnicas aéreas. Dominaran utilizando eso.
Con esa declaración solo consigo deprimir más a sus compañeros, pero Endo no iba a dejar que eso le pasara a él. El castaño entusiasta no se dejo llevar por los comentarios encontrá, si las técnicas que tenían no servia para nada lo mejor era crear ¡una nueva técnica!
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Rosen, o mejor dicho Ren se encontraba con la espalda echada contra un árbol algo alejado de la sede del club de soccer. Por lo visto hay un nuevo miembro en el equipo, y eso no sabía si le parecía interesante o preocupante. Era Domon, el chico que llegó ese día trasferido de otra escuela, y estaba en su clase, el poco tiempo que a pasado a su lado le a parecido un chico muy alegre y con un gran sentido del humor. Se replanteaba que hacer mientras hacía dar vueltas una gorra en su dedo.
―Hola, ¿Quien eres? ―Preguntó una chica de cabello azulado.
Ren se separó de golpe del tronco y miró a la chica sorprendido y algo asustado. Se quedo mirando a la chica, la reconocía, era una de las gerentes, ¿no debería estar en el entrenamiento? La cantidad de botellas en sus manos le hizo sacar una pequeña teoría.
―Hola, Soy Fire Ren.
―Yo soy Haruna Othonashi. Ahora dime, ¿que hacías mirando la sede?
―¿Ha...? ―Ella se acercaba poco a poco con una gran mirada curiosa, provocando una gran incomodidad al de cabello negro. Aparto la mirada de esos ojos grisáceos tan enormes y comenzó a buscar una escusa, pero de su garganta solo salía tonterías.
―¡Ya sé! ¡Quieres unirte al club de soccer! ¿cierto? ―Dijo muy feliz mientras abría los brazos dejando caer las botellas bacías de liquido. ―Pues ven, los muchachos están por aquí.
Y sin oportunidad para quejarse Haruna agarro la muñeca de Ren y salió corriendo en busca de los demás. Agarró con fuerza su gorra y se la colocó en la cabeza con la visera hacia atrás, si no hubiera echo eso, seguro que se abría caído por el camino.
Mirándolo por el lado bueno... ¡esto no tiene lado bueno! A un que gracias a esa chica a podido dar el paso que el solo no se estaba atreviendo a dar.
La pareja no tardaron mucho en llegar a donde estaban todos, pero cuando llegaron ellos no se encontraban entrenando sino sentado alrededor de un anciano que le contaba una historia, cuando llegaron prefirieron no interrumpir y escuchar.
―Hace cuarenta años existió un equipo legendario llamado los Súper Once en la escuela Raimon. Todos estaban convencido que ellos ganarían el Torneo Fútbol Frontera, pero sucedió algo inesperado... no, olviden lo, no es nada. Lo importante es que eran un gran equipo.
―¡EEEEEEEEs grandiosos! ¡Nunca había escuchado algo tan legendario! ―Gritó lleno de alegría ―Como que los Súper Once.
―Tal y como lo oyes, y recuerda que tu eres descendiente directo de aquel equipo.
―¿Mi abuelo estuvo ahí?
―Endo Daisuke era el director de los Súper Once en esta escuela, ese hombre representaba el fútbol en persona.
―¡Muy bien! Haré todo lo posible para jugar como lo súper once, como lo hizo mi abuelo. ―Comentó lleno de alegría y entusiasmos el capitán.
―Oye, no estas solo. ―Comentó Kazemaru para que viera que todo el equipo quería lo mismo.
―¡Claro! Me refería a todos. Haremos todo lo posible para convertirnos en los súper once. ―Con esa pregunta la mayoría contestaron con un "si" Claro y fuerte. ―Nos acabaremos convirtiendo en los Súper Once―Sentenció con una mirada sería llena de alegría, emoción y mucha lución. Pero su cara cambió enseguida a una de sorpresa, al lado de Haruna se encontraba un chico que le sonaba. El chico de cabello negro no pudo evitar que sus ojos brillaran como nunca y mostrar una de sus mejores sonrisa tras esa historia. ―¿Quien es Haruna?
Ren miró sorprendido al chico, una ves volvió a la Tierra se dio cuenta que todos le estaban observándolo, prefiere ser invisible antes de tener tantas mirandas sobre el. Esto le pone de lo pone muy nervioso, y sobretodo la mirada de uno de ellos, unos ojos castaños oscuros que pertenecía a un chico de cabello crema, nunca pudo aguantar esa mirada. .
Endo se fijo algo más en el chico, y gracias a la gorra de su cabeza, y el pendiente de su oreja consiguiendo saber de que le sonaba.
―¡Ha! Tú eres el chico del otro día, el que estaba en la rivera. ―Comentó feliz mientras se acercaba a él.
―¿De que dice capitán? ―Pregunto Kurimatsu viendo al chico.
―Ahora que me fijo... es el chico que estaba haciendo malabares el otro día. ―Dijo Kazemaru a reconocerlo.
―No sabía que estabas en Raimon... bueno, te fuiste tan rápido que no tuvimos tiempo para hablar. Soy Endo Mamoru, capitán del equipo de fútbol soccer. ―Dijo mientras le entendía la mano.
―A ya, lo siento, tenía prisa. Un gusto conocerte, yo soy Fire Ren. ―Dijo mientras estrechaba la mano del castaño.
―Endo, él quiere ingresar en el equipo.
―¿Enserio? Genial, bienvenido. ―Gritó el castaño alzando el puño. ―Venga chicos, ¡Vamos a entrenar!
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La noche a caído, y aun que era tarde un joven de catorce años se encontraba en su habitación dando toques a un balón de soccer con la cabeza. Horas antes le había preguntado a su mamá si era cierto eso de que su abuelo era el entrenador del legendario Súper Once, pero ella actuó de un modo extraño, casi como si no quisiera hablar del tema.
Dos suaves golpes provenientes de la puerta hicieron que el chico dejara el balón en el suelo y se sentara en la silla del escritorio, haciendo parecer que a estado haciendo las tareas de la secundaria. Una ves sentado dio permiso a quien fuera que estuviera al otro lado para entrar, cuando vio que era su papá suspiro aliviado mientras dejaba el lápiz en la mesa y prestaba toda su atención al adulto.
― Ahora tu habitación es la de un estudiante de secundaria. ― Comentó el mayor una ves dentro.
― Bueno, eso es obvio papá. ― Comentó el chico con una gran sonrisa.
El padre de Endo se sentó en la cama de la habitación, su mirada no reposaba en su hijo, sino en los papeles que colgaban de sus paredes, dos al lado del escritorio, ambos del mismo portero, solo que en uno se encontraba alzando una copa, y en el otro haciendo una parada, y el ultimo estaba sobre el cabecero de la cama, este era el del Fútbol frontera, el cual ahora mismo observara su padre.
― Con que te gusta el fútbol...
― Si.
― ¿Sabias que tu mamá lo detesta? ― Miró a su hijo y a ver su cara de sorpresa fue suficiente respuesta. ― ahora lo sabes.
Endo bajo la mirada pensativo.
― Tu mamá piensa que el fútbol le ocasiono muchos problemas a la vida de tu abuelo.
― ¿Y que fue lo que le pasó? ― Pregunto curioso.
― La lamentablemente ella no me ha dicho nada al respecto.
Con esas palabras Endo volvió a bajar la mirada para penar, pero el ver como su padre se acercaba a él levantó la mirada. El adulto colocó su mano sobre el hombro de su hijo y dio dos suaves golpes mientras sonreía. Y sin decir o hacer nada más abandonó la habitación. Una ves su padre se marcho el chico cambió su mirada a la foto de su abuelo, haciéndole una pregunta:
― Dime abuelo... ¿qué fue lo que sucedió?
Continuara...
