Disclaimer: Los personajes de Candy Candy pertenecen a su autora: Kyöko Mizuki y a TOEI Animation Co. 1976. Escribo éste fic sin fines de lucro.
Despertando a tu Encuentro
Por LisW. Andrew
Capítulo 6
…Mizuki recorrió un pasillo que la llevó a la cocina, situada detrás de la estancia en donde había dejado a Albert.
Preparó rápidamente una refrescante limonada. Y se disponía a lavar y desinfectar lechuga y fresas para una ensalada que pensaba ofrecerle. Soltera como era, no se le ocurrió algo más. Sabía preparar todo tipo de comida tradicional japonesa, pero no tenía los ingredientes en ese momento. Había pasado las últimas semanas ocupada y fuera de casa la mayor parte del tiempo. Lo que único que tenía eran frutas y verduras frescas. Acostumbraba comer una ensalada mientras estudiaba, un par de horas antes de dormir.
Se sentía agradecida con "aquel joven y desconocido hombre extranjero" y también un poco nerviosa. Era el mismo que había visto en la plaza la tarde anterior...El mismo que la cautivó con una mirada y a quien creyó que nunca volvería a ver. Estaba segura de que él era confiable y sentía una extraña paz al saberlo cerca de ella. No creía en el amor a primera vista, pero tal vez sí en el enamoramiento instantáneo, que a su parecer no era lo mismo. Albert estaba cerca de despertar en ella, más bien, el segundo sentimiento.
Terminó en apenas quince minutos y salió de la cocina.
Cuando silenciosamente llegó a la estancia se encontró con un Albert visiblemente cansado. Sentado aún en el sofá, con el codo recargado en el brazo del sillón y la cabeza de lado apoyada en su mano derecha. Tenía los ojos cerrados, tal vez dormía pero no profundamente.
Se deleitó ante la visión, simplemente no pudo evitarlo. Le pareció atractivo a rabiar y tierno al mismo tiempo...Lo contempló un par de minutos.
… Albert abrió los ojos. Luchaba porque el sueño no lo venciera.
Ella fingió que acababa de llegar, caminó con naturalidad y dejó la charola en la mesa de la sala. Acercó a él una mesa de servicio en la que acomodó una hermosa jarra, el recipiente con hielos, pinzas para servirlos y un vaso en el que sirvió la limonada. Después se dirigió a un pequeño bar situado a un costado del sillón en el que estaba Albert y le preguntó si le preparaba algo más para beber, al tiempo que ella acomodaba una copa y se servía vino de saúco.
-No, gracias.- Respondió Albert mientras se incorporaba para tomar el vaso de limonada.
Mizuki con la copa en la mano, se sentó en un sofá frente a Albert, cruzó las piernas y se dirigió a él:
- En mi casa sólo hay una recámara. Puedo ofrecértela y dormir aquí. Los sillones son pequeños, me apenaría que durmieras incómodo. Ya te he hecho pasar por bastante-
A decir verdad, había tres habitaciones libres en la casa pero las ocupaban un estudio, un laboratorio y un pequeño invernadero. Vivía sola y no acostumbraba visitas.
-No te preocupes por eso, aquí estaré bien. Duerme en tu habitación. Lo que importa es que ya estás a salvo ¿Cierto?-
Albert aunque se encontraba cansado y soñoliento, tenía también la inquietud de no saber qué había sido todo aquello. Tal vez en ese momento no importaba la razón por la que ella huía de algo o alguien. Y finalmente si no quería decirlo, él no se lo preguntaría. No quería entrometerse. Sólo necesitaba saber si él la había ayudado a salir en su totalidad del peligro en el que parecía encontrarse.
…Sí, aquí estoy…estamos a salvo. Te diré qué pasa si me lo permites, pero al amanecer. Ya que en verdad te ves cansado y yo tengo que empacar. Mañana salgo a Japón…Tengo una idea ¡Claro!
En mi invernadero hay un muy amplio diván. Te puedes quedar ahí- Dijo ella dibujando en su bello rostro una amable y discreta sonrisa que dejaba ver el alivio que le provocó proponer aquella solución.
Albert se conmovió ante su dulce gesto y asintió. En ese momento pensó en alguien, alguien con pecas que también anteponía las necesidades ajenas a las propias.
Se dirigieron al lugar, ella sacó de un armario cercano un edredón limpio y almohadas.
El sitio era encantador. Todo un invernadero improvisado y en miniatura.
Al fondo bajo una amplia ventana cubierta por una delgada persiana horizontal, estaba el diván.
-Gracias por tu hospitalidad- dijo Albert sorprendido por la belleza que lo rodeaba.
Ella asintió.
- Siéntete en tu casa por favor, es lo menos que puedo hacer…Casi lo olvido, saliendo de aquí a la derecha, en el estudio, hay un baño completo por si quieres ducharte. Las toallas están en el pequeño armario que se encuentra ahí mismo, dentro encontrarás también jabón y una bata que puedes usar. Yo no lo uso así que puedes disponer totalmente de él. Ahora te dejo. Te despertaré a tiempo para que puedas tomar el autobús. Descansa-
Mizuki sonrió con timidez. Inclinó la cabeza delicadamente y salió del estudio.
...Albert no quiso abusar de la hospitalidad de la hermosa desconocida pero necesitaba ducharse, la temperatura era más cálida en esa población. Se dirigió al estudio. Al entrar se percató de que era otra bella habitación que dejaba ver su pasión por la naturaleza. Más plantas, estantes con libros y un escritorio sobre el cual había un gran almanaque botánico abierto, la delataban.
Tras la refrescante ducha, volvió al "invernadero" y se recostó en el diván. Llevaba puesta la bata que encontró en el armario.
No; Mizuki no acostumbraba tener visitas. Pero tenía en el armario de ese baño un par de hermosas batas Japonesas de seda. Se las había obsequiado su madre antes de partir hacia Sri Lanka, al despedirse de ella en el aeropuerto. Una preciosa bata roja de mujer y una amplia y no menos bella en color verde obscuro, para hombre. Ambas con dragones bordados a mano en azul añil a los costados.
Algo le impidió dormirse en seguida y se incorporó para abrir la persiana. Poco después observando las estrellas se perdió en sus pensamientos y finalmente el sueño se apodero de él.
Mizuki por su parte entró hecha un lío de nervios por el repentino regreso que tendría que emprender. Sacó un par de maletas del armario y comenzó a empacar.
Después se duchó y aunque se acostó no pudo dormir.
Continuará…
