Disclaimer: Los personajes de Candy Candy pertenecen a su autora: Kyöko Mizuki y a TOEI Animation Co. 1976. Escribo éste fic sin fines de lucro.

Despertando a tu Encuentro

Por LisW. Andrew

Capítulo 3

Al caer la noche y salir de aquel rincón escondido y alejado del mundo. Albert se adentró en la rustica población circundante iluminada por antorchas.

Caminó entre sus festivas calles, adornadas con motivos asiáticos y papeles coloridos. Un lugar sencillo pero mágico. Tomó un autobús público que lo llevaría a la ciudad nuevamente. De ahí tomaría un coche a su hotel.

Al bajar del autobús, antes de tomar el coche decidió buscar un lugar agradable y sencillo para cenar. En su paseo llegó a un sitio rodeado de palapas bellamente ambientado con antorchas. Caminó por un largo pasillo, al fondo una construcción emblemática de la cultura asiática, invitaba a seguir la ruta y averiguar qué tesoros escondía.

Al entrar al templo pudo observar un entorno de velas, iluminando sagradas esculturas budistas.

Se sentó en posición de loto sobre el suelo de madera y piedra antigua. Observó atento cada precioso y sagrado detalle, una jarra con esmeraldas incrustadas en el altar del templo llamó su atención por un lapso indefinido de tiempo. De repente sintió una extraña inquietud, una evocación y de nuevo un anhelo cruzó su corazón. No podía sacarse de la mente el color y el brillo de esa mirada, la de su sueño. Las refulgentes esmeraldas brillaban místicas ante la tenue luz de las velas. La mirada, la que él conocía pero que nunca lo había visto como la había soñado, anheló que Candy lo mirase así.

Horas más tarde Albert estaba de regreso en su hotel, se había duchado y puesto un traje informal para salir a su último paseo, al día siguiente pensaba volver a América.

Caminaba entre algunos puestos buscando un obsequio para la rubia y la vio. Una mujer joven, esbelta de asiáticos y refinados rasgos, vaporosa y larga cabellera obscura. Envuelta en una gabardina, cruzó corriendo entre los puestos. Corría como si huyera de algo y al pasar por donde él estaba sus miradas se cruzaron reconociéndose rápidamente sin que ella dejara de correr, a Albert le pareció ver lágrimas y desesperación en sus ojos y no pudo mantenerse indiferente. Con cautela la siguió.

…Continuará.