Inazuma Eleven no es de mi pertenecía. El anime pertenece a LEVEL-5


Capitulo 21

Todo estaba oscuro. No se llegaba a escuchar nada en aquella habitación. Era temprano, muy temprano, y estaba despierta. Después de unos meses era la primera vez que dormía sola. Se movió a la derecha, comenzando a ver leves figuras de los muebles en su habitación. Le era extraño no dormir con Dabo, o que en medio de la noche se acercara a ella para lamer su cara. También se le hacía raro que Miku no estuviera dando vuelta por toda la habitación, tirando alguna que otra figura o saltando de repente en la cama. Un bostezo escapó de su garganta. Aun que le encantaría volver a dormir con sus mascotas no podía. No tenía ganas de nada, desde que su padre le descubrió no tiene ganas de nada. La discusión en el coche se alargo hasta la noche, y seguro que continuaría en el desayuno. Cuando llegaron del estadio su padre subió al cuarto de su hija, para llevarse todo lo que encontrara relacionado con el fútbol. Solo dejo las cosas de Raimon, al día siguiente tendría que dejar el equipo. Se acurruco entre las sabanas a pensar en aquello. Dejar el equipo... ¿cómo se supone que lo haría?

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El Zeus nos esta aplastando. El marcador ya iba cuarenta a cero. Y no tenía piedad con ninguno de nosotros, los pases no iban directos a su compañeros si no que golpeaban a Goenji, Kido, Ichinose y a todos mis amigos. Impotente y rabioso vi como pase tras pase hacían que mis compañeros cayeran al suelo. No pensaba echantarme, claro que no, pensaba detener ese disparo... pero mi Mano Fantasma no pudo hacer nada contra el poder de esa técnica. Mi técnica desapareció y yo comenzaba a romperme, hasta que acabe hecho mil pedazos.

Alterado, y algo sudado, Endo se levantaba de golpe. Solo había sido una pesadilla. Una pesadilla muy real, Una vez se tranquilizó miró su mano con decisión. Tenía que ser más fuerte, debía mejorar si quería lograr detener los tiros del Zeus.

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Su Celular no paraba de sonar. Era como ayer. Sabía perfectamente quien le estaba llamando, pero no quería hablar con él. Ni con él ni con nadie. Solo quería maldecir el momento que se ocurrió ser Ren, el momento que pensó que podría volver a jugar fútbol soccer sin problema, que su padre comprendería lo mucho que amaba ese deporte. Pero nada... no había forma que eso llegara a pasar. Solo era una ilusión que le hizo segarse.

Volvió a girar, esta vez para mirar a la puerta, lugar donde estaba su madre, dejando entrar luz en esa habitación recogida.

― Rosen... es hora de ir a la secundaria.― Le llamo con un tono de voz dulce y tranquilo. Estaba tan preocupada.

La chica no dijo nada, solo volvió a moverse para darle la espalda y seguir acurrucada en su cama. Los ojos verdades de la mujer rebosaban preocupación y tristeza. ¿Cómo había podido llegar a esto? Si hace no más de veinticuatro horas era casi otra vez la misma Rosen, la misma antes de que Andy muriera.

― Vamos Rosen... el desayuno esta listo.

― No quiero...

Ese susurró hizo que suspirara. Iba a cerrar la puerta pero Dabo entro al cuarto. Subió sus patas delanteras a la cama y con el hocico comenzó a darles pequeños golpes en la espalda. El cachorro también estaba preocupado. Quería volver a ver a su dueña, a la que siempre le sonreía y jugaba con él.

― Dejame.― Dijo con sequedad moviendo las patas del perro para que las bajaras.

― Vamos Dabo... hoy Rosen no esta de humor...― Susurró la mujer entrando al cuarto para llevarse al perro.

La puerta se había vuelto a cerrar haciendo que volviera la oscuridad en el cuarto y de nuevo la música de su celular, Tapo sus oídos con fuerza escondiendo su cara, no quería... no quería que siguiera llamando. No tenía el valor para contestar, nunca fue valiente... siempre se escondió tras alguien más...

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Separo el celular de su oído y suspiro. Entre él y Max, por lo menos ya le habían llamado unas cincuenta veces, pero nada, no contestaba a ninguna, siempre saltaba el buzón de voz. Aun que ellos dos no eran los únicos que intentaron contestar con su amigo. Domon, Endo, Aki y Goenji también lo intentaron. Este ultimo incluso fue a la casa del centro campista, pero según su madre ya se había ido a la escuela. Pero los problemas de Raimon no se quedaban solo en el problema de no saber donde estaba un compañero. Endo, su capitán había perdido la confianza en sí mismo. Su personalidad alegre y activa había cambiado, incluso su frase de: No nos adelantemos a los hechos, hay que enfrentar las cosas directamente. Había cambiado por: No solo podemos intentarlo.

Ichinose y Domon hablaban ya en sus puestos de clase. El primero le contaba lo que sucedía con Endo, lo decaído que estaba y lo triste que parecía.

― Ah... ¿pero qué esta sucediendo? Primero lo de ayer con Ren y ahora Endo. ¿Qué se supone que debemos hacer?― Prestaba el chico más alto.

― No lo sé... pero supongo que tendremos que esperar.

― ¡Pero, Ichinose!...

Su queja fue callada a ver entrar al chico de cabello negro. No les miraba solo caminaba a su puesto sin levantar mucho la mirada. Ambos amigos miraban preocupados y extrañado al recién legado. En su mejilla izquierda lleva una curita, seguro para ocultar el golpe de ayer. ¿Le abría pegado más? Ese pensamiento heló la sangre de los dos amigos.

― Ichinose.

― Solo... espera a que el hable...― Susurró a comprender lo que el otro quería decir.― Al fin y al cabo tendrá que ir a la practica, ¿no?

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Las clases había acabado y el entrenamiento ya había comenzado. Mientras que la mayoría estaban en la cancha entrenado, Kido, Goenji y Endo estaban en la sede pensado en como podrían mejorar la Mano Fantasma, sin mucho excito. Domon e Ichinose entraron en la sede disculparse por llegar tarde, pero enseguida se sorprendieron a ver la tensión que había, y que el moreno no estaba allí. Pero si había salido solo un par de minutos antes que ellos.

― Ichinose me contó todo. Veo que es difícil encontrar el modo de fortalecer tu Mano Fantasma.

Tras escuchar al más alto dejo caer su cara sobre el cuaderno, que estaba sobre la mesa. No encontraba ninguna solución. ¿Qué podría hacer contra el Zeus si no tenía ninguna técnica más fuerte? Esa actitud del portero llamó la sorpresa de los recién llegados. Si que estaban mal las cosas.

― Kido, tu eres el único del equipo que ha presenciado un partido con la secundaria Zeus. ¿Creés que la Mano Fantasma, de Endo, sea capaz de detener sus goles?

La pregunta del delantero hizo que Endo abriera los ojos para estar más atento a la contestación del nombrado.

―No lo sé. Por el momento no puedo asegurar nada. No he analizado por completo el poder de la secundaria Zeus. Solo diré que sus poderes son teribles. Y que no se compara con el Triangulo Z de los hermanos Mukata. Es de lo único que estoy convencido.

― Y no sabes si podrás detener un ataque de esa magnitud. A eso te refieres, ¿cierto?

Ichinose había dado en el blanco. La ultima vez pudieron ganar el partido ya que Kurimatsu y Kabeyama le echaron una mano, pero no podían depender de eso por siempre, no era bueno tener a tres jugadores como portero todo el partido. Había que encontrar una nueva técnica. Una que superara la Mano Fantasma Y la había, solo que como siempre echo un acertijo. En la libreta del abuelo de Endo estaba escrito como hacer la Mano Demoníaca, según su abuelo, la técnica más poderosa que puede usar un portero. En esas hojas solo estaba escrito eso y que la clave esta en el pecho.

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Estaba claro, si seguía comiéndose la cabeza y no actuaba nunca conseguiría nada. Tenía que entrenar y volver a entrar hasta que consiguiera dominar la Mano Demoníaca y hacerse más fuerte.

Mientras que Endo tenía muy claro que debía hacer Rosen no lo sabía. El primer día fue el más difícil. Evitar mirar a Domon e Ichinose en clase, huir de Handa y Max en el recreo y acabar pasando lo más rápido que pudiera para salir de la escuela, lugar donde su padre le esperaba con el coche. Hasta que decidiera cual seria su castigo por haber vuelto a jugar al fútbol esto es lo que tendría que hacer cada día. Tampoco podría salir de casa, solo para pasear a Dabo, y un paseo cronometrado, no podía tardar ni un segundo. El segundo fue aun más complicado. Parecía que Endo estaba mal y no podía ni acercarse para saber que le pasaba a su amigo. Esto se estaba volviendo una tortura...

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Tras la practica, como era habitual en él subió a la torre para seguir entrenador. Una nueva vez el neumático impacto contra su pecho haciendo que cayera al suelo, pero eso no iba hacer que se quedara ahí, tenía que ser más fuerte, tenía que mejorar, él era el portero y capitán de Raimon y tenía que comportarse como tal. Una nueva caída, esta vez le costó un poco más ponerse en pie. Comenzaba a cansarse.

― Sabía que estabas entrenado.

La voz de Kido le hizo mirar a su espalda extrañado, viendo como el dueño de esa voz y Goenji se acercaban a él.

― ¿Crees que con eso dominaras la Mano Demoníaca?

― Ah, bueno. Es el mejor entrenamiento que puedo tener.

― Te ayudaremos.

― ¿Enseri?

Los recién llegados se miraron son una pequeña sonrisa algo bromista.

― ¿te quieres convertir en loco por el fútbol?

― Quizás sea una clave importante para derrotar a Zeus.

El entrenamiento especial comenzó. Colgaron otros dos neumáticos he hicieron que comenzaran a moverse a tiempo distintos. A unos metros de distancia estaban Goenji y Kido, quienes al lanzar hacían que el balón pasara por los tres neumáticos sin tocarlos y fuera al otro lado donde Endo debería pararlos pero no había forma, o le golpeaba a el o no llegaba a pararlo. Incluso algunas veces el balón rebotaba en uno de los neumáticos haciendo que este le diera en la cara al portero. Daba igual lo duro que fuera, no se iba a rendir. Nunca lo haría.

Natsumi y Aki miraban sorprendidas y preocupadas como entrenaban. Desde que Endo comenzó a actuar raro Aki fue habar con la otra. Esta le pidió que le vigilara, más que eso no podían hacer. Endo siempre se había superado así mismo por sus propios medios, ellas solo podría mirar y evitar que se hiciera daño. Aun que había sido ella quien le pidió que no interfiriera, ahora que veía la locura que estaba haciendo... su corazón se encogía con cada golpe que recibía, hasta llegar al punto de ir a por él, no podía dejar que siguiera con ese entrenamiento. Pero claro, Endo no es de esas personas que lo dejan solo porque se lo digan.

Con la mirada preocupada de las dos chicas el entrenamiento continuó, aunque no por mucho tiempo. El lanzamiento de Goenji con el Tornado de Fuego fue algo excesivo y ahora el portero no se encontraba muy bien. Con rapidez ayudaron a Endo a bajar a la ciudad para que el entrenador le diera algo de hielo.

― ¡Hibiki necesitamos hielo!― Dijo Natsumi abriendo la puerta de golpe dejando ve como los otros dos cargaban con el portero.

― Se han pasado un poco.

Poco podían imaginar que a ir al restaurante del entrenador se encontrarían con la gran verdad escondida detrás de Reiji Kageyama contada por el detective.

Todo pudo comenzar hace uno cincuenta años con el jugador, Togo Kageyama, el padre de Kageyama. Togo era un jugador increíble que casi legó a formar parte de la selección japonesa. Pero aun que todos pensaban que ese año también llegaría a ser un representante, no fue así. Se prefirió convocar a un grupo de jóvenes, entre los cuales se encontraba Daisuke Endo. Desde entonces Togo Kageyma no volvió a jugar un partido como había hecho hasta ahora. Haciendo que los rumores llegan a decir que era un gafe, que cada vez que jugaba perdían, al final Togo Kageyama desapareció y al poco tiempo su mujer murió por una enfardad muy grave. De repente Kageyama se encontró totalmente solo en el mundo. Esos fueron los motivos por los que comenzó a odiar al fútbol y pensar que en la vida lo único que importaba era la victoria y nada más, hay que ganar a como de de lugar, los perdedores no tienen ningún valor. Un de sus frases más repetidas. Para lograr hacer verdad eso tuvo que hacer sufrir a mucha gente. Entre esa gente estaba la hermana de Goenji. Durante su investigación el detective pudo hablar con el antiguo entrenador de Raimon, Fuyukai. Durante el interrogatorio se encontraba tenso y nervioso, y no paraba de repetir que Kageyama les observaba desde el cielo, como si fuera un Dios. También menciono sobre el proyecto Z, ese proyecto que no pudieron salvar aquel día que Raimon jugó contra Teikoku.

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Cuando se despidió de todos no regreso a casa. Ahora solo quería hablar con ella, contarle lo enfadado, frustrado y triste que se sentía. ¿Cómo pudo hacerle eso a una niña? ¿para qué? Para qué él no fuera al partido... no podía entender por que tanta crueldad. Volvía a mirar el collar que le regalo su hermana, ese que le dio antes de ir corriendo al estadio hace casi un año. Lo miraba con tristeza. Estaba sentado sobre unos viejos neumáticos, en aquel lugar donde él y su amiga pasaban durante la caminata de Dabo. Sí iba a su casa de seguro sus padres le diría que no estaba, cuando si lo esta. Sí la llama pasara como desde ayer, que no contestaría. Suspiro a ver que no aparecía. Ya se había echo tarde, de seguro ya estaba en casa. Se puso en pie y se disponía a irse, pero el ladrido de un perro hizo que se quedara quieto.

― Aah... Dabo, no. Vamos a casa.

Los ladridos del perro se hicieron más fuerte y felices a ver al chico. No tardo mucho en ponerse a su lado dando unos saltos de alegría. Goenji solo colocó su mano sobre la cabeza del cachorro, mientras miraba a la chica. Esta solo miraba el suelo con tristeza, no quería ver a su amigo.

― Kageyama fue el causante del accidente de mi hermana...

Soltó directo y sin rodeo mientras miraba al perro. Sabía que si intentaba detenerla solo acabaría echando a correr, y no podría hablar con ella. Solo le quedaba soltar esa bomba de golpe. Se quedo inmóvil, nunca espero que esa fuera su reacción...

Cerraba con fuerza sus ojos mientras le abraza del mismo modo. Quería demostrarle que estaba a su lado, que le escucharía, que le aconsejaría si era capaz, pero que estaba ahí.

― Lo siento... lo siento... si lo hubiera sabido...

Abrió un poco los ojos para levantar la mirada y verle, él aun estaba sorprendido. Ese abrazo... estaba haciendo que su corazón latiera con rapidez. Deseaba estar así por largo tiempo. Levantó sus brazos para abrazarle con fuerza mientras se agachaba escondiendo su cara en el cuello de ella. Se sonrojo viendo de reojo a su amigo. No dijo nada, solo acarició su espalda con tranquilidad.

― Todo esta bien...― Susurró cerrando sus ojos.

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Ya en su cuarto, sentado en el piso miraba la foto de su abuelo con decisión y tristeza. Su rostro estaba lleno curitas, se estaba esforzando tanto en los entrenamientos...

― Abuelo... ¿Me puedes explicar que es la Mano Demoníaca?― Comenzó hablar con la foto.― ¿Cómo puedo dominarla? Es que quiero hacerme más fuerte para ayudar a los demás. Para poder cumplir el deseo que ustedes no lograron. Mi equipo y yo queremos... hacer realidad su sueño.

Su voz se notaba triste, melancólica. Si no se hacía más fuerte nunca lograría que se hiciera realidad su sueño, ese sueño que lleva sin cumplirse desde hace cuarenta años. Con cansancio tomo la foto de su abuelo y la volvió a dejar en su sitio antes de dejarse caer en la cama. Ahora... sus pensamientos iban al otro problema del equipo. Rosen. ¿Por qué? ¿Qué pasaba con Ren? ¿Por qué le pegaron? ¿Por qué no ha aparecido en las practicas? ¿Por qué?... ¿quien era en realidad Ren Fire?

Continuará...