Inazuma Eleven no es de mi pertenecía. El anime pertenece a LEVEL-5
Capitulo 16
El partido estaba por comenzar, aun quedaba unos minutos así que teníamos tiempo para seguir calentando, pero no contemos con Saiji, un jugador del Segoku ninja. Quería medir sus fuerzas con las de Shuuya-kun, pero como era de esperar de él se negó. Al final Kazemaru decidió que sería el, después de todo era el jugador más rápido del equipo. Al final dos de sus compañeros interrumpieron esa pequeña rivalidad.
El entrenador nos dijo la alineación, y no estaba en el equipo, volvía a quedarme en la banca. Después de todo era normal, aun no había podido volver a dominar mi técnica, y encima Shido, quien jugó en mi puesto, era mucho mejor jugador que yo.
Ese partido no lo recuerdo muy bien, aparte de que empecemos perdiendo la primera parte, pocas cosas más llegó a recordar. Sé que el Segoku ninja nos lo puso muy complicado, incluso Endo se hizo daño en la mano. A comenzar la segunda parte yo tuve... tuve que ver impotente como todos mis compañeros se esforzaba y yo... tenía que estar en la banca. Bueno... cabe decir que no estaba acostumbra a estar allí, siempre había jugado mis partidos. Ese día fue en el que peor me sentí, deseaba salir al campo, luchar junto a todos mis compañeros, demostrar que yo también puedo llegar hacer un Súper once.
…...
….
…
Que poco podía esperar que eso mismo... fue lo que me hizo volver a huir.
La segunda parte contra el Segoku ninja estaba apunto de comenzar. Kazemaru dejó el balón en el centro del campo, según caminaba a su puesto miraba a su alrededor. Este era su equipo, el lugar donde debía correr, su lugar, un sitio donde crecer como deportista y como persona.
― Este tiro... trasmitirá todas mis emociones hacía todos mis compañeros. Sé que ellos las entienden a la perfección. Mis tristezas, mis alegrías. Esa es la razón, por la que me gusta tanto el soccer.― Se repetía mentalmente el joven defensa mirando al frente disidido.
Con el pitido del arbitro dio comienzo la segunda parte del encuentro el cual iba ganado el Sengoku ninja por 0-1. Desde el comienzo los chicos vestidos de morado no paraban de atacar una y otra vez, pero la defensa del Raimon era un muro, nadie les pasaría, y si lo hacía alguien acabaría llegando para bloquearle, no dejarían que Endo forzara su mano en vano.
― Olvidenlo, no permitiré que anoten el segundo gol.
Desde la grana, Miyasaka miraba a Kazemaru comenzando a empaparse por esa emisión que te causa a ver tantos sentimientos y esfuerzos puesto en un partido, y el defensa los estaba poniendo. Segoku ninja, con unas de sus tácticas consiguió pasar a los jugadores del Raimon, haciendo que su delantero, Saiji, se quedará solo frente a Kabeyama una vez engaño a Kazemaru con su "técnica ninja" Espejismo, la cual consistía en dejar una copia frente al rival, aturdiendo un poco cuando pasa atravez de ella, dejando que el otro pueda irse por libre. Sail lanzó con todas sus fuerzas, eso gol ya era suyo y el partido también. Pero Kabeyama tenía algo guardado, algo que ni el sabía que tenía. En ese momento de tensión Kabeyama consiguió crear su súper técnica. De su espalda, saliendo del mismo suelo un muro de rocas se levantó tras él, rodeando al chico como al muro una brillante luz dorada. El balón impactó en el muro saliendo rebotado pero de nuevo el delantero del Segoku ninja tomo la pelota. Corrió a la portería pero mucho antes de que Kabeyama pudiera volver impedirle marcar él realizó su técnica Balón de Lodo. Chutaba con fuerza, haciendo que el balón rodara a ras del suelo comenzando a llenarse de fango, haciendo cada vez más y más grande la bola. Kazemaru se quiso interponer, pero la técnica no había acabado ahí. Antes de llegar a la portería Saiji hizo unos movimientos con la mono, haciendo que el fango se desintegrará y ahora un potente tiro fuera directo a Endo. El portero lanzó su técnica, y por más que intentó detenerlo el tiro era demasiado potente, y que no estuviera bien con la mano también ayudo a que la Mano fantasma acabará siendo desintegrada. Este era el fin del Raimon.
¡Claro que no! ¡Esto no acaba aquí!
Kazemaru, apareciendo de la nada, y en el momento justo consiguió detener el balón con su rodilla evitando el gol. La grada volvía a creer que el partido seguía vivo. Y Miyasaka, cada vez se emocionaba más con cada jugada del peliazul. Sin pensarlo dos veces Kazemaru echo a correr adelante, debían usarla. Los jugadores del Segoku ninja trataron de detenerle, pero él era más rápido que su técnica Gran telaraña. Miyasaka no podía aguantar más, y acabo como cualquier otro hincha gritando palabras de animo para su jugador. Una mirada entre defensa y delantero, una mirada como las de los entrenamientos. Chutaron con la Veleta de Fuego y anotaron. En los minutos que quedaba de partido Kazemaru dejo muy claro que su lugar estaba ahí, que era un jugador de fútbol, que el fútbol ahora era su deporte, que ese terreno sería su pista donde demostraría todo su talento y esfuerzo por llegar hacer el mejor junto a sus COMPAÑEROS DEL CLUB DE FÚTBOL DEL RAIMON.
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El partido había acabado, y mientras que todo el equipo estaba ya en los vestuarios cambiándose o duchándose Kazemaru estaba afuera, hablando con su amigo Miyasaka. El peliazul estaba sentado en una baja barra mientras miraba al rubio. Parece que le ha gustado su actuación en el partido.
― Fue un partido impresionante. En verdad me sentí muy emocionado, en especial cuando esquivaste a Saijin en el ultimo minuto. Eras.. tan veloz como el viento. Te admiro, Kazemaru.
― Gracias Miyasaka, pero me dí cuenta que me gusta mucho el fútbol.
El nombrado, solo agacho la cabeza cerrando los ojos para después levantarla con una pequeña sonrisa. Mientras decía:
― Así es. Note tu entusiasmo cuando corrías junto al balón. Y me dí cuenta que perteneces a este lugar, aquí correrás con mayor libertad.
Le miró por unos segundos sorprendido. No se esperaba esa respuesta. Pero enseguida relajo sus fracciones y cambio su sorpresa por una sonrisa. Se levantó de la baja barra y dio unos pasos quedando de espalda al chico.
― Es divertido correr en la pista de atletismo, sin embargo en el soccer hay un mundo que es totalmente distinto para mi. Ahora soy de ese equipo, y los que ellos sienten yo también lo siento. Y nada me haría más feliz en la vida que seguir ese camino.
― Entiendo, eres excepcionar cuando corres por el campo de fútbol. Cuenta con mi apoyo para lo que gustes.
― Muchas gracias. Miyasaka
El nombrado, le hizo una pequeña reverencia a su superior antes de darse la vuelta para irse, pero, antes de alejarse mucho se paro para pedirle que algún día volvieran a correr juntos. El mayor solo le contesto con una sonrisa.
Ahora estaría con su equipo. Con los Súper Once.
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Al día siguiente todos los jugadores de Raimon continuaba con su rutina. Hoy tocaba entrenar el Salón Relámpago. Todos entrenaban muy duro; Handa junto a Shorin, Sombra y Matsuno corrían en la ruleta gigante; Someoka trepaba la cinta que no paraba de moverse para bajar; otros practicaban en las diversas maquinas; y Ren estaba en esa que entró la primera vez, esa con el suelo resbaladizo que lanzaba balones y el la plataforma se movía, y como era normal en él siempre acababa en el suelo. No había forma en que mantuviera el equilibrio para devolver más de dos balones seguidos. Goenji y Endo habían tomado un pequeño descanso, estaban frente a la puerta, el primero viendo como Someoka subía cada vez más alto, y el otro en la otra dirección. Sin previo aviso Haruna entro con la respiración agitada apoyando las manos en sus rodillas.
― El instituto Teikoku, fue...
― No me digas. Ganaron.― Completó Endo entusiasmando. A comprender el movimiento que hacía el castaño, el rubio levanto la mano para que pudiera chocar el puño con su palma.
― Diez a cero.
―Cielos, fue una gran diferencia.
Una vez recobró el aliento Haruna no tenía las buenas noticia que esperaba escuchar Endo.
― Fueron derrotados por... la secundaria Zeus.
Esas palabras dejaron a los cuatro que estaban cerca bloqueados. ¿Cómo que había ganado el Zeus? ¡Eso no podía ser posible!
― No-, deja de bromear Haruna.
Por más que intentará creer que era una broma, no era así. Teikoku había perdido, y encima por diez a cero. El Zeus utilizo tal poder de técnica que Teikoku no pudo hacer nada. Kido, no jugó ese partido, la lección que sufrió en su anterior partido fue la causa, sólo para que se recuperara mejor. Pero, cuando estaba apunto de saltar al campo, a ver como eran aplastados sus compañeros ya no podían más, no podían dar ningún paso y estaba en el suelo destrozados y algunos con lecciones graves. El arbitro acabo dando por finalizado el encuentro, Teikoku se retiraba.
Endo no se lo podía creer. Era imposible que el magnifico Teikoku hubiera sufrido esa derrota. No podía ser verdad. Quiso descubrirlo por sus propios ojos, y sin esperar a nada salio corriendo para ir a Teikoku, seguro que Kido estaba allá. Su viaje fue largo, pero acabo llegando al instituto. Corría por los pasillos buscando al capitán, no lo encontraba. Solo le quedaba un lugar por mirar: El estadio. Y ahí estaba. Un Kido desolado, con su habitual seriedad, solo que esta vez se podía notar su rabia; su impotencia; su preocupación y su auto "odio" por no haber podido salir a jugar.
― ¡Kido!
― Que sorpresa Endo, ¿viniste a burlarte de mi?― Dijo con un suave tono sarcástico y de tristeza.
El capitán de Raimon no podía creer lo que estaba viendo, ¿dónde estaba el Kido Yuuto que el conocía? Negó con la cabeza. No, ese no era el Kido que él conocía. Tenía que hacer que volviera a la normalidad. Que volviera hacer el Kido de siempre.
― ¡Yo no haría eso jamas!
El de rasta le miró por unos segundos más antes de volver su mirada al frente con la cabeza gacha. Endo soltó el balón que llevaba en las manos y pateo con fuerza mientras llamaba al otro, pero este no le hizo ni caso, y acabo cayendo al suelo cuando el balón choca contra su brazo.
― Kido... ¿¡Qué te sucede!? Devuélveme el balón.
Con lentitud y sin decir nada comenzó a levantarse, estaba más que hecho polvo. La gran Teikoku aplastada, aplastada por unos novatos en el torneo. Antes nunca llegó a pensar que su equipo pudiera perder. Cuando estaba líder era imposible imaginar que Teikoku perdiera, pero, si tenían que ganar como él lo hacía, no quería saber nada de ese fútbol. Pensaba que ahora todo seguiría igual, que seguirían siendo un gran equipo, aun que su líder se hubiera ido, pero se equivocaba. Estaba dolido en su orgullo y eso no se soluciona con solo palabras bonitas. Tomó el balón entre sus manos, por unos segundos lo apretó con rabia, pero, ¿de qué servia? Suavizo su semblante y con un suave lanzamiento le devolvió el balón al otro. Comenzó a contarle todo lo que sentía, como pensaba que el mito de no perder ni un solo partido seguiría delante. Que gran error.
― Todo este tiempo, en lo único que pensaba por la mañana y antes de dormir era en el fútbol, pero nunca... imagine que todo terminaría de esta forma. Todos mis sueños se es fumaron.
― Por supuesto que no, mientras que tú no los abandones el fútbol formará aparte de ti.
Las palabras de Endo llamaron la atención haciendo que le mirara.
― ¡KIDO!
Un nuevo grito, y con él el lanzamiento del balón. Kido podía ver como el balón se acercaba cada vez más a el. Sin siquiera pensarlo, se posiciono y devolvió el disparo al portero, el cual lo atrapó con facilidad y miró a su amigo con una sonrisa de lado. Este si era el Kido que conocía.
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Con la respiración agitada salía de la pequeña habitación, no pudo dar más de dos pasos antes de dejarse caer en el suelo agotado. No había forma, no encontraba el modo de no caerse. Apretó los dientes por la frustración y golpeó con fuerza la pared metálica a su espalda.
― Diablos...― Susurró mirando el suelo.
¿Qué debía de hacer? ¿Enserio que había perdido su poder? ¿A si? ¿por las buenas? Desesperado comenzó acariciar su cabello. No encontraba ninguna solución a su dilema. Solo podía recordar todas sus caídas y fallo, todo una y otra vez.
― Deberías relajarte.
Esa voz. Por la sorpresa levantó la cabeza sorprendido viendo como el delantero se acercaba a el con lentitud. Una vez a su lado le tendió una botella de agua y colocó una toalla en su cuello.
― Gracias...― Susurró el moreno tomando la toalla para pasarla por su rostro con cuidado de no llevarse el maquillaje de sus cejas.― ¿Se fue?― Miró al chico ahora sentado a su lado para que le contestara, el solo negó con la cabeza.
Se mantuvieron en silencio por un largo tiempo, uno no sabía como decirle y el otro desconocía la presencia de Goenji allí.
― Ne... ¿a qué has venido? No es que me molestes. Es que... es... raro...― Susurra mirando al chico.
― … solo pasaba por aquí y te vi salir de esa forma.
― Ha... ya veo...
Otra vez silencio. Estos chicos no son muy habladores. Ren quiso hablar, despedirse de él para volver a entrenar, pero, antes de que abriera la boca él ya lo había echo.
― Creo que sé lo que pretendes. Y deberías tomarlo con calma.
Se miraron a los ojos por unos segundos, el moreno no sabía que contestarle. ¿Cómo que con calma? ¿Es qué no veía que se quedaba atrás? Que solo estaba siendo una molestia para el equipo. No quería seguir hablando de eso, por eso se levantó agradeciéndole antes de volver a poner su mano cerca de la puerta para que esta se abriera, una vez a dentro se cerro sola encendiendo una luz roja en la pantalla que había allí. Esto dejaba cerrada la puerta hasta que acabara el entrenamiento. Goenji miró la puerta sin decir nada, soltó un leve suspiro y se levantó para volver él a su entrenamiento mientras se preocupaba por la persona bajo de disfraz.
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Endo fue invitado por Kido su casa, bueno, más bien mansión. La casa era enorme, y que el cuarto del castaño fuera casi como el salón de su propia casa lo demostraba. Ambos empezaron hablar de esa revista de fútbol tan vieja que tenía el de lentes. Era una revista de su verdadero padre. Como bien sabía el fue adoptado por los Kido, pero para que eso pasará sus padres biológicos tuvieron que morir. Tanto su padre como Madre viajaban mucho, por lo que él y su hermana se quedaban solo casi siempre. Pero un día se quedaron solos de verdad. Lo único que les quedó fue esa revista, ni siquiera una foto familiar. Ahora si lo intenta, le es imposible recordar a sus padres. Esa revista fue el motivo por el que el pequeño Kido comenzó a jugar al fútbol. Cada vez que pateaba el balón sentía como si su padre estuviera a su lado. Era extraño, pero así era. Al principio darle patadas al balón era divertido, después solo quería chutar para ganar partidos, y el fútbol se acabo convirtiendo en algo donde solo importaba ganar, daba igual el método, lo importante era ganar. A recordar que hace tiempo pensaba que Kageyama era un genio le hizo agarrar con fuerza su revista.
― Esa revista es importante, ¿cierto?
Endo se puso frente a él, tomando la revista con delicadeza para dejarlo donde la había visto por primera vez. No quería que acabara rompiéndola sin querer a apretarla, y mas tras contarle esa historia.
― Kido, veo que te pareces mucho a mi. Mi abuelo que falleció hace muchos años, era un jugador de fútbol soccer
― Daisuke Endo. ―Decían que era un increíble portero. Después se volvió entrenador.
― Increíble, lo conoces.
― Si, a si es. Reunimos toda la información relacionada a ustedes.
Endo se puso de cuclillas frente al otro, puso las manos en sus mejillas y miró al infinito con una sonrisa y los ojos brillosos antes de seguir hablando.
― Mi abuelo se la pasaba pateando el balón, y le gustaba tanto practicar ese deporte, que hasta a veces se le olvidaba comer.
― Veo que él era muy parecido a ti. En lo único que pensaba era Fútbol.
Le miró extrañado, ¿él? ¿Qué solo piensa en fútbol?
― ¿Eh? ¿Qué solo pienso en fútbol?
Kido solo pudo reír nervioso a no encontrar palabras. Loco por el fútbol y algo despistado, ese era Endo Mamoru
― Bueno, no importa. Después de eso me puse a leer la libreta que escribió mi abuelo, y a si fue como comencé a jugar con el balón. Creo que a ti y a mis amigos nos sucedió lo mismo.
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Al día siguiente, todos estaban en la sede. Ya se sabía contra quién jugarían, y tenían que hablar. Endo, como Ren y Goenji se encontraba de píen, el castaño frente a todos al lado de la pizarra y los otros dos al otro lado, mientras que los demás estaban en el suelo o donde mejor les pareciera. En la pizarra estaba escrito "SECUNDAIRA SEMBAYAMA". En grande y con rotulador rojo, dentro de una un bocadillo de explosión.
― Amigos, el siguiente oponente que tendremos en el torneo, eso...― dio un golpe con la palma de su mano sobre lo escrito.― La secundarias Sembayama.
― La secundaria Sembayama esta rodeada de montañas y sus jugadores son entrenados en la naturaleza.― Leyó Haruna de su libreta de notas.― Esta escuela es notable por su gran defensa muchos la conoce como: el Muro de Acero. No permite que sus rivales legren anotar.
― ¿Ni siquiera en el torneo Frontera?― Dijo sorprendida la gerente de cabello verde.
― Así es. Saben proteger su portería.
No solo la gerente estaba asombrada, todos los demás también lo estaban. Era increíble que no le hubieran marcado ni un solo gol en todo el campeonato.
― Quizás no sean fuertes en la ofensiva. Pero gracias a su perfecta defensa han podido ganarles a otros equipo.
― Lo que tenemos que hacer es destruir ese muro de acero para seguir avanzando en el torneo.― Dijo Endo entusiasmado.
― Si, que fácil lo dices.
― Por algo se llama así. Dudo mucho que logremos destruirlo, ¿no lo creen?― Contestó Shorin mirando al capitán.
La mayoría asintieron por ese comentario, mientras que otro, llamado: Goenji, no pudo retener una leve risa. Ren, le mirón con una leve sonrisa, pero al mismo tiempo extrañado, no era tiempo de reír. Aun que había sido gracioso, la verdad.
― Creo que son difíciles de derrotar.― Protestó a ver como todos tenían poca fe en sus palabras.
― Bueno, imagino que si Endo.
Ren miró de reojo al de piel bronceada. ¿Enserio? Primero se ríe por lo que pasa y ahora le da la razón al capitán. Que razón tiene ese dicho: "Le da la razón como a los tontos".
― Entonce debemos hacer es una formación con diamantes.
― ¿Una formación con diamantes?
De repente la imagen de unos diamantes siendo lanzados contra una muralla, hasta destruirla, pasó por la mente de la mayoría de los jugadores.
― Hay que seguir atacando hasta que el muro de acero se derrumbe. ¡Y este sera nuestra arma secreta! ¡Para lograrlo entrenaremos mucho!― Gritó animado alzando el puño.
El entrenamiento comenzó, y... esto era muy raro. Nadie conseguía dar ni una. Los pases se pasaban, no conseguían llegar al otro, los remates tampoco fusionaban, y los pocos pases que si iban a su lugar, iban con demasiada fuerza. Incluso el Tornado Dragón comenzó fallar. ¿Qué le pasaba a los chicos? No había forma que se sincronizaran o que pudieran hacer algo decente.
― ¿Qué les sucede? No tienen mucha energía.
― ¿Por qué actúan tan extraño? No entiendo por que le falto fuerza al Tornado Drago, de Goenji
Las gerentes empezaban a preocuparse, ver como los chicos fallaban tanto les preocupaba.
― Creo, que les falta condición física.
― No, no creo que sea eso. Por ejemplo: Shorinji, acaba de aprender el Cabezazo Kun-fu. Y los movimientos de los otros jugadores son más rápido que antes.― Contesto Haruna a Natsumi, leyendo sus apuntes.
― Entonces su estado de animo no esta bien. ¿Habrá sido por el entrenamiento en el Salón Relámpago?
― Precisamente fue por eso. ― Se metió en la conversación el entrenador.― Esto fue porque cada uno de ellos incrementó sus fuerzas y técnicas secretas.
Las tres le miraron serias, con un toque de confusión.
― Aun que su condición física aumente, parece que su consciencia no se ha percatado de ello, y lo peor es que ellos no tienen ni idea de cuanto han progresado sus compañeros de equipo. Por eso es difícil que se sincronicen.
― Eso... significa que no hay armonía en el equipo.― Dijo Aki preocupada mirando a os jugadores.
― No pensé que entrenar demasiado tuviera desventajas .
― Lo malo es que tendrían un partido con Sembayama, y tienen que ganar.
― Sigan actuando como si nada hubiera pasado. ¿Quedo claro?― Ordeno el entrenador.
Las chicas asintieron, si eso era lo mejor para ellos lo harían. Unos minutos más de entrenamiento y un silbato sonó, era Aki llamándoles para que tomaran un descanso. Haruna levanto sus manos sosteniendo unas botellas con agua fresquita, y Natsumi frente a la banca con dos cacharros con rodajas finas de limón con miel para refrescarse. Mientras que todos comían alegres y hablaban, Ren se encontraba un poco apartado de los demás, la toalla la llevaba al cuelo y sostenía con fuerza su botella mirando el piso. No poder volver hacer su técnica le esta molestando.
― ¡He! ¡Ren, Apresúrate!― Dijo Endo animado volviendo a coger una rodaja. En ese instante un pequeño escalofrío recorrió su espalda― Que rico...
― Eso, o Kabeyama te dejara sin ninguno.― Bromeó Matsuno tras beber un poco de su botella.
― ¿Ha? Es que... esta muy bueno... y... esto...
El tartamudeo del grandote a excusarse probo la risa en todos mientras Ren les miraba. No quería, no le apetecía. No quería hacerle un feo a las chicas, pero ahora mismo solo pensaba en conseguir dominar de nuevo su técnica.
― Vamos enano.― Dijo Someoka tomando al moreno de un brazo.
― Que no te de vergüenza ahora, que te conocemos muy bien― Ahora era Domon que le tomaba del otro. Entre los dos le levantaron unos centímetros del suelo para llevarle a que cogiera una rodaja.
― ¡Aah! ¿¡Pero qué hacen!?― Protesto sonrojado dando leves patas al aire.― Me gusta mucho el suelo, ¡suéltenme!
Ese comentario y como se movía, hizo que todos empezaran a reír, y que los dos que le sostenían empezaran a balanceares, causando más gritos por el moreno, más risas por los demás.
― ¡Aaaah! ¡Domon, Someoka!
Unas risas más, una rodajas más, y una pequeña charla, fue lo que hicieron todos antes de salir corriendo al campo para seguir con el entrenamiento.
Mientras que todos entrenaban, Natsumi le pidió al entrenador poder hablar con él unos minutos. Cuando se apartaron de las demás gerente comenzó a contarle. Ese mismo día había llegado una carta de su padre. Le constaba lo sucedido con los Súper Once hace cuarenta años y que ahora sabían que Kageyama fue quien hizo la llamada diciendo que no podrían jugar. También le contaba que aun que había salido de escena tenía que tener mucho cuidado, aun seguía manejado el torneo de fútbol. El entrenador, tras leer la carta, le dijo a Natsumi que no preocupara a los chicos con estas cosas, que Endo, aun que parezca despistado, él ya sabía que debajo de todo el torneo había una fuerte oscuridad.
― Oye Endo, ¿de verdad tienes pensado derribar el Muro de Acero?― Le preguntó Goenji cuando se acercó junto a Domon para que Aki y Haruna les dijeran algo.
― Claro. ¡Le atacaremos directamente con un: "BUUM"!
― ¿Y crees que lo logremos con este nivel?
Esas palabras del más alto dejaron a Endo algo decaído, pero en seguida se animo, es Edno después de todo.
― Yo creo que si... Además, nosotros contamos con el: Veleta de Fuego y el Gol Relámpago uno.
― Si es que lo conseguimos.
― Con entusiasmo todo es posible.
Ya no podía más. Domon soltó un suspiro a estar agotado de siempre escuchar lo mismo con el capitán. En ese momento se le ocurrió una idea a Silvia: enseñarle el Ataque Pegaso. Esa técnica que tenía él, otro amigo de Estados Unidos e Ichinose... Ichinose era un jugador fantástico, incluso fue nombrado como mejor jugador en la liga juvenil allí, en Estado Unidos, pero ahora, por un accidente de auto.. Ichinose ya no esta con ellos. Aun así, por petición de la chica Domon intentó explicarle la técnica... los minutos comenzaban a pasar y el chico no decía nada. Aki y Endo comenzaban a impacientarse.
― ¡Ya dilo de una vez!
― Es difícil explicarlo con palabras... ― Se agacho con los demás comenzando a dibujar en el suelo.
Haruna seguía anotando cosas interesante, comprendo que los jugadores estuvieran bien, y básicamente seguía su tarea como gerente. Pero algo llamo su atención dejado de anotar y saliendo a fuera del recinto. Esto hizo que Goenji viera como se alejaba con algo de interés, mientras Domon seguía explicando como hacer esa técnica.
― Hermano, ¿qué hace ahí escondido? Ya no es necesario, ¿por qué no lo entiendes?.― Dijo cuando estuvo cerca del poste del exterior, lugar donde Kido esta escondido.
― Ellos cumplirán un sueño que yo jamas alcanzaré...
Esas palabras extrañaron y preocuparon a la chica, ¿tan mal estaba su hermanito? Decidió dar un paseo con él, para que le contara que le pasaba y pudieran hablar sobre el palo que tuvieron contra el Zeus. Caminando acabaron llegando a la cancha de la ribera. Ella estaba sentada en el césped, por la parte más superior, y Kido de píen algo más atrás que su hermana.
― Escuche sobre el partido que tuvieron con Zeus. Fue una lastima.
― ¿Una lastima? No, creo que eso va mucho más haya. Hicieron pedazos a mis amigos frente a mis ojos, creo que no hay nada más humillante. Siento que... no es justo.
El sonido de un balón le alertó y con un rápido movimiento consiguió patear el tiro en dirección contraría, haciendo que diera en la parte baja del puente, rodó un poco y por la resistencia acabó subiendo, llegando a las manos de Goenji, el ejecutor de ese tiro.
― Eres tu, Goenji.
Cuando el nombrado estaba acercándose a los hermanos Haruna fue rápido hablar con él, no quería que comenzarán a pelear por que creyera que su hermano estaba haciendo algo malo cuando no era así.
― ¿por qué hiciste eso? Mi hermano no esta espiando el entrenamiento ni nada por el estilo. Es enserio.
― Con que tu hermano.
Esas palabras le hicieron recordar a Yuka. Miró al chico frente a él serio y le dijo que fuera con él, momento antes de comenzar a bajar las escaleras para llegar a la pista. Una vez los dos allí comenzaron un duelo, uno que consistía en pasarse el balón sin detenerlo ni una sola vez, solo podían devolverle el disparó al otro, daba igual la fuerza que llevara.
― ¡Kido, confiesa! ¿Te sientes frustrado?― Le dijo mientras corría a por el balón saltando para rematar.
― Por supuesto. Quiero derrotar a la secundaria Zeus a como de lugar..―Kido corrió donde iba el balón, un pequeño toque para que subiera un poco y a bajar devolver el tiro.
― ¡Pues hazlo!
― Es inútil... Teikoku a renunciado al torneo fútbol frontera.
― ¿¡Entonces te quedaras con los brazos cruzados!? ¡KIDO!
Le gritó, a ver que el de rastas no le contestaba levando el balón para saltar el detrás para realizar su técnica, Tornado de Fuego. Kido no se movió, solo dejo que pasara cerca de su cara, sin llegar a tocarle, y que acabara chocando contra el césped, creando un hoyo en este por la fuerza del balón, esa misma fuerza que acabó haciendo que el balón explotara. El delantero aterrizo en el piso y miró al castaño serio.
― Hay una forma de resolverlo. Tengo entendido que tu solo ves a Endo como un rival más, ¿serías capaz de verlo como un compañero de equipo?
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Ya era tarde, muy tarde. Ningún otro jugador quedaba en la escuela, incluso podría estar seguro que le tocaría saltar la valla para salir del instituto, pero eso no le importaba. Agotado con la respiración agitada y adolorido volvía a salir de la habitación dejándose caer al piso.
― Aun... no... aun... puedo hacerlo mejor...― Musitó para animarse y resistir las ganas de cerrar los ojos.
Apoyo sus manos en el suelo, y con más dificultad de la que hubiera imaginado nunca comenzó a levantarse despacio y con lentitud hasta conseguir acabar de rodillas en el suelo. Algo andaba mal, muy mal, esto no podía seguir así. Miraba el suelo con la mirada perdida mientras intentaba recuperar el aliento, cosa que parecía imposible. Un poco más recuperado consiguió gatear hasta un pequeño hueco que había en la pared, estaba oscuro pero aun así no le importaba, estaba fresco. Quitó su pañuelo del cuello para pasarlo por la cara quitando todo el sudor antes de volver a mirar el suelo pensativo.
― ¿Qué hago mal?... ¿Qué hay de diferencia entre antes y ahora?... Andy...― Susurró intentado encontrar una respuesta, una que nunca llegaba.
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Los días habían pasado y el partido contras el Semayana estaba apunto de comenzar. Todo estaba listo, bueno, todo no podía estar listo ya que Raimon no salía al terreno de juego.
― Ya es hora de entrar en el terreno de juego.
― No. Aun no. Estamos esperando a una persona.
― ¿A una persona más? Pero si ya estamos todos aquí.― Protesto Someoka ante la tranquilidad del entrenador.― un momento, ¿y Kabeyama?
― En el baño― Le contestó Ren moviendo su cabeza de un lado a otro para relajarse un poco. No haber conseguido aun la técnica le ponía muy tenso.
― No tardará en llegar, además ya estamos reunidos.
Esto ya se estafa saliendo de los puntos de la realidad. Estaban todos y el entrenador no paraba de decir que faltaba alguien. ¿¡Quien demonio faltaba!? Los nervios y la perdida de paciencia se agolpa en los pensamientos de la mayoría. Y si encima ahora se enteraba que las reglas estipulan que: "Sí un equipo no a salido al terreno de juego en treinta minuto, sera descalificado". Esto solo conseguía que se alteraran mucho más.
― Queda un minuto.― Les aviso el arbitro.
― No quiero ser descalificado.― pedía Shido.
― Por favor, díganos ¿a quien esta esperando?
― ¡A nadie! Quien más puede venir.
La desesperación y preocupación se podía leer en los rostro de la mayoría. Incluso Goenji estaba preocupado por esto, ¿qué quería decir todo esto? ¿No podría cumplir la promesa que le hizo a su hermana? Ren también comenzaba a alterarse. Esto no le podía pasar, no podía volver a dejar el fútbol por que su entrenador estuviera esperando a un jugador fantasma.
― Ya les dije que estamos todos.
― ¿Por qué no comenzamos el partido? Dígame.
― Les queda treinta segundos.
― Entrenador Hibik, por favor. Díganos quien va a venir al juego.
― ¡Entrenador!― Ren, acabo alzando la voz mirando al entrenador desesperado.
― Bien, ya llegó.
Solo dijo eso, y cuando todos miraron a la salida del túnel de vestuarios se sorprendieron a ver quien estaba ahí.
― ¿¡Quéeeeeeeeeeeeee!?
Continuará...
