Inazuma Eleven no es de mi pertenecía. El anime pertenece a LEVEL-5


Capitulo 22

Unos pasos se hacían resonar por ese pasillo vacío. Poco a poco aquel hombre de vestimenta morada se dejo ver bajo esa arquitectura típica de la antigua Grecia. Todo, menos un cierto punto, estaba oscuro, la luz de un solo foco alumbraba con fuerza un cofre de madera colocado sobre un pedestal. Unos metros más atrás, en penumbra unos jóvenes de instituto con su rodilla clavada en el suelo. Casi parecía que veneraban a ese hombre y cofre.

― Líder. Les estábamos esperando.

El hombre se dejo ver quedando quieto en lo más alto de las escaleras. Su sonrisa siniestra, esa nariz puntiaguda, no había duda, era Kageyama

― ¿Quienes dominaran el Torneo Fútbol Frontera este año?

― Nosotros, la invencible secundaria Zeus.― Contestaron todos a la vez.

― ¿Y quines serán los que estén en la cima?

― Nosotros, la invencible secundaria Zeus.

― Lo único que deseo es la victoria. Sin embargo una victoria mediocre representa lo mismo que una derrota. Quiero una victoria perfecta, lo único que deseamos es la victoria absoluta. Solo aquellos que la consigan tiene derecho a beber el agua sagrada.

Con esas palabras el cofre se abrió, dejando escapar un denso humo blanco que en seguida se disipo dejando ver once vasos de cristal con un liquido blanco en su interior.

― ¿¡Quienes serán los encargados de darme una victoria perfecta!?

Esa pregunta fue la señal que tuvieron los jóvenes para beber de un trago de sus vasos para luego arrojarlos al suelo. Todo presenciado por la sonrisa macabra de aquel hombre.

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Endo había llegado con ganas de entrenar. Desde que entro por las puertas del Salón Relámpago no ha parado de entrenar. Frente a él esta esa enorme maquina que no para de lanzar balones cada x tiempo. Con energía se quedo parado frente a esta endureciendo el pecho, pero en cuanto empezaron a llegar los balones e impactar contra su cuerpo acabo en el suelo. Volvió a levantar lleno de energía pero de nuevo al suelo, y esta vez por el ultimo balón lanzado que acabo en su cara. Handa le miraba extrañado y confundido. ¿Qué estaba haciendo? Le contó sobre lo que estaba escrito en el cuaderno de su abuelo y el castaño le sugirió que podría referirse a los pulmones.

― Cierto, no sé me había ocurrido eso.

Sin mediar más palabra salio corriendo para seguir entrenado. Se quedo al lado de la sede del club. Tomo todo el aire que pudo e introdujo su cabeza en ese barreño de agua que tenía frente a él. Intentó aguantar por más tiempo, pero se le acabo el aire. Con un rápido movimiento saco la cabeza tomado aire muy deprisa. Otra vez con los pulmones llenos de aire volvió a introducir la cabeza en el barreño. De nuevo tuvo que sacarla, esta vez, antes de poder volver a sumergirse del todo tuvo que salir enseguida y alejarse, algo, o mas bien alguien, estaba parado frente a el perturbando su tranquilidad.

― ¡Aaah! Eres tú, Sombra. No me asustes, por favor.

― Oye, ¿qué estas haciendo? ¿Qué obtienes con meter la cabeza al agua

― Ah, no nada. Según mi abuelo el punto clave de la Mano Demoníaca esta aquí― Le contesto con una sonrisa mientras se señalaba el pecho.― Por eso pensé en fortalecer un poco mis pulmones.

― ¿Seguro que son los pulmones? Halo mejor se refiere a la respiración.

Claro, eso también podía ser. Tomó aire con lentitud y lo soltó del mismo modo un par de veces más antes de salir corriendo al campo, todos les estaban esperando para comenzar el entrenamiento.

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Apoyando su espalda en el muro de la entrada miraba a dentro por los barrotes de arriba. Aun no había llegado su padre, por lo que se quedo mirando la practica desde la distancia. Cada día se volvía más duro mantener la cordura. Su mente estaba echa un lío. Unos pensamientos le decía que fuera corriendo donde todos y jugara ese partido, el ultimo partido, así podría dejar el fútbol en paz. Sin embargo su otra parte le decía que no debía, que si lo hacía todo estaría peor, tendría que dejar el fútbol para siempre, ahora mismo podría jugar un poco o ver partidos, ¿por qué perder eso?

Cerró con fuerza sus ojos a notar como su corazón volvía acelerarse como en el partido. Tranquilo... solo necesitaba tranquilidad...

― ¿Eh?... ¡Ren!

La voz, feliz y extrañada de su amigo le hizo abrir los ojos de golpe. Claro, la entrada esta muy cerca de la cancha, es normal que algún balón se escape o que le llegaran a ver. No podía articular palabra. Solo estaba allí parado viendo al chico castaño de gorro rosado y azulado.

― Ren, ¿qué te sucede? Te noto más pálido... ¡Oye! Vayamos a practicar, todos estamos esperando por ti.

Tragó duro. Las palabras no salían de su garganta. ¿Qué debía hacer? La situación se estaba volviendo muy tensa, podía escuchar como los demás llamaban a Max y este le decía que estaba hablando con él. La respiración se le agito volviendo hacer que sudara de la nada, justo como en el anterior partido.

― ¡Eh! ¡mocoso! ¿Qué es eso de saltarte el entrenamiento?

La voz de Someoka se hacía cada vez más fuerte según se iba acercando. ¿Qué debía hacer?..

Un largo suspiro salia de sus labios mientras su mirada triste veía como se alejaba de todos. Su Mamá había llegado en el momento justo. Someoka había aparecido por la entrada cuando el coche de color rojo paró a su lado. No solo venía Someoka. Endo, Handa, y muchos más se acercaron. Normal. Querían saber que le pasaba a su amigo. Con tristeza apoyo la cabeza en el cristal.

―... ¿por qué vienes tú?― Susurró viendo de reojo a la mujer.― Pensaba que vendría papá.

― Tú papá tenía mucho trabajo. Vamos Rosen... no me gusta verte así.

Su tono preocupado y triste llegó a ella. Pero aun así ¿qué quería que hiciera? ¿Qué sonriera falsamente? ¿Qué le dijera que estaba todo bien, que no le importaba haber dejado tirado a todo sus amigos? ¿Quería que le dijera eso? Si era lo que quería que le dijera iba muy mal. No podía decir eso. No podría... sería demasiado duro y una mentira. No dijo nada, solo se acomodó mejor en el asiento viendo el paisaje.

― Rosen...― Susurró viéndole de reojo.

El silencio comenzó a tornarse algo... incomodo. Por lo que conectó la radio. Canción, otra canción y más canciones. Nada más se podía oír allí dentro. Con preocupación y tristeza veía de reojo a su pequeña. ¿Que debía hacer? No quería que odiara a su marido, sabía que él amaba a Rosen, pero su preocupación estaba haciendo que dañara a la pequeña. Debía contarle la verdad.

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Endo se encaminaba de nuevo al parque de la torre, su lugar de entrenamiento. La pequeña aparición de Ren en el entrenamiento alteró algunos de sus jugadores, incluso a él mismo. Quería saber quien era, qué escondía y los más importante: ¿por qué? Las chicas vieron ese nuevo cambio de humor de todos por lo que decidieron animarles del mejor modo que se puede conquistar a un hombre: por el estomago. Entre las tres prepararon unas bolas de arroz. Algunas muy saladas, obvio que eran de Natsumi, y otras estaban riquísima. Unas simple bolas de arroz animaron a todos y volvieron a entrenar como siempre.

No pensaba rendirse, y aun que su madre se extraño de verle despierto tan temprano un domingo iba a seguir con los entrenamientos, iban a ganar la final, si o si. Una vez allí arriba, Goenji, Ichinose y Kido observaban como su capitán se esforzaba de esa forma para conseguir detener ese neumático, que como mínimo era dos veces él.

― Sabía que él estaría aquí―Hablo Kido

― Oigan ¿Creen que sea buena idea ayudarlo?― Esta vez fue Ichinose

― Sería mejor si pudiera enfrentarse al enemigo.

― En estos momentos, sólo se desafiá así mismo.

― Después de todo, somos nuestros propios enemigos.

― Ya veo. Con que el muro se encuentra aquí mismo― Dijo Ichinose colocando una mano en su pecho.

― Eso es lo que quería decir el abuelo de Endo en su libreta. No se lo digan.

Una sonrisa pilla se dibujo en el rostro de Erik, ¿tan obvio fue?

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El cielo comenzaba a teñirse de color naranja, y ella caminaba junto a Dabo mientras miraba la pantalla de su móvil.

Shuuya-kun: Ven a la torre de metal. Tenemos que hablar.

Era muy extraño. Nunca le había mandado un mensaje así. ¿Qué querría? Normalmente le citaba donde siempre paseaban a Dabo, o si era en el instituto en la azotea, lugares donde nadie pudiera verles. Los ladridos de Dabo le sacaron de sus pensamientos, viendo que ya estaba frente a las escaleras y el cachorro no estaba a su lado. Con rapidez subió las escaleras pero una vez arriba del todo se quedo paralizada.

― Woo, pero si eres el perro que le gusta el fútbol.― Comentaba animado a recordar aquel perro que jugaba al fútbol.

El perro ladró feliz mientras buscaba la pelota, a no encontrarla soltó un pequeño quejido de tristeza.

― Lo lamento, pero hoy no traigo ningún balón.

Seguía mirando al perro mientras quitaba de su espalda el neumático. A levantar la vista pudo ver a ese chico de piel pálida de la otra vez. Le sonrío amable mientras le saludaba con la mano. Él no estaba para eso. ¿Le había tendido una encerrona? Tsk. Tomó aire y se acercó a pasó lento.

― ¡Hola! ¡Cuanto tiempo!

― Si... mucho.

Silencio. Ninguno decía nada y el canino les miraba a ambos con la lengua fuera y una mirada ilusionada.

― … he.. he visto vuestros partidos. Enhorabuena por llegar a la final.

― ¿Ah?― Una sonrisa se dibujo en sus labios.― ¿Enserio? ¡Muchas gracias! Aunque... ahora tenemos un problema mayor. Nuestro rivales son muy poderosos y no sé si podre detener sus tiros...― Dijo con ciertos toques de rabia, tristeza y confusión mientras miraba su puño cerrado.― Pero aun así vamos a ganar.

― Claro... vosotros siempre conseguís ganar... ese es vuestro espíritu.― Una pequeña sonrisa de tristeza se dibujo en sus labios.

― Um... bueno... no siempre fuimos así. ¿Sabes? El año pasado solo eramos tres. Handa, Someoka y yo. Ah, claro, y nuestra gerente Aki. Nos costo mucho esfuerzo conseguir que este año se nos unieran unos chicos de primero, pero aun así solo eramos siete.

Con una sonrisa comenzó a contarle como tuvieron que crear el equipo desde cero, como durante el primer año tuvieron que practicar donde encontraran, y como después de tanto esfuerzo, al principio de año nadie quería entrenar, hasta que llegó el amistoso contra Teikoku

― Fue muy difícil pero..

― Conseguisteis ganar.― Acabo su frase mirando a la nada. ― Vi ese partido. Vi lo mucho que te esforzabas por mantenerte en píe.

― Oooh, ¿entonces lo vista? Jajaja bueno, desde entonces empecemos a mejorar y luchar, incluso nuevos amigos se nos unieron por el camino.

― ¿Si?.. verte en ese partido solo me enojaba― Su mirada no cambiaba de punto, ni si quiera la mirada extrañada de Mark le hizo cambiar su semblante helado―. Aun que claro. Solo fue al principio. Cada vez que os veía jugar solo me entraban ganas de irme, alejarme de vosotros― Una pequeña sonrisa se dibujo en sus labios antes de seguir―. Conozco toda vuestras trayectoria desde ese partido. Depuse llegó el Sobre Natural un equipo muy fuerte pero gracias al idiota de Someoka y Goenji ganasteis. Luego se unieron dos chicos más Domon y Ren. Llegó el Salvaje, el Gris, y el Otaku. Casi me dan ganas de gritar en ese partido.― Ríe bajo a recordar todo lo sucedido esos días.

― ¡Asombroso!― Exclamo sorprendido mientras le miraba.― Si que nos conoces bien.

Miró al chico con una pequeña sonrisa tristes. Sus ojos negros se clavaban en los suyos con un brillo de tristeza.

― ¿aun... no te has dado cuenta, capitán?― Con la misma sonrisa y sin dejar de mirarle bajo el gorro de su chaqueta dejando que viera la marca en su cuello.― Lo siento mucho, capitán.

Sus ojos se abrieron de golpe por la sorpresa. ¿¡Ren!? Sorprendido y sin saber que decir miraba a su amigo.

― … supongo que querrás una explicación...― Tomo aire y lo soltó poco a poco.― Yo... de verdad que lo siento. No quería engañaros, solo quería jugar fútbol...

Ese susurró hizo que le prestara toda su atención a sus palabras. Con algo de pena escuchaba como su hermano mayor le enseño a jugar al fútbol y amarlo, ya sabía estaba muerto, pero volver a escucharlo le daba más pena. Luego vino la prohibición y como a desobedecerle acabaron en Japón.

― Tenía decidido dejarlo. Jugar solo me había acabado trayendo problemas. Pero... cuando te vi.― Volvió a mirarle a los ojos.― Me hiciste recordar a Andy. Quise huir bien lejos pero no pude escapar de lo que más me gusta en este mundo. Gracias Endo, gracias a ti y a todos los demás pude volver a jugar. Aunque ahora no pueda volver a tocar un balón estoy bien.

Miró el suelo sin saber que decir. Sentía tantas cosas en ese momento que no podía asimilar todo en tan poco tiempo.

― Me parece muy triste todo lo que me has contado... estoy seguro que a ninguno le parecerá mal lo que has hecho. ¡Lo has hecho por el fútbol!

― Jaja... capitán... las cosas no se solucionan así...― Dijo con tristeza mientras se levantaba.― Aun que vosotros me perdonéis no sirviera de nada. Ya vistes lo que hizo mi padre... no creo que le guste volver a verme a vuestro lado, tengo prohibido juntarme con vosotros o incluso tardar más de la cuenta con su paseo.― Acabo mirando al perro recostado a los pies del árbol.

― ¡Pero tú puedes hacer mucho más! ¡Estoy seguro que puedes! ¡Has conseguido hacer todo esto! Seguro que consigu-

― No lo voy a conseguir― Le corto volviendo a mirarle a los ojos.― Endo, soy una cobarde. Solo me escondí detrás de Ren. No soy capaz de nada.

― ¡Claro que no! Ren o Rosenthal, eso no importa. Tú eres tú y no hay nada más. Tú has estada a nuestro lado, creciendo con todos nosotros. Eres un miembro del Raimon un futuro Súper Once.

― Jajaja... es muy parecido a lo que me dijiste en el partido...― Acarició la cabeza del cachorro mientras le ponía la correa.― Lo siento Endo, pero yo no soy valiente. Solo soy una cobarde que es incapaz de devolver su antiguo uniforme por miedo a encontrarme con todos.

― ¡Pero Ren!

Se quedo sin palabras a ver como se alejaba y comenzaba a bajar las escaleras. Apretó los puños y corrió al principio de las escaleras para gritarle sus ultimas palabras.

― ¡Rosen! ¡Te estaremos esperando para la final! ¡Eres nuestra compañera!

Las palabras alegres del castaño se le clavaban como puñales. Era tan difícil y doloroso.

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El entrenamiento ya había comenzado, y ahora probarían a ver si Endo es capaz de sacar la Mano Demoníaca. Kido e Ichinose a un lado, usarían el Doble Boost, técnica de Teikoku. Al otro lado estaban Goenji y Someoka, ellos usarían su técnica: Tornado Dragón. Endo miró el cielo mientras respiraba con tranquilidad, controlado la respiración. Mientras lo hacía repetía las palabras que le dijo su madre anoche: "Sí distribuyes tu fuerza en el abdomen y glúteos, no habrá ningún balón que se te escape". Esas eran las palabras que solía decir su abuelo. Chocó sus manos con decisión antes de ponerse en posición, señal para que los otros cuatro se pusieran en marcha. Los cuatros comenzaron a correr para lanzar sus ataques a la vez. Ambos disparos iban directos a la portería pero alguien se interpuso, parando ambos tiros como si nada. Era alto, de cabello rubio largo y con unos ojos rojizos. Su uniforme parecía una túnica, como las que se puede ver en los libros de mitología griega. La mayor parte blanca, con unas pequeñas partes en azul en las mangas y cuello, y pasando por su pecho una tela grisácea. Endo miraba asombrado a ese chico.

― ¡Ay va! Has podido parar el Tornado Dragón y el Doble Boost. Eres un portero increíble.

Poco podía imaginar que él no era portero. Si no un delantero, y no uno cualquiera. Era el delantero y capitán del instituto Zeus.

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No sabía que hacer. Antes, a estas horas estaría entrenado con todos. Dando lo mejor de ella, pero ahora no sabía que hacer. Acostada en su cama miraba el techo de su habitación pensativa.

"¡Te estaremos esperando!"

La voz del capitán resonaba en su cabeza. ¡No! No podía hacer nada, ¿por qué seguía pensado en todos? Giro en la cama, usando su almohada para tapar sus oídos y cerró con fuerza sus ojos. Estaba cansada iba a llegar al colapso, solo quería que todo esto acabara.

· ¡Vamos! ¡Levanta! ¡Ya oíste al capitán todos los esperan! Golpeaba con fuerza el cristal de su jaula. A lo lejos, sentada en el suelo su otra parte, le daba la espalda y abrazaba sus piernas.

· Sssh... susurraba con la mirada fija en el suelo.― No podemos hacer nada. Solo quédate ahí, para siempre...

Su mente volvía a estar dividida. Por un lado su yo Azul, uno con su parte activa y dispuesta a darlo todo, pero como hace tiempo: esta encerrada. Por el otro su yo Rojo, uno que tiene todo su temor, timidez, e inseguridad. Revueltas formaban un caos en su cabeza, separadas no sabía que sentir, y... ¿juntas?

Sus ojos se mantuvieron cerrados por largo tiempo, incluso llegó la noche cuando quiso darse cuenta. Con lentitud se sentó en la cama frotando su ojo derecho antes de estirarse. ¿cuando llevaba dormida? Tomo su móvil comprobando que tenía mensajes de un número descocido.

Número desconocido:

¡Te estamos esperando!

Número desconocido:

No tardes en volver. Todos quieren volver a verte. Aunque sea como Ren.

Número desconocido:

Vuelve al equipo.

Número desconocido:

Rosen, te necesitamos. Necesitamos a todos el Raimon con nosotros.

Número desconocido:

Esta bien. No quieres hablar. Pero no pienso rendirme. Necesitamos a nuestro número quince.

Estaba claro quien era. Un largo suspiro salió de sus labios. Seguro que Goenji le pasó su número. Ese pen... cansada por todo solo se dejo caer de nuevo en la cama. No importaba que llevara horas durmiendo, no descansaba. Desde el final del partido contra el Kidokawa no consigue descansar. Unos leves golpes en la puerta llamaron su atención haciendo que girara un poco. La luz que lograba entrar desde el pasillo dejaba ver a su madre. No dijo nada, solo espero que ella hablara.

― Rosen. ¿Puedes subir al desván? Necesito que me bajes una caja. Por favor.

Su oscura mirada se clavo extrañada en la de su madre. Pero no quería pensar, solo se levantó con pesadez asintiendo. Cuanto antes acabe antes podrá volver a su depreció. Caminó por el pasillo llegando a esa pequeña cuerda con una bolita al final, tiró de ella y unas escaleras empezaron a salir. Encendió la linterna y comenzó a subir las escaleras buscando esa caja.

― ¿Cómo se llama?― Le dijo mientras se ponía de píe en el lugar mirando a su alrededor.― ¿Mamá?― Le llamó confundida a no obtener respuesta. Suspiró agotada y comenzó a buscar por su cuenta.

Allí arriba aun había cajas que no había sido abiertas desde la mudanza. La casa de España era más grande y tenían muchos más muebles, incluso estaba el cuarto de Andy... se puso de rodillas a leer en las cajas más bajas: Andy. Sacudió con delicadeza las cajas sacándolas con cuidado para comenzar a ver que había dentro. Solo había copas, medallas, fotos y cosas personales, antes de irse donaron la ropa del castaño, nadie se la pondría, lo mejor era donarla. La caja estaba llena de recuerdos, fotos de su antigua casa, de España, de su equipo español, de casi toda su vida. Miraba la foto de ella y su hermano. Ambos estaban en un campo de fútbol, delante de ellos una copa, la primera copa que consiguió en el Torneo Fútbol Frontera. Ella tenía cuatro años y su hermano diez más, no recordaba del todo ese día, solo pequeños fragmentos, diminutos para ser exactos.

― Andy... me gustaría tanto que pudieras aconsejarme...

Un susurro melancólico salia de sus labios. Extrañaba a su hermano. Con lentitud volvía a guardar todo en la caja, pero algo en una esquina llamo su atención. Dejo las cajas donde estaba y gateando se acerco a otra donde se podía ver como sobre salía un libro negro con su apellido en letras doradas. ¿Qué era eso? Tiro de la caja sorprendiéndose a ver el interior de esta. ¿Quien era esa pareja? Confundida tomo un marco donde un hombre de ojos negros y cabello grisáceo a su lado pasaba su brazo por los hombros de una mujer de piel morena, ojos violetas y cabello azul. Ambos sonreían y se notaba que la mujer estaba embarazada.

― Ya lo encontraste...

La suave voz de su madre hizo que mirara a su espalda, ella estaba sentada muy cerca de las escaleras mirándole con una sonrisa triste. ¿Qué esta pasando aquí?

― ¿Encontrar? ¿Esto?― Volvió a mirar la foto antes de dejarla a un lado para alumbrar la caja y seguir sacando cosas. Un peluche de un elefante morado, otro marco donde ella, o al menos parecía eso, era sostenida por ese hombre y su hermano le miraba con una sonrisa. Un taco de fotos, ese libro, un álbum de fotos y al final un collar con una forma extraña. Era como un rectángulo, pero uno de sus lados más largo estaba curvado hacía dentro y se podía abrir. Acaricio el collar y se fijo en una de las foto del hombre, es el que llevaba.― ¿Quienes son?...

Continuará...