Inazuma Eleven no es de mi pertenecía. El anime pertenece a LEVEL-5


Capitulo 14

Todo el estadio estaba vacío, solo quedaban los papeles del confeti a selebrar la victoria de Raimon, y capitanes de ambos equipo. Ambos hablan situados en el centro del terreno siendo iluminados solamente por un gran foco sobre ellos.

― Oye... ¿cómo sigue tú píe?

Kido miro su piernas moviendo su tobillo y haciendo presión para comprobar el estado de esta.

― Todo bien.

― ¡Ya veo! Me da mucho gusto.―Dijo con sinceridad el capitán de Raimon.

― Ahora jugaras en nivel nacional.

― Si, y nos esforzaremos en el torneo por ustedes.

Le miró extrañado, ¿eliminados? Parece que Endo no conoce las reglas. Las reglas del torneo estipulan que el ganador del año pasado pasa a la ronda final aunque no llegue a clasificarse. Se volverán a ver las caras, y como hoy: ninguno dará su brazo a torcer.

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Los dos amigos habían vuelto a encontrarse y tenían mucho que contar. Aun que el delantero estaba agotado por el partido no quiso volver a casa una vez llegaron a Tonw Inazuma. Los dos caminaban al lado, escuchando los relatos del otro, disfrutando de sus momentos felices, y preocupándose por sus momentos malos.

― Dios...―Fue lo único que logró salir de sus labios.― N-no sabía que tenías una hermana... ¿de verdad que esta bien que yo...?― Susurró según se iban acercando a la entrada del hospital.

― No te preocupes... A Yuuka le gustan las visitas.

El de cabello oscuro solo asintió dejándose llevar por el delantero hasta la habitación de la pequeña. Entro tras el moreno mirando sorprendida y preocupada a la pequeña a verla conectada a tantos claves.

― Ya regresé Yuuka...―Saludo su hermano mayor cambiando las flores ya casi marchitas por otras que había comprado de camino.― Es Rosenthal... La amiga de la que te platique.

La nombrada miró sorprendida a su amigo y luego a la pequeña. Nunca había tenido a un familiar en coma, del coma solo sabía lo que había salido en las películas o series, allí los médicos recomendaban hablarle al paciente. Cuando el chico comenzó a contar que habían ganado se animó hablar ella.

―Hola Yuuka. Tu hermano no te esta contado toda la verdad. Estuvo genial, fantástico. Aun se me pone el bello de punto a recordar todas sus jugadas.― Sonríe colocándose tras el chico con una mano en su hombro, llega ya que él esta sentado en un taburete bajo.― Cuando te recuperes iremos a jugar los tres. Incluso le pediremos a Haruna que nos deje la grabación para ver el partido, ¿si?

No pudo evitar mirarle de reojo con una pequeña sonrisa mientras pensaba: Te lo dije Yuuka. Rosen es genial... siempre tan positiva.

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Frente a la entrada del barrio de tienda había un hombre de cabello rubio oscuro que casi parecía un castaño muy claro. Sus ojos eran tapados por los dos mechones que bajan por su rostro, contándose en cruz a llegar a su nariz. Casi parecía que su frondosa barba se juntaban con los mechones del flequillo. Con seriedad y en silencio miraba la entrada de ese lugar. El sonido de un periódico siendo arrastrado por el viento llamó su atención, miró el suelo encontrado el papel abierto por la noticia de la victoria de Raimon junto a las foto de los jóvenes y entrenador con el trofeo.

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Al día siguiente de ganar a la Teikoku el entrenador Hibiki cerro su restaurante para dejarlo solo para sus jugadores, ese día podrían comer hasta reventar, invitaba la casa. Todos festejaban y comían entre risas

― ¡Lo logramos! ― gritaron todos a la vez. Quien sabe cuantas veces lo habían gritado desde que llegaron, uno ya pierde hasta la cuenta de eso.

Endo tras la barra ayudaba al entrenador, mientras él preparaba la comida el castaño lo iba sirviendo a sus compañeros. Los pedidos iban y venían, casi el pobre Hibiki no iba a dar a basto. Incluso la comida comenzado a escasear. Domon y Natsumi había pedido otra ración de empanadillas, pero solo había para uno. Domon dejo que ellas se la quedo y la mirada que el echo Natsumi pudo haberle matado si fuera posible, el silencio inundo el lugar hasta que sonrió y afirmo que no le importaba que la llamara así, pero no debían de olvidad que todo lo que ella dijera sería como si el presidente escolar lo hubiera dicho.

― Entonces dime, ¿Qué clase de palabras les diría el presidente a estos jóvenes?― dijo divertido el entrenador mirando a la castaña.

Esta volvió a su seriedad antes de ponerse de píe y mirar a todos para comenzar hablar:

― Que el club de fútbol se ha encargado de poner en alto el orgullo de la escuela Raimon. Les pido que se concentren para llegar a la final.

Antes esas palabras todos asintieron serios y con decisión, pensaban llegar hacer los mejores y ganar este torneo. Endo se acerco a ella diciendo que no tenían porque preocuparse, pensaban dar todo costara el esfuerzo que costaran, llegarían a la final y la jugarían de nuevo contra Teikoku y les volverían a ganar. Claro que si.

― Pase lo que pase ganaremos las nacionales.― Alzaron todos su puño repitiendo tras Endo

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El color naranja del atardecer comenzaba a llenar el cielo de Inazuma. Los dos amigos de la infancia caminaban al lado con el cachorro unos pasos por delante. Ya no era Ren, solo Rosenthal. Le miró con una sonrisa mientras le contaba con pocas palabras lo que habían acabado haciendo en el local del entrenador.

― Aaah, que envidia.― Le sonrío antes de volver su vita al frente.― Me habría gustado ir, pero no tenía ninguna escusa que darle a mis papas... bueno, la siguiente sera. ―Volvió a sonreír.

Goenji le miraba de reojo, su rostro mostraba seriedad pero en verdad estaba feliz. Habían crecido y no pasaban las horas jugando como cuando eran niños, pero caminar a su lado y charla le encantaba, solo estaban hablando, paseando con Dabo. No hacían nada del otro mundo, pero le encantaba, sobretodo ver esa sonrisa, era tan linda... ¡ESPERA! ¿¡QUÉ!? Con ese pensamiento se quedo paralizado por unos segundos, ¿por qué pensaba en eso? Solo era su amiga, nada más, ¿por qué pensaba en eso...?

― ¡Oye! ¡Goeni! ¡No te quedes atrás!― Le llama estando más adelante mientras levanta la mano junto a una pared de hormigón más grande que ella, tras esta un terreno sin nada la cual era perfecta para jugar.

Asintió caminado más deprisa intentando alejar esos pensamientos de su mente.

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Todos se habían marchado y solo quedaba el entrenador y Endo en el restaurante, entre los dos limpiaban todo. Tras pasar un agradable comida todos juntos se quedaron hasta tarde jugando algunos juegos de cartas, o de entrelazar palabras. Mientras limpiaban alguien entro, Hibiki le decía que estaban cerrados, pero ese hombre de cabello rubio, casi un castaño muy claro se quedo ahí, cerrando la puerta y con él dentro. El dueño giro para verle pero no podía creer que fuera él...

― Fukichima...

Endo miró a su entrenador confundido y de nuevo al recién llegado. ¿Quien era ese hombre? ¿De que le conocía el entrenador?...

― Veo que aun no me has olvidado.― Dijo el hombre con su voz profunda.

―La verdad es que acabo de recordarte ahora que te vuelvo a ver.

― No has cambiado en nada. Escuche hace poco que la escuela Raimon venció a Teikoku, no sé porque, pero me dio ansia de verte.

El hombre, tras cerrar la puerta se sentó en unos de los asientos mientras los otros dos le miraban . Endo miraba al hombre con la boca entre abierta, por algún motivo no podía quitar la sorpresa de su rostro. ¿Tan raro era que el entrenador tuviera un amigo?

― Ya veo... mira, él es el capitán del equipo fútbol. Su nombre es Endo Mamoru― Dijo el de vestimentas moradas para presentar al menor.

― ¿Ah?... ¿Dijiste Endo?― Se sorprendió, y aun que no se podía confirmar por su expresión su voz lo dijo todo.― No me digas que es el hijo de Daisuke.

― No, es su nieto.

―Ah, ya veo... con que es su nieto...― Susurró.

El capitán del Raimon actual no aguantaba más, quería saber quien era ese hombre y por qué conocía sobre su abuelo. Aun que ahora lo que lo pensaba... si conoce al entrenador y a su abuelo... ¡Solo puede ser!

― Sí, es uno de los legendarios Súper Once.

Endo sonrió como nunca. ¿Enserio? Un Súper Once frente a él, ¿esto era un sueño? Si era así no quería despertar. Con esa gran sonrisa se acerco al hombre, sin borrarla.

― ¡Genial, lo sabía! Desde que me hablaron de ustedes y de mi abuelo comencé a admirarlos muchisimo.― Dijo ilusionado.― ¡Quiero ser como los legendarios Súper Once!

― ¿Los legendario?

― Si. Eran sumamente fuertes, u también invencibles. ¡Cielos es increíble queremos ser como ustedes!

― Entonces... ¿conoce la tragedia que sufrieron los Súper Once?

Esas palabras hicieron que Endo dejara su entusiasmo para ponerse más serio y recordar las palabras del detective cuando le contó que el entrenador había sido el portero del legendario de los Súper Once, y sobre esa tragedia. La tragedia que hizo que todos dejarán el equipo y el fútbol. Cuando se encaminaban al estadio para jugar la final del torneo contra la Teikoku su autobús sufrió un accidente el cual no le permitiría llegar al estadio, pero ellos no pensaban rendirse, no, nunca lo harían, eran los Súper Once y pensaban llegar al estadio aun que tuvieran que arrastrarse para ello, pero... todo su esfuerzo fue echado a la basura. Cuando llegaron le confirmaron que habían recibido una llamada de que se retiraban dando victorioso a Teikoku, la cual siguió ganando por cuarenta años consecutivo, hasta que llegó el nuevo Raimon.

― Por supuesto. Pero eso no cambia el hecho de que los Súper Once eran un equipo muy fuerte. Si no hubiera sucedido ese accidente seguramente habían llegado lejos. Nosotros queremos volvernos más fuertes. ¡Al igual que los Súper Once!― Su tono de voz iba aumentado poco a poco, hablar sobre ellos le levantaba mucho la moral.

― Creo que fue un error el haber venido.

Ante la mirada sorprendida y severa de Endo y Hiibiki el antiguo jugador de los Súper Once se levanto para salir sin decir ni una sola palabra. Ese accidente le había dejado marcado, y no solo a él, todos los jugadores de ese equipo quedaron marcador, pero si Hibiki había conseguido superarlo y ser su entrenador, por que el resto no podía. ¡Eso es! Un partido, con un partido demostrarán de lo que son capaces, y se podrán enfrentar al equipo que más admiran, y sobre todas esas cosas lo más importante. ¡Intentarán hacer que dejen de ser marcador! No pudo aguantar esa idea y Endo fue detrás de Fukichima junto al entrenador para convencerlo de jugar. Al final lo hicieron y se programó un partido de entrenamiento en la rivera en la mañana.

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Tal y como dijo el entrenado esa mañana todos se reunieron en la rivera para jugar. Endo estaba tan feliz y emocionado que el mismo fue el que decidió llamar a todos sus compañeros y contárselo. El arbitro sería el detective, el cual estaba encantado de serlo, volver a ver en acción a los legendarios Súper once no se podía ver todos los días. Raimon se quedo a un lado del campo viendo a los seis jugadores que había por ahora en el campo, todos estaban impresionados e ilusionados por jugar contra ellos.

― Esto parece un sueño, vamos a jugar fútbol con los Súper Once.

― Después de cuarenta años la leyenda surge.

Todos estaban ilusionados e impacientes por comenzar el partido.

Por el otro lado del campo se encontraban los mayores calentando, las sonrisa se dibujaba en sus labios, volver a recordar todos los buenos momento de hace cuarenta años le hacía estar así, los legendario Súper Once pensaba demostrale lo que era bueno a estos chavales.

― Esto me recuerda mucho cuando jugábamos.

― Espero no perder contra unos estudiantes de secundaria.

― Ya quiero patear, bueno me refiero al balón jajaja.

Poco después llegaron los demás, que justo eran personas muy típicas de Town Inazuma, al sr. Sugata el profesor de civismo, también el dueño de la tienda de ropa, el sr. Kamimura, el dueño la barbería, estos y como la gran mayoría era personas que siempre veían muy a menudo por este barrió, aun quedaba el ultimo jugador, el que veían por más tiempo.

― Buenos días chicos.

Saludo Natsumi llegando con su mayordomo el cual sostenía su sombrilla. Este la aparto para cerrarla y con una sonrisa le hablo a la joven.

― Señorita, hoy quiero pedirme el día libre

Ante la mirada sorprendida y extrañada de la castaña le entrego la sombrilla, hizo una reverencia y con unos rápidos movimientos se quito el traje para dejar ver la equipasión que llevaban todos los demás. Beturan, el mayordomo que seguía a todas parte a Natsumi, él también había sido un legendario Súper Once.

― Esto si que no me lo esperaba...― susurró Ren mirando al hombre recién cambiado.

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Miraba su laptop sería, intentando encontrar algo en esos documentos que ayudarán a su cliente a salir del apuro, pero los muy bastardo tenían todo bien atado, no había por donde cogerlos. Cerro los ojos y con las yemas de sus dedos frota sus ojos intentando relajarlos. Suspira y toma su taza para tomar un sorbo de café mientras mira al frente pensativa.

― ¿Qué debería de hacer?― Susurró cerrando los ojos.

Dabo paseaba por la casa impaciente, Rosen había salido y aun no le había sacado a su paseo habitual, y él no podía más, quería salir a soltar todo y a correr. Agarró con los dientes la correa y bajo las escaleras para acercarse a Andre dejando la correa a su lado mientras le miraba a los ojos con una mirada suplicante. "por favor... por favor, sacame...". Rogaba con la mirada agachando las orejas. La mujer le miró y no pudo evitar sonreír y abrazarle con fuerza. Llegaba hacer tan lindo.

―Esta bien, esta bien. Vallamos a dar un pase, seguro que nos viene bien a ambos.

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El partido iba a comenzar, todos estaban listo, cada uno a un lado del campo, Raimon miraba a los mayores con ganas de ver como jugaban y nervioso por saber si podrían contra todo ese poder tan legendario del que tanto habían escuchado y del que tanto habían soñado llegar a alcanzar.

― Amigos, jugaremos como si este fuera nuestro ultimo partido de nuestra vida.

Un grito de animo justo antes del pitido inicial sonó en aquella cancha. Los primero en sacar sería el Súper Once, Hildan, a recibir el pase de dispuso a chutar.

― ¡Observen bien esto chiquillos! Este es el fútbol de los legendarios Súper Once.

Sus palabras trasmitía fuerza, incluso mucha confianza, por no hablar que iba a chutar desde el centro del campo. ¡Ese chut tiene que ser el mejor del mundo!... ojalá hubiera sido eso... Aun que todos esperaban el mejor tiro de la historia todo acabo en una parada mal dada haciendo que el balón ni se moviera un centímetro y el adulto en el suelo. La cara de todos cambio enseguida. Qué había sido eso, ¿y la grandeza de los legendarios Súper Once?

Los chicos no quisieron perder tiempo y se lanzaron al ataque, esto podía ser para que pudieran anotar y así no quedarán tan mal... ¡les van a demostrar que pueden jugar con todo sin problema! Handa consiguió el balón y comenzó a correr con Matsuno a la espalda y Goenji adelantándose por la banda, en el momento justo un pase. Sin que el defensa a su lado se lo impidiera chuto a puerta con fuerza, un tiro directo a puerta, puede que hubiera sido sencillo para el entrenador, pero Beturan intentó despejar de cabeza, pero más que despejar dejo que fuera a entrar en la portería a no darle bien.

― Esto... esto es peor que un partido "casados vs solteros". ―piensa Ren viendo a lo lejos a los mayores decepcionado.

El partido continuó, y lo que se suponía que tenía que haber sido un partido de leyenda se estaba convirtiendo en un partido desastroso y vergonzoso. ¿Cómo unos jugadores tan buenos habían llegado a eso? Era... era como si ya no quisieran jugar, como si el fútbol hubiera perdido todo el sentido para ellos, como si dar patadas al balón solo que haya quedado en eso. Que importaba los sentimientos que trasminan entre ellos a chutar... todo eso se había perdido, el legendario Súper Once se había convertido en un recuerdo, solo un recuerdo escrito en unos cuadernos...

―¿Con que ellos son los legendarios Súper Once? ―Susurró Endo viendo a todos los del terreno de juego. Soltó la pelota pateó para continuar con el partido.

― Dudo que este juego valga de practica. ―Dijo el entrenador desde el otro extremo decepcionado.

Un nuevo disparo, esta vez de los Súper Once, esta vez de ese señor de cabello largo y lentes oscuras. Su disparo, aun que iba con fuerza y a la escuadra no fue ningún problema para el joven portero.

― Somos un fracaso, ¿no?

― Bueno, era de esperar.

― Si, eso fue hace cuarenta años.

Los jugadores volvían a sus puestos mientras se quejaban.

― Oye Endo, ¿estas seguro que esta personas son tan impresionante como decías?― Ren se acerco al nombrado dudoso.

El castaño no contesto, solo miró al frente viendo como todos sus sueños con los Súper Once se rompían ante sus ojos.

― Supongo que te diste cuenta. Los legendarios Súper Once ya no existen en este mundo.

Fukuchima se acercó a Endo para volver a dejarle claro que ese legendario equipo del que no paraba de hablar el otro día había desaparecido. Pero estaba claro que el castaño no pensaba rendirse.

― Lo siento, pero es un pretexto. ¿Por qué no juegan como lo hacían antes? Están jugando sin entusiasmo, ¡se supone que ustedes amaban el fútbol soccer! ¿Acaso no le da vergüenza?

¿Cómo?... ¿estaba hablando en serio? Esa mirada tan serias y las palabras de Endo le hicieron sorprenderse, pero claro... solo eran ilusiones de un niño, ellos ya no eran los legendario Súper Once.

No solo los jugadores estaban decepcionados, si no que también todos los que estaban allí viendo el partido, las gerente, suplentes, el detective y el presidente de la junta. Todos y cada uno de ellos notaban que todo esto era una perdida de tiempo.

El partido continuó, esta vez estaba Goenji con el balón, aun que tres jugadores intentaron detenerle fue mucho más ágil y consiguió disparar a puerta. Su disparó fue despejado por Hibiki, Fukuchima despejo, pero Someoka consiguió darle con la cabeza devolviendole el balón a Goenji para que pueda volver a chutar.

― Fukichima, ya ¡detenlo!

El nombrado se poso frente al pelicrema para intentar robarle el balón, pero como todos esperaban iba a pasarle, aun que esta jugada nadie se la esperaba esperaba. Goenji hizo unos movimientos con las piernas dejando el balón en el mejor lado para poder darle con la parte trasera de su zapatilla dándole un pase a Ren quien llega por detrás a gran velocidad chutando con fuerza adelante y alto para que el delantero pueda chutar con su técnica Tornado De Fuego. El gol era asegurado. Tras marcar Goenji camino de vuelta a su puerto pasando cerca de Ren.

― Que desperdicio... bueno, al menos sabemos que podemos usarlo en un partido.― Susurra el de cabello más oscuro mirando a los mayores.

― Dejalo...― Susurró deteniéndose para mirar como el gran mito se rompía antes los ojos de todos.

Fukichima y todos los demás lo tenían asumido, nunca, pero que nunca consiguieran volver a sus mejores años... ¡Pero esto no acaba aquí! Hibiki comenzaba hartarse de que sus antiguos compañeros no se esforzaran.

― ¡Oye, ustedes! ¿Qué clase de partido es este? Nosotros somos los legendarios Súper Once. Y precisamente aquí mismo tenemos unos niños que ganaron gracias a esa increíble leyenda.

Le regaño el entrenador haciendo que a todos le subiera un poco el animo a todos, pero al que más a Endo.

―Y nosotros tenemos la responsabilidad de mantener sus sueño vivo. Hay que respondeles como se debe, como los verdadero SÚPER ONCE.

Los autenticos... Súper once ¿cómo han podido ser tan estúpidos? Como si un rayo hubiera caído a su lado todos comenzaron a recordar esos años, ese año en el que fueron una leyenda, donde podían con todo y ser los mejores era su único pensamiento.

― Nosotros... somos...

― Los increíbles.

― E invencibles.

Súper Once

Gritaron entre todos como nunca, volvían a tener esa energía que rebosaba en su juventud. Por fin despertaba la leyenda.

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Dabo caminaba con una exploración feliz con la lengua fuera, miró a la mujer que sostenía su correa, ladró y camino más rápido tirando un poco de ella. La mujer solo sonrío dejando que el pequeño le guiara pasando por un puente sobre una cancha de fútbol, en la cual se disputaba un partido. Sostuvo con fuerza la correa del perro para acercarse a la baranda mirando el partido, esto le había encantado a su hija... una lastima que ella no estuviera, este partido esta en su mejor momento, las jugadas eran increíbles, ambos equipos daban todo, y eso que uno de los equipo eran hombre de por lo menos unos cincuenta años.

― ¡Ren! ¡Detenlo!

Sus ojos se abrieron de golpe a ver a ese chico de cabello negro, era... tan idéntico. Las palabras que su hija le dijo aquella noche resonaban por su cabeza. "No puedo ahora, pero si sacas a pasear a Dabo podrás verlo. Es cerca de la escuela, en el puente que tiene los relámpagos". Esto... esto era a lo que se refería..

― ¡Someoka!― Gritó el de ojos castaño tras robar el balón con una segada dando el pase aun en el suelo, su torpeza nunca se ira.

Someoka chuto con su Impacto Dragón, pero el entrenador no le esperaba con las manos vacías, la Mano Fantasma original le esperaba para detener su disparo como si se tratase de un disparo normal y corriente. Esa técnica hizo que Endo se animará mucho más, ver la autentica Mano Fantasma era impresionante.

― Deprisa Fukuchima, es hora de demostrarle tú técnica.― Dijo el entrenador lanzando el balón alto para que los dos pudieran recibir el balón.

Fukuchima como Hildan se lanzaron a por el balón, uno desde cada dirección para chutar el balón hacía arriba saltando ellos después para volver a chutar, ahora cada uno a un lado, el de cabello largo desde abajo como una chilena, y el otro desde arriba. Del balón salieron como unas alas de fuego que impulsaron al balón contra la portería de Raimon. Endo se estiro para intentar detenerlo, pero estaba tan pendiente de la técnica, que ni tiempo le dio a sacar su propia técnica haciendo que anotarán gol, aun que nadie podría a segurar que si hubiera usado una técnica hubiera podido detenerlo. Ahora estaba claro que los Súper Once había renacido.

― Increíble, ¿cuál era esa técnica?― Se preguntó a si mismo antes de caer que le había parecido haberla visto en su cuaderno.

Agarro el balón y se acerco al arbitro pidiendo un tiempo fuera, vale, es fútbol y no existe esa cosa, peeeeero... vamos, qué es más importante, ¿seguir con el partido o poder ver esa nueva técnica para aprender hacerla? Obviamente las dos, asique por unos segundos de parada no pasa nada. Todos los jugadores de Raimon se reunieron alrededor de Endo para ver que era lo que tenía que mostrarles. Era las paginas del cuaderno de su abuelo, en ellas se describía, en su manera tan espacial, como realizar la Veleta De Fuego. Mientras que todos debatían quien realizaría esa técnica Sombra se encontraba alejado de los demás, sentado en la banca sin relacionarse con los demás. Fukuchima se dio cuenta de esto y se acerco al chico para descubrir el motivo de eso.

― Oye Chiquillo, ¿por qué no estas con ellos?

― Yo siempre estoy en la banca. ―Dijo con su voz tranquila con cierto toque de tristeza.― No me involucro en las técnicas especiales. No llamo la atención.

El hombre se sentó a su lado tras escucharle, no podía seguir pensado así. Estaba equivocado, todos los jugadores del equipo son especiales, y todos acaban teniendo su momento, más tarde o más temprano todos brillan y acaban saliendo de las sombras para que todos le vean.

Recuerdo que después de separarnos, cuando ya sabíamos que esa técnica la harían Goenji y Kazemaru, escuche un ladrido, levante la mirada y vi a mi madre... jaja... ahora me río, pero en ese momento pensé que se me pararía el corazón del susto. Pero enseguida recordé que fui yo quien le dijo que fuera, que viera con sus propios ojos que hacía. Recuerdo mirar sus ojos desde lo lejos, deseaba gritarle: "Seguiré jugando digas lo que digas" Jaja, había estado tan fuera de lugar, por eso decidí decírselo con la mirada y mi forma de jugar lo poco que quedaba de practica.

Cuando el capitán nos enseño la técnica y se la vimos a los Súper Once parecía tan fácil... pero si no hubiera sido por Sombra nunca habíamos encontrado el tuco. La técnica solo funcionaba cuando los dos jugadores pateaban a la vez e igualaban su velocidad. Gracias a Sombra teníamos una nueva técnica para comenzar las nacionales en poco tiempo.

Ese día fue genial, conocimos al legendario equipo al que queríamos llegar a igualar algún año, y... por fin mi madre lo había visto, había visto lo mucho que me gustaba el fútbol, como estaba dando todo para poder jugar de nuevo, y ahora no pensaba volver atrás. Uf... ¿por qué no me rendí cuando aun tenía oportunidad?

Continuará...