Inazuma Eleven no es de mi pertenecía. El anime pertenece a LEVEL-5
Capitulo 18
Rosen se encontraba sentada en la cama mirando por la ventana. La noche oscura con pequeña luz creada por la Luna y estrellas le encantaba. Aun que no sonreía. Sus pensamientos se estaban perdiendo en como debería hacerlo, como debería hacer para conseguir su técnica, no quería volver a fastidiarla como en el partido de hoy. Suspiró agotada antes de volver a mirar adentro. Su cuarto tan ordenador confundía hasta a sus mascotas. El cachorro iba de un lado a otro olisqueando todo, algo tenía que nadar más. Aun que al gato le importaba bien poco eso, con que siguiera allí la cama para tumbarse él lo ve bien. Se levanto comenzando a estirarse mientras caminaba a su mesa para tomar el marco de foto. En ella salía sus amigos de España y ella. Aparecían de un modo muy extraño, pero esa es la magia de la edición, que puedes poner en una foto a todos aun que la mayoría no estuviera.
― ¿Cómo os ira todo?― Susurró pensativa viendo a todos preguntándose si todos seguirían igual.
Dejo el marco en su sitio y se tiró junto a Dabo en la cama de este abrazándole mientras le acariciaba. Tenía que logar completar su técnica de nuevo.
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La mañana había llegado, anoche mismo fue cuando Aki revivió esa llamada de Ichinose, ¿en verdad era él? ¿De verdad era el Ichinose de Estado Unidos? Domon y ella se encontraba en el aeropuerto esperando con ansia ver a su amigo, aun que el más alto aun no llegaba a creer que de verdad estuviera vivo, ¿esto... era... cierto? Ese amigo que creían muerto, ahora... ¿estaba vivo?
― ¿Entonces es verdad? ¿Es verdad que va a venir Ichinose?
―Sí. Me llamó anoche mismo.― Contesto con seriedad la chica, pero sin dejar su tono amable.― Me dijo que hoy llegaría a Japón.
― Pero... si Ichinose...
Aun no se lo podía creer. ¿Cómo era que su amigo estaba vivo? Si el mismo padre del castaño les contó que había muerto por ese accidente. Ese accidente que ambos amigos contemplaron. Ambos amigos miraban al frente con la cabeza algo gacha a recordar.
― ¿Por qué no nos han dicho nada hasta ahora?
― Cuando le veamos...― Susurró mientras levantaba la cabeza mirando al frente. Sus ojos tomaban brillo de felicidad a querer volver a ver a su amigo― Nos lo explicara. Poro ahora quiero volver a verle. Tengo muchas ganas.
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Todo el equipo se encontraba en la cancha por su entrenamiento tras las clases. Goenji conversaba con Kido sobre algunas jugada ofensiva que podían usar. El de cabello albino solo asentía en algunos momento, pero en verdad no prestaba mucha atención al castaños. Sus ojos estaban posados en el chico moreno que calentaba a un lado del campo mientras hablaba animado con Mastuno y Handa.
― Goenji. ¿Me escuchas?― Dijo serio el de gogles mientras se cruzaba de brazos.
― ¿Ah?
Miró al chico a su lado, le miró serió por unos segundos antes de volver a mirar donde el otro chico, que ahora comenzaba a correr con otros dos.
― ¿No te parece extraño Ren?
― ¿Um? ¿A qué te refieres?
Negó suavemente con la cabeza antes de verle de nuevo a los ojos.
― Nada, solo olvidalo. ¿Qué era?
El castaño miró confundido a su compañero, aun que prefirió dejar esas dudas para después y ahora centrarse en el entrenamiento.
Haruna era la única de las gerente que había llegado al entrenamiento. No le importaba, sabía que Natsumi iba algunos días, y otros se queda en el despacho de la junta, y más ahora con lo de su papá. Y Aki le comentó que tenía que ir a ver a alguien, que llegaría tarde a la practica. Miraba al campo con una sonrisa, ver como todos se esforzaban hacia que ella también quisiera hacerlo. A mirar a la portería su mirada dio con un chico de cabello castaño que miraba el entrenamiento. ¿Quería unirse al equipo?
Someoka remataba a puerta con su súper técnica Impacto Dragón. El chico casi al lado de la banca sonrió entusiasmado a ver la fuerza que llevaba ese disparo. Su emoción y entusiasmo aumento a ver la técnica del portero: Puño de Fuego. El balón llegó rodando a los píes del castaño, el cual se agacho para tomar el balón.
― ¡Venga! ¡Pasa el balón!― Dijo Endo desde la portería agitando su brazo para que le viera.
Todos miraron al chico con el balón algo confundido. ¿Quien era? Nunca le habían visto por la secundaria. El castaño miró desafiante, pero sin borrar su sonrisa, al castaño de la portería. Le apetecía tanto jugar. Dejó caer el balón al suelo y comenzó a correr a la portería. Kurimatsu y Handa se interpusieron en su camino, intentaron coartarle el paso, pero les superó enseguida con una pequeña elevación del balón y volviendo a bajarlo de un cabezazo. La jugada llamó la atención del delantero estrella del equipo y de su nuevo estratega. Endo no podía parar de sonreír, estaba preparado. Se detuvo a pocos metros del área de castigo, posó su píe en el balón y ladeo la cabeza mirando al portero con una sonrisa.
― Adelante.― Dijo Endo chocando sus manos con una sonrisa.
El chico se coloco por delante del balón y salto sobre este dando una pirueta para acabar con las manos apoyadas en el piso comenzado a girar, creando un pequeño remolino a su alrededor, por la fuerza del aire el balón comenzó a elevarse, cuando estaba a la altura de sus piernas chuto con su técnica: Tiro Torbellino . Endo se colocó y hecho para abajo su brazo derecho antes de levantarlo empezando a crear su Mano Fantasma. El disparo tenía fuerza, y vaya si que la tenía. Endo consiguió detenerlo, pero antes de llegar hacerlo la fuerza le hizo retroceder unos centímetros.
― Has ganado, chaval.― Comentó cuando esta al lado del portero.
― Ya, pero si hubieras llegado a tirar desde dentro del área habías ganado tú.
― Has usado una técnica asombrosa. Me gustaría que mis compañeros de los Norte América pudieran verla.
― ¿Pero juegas al fútbol en los Norte América?― Dijo asombrado.
― Si. Hace poco me seleccionaron para la liga infantil estadounidense.
Ahora que lo mencionaba... Ah, eso es. Kido había leído sobre un chico, un chico que parecía tener el mejor futuro en la liga estadounidense era un chico de origen japones. Todos estaban alrededor del castaño, y ahora con la revelación que había echo el de rasta, el asombro era mayor. Sí que era bueno este chico.
Aki y Domon se acercaban a donde todos decepcionados. Su amigo Ichinese no estaba. Por más que esperaron el no llegó, a ser inútil seguir esperando allí los amigos decidieron volver a la escuela. A acercarse a los demás se sorprendieron a verles todo reunidos, ¿qué había pasado?
― Ah, hola Aki. Ven, a llegado un chico que juega muy bien al fút-
El pobre capitán no pudo ni acabar la frase ya que ese chico había salido corriendo para abrazar a la chica, sorprendido a todos, incluido a la misma Aki que se sonrojaba. Los de primero, y algunos de segundo, comenzaron hacer unos ruidos, esos ruidos que querían decir que ahí había algo más que amistad.
― ¡EH! ¡Pero tú! ¿Qué esta-.― Reacciono Domon a los segundos, pero no pudo acabar a fijarse más en el castaño.
Se separó de la chica con lentitud, no quería hacerlo, había pasado tanto tiempo. Miró a los dos recién llegados con una sonrisa.
― Cuanto tiempo ha pasado.
Aki miraba sin entender a ese chico, la sorpresa le impedía concentrarse y averiguar quien era ese chico.
― Soy yo. Ichinose.
Esa sonrisa... ese gesto de guiñar un ojo mientras posaba dos dedos juntos en su frente los separaba con esa sonrisa. Era Ichinose.. sin duda. Era él. Sus ojos empezaron a brillar, incluso retuvo las lagrimas de felicidad que deseaban salir de sus ojos.
― Ichinose.. ¿eres tú?
― Si... ya estoy aquí Aki.― Dijo con cariño sin apartar la mirada de la chica.
Una pequeña explicación de quien era ese Ichinose fue suficiente para que todos volvieran a entrenar, y dejaran solo a los tres viejos amigos.
― ¿Pero qué haces aquí?
― Bueno... se me ocurrió coger un vuelo anterior al que os había dicho para daros una sorpresa. Que suerte que Domon y tu vayáis al mismo instituto.
― Es que a donde vaya ella voy yo.
Los tres amigos rieron antes de que llegara la explicación del chico. Cuando los médicos le dijeron que era probable que no podría volver a jugar se deprimió y no quería que sus amigos le viera en ese estado, por eso le pidió a su papá que le contara esa mentira. Pero al final le fue imposible dejar el fútbol soccer del todo y acabo todos los días hiendo a rehabilitación y ahora podía volver a jugar al fútbol sin ningún problema. Esa promesa que se hicieron de niños. La de jugar siempre al fútbol los tres justos, esa promesa le dio las fuerzas para seguir adelante.
― Asique Ichinose Kazuya, el centro campista genial, ha renacido de sus cenizas y esta aquí de nuevo para jugar a tope, eh.
Ichinose les miró con una sonrisa a ambos, pero acabó mirando solo a Aki, ella le miraba sonriendo y con ese brillo que tenía antes cuando le vio, un brillo de felicidad, ese brillo que aparece en tus ojos cuando ves de nuevo a esa persona tan especial. Aunque... de eso hace muchos años. Ahora tenía una nueva persona especial.
― Vaya... si que es bueno...― Susurró Ren mirando como el casi estadounidense rebasaba a todos sus compañeros.
Estaba claro que Ichinose tenía un gran talento, un talento al que pocos podían llegar y eso se podía notar a verle jugar de tu a tu contra Kido. Podía disputarle el balón casi sin problema, incluso llegar a superarle. Endo, más emocionado que de costumbre se preparaba para los lanzamientos de penales. Ichinose seguía demostrando su gran poder y talento a marcarle una y otras vez al portero. Pero este no se quedaba atrás, cada vez estaba más cerca de detener sus disparos, al principio casi los rozaba, acabo rozándolo con las yemas de los dedos, y por ultimo lo detuvo. Los dos castaños podían seguir con eso durante horas, y bueno es como estaban. El entrenamiento se había detenido para que ellos dos pudieran disputar su duelo sin problema, aunque un pequeño jugador de Raimon empezaba a impacientarse. Quería entrenar, tenía que entrenar. Debía conseguir su técnica antes del siguiente partido. Lo que no sabía este pequeño es que unos ojos oscuros les miraban preocupado sin demostrarlo en su rostro.
Ichinose y Endo acabaron con su disputa y el entrenamiento continuó mientras que Aki y su amigo de la infancia estaban en la banca, este ultimo descansando un poco. Miraba a la chica mientras hablaba. Le parecía increíble todo el poder que tenía Raimon, aunque claro, esto no quiere decir que de por vencido a su equipo. Ella rió y él se le quedo viendo con una sonrisa. Había pasado tanto tiempo desde la ultima vez que la vio... tanto desde la ultima vez que volvía a sentir esa alegría a estar a su lado. Pedirle a su papá que les dijera eso fue una gran tontería, ha perdido tanto tiempo y sobretodo... siente que la ha perdido a ella. Quería comprobarlo, pero claro, no podía decirlo directamente, tenía que ser sutil...
― Te gusta, eh. Me refiero a Endo.
― ¿¡Qué!?― Dijo un poco alterada mirando a su viejo amigo.
― Lo comprendo, porque si te digo la verdad a mi también me cae bien.
― Ah, ¿pe-pero que dices? Y-yo nunca... nunca he pensado en Endo de esa manera.
Le sonrió, le dolía, pero aun así le sonrió. Ese nerviosismo y sonrojo la delataban, y más que no se quedara solo con "me gusta, de caer bien", como él le dijo. ¿Qué podía esperar? Había pasado mucho tiempo... muchos años y ella creía que estaba muerto, solo podía enfadarse consigo mismo por ello.
Habían tomado un descanso, y mientras que algunos descansaban al lado de los demás para hablar sobre como mejorar lo que entrenaban, Ren estaba apartado. Estaba sentado en el suelo, apoyando su espalda en una de las vallas que había alrededor del campo. Comenzaba a pensar que su tiempo como jugador había acabado. Ya no podía hacer su técnica, así no iba hacer de utilidad para nadie...
― … debería lanzarte un balón, como hice con Endo.
Esa voz hizo que levantara la cabeza para ver al chico frente a ella. Desde arriba le miraba serio, sin apartar la vista de sus ojos.
― Shuuya-kun... ya, si vienes a seguir con tu regaño, no lo quiero.
Ese comentario le molesto un poco. ¿No quería mejorar? ¿No quería conseguir una técnica de tiro? Si era así, ¿por qué? ¿Por qué no se dejaba ayudar?
― Tsk... desde el juego con Teikoku dejaste de ser Rosen, incluso Ren. ¿Quien eres?
― ¿Ah?
Le miraba confundida. ¿Que quería decir? Pues claro que era ella, el... ¿quien era? El chico tímido o la chica tímida. Goenji comenzó alejarse, iba de regreso con los demás. Ren desde el suelo miraba impotente como su amigo se alejaba y ella seguía en el suelo, ahora sin saber quien era.
― Endo, me gustaría enseñarte una cosa para te acuerdes de mi. ¿Que te parece?
― Me parece genial.― Le contestó con una sonrisa de oreja a oreja.
― ¿Puedes echarnos una mano Domon?
Ahora lo entendía. Quería enseñarle a Endo como volaba un pegaso.
Las horas comenzaban a pasar, y ninguno era capaz de dejar de ver como intentaban una y otra vez esa técnica, pero siempre pasaba lo mismo, nada. Esa técnica tenía un punto en común, y era que los tres debían sincronizar sus respiraciones para llegar a conectar sus fuerza en el mismo punto exacto, como si crearan unas leneas en el suelo y cada uno tuviera que llegar a ese punto al mismo tiempo que los otros dos. Una nueva vez lo intentaron, debían correr a su máxima velocidad para cuando sus fuerzas se chocaran pudieran darle todo ese poder que debía desprender pegaso. Las lineas fueron casi al mismo puesto, pero un casi no es suficiente, aun que ayudo mucho a que un fuerte viento de color azul emanara del cuerpo de los tres, a chocar en el mismo punto su fuerza comenzó a elevarse juntándose entre sí para crear ese mitológico caballo con alas.
Pero en pocos segundos acabó desapareciendo, empujando a los chicos al suelo por la fuerza del viento. Pero esta caída no iba hacer que Endo perdiera la esperanza.
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Estaba atardeciendo, y aun que Domon, Ichinose y Endo continuaban intentando dominar la técnica del Triple Pegaso, los demás comenzaron a volver a casa. A la hora de la cena todos habían quedado en ir a casa del capitán, estarían allí hablando con Ichinose, en verdad todos querían conocer mucho mejor a ese chico. Aun que a él también le apetecía estar con los demás y conocer mejor a ese Ichinose, le iba hacer imposible ir con ellos. Bueno, es lo que tiene llevar una vida secreta, que tiene que mantenerse al margen de algunas cosas. Caminaba por las calles de Inazuma mientras sostenía un balón de fútbol y mira como su parro caminaba unos escasos metros por delante de ella. Ahora que se paraba a pensar, y no tiene nadie más a su alrededor era el mejor momento para penar. ¿Qué quiso decir? ¿Qué era eso de quien era? Esta claro, ¿no? Es Fire... el jugador que puede jugar donde sea menos portero. Posó su mano libre en su cabello plateado y comenzó a revolverlo, esto se estaba haciendo muy complicado. Los ladridos del cachorro le hicieron levantar la mirada viendo como su amigo acariciaba la cabeza del cachorro.
― Shuuya...― Fue la única que consiguió salir de sus labios.
No sabía muy bien porque, pero ambos comenzaron a caminar al lado del otro con tranquilidad viendo de reojo al otro cuando este no le miraba. Él quería ayudarle, quería decirle lo que pensaba, que creía que debía hacer para mejorar y salir de donde estaba, pero no podía, seguro que se enojaba más con él y todo eso acabaría peor, y también porque quería que ella se diera cuenta, era algo que ella tenía que descubrir. Ella... ella solo quería disculparse, en verdad sentía que se había portado muy mal con su amigo, pero no podía, no llegaba a encontrar las palabras para decirle. Su paseo se alargo, incluso llegaron a un parque en el que nunca habían estado, incluso algunos cerezos seguían teniendo sus flores rosadas. Que extraño. A ver que era espacioso, y no había peligro soltó al cachorro para que pudiera correr a su antojo.
Aun seguían callados, el sol se estaba poniendo y ellos seguían allí callados y echados sobre la baranda de metal. El chico tenía su espalda apoyada en esta mirando la nada, mientras que la chica estaba sentada a su lado sobre la barra metaliza más alta. Sostenía el balón contra su pierna y brazo.
― …
― Si tienes algo que decir hazlo y ya.
Esas palabras sorprendieron a la chica. No recordaba la ultima vez que el chico fue tan frío y distante con ella. Suspiro y tomó el balón con ambas manos mirándolo.
― ¿Qué hago mal?... ¿Qué se supone que debo hacer? Antes... me salia sin pensar. Era todo tan sencillo con Riky y Chistian.
¿Riky? ¿Chistian? Esos nombres le causaron una gran duda al de cabello albino. ¿Quienes eran? Y lo más importante de todo. ¿Por qué le comenzaba a molestar? Si era seguro que solo eran unos viejos amigos de su amiga. En silencio le miró y ella le devolvió la mirada soltando una leve risa.
― Es verdad. Nunca te hable de ellos.― Miró al frente aun sosteniendo el balón.― Ellos y yo... eramos los trillizos. Aunque te parezca imposible los tres llevábamos este extraño peinado, jaja, incluso eramos muy parecido, ahora no sé si seguirán igual.― Sacó del bolsillo de su chaqueta el pañuelo negro que siempre usaba y se lo tendió al chico.― ¿Ves este bordado? El relámpago significa nuestra velocidad. Los tres eramos muy veloces, incluso nos comenzaron a llamar Relámpago, a cada uno le correspondía un color, el mio era el plateado. Relámpago Plateado.
― Ya veo... supongo que las legras serán vuestro nombre, ¿no?
Ella asintió mirándole.
― Si. R de Ramiro, aunque todos le llamamos Riky. Es bastante inteligente, aun que le gusta mucho las chicas jaja. C de Chistian, digamos que él es... especial. Y la otra R por mi.
El chico aguardo por unos segundo en silencio antes de mirarle serio.
― ¿Pero quien? ¿Fire Ren o Rosenthal Fire?
La pregunta le pilló por sorpresa, incluso no sabía que responder. Su rostro cambio a uno confuso y triste. ¿De quien era esa R?... ¿De ella? O ¿De su otro yo? Goenji continuó mirándole antes de cerrar sus ojos y soltar un leve suspiro. Miró al cielo, que ya le quedaba poco para volverse total mente oscuro.
― Bueno... y ¿qué nombre tendría yo?
Extrañada por la pregunta miró a su amigo del mismo modo intentando averiguar que quería decir.
― ¿um?... si tú eres Relámpago Plateado. ¿Cuál sería mi nombre?
― ¿Ah?... ¿enserio?― Susurró confundida antes de mirar el cielo como él, comenzando a pensar.― … El Goleador de Fuego.
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Un extraño impulso le llevó ir allí. No sabía porque, pero cuando vio la torre de metal, desde la habitación que ocupaba su padre en el hospital. No pudo evitar ir a ese lugar. Una vez allí miró arriba, viendo lo alta que era y luego su mirada fue a ese árbol donde Endo tenía colgado ese neumático con el practicaba siembre. Esta sumergida en sus recuerdos, el curso pasado pasó por ese lugar de casualidad, encontrando a Endo deteniendo el neumático que se abalanzaba hacía él, a poca distancia de donde estaban sus pies había una linea en el suelo. El portero consiguió detener el neumático sin pasar la linea, ver como se alegraba por solo hacer eso le causo indiferencia. ¿Que veía en esa locura para ponerse así?
― Hola.
Esa voz le sacó de su mente haciendo que girara con lentitud para ver al castaño tras de ella sosteniendo un balón de fútbol soccer. Parece que el entrenamiento ha acabado y él venía a seguir con su entrenamiento especial.
― ¿Qué estas haciendo por aquí Natsumi?
― No, nada..
Ese susurró extraño al castaño, no era muy típico en ella ponerse de esa forma, ella era más... directa. Ambos se sentaron en una de las bancas del lugar.
― ¿Es qué tu papá se encuentra mal?― Preguntó preocupado el castaño.
― Que va. Esta mejor cada día que pasa.
¿Solo eso?... la respuesta de la chica no le convencía, aun estaba preocupado, y no pensaba dejar que su amiga estuviera en ese estado. Tomó la mano de la chica mientras se levantaba y sonreía a la chica, la llevaría al mejor sitio de toda la ciudad para olvidar sus penas. Solo le dijo que fuera con él y le sonrió para tranquilizarla. Ambos comenzaron a subir las escaleras de la torre, una vez en ese lugar Natsumi no pudo evitar sorprenderse por las maravillosas y bellas vista de aquel lugar.
― Mira, de toda la ciudad este es mi lugar favorito. Cuando veo esto pienso que soy muy pequeño comparado con todo lo que me rodea, y así todo lo que me preocupa pierde su importancia.
― ¿Ah? ¿si?
― … quiero que sepas que no estas sola.― Dijo amable mirando a la chica.― Que nos tienes a tu lado a mi y a todos los demás. Para eso están los amigos, ¿no?
― Pero Endo, tú...
El chico solo le respondió con una sonrisa. Una sonrisa amable y feliz, esa que solo el capitán del Raimon sabía poner. Esa que despertó algo en el corazón del a chica de cabello castaño.
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Solo tenían ese día para lograr acabar la técnica, el avión del chico saldría casi al anochecer y antes de que tuviera que irse debían terminar esa técnica, daba igual que no pudieran volver a usarla, debían acabarla. De tanto intentarlo una y otra vez la técnica comenzaba a tomar forma, incluso lograban hacer que el pegaso durara por más tiempo intacto, pero a la hora de la verdad acaba estallando mandando a los chicos al suelo. El tiempo pasaba, y cada vez quedaba menos, ninguno quería irse sin llegar acabar la técnica, querían hacerlo. Aki quería ayudarle, volver ayudarles como hizo hace unos años la primera ves que realizaron la técnica en Norte América. Después de todo, para que un pegaso pueda echar a bolar necesita la oración de una doncella. Ella será el vértice, marcara en punto donde devén unirse los tres. Parecía peligroso y la mayoría temían por que le pudiera pasar algo a su gerente. Pero: Cuando un corazón cree debemos responder con acciones. Aun que aun los demás tenían algo de duda Endo e Ichinose no tenía ninguna, ya que hace tres años, cuando realzaron por primera vez la técnica, Ichinose le dijo exactamente lo mismo que acababa de decir Endo. Cuando un corazón cree debemos responder con acciones.
Un nuevo intento, este sería el ultimo, si lo conseguían todos estarían felices, si fallaban Endo reviviría toda la fuerza de la técnica contra ella. Cada uno se colocó en su puesto. Aki en el punto que sería el vértice, y los otros tres en los mismo lugares que se habían puesto en las anteriores veces.
― Es ahora o nunca. No hay más oportunidades.
― Si.
Los tres se prepararon y con la señal de Ichinose los tres empezaron a correr a ese punto.
Sus respiraciones se sincronizaron y unieron sus lineas a la vez, esta vez, ese viento azul y blanco se levantó con mucha más fuerza creando la imagen del caballo con alas perfectamente. Saltaron a la vez pateando el balón cada uno en su momento, con el ultimo golpe el balón salio con una gran fuera a la portería seguido por el pegaso anotando gol. Lo habían logrado.
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Todo el tiempo que le quedaba a Ichinose para seguir con sus amigos lo aprovecharán para estar todos juntos y jugar un ultimo partido antes de que se fuera. Ahora, que ya era momento de que Ichinose estuviera apunto de embarcar Endo y Aki miraban a lo lejos como un avión comenzaba a pasar por el cielo anaranjado del atardecer.
― ¿Sera ese el vuelo de Ichinose?
― Es posible.
Endo coloco sus manos a los lados de su rostro para intentar hacer su grito mucho más fuerte mientras seguía mirando el cielo.
― ¡Escucha Ichinose! ¡Tenemos que volver a jugar al fútbol!
― Vale, pues juguemos.
Esa respuesta que nadie esperó que llegará sorprendió a todos haciendo que se voltearan, viendo al chico que les sonreía.
― Era la primera vez que me divertía tanto jugando al fútbol. Asique cuando llegó la hora no pude irme.
Tomo su boleto y lo rompió en pedazos, por un rato más no pasaría nada. Quería volver a jugar junto a Endo y los demás, era lo que más deseaba en ese momento.
― Entonces te podrás unir al Raimon. Bienvenido al equipo.
Los dos castaños estrecharon sus manos y todos los demás se se colocaron a su alrededor colocaron sus manos sobre la de ellos dos. El Raimon se hacia cada vez más y más fuerte.
― ¡Chicos!
El grito de la más pequeña de las gerente llamó la atención de todos mirando confundidos a la chica que había llegado corriendo donde ellos.
― ¿Qué pasa Haruna?
― Ya sabemos contra quien jugaremos el siguiente partido.
― ¿Y quienes son?
La chica recobro algo el aliento y miró al delantero de número diez ante de decirlo.
― La escuela Kidokawa.
Todos se sorprendieron a escuchar ese nombre, pero el que más fue Goenji. Volvería a verles... volvería a ver a los compañeros que acabo dejando tirados el año pasado en la final.
Continuará...
