Disclaimer: Los personajes de Candy Candy pertenecen a su autora: Kyöko Mizuki y a TOEI Animation Co. 1976. Escribo éste fic sin fines de lucro.
Despertando a tu Encuentro
Por LisW. Andrew
Capítulo 4
La mujer corrió hasta la playa. En una parte remota, cerca de un acantilado de rocas había una escalinata que llevaba a un mirador rodeado de altas y exóticas plantas salvajes. En la distancia el la observó subir hasta allá y se preguntó si hacía lo correcto al seguirla. Sintió curiosidad, pero no pensaba que fuese lo adecuado. No obstante una corazonada, casi un mal presagio lo impulsó a llegar a ella sin ser visto.
Subió y no la encontró. La obscuridad de la noche no facilitaba las cosas, sólo la luz del satélite natural guiaba sus ojos y recorrió el lugar sin encontrarla hasta llegar al otro extremo, en donde se topó con otra antigua escalinata. Antes de bajar, desde ahí vio un bote anclado a la playa y entonces la distinguió a ella. La joven caminaba en la arena, dirigiéndose hacia una parte en la que sólo había jungla. Ya no llevaba la gabardina, sólo un largo y sencillo vestido de lino negro con cuello alto, informal y sin mangas, la falda larga cubría sus pantorrillas. Pudo observar la piel de sus brazos largos y bronceados brillando a la luz de la luna. También distinguió algo que brillaba en su mano derecha, un objeto que emitía destellos.
A Albert se le aceleró el corazón y cargado de adrenalina bajó la escalinata. Corrió cruzando la playa sin que ella se percatara. Se encontraba lejos aún. El estruendo del mar aunado al sonido de las violentas olas bajo la marea lunar, cubría cualquier ruido que el pudiera hacer, como el de su respiración agitada y el murmullo de los ligeros gemidos que salieron de su garganta durante la carrera.
Era un tramo largo, pero la pudo alcanzar justo en el momento en el que ella se internaba en la jungla.
Entre las salvajes y crecidas ramas Albert se ocultaba mientras la seguía. Ya no sabía qué esperar, era evidente que no había nadie más ahí pero era tarde también para dar marcha atrás. Pasaron unos minutos y de pronto la joven se dejó caer de rodillas llorando. Con una mano cubría su rostro y con otra apretaba fuertemente una pequeña daga. El se sintió un intruso ante la escena, pero la daga lo mantenía alerta. No temía por el. Lo abrumaba el llanto desolado de la joven, era una completa extraña pero no podía evitar sentir que podía y quería ayudarla. Aunque no sabía cómo.
La mujer calmó el llanto sin soltar nunca el arma blanca y él se movió sigilosamente. Entonces ella al percatarse de la sutil agitación entre la vegetación, se levantó súbita e instintivamete. Tenía un muy buen oído. El al saberse descubierto no quería asustarla más permaneciendo oculto para que ella se preocupase y decidió dar una señal, asomarse lenta y serenamente. Entonces salió de entre las espesas ramas.
Ella al verlo no mostro miedo alguno, al contrario, de un modo casi involuntario su rostro mostró un alivio que dejaba entrever que temía fuese alguien más. Al verla relajada ante su presencia Albert habló:
-Discúlpame, por haberte seguido, me marcharé enseguida si así lo deseas. ¿Hablas inglés? ¿Puedo ayudarte?
-¿Estás sólo? ¿Alguien sabe que me has seguido?
Albert presintió problemas y estaba a punto de contestar cuando ella le hizo señales de que guardara silencio al tiempo que se agachaba y le indicaba que el hiciera lo mismo.
-Desde lo alto de la escalinata podrían vernos aquí- Dijo ella mientras le hacía otra señal pidiéndole que aguardara. Se levantó y asomó la cabeza entre las altas hierbas y añadió:
-No puedo distinguir con claridad, pero parece que estamos solos. Discúlpame a mí por involucrarte. Tengo que ir por el bote, no es seguro que vuelvas solo, yo conozco otra salida.
Albert ya no sabía que pensar. Ahora ¿Ella lo protegería? Cómo fue meterse en eso.
-Yo te ayudaré a traer el bote.
-Está bien- Contestó ella. -Así tardaremos menos.-
Corrieron a la orilla de la playa y Albert cargó el bote preguntándose si ella hubiera podido arrastrarlo.
-Es sólo un pequeño tramo.- Lo animó la mujer.
Atravesaron sin embargo más que eso y llegaron a una parte en la que el mar rodeado de piedras daba la ilusión de albergar una laguna espectral. De pronto Albert se sintió aún más ajeno, perdido y confundido. Atrapado en los desconcertantes y excitantes hilos de tela de araña de la aventura.
La joven volteó a verlo y dijo:
-El bote nos llevará al otro extremo (gran conclusión, pensó sarcásticamente él) y de ahí te guiaré hasta la zona turística de nuevo o te perderías. Tras cruzar ocultaremos el bote y estaremos totalmente a salvo. Quienes me seguían desconocen la existencia de este lugar.-
Albert se limitó a obedecer. Lo tenía bien merecido después de todo y en ese momento no necesitaba explicaciones.
Atravezaban la extraña "laguna". Albert remaba, la joven permanecía sentada frente a el con los codos sobre las rodillas y la cabeza apoyada entre sus manos.
Iban a poco más de medio camino y él no pudo evitar emitir una risa discreta que parecía una burla hacía sí mismo. –Después de todo me alegra ser útil. Sólo me pregunto qué tanto en verdad lo estoy siendo.-
-Bastante.- Dijo ella mirándolo directamente a los ojos. -Planeaba hacer todo esto sola. Eres de gran ayuda y te lo agradezco.-
La hermosa mirada obscura de la chica, de súbito provocó nuevamente en él un estremecimiento obvia y totalmente involuntario pero del que Albert se sintió un tanto culpable. Entonces se concentró en alcanzar la orilla velozmente. Ocultó el bote donde ella le indicó y caminaron en silencio hasta que vislumbraron las luces de un pequeño poblado.
-Yo vivo ahí...
…Continuará.
